86. Principios para tratar las ofrendas a Dios

(1) El dinero y los bienes de la casa de Dios, incluyendo todas sus propiedades, son ofrendas a Dios de Su pueblo escogido, y no pertenecen a ninguna iglesia o persona.

(2) Nadie tiene derecho a tomar las ofrendas de Dios, excepto Él y el sacerdote. Cualquier persona que las robe es un Judas, y debe ser castigado.

(3) Las ofrendas donadas a Dios deben ser dispuestas, transferidas y controladas por Él y el hombre usado por el Espíritu Santo, y nadie puede tocarlas o moverlas a voluntad.

(4) El que una persona cause una pérdida de ofrendas por descuido, cumplimiento superficial del deber o fallo a la hora de actuar según los principios, debe ofrecer una restitución discrecional, de acuerdo con el principio-verdad.

(5) El que se apropia manifiestamente de las ofrendas o las roba debe ser obligado a pagar lo que se llevó; si se niega a hacerlo, se puede aplicar una retribución punitiva.

Las palabras relevantes de Dios:

El dinero, los objetos materiales y todas las propiedades en la casa de Dios son las ofrendas que los hombres deben dar. Nadie puede disfrutar de estas ofrendas, excepto el sacerdote y Dios, porque las ofrendas del hombre son para el goce de Dios y Él sólo las comparte con el sacerdote; nadie más está calificado ni tiene derecho a gozar parte alguna de ellas. Todas las ofrendas del hombre (incluido el dinero y las cosas materiales que pueden disfrutarse) se entregan a Dios, no al hombre; por tanto, el hombre no debe disfrutar de ellas; si el hombre disfrutara de ellas, entonces estaría robándolas. Cualquiera que haga esto es un Judas, porque, además de ser un traidor, Judas también echó mano de lo que se ponía en la bolsa del dinero.

Extracto de ‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué es una ofrenda? Una ofrenda es algo que una persona dedica a Dios; ya no le pertenece al hombre, sino a Él. Cualquier cosa que se dedique a Dios, ya sea dinero o cosas materiales, cualquiera que sea su valor, le pertenece enteramente a Dios, y no está a disposición del hombre ni le corresponde usarlo. ¿Cómo podrían conceptualizarse las ofrendas de Dios? Solo Dios puede disponer de lo que le pertenece y, antes de obtener Su aprobación, nadie puede perturbar tales cosas ni hacer planes para ellas. Hay quienes dicen: “Si Dios no usa algo, ¿por qué no nos deja usarlo a nosotros? Si se echase a perder después de un tiempo, ¿no sería una lástima?”. No, ni siquiera entonces; esto es un principio. Las ofrendas son cosas que pertenecen a Dios, no al hombre; grandes o pequeñas, y sean o no valiosas, una vez que el hombre las ha dedicado a Dios, su esencia ha cambiado, no importa que Él las quiera o no. Una vez que una cosa se ha convertido en una ofrenda, se halla entre las posesiones del Creador y a Su disposición. ¿Qué implica el punto de vista de uno respecto a las ofrendas? Implica la actitud de uno hacia Dios. Si la actitud de alguien hacia Dios es de impertinencia, desdén y despreocupación, entonces la actitud de esa persona hacia todas las cosas que Dios posee será ciertamente la misma. Hay quien dice: “Nadie se ocupa de algunas ofrendas. ¿No significa eso que pertenecen a quien las posea? Se entere alguien o no, ‘el que la encuentra se la queda’; cualquiera que se apropie de estas cosas es su dueño”. ¿Qué opinas de ese punto de vista? Es claramente incorrecto. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia las ofrendas? No importa lo que se ofrezca y si Él lo acepta o no, una vez que algo ha sido designado como una ofrenda, cualquier persona con otros designios sobre ella puede terminar “pisando una mina”. ¿Qué significa esto? (Significa ofender el carácter de Dios). Todos compartís este concepto. Por lo tanto, ¿qué les dice a las personas este asunto? Les dice que el carácter de Dios no admite ofensa de los seres humanos y que no deben jugar con Sus cosas. Por ejemplo, con las ofrendas de Dios; si una persona se las apropiara o las desperdiciara y dilapidara, entonces sería responsable de ofender el carácter de Dios y sería castigado. Sin embargo, la furia de Dios tiene sus principios; no es como la gente se imagina, con Dios arremetiendo contra cualquiera que cometa un error. La gente debe tratar las ofrendas de Dios con cautela, y la única manera de estar seguro de no ofender el carácter de Dios es tener reverencia hacia Él.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (3)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En materia de ofrendas, según la Biblia, en los primeros tiempos Dios le pedía al hombre el diezmo a modo de ofrenda. Se tratara de una cantidad grande o pequeña, y fuera cual fuera exactamente la ofrenda —en dinero o en especie—, siempre que fuera una décima parte de la ganancia de la gente, era una ofrenda legítima. Esto era lo que Dios le pedía al hombre, lo que los creyentes en Dios debían ofrendarle. Este diezmo es un tipo de ofrenda. Algunos preguntan: “¿Puede ser el diezmo solo dinero?”. No necesariamente. Por ejemplo, si una persona cosecha 4 hectáreas de grano, sea cual sea la cosecha, básicamente debe ofrendar a Dios el grano de 0,4 hectáreas; esta décima parte es el diezmo. Por tanto, “décima parte” no hace referencia simplemente al dinero, no significa únicamente que, cuando uno gane 1000 dólares, deba dar 100 a Dios, sino que hace referencia a los ingresos de la persona, que abarcan muchas otras cosas, como los bienes materiales o los activos financieros. En la Biblia consta todo esto. Por supuesto, la casa de Dios no es tan estricta como la Biblia al exigir que la gente dé una décima parte de sus ingresos; aquí solamente estoy compartiendo y dando a conocer el concepto y la definición de “décima parte” para que la gente sepa que el diezmo es un tipo de ofrenda. No se pretende hacer un llamamiento a la gente para que done una décima parte; debería donar en función de su interpretación e inclinación personales y la casa de Dios no pide nada más.

Otro tipo de ofrenda son las cosas que la gente entrega a Dios. En términos generales, naturalmente, se incluye aquí el diezmo; en concreto, además del diezmo, cualquier cosa que la gente entregue a Dios también entra dentro de la categoría de “ofrenda”. Entre las ofrendas a Dios se encuentran muchas cosas, como alimentos, maquinaria, productos de uso diario, suplementos de salud, así como las ovejas que se ofrendaban en el altar en el Antiguo Testamento. Todo esto son ofrendas. Depende de la intención del oferente; si el oferente dice que ofrenda tal cosa a Dios, tanto si se la entrega directamente a Él como si la pone bajo custodia de la casa de Dios, entra dentro de la categoría de ofrenda y nadie puede tocarla. […] Los objetos entregados a Dios abarcan una amplia categoría de cosas, ya que la gente vive en un mundo material y, aparte del dinero, el oro, la plata y las joyas, hay muchas cosas que considera buenas y valiosas. Hay quienes, cuando se acuerdan de Dios, cuando nace en ellos el verdadero amor a Dios o lo anhelan de corazón, le entregan gustosamente aquello que consideran preciado y valioso. Cuando se entregan estas cosas a Dios, se califican de ofrendas, se convierten en tales. Al tiempo de convertirse en ofrendas, ahora Dios se ocupa de ellas; las personas no pueden tocarlas, no están bajo su control, no les pertenecen. Una vez que le has ofrendado esto a Dios, le pertenece a Él, no a ti; ya no te incumbe. Sea cual sea la manera en que Dios se ocupe de ello o lo trate, ya no tiene vinculación con el hombre. Los objetos entregados a Dios también son un tipo de ofrenda. Hay quienes preguntan: “¿Solo pueden ser ofrendas el dinero, los metales preciosos y las joyas? Supón que alguien le entregara a Dios un par de calcetines o de zapatos, o incluso unas plantillas o un pañuelo; ¿cuentan como ofrendas?”. Según la definición anterior, sin importar lo grande o pequeño, preciado o barato que sea un objeto, ya sea un bolígrafo o una hoja de papel, siempre que se le entregue a Dios, es una ofrenda.

Hay otro tipo de ofrenda, que son los objetos entregados a la casa de Dios o a las iglesias, y también entran dentro de la categoría de ofrendas. ¿Qué objetos están incluidos en este tipo? Supón, por ejemplo, que alguien comprara un automóvil y tras un tiempo conduciéndolo notara que ya está un poco viejo, así que se compra otro y entrega el viejo a la casa de Dios para que esta pueda utilizarlo en su labor; el automóvil pertenecería ahora a la casa de Dios. Es correcto clasificar como ofrendas las cosas que pertenecen a la casa de Dios. Por supuesto, no solo se entrega maquinaria a las iglesias y a la casa de Dios, sino también otras cosas; esta categoría es bastante grande. Dicen algunos: “El diezmo es un tipo de ofrenda, al igual que el dinero y los objetos entregados a Dios; la gente no pone ninguna objeción a que se clasifiquen como ofrendas, eso no tiene nada de cuestionable. No obstante, ¿por qué las cosas entregadas a las iglesias y a la casa de Dios cuentan también como ofrendas? No tiene mucha lógica”. ¿Os parece lógico que se clasifiquen como ofrendas? (Sí). ¿Y por qué os lo parece? (Porque las iglesias existen únicamente gracias a Dios, así que lo que se da a las iglesias también es una ofrenda a Dios). Bien dicho. Las iglesias y la casa de Dios son de Dios; solo porque existe Dios existen la casa de Dios y las iglesias; solo porque hay iglesias hay un lugar para que los hermanos y hermanas se reúnan y vivan; y solo porque existe la casa de Dios hay un lugar donde resolver todos los problemas de los hermanos y hermanas y estos tienen un verdadero hogar; todo esto existe exclusivamente sobre el fundamento de la existencia de Dios. Las personas no solo donan a las iglesias y a la casa de Dios porque la gente de las iglesias cree en Dios y pertenece a la casa de Dios, ese no es el motivo correcto. Dios es el motivo por el que la gente dona a las iglesias y a la casa de Dios. ¿Y cuál es el trasfondo? ¿Quién donaría ocasionalmente cosas a la iglesia si no fuera por Dios? Sin Dios, las iglesias no existirían. Cuando la gente tiene cosas que no usa o le sobran, podría tirarlas o guardarlas. También podría vender algunos artículos. Estas son maneras de gestionarlos, ¿verdad? ¿Y por qué no los gestiona así? ¿Por qué donarlos a las iglesias? ¿Acaso no es por Dios? (Sí). La gente dona a las iglesias porque existe Dios y, por tanto, cualquier cosa que se entregue a las iglesias o a la casa de Dios debe clasificarse como ofrenda. Algunos dicen: “Yo dono esto mío a la iglesia”. Donar a las iglesias equivale a donar a Dios, y las iglesias y la casa de Dios tienen plena autoridad de gestión de estas cosas. Cuando entregas un objeto a la iglesia, pierde toda vinculación contigo; la casa de Dios y las iglesias distribuirán, utilizarán y se ocuparán debidamente de estos objetos según los principios establecidos por la casa de Dios. ¿Y de dónde provienen estos principios? De Dios. Básicamente, el principio de uso de estos objetos es que deben utilizarse en aras del plan de gestión de Dios y para la difusión de Su obra. No son para uso exclusivo de ningún individuo, y ni mucho menos de ningún grupo, sino que corresponden a la labor de difusión del evangelio y a los diversos trabajos de la casa de Dios. Así pues, nadie tiene ningún derecho especial al uso de estas cosas; el único principio y fundamento de su uso y distribución concuerda con los principios exigidos por la casa de Dios, lo que es razonable y adecuado.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (12)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Una vez que los líderes y obreros entiendan la definición y el concepto de ofrenda, deberán tener una idea clara de las ofrendas de la gente; mantenerse al tanto de ellas y, en primer lugar, buscar a alguien fiable y de humanidad aceptable que ejerza como custodio. Esta persona puede que sea de un calibre promedio y sea incapaz de ser líder u obrero, pero es formal y no se apropiará indebidamente de nada; mientras las ofrendas estén en sus manos, no se perderán ni se trastocarán. Los arreglos de obra contienen unas normas para esta tarea: solamente se ha de buscar a gente fiable y de humanidad aceptable. Quienes tienen poca humanidad codician las cosas buenas en cuanto las ven, están obsesionados con tenerlas para su propio uso, adoptan constantemente tácticas encubiertas pensando en el robo y tratan continuamente de crear una imagen falsa en busca de la oportunidad de hacerse con esas cosas. No se debe utilizar a gente así. Como mínimo, cuando se les entreguen a las personas cosas o dinero para su custodia, deberán cuidarlos de forma concienzuda y esmerada, con un corazón temeroso de Dios; no deberán enajenarlas ni prestárselas a nadie. En resumen, puedes quedarte tranquilo después de haber dejado las ofrendas en sus manos; no se perderá ni un céntimo ni se extraviará absolutamente nada. Este es el tipo de persona que hay que buscar. Además, la casa de Dios tiene una norma por la que no solo se debe buscar a una persona, sino preferiblemente a dos o tres para que haya quienes lleven los registros y custodien las ofrendas. Una vez encontradas las personas, hay que clasificar las ofrendas, otorgando la custodia a quien sea idóneo para un determinado tipo de objeto, y registrando sistemáticamente los objetos y activos financieros con registros y recuentos de cuántas cosas custodia cada persona. Y una vez encontrada la gente adecuada para categorizar y registrar las ofrendas, ¿hemos llegado al final? (No). Entonces, ¿qué se debe hacer a continuación? Transcurrido un período de tiempo, los líderes y obreros deben observar los ingresos y gastos, cuánto sale y entra, si cuadran los libros, si la persona que lleva los registros lo hace correctamente, si está omitiendo algo, si hay un correcto balance total de ingresos y gastos, etcétera. Todo el trabajo del área financiera y contable ha de hacerse escrupulosamente. Si los líderes y obreros no son demasiado competentes en dicha labor, se debería ordenar que la hiciera alguien con experiencia profesional; después, los líderes y obreros deberían verificar periódicamente las cosas y recibir informes. En resumidas cuentas, entiendas o no de cuestiones financieras y contables o del trabajo de coordinación, no te puedes lavar las manos de este trabajo ni mirar hacia otro lado y, sencillamente, no implicarte; por el contrario, debes verificarlo periódicamente, preguntando por la conciliación de cuentas, si cuadran, y seleccionando al azar ingresos y gastos de las partidas de gasto, mirando los gastos de este período, si ha habido algún derroche, si cuadran las cuentas, lo bien que se están llevando los libros… Ya sea mirando los libros o a través de informes verbales, los líderes y obreros han de estar al tanto de todo esto.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (12)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La manifestación más directa de la actitud de una persona hacia Dios es su actitud hacia las ofrendas. Tu actitud hacia las ofrendas, sea cual sea, es tu actitud hacia Dios. Si das el mismo trato a las ofrendas que a tu propia cuenta bancaria, siendo meticuloso, esmerado, riguroso, responsable y diligente, tienes una actitud muy buena hacia Dios. Si das a las ofrendas la consideración de bien público, como los productos de un mercado de verduras, tienes preferencia por las cosas que quieres, que deseas poseer, e ignoras lo que no te pertenece sin importarte dónde se coloca o se amontona, indiferente a quién lo toma, fingiendo no ver cuando se cae al suelo y alguien lo pisa, como si no tuviera nada que ver contigo; entonces tienes un problema. Cuando tienes esta actitud hacia las ofrendas, ¿eres una persona con sentido de la responsabilidad? ¿Puede cumplir correctamente con el deber la gente así? No es difícil imaginar cómo es tu humanidad. En resumen, aparte de la custodia, la principal responsabilidad de los líderes y obreros en cuanto a este trabajo y al tratamiento de las ofrendas es la labor de seguimiento, que es aún más importante. Durante la custodia, debes auditar los libros, rastrear, investigar y verificar los gastos, vigilándolos de cerca, poniendo fin a los gastos exorbitantes antes de que deriven en despilfarro o derroche, haciendo que la gente rinda cuentas cuando aquellos se produzcan, e incluso dictando advertencias y exigiendo compensaciones. Si ni siquiera sabes hacer correctamente este trabajo, renuncia: no debes ocupar el cargo de líder por no saber desempeñarlo. […] Si ni siquiera sabes hacer un trabajo tan sencillo como este, entonces, como líder, como guardián de la casa de Dios, ¿qué sabes hacer? Por todas partes se derrochan y despilfarran ofrendas, pero tú, que eres líder, no sientes nada, no te duele lo más mínimo. ¿Llevas a Dios en el corazón? ¿Hay un lugar para Dios en tu corazón? Esto es cuestionable. Afirmas tener un gran amor por Dios, que temes a Dios, pero no sientes nada cuando la gente despilfarra y derrocha las ofrendas a Dios, no te duele lo más mínimo; por tanto, ¿no son cuestionables tu amor y temor hacia Él? Hasta tu fe es cuestionable, por no hablar de tu amor y temor hacia Dios, sencillamente infundados, sin base. ¿Es este trabajo responsabilidad de los líderes y obreros? (Sí). Hacer bien este trabajo es responsabilidad de los líderes y obreros, responsabilidad obligada de todos ellos.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (12)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Todo aquello que implique el uso arbitrario de sacrificios, su consumo y gasto indebidos, incumbe siempre a los decretos administrativos y es de una naturaleza ofensiva contra ellos. Al administrar los bienes de la iglesia, puede que algunos digan: “Los bienes de la iglesia están ahí parados. Hoy en día, los bancos tienen todo tipo de programas de inversión, como préstamos de alto interés, acciones y fondos, que ofrecen una buena tasa de interés. Si tomamos este dinero de la iglesia y lo invertimos, tal vez ganemos algo de interés. ¿No beneficiaría esto a la casa de Dios?”. Sin debatirlo, sin obtener el acuerdo de nadie de la iglesia, ellos se encargan de prestar el dinero. ¿Con qué propósito? Por decirlo de forma amable, el de ganar algo de interés para la casa de Dios pensando en ella, pero en realidad albergan un motivo egoísta. Quieren prestar el dinero sin que nadie lo sepa y después, al final, devolver el capital a la casa de Dios mientras ellos se quedan el interés. ¿No sería este un caso de intencionalidad desleal? Se denomina prestar dinero. ¿Puede considerarse el préstamo de dinero un uso adecuado de los sacrificios? (No). Otros dicen: “Dios ama a la humanidad, la casa de Dios es acogedora. A veces, cuando nuestros hermanos y hermanas estén faltos de dinero, ¿acaso no podemos prestarles las ofrendas a Dios?”. Algunos se encargan entonces de tomar una decisión y puede que incluso haya anticristos que hagan un llamamiento e inciten a los hermanos y hermanas, diciéndoles: “Dios ama a la humanidad, Dios da la vida, le da todo al hombre, por lo que no sería un gran problema prestar algo de dinero, ¿verdad? ¿No es la voluntad de Dios prestar dinero a nuestros hermanos y hermanas para sacarlos de un apuro en tiempos de necesidad urgente, para ayudarlos en las dificultades de la vida? Si Dios ama a la humanidad, ¿cómo es posible que las personas no se amen las unas a las otras? ¡Vamos, prestadles dinero!”. Al oír esto, la gran mayoría de la gente ignorante responde: “Claro, si tú lo dices. En cualquier caso, el dinero, para empezar, provino de todos, así que esto es un uno para todos y todos para uno”. Y así, con una persona que pronuncia buenas palabras por un lado, y un montón de aduladores que le dan coba por el otro, al final se va el dinero. Y bien, ¿puedes decir honestamente que este dinero se considera una ofrenda a Dios? Si se considera como tal, el dinero ya le pertenece a Dios y ya ha sido santificado, por lo que solo sería apropiado emplearlo según los principios que Dios ha establecido. Si dices que no se considera ofrenda, si el dinero que tú ofrendas no cuenta, ¿qué es lo que has ofrendado? ¿Una broma? ¿Estás gastándole una broma a Dios y engañándolo? En cuanto colocas en el altar las cosas que quieres sacrificar, empiezas a lamentarlo, pensando: “Ahí están, Dios ni siquiera las va a utilizar y parece que, al fin y al cabo, no tienen utilidad para Él”. Sin embargo, tú ahora tienes necesidad de ellas, por lo que las tomas y utilizas tú mismo. O quizá ofrendaste demasiado y, al lamentarlo después, recuperaste una parte. O puede que no estuvieras pensando con claridad cuando hiciste la ofrenda y ahora le hayas encontrado un uso, por lo que la vas a recuperar. ¿Qué clase de conducta es esa? Una vez que una persona ha ofrendado este dinero y estas cosas a Dios, es lo mismo que presentarlos en el altar, y las cosas presentadas en el altar son ofrendas. Aunque no sea más que una piedra, un grano de arena, un panecillo o un vaso de agua, si lo has colocado en el altar, este objeto pertenece a Dios, no al hombre, y ya ningún ser humano puede tocarlo, tanto si lo codicias como si crees tener un uso legítimo para él; ya ningún ser humano tiene derecho a ello. Algunos dicen: “¿Acaso no ama Dios a la humanidad? ¿Y si le deja una parte? En este momento, Tú no tienes sed ni necesitas agua, pero yo tengo sed, así que ¿por qué no puedo beber?”. Ahora bien, luego tienes que ver si Dios está de acuerdo o no. Si Dios está de acuerdo, esto demuestra que Él te ha concedido el derecho de hacer uso de ello; sin embargo, si Dios no está de acuerdo, no tienes derecho a utilizarlo. En una situación en la que no tienes derecho, en la que Dios no te lo ha dado, usar algo que le pertenezca a Dios supone romper un tabú, que es lo que Dios abomina por encima de todo.

La gente siempre dice que Dios no tolera las ofensas del hombre, pero nunca ha entendido cómo es realmente el carácter de Dios y cuáles de las cosas que hace tienen más probabilidades de ofenderlo. En cuanto a los sacrificios a Dios, mucha gente piensa constantemente en ellos porque quiere utilizarlos o repartirlos como les plazca, hacer uso de ellos a voluntad, poseerlos o incluso derrocharlos; no obstante, te digo que estás acabado, ¡que mereces morir! Ese es el carácter de Dios. Son las cosas de Dios, las cuales no permite que toque nadie. Esa es la dignidad de Dios. Solo hay una situación en la que Dios da a la gente derecho a utilizar los sacrificios: para su uso adecuado de acuerdo con las regulaciones de la iglesia y los principios que rigen su aprovechamiento. A Dios le resulta aceptable todo lo que quede dentro de estos límites, pero alejarse de ellos sería una ofensa contra Su carácter, contra los decretos administrativos. Así de estricto es, sin dar cabida a la negociación, y no hay alternativa. Por consiguiente, a ojos de Dios, aquellos que hacen cosas como derrochar las ofrendas, apropiarse indebidamente de ellas o prestarlas son considerados unos anticristos. ¿Por qué los trata con tanta severidad como para considerarlos unos anticristos? Si alguien que cree en Dios es capaz de llegar al extremo de atreverse a tocar, utilizar o derrochar a voluntad objetos que pertenecen a Dios y han sido santificados, esa persona es enemiga de Dios. Los enemigos de Dios son los únicos que mantendrían semejante actitud hacia Sus objetos; ninguna persona corrupta normal lo haría, ni siquiera un animal, solo los enemigos de Dios, Satanás y el gran dragón rojo. ¿Es esto decir demasiado? ¡No, es un principio! ¡Esa es la dignidad de Dios!

Extracto de ‘Controlan la economía de la iglesia mientras controlan el corazón de la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Cuando alguien ofrenda un objeto a Dios, eso no ha de ser de tu incumbencia. Sea cual sea el objeto, sea valioso o no, tengas o no un uso para él, sea preciado o no, no debes pensar en ello para nada. Ve a ganar dinero si tienes capacidad para ello; gana todo lo que quieras, nadie te lo impedirá, pero no se te debe ocurrir absolutamente ninguna idea respecto al objeto que esté siendo sacrificado para Dios. Debéis mantener esta vigilancia; debéis mantener este sentido. Lo antes mencionado es un principio. Otro principio es que todo aquel que derroche los sacrificios, se apropie indebidamente de ellos, los preste, cometa fraude con ellos y los hurte es considerado una persona como Judas. Los que han llevado a cabo este tipo de actos y prácticas ya han ofendido el carácter de Dios, Él no los salvará y tú no debes albergar ninguna esperanza de que sea de otro modo. Así lo he expresado y Dios lo llevará a cabo. Está predestinado y no hay cabida para la negociación. Algunos dirán: “Mi apropiación indebida tiene un trasfondo: era joven e ignorante cuando dilapidaba el dinero, pero no desfalcaba demasiado, solo diez o veinte, o treinta o cuarenta”. Sin embargo, no se trata de cuánto; la cuestión es que, cuando haces estas cosas, el objeto de tus actos es Dios, has tocado las cosas de Dios y está mal de tu parte haberlas tocado. Las cosas de Dios no son propiedad comunal, no pertenecen a todo el mundo, no pertenecen a la iglesia, no le pertenecen a la casa de Dios: le pertenecen a Dios y no debes mezclar estas distinciones. Dios no considera ni te ha dicho a ti que sea de esta forma: “Mis cosas, Mis sacrificios, han de entregarse en posesión a la iglesia para que esta los reparta. Son bienes colectivos de los hermanos y hermanas de la iglesia y quien quiera utilizarlos solo tiene que presentar una solicitud y registrarla”. Dios no ha dicho esto. Entonces, ¿qué ha dicho Dios? Algo sacrificado para Dios es un objeto que le pertenece a Dios, y una vez que este objeto se ha presentado en el altar, le pertenece definitivamente a Dios y, en lo sucesivo, ningún ser humano tendrá derecho a utilizarlo sin autorización. Tus cálculos, apropiaciones, trampas, robos, préstamos y despilfarros son actos condenados como ofensas al carácter de Dios, como actos de los anticristos, y son equivalentes a la blasfemia contra el Espíritu Santo, por lo que Dios nunca te perdonará. Esa es la dignidad de Dios y la humanidad no debe faltarle al respeto. Aquello que hayas obtenido mediante el robo de bancos, el pillaje o el hurto puede hacer que te condenen a uno, dos, tres o cinco años, y una vez que hayas cumplido la condena, ya no serás culpable de ningún delito. Ahora bien, cuando tomas y usas las cosas de Dios, los sacrificios a Dios, este es un pecado permanente a Sus ojos, un pecado que no puede ser perdonado.

Extracto de ‘Controlan la economía de la iglesia mientras controlan el corazón de la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Vosotros, apestosos gusanitos, robáis las ofrendas de Mi altar, el altar de Jehová; ¿podéis, así, rescatar vuestra reputación desacreditada y fracasada y convertiros en el pueblo escogido de Israel? ¡Sois unos desdichados sin vergüenza! Esos sacrificios sobre el altar me fueron ofrecidos por las personas como una expresión de sentimientos benevolentes de parte de los que me veneran. Son para Mi control y para Mi uso; ¿cómo puedes, pues, robarme las pequeñas tórtolas que me han dado? ¿No temes convertirte en un Judas? ¿No tienes miedo de que tu tierra se convierta en un campo de sangre? ¡Eres un sinvergüenza! ¿Crees que las tórtolas ofrecidas por las personas son para alimentar tu vientre, gusano? Lo que Yo te he dado es lo que me ha placido y lo que he estado dispuesto a darte; lo que no te he dado está a Mi disposición. No puedes simplemente robar Mis ofrendas. Yo, Jehová, soy Aquel que obra, el Señor de la creación, y las personas ofrecen sacrificios por Mí. ¿Crees que esta es la recompensa por tanto que corres de un lado a otro? ¡Eres verdaderamente un sinvergüenza! ¿Por quién corres tanto? ¿No es por ti mismo? ¿Por qué robas Mis sacrificios? ¿Por qué robas dinero de Mi bolsa de dinero? ¿No eres hijo de Judas Iscariote? Son los sacerdotes quienes deben disfrutar de los sacrificios hechos a Mí, Jehová. ¿Eres sacerdote? Te atreves a comer Mis sacrificios con aire de suficiencia y hasta los pones en la mesa. ¡No vales nada! ¡Eres un desdichado inútil! ¡Mi fuego, el fuego de Jehová, te calcinará!

Extracto de ‘Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces, lamentarás todo el mal que has hecho’ en “La Palabra manifestada en carne”

He obrado y hablado de esta manera entre vosotros, he gastado tanta energía y esfuerzo; sin embargo, ¿cuándo habéis escuchado lo que os digo claramente? ¿Dónde os habéis inclinado ante Mí, el Todopoderoso? ¿Por qué me tratáis así? ¿Por qué todo lo que decís y hacéis provoca Mi ira? ¿Por qué son tan duros vuestros corazones? ¿Acaso alguna vez os he derribado? ¿Por qué no hacéis nada más que ponerme triste y ansioso? ¿Estáis esperando que venga sobre vosotros el día de la ira de Mí, Jehová? ¿Me estáis esperando a que Yo envíe la ira provocada por vuestra desobediencia? ¿Acaso todo lo que hago no es por vosotros? Sin embargo, siempre me habéis tratado a Mí, Jehová, de esta manera: robando Mis sacrificios, llevándoos las ofrendas de Mi altar a la guarida del lobo para alimentar a los cachorros y a los hijos de los cachorros; la gente se pelea entre sí, enfrentándose con miradas llenas de rabia y espadas y lanzas, echando las palabras de Mí, el Todopoderoso, a la letrina para que se vuelvan tan asquerosas como excrementos. ¿Dónde está vuestra personalidad? ¡Vuestra humanidad se ha vuelto como la de las bestias! Vuestros corazones hace ya tiempo que se han convertido en piedra. ¿Acaso no sabéis que cuando llegue Mi día de ira, será cuando el momento en que Yo juzgue la maldad que hoy cometéis contra Mí, el Todopoderoso? ¿Creéis que, engañándome de esta manera, echando Mis palabras en el fango y no escuchándolas, creéis que al actuar así a Mis espaldas podéis escapar de Mi mirada iracunda? ¿No sabéis acaso que ya Mis ojos, los de Jehová, os vieron cuando robasteis Mis sacrificios y codiciasteis Mis posesiones? ¿No sabéis que cuando robasteis Mis sacrificios, lo hicisteis delante del altar en el que se ofrecen sacrificios? ¿Cómo os podéis considerar lo suficientemente inteligentes como para engañarme de esta manera? ¿Cómo podría Mi ira apartarse de vuestros pecados atroces? ¿Cómo podría Mi furia rabiosa pasar por alto vuestras malvadas acciones? El mal que habéis cometido hoy no os abre ninguna salida, sino que más bien acumula castigo para el mañana; ello provoca el castigo de Mí, el Todopoderoso, hacia vosotros.

Extracto de ‘Nadie que sea de la carne puede escapar del día de la ira’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Principios de supervisión de las ofrendas a la casa de Dios

Todas las ofrendas de los creyentes a Dios son propiedad exclusiva de Dios y no pertenecen a ninguna iglesia ni a ningún individuo. Se pueden aportar determinados recursos económicos e inmuebles para su uso en el trabajo de las iglesias, pero pertenecen igualmente a la casa de Dios; pueden ser utilizados por quien sea preciso, pero no se ha de hacer un uso indebido de ellos. Es tal la corrupción de la humanidad que muchos están enamorados del dinero y ciegos a todo lo que no sean sus intereses. Por eso es vital que la casa de Dios establezca un sistema estricto de supervisión de ofrendas. A tal fin, la casa de Dios ha estipulado expresamente que cada iglesia elija a tres individuos apropiados para supervisar las ofrendas de la iglesia. Los líderes, los obreros y el pueblo escogido de Dios se reservan el derecho de supervisar las ofrendas de la iglesia. Los líderes de la iglesia tienen la responsabilidad de investigar y gestionar cualquier problema con las ofrendas. Los escogidos de Dios deben cooperar en dichas investigaciones. No deben hacer la vista gorda ante esos asuntos y, si lo hacen, se les considerará igualmente culpables. A continuación se detallan los principios específicos de supervisión de las ofrendas a la iglesia:

1. Cada iglesia debe instalar un cepillo. Con independencia de su periodicidad o su importe, las ofrendas no están sujetas a ninguna condición y se hacen libremente. Se debe seleccionara tres individuos para que asuman la responsabilidad conjunta de la custodia de las ofrendas. La retirada y el uso de fondos han de realizarse de acuerdo con las normas contables y los tres individuos seleccionados deben garantizar la transparencia de las cuentas y rendir cuentas a los líderes de la iglesia con regularidad.

2. En cada iglesia, las ofrendas deberán ser supervisadas por tres personas: una que se encargará de la tesorería y dos que llevarán a cabo la contabilidad. La administración de ofrendas y cuentas no debe ser llevada a cabo por una única persona.

3. Si se descubre que alguien no es adecuado para la custodia de las ofrendas, se le deberá sustituir prontamente. Cuando el nombramiento de personas inadecuadas conlleve la pérdida de ofrendas a la iglesia, se exigirán responsabilidades a sus líderes.

4. La contabilidad de la iglesia ha de gestionarse y utilizarse de acuerdo con unas rigurosas normas contables. Cuando los líderes de la iglesia confíen ofrendas a un custodio, se debe generar un recibo por triplicado por el importe real como comprobante de que se le ha confiado el dinero al custodio. Los custodios no deben escribir una simple nota firmada, pero deben presentarle al pagador un acuse de recibo del dinero. El movimiento o traspaso de ofrendas por parte de los líderes de cualquier categoría ha de contar con la presencia de dos o tres líderes y obreros y debe quedar constancia por escrito para prevenir su robo a manos de falsos líderes y anticristos. Cuando el trabajo de la iglesia requiera dinero, deberá ser retirado por dos o tres personas, no por una sola. Si el custodio no conoce al menos a una de las personas que efectúe la retirada, esta deberá ser bloqueada y no podrá realizarse. Siempre que se retire dinero, cada persona que lo haga deberá redactar una garantía que incluya fecha de retirada, importe, uso previsto y firma. También se deberá generar un recibo por triplicado para los registros contables, con copia para cada interviniente.

5. Todas las entradas y salidas de ofrendas de la iglesia deben registrarse por duplicado, con copia para cada uno de los contables. Todas las cuentas gestionadas por los contables deben estar claras y ser revisadas esporádica o mensualmente por los líderes, que deberán verificar que las entradas y salidas de ofrendas se gestionan de acuerdo con los principios, de modo que se puedan identificar y abordar rápidamente los problemas. En caso de sustitución o reasignación de líderes y obreros por exigencias del trabajo, se deberán repasar las cuentas de forma clara durante el relevo para que ninguna persona con motivaciones ocultas tenga oportunidad de malversar ni de apropiarse indebidamente de las ofrendas a la iglesia.

6. Las ofrendas del pueblo escogido de Dios deberán colocarse en el cepillo. En ausencia de cepillo, las ofrendas deberán entregarse personalmente a los dos líderes de la iglesia. No se deben entregar ofrendas a un solo líder. A ningún líder u obrero individual se le permite recibir una ofrenda de ningún hermano o hermana; se requiere un mínimo de dos personas. Una vez recibida la ofrenda, los líderes y obreros deberán presentar un acuse de recibo por triplicado con su importe en cifras y letras, la fecha de recepción y los nombres espirituales de los encargados de la ofrenda. Cada encargado conservará una copia. Además, los líderes y obreros deben dar al hermano o la hermana que haya hecho la ofrenda un resguardo que demuestra que ha entregado la ofrenda a la casa de Dios.

7. Toda ofrenda que guarde una iglesia para entregársela a sus superiores debe ser gestionada conjuntamente por dos personas. La ofrenda no debe ser entregada por una sola persona. El personal asignado especialmente debe entregar la ofrenda en su lugar de destino y no transitar por lugares potencialmente peligrosos ni permanecer en ellos. A personas avariciosas, avaras y propensas a aprovecharse injustamente, o cuya familia deba dinero, no se les debe permitir recaudar ni remitir ofrendas, ni gestionar los asuntos de la casa de Dios que impliquen el gasto de ofrendas (por ejemplo, en suministros para la iglesia).

8. Todos aquellos que recauden y remitan ofrendas o tengan motivos para utilizarlas deberán redactar verazmente una lista de gastos clara y cuentas detalladas y verificar rápidamente las cuentas. Se deberá considerar sospechoso a todo aquel que no esté dispuesto a verificar voluntariamente las cuentas. A todo aquel que se descubra que ha falsificado cuentas se le habrá de tratar de manera estricta y se le deberá mantener apartado de las ofrendas a partir de ese momento. En casos graves, deberá ser purgado o expulsado.

9. Los custodios de ofrendas deben respetar los principios y ser absolutamente fieles a Dios en materia de ofrendas. Si se descubre que los líderes se han desviado de los principios al retirar fondos, los custodios deberán requerirles que sigan los principios. Si los líderes desoyen esta advertencia e insisten en retirar ofrendas, los custodios tienen derecho a negarse a tramitar la retirada hasta que hayan reclamado la verificación de sus superiores. Si se descubre que los líderes y obreros se desviaron de los principios al retirar fondos y los custodios no se negaron a tramitar la retirada —si obedecieron sin cuestionamientos y entregaron acríticamente el dinero—, esto supone una grave vulneración de los principios y una elusión total de su responsabilidad. Dichos custodios, por naturaleza, no son distintos a Judas y deben ser sustituidos o purgados. Si los custodios no siguen los principios y permiten que Satanás, el diablo, se aproveche de ellos con resultado de pérdida de ofrendas a la iglesia, deben compensar sin condiciones dicha pérdida; si se niegan a hacer el pago, pueden ser purgados o expulsados.

Extracto de “Organización del trabajo”

Las ofrendas del pueblo escogido a Dios son propiedad exclusiva de Dios; no pertenecen a ningún individuo ni iglesia y todas ellas son consignadas y utilizadas por la casa de Dios. Toda apropiación indebida, préstamo o malversación de ofrendas se considera robo. El carácter de Dios no tolera ofensa: todos aquellos que roban ofrendas son unos judas que cometen un grave pecado y deben ser castigados por Dios. Dichas personas están destinadas a ser expulsadas. Deben ser castigadas por la casa de Dios y sus fechorías deben hacerse constar y darse a conocer a todos. Es de suma importancia proteger las ofrendas a Dios. Sin los principios integrales para la supervisión de los fondos y el castigo de los agravios, será inevitable que Satanás, el diablo, se aproveche de los vacíos normativos. A tal fin, la casa de Dios debe adoptar medidas estrictas hacia aquellos que roben, malversen u ocasionen pérdidas de ofrendas. A dichas personas se las tratará de la siguiente manera:

1. A todos aquellos que roben o malversen ofrendas a Dios, si la cantidad en cuestión es pequeña, muestran arrepentimiento y la reintegran prontamente, se les sancionará una única vez. Sin embargo, a partir de entonces solo se les permitirá llevar una vida de iglesia, no así actuar en calidad de líderes u obreros ni asumir comisiones importantes.

2. Con todos aquellos que roben y malversen ofrendas a Dios, no muestren arrepentimiento y se nieguen al reembolso, la iglesia deberá tomar todas las medidas necesarias para recuperar las ofrendas, tras lo cual habrá de expulsar a los interesados.

3. Cuando un custodio pierda o dañe una ofrenda, si la cantidad es pequeña y la persona muestra arrepentimiento, se le sancionará una única vez. Si la cantidad es grande, y la persona no muestra arrepentimiento, se le expulsará de la iglesia. No obstante, sea cual sea el importe de las ofrendas afectadas o perdidas, debe ser reintegrado en un plazo limitado. Si la persona se niega a reintegrar el importe, la iglesia deberá adoptar las medidas necesarias para recuperarlo.

4. En caso de desastres naturales o provocados por el hombre, como incendios o robos, no serán de aplicación la sanción ni el reintegro si hay varias personas que demuestren que el incidente fue inevitable. El robo o la destrucción por incendio de ofrendas a la iglesia provocados por un almacenamiento o custodia inadecuados fruto de la falta de medidas preventivas subjetivas se consideran fruto de la irresponsabilidad y requieren su pleno resarcimiento. A los interesados, asimismo, se les sancionará y prohibirá custodiar ofrendas en lo sucesivo.

5. Si la selección de custodios no se realiza según los principios y se traduce en malversación o pérdida de ofrendas, los líderes de esa categoría han de hacerse responsables. Como mínimo, dichos líderes han de ser sancionados; si no es posible recuperar las ofrendas, los líderes deberán reintegrar la mitad de su importe. Es justo y razonable. Los líderes no son ajenos a la mala gestión de las ofrendas por parte de los custodios; aquellos deben hacerse responsables. Si los líderes se niegan totalmente a aceptar su responsabilidad, se les deberá sustituir. En los casos graves, cuando se haya perdido una cantidad grande de ofrendas, deberán reembolsar el importe completo y ser expulsados.

6. Si un líder comete una negligencia o imprudencia al supervisar las ofrendas, o si las utiliza para realizar transacciones y las confía a personas poco fiables, deberá hacerse responsable, se cancelarán sus posiciones como líder y se le retirará el derecho a presentarse como candidato a las elecciones. Deberá reembolsar cualquier pérdida en su totalidad y, en los casos graves, se le deberá expulsar de la iglesia.

7. Si, cuando se descubra algún riesgo para las ofrendas a la iglesia, los líderes, diáconos o custodios no toman las medidas oportunas y ello trae como consecuencia una pérdida económica significativa a la casa de Dios, los involucrados deberán hacerse responsables y reintegrar la totalidad de dicha pérdida. Se habrá de sustituir o ser expulsado a esos falsos líderes, falsos obreros y personas similares que traicionen a Dios.

8. Todos los líderes, obreros y custodios que supervisen las ofrendas deben ser fieles en el deber y leales a Dios. Bajo ningún concepto han de malversar ofrendas a Dios, liquidarlas ni utilizarlas para realizar transacciones. Todo aquel que liquide ofrendas a Dios es tan culpable como Judas y será maldecido. Además, se le deberá expulsar de la iglesia.

Los anteriores son los ocho principios para abordar los incidentes relacionados con las ofrendas a la iglesia. Los líderes y obreros de todas las categorías deben obedecerlos y aplicarlos estrictamente. Se ha de tratar con severidad a cualquiera, sea quien sea, que provoque un incidente grave relacionado con las ofrendas a la iglesia.

Extracto de “Organización del trabajo”

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