4. Principios para considerar las palabras de Dios

(1) Es preciso creer que las palabras de Dios son, definitivamente, la verdad. Deben ser aceptadas y obedecidas, concuerden o no con las nociones humanas e independientemente de si se comprenden o no.

(2) Es preciso aceptar el juicio y castigo de las palabras de Dios. Solo así es posible llegar a conocer la esencia y verdad de la propia corrupción y purificar el propio carácter corrupto.

(3) Cuando no se entiendan algunas de las palabras de Dios, se le debe orar, buscar la verdad y centrarse en la práctica y la experiencia. Solo así es posible comprender la verdad y entrar en la realidad.

(4) Es preciso practicar y experimentar las palabras de Dios. Solo así se puede comprender la verdad, conocer a Dios y corroborar que Cristo es la verdad, el camino y la vida.

Las palabras relevantes de Dios:

Las palabras que pronuncio son verdades dirigidas a toda la humanidad, no están dirigidas solo a una persona o tipo de persona específica. Por lo tanto, debéis concentraros en entender Mis palabras desde el punto de vista de la verdad, y debéis tener una actitud de completa atención y sinceridad. No ignoréis una sola palabra o verdad que hablo ni tratéis todas Mis palabras a la ligera. En vuestras vidas veo que habéis hecho mucho que es irrelevante para la verdad; y por tanto, expresamente os pido que os convirtáis en servidores de la verdad, que no seáis esclavizados por la maldad y la fealdad, y que no piséis la verdad ni manchéis ningún rincón de la casa de Dios. Esta es Mi advertencia para vosotros.

Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Sólo espero que no desperdiciéis Mis penosos esfuerzos y, además, que podáis comprender todo el cuidado y la atención que he dedicado, y tratéis Mis palabras como el fundamento de cómo os comportáis como seres humanos. Ya sea el tipo de palabras que estéis dispuestos a escuchar o no, ya sean palabras que os guste aceptar o que aceptéis incómodamente, las debéis tomar con seriedad. De lo contrario, vuestro carácter y comportamiento despreocupados e indiferentes realmente me molestarán y, de hecho, me repugnarán. Realmente espero que todos vosotros podáis leer Mis palabras una y otra vez —miles de veces— e incluso saberlas de memoria. Sólo de esa manera podréis cumplir Mis expectativas sobre vosotros. Sin embargo, ninguno de vosotros estáis viviendo así ahora. Por el contrario, todos vosotros estáis inmersos en una vida depravada de comer y beber hasta reventar, y ninguno de vosotros usáis Mis palabras para enriquecer vuestros corazones y almas. Por esta razón, he llegado a una conclusión sobre la verdadera cara de la humanidad: El hombre puede traicionarme en cualquier momento, y nadie puede ser absolutamente fiel a Mis palabras.

Extracto de ‘Un problema muy serio: la traición (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Os he hecho muchas advertencias y concedido muchas verdades con la intención de conquistaros. A estas alturas, os sentís significativamente más enriquecidos que en el pasado, habéis llegado a entender muchos principios respecto a cómo debería ser una persona, y a poseer mucho del sentido común que las personas fieles deberían tener. Todo esto es la cosecha que habéis sembrado a lo largo de muchos años. No niego vuestros logros, pero además debo decir con bastante franqueza que tampoco niego vuestras numerosas desobediencias y las rebeliones que habéis cometido contra Mí todos estos años, pues no hay santo alguno entre vosotros. Sois todos, sin excepción, personas que han sido corrompidas por Satanás; sois enemigos de Cristo. Hasta la fecha, vuestras transgresiones y desobediencias han sido demasiado incontables, por lo que apenas se puede considerar extraño que me esté repitiendo constantemente con vosotros. No deseo coexistir con vosotros de esta manera, pero, por el bien de vuestro futuro, de vuestro destino, volveré a repetir, aquí y ahora, lo que ya he dicho. Espero que me lo permitáis y, más aún, que seáis capaces de creer todas Mis declaraciones y de deducir las implicaciones más profundas de Mis palabras. No dudéis lo que digo, menos aún, no escojáis entre mis palabras a vuestro antojo y las apartéis a un lado como os parezca, esto lo considero intolerable. No juzguéis Mis palabras, y menos aún debéis tomarlas a la ligera ni decir que siempre os estoy tentando o, lo que sería peor, que lo que os he dicho no es exacto. También considero intolerables estas cosas. Como me tratáis a Mí y a lo que digo con suspicacia y nunca aceptáis Mis palabras y me ignoráis, os digo a cada uno de vosotros con total seriedad: No vinculéis lo que digo con la filosofía; no relacionéis Mis palabras con las mentiras de los charlatanes. Menos aún debéis responder a Mis palabras con desprecio.

Extracto de ‘Las transgresiones conducirán al hombre al infierno’ en “La Palabra manifestada en carne”

Al recibir el juicio de las palabras de Dios no debemos temer el sufrimiento ni el dolor y, mucho menos, temer que las palabras de Dios penetren en nuestro corazón. Debemos leer más de Sus declaraciones acerca de cómo Él nos juzga, nos castiga y expone nuestra esencia corrupta. Debemos leerlas y mantenernos más firmes en ellas. No compares a los demás con ellas: debemos compararnos con ellas. No carecemos de ninguna de estas cosas; todos podemos cuadrar con ellas. Si no lo crees, ve y experiméntalo por ti mismo. Tras leer las palabras de Dios, algunas personas no saben aplicárselas a sí mismas; piensan que parte de estas palabras no tratan de ellas, sino de otras personas. Por ejemplo, cuando Dios desenmascara a las personas como mujerzuelas y rameras, algunas hermanas creen que, al haber sido inequívocamente fieles a sus maridos, esas palabras no deben de referirse a ellas; otras creen que, como no están casadas y nunca han mantenido relaciones sexuales, esas palabras tampoco deben de referirse a ellas. Algunos hermanos piensan que estas palabras solo se dirigen a las mujeres y no tienen nada que ver con ellos; otros piensan que estas palabras de Dios suenan demasiado desagradables y se niegan a aceptarlas. Incluso hay quienes dicen que, en algunos casos, las palabras de Dios están equivocadas. ¿Es esta la actitud correcta hacia las palabras de Dios? La gente no sabe hacer introspección basándose en las palabras de Dios. Aquí, “mujerzuelas” y “rameras” aluden a la corrupción de la promiscuidad de las personas. Hombre o mujer, casado o no, todo el mundo está dotado de la corrupción de la promiscuidad; por tanto, ¿es posible que no tenga nada que ver contigo? Las palabras de Dios exponen el carácter corrupto de la gente; trátese de un hombre o de una mujer, el nivel de corrupción es el mismo, ¿no es así? Antes de hacer cualquier otra cosa, hemos de comprender que debemos aceptar cada una de las palabras de Dios, tanto si estas declaraciones suenan agradables como si no y sea amarga o dulce la sensación que nos den. Esa es la actitud que debemos tener hacia las palabras de Dios. ¿Qué clase de actitud es esta? ¿Una actitud devota, una actitud paciente o una actitud de aceptar el sufrimiento? Os digo que no es ninguna de estas. En nuestra fe, debemos sostener firmemente que las palabras de Dios son la verdad. Ya que son la verdad, debemos aceptarlas de una forma racional. Seamos o no capaces de reconocerlo o admitirlo, nuestra primera actitud debe ser una de aceptación absoluta de las palabras de Dios. Cada línea de las palabras de Dios pertenece a un estado específico. Es decir, ninguna de las líneas de Sus declaraciones trata sobre las apariencias externas y, mucho menos, sobre reglas externas o sobre una forma sencilla de comportamiento en las personas. No es así. Si ves cada línea pronunciada por Dios como si se tratase de una clase sencilla de comportamiento humano o apariencia externa, entonces no tienes entendimiento espiritual y no entiendes lo que es la verdad. Las palabras de Dios son profundas. ¿Cómo son profundas? Todo lo que Dios dice, todo lo que Él revela, trata sobre el carácter corrupto de las personas y sobre las cosas sustanciales y profundamente arraigadas dentro de su vida. Son cosas esenciales, no apariencias externas y, sobre todo, no son comportamientos externos. Al ver a las personas desde apariencia externa, todas pueden parecer estar bien. ¿Por qué, entonces, Dios dice que algunas personas son espíritus malos y otras son espíritus inmundos? Este es un asunto que no es visible para ti. Por lo tanto, no puedes depender de las apariencias o de lo que ves desde fuera para mantenerte firme en las palabras de Dios.

Extracto de ‘La importancia de buscar la verdad y la senda de búsqueda’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La verdad que el hombre necesita poseer se encuentra en la palabra de Dios, y es la verdad más beneficiosa y útil para la humanidad. Es el tónico y el sustento que vuestro cuerpo necesita, algo que ayuda al hombre a restablecer su humanidad normal. Es una verdad con la que el hombre debería equiparse. Cuanto más practiquéis la palabra de Dios, más rápidamente florecerá vuestra vida y más clara se volverá la verdad. Conforme crezcáis en estatura, veréis las cosas del mundo espiritual con mayor claridad y más fortaleza tendréis para triunfar sobre Satanás. Gran parte de la verdad que no entendéis se aclarará cuando practiquéis la palabra de Dios. La mayoría de las personas se conforman simplemente con entender el texto de la palabra de Dios y se enfocan en equiparse con doctrinas en lugar de profundizar su experiencia en la práctica, pero ¿no es este el camino de los fariseos? Entonces, ¿cómo puede ser real para ellos la frase “La palabra de Dios es vida”? La vida de una persona no puede madurar simplemente leyendo la palabra de Dios, sino solo cuando la palabra de Dios se pone en práctica. Si crees que entender la palabra de Dios es lo único que necesitas para tener vida y estatura, entonces tu entendimiento está distorsionado. Entender verdaderamente la palabra de Dios ocurre cuando practicas la verdad, y debes entender que “solo puedes comprender la palabra de Dios practicando la verdad”. Hoy, después de leer la palabra de Dios, solo puedes decir que la conoces, pero no que la entiendes. Algunas personas afirman que la única forma de practicar la verdad es entenderla primero, pero esto es solo parcialmente correcto, y, ciertamente, no es una afirmación del todo precisa. Antes de tener conocimiento de una verdad no la has experimentado. Sentir que entiendes algo que escuchas en un sermón no es entender realmente: solo es tomar posesión de las palabras literales de la verdad, y no es lo mismo que entender su verdadero significado. Tener un mero conocimiento superficial de la verdad no significa que la entiendas realmente o que tengas conocimiento de ella; el verdadero significado de la verdad viene de haberla experimentado. Por tanto, solo cuando experimentas la verdad puedes comprenderla y solo entonces puedes comprender sus partes ocultas. Profundizar tu experiencia es la única forma de comprender las connotaciones y entender la esencia de la verdad. Por tanto, puedes ir a cualquier parte con la verdad, pero si no hay verdad en ti, entonces no pienses en intentar convencer ni siquiera a los miembros de tu familia y, mucho menos, a las personas religiosas. Sin la verdad eres como copos de nieve que caen, pero, con ella, puedes ser feliz y libre y nadie puede atacarte. Por muy fuerte que sea una teoría, no puede superar a la verdad. Con la verdad, el mundo mismo puede tambalearse y pueden moverse los mares y las montañas, mientras que la ausencia de verdad puede conducir a que los muros de una gran ciudad se reduzcan a escombros debido a los gusanos. Esto es un hecho evidente.

Extracto de ‘Una vez que entendéis la verdad, debéis ponerla en práctica’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios expresa la verdad para la gente que tiene sed de la verdad, que buscan la verdad y la aman. En cuanto a aquellos que se preocupan por letras y doctrinas, y gustan de dar extensos y pomposos discursos, nunca obtendrán la verdad, se están engañando a sí mismos. Tales personas tienen una visión incorrecta de la interpretación de las palabras de Dios; retuercen el cuello para leer lo que es recto, su perspectiva es equivocada. Algunas personas sólo saben investigar las palabras de Dios, estudiando lo que Él dice respecto a ser bendecido y sobre el destino del hombre. Si las palabras de Dios no encajan con sus nociones, se vuelven negativas y detienen su búsqueda. Esto muestra que no están interesadas en la verdad. En consecuencia, no se toman la verdad en serio; solo pueden aceptar la verdad de sus nociones y fantasías. Aunque esas personas son fervorosas en su fe en Dios y tratan por todos los medios de hacer algunas buenas obras y presentarse correctamente ante los demás, lo hacen exclusivamente para tener un buen destino en el futuro. Pese a que también participan en la vida de iglesia, comen y beben de las palabras de Dios con todos los demás, les cuesta entrar en la realidad de la verdad y obtener la verdad. Otros, igualmente, comen y beben de las palabras de Dios, pero se limitan a hacerlo mecánicamente; creen haber alcanzado la verdad simplemente por haber logrado entender algunas letras y doctrinas. ¡Vaya necios! La palabra de Dios es la verdad. Ahora bien, no necesariamente entenderás y alcanzarás la verdad por leer las palabras de Dios. Si no la alcanzas comiendo y bebiendo de Sus palabras, lo que tendrás serán letras y doctrinas. No sabes lo que significa obtener la verdad. Puedes sostener las palabras de Dios en la palma de tu mano, sin embargo, después de leerlas, sigues siendo incapaz de entender la voluntad de Dios. Sólo adquieres algunas letras y doctrinas. Ante todo, deberías ser consciente de que la palabra de Dios no es tan sencilla; la palabra de Dios es totalmente profunda. Sin muchos años de experiencia, ¿cómo podrías entender la palabra de Dios? Incluso una frase de las palabras de Dios te requerirá tu vida entera para experimentarla plenamente. Lees las palabras de Dios, pero no entiendes Su voluntad; no entiendes los propósitos de Sus palabras, su origen, el efecto que buscan lograr, o qué buscan conseguir. Si no entiendes ninguna de estas cosas, entonces ¿cómo puedes entender la verdad? Es posible que hayas leído las palabras de Dios muchas veces, y quizás puedas recitar muchos pasajes de memoria, pero sigues sin haber cambiado en absoluto, ni has hecho ningún progreso. Tu relación con Dios es tan distante y alienada como siempre. Siguen existiendo barreras entre tú y Dios, como antes, y sigues teniendo dudas respecto a Él. No sólo no entiendes a Dios, sino que le pones excusas y albergas nociones sobre Él. Te resistes e incluso blasfemas contra Él. ¿Cómo puede esto significar que has obtenido la verdad? Aunque todos tienen una copia de la palabra de Dios que leen cada día, y toman notas del esclarecimiento que reciben de la comunión sobre la verdad, al final, diferentes personas logran distintos resultados. Unas prestan se centran en las doctrinas, mientras otras se centran en su práctica. Algunas prefieren estudiar lo que es profundo y misterioso, mientras que las hay que prefieren aprender sobre el destino futuro del hombre. Hay quienes prefieren estudiar los decretos administrativos, mientras otros buscan palabras de consuelo y otros más prefieren leer las profecías; cada cual se centra en una cosa. Algunos prefieren leer las palabras que el Espíritu Santo dice a las iglesias y quieren ser “Mis hijos”. Ahora bien, ¿qué conseguirán esas personas al final? Hoy día, algunos nuevos creyentes dicen: “¡Mira cuán consoladora es la palabra de Dios! ‘¡Mis hijos, Mis hijos!’. ¿Quién más en el mundo podría proveernos tal consolación?”. No entienden a quién van dirigidas estas palabras. Incluso después de aceptar la nueva obra de Dios durante uno o dos años, algunas personas siguen siendo incapaces de entender e incluso dicen estas cosas sin vergüenza, sin ruborizarse ni sentirse avergonzados. ¿Es esto comprender la verdad? Ni siquiera entienden la voluntad de Dios, ¡pero se atreven a adoptar el estatus de hijos de Dios! ¿Qué aprenden tales personas de la palabra de Dios? ¡Lo único que hacen es malinterpretar Su palabra! Aquellos que no aman la verdad nunca la recibirán aunque lean la palabra de Dios. Cuando alguien no ama la verdad, no le prestará atención por más que hables con él. Después de leer las palabras de Dios, los que aman la verdad tratarán de comprender Su voluntad; investigarán y compartirán la verdad con otros. Solo esta clase de persona tiene esperanza de alcanzar la verdad.

Extracto de ‘Solo aquellos con la realidad de la verdad pueden liderar’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Algunas personas se equipan con la verdad para ayudar a otros y servir a Dios, y liderar de forma adecuada la iglesia”. ¿Es correcto este punto de vista? Independientemente de cuántos mensajes hayas escuchado o de cuáles sean tus planes, permíteme decirte qué es lo más crítico y qué visión es la más correcta: sea cual sea el deber que lleves a cabo y de si eres o no un líder, debes primero examinarte respecto a las palabras de Dios e implementarlas en ti mismo. No las trates como herramientas de tu obra o como cosas que has acumulado. Si tienes éxito en todo esto, serás sin duda capaz de realizar bien tu obra. Si siempre quieres medir a otras personas contra estas palabras, llevarlas a cabo en otras personas, o considerarlas como capital para tu propia obra, entonces estarás en apuros, significa que caminarás por la senda de Pablo. Esta es la verdad absoluta. Y es que si tienes este punto de vista, sin lugar a duda tratarás estas palabras como doctrina y teoría, y desearás divulgarlas, y realizar la obra, y esto es algo muy peligroso. Si te mides contra las palabras de Dios y empiezas poniéndolas en práctica, entonces serás el primero en cambiar y lograr la entrada. Solo si tú ganas algo tendrás la estatura, las cualificaciones y la capacidad de hacerlo bien en la obra que debes realizar. Si no tienes estatura ni experiencia y no has ganado la entrada, obrarás y correrás de un lado a otro a ciegas, y no hay un desenlace real para esto. Independientemente de qué aspecto de la realidad de la verdad hayas oído, si te comparas con él, si implementas estas palabras a tu propia vida y las incorporas a tu propia práctica, entonces sin duda ganarás algo y estás destinado a cambiar. Si simplemente te tragas estas palabras y las memorizas en tu cerebro, no cambiarás nunca.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Muchas personas se aferran a leer las palabras de Dios día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás con las palabras de Dios. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir por Sus palabras, traerlas a sus vidas actuales, y que les permitirá recibir el elogio de Dios, y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de alinearse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, y entrar en gestión por su cuenta, y malversar y robar la gloria de Dios. Esperan, en vano, aprovecharse de la oportunidad que difundir las palabras de Dios les proporciona para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no sólo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras; también han sido incapaces de descubrir el camino que debían seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No solo no se han ayudado ni han provisto para sí mismos en el proceso de ayudar y proveer a otros con las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios, o de despertar en ellos una reverencia genuina a Él, en el proceso de hacer todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundas, su falta de confianza en Él cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si ejerciesen sus habilidades con una facilidad natural, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión. Como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, con las palabras de Dios saliendo nítidamente de su lengua en recital, hubiesen conseguido la verdad, comprendido las intenciones de Dios, y descubierto el camino para conocerlo. Como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se han encontrado frecuentemente cara a cara con Él. También, se ven frecuentemente “movidos” a ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” en las palabras de Dios, parecen aferrarse incesantemente a Su sincera solicitud y Su amable propósito; al mismo tiempo parecen haber comprendido la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Basados en este fundamento, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado, y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Inmersos en el conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido, y su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de sus propias imaginaciones y sus conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba divina, sus así llamados espiritualidad y estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, lo que es la obediencia real, lo que es la preocupación real, o lo que es el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición e incluso los valores morales de la humanidad y los convierten en “capital” y en “armamento” para creer en Dios y seguirlo, transformándolos, incluso, en la base para creer en Dios y seguirlo. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en talismanes mágicos mediante los cuales conocen a Dios, para afrontar y tratar con las inspecciones, las pruebas, el castigo, y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen sigue consistiendo tan sólo en conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, superstición feudal y en todo lo que es legendario, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios se ha formado en el mismo molde que la de las personas que sólo creen en el Cielo Allá Arriba, o en el Viejo Hombre en el Cielo, mientras que la realidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones y Su ser, y demás, todo lo relacionado con el verdadero Dios mismo, son cosas que su conocimiento ha fallado en captar, de las que su conocimiento está completamente divorciado e incluso tan separado de ellas como el polo norte y sur. De esta forma, aunque viven bajo la provisión y la nutrición de las palabras de Dios, son, sin embargo, incapaces de recorrer verdaderamente el camino del temor a Dios y apartarse del mal. La verdadera razón de esto es que nunca se han familiarizado con Dios ni han tenido nunca un contacto o una comunión genuinos con Él; por tanto, es imposible que lleguen a un entendimiento mutuo con Dios o que despierte en ellos una creencia auténtica en Dios, que sigan de forma auténtica a Dios o que lo adoren de manera genuina. Que consideren de esa forma las palabras de Dios y a Dios son la perspectiva y la actitud que los ha condenado a volver con las manos vacías de sus esfuerzos, a no ser nunca capaces en toda la eternidad de recorrer el camino del temor a Dios y de apartarse del mal. El objetivo al que aspiran, y la dirección en la que están yendo, indican que son enemigos de Dios a lo largo de la eternidad, y que a lo largo de ella nunca serán capaces de recibir la salvación.

Extracto de ‘Conocer a Dios es el camino para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Vuestros muchos años de acciones ante Mí me han dado una respuesta sin precedentes, y la pregunta a esta respuesta es: “¿Cuál es la actitud del hombre ante la verdad y el Dios verdadero?”. El esfuerzo que he dedicado al hombre prueba Mi esencia de amar al hombre y las acciones y hechos del hombre ante Mí prueban la esencia del hombre de aborrecer la verdad y oponerse a Mí. En todo momento me preocupo por todos los que me siguen; sin embargo, los que me siguen en ningún momento son capaces de recibir Mi palabra; son completamente incapaces de aceptar siquiera Mis sugerencias. Esto es lo que más me entristece de todo. Ninguno ha sido capaz de entenderme y, más aún, ninguno ha sido capaz de aceptarme, aunque Mi actitud es sincera y Mis palabras son gentiles. Todos intentan hacer el trabajo que les he encomendado de acuerdo con sus propias ideas; no buscan Mis intenciones y mucho menos preguntan por Mis exigencias. Siguen afirmando que me sirven con lealtad al tiempo que se rebelan contra Mí. Muchos creen que las verdades que les son inaceptables o que no pueden practicar, no son verdades. Para tales hombres, Mis verdades se vuelven algo que debe ser negado y desechado. Al mismo tiempo, me reconocen como Dios de palabra, pero también me consideran un extraño que no es la verdad, el camino o la vida. Nadie conoce esta verdad: Mis palabras son la verdad que jamás cambia. Soy el suministro de vida para el hombre y la única guía para la humanidad. El valor y el significado de Mis palabras no se determinan basándose en si son reconocidas o aceptadas por la humanidad, sino en la esencia de las palabras mismas. Incluso aunque ni una sola persona en esta tierra pudiera recibir Mis palabras, el valor de Mis palabras y su ayuda para la humanidad son inestimables para cualquier hombre. Por lo tanto, cuando me enfrento con los muchos hombres que se rebelan en contra de Mis Palabras, las refutan o las desdeñan por completo, Mi posición es simplemente esta: dejar que el tiempo y los hechos sean Mis testigos y muestren que Mis palabras son la verdad, el camino y la vida. Dejar que muestren que todo lo que he dicho es correcto y que eso es de lo que el hombre debe estar provisto y, además, que eso es lo que el hombre debe aceptar. Voy a dejar que todos los que me siguen conozcan este hecho: los que no pueden aceptar completamente Mis palabras, los que no pueden practicar Mis palabras, los que no pueden encontrar un propósito en Mis palabras y los que no pueden recibir la salvación por causa de Mis palabras, son los que han sido condenados por Mis palabras y, además, han perdido Mi salvación y Mi vara nunca se apartará de ellos.

Extracto de ‘Deberíais considerar vuestros hechos’ en “La Palabra manifestada en carne”

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