86. Principios para tratar las ofrendas a Dios

(1) El dinero y los bienes de la casa de Dios, incluyendo todas sus propiedades, son ofrendas a Dios de Su pueblo escogido, y no pertenecen a ninguna iglesia o persona.

(2) Nadie tiene derecho a tomar las ofrendas de Dios, excepto Él y el sacerdote. Cualquier persona que las robe es un Judas, y debe ser castigado.

(3) Las ofrendas donadas a Dios deben ser dispuestas, transferidas y controladas por Él y el hombre usado por el Espíritu Santo, y nadie puede tocarlas o moverlas a voluntad.

(4) El que una persona cause una pérdida de ofrendas por descuido, cumplimiento superficial del deber o fallo a la hora de actuar según los principios, debe ofrecer una restitución discrecional, de acuerdo con la verdad, el principio.

(5) El que se apropia manifiestamente de las ofrendas o las roba debe ser obligado a pagar lo que se llevó; si se niega a hacerlo, se puede aplicar una retribución punitiva.

Las palabras relevantes de Dios:

El dinero, los objetos materiales y todas las propiedades en la casa de Dios son las ofrendas que los hombres deben dar. Nadie puede disfrutar de estas ofrendas excepto el sacerdote y Dios, porque las ofrendas del hombre son para el gozo de Dios y Él sólo las comparte con el sacerdote; nadie más está cualificado ni tiene derecho a gozar parte alguna de ellas. Todas las ofrendas del hombre (incluido el dinero y las cosas materiales que pueden disfrutarse) se entregan a Dios, no al hombre, por tanto, el hombre no debe disfrutar de estas cosas; si el hombre las disfrutara, entonces estaría robando las ofrendas. Cualquiera que haga esto es un Judas, porque, además de ser un traidor, este también echó mano de lo que se ponía en la bolsa del dinero.

Extracto de ‘Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Vosotros, apestosos gusanitos, robáis las ofrendas de Mi altar, el de Jehová, ¿podéis así rescatar vuestra reputación desacreditada y fracasada y convertiros en el pueblo escogido de Israel? ¡Sois unos desdichados sin vergüenza! Esos sacrificios sobre el altar me fueron ofrecidos por personas, como una expresión de sentimientos benevolentes de parte de los que me veneran. Son para Mi control y para Mi uso; ¿cómo puedes, pues, robarme las pequeñas tórtolas que me han ofrecido? ¿No temes convertirte en un Judas? ¿No tienes miedo de que tu tierra se convierta en un campo de sangre? ¡Eres un sinvergüenza! ¿Crees que las tórtolas ofrecidas por las personas son para alimentar tu vientre, gusano? Lo que Yo te he dado es lo que me ha placido y lo que he estado dispuesto a darte; lo que no te he dado está a Mi disposición. No puedes simplemente robar Mis ofrendas. Yo, Jehová, soy Aquel que obra, el Señor de la creación, y las personas ofrecen sacrificios por Mí. ¿Crees que esta es la recompensa por tanto como corres de un lado a otro? ¡Eres verdaderamente un sinvergüenza! ¿Por quién corres tanto? ¿No es por ti mismo? ¿Por qué robas Mis sacrificios? ¿Por qué robas dinero de Mi bolsa de dinero? ¿No eres hijo de Judas Iscariote? Son los sacerdotes quienes deben disfrutar de Mis sacrificios, de los sacrificios de Jehová. ¿Eres sacerdote? Te atreves a comer Mis sacrificios con aire de suficiencia, y hasta los pones en la mesa; ¡No vales nada! ¡Eres un desdichado inútil! ¡Mi fuego, el fuego de Jehová, te calcinará!

Extracto de ‘Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces, lamentarás todo el mal que has hecho’ en “La Palabra manifestada en carne”

He obrado y hablado de esta manera entre vosotros, he gastado tanta energía y esfuerzo; sin embargo, ¿cuándo habéis escuchado lo que os digo claramente? ¿Dónde os habéis inclinado ante Mí, el Todopoderoso? ¿Por qué me tratáis así? ¿Por qué todo lo que decís y hacéis provoca Mi ira? ¿Por qué son tan duros vuestros corazones? ¿Acaso alguna vez os he derribado? ¿Por qué no hacéis nada más que ponerme triste y ansioso? ¿Estáis esperando que venga sobre vosotros el día de la ira de Mí, Jehová? ¿Me estáis esperando a que Yo envíe la ira provocada por vuestra desobediencia? ¿Acaso todo lo que hago no es por vosotros? Sin embargo, siempre me habéis tratado a Mí, Jehová, de esta manera: robando Mis sacrificios, llevándoos las ofrendas de Mi altar a la guarida del lobo para alimentar a los cachorros y a los hijos de los cachorros; la gente se pelea entre sí, enfrentándose con miradas llenas de rabia y espadas y lanzas, echando las palabras de Mí, el Todopoderoso, a la letrina para que se vuelvan tan asquerosas como excrementos. ¿Dónde está vuestra personalidad? ¡Vuestra humanidad se ha vuelto como la de las bestias! Vuestros corazones hace ya tiempo que se han convertido en piedra. ¿Acaso no sabéis que cuando llegue Mi día de ira, será cuando el momento en que Yo juzgue la maldad que hoy cometéis contra Mí, el Todopoderoso? ¿Creéis que, engañándome de esta manera, echando Mis palabras en el fango y no escuchándolas, creéis que al actuar así a Mis espaldas podéis escapar de Mi mirada iracunda? ¿No sabéis acaso que ya Mis ojos, los de Jehová, os vieron cuando robasteis Mis sacrificios y codiciasteis Mis posesiones? ¿No sabéis que cuando robasteis Mis sacrificios, lo hicisteis delante del altar en el que se ofrecen sacrificios? ¿Cómo os podéis considerar lo suficientemente inteligentes como para engañarme de esta manera? ¿Cómo podría Mi ira apartarse de vuestros pecados atroces? ¿Cómo podría Mi furia rabiosa pasar por alto vuestras malvadas acciones? El mal que habéis cometido hoy no os abre ninguna salida, sino que más bien acumula castigo para el mañana; ello provoca el castigo de Mí, el Todopoderoso, hacia vosotros.

Extracto de ‘Nadie que sea de la carne puede escapar del día de la ira’ en “La Palabra manifestada en carne”

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