57. Principios para rectificar la defensa contra Dios y los malentendidos sobre Él

(1) Solo Cristo es el Salvador de la humanidad. Solo Él puede conceder al hombre la verdad y la vida, y solo existe Su salvación.

(2) Es necesario saber que el juicio y castigo de Dios, las pruebas y el refinamiento, la poda y el trato se hacen por la salvación y la perfección del hombre, y todas son expresiones de amor por la humanidad.

(3) Cuando uno se encuentra con un acontecimiento que no concuerda con sus nociones, debe buscar la verdad, comprender la voluntad de Dios y tratar de obtener el conocimiento de Su carácter. Solo así puede uno librarse de sus nociones y malentendidos.

(4) Los que constantemente se defienden de Dios y lo malinterpretan son gente astuta, y todos los que no creen que Dios es la verdad son, de la cabeza a los pies, unos despreciables desdichados, no son creyentes, son incrédulos.

Las palabras relevantes de Dios:

Hoy Dios os juzga, os castiga y os condena, pero debes saber que el propósito de tu condena es que te conozcas a ti mismo. Él condena, maldice, juzga y castiga para que te puedas conocer a ti mismo, para que tu carácter pueda cambiar y, sobre todo, para que puedas conocer tu valía y ver que todas las acciones de Dios son justas y de acuerdo con Su carácter y los requisitos de Su obra, que Él obra acorde a Su plan para la salvación del hombre, y que Él es el Dios justo que ama, salva, juzga y castiga al hombre. Si sólo sabes que eres de un estatus humilde, que estás corrompido y que eres desobediente, pero no sabes que Dios quiere poner en claro Su salvación por medio del juicio y el castigo que Él impone en ti hoy, entonces no tienes manera de ganar experiencia, ni mucho menos eres capaz de continuar hacia delante. Dios no ha venido ni a matar ni a destruir sino a juzgar, maldecir, castigar y salvar. Hasta que Su plan de gestión de 6000 años llegue a su término —antes de que revele el destino de cada categoría del hombre— la obra de Dios en la tierra será en aras de la salvación; el único propósito es hacer totalmente completos a aquellos que lo aman y hacerlos someterse bajo Su dominio. No importa cómo Dios salve a las personas, todo se logra haciéndolas escapar de su antigua naturaleza satánica; es decir, Él las salva haciéndolas buscar la vida. Si ellas no buscan la vida, entonces no tendrán manera de aceptar la salvación de Dios. La salvación es la obra del mismo Dios y la búsqueda de vida es algo que el hombre debe asumir con el fin de aceptar la salvación. A los ojos del hombre, la salvación es el amor de Dios y el amor de Dios no puede ser castigo, juicio y maldiciones; la salvación debe contener amor, compasión y, además, palabras de consuelo y bendiciones ilimitadas otorgadas por Dios. Las personas creen que cuando Dios salva al hombre lo hace conmoviéndolo con Sus bendiciones y Su gracia, de tal modo que puedan entregar su corazón a Dios. Es decir, tocar al hombre es salvarlo. Esta clase de salvación se hace mediante un trato. Solo cuando Dios le conceda cien, el hombre llegará a someterse ante el nombre de Dios y luchará por hacer el bien por Él y darle gloria. Esto no es lo que pretende Dios para la humanidad. Dios ha venido para obrar en la tierra con el fin de salvar a la humanidad corrupta, no hay falsedad en esto. Si la hubiera, Él ciertamente no habría venido a cumplir con Su obra en persona. En el pasado, Su medio de salvación implicaba mostrar el máximo amor y compasión, tanto que le dio Su todo a Satanás a cambio de toda la humanidad. El presente no tiene nada que ver con el pasado: La salvación que hoy se os otorga ocurre en la época de los últimos días, durante la clasificación de cada uno de acuerdo a su especie; el medio de vuestra salvación no es el amor ni la compasión, sino el castigo y el juicio para que el hombre pueda ser salvado más plenamente. Así, todo lo que recibís es castigo, juicio y golpes despiadados, pero sabed que en esta golpiza cruel no hay el más mínimo castigo. Independientemente de lo severas que puedan ser Mis palabras, lo que cae sobre vosotros son solo unas cuantas palabras que podrían pareceros totalmente crueles y, sin importar cuán enfadado pueda Yo estar, lo que viene sobre vosotros siguen siendo palabras de enseñanza y no tengo la intención de lastimaros o haceros morir. ¿No es todo esto un hecho? Sabed esto hoy, ya sea un juicio justo o un refinamiento y castigo crueles, todo es en aras de la salvación. Independientemente de si hoy cada uno es clasificado de acuerdo con su especie, o de que las categorías del hombre se dejen al descubierto, el propósito de todas las palabras y la obra de Dios es salvar a aquellos que verdaderamente aman a Dios. El juicio justo se realiza con el fin de purificar al hombre, y el refinamiento cruel con el de limpiarlo; las palabras severas o el castigo se hacen ambos para purificar y son en aras de la salvación. Así, el método de salvación en la actualidad es diferente al del pasado. Hoy, se te concede la salvación mediante el juicio justo, y es una buena herramienta para clasificaros a cada uno de acuerdo a la especie. Además, el castigo despiadado sirve como vuestra salvación suprema, y ¿qué tenéis que decir frente a tal castigo y juicio? ¿No habéis gozado siempre de la salvación, de principio a fin? Habéis visto a Dios encarnado y os habéis percatado de Su omnipotencia y sabiduría; además, habéis experimentado repetidos golpes y disciplina. Sin embargo, ¿no habéis recibido también la gracia suprema? ¿No son vuestras bendiciones mayores que las de cualquier otro? ¡Vuestras gracias son incluso más abundantes que la gloria y las riquezas disfrutadas por Salomón! Pensad en esto: si Mi intención al venir fuera condenaros y castigaros, en lugar de salvaros, ¿podrían vuestros días haber durado tanto? ¿Podríais vosotros, seres pecadores de carne y hueso, haber sobrevivido hasta el día de hoy? Si mi objetivo fuera solo castigaros, entonces ¿por qué me habría hecho carne y embarcado en semejante empresa? ¿Acaso castigaros a vosotros, simples mortales, no podría concretarse simplemente con una sola palabra? ¿Todavía necesitaría destruiros después de condenaros deliberadamente? ¿Seguís sin creer estas palabras mías? ¿Podría salvar al hombre solo por medio del amor y la compasión? ¿O podría solo usar la crucifixión para salvar al hombre? ¿No es Mi carácter justo más favorable para hacer al hombre completamente obediente? ¿No es más capaz de salvar completamente al hombre?

Extracto de ‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todos vosotros vivís en una tierra de pecado y libertinaje, y todos sois libertinos y pecadores. Hoy, no sólo podéis mirar a Dios, sino lo que es más importante, habéis recibido castigo y juicio, habéis recibido la más profunda salvación, es decir, el amor más grande de Dios. En todo lo que Él hace, Dios es realmente amoroso hacia vosotros. No tiene malas intenciones. Él os juzga por vuestros pecados, para que os examinéis y recibáis esta tremenda salvación. Todo esto se hace con el fin de que el hombre sea completo. De principio a fin, Dios, ha hecho todo lo posible para salvar al hombre y no alberga deseos de destruir completamente al hombre que creó con Sus propias manos. Hoy, Él ha venido entre vosotros para obrar; ¿no es esta salvación aún más? Si Él os odiara, ¿seguiría haciendo una obra de tal magnitud para guiaros personalmente? ¿Por qué iba a sufrir así? Dios no os odia ni tiene malas intenciones hacia vosotros. Deberíais saber que el amor de Dios es el más verdadero de todos. Él tiene que salvar a las personas por medio del juicio sólo porque estas son desobedientes; si no fuera por eso, salvarlas sería imposible. Ya que no sabéis cómo vivir y ni siquiera sois conscientes de cómo vivir, y ya que vivís en esta tierra libertina y pecadora y vosotros mismos sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados, Él no puede soportar veros vivir en esta tierra inmunda como hacéis ahora, pisoteados por Satanás a su antojo, y no soporta dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de personas y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para la salvación. Si no puedes ver que todo lo hecho en ti es amor y salvación, si crees que es sólo un método, una forma de atormentar al hombre y algo que no es digno de confianza, ¡entonces es mejor que vuelvas a tu mundo para sufrir dolor y dificultad! Si estás dispuesto a estar en esta corriente y disfrutar de este juicio y esta salvación inmensa, a disfrutar de todas estas bendiciones que no pueden encontrarse en ninguna parte del mundo humano y de este amor, entonces sé bueno; mantente en esta corriente para aceptar la obra de conquista de forma que puedas ser hecho perfecto. Hoy, puede que sufras un poco de dolor y refinamiento debido al juicio de Dios, pero existe un valor y un significado al sufrir este dolor. Aunque la gente es refinada y queda despiadadamente expuesta por el castigo y el juicio de Dios, con el objetivo de castigarlos por sus pecados, de castigar su carne, nada de esta obra tiene la intención de condenar su carne a la destrucción. Las duras revelaciones de la palabra tienen todas el propósito de guiarte por la senda correcta. Habéis experimentado personalmente mucho de esta obra y, claramente, ¡no os ha llevado a una senda mala! Todo es para hacerte vivir una humanidad normal y se puede lograr con tu humanidad normal. Cada paso de la obra de Dios se realiza en base a tus necesidades, según tus debilidades y según tu estatura real, y no se os coloca ninguna carga insoportable. Hoy no tienes esto claro y eres incapaz de verlo claramente y sientes que estoy siendo duro contigo y, de hecho, siempre crees que la razón por la que te castigo, juzgo y reprocho cada día es porque te detesto. Pero, aunque lo que sufres es castigo y juicio, esto es en realidad amor por ti, y es también la mayor protección. Si no puedes comprender el sentido más profundo de esta obra, será imposible para ti continuar experimentando. Esta salvación te traerá comodidad. No te niegues a entrar en razón. Habiendo llegado tan lejos, deberías tener claro el sentido de la obra de conquista, ¡y no deberías tener opiniones sobre ello de una manera u otra!

Extracto de ‘La verdadera historia de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Muchas personas que creen en Dios no se centran en entender Su voluntad; piensan que todo aquel que está predestinado por Dios para ser salvo, lo será inevitablemente y que todo el que no esté predestinado por Dios para ser salvo, no lo será, haga lo que haga. Opinan que Dios no determinará el resultado de las personas basándose en su desempeño y su conducta. Si piensas así, entiendes terriblemente mal a Dios. Si Dios actuara realmente de esta manera, ¿sería justo? Dios determina el resultado de las personas basándose en un principio: en última instancia, el destino de las personas quedará determinado según su actuación y su conducta. No ves el carácter justo de Dios y siempre lo malinterpretas y distorsionas Sus intenciones, y esto provoca que siempre seas pesimista y pierdas la esperanza. ¿No es esto autoinfligido? ¿Entiendes de verdad las intenciones de Dios y estás seguro de ellas? Siempre has utilizado la “predestinación de Dios” para delimitar y negar las palabras de Dios. ¡Esta es una forma grave de malentender a Dios! No entiendes en absoluto Su obra ni Su voluntad; aún más, no entiendes el concienzudo esfuerzo que Dios ha puesto en Su obra de gestión de seis mil años. Te entregas a la desesperación, sospechas y dudas de Dios; te asusta ser un hacedor de servicio, y piensas: “No hay nada extraordinario en mí; ¿por qué he sido ascendido para hacer este trabajo? ¿Me está usando Dios? ¿Me está haciendo servir ahora y pensando en deshacerse de mí cuando deje de ser útil?”. ¿Acaso esta opinión de Dios no lo encasilla a Él entre aquellos que están en el poder? Siempre has malentendido a Dios; has pensado mal de Él y has sentido desprecio por Él. Nunca has creído en Sus palabras y Su sinceridad, has buscado de manera activa ser un hacedor de servicio, caminar por la senda de los que sirven, pero no has buscado cambiar tu carácter ni has sufrido dificultades para poner la verdad en práctica. En última instancia, te has deshecho de tus responsabilidades adjudicándoselas a Dios, escudándote en que no te ha predestinado y que Él no ha sido sincero contigo. ¿Cuál es el problema? Malinterpretas las intenciones de Dios, no crees Sus palabras, no estás poniendo la verdad en práctica ni te estás dedicando a cumplir con el deber. ¿Cómo puedes satisfacer la voluntad de Dios? Estas personas no son aptas de ninguna manera para ser hacedores de servicio, ¿cómo pueden ser entonces aptas para negociar con Dios? Si piensas que Dios no es justo, ¿por qué crees en Él? Siempre has querido que Dios te dijera personalmente: “Perteneces al pueblo del reino y esto no cambiará jamás” antes de esforzarte por la familia de Dios y si Él no dijera esto, tú nunca le entregarías tu verdadero corazón. ¡Cuán rebelde es este tipo de personas! He visto a tantas personas que nunca se han centrado en transformar su carácter y mucho menos en poner la verdad en práctica. Solo prestan atención a preguntar si obtendrán un buen destino, cómo los tratará Dios, si Él los ha predestinado para que ellos sean Su pueblo y otras habladurías. ¿Cómo pueden estas personas que no están involucradas en la obra sincera obtener la vida eterna? ¿Cómo pueden permanecer en la familia de Dios?

Ahora os digo solemnemente: si una persona predestinada no pone la verdad en práctica, acabará siendo eliminada; y una persona que se entregue con sinceridad por Dios y haga todo lo posible para poner la verdad en práctica —aunque las personas la vean como alguien que no está predestinado a permanecer—, tendrá un mejor destino final que aquellos supuestos predestinados que no han tenido devoción alguna, debido al carácter justo de Dios. ¿Crees estas palabras? Si no eres capaz de hacerlo y sigues emprendiendo las cosas de la forma errónea, te digo que con toda certeza no serás capaz de sobrevivir, porque no quieres a Dios en realidad ni aprecias la verdad. Siendo así, la predestinación divina de las personas no es importante. La razón por la que digo esto es que, al final, Dios determinará el destino de las personas según hayan actuado y según su conducta; sin embargo, hablando de forma objetiva, la predestinación de Dios sólo tiene una pequeña función y no es de liderazgo. ¿Entiendes estas palabras?

Extracto de ‘La voluntad de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras. Si eres muy deshonesto, entonces te protegerás y sospecharás de todas las personas y asuntos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan son precisamente los más aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el cielo. Por eso afirmo que esta fe como la vuestra solo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí. A lo largo de muchos años de trabajo, habéis visto muchas verdades, pero ¿sabéis lo que han oído Mis oídos? ¿Cuántos entre vosotros estáis dispuestos a aceptar la verdad? Todos vosotros creéis que estáis dispuestos a pagar el precio por la verdad, pero ¿cuántos habéis sufrido verdaderamente por la verdad? Lo único que hay en vuestros corazones es iniquidad y, por lo tanto, creéis que cualquiera, no importa quién sea, es tan engañoso y torcido como vosotros, hasta el punto en que creéis que el Dios encarnado podría, como cualquier persona normal, carecer de un corazón bondadoso o de amor benevolente. Más aún, creéis que el temperamento noble y la naturaleza misericordiosa y benevolente solo existen en el Dios del cielo. Creéis que un santo así no existe, y que solo la oscuridad y el mal reinan sobre la tierra, mientras que Dios es algo donde se alberga el anhelo humano de lo bueno y lo hermoso, una figura legendaria inventada por el hombre. En vuestra mente, el Dios del cielo es sumamente recto, justo y grandioso, digno de adoración y admiración, pero este Dios en la tierra es apenas un sustituto y un instrumento del Dios del cielo. Creéis que este Dios no puede ser equivalente al Dios del cielo, mucho menos mencionarse junto con Él. En lo que respecta a la grandeza y el honor de Dios, estos le pertenecen a la gloria del Dios en el cielo, pero en cuanto a la naturaleza y la corrupción del hombre, estos son atributos que forman parte del Dios en la tierra. El Dios del cielo es eternamente sublime, mientras que el Dios en la tierra es para siempre insignificante, débil e incompetente. El Dios del cielo no es dado a las emociones, tan solo a la justicia, mientras que el Dios en la tierra tan solo tiene motivos egoístas y carece de justicia y razón alguna. El Dios en el cielo no tiene ni la más mínima tortuosidad y es siempre fiel, mientras que el Dios en la tierra tiene siempre un lado deshonesto. El Dios en el cielo ama profundamente al hombre, mientras que el Dios en la tierra le ofrece al hombre un cuidado deficiente, incluso abandonándolo por completo. Hace mucho tiempo que este conocimiento erróneo está guardado en vuestros corazones y quizás también continúe en el futuro. Consideráis todas las acciones de Cristo desde el punto de vista de los injustos y evaluáis toda Su obra, así como Su identidad y Su esencia, desde la perspectiva de los malvados. Habéis cometido un grave error y hecho lo que los que vinieron antes que vosotros jamás hicieron. Es decir, solo servís al Dios sublime en el cielo con una corona sobre Su cabeza, pero jamás le prestáis atención al Dios al cual consideráis tan insignificante, al punto de que os resulta invisible. ¿No es acaso este vuestro pecado? ¿No es este un ejemplo clásico de vuestra ofensa contra el carácter de Dios?

Extracto de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando malinterpretas a Dios, hay en ti unos componentes severos y tendenciosos que te impedirán buscar la verdad. Si eliminas tus malentendidos, podrás buscar la verdad; si no, tendrás una sensación de alejamiento en tu corazón y orarás de manera superficial; esto es engañar a Dios y no te escuchará. En cuanto malinterpretas a Dios y surgen las sensaciones de distancia y alejamiento, tu corazón se cierra a Dios y no quieres escuchar Sus palabras ni buscar la verdad. Hagas lo que hagas, simplemente actúas por inercia, disfrazándote y mintiendo. Cuando se corrijan las malas interpretaciones del hombre sobre Dios y aquel haya dejado atrás este obstáculo, considerará con sinceridad cada una de Sus palabras y exigencias, y se presentará ante Él con un corazón honesto. Si hay contradicciones, distancia y malentendidos entre el hombre y Dios, el hombre está haciendo de Satanás y oponiéndose a Dios. ¿Cuáles son las consecuencias de esta oposición? ¿Puede someterse alguien así a Dios? ¿Puede aceptar la verdad? No puede hacer ninguna de las dos cosas y se estanca la transformación de su carácter. Por lo tanto, cuando uno analiza sus diversos estados, por un lado lo hace para conocerse a sí mismo, mientras que, por otro, es preciso que se centre en analizar en qué malinterpreta a Dios. ¿Qué entrañan estas malas interpretaciones? Nociones, fantasías, delimitaciones, dudas, investigaciones y especulaciones. Cuando estás atrapado en estos estados surge un problema en tu relación con Dios. Debes buscar la verdad de inmediato para resolverlo, y debes resolverlo. Algunos creen que, si malinterpretan a Dios, no pueden cumplir con su deber hasta que hayan resuelto el problema. ¿Esto se sostiene? (No). No pospongas el cumplimiento del deber: cúmplelo y resuelve tu problema al mismo tiempo. A medida que cumplas con el deber se te empezará a quitar tu malinterpretación de Dios sin que te des cuenta y descubrirás el origen y la gravedad del problema. Puede que algún día os deis cuenta: “El hombre es un ser creado y el Creador es por siempre mi Señor; esta esencia no cambia ni lo hacen el estatus del hombre ni el de Dios. Haga lo que haga Dios, y aunque toda la humanidad considere un error lo que haga, no puedo negar lo que ha hecho ni que Él es la verdad. Dios es la verdad más elevada, eternamente infalible. El hombre debe mantenerse firme en su posición; no debe investigar a Dios, sino aceptar Sus planes y todas sus palabras. Todo lo que Dios dice y hace está bien. El hombre no debe hacerle exigencias varias: los seres creados no son quiénes para hacerlo. Aunque Dios me tratara como un juguete, debería someterme igualmente, y si no lo hiciera, sería mi problema, no el de Dios”. Cuando tengas experiencia y conocimiento de este aspecto de la verdad, entrarás de facto en la sumisión a Dios, ya no tendrás grandes dificultades y, tanto si estás cumpliendo con tu deber como si estás practicando diversos aspectos de la verdad, se habrán resuelto muchas dificultades. Esta es la verdad más grande y profunda. Muchas veces, cuando la gente se enfrenta a diversas dificultades, cuando hay varios obstáculos o se encuentra con algo que no puede asumir, es porque está en una posición equivocada: malinterpreta a Dios, quiere investigarlo y no tratarlo como a Dios, quiere negar la rectitud de todo cuanto dice y hace y negar que Él sea la verdad. Esto significa que el hombre no quiere ser un ser creado, sino estar en pie de igualdad con Dios para criticarlo. Esto ocasionará problemas. Si eres capaz de cumplir con tu deber de manera adecuada y mantenerte firme en tu lugar de ser creado, prácticamente no surgirá en ti oposición alguna a lo que Dios haga. Puede que tengas algunos malentendidos y nociones, pero al menos tendrás una actitud de disposición a aceptar los planes de Dios y partirás del deseo de someterte a Él, por lo que no surgirá en ti oposición alguna.

Extracto de ‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

A menudo, las personas se preocupan por las pruebas de Dios y les temen, pero viven todo el tiempo en el lazo de Satanás, en un territorio peligroso en el que este las ataca y maltrata; sin embargo, no conocen el miedo y se muestran imperturbables. ¿Qué está ocurriendo? La fe del hombre en Dios sólo se limita a las cosas visibles. No tiene la más mínima apreciación del amor y de la preocupación de Dios por él ni de Su piedad y consideración hacia él. Excepto por un poco de inquietud y temor por las pruebas, el juicio y castigo, y la majestad e ira de Dios, el hombre no tiene el más mínimo entendimiento de Sus buenos propósitos. Con la sola mención de las pruebas, las personas sienten como si Dios tuviera motivos ocultos, y algunos hasta llegan a creer que Él alberga designios malvados, ignorando cómo actuará realmente con ellos. Por tanto, a la vez que proclaman obediencia a la soberanía y a las disposiciones de Dios, hacen todo lo que pueden para resistirse y oponerse a Su señorío sobre el hombre y Sus disposiciones para él, porque creen que si no tienen cuidado Dios los engañará; que si no tienen bien agarrado su propio destino Él podría quitarles todo lo que tienen, y hasta poner fin a su vida. El hombre está en el campamento de Satanás, sin preocuparse de que este lo maltrate; este abusa de él, pero el ser humano nunca teme que lo lleve cautivo. Sigue afirmando que acepta la salvación de Dios, pero nunca ha confiado en Él ni ha creído que Él lo salvará de verdad de las garras de Satanás. Si, como Job, el hombre es capaz de someterse a las orquestaciones y disposiciones de Dios, y puede entregar todo su ser en Sus manos, ¿no será, pues, su final el mismo que el de Job: recibir las bendiciones de Dios? Si un hombre es capaz de aceptar y someterse al dominio de Dios, ¿qué tiene que perder? De este modo, sugiero que seáis cuidadosos en vuestros actos, y cautos con todo lo que está a punto de venir sobre vosotros. No seáis temerarios ni impulsivos, y no tratéis a Dios y a las personas, los asuntos y los objetos que Él ha arreglado para vosotros según la carne ni vuestra naturalidad o según vuestras imaginaciones y nociones; debéis ser precavidos en vuestras acciones, orar y buscar más, para evitar dar lugar a la ira de Dios. ¡Recordad esto!

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas a las que Dios salva son las que han sido corrompidas por Satanás y así han llegado a tener un carácter corrupto. No son personas perfectas sin la más mínima mancha ni son personas que vivan en el vacío. Algunas, tan pronto como se revela su corrupción, piensan: “Una vez más me he resistido a Dios; he creído en Él por muchos años pero aún no he cambiado. ¡Seguramente Dios ya no me quiere!”. ¿Qué clase de actitud es esta? Se han rendido y piensan que Dios ya no las quiere. ¿Acaso no están malinterpretando a Dios? Cuando eres tan negativo, es más fácil que Satanás encuentre grietas en tu armadura, y una vez que ha tenido éxito, las consecuencias son inimaginables. Por lo tanto, sin importar con cuántas dificultades te encuentres o cuán negativo te sientas, ¡nunca debes rendirte! Mientras las vidas de las personas se desarrollan y mientras son salvadas, a veces toman la senda equivocada o se descarrían. Por un tiempo demuestran ciertos estados y conductas inmaduros en su vida, o a veces se debilitan y se vuelven negativas, dicen cosas equivocadas, resbalan y caen o sufren un fracaso. Desde el punto de vista de Dios, todas esas cosas son normales y Él no haría un escándalo por ellas. Al comprobar lo hondamente corrompidas que están y que jamás podrán satisfacer a Dios, a algunas personas les duele el corazón, y quienes son capaces de tener semejante remordimiento suelen ser objeto de la salvación de Dios. Aquellos que creen no necesitar la salvación, que ya se consideran perfectos, no son los que salvará Dios. ¿Por qué os digo esto? Lo que quiero decir es que debes tener fe: “Pese a ser débil ahora y a haber caído y fallado, algún día maduraré, algún día podré satisfacer a Dios, entender la verdad y salvarme”. Debes tener esta fe. Independientemente de los reveses, las dificultades, los fallos y las caídas, no debes ser negativo; has de saber a qué clase de personas salva Dios. Además, si te consideras no apto para que te salve Dios, si a veces te hallas en un estado en el que te sientes abominable o desagradable para Dios o si en algún momento del pasado Él no te dio Su aprobación o te rechazó por completo, tranquilo. Ahora sabes esto, así que no es demasiado tarde; siempre y cuando te arrepientas, Dios te dará la oportunidad de salvarte.

Extracto de ‘La entrada en la vida es sumamente importante para la fe en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Por una sola palabra de Dios, las personas suelen pensar que Dios ha sacado una conclusión acerca de ellas, que las ha abandonado, y, en consecuencia, no están dispuestas a continuar siguiendo a Dios y avanzar. A decir verdad, tú no entiendes qué es el abandono; tu abandono de ti mismo es el auténtico abandono. A veces, las palabras con que Dios te define las dice simplemente con ira; de ningún modo está sacando una conclusión acerca de ti ni te está condenando, y menos aún es este Su castigo final, y no está estableciendo tu destino definitivo. No son más que palabras con las que te juzga y trata. Hablan de las vehementes esperanzas de Dios para ti, son palabras de recordatorio y advertencia y palabras surgidas del corazón de Dios. Sin embargo, algunos caen y abandonan a Dios a consecuencia de estas palabras de juicio. Otros son débiles un tiempo y se presentan ante Dios para decir: “Esto no servirá. Debo hacer lo que Dios me pida. Si la gente abandona al Creador, no le vale la pena vivir. Para vivir con el valor de un ser creado, he de continuar siguiendo a Dios”. ¿Y cómo pueden seguir a Dios? No deben hacerlo como antes. Antes no eran fieles en el deber. No estaban dispuestos a aceptar la poda y el trato y se quejaban siempre que padecían una pequeña dificultad. No debes ir más por esa senda, debes ir por otro medio, hacer lo que Dios te pida, y si Dios dice que te equivocas, no has de sacar conclusiones precipitadas empleando tus nociones y imaginaciones ni tratar de oponer resistencia a Dios; debes someterte y admitir que te equivocaste. ¿No es esta una senda de práctica? ¿Se aparta la gente de Dios cuando tiene una senda de práctica? En ocasiones, la gente cree que Dios la ha abandonado, pero realmente no te ha abandonado: tan solo te considera abominable y no desea escucharte. Sin embargo, no te ha abandonado de verdad. Hay quienes se esfuerzan por cumplir con su deber en la casa de Dios, pero por su esencia y las diversas cosas que se manifiestan en ellos, Dios, efectivamente, los abandona; Él no los eligió realmente, sino que simplemente prestaron servicio durante un tiempo. Hay otros, mientras tanto, por quienes Dios hace todo lo posible para disciplinarlos, castigarlos y juzgarlos; los trata de varias formas contrarias a las nociones del hombre. Algunos no lo entienden y piensan que Dios los hostiga y hace daño. Creen que no es digno vivir ante Dios, no quieren herirlo más y ellos mismos lo abandonan. Piensan que su manera de vivir es sensata y por eso abandonan a Dios; a decir verdad, Dios no los ha abandonado a ellos. Esas personas no tienen ni idea de la voluntad de Dios. Son un tanto hipersensibles, hasta el punto de renunciar a la salvación de Dios. ¿Realmente tienen conciencia? Dios se aparta a veces de la gente y en otras ocasiones la hace de lado durante un tiempo para que haga introspección, pero no la ha abandonado realmente; le está dando la oportunidad de arrepentirse y no la va a abandonar de verdad. Dios solo abandona verdaderamente a los anticristos e inicuos, que cometen muchos actos malvados. Algunos dicen: “Me siento desprovisto de la obra del Espíritu Santo y hace mucho tiempo que me falta Su esclarecimiento. ¿Me ha abandonado Dios?”. Es una idea errónea. Dices que Dios te ha abandonado, que no te salvará; entonces, ¿ha establecido tu final? Hay ocasiones en las que no puedes percibir la obra del Espíritu Santo, pero ¿te ha privado Dios del derecho a leer Sus palabras? Posees un pensamiento humano normal y la senda a la salvación no está bloqueada para ti, así que ¿por qué estás triste? La gente no se halla en un buen estado, no busca la verdad para resolverlo, sino que siempre le echa la culpa a Dios diciéndole: “Dios mío, como no me quieres, yo tampoco te quiero”. Esto es, sencillamente, irracional.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (1)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

A veces, Dios usa un cierto asunto para exponerte o disciplinarte. ¿Significa esto entonces que has sido eliminado? ¿Significa que ha llegado tu fin? No. Es como cuando un niño ha sido desobediente y ha cometido un error; sus padres pueden reprenderlo y castigarlo, pero si el niño no puede comprender la intención de sus padres o entender por qué lo tratan de esa manera, entonces empezará a preguntarse si es realmente su hijo biológico. ¿Cuál era la verdadera motivación de las acciones de los padres? Tienen la intención de hacer que aprendas la lección, y sobre todo para que en el futuro te tomes en serio lo que dicen, puedas hacer lo que se te manda, te comportes de acuerdo con sus consejos y no hagas nada que los desobedezca o hagas que se preocupen; entonces, habrán logrado el efecto deseado. Si escuchas a tus padres, ¿acaso no harás progresos? ¿Y acaso no les evitarás tener que preocuparse? ¿No estarán entonces satisfechos contigo? ¿Seguirá haciendo falta que te castiguen de esa manera? Así, en muchos casos, la preocupación de la gente proviene de sus propios intereses. Hablando en general, se trata del temor a no tener ningún desenlace: “Si por casualidad Dios me expone, me descarta y me rechaza, entonces no habrá nada que pueda hacer; si Él dice que no me quiere, es que no me quiere”. Se trata de tu mala interpretación de Dios; son solo tus pensamientos. Tienes que determinar cuál es la intención de Dios. Al exponer a las personas no lo hace para eliminarlas, sino para hacerlas crecer. Es más, algunas veces podrían pensar que estás siendo expuesto, pero, de hecho, no es así. A menudo, debido a que son de calibre bajo y a que tienen un carácter arrogante, les encanta alardear, tienen un carácter arrogante, les encanta alardear, tienen un carácter rebelde, son irresponsables, descuidadas e indiferentes al cumplir con el deber, hacen mal su trabajo y no lo llevan a cabo de manera apropiada. Por otra parte, algunas veces podrían no cumplir los principios que te han sido impartidos y simplemente te entran por un oído y te salen por el otro. Haces lo que te place y actúas de manera imprudente sin antes comunicarte más con los demás y te comportas según tu parecer. Tus acciones no tienen ningún buen efecto y van contra los principios. En este sentido, debes ser disciplinado, pero ¿cómo podría decirse que has sido descartado? Debes abordar esto de la manera adecuada. ¿Cuál es la forma correcta de abordarlo? En los asuntos en los que no entiendes la verdad, debes buscar. ¿Qué incluye buscar? No solo se trata de buscar un entendimiento de la doctrina. Debes llegar a comprender la voluntad de Dios y el principio para esta obra hecha por la casa de Dios. ¿Cuál es el principio? El principio no es la doctrina. Contiene diversos criterios. Lo que las disposiciones de la obra disponen para tales asuntos, lo que lo Alto ha ordenado en relación con realizar esa obra, lo que dicen las palabras de Dios acerca de llevar a cabo esta clase de deber y la necesidad de satisfacer Su voluntad. ¿Cuáles son los criterios para satisfacer la voluntad de Dios? Se trata de actuar de acuerdo con los principios-verdad. Por lo general, están poniendo los intereses de la casa de Dios y su obra en primer lugar. Dicho de una manera más específica, en todos los sentidos, no debe haber problemas importantes y no se debe causar vergüenza a Dios. Si las personas dominan estos principios, ¿acaso sus preocupaciones no disminuirán gradualmente? Y ¿acaso no dejarán de lado sus confusiones? Una vez que haces a un lado tus confusiones y ya no tienes ideas irracionales acerca de Dios, las cosas negativas lentamente comenzarán a dejar de dominarte por dentro y abordarás este tipo de asuntos de manera correcta. Así pues, es importante buscar la verdad y trates de entender la voluntad de Dios.

Extracto de ‘Solo al practicar las palabras de Dios se pueden obtener una transformación en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Desde el principio, a menudo os he exhortado a que cada uno de vosotros busque la verdad. Mientras haya oportunidad de hacerlo, no os rindáis; buscar la verdad es la obligación, la responsabilidad y el deber de toda persona y la senda que toda persona debe seguir, así como la que deben seguir todos los que se quieran salvar. Sin embargo, nadie presta atención a esto: nadie lo considera un asunto de importancia porque cree que es pura hipocresía y cada persona piensa lo que quiere. Por eso, desde el principio hasta hoy, aunque muchos tomen en sus manos libros de las palabras de Dios y los lean, escuchen sermones, aparentemente hayan aceptado el juicio y castigo mientras cumplen con el deber y acepten la guía de Dios, en realidad no se ha entablado una relación entre el hombre y Dios y todas las personas se guían por sus fantasías, nociones, malentendidos y especulaciones, de tal manera que viven cada día en la duda y la negatividad en su trato a las palabras, la obra y la guía de Dios. Si vives en esos estados, ¿cómo puedes deshacerte de la negatividad? ¿Cómo puedes deshacerte de la rebeldía? ¿Cómo puedes deshacerte de la mentalidad y la actitud de falsedad y maldad, o de las especulaciones y los malentendidos con que abordas la comisión y el deber que Dios te ha dado? Por supuesto, no te puedes deshacer de ellos. Por lo tanto, si deseas tomar una senda de búsqueda y práctica de la verdad y entrar en la realidad-verdad, debes presentarte de inmediato ante Dios, orarle y procurar captar Su voluntad; descubrirla es lo más importante. Debes hacer esto en vez de pasarte los días sumergido en los pensamientos e ideas que tienes en la cabeza y preguntándote constantemente: “¿Qué pienso? ¿Qué quiero? ¿Qué malentendidos y nociones tengo acerca de Dios? ¿En qué cuestiono a Dios? ¿Qué ha hecho Dios que me ha lastimado, entristecido o ha provocado que surjan especulaciones y dudas dentro de mí?”. Si te pasas el día recapacitando sobre estas cosas, ¿comprenderás la verdad? Cuanto más avances por esta senda, mayores serán tus malentendidos acerca de Dios y más distante tu relación con Él; puede decirse que, cuanto más avanzas, más malas acciones y transgresiones acumulas. Quizá cumplas con el deber, pero mientras lo haces hay una actitud descuidada, negligente, reacia y rebelde, o incluso superficial e irreverente, en tu manera de abordar tu deber y tus responsabilidades. ¿Qué resultará de esto al final? El resultado será que, en aquellos momentos en que sufras y cumplas con el deber, no habrás recibido la verdad ni podrás recibirla o entrar en la realidad-verdad. ¿A qué se debe este resultado? Se debe a que, en su interior, la gente tiene nociones y malentendidos acerca de Dios; no se han resuelto estos problemas prácticos. Por consiguiente, siempre hay un abismo entre el hombre y Dios. Así pues, si el hombre desea presentarse ante Dios, antes debe corregir cualquier malentendido, además de cualquier noción, interrogante, especulación y fantasía que aún tenga sobre Dios. Debe examinar estas cosas dentro de sí mismo. Que alguien realmente tenga nociones o malentendidos acerca de Dios no es un problema sencillo. Si esa persona no ha recibido la verdad ni corrige sus nociones y malentendidos buscando la verdad, estas cosas no desaparecerán solas. Aunque no afecten a tu cumplimiento del deber ni a tu búsqueda de la verdad, resurgirán cuando abordes ciertos asuntos o circunstancias particulares y continuarán haciéndolo hasta que las hayas resuelto. Presentarse ante Dios haciendo introspección es, principalmente, un medio de corregir los malentendidos y nociones del hombre acerca de Dios y, a medida que se resuelve cada problema, la relación del hombre con Dios se vuelve un poco más normal y la vida del hombre da un paso hacia la madurez. Una vez que la persona corrige gran parte de sus nociones y malentendidos, el abismo entre ella y Dios se hace mucho menor y aumenta su fe en Dios; con una gran fe, son muchas menos las cosas que corrompen su práctica de la verdad y hay muchas menos impurezas y trabas en su búsqueda de la verdad.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si te ocurre un problema y eres capaz de buscar la verdad, podrás comprender y aprender un aspecto de ella. ¿Qué se consigue al comprender la verdad? Cuando comprendes un aspecto de la verdad, comprendes un aspecto de la voluntad de Dios y por qué Dios te envió esta circunstancia, por qué te exigió algo semejante, por qué instrumentó unas circunstancias que te castigaron y disciplinaron, por qué te disciplinó con este asunto y por qué has caído, fracasado y quedado en evidencia en esta cuestión. Si entiendes estas cosas, serás capaz de buscar la verdad y alcanzarás la entrada en la vida. Si no las entiendes ni aceptas estos hechos, sino que te empeñas en oponerte y resistirte, en emplear tus propias técnicas de autoencubrimiento, en presentarte ante los demás y ante Dios con una falsa apariencia, nunca podrás recibir la verdad.

Si tienes una actitud de honestidad y aceptación de la verdad; si, por muy difícil que sea de soportar y por más prestigio que pierdas, abordas estos asuntos con una actitud que se somete a la verdad y la ama; si te presentas ante Dios para buscarlos y aceptarlos y, conforme los aceptas, analizas y reflexionas sin cesar acerca de todo cuanto haces y revelas, así como acerca de tus motivaciones, entonces progresarás y se obrará la verdad en ti sin que te des cuenta. Y cuando estos problemas se resuelvan y tu actitud, perspectiva y estado ante un asunto tiendan cada vez más hacia lo positivo, ¿seguirá habiendo un abismo entre tú y Dios? Aunque lo haya, se hará más pequeño e irán a menos tus interrogantes sobre Dios, así como tus especulaciones, tus malentendidos, tus agravios, tu rebeldía y tu resistencia hacia Él. Con un menor número de estas cosas, cuando algo te suceda estarás más tranquilo; te quedarás en silencio y buscarás la senda correcta de práctica. Si cuando te sucede algo estás ansioso y siempre deseas emplear los métodos del hombre sin buscar en lo más mínimo la verdad, esto es problemático. Por supuesto, recurrirás a los métodos del hombre para ocuparte de ello: esta es la primera reacción que le viene a la mente a una persona, como le vienen los métodos escurridizos, las técnicas “ingeniosas” y las filosofías de vida. A algunos los han atormentado estas cosas durante mucho tiempo, nunca se esfuerzan con la verdad y, por el contrario, se preguntan constantemente cómo aplicar las técnicas del hombre; luchan durante tanto tiempo que se desmayan de agotamiento. Así de lamentable es el hombre cuando no practica ni busca la verdad. Aunque ahora cumplas con el deber, te sacrifiques y te esfuerces de buena gana, si no se corrigen tus malentendidos, especulaciones, dudas o agravios respecto a Dios, o incluso tu rebeldía y resistencia hacia Él, o si no corriges los diversos métodos y técnicas con los que te resistes a Él y rechazas Su soberanía sobre ti, será casi imposible que la verdad reine en ti y tu vida será agotadora. La gente a menudo pasa apuros y se atormenta en estos estados negativos, agitándose violentamente como si se hubiera hundido en un cenagal, viviendo siempre entre verdades y falsedades, cosas buenas y malas. ¿Cómo puede descubrir la verdad? Para buscar la verdad, primero hay que someterse. Tras un tiempo de experiencia verá resultados, momento en el que es fácil comprender la verdad. Si uno siempre trata de descifrar qué está bien y qué está mal y está absorto en qué es verdadero y qué falso, no tiene modo de descubrir ni de comprender la verdad. Y si no comprende nunca la verdad, ¿a qué le llevará esto? No comprender la verdad da lugar a malentendidos; con los malentendidos es fácil sentirse agraviado; cuando brotan los agravios, se convierten en resistencia; la resistencia se convierte inmediatamente en transgresión, y muchas transgresiones se convierten enseguida en múltiples males, con lo cual uno debe ser castigado. Esta es la clase de consecuencia que puede derivarse de ello. Así pues, la búsqueda de la verdad no se trata únicamente de que cumplas correctamente con el deber, que seas obediente, que te comportes según las normas, que parezcas devoto o tengas la decencia de un santo. No solo pretende corregir esos problemas, sino todo tipo de opiniones equivocadas con las que tratas a Dios. La comprensión de la verdad tiene por objetivo corregir el carácter corrupto del hombre; cuando se corrija ese carácter corrupto, el hombre ya no tendrá malentendidos acerca de Dios, la relación entre el hombre y Dios mejorará paulatinamente y será cada vez más normal. Una vez corregido un carácter corrupto, pues, se corregirán poco a poco los recelos, las sospechas, los malentendidos, los interrogantes y los agravios del hombre respecto a Dios, además de su resistencia y hasta su evaluación de Él. ¿Qué manifestación inmediata se produce cuando se corrige un carácter corrupto? (Cambia la actitud del hombre hacia Dios). ¿De qué manera se manifiesta cada una de las actitudes del hombre respecto a Dios? Se manifiestan en toda circunstancia que te acontece, en tu forma de abordarla, en tu actitud hacia ella, en tu primera reacción y en tu estado. ¿Qué decide tu actitud? Esta se decide en función de si tienes la verdad en esta materia, de si has buscado la verdad, de si deseas recibirla y de si la comprendes. ¿Cómo se manifiesta una mejor relación entre el hombre y Dios? Se manifiesta en tu trato hacia las personas, circunstancias y cosas que te encuentras en la vida cotidiana. ¿Incluye esto el cumplimiento del deber? (Sí). Esa es la relación. ¡Por eso son de suma importancia la práctica y búsqueda de la verdad! Si no buscas la verdad, pero deseas resolver igualmente el problema de tus nociones, agravios y malentendidos respecto a Dios, ¿podrás lograrlo? Hay quienes afirman tener una mente simple y que, por lo tanto, no se les ocurren estas ideas. ¿Pueden lograrlo ellos? ¿Proviene un carácter corrupto del pensamiento? No proviene del pensamiento; es la vida del hombre y este se atiene a él para vivir. Sus raíces están en el hombre y es la esencia del hombre. El hombre no tiene ningún modo de erradicarlo o eliminarlo. Estas cosas solamente pueden corregirse con la verdad.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando las personas no comprenden a Dios y no conocen Su carácter, su corazón no puede abrirse jamás de veras a Él. Una vez hayan entendido a Dios, empezarán a apreciar y a saborear, con interés y fe, lo que hay en Su corazón. Cuando aprecias y saboreas lo que hay en el corazón de Dios, tu corazón se abre a Él gradualmente, poco a poco. Al hacerlo, sentirás lo vergonzosos y despreciables que eran tus intercambios con Dios, lo que le exigías a Dios y tus propios deseos extravagantes. Cuando tu corazón se abra de veras a Dios, verás que el Suyo es un mundo tan infinito y entrarás en una esfera que nunca antes has experimentado. Allí no hay engaño, no hay astucia, no hay oscuridad, ni maldad. Solo hay sinceridad y fidelidad; solo luz y rectitud; solo justicia y amabilidad. Está lleno de amor y cuidado, de compasión y tolerancia, y a través de él sientes la felicidad y el júbilo de estar vivo. Estas cosas son las que Dios te revela cuando le abres el corazón a Él. Ese mundo infinito está lleno de la sabiduría de Dios y de Su omnipotencia; de Su amor y de Su autoridad. Aquí puedes ver cada aspecto de lo que Dios tiene y es, de lo que le produce júbilo, de por qué se preocupa y se entristece, de por qué se enoja… Esto es lo que puede ver cada persona que abre su corazón y le permite entrar. Él solo puede entrar en tu corazón si se lo abres. Solo puedes ver lo que Dios tiene y es, y cuáles son Sus intenciones para ti si Él ha entrado en tu corazón. En ese momento descubrirás que todo lo que tiene que ver con Dios es muy precioso, que lo que Él tiene y es, es muy digno de valorar. Comparados con esto, las personas que te rodean, los objetos y los acontecimientos de tu vida y hasta tus seres queridos, tu pareja y las cosas que amas, apenas merecen ser mencionados. Son tan pequeños y precarios; sentirás que no habrá objeto material que pueda ser capaz de volver a atraerte ni ninguno que pueda volver a seducirte para que pagues un precio por él. En la humildad de Dios verás Su grandeza y Su supremacía. Además, en algo que Él haya hecho y que antes te había parecido bastante pequeño, verás Su infinita sabiduría y Su tolerancia, y contemplarás la paciencia, la indulgencia que tiene contigo y cómo te comprende. Esto engendrará en ti adoración hacia Él. En ese día, sentirás que la humanidad está viviendo en un mundo tan sucio que las personas que están a tu lado y las cosas que suceden en tu vida, y hasta aquellos a quienes amas, el amor de ellos por ti y su pretendida protección o su preocupación por ti ni siquiera son dignas de mencionar; solo Dios es tu amado y solo a Él es a quien más valoras. Cuando llegue el día, sé que habrá algunos que dirán: ¡El amor de Dios es tan grande y Su esencia tan santa! En Dios no hay astucia ni maldad, ni envidia, ni lucha, sino solo justicia y autenticidad, y los seres humanos deberían anhelar todo lo que Dios tiene y es. Tendrían que luchar por ello y aspirar a ello. ¿Sobre qué base se fundamenta la capacidad de la humanidad para lograr esto? Se apoya en el entendimiento que tienen del carácter de Dios y de Su esencia. Por tanto, entender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es supone una lección de vida para cada persona; es un objetivo de vida a ser logrado por cada persona que se esfuerza por cambiar su carácter y por conocer a Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

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