57. Principios para rectificar la defensa contra Dios y los malentendidos sobre Él

(1) Solo Cristo es el Salvador de la humanidad. Solo Él puede conceder al hombre la verdad y la vida, y solo existe Su salvación.

(2) Es necesario saber que el juicio y castigo de Dios, las pruebas y el refinamiento, la poda y el trato se hacen por la salvación y la perfección del hombre, y todas son expresiones de amor por la humanidad.

(3) Cuando uno se encuentra con un acontecimiento que no concuerda con sus nociones, debe buscar la verdad, comprender la voluntad de Dios y tratar de obtener el conocimiento de Su carácter. Solo así puede uno librarse de sus nociones y malentendidos.

(4) Los que constantemente se defienden de Dios y lo malinterpretan son gente astuta, y todos los que no creen que Dios es la verdad son, de la cabeza a los pies, unos despreciables desdichados, no son creyentes, son incrédulos.

Las palabras relevantes de Dios:

Dios ha venido para obrar en la tierra con el fin de salvar a la humanidad corrupta, no hay falsedad en esto. Si la hubiera, Él ciertamente no habría venido a hacer Su obra en persona. En el pasado, Su medio de salvación implicaba mostrar el máximo amor y compasión, tanto que le dio Su todo a Satanás a cambio de toda la humanidad. El presente no tiene nada que ver con el pasado: La salvación que hoy se os otorga ocurre en la época de los últimos días, durante la clasificación de cada uno de acuerdo a su especie; el medio de vuestra salvación no es el amor ni la compasión, sino el castigo y el juicio para que el hombre pueda ser salvado plenamente. Así, todo lo que recibís es castigo, juicio y golpes despiadados, pero sabed que en este golpe cruel no hay la más mínima sanción. Independientemente de lo severas que puedan ser Mis palabras, lo que cae sobre vosotros son solo unas cuantas palabras que podrían pareceros totalmente crueles y, sin importar cuán enojado pueda Yo estar, lo que viene sobre vosotros siguen siendo palabras de enseñanza y no tengo la intención de lastimaros o haceros morir. ¿No es todo esto un hecho? Sabed esto hoy, ya sea un juicio justo o un refinamiento y castigo crueles, todo es en aras de la salvación. Independientemente de si hoy cada uno es clasificado de acuerdo con su especie, o de que las categorías del hombre se dejen al descubierto, el propósito de todas las palabras y la obra de Dios es salvar a aquellos que verdaderamente aman a Dios. El juicio justo se hace con el fin de purificar al hombre, y el refinamiento cruel con el de limpiarlo, las palabras severas o el castigo se hacen para purificar y son en aras de la salvación. Así, el método de salvación en la actualidad es diferente al del pasado. Hoy, se te da la salvación mediante el juicio justo, y es una buena herramienta para clasificaros a cada uno de acuerdo a la especie. Además, el castigo despiadado sirve como vuestra salvación suprema, ¿y qué tenéis que decir frente a tal castigo y juicio? ¿No habéis gozado siempre de la salvación, de principio a fin? Habéis visto a Dios encarnado y os habéis percatado de Su omnipotencia y sabiduría; además, habéis experimentado repetidos golpes y disciplina. Sin embargo, ¿no habéis recibido también la gracia suprema? ¿No son vuestras bendiciones mayores que las de los demás? ¡Vuestras gracias son incluso más abundantes que la gloria y las riquezas disfrutadas por Salomón! Pensad en esto: si Mi intención al venir fuera condenaros y castigaros en lugar de salvaros, ¿podrían vuestros días haber durado tanto? ¿Podríais vosotros, seres pecadores de carne y hueso, haber sobrevivido hasta el día de hoy? Si sólo fuera con el objetivo de castigaros, entonces ¿por qué me habría hecho carne y embarcado en tan gran empresa? ¿Acaso castigaros a vosotros, simples mortales, no me tomaría simplemente el tiempo que lleva pronunciar una palabra? ¿Todavía necesitaré destruiros después de condenaros deliberadamente? ¿No creéis todavía estas palabras mías? ¿Podría salvar al hombre sólo por medio del amor y la compasión? ¿O podría sólo usar la crucifixión para salvar al hombre? ¿No es Mi carácter justo más favorable para hacer al hombre completamente obediente? ¿No es más capaz de salvar completamente al hombre?

Extracto de ‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Todos vosotros vivís en una tierra de pecado y libertinaje, y todos sois libertinos y pecadores. Hoy, no sólo podéis mirar a Dios, sino lo que es más importante, habéis recibido castigo y juicio, habéis recibido la más profunda salvación, es decir, el amor más grande de Dios. En todo lo que Él hace, Dios es realmente amoroso hacia vosotros. No tiene malas intenciones. Él os juzga por vuestros pecados, para que os examinéis y recibáis esta tremenda salvación. Todo esto se hace con el fin de que el hombre sea completo. De principio a fin, Dios, ha hecho todo lo posible para salvar al hombre y no alberga deseos de destruir completamente al hombre que creó con Sus propias manos. Hoy, Él ha venido entre vosotros para obrar; ¿no es esa salvación aún más grande? Si Él os odiara, ¿seguiría haciendo una obra de tal magnitud para guiaros personalmente? ¿Por qué iba a sufrir así? Dios no os odia ni tiene malas intenciones hacia vosotros. Deberíais saber que el amor de Dios es el más verdadero de todos. Él tiene que salvar a las personas por medio del juicio sólo porque estas son desobedientes; si no fuera por eso, salvarlas sería imposible. Ya que no sabéis cómo vivir y ni siquiera sois conscientes de cómo vivir, y ya que vivís en esta tierra libertina y pecadora y vosotros mismos sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados, Él no puede soportar veros vivir en esta tierra inmunda como hacéis ahora, pisoteados por Satanás a su antojo, y no soporta dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de personas y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para la salvación. Si no puedes ver que todo lo hecho en ti es amor y salvación, si crees que es sólo un método, una forma de atormentar al hombre y algo que no es digno de confianza, ¡entonces es mejor que vuelvas a tu mundo para sufrir dolor y dificultad! Si estás dispuesto a estar en esta corriente y disfrutar de este juicio y esta salvación inmensa, a disfrutar de todas estas bendiciones que no pueden encontrarse en ninguna parte del mundo humano y de este amor, entonces sé bueno; mantente en esta corriente para aceptar la obra de conquista de forma que puedas ser hecho perfecto. Hoy, puede que sufras un poco de dolor y refinamiento debido al juicio de Dios, pero existe un valor y un significado al sufrir este dolor. Aunque la gente es refinada y queda despiadadamente expuesta por el castigo y el juicio de Dios, con el objetivo de castigarlos por sus pecados, de castigar su carne, nada de esta obra tiene la intención de condenar su carne a la destrucción. Las duras revelaciones de la palabra tienen todas el propósito de guiarte por la senda correcta. Habéis experimentado personalmente mucho de esta obra y, claramente, ¡no os ha llevado a una senda mala! Todo es para hacerte vivir una humanidad normal y se puede lograr con tu humanidad normal. Cada paso de la obra de Dios se realiza en base a tus necesidades, según tus debilidades y según tu estatura real, y no se os coloca ninguna carga insoportable. Hoy no tienes esto claro y eres incapaz de verlo claramente y sientes que estoy siendo duro contigo y, de hecho, siempre crees que la razón por la que te castigo, juzgo y reprocho cada día es porque te detesto. Pero, aunque lo que sufres es castigo y juicio, esto es en realidad amor por ti, y es también la mayor protección. Si no puedes comprender el sentido más profundo de esta obra, será imposible para ti continuar experimentando. Esta salvación te traerá comodidad. No te niegues a entrar en razón. Habiendo llegado tan lejos, deberías tener claro el sentido de la obra de conquista, ¡y no deberías tener opiniones sobre ello de una manera u otra!

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Muchas personas que creen en Dios no se centran en entender Su voluntad; piensan que todo aquel que está predestinado por Dios para ser salvo, lo será inevitablemente. y que todo el que no esté predestinado por Dios para ser salvo, no lo será, haga lo que haga. Opinan que Dios no determinará el resultado de las personas basándose en su desempeño y su conducta. Si piensas así, entiendes terriblemente mal a Dios. Si Dios actuara realmente de esta manera, ¿sería justo? Dios determina el resultado de las personas basándose en un principio: en última instancia, el destino de las personas quedará determinado según su actuación y su conducta. No ves el carácter justo de Dios y siempre lo malinterpretas y distorsionas Sus intenciones, y esto provoca que siempre seas pesimista y pierdas la esperanza. ¿No es esto autoinfligido? ¿Entiendes de verdad las intenciones de Dios y estás seguro de ellas? Siempre has utilizado la “predestinación de Dios” para delimitar y negar las palabras de Dios. ¡Esta es una forma grave de malentender a Dios! No entiendes en absoluto Su obra ni Su voluntad; aún más, no entiendes el concienzudo esfuerzo que Dios ha puesto en Su obra de gestión de seis mil años. Te entregas a la desesperación, sospechas y dudas de Dios; te asusta ser un hacedor de servicio, y piensas: “No hay nada extraordinario en mí; ¿por qué he sido ascendido para hacer este trabajo? ¿Me está usando Dios? ¿Me está haciendo servir ahora y pensando en deshacerse de mí cuando deje de ser útil?”. ¿Acaso esta opinión de Dios no lo encasilla a Él entre aquellos que están en el poder? Siempre has malentendido a Dios; has pensado mal de Él y has sentido desprecio por Él. Nunca has creído en Sus palabras y Su sinceridad, has buscado de manera activa ser un hacedor de servicio, caminar por la senda de los que sirven, pero no has buscado cambiar tu carácter ni has sufrido dificultades para poner la verdad en práctica. En última instancia, te has deshecho de tus responsabilidades adjudicándoselas a Dios, escudándote en que no te ha predestinado y que Él no ha sido sincero contigo. ¿Cuál es el problema? Malinterpretas las intenciones de Dios, no crees Sus palabras, no estás poniendo la verdad en práctica ni te estás dedicando a cumplir con el deber. ¿Cómo puedes satisfacer la voluntad de Dios? Estas personas no son aptas de ninguna manera para ser hacedores de servicio, ¿cómo pueden ser entonces aptas para negociar con Dios? Si piensas que Dios no es justo, ¿por qué crees en Él? Siempre has querido que Dios te dijera personalmente: “Perteneces al pueblo del reino y esto no cambiará jamás” antes de esforzarte por la familia de Dios y si Él no dijera esto, tú nunca le entregarías tu verdadero corazón. ¡Cuán rebelde es este tipo de personas! He visto a tantas personas que nunca se han centrado en transformar su carácter y mucho menos en poner la verdad en práctica. Solo prestan atención a preguntar si obtendrán un buen destino, cómo los tratará Dios, si Él los ha predestinado para que ellos sean Su pueblo y otras habladurías. ¿Cómo pueden estas personas que no están involucradas en la obra sincera obtener la vida eterna? ¿Cómo pueden permanecer en la familia de Dios?

Extracto de ‘La voluntad de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y también me gustan mucho los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras. Si eres muy deshonesto, entonces tendrás un corazón precavido y pensamientos de sospecha respecto a todo y a todos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan son precisamente los más aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el cielo. Por eso afirmo que esta fe como la de vosotros sólo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí. A lo largo de muchos años de trabajo, habéis visto muchas verdades, pero ¿sabéis lo que han oído Mis oídos? ¿Cuántos entre vosotros estáis dispuestos a aceptar la verdad? Todos vosotros creéis que estáis dispuestos a pagar el precio por la verdad, pero ¿cuántos habéis sufrido verdaderamente por la verdad? Lo único que hay en vuestros corazones es iniquidad y, por lo tanto, creéis que cualquiera, no importa quién sea, es tan engañoso y torcido como vosotros. Incluso creéis que el Dios encarnado podría, como cualquier hombre normal, carecer de un corazón bondadoso o de amor benevolente. Más aún, creéis que el temperamento noble y la naturaleza misericordiosa y benevolente sólo existen en el Dios del cielo. Creéis que un santo así no existe, y que sólo la oscuridad y el mal reinan sobre la tierra, mientras que Dios es algo donde se alberga el anhelo humano de lo bueno y lo hermoso, una figura legendaria inventada por el hombre. En vuestras mentes, el Dios del cielo es sumamente recto, justo y grandioso, digno de adoración y admiración, pero este Dios en la tierra es apenas un sustituto y un instrumento del Dios del cielo. Creéis que este Dios no puede ser equivalente al Dios del cielo, mucho menos mencionarse junto con Él. En lo que respecta a la grandeza y el honor de Dios, estos le pertenecen a la gloria del Dios en el cielo, pero en cuanto a la naturaleza y la corrupción del hombre, estos son atributos que forman parte del Dios en la tierra. El Dios del cielo es eternamente sublime, mientras que el Dios en la tierra es para siempre insignificante, débil e incompetente. El Dios del cielo no es dado a las emociones, tan sólo a la justicia, mientras que el Dios en la tierra tan sólo tiene motivos egoístas y carece de justicia y razón alguna. El Dios en el cielo no tiene ni la más mínima tortuosidad y es siempre fiel, mientras que el Dios en la tierra tiene siempre un lado deshonesto. El Dios en el cielo ama profundamente al hombre, mientras que el Dios en la tierra le ofrece al hombre un cuidado deficiente, incluso abandonándolo por completo. Hace mucho tiempo que este conocimiento erróneo está guardado en vuestros corazones y quizás también continúe en el futuro. Consideráis todas las acciones de Cristo desde el punto de vista de los injustos y evaluáis toda Su obra, así como Su identidad y Su esencia, desde la perspectiva de los malvados. Habéis cometido un grave error y hecho lo que los que vinieron antes que vosotros jamás hicieron. Es decir, sólo servís al Dios sublime en el cielo con una corona sobre Su cabeza, pero jamás le prestáis atención al Dios al cual consideráis tan insignificante, al punto de que os resulta invisible. ¿No es acaso este vuestro pecado? ¿No es este un ejemplo clásico de vuestra ofensa contra el carácter de Dios?

Extracto de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando malinterpretas a Dios, hay en ti unos componentes severos y tendenciosos que te impedirán buscar la verdad. Si eliminas tus malentendidos, podrás buscar la verdad; si no, tendrás una sensación de alejamiento en tu corazón y orarás de manera superficial; esto es engañar a Dios y no te escuchará. En cuanto malinterpretas a Dios y surgen las sensaciones de distancia y alejamiento, tu corazón se cierra a Dios y no quieres escuchar Sus palabras ni buscar la verdad. Hagas lo que hagas, simplemente actúas por inercia, disfrazándote y mintiendo. Cuando se corrijan las malas interpretaciones del hombre sobre Dios y aquel haya dejado atrás este obstáculo, se presentará ante Dios con un corazón honesto y considerará con sinceridad cada una de Sus palabras y exigencias. Si hay contradicciones, distancia y malentendidos entre el hombre y Dios, el hombre está haciendo de Satanás y oponiéndose a Dios. ¿Cuáles son las consecuencias de esta oposición? ¿Puede someterse alguien así a Dios? ¿Puede aceptar la verdad? (No). No puede hacer ninguna de las dos cosas y se estanca la transformación de su carácter. Por lo tanto, cuando uno analiza sus diversos estados, por un lado lo hace para conocerse a sí mismo, mientras que, por otro, es preciso que se centre en analizar en qué malinterpreta a Dios. ¿Qué entrañan estas malas interpretaciones? Nociones, fantasías, delimitaciones, dudas, investigaciones y especulaciones. Cuando estás atrapado en estos estados surge un problema en tu relación con Dios. Debes buscar la verdad de inmediato para resolverlo, y debes resolverlo. Algunos creen que, si malinterpretan a Dios, no pueden cumplir con su deber hasta que hayan resuelto el problema. ¿Esto se sostiene? (No). No pospongas el cumplimiento del deber: cúmplelo y resuelve tu problema al mismo tiempo. A medida que cumplas con el deber se te empezará a quitar tu malinterpretación de Dios sin que te des cuenta y descubrirás el origen y la gravedad del problema. Puede que algún día os deis cuenta: “El hombre es un ser creado y el Creador es por siempre mi Señor; esta esencia no cambia ni lo hacen el estatus del hombre ni el de Dios. Haga lo que haga Dios, y aunque toda la humanidad considere un error lo que haga, no puedo negar lo que ha hecho ni que Él es la verdad. Dios es la verdad más elevada, eternamente infalible. El hombre debe mantenerse firme en su posición; no debe investigar a Dios, sino aceptar Sus planes y todas sus palabras. Todo lo que Dios dice y hace está bien. El hombre no debe hacerle exigenciasvarias: los seres creados no son quiénes para hacerlo. Aunque Dios me tratara como un juguete, debería someterme igualmente, y si no lo hiciera, sería mi problema, no el de Dios”. Cuando tengas experiencia y conocimiento de este aspecto de la verdad, entrarás de facto en la sumisión a Dios, ya no tendrás grandes dificultades y, tanto si estás cumpliendo con tu deber como si estás practicando diversos aspectos de la verdad, se habrán resuelto muchas dificultades. Esta es la verdad más grande y profunda. Muchas veces, cuando la gente se enfrenta a diversas dificultades, cuando hay varios obstáculos o se encuentra con algo que no puede asumir, es porque está en una posición equivocada: malinterpreta a Dios, quiere investigarlo y no tratarlo como a Dios, quiere negar la rectitud de todo cuanto dice y hace y negar que Él sea la verdad. Esto significa que el hombre no quiere ser un ser creado, sino estar en pie de igualdad con Dios para criticarlo. Esto ocasionará problemas. Si eres capaz de cumplir con tu deber y mantenerte firme en tu lugar de ser creado, prácticamente no surgirá en ti oposición alguna a lo que Dios haga. Puede que tengas algunos malentendidos y nociones, pero al menos tendrás una actitud de disposición a aceptar los planes de Dios y partirás del deseo de someterte a Él, por lo que no surgirá en ti oposición alguna.

Extracto de ‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

A menudo, las personas se preocupan por las pruebas de Dios y les temen, pero viven todo el tiempo en el lazo de Satanás, en un territorio peligroso en el que este las ataca y maltrata; sin embargo, no conocen el miedo y se muestran imperturbables. ¿Qué está ocurriendo? La fe del hombre en Dios sólo se limita a las cosas visibles. No tiene la más mínima apreciación del amor y de la preocupación de Dios por él ni de Su piedad y consideración hacia él. Excepto por un poco de inquietud y temor por las pruebas, el juicio y castigo, y la majestad e ira de Dios, el hombre no tiene el más mínimo entendimiento de Sus buenos propósitos. Con la sola mención de las pruebas, las personas sienten como si Dios tuviera motivos ocultos, y algunos hasta llegan a creer que Él alberga designios malvados, ignorando cómo actuará realmente con ellos. Por tanto, a la vez que proclaman obediencia a la soberanía y a las disposiciones de Dios, hacen todo lo que pueden para resistirse y oponerse a Su señorío sobre el hombre y Sus disposiciones para él, porque creen que si no tienen cuidado Dios los engañará; que si no tienen bien agarrado su propio destino Él podría quitarles todo lo que tienen, y hasta poner fin a su vida. El hombre está en el campamento de Satanás, sin preocuparse de que este lo maltrate; este abusa de él, pero el ser humano nunca teme que lo lleve cautivo. Sigue afirmando que acepta la salvación de Dios, pero nunca ha confiado en Él ni ha creído que Él lo salvará de verdad de las garras de Satanás. Si, como Job, el hombre es capaz de someterse a las orquestaciones y disposiciones de Dios, y puede entregar todo su ser en Sus manos, ¿no será, pues, su final el mismo que el de Job: recibir las bendiciones de Dios? Si un hombre es capaz de aceptar y someterse al dominio de Dios, ¿qué tiene que perder? De este modo, sugiero que seáis cuidadosos en vuestros actos, y cautos con todo lo que está a punto de venir sobre vosotros. No seáis temerarios ni impulsivos, y no tratéis a Dios y a las personas, los asuntos y los objetos que Él ha arreglado para vosotros según la carne ni vuestra naturalidad o según vuestras imaginaciones y nociones; debéis ser precavidos en vuestras acciones, orar y buscar más, para evitar dar lugar a la ira de Dios. ¡Recordad esto!

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunas, tan pronto como se revela su corrupción, piensan: “Una vez más me he resistido a Dios; he creído en Él por muchos años pero aún no he cambiado. ¡Seguramente Dios ya no me quiere!”. ¿Qué clase de actitud es esta? Se han rendido y piensan que Dios ya no las quiere. ¿Acaso no están malinterpretando a Dios? Cuando eres tan negativo, es más fácil que Satanás encuentre grietas en tu armadura, y una vez que ha tenido éxito, las consecuencias son inimaginables. Por lo tanto, sin importar con cuántas dificultades te encuentres o cuán negativo te sientas, ¡nunca debes rendirte! Mientras las vidas de las personas se desarrollan y mientras son salvadas, a veces toman la senda equivocada o se descarrían. Por un tiempo demuestran ciertos estados y conductas inmaduros en su vida, o a veces se debilitan y se vuelven negativas, dicen cosas equivocadas, resbalan y caen o sufren un fracaso. Desde el punto de vista de Dios, todas esas cosas son normales y Él no haría un escándalo por ellas. Al comprobar lo hondamente corrompidas que están y que jamás podrán satisfacer a Dios, a algunas personas les duele el corazón, y quienes son capaces de tener semejante remordimiento suelen ser objeto de la salvación de Dios. Aquellos que creen no necesitar la salvación, que ya se consideran perfectos, no son los que salvará Dios. ¿Por qué os digo esto? Lo que quiero decir es que debes tener fe: “Pese a ser débil ahora y a haber caído y fallado, algún día maduraré, algún día podré satisfacer a Dios, entender la verdad y salvarme”. Debes tener esta fe. Independientemente de los reveses, las dificultades, los fallos y las caídas, no debes ser negativo; has de saber a qué clase de personas salva Dios. Además, si te consideras no apto para que te salve Dios, si a veces te hallas en un estado en el que te sientes abominable o desagradable para Dios o si en algún momento del pasado Él no te dio Su aprobación o te rechazó por completo, tranquilo. Ahora sabes esto, así que no es demasiado tarde; siempre y cuando te arrepientas, Dios te dará la oportunidad de salvarte.

Extracto de ‘La entrada en la vida es sumamente importante para creer en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas que han cometido una pequeña transgresión se preguntan: “¿Me ha desenmascarado y eliminado Dios? ¿Me abatirá?”. Esta vez Dios no ha venido a obrar para abatir a las personas, sino para salvarlas en la mayor medida posible. ¿Quién está totalmente libre del error? Si todos fueran abatidos, entonces ¿cómo podría ser “salvación”? Algunas transgresiones se cometen a propósito, mientras que otras se hacen de forma involuntaria. Si puedes cambiar después de reconocer las transgresiones que cometes de manera involuntaria; ¿te abatiría Dios antes de que cambiaras? ¿Así salva Dios a las personas? ¡No es así cómo obra Dios! Independientemente de que transgredas sin querer o guiado por una naturaleza rebelde, debes recordar que, después de haber cometido la transgresión, debes darte prisa, despertar a la realidad y seguir adelante, no importa qué situación surja, debes continuar avanzando. La obra que está haciendo Dios es la de la salvación, y Él no abate de manera casual a aquellos a los que quiere salvar. Independientemente del grado en que seas capaz de transformarte, aunque Dios finalmente te abatiera, sería ciertamente justo que lo hiciera y te lo haría entender a su debido tiempo. Por ahora os debéis preocupar de esforzaros por la verdad, de centraros en la entrada en la vida y de tratar de cumplir adecuadamente con el deber. ¡En esto no hay equivocación! En última instancia, independientemente de cómo te trate Dios, siempre es justo; no deberías poner esto en duda ni preocuparte. Aunque no puedas entender la justicia de Dios en este momento llegará un día en que quedarás convencido. Ciertamente Dios no es como un oficial del gobierno ni como el rey de los diablos. Si consideráis detenidamente este asunto, llegaréis a la conclusión de que la obra de Dios consiste en salvar a las personas y transformar su carácter. Como Su obra es la obra de transformación del carácter de las personas, si estas no revelan su corrupción, no se puede hacer nada y no se conseguirá nada. Si después de que hayas revelado tu corrupción no te arrepientes en lo más mínimo y sigues actuando de la misma manera, ofenderás el carácter de Dios. Él infligirá diferentes grados de retribución sobre el hombre y este pagará el precio por sus transgresiones. De vez en cuando te vuelves inconscientemente disoluto y Dios te lo señala, te poda y trata contigo. Si cambias para bien, Dios no te pedirá cuentas. Este es el proceso normal de la transformación del carácter; la verdadera importancia de la obra de salvación es evidente en este proceso. ¡Ésta es la clave!

Extracto de ‘La voluntad de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando las personas no comprenden a Dios y no conocen Su carácter, su corazón no podrá abrirse jamás de veras a Él. Una vez hayan entendido a Dios, empezarán a apreciar y a saborear, con interés y fe, lo que hay en Su corazón. Y cuando esto sucede, tu corazón se abrirá a Él progresivamente, poco a poco. Al hacerlo, sentirás lo vergonzosos y despreciables que eran tus intercambios con Dios, lo que le exiges y tus propios deseos extravagantes. Cuando tu corazón se abra de verdad a Dios, verás que el suyo es un mundo tan infinito, y entrarás en una esfera que nunca antes has experimentado. Allí no hay engaño, astucia, oscuridad ni maldad. Sólo hay sinceridad y fidelidad; sólo luz y rectitud; sólo justicia y amabilidad. Está llena de amor y cuidado, de compasión y tolerancia, y a través de ella sientes la felicidad y el gozo de estar vivo. Estas cosas son las que Dios te revela cuando abres tu corazón a Él. Ese mundo infinito está lleno de la sabiduría de Dios y de Su omnipotencia; de Su amor y de Su autoridad. Aquí puedes ver cada aspecto de lo que Dios tiene y es, de lo que le produce gozo, de por qué se preocupa y se entristece, de por qué se enoja… Esto es lo que puede ver cada persona que abre su corazón y le permite entrar. Él sólo puede entrar en tu corazón si tú se lo abres. Sólo puedes ver lo que Dios tiene y es, y cuáles son Sus intenciones para ti si ha entrado. En ese momento descubrirás que todo lo que tiene que ver con Dios es tan precioso, que lo que Él tiene y es, es tan digno de valorar. Comparados con ello, las personas que te rodean, los objetos y los acontecimientos de tu vida y hasta tus seres queridos, tu pareja y las cosas que amas, apenas merecen ser mencionados. Son tan pequeños y pobres; sentirás que no hay objeto material que pueda ser capaz de volver a atraerte ni ninguno que pueda seducirte nuevamente para que pagues un precio por él. En la humildad de Dios verás Su grandeza y Su supremacía. Además, en algo que Él haya hecho y que te pareció bastante pequeño, verás Su infinita sabiduría y Su tolerancia, y contemplarás la paciencia, la indulgencia y la comprensión que tiene contigo. Esto engendrará en ti adoración hacia Él. En ese día, sentirás que la humanidad está viviendo en un mundo tan sucio que las personas que están a tu lado y las cosas que suceden en tu vida, y hasta en aquellos a quienes amas, el amor de ellos por ti y su pretendida protección o su preocupación por ti ni siquiera son dignas de mencionar; sólo Dios es tu amado y sólo a Él es a quien más valoras. Cuando llegue el día, creo que habrá algunos que digan: ¡El amor de Dios es tan grande y Su esencia tan santa! En Dios no hay astucia ni maldad, ni envidia, ni lucha, sino sólo justicia y autenticidad, y los seres humanos deberían anhelar todo lo que Dios tiene y es. Tendrían que luchar por ello y aspirar a ello. ¿Sobre qué base se fundamenta la capacidad de la humanidad para lograr esto? Se apoya sobre su comprensión del carácter de Dios y de Su esencia. Por tanto, entender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es supone una lección de vida para cada persona; es un objetivo de vida a ser logrado por cada persona que se esfuerza por cambiar su carácter y por conocer a Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

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