128. Principios para tratar a los propios hermanos y hermanas

(1) Todos los que leen las palabras de Dios a menudo, pueden aceptar la verdad y cumplir con su deber lo mejor posible son hermanos y hermanas, y deben ser tratados en consecuencia;

(2) Siempre que los hermanos o hermanas tengan dificultades o experimenten negatividad y debilidad, deben ser visitados y apoyados. Se debe comunicar amorosamente la verdad con ellos y ayudarles a resolver sus problemas lo mejor posible;

(3) Se ha de visitar a los hermanos y hermanas que están en medio de pruebas y tribulaciones y se debe comunicar la verdad con ellos más a menudo. Apoyaos mutuamente, y ayudad al otro a probar el amor de Dios;

(4) No se debe actuar con indiferencia ante las dificultades prácticas que afrontan los hermanos y hermanas que han cometido transgresiones y son de una humanidad relativamente pobre, sino que se debe hacer todo lo posible para ayudarlos a resolver sus dificultades;

(5) Llamar la atención de tus hermanos y hermanas no es solo para resolver sus problemas de entrada a la vida; también se les debe ofrecer ayuda cuando estén experimentando dificultades en sus hogares. Eso es lo que en verdad significa tener un corazón amoroso.

Las palabras relevantes de Dios:

“Todas las personas que aman la verdad son hermanos y hermanas”. Solo los que aman la verdad pertenecen a la familia de Dios; solo ellos son verdaderos hermanos y hermanas. ¿Crees que todos los que están en la casa de Dios y pueden creer en Él son hermanos y hermanas? ¿Quiénes no lo son? Los que no aceptan y detestan la verdad, los que son malvados, y algunas personas con mala humanidad. Incluso hay algunos que parecen tener buena humanidad en la superficie, pero que se les da muy bien jugar con las filosofías de vida; estas personas emplearán maniobras astutas, utilizarán a otros, los engañarán y harán trampas. En cuanto alguien menciona la verdad, no les interesa, la detestan, no soportan oírla, sienten que es aburrida y no pueden estarse quietos. Este tipo de personas son incrédulas, y no debes considerarlas como hermanos y hermanas. Pueden sobornarte con algún tipo de beneficio, o hacerte algunos pequeños favores. Sin embargo, en el momento en que empiezas a comunicarte con ellos en la verdad, empiezan a hablar de cosas corrientes. Siempre hablan de asuntos de la carne, del trabajo, del mundo, de las tendencias de los incrédulos, de los afectos y de la familia. Solo hablan de estas cosas externas; nada de lo que dicen tiene que ver con la verdad, con tener fe en Dios o practicar la verdad. ¿Qué clase de personas son estas? (Son incrédulos y no creyentes). Algunas de estas personas incluso siguen cumpliendo con sus deberes, y algunas que cumplen con sus deberes se limitan a ejercer en silencio algún esfuerzo físico; nunca leen las palabras de Dios o comunican sobre la verdad. ¿Son estas personas hermanos y hermanas? Simplemente no lo son.

Extracto de ‘Las personas solo pueden ser verdaderamente felices si son honestas’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si aún no habéis encontrado la sensación y los principios de ser un santo, esto prueba que vuestra entrada en la vida es demasiado superficial, y que aún no habéis entendido la verdad. En vuestra conducta y en el entorno en el que vivís cada día, esto requiere que probéis y reflexionéis, que os comuniquéis unos con otros, que os animéis, que os mantengáis alerta, que os ayudéis y cuidéis, y que os apoyéis y os proveáis mutuamente. No os centréis siempre en los defectos de los demás, más bien reflexionad frecuentemente sobre vosotros mismos, y sed después proactivos al admitir ante los demás aquello que habéis hecho y constituye una interferencia o un daño para ellos. Aprended a abriros y comunicaros, y discutid juntos a menudo cómo comunicar prácticamente sobre la base de las palabras de Dios. Cuando el ambiente de vuestras vidas es así con frecuencia, las relaciones entre los hermanos y hermanas se vuelven normales; no son complicadas, indiferentes, frías o crueles como son las relaciones entre los incrédulos. Os desharéis paulatinamente de tales relaciones. Los hermanos y hermanas se acercan más y se hacen más íntimos entre sí; sois capaces de apoyaros y amaros mutuamente; hay buena voluntad en vuestro corazón, o poseéis una mentalidad con la que sois capaces de tener tolerancia y compasión hacia los demás, y os apoyáis y cuidáis mutuamente, en lugar de un estado y una actitud en la que os peleáis entre vosotros, os pisoteáis, sois celosos, competís en secreto, albergáis un desprecio o un desdén oculto, o en la que nadie obedece al otro. Vivir en tales estados o circunstancias crea relaciones terribles entre las personas. No solo crea todo tipo de influencias negativas en ti y te causa daño, sino que también influye negativamente y daña a otros en diversos grados. En general, es muy difícil que la gente supere esto: te enfadas cuando la gente te mira mal o te dice algo que contrario a tu voluntad y, cuando alguien hace algo que te impide meter baza, te quedas resentido, te sientes incómodo e infeliz, y solo puedes pensar en cómo recuperar tu reputación. Las mujeres y los jóvenes son particularmente incapaces de superar esto. Siempre están atrapados en estas actitudes ruines, estos berrinches, estas emociones mezquinas, y les resulta difícil presentarse ante Dios. Enredados en estas complejas relaciones enredadas, entrelazados en ellas, es difícil para la gente calmarse ante Dios, y calmarse en las palabras de Dios. Por tanto, primero debes aprender a llevarte bien con tus hermanos y hermanas. Debes ser tolerante e indulgente con los demás, ser capaz de ver lo que es excepcional en cada uno, cuáles son las fortalezas de cada uno, y debes aprender a aceptar las opiniones de los demás, y a retirarte profundamente en ti mismo para dedicarte a la introspección y ganar autoconocimiento. No debes ser complaciente ni dar rienda suelta a tus ambiciones, deseos o a las menores de tus fortalezas, obligando a los demás a escucharte, a hacer lo que dices, a pensar bien de ti y a elevarte a lo más alto, mientras ignoras las fortalezas de los demás y exageras y magnificas sus defectos sin restricciones, en todo momento publicitando, menospreciando y despreciando sus defectos; o usando la palabra y otros medios para hacer daño y agravar a otros, de tal modo que les obligas a obedecerte, prestarte atención, temerte y esconderse de ti. ¿Querríais ver que llegara a producirse o existir una relación semejante entre personas? ¿Querríais llegar a experimentar la sensación de algo así?

Extracto de ‘El principio más fundamental para la práctica de la entrada en la realidad-verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Estas relaciones no se establecen en la carne sino sobre el fundamento del amor de Dios. Casi no hay interacciones carnales, pero en el espíritu hay comunicación mutua, así como mutuo amor, consuelo y provisión. Todo esto se hace sobre el fundamento de un corazón que complace a Dios. Estas relaciones no se mantienen por confiar en una filosofía humana de vivir, sino que se forman de una manera muy natural, llevando la carga de Dios. No requieren de un esfuerzo que provenga del hombre. Solo necesitas practicar según los principios-palabra de Dios. ¿Estás dispuesto a ser considerado con la voluntad de Dios? ¿Estás dispuesto a ser una persona “sin razón” delante de Dios? ¿Estás dispuesto a darle tu corazón por completo a Dios y no pensar en tu posición entre las personas? Entre todas las personas con las que tienes contacto, ¿con quiénes tienes mejor relación? ¿Con cuáles tienes peor relación? ¿Son normales tus relaciones con las personas? ¿Tratas a todas las personas de manera equitativa? ¿Se mantienen tus relaciones con los demás según tu filosofía de vivir, o se edifican sobre el fundamento del amor de Dios? […] Una relación normal entre las personas se establece sobre el fundamento de entregar sus corazones a Dios, y no por medio del esfuerzo humano. Sin Dios en el corazón, las relaciones interpersonales son solamente relaciones carnales. No son normales, sólo un mero abandono a los deseos físicos; son relaciones que Dios aborrece, que detesta. Si dices que tu espíritu ha sido conmovido, pero siempre quieres tener comunión con personas que te agradan, con quienquiera que estimes, y si hay otra persona buscando que no te agrada, o contra la que incluso tienes un prejuicio y no te relacionas con ella, esto es otra prueba de que estás sometido a tus emociones y que no tienes una relación para nada normal con Dios. Estás tratando de engañar a Dios y cubrir tu propia fealdad. Incluso si puedes compartir algo de entendimiento, tus intenciones siguen siendo equivocadas, entonces todo lo que haces es bueno solo según los estándares humanos. Dios no te elogiará, estás actuando de acuerdo a la carne, no de acuerdo a la carga de Dios. Si puedes tranquilizar tu corazón delante de Dios y tener interacciones normales con todos los que aman a Dios, solo entonces eres apto para que Dios te use. De esta manera, sin importar cómo te relaciones con otros, no será de acuerdo con una filosofía de vivir, sino que será ante Dios, viviendo de una manera que es considerada con Su carga.

Extracto de ‘Es muy importante establecer una relación normal con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

En concreto, ¿qué implica actuar de acuerdo con los principios? Por ejemplo, respecto al trato hacia los demás, ¿cuáles son los principios que subyacen a tu forma de tratar a quienes tienen y no tienen estatus, así como a los hermanos y hermanas normales y a las diversas categorías de líderes y obreros? No puedes tratar a tus hermanos y hermanas igual que los incrédulos tratan a la gente; debes ser justo y razonable. No puedes ser íntimo de este y no de aquel; tampoco debes formar camarillas ni confabularos. No puedes acosar a la gente porque te desagrade ni adular a quienes sean extraordinarios. Esto es lo que se entiende por principios. Debes tener principios en el trato con los demás; has de tratar a todos de manera justa. Si atraes hacia tu persona a quienes crees que son bastante buenos mientras excluyes a aquellos a los que te cuesta acercarte, ¿no te faltan principios? Esta es la filosofía de los incrédulos para vivir en el mundo y el principio subyacente a su modo de tratar a otras personas. Se trata de un carácter y una lógica satánicas. ¿De acuerdo con qué principio debes tratar a los miembros de la familia de Dios? (Tratar con justicia a cada hermano y hermana.) ¿Cómo los tratas con justicia? Todos tienen pequeñas fallas y defectos, al igual que ciertas idiosincrasias, y todos tienen arrogancia, debilidad y áreas en las que son deficientes. Debes ayudarlos con un corazón amoroso, ser tolerante y paciente y no ser demasiado duro ni armar un escándalo por cada pequeño detalle. Con la gente que es joven o que no ha creído mucho tiempo en Dios o solo ha comenzado a cumplir con su deber recientemente, esas personas que tienen algunos requisitos especiales, si todo lo que haces es aferrarte a estas cosas y las usas contra ellos, entonces estás siendo duro. Ignoras el mal que esos falsos líderes y anticristos han hecho y, sin embargo, cuando ves los pequeños defectos y fallas de tus hermanos y hermanas, te niegas a ayudarlos y, en cambio, eliges armar un escándalo por esas cosas y juzgarlos a sus espaldas, lo que hace que más personas se opongan a ellos, los excluyan y los releguen. ¿Qué clase de conducta es esta? Esto es hacer las cosas basándote meramente en tus preferencias personales y no ser capaz de tratar a la gente con justicia. ¡Esto muestra un carácter satánico corrupto y es una transgresión! Cuando las personas hacen cosas, Dios está observando; independientemente de lo que hagas y pienses, ¡Dios te ve! Si quieres comprender los principios, primero debes entender la verdad. Una vez que entiendes la verdad, puedes comprender la voluntad de Dios; si no entiendes la verdad, ciertamente no entenderás la voluntad de Dios. La verdad te dice cómo tratar a las personas y, una vez que has entendido esto, sabrás cómo tratar a las personas según la voluntad de Dios. Las palabras de Dios te muestran y señalan claramente cómo debes tratar a los demás; la actitud con la que Dios trata al hombre es la actitud que las personas deben adoptar en su trato de unos hacia otros. ¿Cómo trata Dios a todas y cada una de las personas? Algunas personas son de estatura inmadura o son jóvenes o han creído en Dios por poco tiempo. Dios puede verlas no como malvadas o maliciosas por naturaleza; simplemente, son algo ignorantes o carecen de calibre o la sociedad las ha contaminado demasiado. No han entrado en la realidad de la verdad, así que les resulta difícil abstenerse de hacer algunas cosas estúpidas o cometer algunos actos ignorantes. Sin embargo, desde la perspectiva de Dios, esos asuntos no son importantes: Él solo mira el corazón de estas personas. Si están decididas a entrar en la realidad de la verdad, si se dirigen en la dirección correcta y tienen este objetivo, entonces Dios las observa, las espera y les da el tiempo y las oportunidades que les permitan entrar. No es que Dios las derribe de un solo golpe o que se aferre a una transgresión que han cometido y se niegue a soltarla; Dios nunca ha tratado a las personas así. Dicho esto, si las personas se tratan de esa forma entre sí, ¿no es su carácter corrupto? Su carácter, precisamente, es corrupto. Debes ver cómo trata Dios a las personas ignorantes y estúpidas, cómo trata a los de estatura inmadura, cómo trata las manifestaciones normales del carácter corrupto del hombre y cómo trata a los que son maliciosos. Dios trata a distintas personas de diferentes maneras y también tiene varias maneras de gestionar las innumerables condiciones de las diferentes personas. Debes entender estas verdades. Una vez que has entendido estas verdades, entonces sabrás cómo experimentarlas.

Extracto de ‘Para ganar la verdad, debes aprender de las personas, los asuntos y las cosas que te rodean’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si dos personas quieren llevarse bien, deben sincerarse mutuamente, lo que es aún más necesario entre personas que han de trabajar juntas en armonía. A veces, al relacionarse dos personas, chocan sus personalidades o tienen entornos familiares, orígenes o condiciones económicas diferentes. Sin embargo, si esas dos personas son capaces de sincerarse mutuamente y del todo sobre sus problemas, comunicarse sin mentiras ni engaños y mostrarse a corazón abierto, de esa forma podrán hacerse amigos de verdad; es decir, íntimos. Cuando la otra persona tenga una dificultad, quizá recurra a ti y a nadie más. Incluso si la regañas, sabe que eres sincero, pues sabe que eres una persona honesta, de corazón sincero y honesto. ¿Podéis ser así vosotros? ¿Sois así? Si no lo sois, tú no eres honesto. Al relacionarte con los demás, primero debes hacer que perciban tu corazón veraz y tu sinceridad. Si al hablar, establecer contacto y trabajar con los demás, las palabras de alguien son superficiales, grandilocuentes, chistosas, aduladoras, irresponsables e imaginarias, o si simplemente habla para buscar el favor del otro, entonces sus palabras carecen de toda credibilidad y no tienen la menor sinceridad. Es su modo de relacionarse con los demás, sean quienes sean. ¿Una persona así tiene un corazón honesto? No es una persona honesta. Supón que alguien tiene un defecto y te dice sincera y honradamente: “Dime por qué, exactamente, soy tan negativo. ¡Es que no lo entiendo!”. Y supón que en realidad comprendes su problema para tus adentros, pero no se lo dices, sino que contestas: “No es nada. Yo también suelo volverme negativo”. Estas palabras son de gran consuelo para quien las oye, pero ¿es sincera tu actitud? No. Eres superficial hacia la otra persona al consolarla para que se sienta cómoda y tenga paz mental y, a fin de que no se sienta enemistada contigo y evitar conflictos, no le has hablado honestamente. No quieres ayudarla ni utilizas tu sinceridad para ayudarla a superar la negatividad. No has hecho lo que ha de hacer una persona honesta y esto no es lo que significa ser una persona honesta. Entonces, ¿qué debe hacer una persona honesta en este tipo de situación? Con tus propias y sentidas palabras, dile lo que has visto realmente: “Te diré lo que he visto y experimentado. Tú decides si tengo o no razón en lo que digo. Si no la tengo, no tienes que aceptarlo. Si la tengo, espero que lo hagas. Si digo algo que te resulte duro de escuchar y te duela, espero que sepas aceptarlo de parte de Dios. Tengo la intención y el objetivo de ayudarte. Veo claro el problema: te han herido en tu orgullo personal. Nadie alimenta tu ego y piensas que los demás te menosprecian, que te atacan y nunca te han ofendido tanto. No lo soportas y te vuelves negativo. ¿Qué opinas? ¿Se trata de esto realmente?”. Al oír esto, creen que, efectivamente, así es. Esto es lo que piensas en realidad, pero, si no eres honesto, no lo dices. Dirás: “A menudo también yo me vuelvo negativo”, y cuando la otra persona oye que todo el mundo se vuelve negativo, lo considera normal y, al final, no supera la negatividad. Si eres una persona honesta y la ayudas con una actitud y un corazón honestos, puedes ayudarla a comprender la verdad.

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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