141. Principios para tratar el futuro y el destino de una persona

(1) Dios lo creó todo y es soberano sobre todas las cosas, y el destino del hombre está en Sus manos. Someterse a Su soberanía y arreglos es un mandato del Cielo y es reconocido por la tierra.

(2) Escoge tu camino en base a las palabras de Dios, y ten fe en que todo lo que Él hace es justo. Sométete a la soberanía y a los arreglos de Dios para la vida o la muerte.

(3) Entrégate de verdad a Dios, de acuerdo con Sus exigencias. Aunque te lleve a la tristeza o la angustia, debes buscar la verdad y el autoconocimiento. Es el único modo de conocerte a ti mismo.

(4) Cuando uno conoce el justo carácter de Dios, es capaz de someterse realmente a Él y de cumplir bien con el deber del hombre. Al hacerlo, uno se vuelve capaz de dejar de lado naturalmente su futuro y destino individuales.

Las palabras relevantes de Dios:

Dios es el que gobierna sobre todas las cosas y las administra. Él creó todo lo que hay, lo administra, y gobierna sobre ello y provee para ello. Este es el estatus de Dios, y es Su identidad. Para todas las cosas y para todo lo que hay, la verdadera identidad de Dios es el Creador, y el Gobernador de toda la creación. Tal es la identidad que posee Dios, y Él es único entre todas las cosas. Ninguna de las criaturas de Dios —tanto si están en medio de la humanidad como en el mundo espiritual— puede usar ningún medio ni excusa para suplantar o reemplazar la identidad y el estatus de Dios, porque sólo hay Uno entre todas las cosas que posee esta identidad, poder, autoridad y la capacidad de gobernar sobre toda la creación: nuestro único Dios mismo. Él vive y se mueve entre todas las cosas; puede ascender al lugar más elevado, sobre todas ellas. Puede humillarse haciéndose humano, siendo uno entre los que son de carne y hueso, enfrentarse cara a cara con las personas y compartir penas y alegrías con ellas, mientras al mismo tiempo, Él ordena todo lo que existe, y decide el destino de todo lo que hay, y la dirección en la que se mueve. Además, guía el destino de toda la humanidad, y su dirección. Todos los seres vivientes deben adorar, obedecer y conocer a un Dios como este. Por tanto, independientemente del grupo o tipo al que pertenezcas dentro de la humanidad, creer en Dios, seguir a Dios, venerarlo, aceptar Su dominio y Sus disposiciones para tu destino es la única opción, y la necesaria para cualquier persona, para cualquier ser viviente.

Extracto de ‘Dios mismo, el único X’ en “La Palabra manifestada en carne”

La suerte del hombre está controlada por las manos de Dios. Tú eres incapaz de controlarte a ti mismo: a pesar de que el hombre siempre anda con prisas y ocupándose para sí mismo, permanece incapaz de controlarse. Si pudieras conocer tu propia perspectiva, si pudieras controlar tu propio sino, ¿seguirías siendo un ser creado? En resumen, independientemente de cómo obre Dios, toda Su obra es por el bien del hombre. Toma, por ejemplo, los cielos y la tierra, y todas las cosas que Dios creó para que sirvieran al hombre: la luna, el sol y las estrellas que Él hizo para el hombre; los animales y las plantas, la primavera, el verano, el otoño y el invierno, etc., todo está hecho para beneficio de la existencia del hombre. Y así, independientemente de cómo Dios castigue y juzgue al hombre, todo es por el bien de la salvación de este. Aunque despoje al hombre de sus esperanzas carnales, es por el bien de su purificación, y su purificación es para que él pueda sobrevivir. El destino del hombre está en manos del Creador, por tanto, ¿cómo podría el hombre controlarse a sí mismo?

Extracto de ‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”

Alcanzar un conocimiento y un entendimiento claros y precisos de estas verdades relativas a la soberanía de Dios sobre el destino humano es una lección obligatoria para todos, es la clave para conocer la vida humana y alcanzar la verdad. Así es la vida de conocer a Dios, su curso de estudio básico, que todo el mundo debe afrontar cada día, que nadie puede evadir. Si alguien desea tomar atajos para llegar a esta meta, ¡entonces te digo ahora que eso es imposible! Si quieres escapar de la soberanía de Dios, ¡eso es aún más imposible! Dios es el único Señor del hombre, el único Amo de su destino, y por tanto es imposible para el hombre dictar su propio destino, darle la espalda. No importa lo grandes que sean las capacidades de uno, no se puede influenciar, mucho menos orquestar, organizar, controlar ni cambiar los destinos de los demás. Solo el único Dios mismo dicta todas las cosas para el hombre, porque solo Él posee la autoridad única que tiene soberanía sobre el destino humano; y así, solo el Creador es el único Señor del hombre. La autoridad de Dios tiene soberanía no solo sobre la humanidad creada, sino también sobre los seres no creados que ninguna persona puede ver, sobre las estrellas, sobre el cosmos. Este es un hecho indiscutible, un hecho que existe realmente, que ningún humano ni cosa pueden cambiar. Si alguno de vosotros sigue descontento con las cosas tal como están, creyendo que tienes alguna habilidad o capacidad especiales, y sigues pensando que puedes tener suerte y cambiar tus circunstancias presentes o escapar de ellas; si intentas cambiar tu propio destino por medio del esfuerzo humano, y de este modo destacas sobre tus compañeros y consigues fama y fortuna; entonces te digo, estás dificultándote las cosas, solo estás buscando problemas, ¡estás cavando tu propia tumba! Un día, tarde o temprano, descubrirás que has tomado la decisión equivocada y que tus esfuerzos se han malgastado. Tu ambición, tu deseo de luchar contra el destino y tu conducta indignante, te llevarán por un camino sin retorno, y pagarás por esto un precio amargo. Aunque en este momento no ves la gravedad de las consecuencias, conforme continúes experimentando y apreciando más profundamente la verdad de que Dios es el Señor del destino humano, tomarás conciencia lentamente de lo que estoy hablando hoy y sus implicaciones reales. Si tienes o no un corazón y un espíritu, si eres o no una persona que ama la verdad, depende de la clase de actitud que adoptes hacia la soberanía de Dios y la verdad. Y, naturalmente, esto determina si puedes conocer y entender verdaderamente la autoridad de Dios. Si nunca en tu vida has sentido la soberanía de Dios y Sus disposiciones, y mucho menos reconociste y aceptaste la autoridad de Dios, entonces serás totalmente inútil y serás sin duda el objeto del aborrecimiento y el rechazo de Dios, gracias al camino que has tomado y a la elección que has hecho. Pero aquellos que, en la obra de Dios, pueden aceptar Su prueba y Su soberanía, someterse a Su autoridad, y gradualmente obtener una experiencia real de Sus palabras, habrán alcanzado un conocimiento real de la autoridad de Dios, un entendimiento real de Su soberanía, y habrán pasado a estar realmente sujetos al Creador. Sólo tales personas se habrán salvado verdaderamente. Debido a que han conocido la soberanía de Dios, debido a que la han aceptado, su reconocimiento de la realidad de la soberanía de Dios sobre el destino humano y su sumisión a esta son reales y precisas. Cuando afronten la muerte serán capaces, como Job, de tener una mente impertérrita con la muerte, de someterse a las orquestaciones y disposiciones de Dios en todas las cosas, sin elección individual, sin deseos individuales. Sólo esa persona podrá volver al lado del Creador como un verdadero ser humano creado.

Extracto de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”

El hombre entiende un poco de la obra de hoy y de la del futuro, pero no comprende el destino al que entrará la humanidad. Como criatura, debería realizar el deber de una criatura: el hombre debería seguir a Dios en todo lo que Él hace; deberíais proceder en cualquier forma que Yo os diga que lo hagáis. No tienes forma de manejar las cosas por ti mismo y no tienes control sobre ti; todo debe quedar a merced de Dios y todo está en Sus manos. Si Su obra le proveyera al hombre un fin, un destino maravilloso antes de tiempo, y si Dios usara esto para incitar al hombre y hacer que este lo siguiera —si hiciera un trato con el hombre—, esto no sería una conquista ni tampoco obrar en la vida de este. Si Dios tuviera que usar el fin del hombre para controlarlo y ganar su corazón, en esto no estaría perfeccionando al ser humano ni tampoco lograría ganarlo, sino que estaría usando el destino para controlarlo. Nada le preocupa al hombre más que el fin futuro, el destino final y si se puede esperar algo bueno o no. Si se le diera una hermosa esperanza durante la obra de conquista y si, antes de esta se le otorgara un destino adecuado que perseguir, no sólo dicha conquista del hombre no alcanzaría su efecto, sino que el efecto de la obra de conquista también se vería afectado. Es decir, la obra de conquista consigue su efecto eliminando el destino y las perspectivas del hombre y juzgando y castigando su carácter rebelde. No se logra estableciendo un pacto con el hombre, a saber, dándole bendiciones y gracias, más bien mediante la revelación de su lealtad una vez se le ha despojado de su “libertad” y sus perspectivas han sido erradicadas. Esta es la esencia de la obra de conquista. Si se le proporcionara al hombre una hermosa esperanza desde el principio, y la obra de castigo y juicio se realizara después, el ser humano aceptaría ese castigo y juicio basándose en las perspectivas que tiene y, al final, la obediencia y adoración incondicionales del Creador por parte de todas Sus criaturas no se cumplirían; sólo habría una obediencia ciega e ignorante, o el hombre le presentaría ciegas exigencias a Dios y sería imposible conquistar por completo su corazón. Por consiguiente, sería imposible que semejante obra de conquista ganase al hombre y además dar testimonio de Dios. Tales criaturas no podrían llevar a cabo su deber, y sólo harían tratos con Dios; esto no sería conquista, sino misericordia y bendición. El mayor problema del hombre es que sólo piensa e idolatra cosas como su destino y sus perspectivas. El hombre busca a Dios por el bien de estas cosas; no le adora porque le ame. Por tanto, en la conquista del hombre, el egoísmo y la avaricia de este, así como las cosas que más obstruyen su adoración a Dios deben ser tratados y, por tanto, eliminados. Al hacerlo se conseguirán los efectos de la conquista del hombre. Como resultado, en las primeras fases de esta es necesario purgar las ambiciones salvajes y las debilidades fatales del ser humano y, a través de esto, revelar el amor del hombre hacia Dios y cambiar su conocimiento de la vida humana, su opinión de Dios y el significado de su existencia. De esta forma, el amor del hombre por Dios se purifica, y esto significa que su corazón está conquistado. Sin embargo, en la actitud de Dios hacia todas las criaturas, Dios no sólo conquista por la conquista en sí, sino que lo hace para ganar al hombre, por el bien de Su propia gloria y con el fin de recuperar la semejanza primera y original del ser humano. Si sólo tuviera que conquistar por conquistar, se perdería la relevancia de la obra de conquista. Es decir que si después de conquistar al hombre, Dios se lavara las manos y ya no prestara atención a la vida del hombre o su muerte, esto no sería gestión de la humanidad ni la conquista de este sería por el bien de su salvación. Sólo ganar al hombre tras su conquista y su llegada, en última instancia, a un destino maravilloso es lo único que se halla en el corazón de toda la obra de salvación, y sólo esto puede lograr el objetivo de la salvación del hombre. En otras palabras, sólo la llegada del hombre al hermoso destino y su entrada en el reposo son la perspectiva que todas las criaturas deberían tener, y es la obra que el Creador debería hacer. Si el hombre tuviera que llevar a cabo esta obra, esta sería demasiado limitada: podría llevar al hombre a un cierto punto, pero no sería capaz de conducirlo a su destino eterno. El hombre no es capaz de decidir el sino del ser humano y, además, tampoco es capaz de asegurar la perspectiva de este ni su destino futuro. Sin embargo, la obra realizada por Dios es diferente. Como creó al hombre, lo guía; como lo salva, lo hará de manera concienzuda y lo ganará por completo; como dirige al hombre, lo llevará al destino adecuado; y como creó al hombre y lo gestiona, debe asumir la responsabilidad por el sino y la perspectiva del ser humano. Esta es, precisamente, la obra realizada por el Creador. Aunque la obra de conquista se alcanza purgando al hombre de su perspectiva, es este en última instancia al que se lleva al destino adecuado que Dios preparó para él. Precisamente porque Dios obra en el hombre, este tiene un destino y su sino está asegurado. Aquí, el destino adecuado al que se alude no son las esperanzas y la perspectiva del hombre purgadas en tiempos pasados; ambas cosas son diferentes. Aquellas cosas que el hombre espera y busca surgen de sus anhelos de búsqueda de los extravagantes deseos de la carne y no del destino que se le debe. Lo que Dios ha preparado para el hombre, mientras tanto, son las bendiciones y las promesas que se le deben a este una vez ha sido purificado, y que Dios preparó para él después de crear al mundo; estas no están manchadas por las elecciones, las nociones, las imaginaciones o la carne del hombre. Este destino no está preparado para una persona en particular, sino que es el lugar de reposo de toda la humanidad. Por tanto, este destino es el más adecuado para ella.

Extracto de ‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”

Siempre que se menciona el destino lo tratáis con especial seriedad; es, además, algo en lo que todos sois particularmente sensibles. Algunas personas no pueden esperar a golpearse las cabezas contra el suelo, postrarse delante de Dios con el fin de obtener un buen destino. Puedo identificarme con vuestra ansiedad, que no necesita expresarse en palabras. Es sólo que no queréis que vuestra carne caiga en desgracia y deseáis menos aún hundiros en el castigo infinito en el futuro. Solo esperáis permitiros vivir de un modo un poco más libre y fácil. Y, así, os sentís particularmente inquietos cuando se menciona el destino, pues tenéis un temor profundo de que, si no estáis lo bastante atentos, podéis ofender a Dios y así estar sujetos a la retribución que merecéis. No habéis dudado en transigir en cosas por el bien de vuestro destino, e incluso muchos de vosotros que una vez fuisteis taimados y frívolos os habéis vuelto de repente especialmente amables y sinceros; vuestra aparente sinceridad asusta a la gente hasta la médula. Sin embargo, todos tenéis corazones “honestos” y habéis abierto a Mí los secretos en vuestros corazones de manera consistente, sin guardaros nada, ya fuera la pena, la culpa, el engaño o la devoción. En general, me habéis “confesado” con gran franqueza las cosas que yacen en los escondrijos más profundos de vuestra naturaleza intrínseca. Por supuesto, nunca he eludido tales cosas, pues se han convertido en algo demasiado familiar para Mí. Preferiríais entrar en el mar de fuego por el bien de vuestro destino final que perder un solo mechón de cabello para obtener la aprobación de Dios. No es que esté siendo demasiado dogmático con vosotros; es que carecéis demasiado de un corazón de devoción para afrontar cara a cara todo lo que Yo hago. Es posible que no entendáis lo que acabo de decir, así que dejadme proporcionaros una simple explicación: lo que necesitáis no es la verdad y la vida, ni los principios de cómo conduciros; mucho menos Mi laboriosa obra. En vez de eso, lo que necesitáis es todo lo que poseéis en la carne: riqueza, estatus, familia, matrimonio y cosas así. Tenéis una actitud totalmente desdeñosa hacia Mis palabras y Mi obra, de manera que puedo resumir vuestra fe en una palabra: superficial. Haríais cualquier cosa por lograr las cosas a las que estáis absolutamente dedicados, pero he descubierto que no haríais lo mismo por el bien de los asuntos concernientes a vuestra creencia en Dios. Más bien, sois relativamente devotos y sinceros. Por esta razón afirmo que quienes carecen de un corazón de absoluta sinceridad son un fracaso en su creencia en Dios. Pensad con cuidado: ¿Hay muchos fracasados entre vosotros?

Extracto de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Vuestro destino y vuestro sino son muy importantes para vosotros: son motivo de gran preocupación. Creéis que si no hacéis las cosas con gran cuidado, significará que dejáis de tener destino, que habéis destruido vuestro propio destino. ¿Pero se os ha ocurrido alguna vez que los que dedican esfuerzos sólo por el bien de su destino están haciendo una labor en vano? Semejantes esfuerzos no son genuinos; son falsedad y engaño. Si este es el caso, entonces los que trabajan solo en beneficio de su destino están en el umbral de su derrota definitiva, pues el fracaso de uno en su creencia en Dios lo causa el engaño. Ya he dicho con anterioridad que no quiero ser adulado, lisonjeado ni tratado con entusiasmo. Me gusta que las personas honestas se enfrenten a Mi verdad y a Mis expectativas. Más aún, me gusta que las personas sean capaces de mostrar el máximo cuidado y la máxima consideración hacia Mi corazón y que puedan ser capaces de abandonarlo todo por Mí. Sólo así puede Mi corazón ser consolado.

Extracto de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy deberías saber cómo ser conquistado, y cómo se comportan las personas después de haberlo sido. Puedes decir que has sido conquistado, pero ¿puedes obedecer hasta la muerte? Debes ser capaz de seguir hasta el mismo final independientemente de si hay algunas perspectivas, y no debes perder la fe en Dios independientemente del entorno. En última instancia, debes lograr dos aspectos del testimonio: el testimonio de Job —la obediencia hasta la muerte— y el testimonio de Pedro —el amor supremo a Dios—. Por un lado, debes ser como Job: él perdió todas sus posesiones materiales y estaba agobiado por el dolor de la carne, pero no abandonó el nombre de Jehová. Este fue el testimonio de Job. Pedro fue capaz de amar a Dios hasta la muerte. Cuando fue crucificado y enfrentó la muerte, siguió amando a Dios; no pensó en sus propias perspectivas ni tuvo esperanzas hermosas o pensamientos extravagantes, y sólo buscó amar a Dios y obedecer todas Sus disposiciones. Así es el estándar que debes lograr antes de que se pueda considerar que has dado testimonio, antes de pasar a ser alguien que ha sido perfeccionado tras haber sido conquistado. Hoy, si las personas conociesen verdaderamente su propia esencia y estatus, ¿seguirían buscando perspectivas y esperanzas? Lo que deberías saber es esto: independientemente de si Dios me hace perfecto, debo seguirlo; todo lo que Él hace ahora es bueno, y lo hace por mi bien, y para que nuestro carácter pueda cambiar y podamos librarnos de la influencia de Satanás; para permitirnos nacer en la tierra de la inmundicia y, aun así, librarnos de la impureza, sacudirnos la inmundicia y la influencia de Satanás; para dejarla atrás. Por supuesto, esto es lo que se requiere de ti, pero para Dios es simplemente conquista, que se hace para que las personas tomen la determinación de obedecer y puedan someterse a todas las orquestaciones de Dios. De esta forma se conseguirán las cosas.

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Crees en Dios y lo sigues y, por tanto, en tu corazón debes amarlo. Debes apartar tu carácter corrupto, buscar cumplir el deseo de Dios y debes cumplir con el deber de una criatura de Dios. Como crees en Dios y lo sigues, debes ofrecerle todo a Él y no hacer elecciones o exigencias personales; debes lograr el cumplimiento del deseo de Dios. Como fuiste creado, debes obedecer al Señor que te creó, porque inherentemente no tienes dominio sobre ti mismo ni capacidad para controlar tu propio destino. Como eres una persona que cree en Dios, debes buscar la santidad y el cambio. Como eres una criatura de Dios, debes ceñirte a tu deber, mantener tu lugar y no excederte en tus deberes. Esto no es para limitarte ni para reprimirte por medio de la doctrina, sino que es la senda por la que puedes cumplir con tu deber, y pueden llevarlo a cabo —y deben llevarlo a cabo— todas las personas que actúan con justicia. […] Dios creó todas las cosas y por ende hace que toda la creación venga bajo Su dominio y se someta al mismo; Él ordenará todas las cosas para que todas estén en Sus manos. Toda la creación de Dios, incluyendo los animales, las plantas, la humanidad, las montañas, los ríos y los lagos, todo debe venir bajo Su dominio. Todas las cosas en los cielos y sobre la tierra deben venir bajo Su dominio. No pueden tener ninguna elección y deben someterse todas a Sus orquestaciones. Esto fue decretado por Dios y es Su autoridad. Dios lo comanda todo y ordena y clasifica todas las cosas, cada una catalogada según su clase con su propia posición asignada, de acuerdo a la voluntad de Dios. Por muy grande que sea, ninguna cosa puede sobrepasar a Dios y todas las cosas sirven a la humanidad creada por Dios; ninguna cosa se atreve a desobedecer a Dios o a imponerle exigencias. Por tanto, el hombre como criatura de Dios, debe cumplir también con su deber. Independientemente de que sea el señor o el cuidador de todas las cosas, por muy alto que sea el estatus del hombre entre todas las cosas, sigue siendo un ser humano insignificante bajo el dominio de Dios, sólo un ser humano insignificante, una criatura de Dios, y nunca estará por encima de Dios. Como criatura de Dios, el hombre debe procurar cumplir con el deber de una criatura de Dios y buscar amar a Dios sin hacer otras elecciones, porque Dios es digno del amor del hombre. Quienes buscan amar a Dios no deben buscar ningún beneficio personal ni aquello que anhelan personalmente; esta es la forma más correcta de búsqueda. Si lo que buscas es la verdad, si lo que pones en práctica es la verdad y si lo que obtienes es un cambio en tu carácter, entonces, la senda que transitas es la correcta. Si lo que buscas son las bendiciones de la carne, si lo que pones en práctica es la verdad de tus propias nociones y no hay un cambio en tu carácter ni eres en absoluto obediente a Dios en la carne, sino que sigues viviendo en la ambigüedad, entonces lo que buscas te llevará sin duda al infierno, porque la senda por la que caminas es la del fracaso. Que seas perfeccionado o eliminado dependen de tu propia búsqueda, lo que equivale a decir que el éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine.

Extracto de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuya conducta es buena es una persona justa y uno cuya conducta es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto. Algunas personas desean usar las buenas obras para obtener un buen destino en el futuro y algunas personas desean usar palabras delicadas para adquirir un buen destino. Todo el mundo falsamente cree que Dios determina el resultado de las personas después de observar su comportamiento o después de escuchar su discurso; muchas personas desearán entonces aprovecharse de esto para engañar a Dios y así les conceda un favor temporal. En el futuro, las personas que sobrevivirán en un estado de reposo, todas habrán soportado el día de la tribulación y también habrán dado testimonio de Dios; todas serán personas que hayan cumplido su deber y se hayan sometido intencionadamente a Dios. A los que simplemente desean usar la oportunidad de servir con la intención de evitar practicar la verdad no se les permitirá permanecer. Dios tiene estándares apropiados para el arreglo del resultado de todos los individuos; Él no simplemente toma estas decisiones de acuerdo a las palabras y conductas de alguien, ni tampoco las tomas de acuerdo con su comportamiento durante un solo periodo de tiempo. Para nada va a ser indulgente con toda la conducta malvada de alguien debido al servicio pasado que haya hecho para Él, ni tampoco va a perdonar de la muerte a alguien por un gasto momentáneo para Dios. Nadie puede evadir la retribución debida a su maldad y nadie puede cubrir su comportamiento malvado y, por lo tanto, evadir los tormentos de la destrucción. Si la gente puede cumplir su propio deber, esto quiere decir que es eternamente fiel a Dios y no busca recompensas, independientemente de si recibe bendiciones o sufre desgracias. Si las personas son fieles a Dios cuando ven bendiciones, pero pierden su fidelidad cuando no pueden ver bendiciones, y si al final todavía son incapaces de dar testimonio de Dios e cumplir los deberes que les corresponden, entonces serán objetos de la destrucción a pesar de haber prestado servicio fiel a Dios. En resumen, las personas malvadas no pueden sobrevivir a la eternidad ni tampoco pueden entrar en el reposo; solo los justos son los maestros del reposo.

Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

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