158. Principios del sometimiento a la verdad-palabra de Dios

(1) Hay que saber que todas las palabras de Dios son la verdad y han de aceptarse tanto si concuerdan con las nociones humanas como si no. No se deben aceptar y obedecer de forma selectiva.

(2) Se ha de poner en práctica y experimentar la verdad-palabra de Dios, que se haya comprendido. Sea superficial o profundo el entendimiento que se tenga de la verdad, hay que lograr comprenderla claramente por medio de la práctica y la experiencia.

(3) Es preciso someterse al juicio y castigo de las palabras de Dios, así como a su trato y poda. Solo tras llegar a conocer la propia esencia corrupta vendrá el arrepentimiento sincero.

(4) Es preciso someterse a la autoridad de las palabras de Dios. Hay que aceptar y obedecer las palabras de todo aquel que hable en consonancia con la verdad-palabra de Dios, sea quien sea esa persona. Las palabras de Dios son la máxima autoridad.

Las palabras relevantes de Dios:

En cada era, mientras obra entre los seres humanos, Dios les otorga algunas palabras y les comunica algunas verdades. Estas verdades les sirven a las personas como el camino al que deben apegarse, por el que deben andar, la senda que les permite temer a Dios y apartarse del mal, y el que las personas deberían poner en práctica y respetar en su vida y a lo largo de su viaje de vida. Por estas razones Dios hace estas declaraciones a la humanidad. Las personas deben apegarse a estas palabras que vienen de Dios, pues apegarse a ellas es recibir vida. Si una persona no se apega a ellas y no las pone en práctica, y tampoco las vive en su vida, entonces no está poniendo en práctica la verdad. Adicionalmente, si las personas no están poniendo en práctica la verdad, entonces no le están temiendo a Dios ni se están apartando del mal ni pueden satisfacer a Dios. Los que no pueden satisfacerle tampoco pueden recibir Su elogio, y este tipo de personas no tienen un desenlace.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Satanás ha corrompido a toda la humanidad y está en la naturaleza del hombre traicionar a Dios. Sin embargo, entre todos los seres humanos corrompidos por Satanás, algunos son capaces de someterse a la obra de Dios y aceptar la verdad; son aquellos que pueden recibir la verdad y alcanzar la transformación de su carácter. También hay quienes no se centran en la búsqueda de la verdad. Se contentan simplemente con comprender las doctrinas; oyen una buena doctrina, la cumplen y, una vez que la comprenden, pueden cumplir con el deber… hasta cierto punto. Estas personas hacen lo que les mandan y tienen una humanidad mediocre. Están dispuestas, en cierta medida, a entregarse, a abandonar la mundanalidad y soportar el sufrimiento. Sin embargo, no son sinceras respecto a la verdad; creen que es suficiente con que no cometan pecados y nunca llegan a entender la esencia de la verdad. Si al final esas personas son capaces de mantenerse firmes, también pueden ser perdonadas, pero no transformar su carácter. Si deseas purificarte de la corrupción y someterte a una transformación de tu carácter vital, debes tener amor por la verdad y la capacidad de aceptarla. ¿Qué significa aceptar la verdad? Aceptar la verdad significa que sean cuales sean el tipo de carácter corrupto que tengas o los venenos del gran dragón rojo presentes en tu naturaleza, lo reconoces cuando lo revelan las palabras de Dios y te sometes a estas palabras; las aceptas incondicionalmente, sin excusas ni vacilación, y llegas a conocerte a partir de lo que Él dice. Esto significa aceptar las palabras de Dios. Diga lo que diga, por mucho que Sus palabras se te claven en el corazón y sean cuales sean las palabras que emplee, puedes aceptarlas siempre que lo que Él diga sea la verdad y reconocerlas siempre que se ajusten a la realidad. Puedes someterte a las palabras de Dios sin importar la profundidad con la que las entiendas, y aceptas y te sometes a la luz revelada por el Espíritu Santo y compartida por tus hermanos y hermanas. Cuando una persona así ha buscado la verdad hasta cierto punto, puede recibirla y alcanzar la transformación de su carácter. Aunque los que no aman la verdad tengan una humanidad decorosa, cuando se trata de la verdad están confundidos y no se la toman en serio. Aunque sean capaces de realizar algunas buenas acciones, de esforzarse por Dios y renunciar, no pueden conseguir transformar su carácter.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Al recibir el juicio de las palabras de Dios no debemos temer el sufrimiento ni el dolor y, mucho menos, temer que las palabras de Dios penetren en nuestro corazón. Debemos leer más de Sus declaraciones acerca de cómo Él nos juzga, nos castiga y expone nuestra esencia corrupta. Debemos leerlas y mantenernos más firmes en ellas. No compares a los demás con ellas: debemos compararnos con ellas. No carecemos de ninguna de estas cosas; todos podemos cuadrar con ellas. Si no lo crees, ve y experiméntalo por ti mismo. Tras leer las palabras de Dios, algunas personas no saben aplicárselas a sí mismas; piensan que parte de estas palabras no tratan de ellas, sino de otras personas. Por ejemplo, cuando Dios desenmascara a las personas como mujerzuelas y rameras, algunas hermanas creen que, al haber sido inequívocamente fieles a sus maridos, esas palabras no deben de referirse a ellas; otras creen que, como no están casadas y nunca han mantenido relaciones sexuales, esas palabras tampoco deben de referirse a ellas. Algunos hermanos piensan que estas palabras solo se dirigen a las mujeres y no tienen nada que ver con ellos; otros piensan que estas palabras de Dios suenan demasiado desagradables y se niegan a aceptarlas. Incluso hay quienes dicen que, en algunos casos, las palabras de Dios están equivocadas. ¿Es esta la actitud correcta hacia las palabras de Dios? La gente no sabe hacer introspección basándose en las palabras de Dios. Aquí, “mujerzuelas” y “rameras” aluden a la corrupción de la promiscuidad de las personas. Hombre o mujer, casado o no, todo el mundo está dotado de la corrupción de la promiscuidad; por tanto, ¿es posible que no tenga nada que ver contigo? Las palabras de Dios exponen el carácter corrupto de la gente; trátese de un hombre o de una mujer, el nivel de corrupción es el mismo, ¿no es así? Antes de hacer cualquier otra cosa, hemos de comprender que debemos aceptar cada una de las palabras de Dios, tanto si estas declaraciones suenan agradables como si no y sea amarga o dulce la sensación que nos den. Esa es la actitud que debemos tener hacia las palabras de Dios. ¿Qué clase de actitud es esta? ¿Una actitud devota, una actitud paciente o una actitud de aceptar el sufrimiento? Os digo que no es ninguna de estas. En nuestra fe, debemos sostener firmemente que las palabras de Dios son la verdad. Ya que son la verdad, debemos aceptarlas de una forma racional. Seamos o no capaces de reconocerlo o admitirlo, nuestra primera actitud debe ser una de aceptación absoluta de las palabras de Dios. Cada línea de las palabras de Dios pertenece a un estado específico. Es decir, ninguna de las líneas de Sus declaraciones trata sobre las apariencias externas y, mucho menos, sobre reglas externas o sobre una forma sencilla de comportamiento en las personas. No es así. Si ves cada línea pronunciada por Dios como si se tratase de una clase sencilla de comportamiento humano o apariencia externa, entonces no tienes entendimiento espiritual y no entiendes lo que es la verdad. Las palabras de Dios son profundas. ¿Cómo son profundas? Todo lo que Dios dice, todo lo que Él revela, trata sobre el carácter corrupto de las personas y sobre las cosas esenciales y profundamente arraigadas dentro de su vida. Son cosas esenciales, no apariencias externas y, sobre todo, no son comportamientos externos. Al ver a las personas desde apariencia externa, todas pueden parecer estar bien. ¿Por qué, entonces, Dios dice que algunas personas son espíritus malos y otras son espíritus inmundos? Este es un asunto que no es visible para ti. Por lo tanto, no puedes depender de las apariencias o de lo que ves desde fuera para mantenerte firme en las palabras de Dios. Tras estas enseñanzas, ¿habéis cambiado de actitud hacia las palabras de Dios? Por muy grande o pequeño que sea el cambio, la próxima vez que leáis estas palabras al menos no intentaréis razonar con Dios. No diréis: “Las palabras de Dios son muy duras de escuchar; no voy a leer esta página. ¡Me la salto! Déjame que busque algo que leer sobre las bendiciones y las promesas para hallar un poco de consuelo”. No debéis elegir así vuestras lecturas.

Extracto de ‘La importancia de buscar la verdad y la senda de búsqueda’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hagas lo que hagas, debes aprender a buscar y obedecer la verdad que contiene. Siempre que actúes de acuerdo con la verdad, estarás actuando correctamente. Aunque lo proponga un niño o el hermano o hermana menor más insignificante, siempre que lo que diga se ajuste a la verdad, lo que tú hagas dará buen resultado y se adecuará a la voluntad de Dios. Tu forma de abordar un asunto depende de tu empuje y de tus principios para abordarlo. Si tus principios surgen de la voluntad del hombre, de pensamientos, nociones o fantasías humanos o de emociones y puntos de vista humanos, tu forma de abordar el asunto será incorrecta, ya que su origen será incorrecto. Cuando tus puntos de vista se basan en los principios de la verdad y abordas los asuntos de acuerdo con los principios-verdad, seguro que abordas correctamente el asunto en cuestión. A veces habrá gente incapaz de aceptar tu forma de abordar el asunto en ese momento y, en tales ocasiones, tal vez parezca tener sus propias nociones o tenga el corazón intranquilo. Transcurrido un tiempo, no obstante, se demostrará que tenías razón. Los asuntos que se adecuan a la voluntad de Dios se ven mejor con el tiempo; sin embargo, el resultado de los asuntos que no se adecuan a la voluntad de Dios ―aquellos en función de la voluntad del hombre y producto del hombre― se agravan con el tiempo, como así se demuestra. Al actuar, que no te preocupe de quién sea el camino que debe o no guiarte ni supongas nada. Antes de nada, debes buscar y orar, y después avanzar con cautela y hablar en comunión con todos. ¿Cuál es el objetivo de la comunión? Permite hacer las cosas exactamente de acuerdo con la voluntad de Dios y actuar en consonancia con la voluntad de Dios. Esta es una manera algo pomposa de expresarlo; digamos que permite abordar los asuntos exactamente de acuerdo con los principios-verdad; esto es un poco más práctico. Bastará con que puedas lograr esto.

Extracto de ‘La senda para corregir el carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La búsqueda de las personas de la entrada a la vida se basa en las palabras de Dios. Se ha dicho antes que todo se logra por Sus palabras, pero nadie ha visto esto. Si comienzas a experimentar la etapa actual, todo estará completamente claro para ti y estarás construyendo un buen fundamento para pruebas futuras. No importa qué diga Dios, solo tienes que centrarte en la entrada en Sus palabras. Cuando Dios dice que Él comenzará a castigar a las personas, acepta Su castigo. Cuando Dios pide que las personas mueran, acepta esa prueba. Si siempre estás viviendo dentro de Sus declaraciones más nuevas, al final las palabras de Dios te perfeccionarán. Cuanto más entres en las palabras de Dios, más rápido serás perfeccionado. ¿Por qué, en comunicación tras comunicación, te pido que conozcas las palabras de Dios y entres a ellas? Solo cuando buscas y experimentas en las palabras de Dios y entras en la realidad de Sus palabras, el Espíritu Santo tiene la oportunidad de obrar en ti. Por tanto, todos vosotros sois participantes en cada método por el que Dios obra y, sea cual sea el grado de vuestro sufrimiento, al final todos recibiréis un “recuerdo”. Con el fin de lograr vuestra perfección final, debéis entrar en todas las palabras de Dios. El perfeccionamiento de las personas por parte del Espíritu Santo no es unilateral; Él requiere la cooperación de las personas. Necesita que todos cooperen con Él de manera consciente. No importa lo que Dios diga, solamente concéntrate en entrar en Sus palabras, esto será más beneficioso para vuestra vida. Todo es por el bien de conseguir un cambio de carácter en vosotros. Cuando entres en las palabras de Dios, tu corazón será conmovido por Él, y serás capaz de entender todo lo que Dios desea lograr en esta etapa de la obra y tendrás la determinación para lograrlo. Durante el tiempo del castigo, había personas que creían que este era un método para obrar y no creyeron en las palabras de Dios. Como resultado, no experimentaron el refinamiento y salieron del tiempo del castigo sin ganar nada ni entender nada. Hubo algunos que verdaderamente entraron en estas palabras sin una pizca de duda; que dijeron que las palabras de Dios son la verdad infalible y que la humanidad debía ser castigada. Lucharon por eso durante un tiempo y renunciaron a su futuro y destino, y cuando salieron, su carácter había sufrido algún cambio y habían logrado un entendimiento más profundo de Dios. Todos aquellos que salieron del castigo sintieron la hermosura de Dios y se dieron cuenta de que esta etapa de la obra personificaba el gran amor de Dios que desciende en ellos, de que era la conquista y salvación del amor de Dios. También dijeron que los pensamientos de Dios siempre son buenos y que todo lo que Dios hace en el hombre sale del amor, no el odio. Aquellos que no creyeron las palabras de Dios, que no las estudiaron, no experimentaron el refinamiento durante el tiempo del castigo y, como resultado, el Espíritu Santo no los acompañó y no ganaron nada. Para aquellos que entraron en el tiempo del castigo, aunque sí experimentaron el refinamiento, el Espíritu Santo estaba obrando escondido dentro de ellos y su carácter de vida cambió a causa de ello. Algunos parecían ser muy positivos en toda apariencia externa, llenos de alegría todo el día, pero no entraron en el estado del refinamiento de las palabras de Dios y así no cambiaron nada, lo que es la consecuencia de no creer en las palabras de Dios. Si no crees en Sus palabras, entonces el Espíritu Santo no obrará en ti. ¡Dios se aparece a todos aquellos que creen en Sus palabras y aquellos que creen y aceptan Sus palabras serán capaces de ganar Su amor!

Extracto de ‘Aquellos cuyo carácter ha cambiado son los que han entrado a la realidad de las palabras de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Escuchar la palabra de Dios y obedecer Sus requerimientos es la vocación enviada por el cielo al hombre; lo que Dios dice no es asunto del hombre. Da igual lo que diga Dios, lo que Él le pida al hombre, la identidad, la esencia y el estatus de Dios no cambian; Él es siempre Dios. Cuando no tienes dudas de que Él es Dios, tu única responsabilidad, lo único que debes hacer, es escuchar lo que Él dice; esta es la senda de práctica. Una criatura de Dios no debe estudiar, analizar, explorar, rechazar, contradecir, desobedecer o negar las palabras de Dios; Él aborrece esto y no es lo que desea ver en el hombre. Entonces, ¿cuál es la senda de práctica? En realidad es muy simple: aprende a escuchar, escucha con el corazón, acepta con el corazón, entiende y comprende con el corazón, y luego ve y hazlo, llévalo a cabo y ejecútalo con el corazón. Lo que oyes y comprendes en tu corazón está estrechamente conectado con lo que pones en práctica. No separes las dos cosas; todo —lo que practicas, lo que obedeces, lo que haces por tu propia mano, todo por lo que corres— está conectado a lo que oyes y comprendes en tu corazón, y en esto lograrás la obediencia a las palabras del Creador. Esta es la senda de práctica.

Extracto de ‘Digresión tres: Cómo escucharon Noé y Abraham las palabras de Dios y lo obedecieron (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Entre todos los hombres, Noé fue el más digno de emulación; temió a Dios, le obedeció y completó lo que Dios le encomendó. Fue elogiado por Él, y debería ser un modelo para los que siguen a Dios en la actualidad. ¿Y qué era lo más valioso de Noé? Su única actitud hacia las palabras de Dios era la de escuchar y aceptar, aceptar y obedecer, y obedecer hasta la muerte. Fue esta actitud, la más preciosa de todas, la que le valió el elogio de Dios. Respecto a las palabras de Dios, Noé no se limitó a hacer un esfuerzo simbólico, a actuar por inercia y estudiarlas, a analizarlas, a oponerse o rechazar a ellas para luego relegarlas al fondo de su mente. En vez de eso, las escuchó con atención, las aceptó poco a poco en su corazón, y luego reflexionó sobre cómo llevar las palabras de Dios a buen término, sobre cómo ponerlas en práctica, cómo llevarlas a cabo tal y como estaban previstas originalmente, sin distorsionarlas. Y al mismo tiempo que reflexionaba sobre las palabras de Dios, en privado se decía: “Estas son Sus palabras, son las instrucciones de Dios, la comisión de Dios, tengo una obligación hacia ellas, debo obedecer, no puedo omitir ningún detalle, en ningún caso puedo ir en contra de los deseos de Dios ni pasar por alto ninguno de los detalles de lo que dijo, o de lo contrario no sería digno de ser llamado humano, sería indigno de la comisión de Dios y de Su exaltación. Si no cumplo con todo lo que Dios me ha dicho y confiado, tendré muchos remordimientos; es más, me consideraré indigno de la comisión de Dios y de Su exaltación hacia mí, y no me quedará valor para presentarme de nuevo ante el Creador”. Todo lo que Noé pensó y contempló en su corazón, su perspectiva y actitud, todo esto determinó cómo llegó a ser capaz de poner en práctica las palabras de Dios y convertirlas en una realidad; determinó cómo logró llevarlas a buen término, hacer que se cumplieran y se convirtieran en realidad a través de él, de tal modo que no quedaran en nada. A juzgar por todo lo que Noé pensaba, por cada idea que surgía en su corazón y por su actitud hacia Dios, Noé era digno de la comisión de Dios, un hombre en el que Él confiaba, un predilecto de Dios. Él examina cada palabra y acción del hombre, contempla sus pensamientos e ideas. A ojos de Dios, Noé era capaz de pensar de esa manera, así que no se equivocó al elegirlo. Noé se mostró digno de asumir la comisión de Dios, digno de recibir Su confianza, y fue capaz de completar la comisión de Dios: era la única elección posible entre toda la humanidad.

Extracto de ‘Digresión tres: Cómo escucharon Noé y Abraham las palabras de Dios y lo obedecieron (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Abraham era un hombre honesto. Solamente tenía una actitud hacia las palabras de Dios: la de escuchar, aceptar y obedecer. Escuchaba todo lo que Dios decía; si Dios decía que algo era negro, aunque a Abraham no le pareciera negro, creía sin duda que lo era. Si Dios decía que algo era blanco, era blanco. Así de simple. Cuando Dios le dijo que le daría un hijo, pensó para sí: “Tengo cien años. Si Dios dice que me va a dar un hijo, doy gracias a Dios, doy gracias a mi Señor”. No pensaba demasiado las cosas; simplemente creía en Dios. ¿Y cuál era la esencia de esta fe? Creía en la esencia e identidad de Dios; su conocimiento del Creador era verdadero. No era como algunas personas, que dicen en voz alta que creen que Dios tiene el poder de crear todas las cosas y que Él hizo a la humanidad, y sin embargo dudan en su interior: “¿No hemos evolucionado a partir de los simios? ¿Por qué no lo vi yo cuando Dios creó todas las cosas?”. Cada vez que oyen hablar a Dios, tienen grandes interrogantes dentro de sí. Cada hecho, cosa e indicación que pronuncie Dios tienen que estudiarlo y analizarlo minuciosa, diligente y detenidamente; de lo contrario, si no tienen cuidado, podrían engañarlos y aprovecharse de ellos. Sin embargo, Abraham no era así. Su corazón era puro, escuchaba las palabras de Dios con un corazón puro, y aunque afligido en esta ocasión en que habló Dios, decidió seguir creyendo y obedeciendo igualmente; creía que las palabras de Dios no cambiarían, que se harían realidad, que eran lo que la humanidad creada debía llevar a cabo y obedecer; ante las palabras de Dios, la humanidad creada no tenía derecho a elegir, y ni mucho menos debía estudiarlas o analizarlas. Esa era la actitud de Abraham hacia las palabras de Dios. Por ello, aunque le dolió mucho, aunque, debido a su apego, su amor y su adoración por su hijo sintió una tensión y un sufrimiento extremos, decidió de todos modos devolver a su hijo a Dios. ¿Por qué tenía que devolvérselo a Dios? Si Dios no se lo hubiera pedido, no habría tenido que devolvérselo; pero una vez que Dios se lo pidió, tenía que hacerlo; no tenía ninguna excusa, la gente no debía intentar razonar con Dios; esta fue la actitud de Abraham. Así era el corazón puro con que obedeció a Dios: esto era lo que Dios quería y lo que deseaba comprobar. Lo que Abraham cumplió al ofrendar a Isaac y lo que se manifestó en él ante Dios era lo que Dios quería comprobar y la prueba de Dios para él. Sin embargo, Dios no trató a Abraham como a Noé. No le contó a Abraham toda la historia, el proceso, todo lo que subyacía a este asunto. Abraham solo sabía una cosa: Dios le había pedido que le devolviera a Isaac, nada más. No sabía que, con ello, Dios lo estaba probando, ni era consciente de lo que, tras someterlo a esta prueba, Dios quería cumplir en él y en su descendencia. Dios no le contó todo, simplemente le dio una sencilla instrucción, una petición. Y aunque estas palabras de Dios fueron muy escuetas y frías, sin embargo, como era de esperar, Abraham hizo lo que Dios deseaba y exigía: sacrificó a Isaac en el altar. Todo cuanto hizo demuestra que su ofrenda no era un mero formalismo, que no estaba actuando por simple inercia, sino que era sincero de todo corazón. Aunque Abraham no pudiera soportarlo, aunque le doliera, ante lo que el Creador le había pedido optó por ese método que no elegiría cualquier ser humano: la obediencia absoluta a lo que el Creador le pedía, una obediencia sin concesiones, excusas ni condiciones: hizo lo que Dios le había pedido. ¿Y qué tenía él para ser capaz de hacer lo que Dios le había pedido? En parte, tenía auténtica fe en Dios; estaba seguro de que el Creador era Dios, su Dios, su Señor, el que gobernaba todas las cosas y había creado a la humanidad. Esto era auténtica fe. Por otra parte, tenía un corazón puro. Confiaba en cada palabra pronunciada por el Creador y era capaz de aceptar, simple y llanamente, cada una de ellas. Por otro lado, por grande que fuera la dificultad de lo que le pidió el Creador, por más dolor que le provocara, la actitud que eligió fue la obediencia, sin tratar de razonar con Dios ni de postergar o rechazar nada, sino una obediencia completa y total por la que actuó y cumplió de acuerdo con lo que Dios le había pedido, de acuerdo con cada una de Sus palabras y órdenes. Como Dios le pidió y deseaba, Abraham sacrificó a Isaac en el altar, lo sacrificó a Dios, y todo cuanto hizo demostró que Dios había elegido a la persona correcta; que, a ojos de Dios, él era justo.

Extracto de ‘Digresión tres: Cómo escucharon Noé y Abraham las palabras de Dios y lo obedecieron (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Yo me aparezco a vosotros en vuestra vida, pero nunca sois conscientes de ello. Ni siquiera me reconocéis. Casi la mitad de las palabras que pronuncio son juicio sobre vosotros, y solo logran la mitad del efecto que deberían, que es infundir un temor profundo en vosotros. La mitad restante consiste en palabras para enseñaros sobre la vida y cómo comportaros. Sin embargo, parecería que esas palabras ni siquiera existen para vosotros, o que estuvierais oyendo palabras de niños, palabras a las que siempre respondéis con una sonrisa velada, pero jamás actuáis en consecuencia. Nunca os han preocupado estas cosas; siempre ha sido principalmente en nombre de la curiosidad que habéis observado Mis acciones, y como resultado, ahora habéis caído en las tinieblas y no podéis ver la luz, y, así, lloráis lastimosamente en la oscuridad. Lo que Yo quiero es vuestra obediencia, vuestra obediencia incondicional. Es más, exijo que estéis completamente seguros de todo lo que digo. No deberíais adoptar una actitud de negligencia y, en particular, no deberíais tratar lo que digo selectivamente ni ser indiferentes hacia Mis palabras y Mi obra, como es vuestra costumbre. Mi obra se realiza en medio de vosotros, y Yo os he concedido muchas de Mis palabras; pero si me tratáis así, sólo puedo entregar a las familias gentiles aquello que vosotros no habéis ganado ni puesto en práctica. ¿Quién, entre todos los seres creados, no está en Mis manos? La mayoría de los que están entre vosotros son de “edad avanzada” y no tenéis energía para aceptar esta clase de obra mía. Sois como el pájaro Hanhao[a]: apenas sobrevivís, y nunca habéis tratado Mis palabras con seriedad. Las personas jóvenes son extremadamente vanas, demasiado indulgentes, y prestan incluso menos atención a Mi obra. No tienen interés en disfrutar de las exquisiteces de Mi banquete; son como un pequeño pájaro que ha volado fuera de su jaula para irse lejos. ¿Cómo pueden serme útiles esta clase de personas jóvenes y viejas?

Extracto de ‘Palabras para los jóvenes y los viejos’ en “La Palabra manifestada en carne”

Al principio os quise proveer con más verdades, pero como vuestra actitud hacia la verdad es demasiado fría e indiferente, tuve que abstenerme. No quiero que Mis esfuerzos se desperdicien ni tampoco quiero ver que las personas sostengan Mis palabras, pero en todos los aspectos hagan lo que se opone a Mí, me difama y blasfema contra Mí. Debido a vuestras actitudes y a vuestra humanidad, simplemente os proporciono una pequeña, aunque importante, parte de Mis palabras, que sirve como Mi obra de prueba entre la humanidad. No es sino hasta ahora que verdaderamente confirmé que las decisiones y el plan que he hecho están de acuerdo con lo que necesitáis y, además, que Mi actitud hacia la humanidad es la correcta. Vuestros muchos años de conducta ante Mí me han dado una respuesta sin precedentes, y la pregunta a esta respuesta es: “¿Cuál es la actitud del hombre ante la verdad y el Dios verdadero?”. El esfuerzo que he dedicado al hombre prueba Mi esencia de amar al hombre y cada una de las acciones y hechos del hombre ante Mí prueban su esencia de aborrecer la verdad y oponerse a Mí. En todo momento me preocupo por todos los que me siguen; sin embargo, los que me siguen en ningún momento son capaces de recibir Mis palabras; son completamente incapaces de aceptar siquiera Mis sugerencias. Esto es lo que más me entristece de todo. Nadie ha sido capaz de entenderme y, más aún, ninguno ha sido capaz de aceptarme, aunque Mi actitud es sincera y Mis palabras son amables. Todos intentan hacer el trabajo que les he encomendado de acuerdo con sus propias ideas; no buscan Mis intenciones y mucho menos preguntan por Mis exigencias. Siguen afirmando que me sirven con lealtad al tiempo que se rebelan contra Mí. Muchos creen que las verdades que les son inaceptables o que no pueden practicar no son verdades. Para tales personas, Mis verdades se vuelven algo que debe ser negado y desechado. Al mismo tiempo, me reconocen como Dios de palabra, pero también me consideran un extraño que no es la verdad, el camino o la vida. Nadie conoce esta verdad: Mis palabras son la verdad que jamás cambia. Soy el suministro de vida para el hombre y la única guía para la raza humana. El valor y el significado de Mis palabras no se determinan basándose en si son reconocidas o aceptadas por el hombre, sino en la esencia de las palabras mismas. Incluso aunque ni una sola persona en esta tierra pudiera recibir Mis palabras, el valor de Mis palabras y su ayuda para el hombre son inestimables para cualquier persona. Por lo tanto, cuando me enfrento con las muchas personas que se rebelan en contra de Mis palabras, las refutan o las desdeñan por completo, Mi posición es simplemente esta: dejar que el tiempo y los hechos sean Mis testigos y muestren que Mis palabras son la verdad, el camino y la vida. Dejar que muestren que todo lo que he dicho es correcto y que eso es de lo que el hombre debe estar provisto y, además, que eso es lo que el hombre debe aceptar. Voy a dejar que todos los que me siguen conozcan este hecho: los que no pueden aceptar completamente Mis palabras, los que no pueden practicar Mis palabras, los que no pueden encontrar un propósito en Mis palabras y los que no pueden recibir la salvación por causa de Mis palabras, son los que han sido condenados por Mis palabras y, además, han perdido Mi salvación y Mi vara nunca se apartará de ellos.

Extracto de ‘Deberíais considerar vuestros hechos’ en “La Palabra manifestada en carne”

Nota al pie:

a. La historia del pájaro Hanhao es muy parecida a la fábula de Esopo de la hormiga y la cigarra. El pájaro Hanhao prefiere dormir en lugar de hacer un nido cuando hace calor, a pesar de las repetidas advertencias de su vecina, la urraca. Cuando llega el invierno, el pájaro muere congelado.

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