153. Principios para tratar las teorías teológicas de la religión

(1) Las teorías teológicas de la religión no son más que pretensiones de la verdad. Son falsas, doctrinas del todo engañosas que hacen que el hombre delimite y se oponga a Dios.

(2) Las teorías teológicas de la religión no provienen del esclarecimiento del Espíritu Santo, sino de las nociones, imaginaciones, lógica y razonamiento inductivo del hombre. Son las mentiras de los embaucadores.

(3) Las teorías teológicas de la religión no son la verdad y no pueden salvar a las personas. Cuanto más buscan el conocimiento teológico, más arrogantes y engreídas se vuelven, y más niegan la verdad y se oponen a Dios.

(4) Las teorías teológicas de la religión son extremadamente engañosas, y quien cree en Dios, pero no busca la verdad es extremadamente susceptible de ser seducido y controlado por ellas, avanzando así directo a la destrucción.

Las palabras relevantes de Dios:

Todos aquellos que pertenecen al cristianismo y estudian teología, las Escrituras y hasta la historia de la obra de Dios, ¿son verdaderos creyentes? ¿Son distintos a los creyentes y seguidores de Dios de los que habla Dios? A los ojos de Dios, ¿creen en Él? (No). Estudian teología, estudian a Dios. ¿Hay alguna diferencia entre los que estudian a Dios y los que estudian otras cosas? No la hay. Son como los que estudian historia, filosofía, derecho, biología, astronomía... Sencillamente, no les gustan la ciencia, la biología ni ninguna otra materia, solo la teología. Estas personas estudian a Dios buscando pistas y señales reveladoras en Su obra. ¿Y qué resulta de su investigación? ¿Son capaces de determinar si Dios existe? Nunca lo harán. ¿Son capaces de determinar la voluntad de Dios? (No). ¿Por qué? Porque viven rodeadas de palabras y frases, rodeadas del saber, de la filosofía, de las opiniones y los pensamientos de los seres humanos. Nunca podrán contemplar a Dios, nunca recibirán esclarecimiento del Espíritu Santo. ¿Cómo las define Dios? Como personas descreídas, incrédulas. Estos descreídos e incrédulos se codean con la denominada comunidad cristiana y hacen como que creen en Dios, como que son cristianos, pero ¿adoran realmente a Dios? ¿Lo obedecen realmente? No. ¿Por qué? Una cosa es cierta: porque, para sus adentros, no creen que Dios creara el mundo, que gobierne todas las cosas, que pueda hacerse carne, y menos aún que exista. ¿Qué indica esta incredulidad? Duda, negación e incluso una actitud que espera que las profecías pronunciadas por Dios, concretamente las relativas a los desastres, no se hagan realidad ni se cumplan. Esta es la actitud con que tratan la fe en Dios y es, asimismo, la esencia y el auténtico rostro de su presunta fe. Estas personas estudian a Dios porque tienen especial interés por la erudición y el saber teológico y les interesan los hechos históricos de la obra de Dios. No son más que un grupo de intelectuales que estudian teología. Estos “intelectuales” no creen en la existencia de Dios; entonces, ¿qué hacen cuando Dios viene a obrar y Sus palabras se cumplen? ¿Cuál es su primera reacción cuando se enteran de que Dios se ha hecho carne y está realizando una nueva obra? “¡Imposible!”. Condenan a todo el que predique la nueva obra de Dios y hasta quieren matarlo. ¿De qué es manifestación esto? ¿No es la manifestación de que son auténticos anticristos? Son hostiles a la obra de Dios y al cumplimiento de Sus palabras, por no hablar de Su encarnación: “Si no te has encarnado ni se han cumplido Tus palabras, eres Dios. Si se han cumplido Tus palabras y te has encarnado, no lo eres”. ¿Qué dice esto entre líneas? Que no permitirán la encarnación de Dios mientras ellos vivan. ¿No es este un auténtico anticristo? Lo es. ¿Se hacen dichas aseveraciones en la comunidad religiosa? Se hacen en voz muy alta y, además, muy enérgicamente: “No es cierto que Dios se haya encarnado, ¡es imposible! ¡Cualquier encarnación es una farsa!”. Algunos preguntan: “¿Han engañado a estas personas?”. En absoluto. Simplemente no tienen verdadera fe en Dios. No creen en la existencia de Dios, no creen en Su encarnación, no creen en Su obra de creación del mundo, y ni mucho menos creen en esa obra Suya por la que fue crucificado y redimió a toda la humanidad. Para ellas, la teología que estudian es una serie de acontecimientos históricos, una especie de doctrina o teoría.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (7)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Cuál era la principal manifestación de hipocresía de los fariseos? Que solo estudiaban detenidamente las Escrituras y no buscaban la verdad. Cuando leían las palabras de Dios, no oraban ni buscaban; en cambio, estudiaban las palabras de Dios, lo que Dios había dicho y hecho, y entonces convertían Sus palabras en una especie de teoría, en una doctrina que enseñaban a los demás. Esto significa estudiar detenidamente las palabras de Dios. ¿Y por qué lo hacían? ¿Qué estudiaban detenidamente? Bajo su punto de vista, esas no eran las palabras de Dios, no eran las manifestaciones de Dios, y ni mucho menos la verdad, sino más bien una modalidad de erudición. Dicha erudición, para ellos, debía ser transmitida, difundida, y esta habría sido la única manera de difundir el camino de Dios y el evangelio. A eso llamaban “predicar” y el sermón que predicaban era teología.

[…] Los fariseos consideraban la teología y la teoría que dominaban como una especie de saber, un instrumento para condenar a las personas y evaluar si tenían razón o no. Lo llegaron a utilizar con el Señor Jesús; así fue como lo condenaron. Su valoración de las personas y su manera de tratarlas nunca se basaron en su esencia ni en si tenían o no razón en lo que decían, y menos aún en la fuente o procedencia de sus palabras. Condenaban y evaluaban a la gente basándose exclusivamente en palabras y doctrinas inflexibles que dominaban. Por ello, aunque estos fariseos sabían que lo que hacía el Señor Jesús no era pecado ni contravenía la ley, lo condenaron igualmente, pues lo que Él decía parecía estar reñido con el saber y la erudición que ellos dominaban y con la teoría teológica que explicaban. Y los fariseos no querían soltar el control de estas palabras y frases, se aferraban a este saber y no se desprendían de él. ¿Cuál fue el único resultado posible al final? No quisieron reconocer que el Señor Jesús era el Mesías que habría de llegar ni que había verdad en lo que Él decía, y menos todavía que lo que Él hacía estaba en consonancia con la verdad. Condenaron al Señor Jesús con acusaciones sin fundamento, pero en realidad, dentro de sí, ¿sabían si eran legítimos estos pecados por los que lo condenaron? Lo sabían. Entonces, ¿por qué, pese a ello, lo condenaron de ese modo? (No querían creer que fuera posible que el todopoderoso Dios que tenían presente fuera el Señor Jesús, esta imagen de un Hijo del hombre corriente). No querían aceptar este hecho. ¿Y cuál era la naturaleza de su negativa a aceptarlo? ¿No había en esto un intento de razonar con Dios? Lo que querían decir era: “¿Sería capaz Dios de hacer eso? Si Dios se hubiese encarnado, debería haber nacido, sin duda, de un linaje distinguido. Es más, debe aceptar la tutela de los escribas y fariseos, adquirir este saber y leer mucho las Escrituras. Solo cuando tenga este saber podrá adoptar el tratamiento de ‘encarnación’”. Creían, en primer lugar, que Tú no tienes esta capacidad, por lo que no eres Dios; en segundo lugar, que sin este saber no puedes llevar a cabo la obra de Dios, y menos aún ser Dios; en tercer lugar, que no puedes obrar fuera del templo: ahora no estás en el templo, siempre estás entre pecadores, así que el trabajo que haces trasciende el alcance de la obra de Dios. ¿En qué basaron su condena? En las Escrituras, en el pensamiento del hombre y en la formación teológica que habían recibido. Henchidos de nociones, fantasías y saber, creían que este era correcto, que era la verdad, el fundamento, y Dios no podía contravenir nunca estas cosas. ¿Buscaban la verdad? No. Lo que buscaban eran sus nociones, fantasías y experiencias, y trataban de utilizarlas para definir a Dios y determinar si tenía razón o no. ¿Cuál fue el resultado final de esto? Que condenaron la obra de Dios y lo crucificaron.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (7)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Por qué se ha circunscrito al “cristianismo” a las personas religiosas que creen en el Señor? ¿Por qué son clasificadas actualmente como un grupo religioso y no como la casa de Dios, la iglesia de Dios, el objeto de la obra de Dios? Tienen un dogma, recopilan la obra realizada por Dios y las palabras que dijo en un libro y en materiales didácticos, y luego abren escuelas para iniciar y formar a todo tipo de teólogos. ¿Estudian la verdad estos teólogos? (No). Entonces, ¿qué estudian? El saber teológico, que no tiene nada que ver con la obra de Dios ni con las verdades que dice Dios. Al hacerlo, se circunscriben al cristianismo. ¿Qué defiende el cristianismo? Si vas a una iglesia, te preguntarán cuánto hace que crees en Dios, y cuando digas que acabas de empezar, no te harán caso. Sin embargo, si entras Biblia en mano y dices “me acabo de graduar en tal o cual seminario teológico”, te pedirán que tomes asiento en el sitial. Esto es el cristianismo. Todos esos que están en el púlpito han estudiado Teología, se han formado en un seminario y están en posesión de conocimientos y teorías teológicos; son, básicamente, el pilar del cristianismo. El cristianismo los forma para que prediquen en el púlpito, para que vayan de un sitio a otro evangelizando y trabajando. Piensan que el valor del cristianismo radica en personas tan capacitadas como estos estudiosos de la teología, estos pastores y teólogos que predican sermones; son su capital. Si el pastor de una iglesia se graduó de un seminario, explica bien las Escrituras, ha leído algunos libros espirituales y tiene algo de conocimiento y facilidad de palabra, entonces la iglesia prospera y tiene una reputación mucho mejor que otras iglesias. ¿Qué defienden estas personas pertenecientes al cristianismo? El saber. ¿Y de dónde viene este saber? Es un legado de la Antigüedad. En la Antigüedad existían las Escrituras, que se transmitieron de generación en generación; cada generación las ha leído y aprendido hasta el día de hoy. El hombre dividió la Biblia en distintos apartados y ha sacado diversas ediciones para que la gente la estudie detenidamente y aprenda. Sin embargo, no aprende a entender la verdad y a conocer a Dios ni a comprender Su voluntad, temerlo y evitar el mal; por el contrario, estudia detenidamente el saber contenido en la Biblia. A lo sumo, investiga los misterios que contiene, mira qué profecías del Libro del Apocalipsis se cumplieron en determinado período, cuándo llegarán los grandes desastres, cuando llegará el milenio... Esto es lo que estudia. ¿Y lo que estudia guarda relación con la verdad? No. ¿Por qué estudia cosas no relacionadas con la verdad? Cuanto más las estudia, más cree entenderlas y más se equipa con letras y doctrina. También aumenta el capital de estas personas. A mayor titulación, más capacitadas se creen, más perfecta consideran su fe en Dios y más probable es que crean que se salvarán y entrarán en el reino celestial. Esto es lo que se conoce como acumulación de capital, al igual que se acumulan títulos académicos en el mundo de los incrédulos.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (7)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La mejor manera de cambiar el carácter humano es corregir las cosas profundamente envenenadas que están en las profundidades del corazón de las personas, permitiéndoles empezar a modificar su pensamiento y su moralidad. En primer lugar, los seres humanos necesitan ver con claridad que todos estos ritos, actividades, fechas, y festividades religiosas son detestables para Dios. Deberían liberarse de estos lazos de pensamiento feudal y erradicar todos los vestigios profundos de su propensión a la superstición. Todos estos forman parte de la entrada de la humanidad. Tenéis que entender por qué Dios conduce a la humanidad a salir del mundo secular y a alejarse de las normas y las regulaciones. Esta es la puerta para vuestra entrada y, aunque estas cosas no tengan nada que ver con vuestra experiencia espiritual, son las cosas principales que os bloquean la entrada, vuestro conocimiento de Dios. Forman una red que enreda a las personas. Muchos leen demasiado la Biblia y hasta pueden recitar numerosos pasajes de ella. Hoy, en su entrada, la usan de manera inconsciente para medir la obra de Dios como si ella fuera la base y la fuente de esta etapa de Su obra. Cuando la obra de Dios está en línea con la Biblia, las personas la apoyan con firmeza y consideran a Dios con recién descubierta estima; cuando la obra de Dios es contraria a la Biblia, las personas se angustian tanto que empiezan a sudar y a buscar en ella la base de la obra de Dios; si esta no se menciona en la Biblia, ignorarán a Dios. Se puede afirmar que la mayoría de los seres humanos aceptan con cautela, obedecen con selectividad y sienten indiferencia hacia la obra presente de Dios; en cuanto a las cosas del pasado, se aferran a la mitad y dejan la otra parte. ¿Se le puede llamar entrada a esto? Las personas consideran que los libros de otros son tesoros, y los tratan como la llave de oro que abre la puerta del reino, y sencillamente no muestran interés en los requisitos que Dios tiene hoy. Además, muchos “expertos inteligentes” sostienen las palabras de Dios en la mano izquierda, mientras que en la derecha sostienen las “obras maestras” de otros, como si quisieran hallar la base de las palabras de Dios en dichas obras maestras para demostrar por completo que las palabras de Dios son correctas y hasta explican las palabras de Dios a los demás integrándolas en esas grandes obras, como si trabajaran. A decir verdad, muchos “investigadores científicos” entre la humanidad nunca tienen un buen concepto de los últimos logros científicos actuales, éxitos científicos sin precedentes (es decir, la obra de Dios, las palabras de Dios y la senda para la entrada a la vida), de modo que todas las personas son “autosuficientes”, “predican” a todo lo largo y ancho confiando en su elocuencia, alardeando “del buen nombre de Dios”. Sin embargo, su propia entrada está en peligro y los requisitos de Dios parecen tan lejanos como desde la creación hasta este momento. ¿Cómo de fácil resulta hacer la obra de Dios? Al parecer, las personas ya han decidido dejar una mitad de sí mismas al ayer y traer la mitad al presente, entregarle la mitad a Satanás y ofrecerle la otra mitad a Dios, como si esta fuera la forma de aliviar su conciencia y sentir alguna sensación de consuelo. El mundo interior de las personas es demasiado insidioso; temen no sólo perder el mañana, sino también el ayer, profundamente temerosos tanto de ofender a Satanás como al Dios de hoy que parece ser y no ser. Al ser tan inadecuado el cultivo del pensamiento y de la moral de los seres humanos, su capacidad de discernir es particularmente escasa y simplemente no pueden decir si la obra de hoy es de Dios o no. Tal vez se deba a que el pensamiento supersticioso feudal humano es tan profundo que hace mucho tiempo ya que han colocado la superstición y la verdad, a Dios y a los ídolos, en la misma categoría; no se preocupan por distinguir entre estas cosas y parece que no pueden discernir claramente a pesar de devanarse los sesos. Por esta razón, los seres humanos se detienen en seco y ya no siguen hacia adelante. Todas estas cosas surgen de la falta de una educación ideológica correcta en las personas, que provoca grandes dificultades para su entrada. Como resultado, las personas nunca tienen ningún interés en la obra del Dios verdadero, sino que se apegan persistentemente a[1] la obra del hombre (como en el caso de aquellos a los que consideran grandes hombres), como si hubieran sido marcados por ella. ¿No son estas las últimas lecciones en las que la humanidad debe entrar?

Extracto de ‘La obra y la entrada (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Nota al pie:

1. “Se apegan persistentemente a” se usa de forma burlona. Esta frase indica que las personas son tozudas e intratables, ya que se aferran a cosas obsoletas y no están dispuestas a abandonarlas.

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