132. Principios del trato al prójimo en función de su esencia

(1) Nunca contemples al prójimo en función de las nociones y fantasías humanas ni de la cultura tradicional. Hay que considerarlo exclusivamente en función de las verdades de las palabras de Dios, lo que constituye el único modo de apreciar claramente la esencia de cada tipo de persona.

(2) No definas a la gente por su desempeño en un momento dado. Hay que juzgar su esencia por cómo se desempeña a lo largo del tiempo, lo que constituye el único modo de tratar al prójimo de forma justa.

(3) No hay que considerar malvadas a las personas de carácter arrogante y santurrón ni a aquellas que han cometido una transgresión pero son capaces de aceptar la verdad. Hay que ayudarlas con amor.

(4) Siempre que se confirme que alguien es, en esencia, una persona malvada, un espíritu maligno, un anticristo o un incrédulo, hay que purgar o expulsar a esa persona, tal como lo establece la iglesia.

(5) Entre los incrédulos se hallan los mentirosos, que con frecuencia manifiestan opiniones equivocadas, albergan nociones de Dios y están a la defensiva contra Él. Hay que purgarlos o expulsarlos.

Las palabras relevantes de Dios:

En palabras de Dios, ¿qué principio se menciona respecto a cómo deben tratarse las personas unas a otras? Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia. Es decir, las personas a las que Dios ama, las que buscan realmente la verdad y hacen la voluntad de Dios, son a las que deberías amar. Aquellas que no hacen la voluntad de Dios, que lo odian, que le desobedecen y que Él desprecia, son también a las que deberíamos despreciar y rechazar. Eso es lo que la palabra de Dios exige. Si nuestros padres no creen en Dios, entonces lo odian. Si odian a Dios, es evidente que Él los despreciará. Si se nos pide que los despreciemos, ¿podemos hacerlo? Si ellos pueden resistirse a Dios y maldecirlo, Él los aborrece y los maldice sin duda. Bajo estas circunstancias, si tus padres no te impiden creer en Dios, o si llegan al punto de impediros creer en Dios, ¿cómo los tratarás? Deberías actuar conforme a la exigencia de la palabra de Dios: “Ama lo que Dios ama, odia lo que Dios odia”. Además, durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quiénes son Mis hermanos, Mis padres y Mis hermanas? Sólo aquellos que hacen la voluntad de Mi Padre son Mis hermanos, Mis hermanas y Mis padres”. Este dicho ya existía en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más apropiadas: “Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas son a menudo incapaces de apreciar su verdadero sentido.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si tienes la verdad o si resistes a Dios depende de tu esencia, no de tu apariencia o de cómo hables o te comportes ocasionalmente. El que un individuo vaya a ser destruido o no se determina por su esencia; se decide de acuerdo con la esencia revelada por su conducta y su búsqueda de la verdad. Entre las personas que son iguales al hacer la obra y hacen cantidades similares de obras, aquellas cuyas esencias humanas sean buenas y que posean la verdad son las personas a las que se les permitirá permanecer, pero aquellas cuya esencia humana sea mala y desobedezcan al Dios visible son las que serán objetos de la destrucción. Todas las palabras o la obra de Dios relacionadas con el destino de la humanidad tratarán adecuadamente con las personas según la esencia de cada persona; no ocurrirá el menor error y no habrá ni un solo fallo. Solo cuando las personas llevan a cabo una obra la emoción o el significado humanos entran en juego. La obra que Dios hace es la más adecuada; Él definitivamente no presenta afirmaciones falsas contra ninguna criatura. Ahora hay muchas personas que son incapaces de percibir el destino futuro de la humanidad y que no creen las palabras que Yo declaro, Todos los que no creen, junto con los que no practican la verdad, ¡son demonios!

Hoy en día, los que buscan y los que no buscan son dos clases completamente diferentes de personas cuyos destinos son también muy diferentes. Los que buscan el conocimiento de la verdad y practican la verdad son aquellos a los que Dios traerá la salvación. Los que no conocen el camino verdadero son demonios y enemigos; son los descendientes del arcángel y van a ser objetos de la destrucción. Incluso los que son creyentes piadosos de un Dios ambiguo ¿no son también demonios? Las personas que tienen una buena conciencia, pero no aceptan el camino verdadero, son demonios; su esencia es de resistencia hacia Dios. Los que no aceptan el camino verdadero son los que resisten a Dios; incluso si estas personas sufren muchas dificultades, aun así, van a ser destruidas. Todos los que no están dispuestos a abandonar el mundo, que no pueden soportar separarse de sus padres y que no pueden soportar deshacerse de sus propios deleites de la carne, son desobedientes a Dios y todos van a ser objetos de la destrucción. Cualquiera que no crea en Dios encarnado es demoniaco y, es más, va a ser destruido. Los que tienen fe, pero no practican la verdad, los que no creen en el Dios encarnado, y los que de ningún modo creen en la existencia de Dios, también van a ser objetos de la destrucción. A todos los que se les permita permanecer son personas que han pasado por el sufrimiento del refinamiento y han permanecido firmes; estas son personas que verdaderamente han padecido pruebas. Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, ¡cualquiera que no reconoce a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios? ¿No son esos los que verbalmente afirman tener fe, pero carecen de la verdad? ¿No son esos los que solo buscan el obtener las bendiciones, mientras que no pueden dar testimonio de Dios? Todavía te mezclas con esos demonios hoy y tienes conciencia de ellos y los amas, pero, en este caso, ¿no estás extendiendo buenas intenciones hacia Satanás? ¿No te estás asociando con los demonios? Si hoy en día las personas siguen sin ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, y continúan siendo ciegamente amorosas y misericordiosas sin ninguna intención de buscar la voluntad de Dios y siguen sin ser capaces de ninguna manera de albergar las intenciones de Dios como propias, entonces su final será mucho más desdichado. Cualquiera que no cree en el Dios en la carne es un enemigo de Dios. Si puedes tener conciencia y amor hacia un enemigo, ¿no te falta un sentido de justicia? Si eres compatible con los que Yo detesto y con los que estoy en desacuerdo, y aun así tienes amor o sentimientos personales hacia ellos, entonces ¿acaso no eres desobediente? ¿No estás resistiéndote a Dios de una manera intencionada? ¿Posee la verdad una persona así? Si las personas tienen conciencia hacia los enemigos, amor hacia los demonios y misericordia hacia Satanás, ¿no están perturbando de manera intencionada la obra de Dios? Esas personas que creen solo en Jesús y no creen en Dios encarnado durante los últimos días, y aquellas que verbalmente afirman creer en Dios encarnado, pero hacen el mal, todas son anticristos, sin mencionar a aquellas que ni siquiera creen en Dios. Todas estas personas serán objetos de la destrucción. El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuya conducta es buena es una persona justa y uno cuya conducta es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto.

Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

La mayoría de las personas han cometido trasgresiones, por ejemplo, algunas se resistieron a Dios, otras se rebelaron contra Él, otras se quejaron de Él y otras cometieron actos contra la iglesia o hicieron cosas que perjudicaron a la casa de Dios. ¿Cómo deberían ser tratadas estas personas? Su final será determinado según su naturaleza y a su conducta persistente. Algunas personas son malvadas, algunas son necias, algunas son bobas y otras son animales. Todas las personas son distintas. Algunas personas malvadas están poseídas por espíritus malignos, mientras que otras son mensajeras de Satanás, el diablo. Respecto a su naturaleza, algunas son particularmente siniestras, algunas son particularmente astutas, algunas son especialmente avariciosas de dinero, mientras que otras son sexualmente promiscuas. La conducta difiere de una persona a otra, de modo que cada cual debería considerarse de una forma exhaustiva según su naturaleza y su conducta personales. En consonancia con la carne mortal del hombre, quienquiera que sea éste, su instinto consiste simplemente en tener libre albedrío, ser tan sólo capaz de pensar en las cosas, pero sin tener la facultad de penetrar directamente en el mundo espiritual. Así como cuando crees en el Dios verdadero y te gustaría aceptar esta etapa de Su nueva obra, pero sin que nadie te predique el evangelio, mediante la mera obra del Espíritu Santo, sólo con Su esclarecimiento y guiándote a algún lugar, es imposible que sepas lo que Dios llevará a cabo en el futuro. Las personas no pueden comprender a Dios, no poseen esa facultad. No tienen la capacidad de llegar a entender directamente el mundo espiritual ni ver a través de la obra de Dios, y menos aún afirmar que servirán a Dios como un ángel, con mayor disposición. A menos que Dios haya conquistado, salvado y reformado a las personas o les haya dado de beber y les haya suministrado las cosas que salen de Él, ellas son incapaces de aceptar la nueva obra. Si Dios no lleva a cabo Su obra, las personas no tendrán esto en su interior, y es algo que decide el instinto del hombre. Por tanto, cuando oigo cosas como que las personas se resisten o se rebelan, parece que me enfado mucho, pero entonces considero los instintos de los hombres y trato con ello de una forma distinta. Por tanto, cualquier obra realizada por Dios está bien medida. Él sabe qué hacer y cómo llevarlo a cabo. Sin lugar a dudas Él no les exige que hagan aquellas cosas que no pueden hacer por instinto. Dios trata con cada persona según el ambiente y el contexto del momento, la situación real, las acciones de las personas y su comportamiento y sus expresiones. Dios no agraviará nunca a nadie. Esta es la justicia de Dios. Como ves, Eva comió del árbol del conocimiento del bien y del mal cuando fue engañada por la serpiente. Sin embargo, Jehová no le regañó, ¿verdad? No le dijo: «¿Por qué comes? Te dije que no comieras; ¿entonces por qué lo haces? Deberías tener discernimiento y saber que la serpiente sólo habla para seducirte». Dios no dijo esto ni la culpó. Como Él creó a las personas, sabe cuáles son los instintos de éstas, de qué están hechos esos instintos, hasta qué punto pueden las personas controlarlos y lo que pueden hacer las personas. Cuando Dios trata con alguien, cuando adopta una actitud hacia alguien —ya sea desdeñar, odiar o sentir repugnancia—, lo hace basándose en un entendimiento pleno del contexto de las palabras y de las situaciones de las personas. Éstas siempre piensan que Dios sólo tiene divinidad, que Dios es justo y que no se le puede ofender. Piensan que no tiene humanidad alguna, que no considera las dificultades de las personas y que no se pone en el lugar de ellas; que Dios castigará a las personas mientras no sigan la verdad y que se acordará si alguien se resiste, aunque sólo sea un poco y las castigará después. En realidad, éste no es el caso. Si entiendes la justicia de Dios, la obra de Dios y el trato que les da a las personas en este sentido, entonces estás gravemente equivocado. La base que Dios usa en su trato con las personas es inimaginable para el hombre. Dios es justo y convencerá sinceramente a todas las personas más temprano que tarde.

Extracto de ‘¿En qué se basa Dios para tratar a la gente?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hay algunas personas cuya fe nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no los reconoce como seguidores suyos porque no elogia sus creencias. Para estas personas, independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y opiniones nunca han cambiado. Son como los incrédulos, se adhieren a sus principios y maneras de hacer las cosas y a las leyes de supervivencia y fe de los incrédulos. Nunca han aceptado la palabra de Dios como su vida ni creyeron que Su palabra fuera la verdad, ni tuvieron intención de aceptar Su salvación, y nunca lo reconocieron como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado, tratan a Dios como un mero sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter o Su esencia. Se podría decir que todo lo que corresponde al Dios verdadero no tiene nada que ver con estas personas, no están interesadas ni se les puede importunar para que presten atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les advierte siempre: “Dios es invisible e intocable, y Dios no existe”. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos; y que al hacerlo se engañarían a sí mismos. Creen que simplemente al reconocer a Dios de palabra sin adoptar ninguna postura real o dedicarse a una acción real están siendo muy listos. ¿Cómo considera Dios a estas personas? Las ve como incrédulos. Algunos preguntan: “¿Pueden leer los incrédulos la palabra de Dios? ¿Pueden cumplir con sus deberes? ¿Pueden pronunciar las palabras: ‘Viviré para Dios’?”. Lo que los seres humanos ven con frecuencia son las demostraciones que exhiben en la superficie; no ven las esencias de las personas. Sin embargo, Dios no mira estas exhibiciones superficiales; Él sólo ve sus esencias interiores. Por tanto, esta es la clase de actitud y definición de Dios hacia estas personas.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están dando rienda suelta a su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Tales personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos. Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo su carácter ha sido corrompido por Satanás, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hay un tipo de personas capaces de tratar a cualquiera con amor, servicialidad y tolerancia, pero, exclusivamente con Dios, son irreconciliables y Su enemigo declarado. Cuando se encuentran con algo que afecta a la verdad, a lo que Dios dice y exige, no solo no pueden aceptarlo, generan dificultades, lo ponen en duda a cada paso y propagan nociones, sino que también hacen muchas cosas en detrimento del trabajo de la casa de Dios, de tal manera que, cuando algo afecta a sus intereses, son incluso capaces de sublevarse para protestar contra Dios. ¿Qué tipo de personas son estas? (Personas que odian a Dios). El odio a Dios es un aspecto de la naturaleza de todas las personas y todas ellas tienen esta esencia; sin embargo, en algunas no es tan grave. ¿Por qué, entonces, este tipo de personas odian tanto a Dios? Son enemigos de Dios, diablos; hablando claro, ¡son demonios vivientes! ¿Se encuentran esos demonios vivientes entre las personas que Dios salva? (No). Por tanto, si identificáis correctamente a algunas personas de la iglesia como demonios vivientes de este tipo, debéis purgarlas inmediatamente de allí. Si una persona se comporta bastante bien en general, pero tiene únicamente un lapso momentáneo en su estado, o si su estatura es demasiado pequeña para comprender la verdad y provoca una interrupción o perturbación leve, pero ni este comportamiento es constante ni esa persona es así por naturaleza, se la puede mantener. Hay quienes tienen puntos fuertes en un aspecto a pesar de su humanidad un tanto deficiente: Están dispuestos a prestar servicio y preparados para sufrir, y en circunstancias normales cumplen muy adecuadamente con el deber y son aplaudidos por todos; o si no lo son, al menos no se han beneficiado a costa de otro. También se puede mantener a estas personas y, aunque no se puede decir que se salvarán necesariamente, al menos pueden prestar servicio y de su búsqueda personal depende que puedan servir o no hasta el final. Sin embargo, si dicha persona es un demonio viviente y enemiga de Dios, jamás podrá salvarse. Esto es una certeza y hay que purgarla de la iglesia. A algunos se les purga para ofrecerles una oportunidad de arrepentirse, para darles una lección; a otros, porque se ha comprobado cómo es su naturaleza y no pueden salvarse. Cada persona es distinta. Algunos purgados, pese a su estado deprimido y nebuloso, no han abandonado el deber y siguen llevándolo a cabo; no se hallan en un estado de nulo cumplimiento del deber y las sendas que toman no son las mismas.

Extracto de ‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Anterior: 131. Principios del trato justo al prójimo

Siguiente: 135. Principios del trato a las personas con diversas actitudes arrogantes

Los desastres son frecuentes. ¿Quieres saber cómo recibir al Señor antes de los grandes? Contáctanos ahora y exploremos juntos para encontrar el camino.
Contacta con nosotros por Messenger
Contacta con nosotros por WhatsApp

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro