132. Principios del trato al prójimo en función de su esencia

(1) Nunca contemples al prójimo en función de las nociones y fantasías humanas ni de la cultura tradicional. Hay que considerarlo exclusivamente en función de la verdad-palabra de Dios, lo que constituye el único modo de apreciar claramente la esencia de cada tipo de persona.

(2) No definas a la gente por su desempeño en un momento dado. Hay que juzgar su esencia por cómo se desempeña a lo largo del tiempo, lo que constituye el único modo de tratar al prójimo de forma justa.

(3) No hay que considerar malvadas a las personas de carácter arrogante y santurrón ni a aquellas que han cometido una transgresión pero son capaces de aceptar la verdad. Hay que ayudarlas con amor.

(4) Siempre que se confirme que alguien es, en esencia, una persona malvada, un espíritu maligno, un anticristo o un incrédulo, hay que purgar o expulsar a esa persona, tal como lo establece la iglesia.

(5) Entre los incrédulos se hallan los mentirosos, que con frecuencia manifiestan opiniones equivocadas, albergan nociones de Dios y están a la defensiva contra Él. Hay que purgarlos o expulsarlos.

Las palabras relevantes de Dios:

¿En palabras de Dios, qué principio se menciona respecto a cómo deben tratarse las personas unas a otras? Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia. Es decir, las personas a las que Dios ama, las que buscan realmente la verdad y hacen la voluntad de Dios, son a las que deberías amar. Aquellas que no hacen la voluntad de Dios, que lo odian, que le desobedecen y que Él desprecia, son también a las que deberíamos despreciar y rechazar. Eso es lo que la palabra de Dios exige. Si tus padres no creen en Dios, lo odian; y si lo odian, seguro que Dios abomina de ellos. Así pues, si te mandaran odiar a tus padres, ¿podrías hacerlo? Si se oponen a Dios y lo vilipendian, son, sin duda, unas personas a las que Él odia y maldice. En semejantes circunstancias, ¿cómo debes tratar a tus padres tanto si te impiden creer en Dios como si no? Durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? […] Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Este dicho ya existía en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más apropiadas: “Ama lo que Dios ama, y odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas son a menudo incapaces de apreciar su verdadero sentido.

Extracto de ‘Sólo reconociendo tus opiniones equivocadas puedes conocerte a ti mismo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Si tienes la verdad o si resistes a Dios depende de tu esencia, no de tu apariencia o de cómo hables o te comportes ocasionalmente. Que un individuo vaya a ser destruido o no se determina por su esencia; se decide de acuerdo con la esencia revelada por su conducta y su búsqueda de la verdad. Entre las personas que son iguales por hacer obra y hacen cantidades similares de obras, aquellas cuyas esencias humanas sean buenas y que posean la verdad son las personas a las que se les permitirá permanecer, pero aquellas cuya esencia humana sea mala y desobedezcan al Dios visible son las que serán objeto de la destrucción. Todas las palabras o la obra de Dios relacionadas con el destino de la humanidad tratarán adecuadamente con las personas, según la esencia de cada una; no se cometerá el menor error y no habrá ni una sola falla. Solo cuando las personas llevan a cabo una obra, la emoción o el significado humanos entran en juego. La obra que Dios hace es la más adecuada; Él definitivamente no presenta reclamos falsos contra ninguna criatura. Ahora hay muchas personas que son incapaces de percibir el destino futuro de la humanidad y que no creen las palabras que Yo declaro, Todos los que no creen, junto con los que no practican la verdad, ¡son demonios!

Hoy en día, los que buscan y los que no buscan son dos clases completamente diferentes de personas cuyos destinos son también muy diferentes. Los que buscan el conocimiento de la verdad y practican la verdad son aquellos a los que Dios traerá la salvación. Los que no conocen el camino verdadero son demonios y enemigos; son los descendientes del arcángel y van a ser objeto de la destrucción. Incluso los que son creyentes piadosos de un Dios ambiguo ¿no son también demonios? Las personas que tienen una buena conciencia, pero no aceptan el camino verdadero, son demonios; su esencia es de resistencia hacia Dios. Los que no aceptan el camino verdadero son los que se resisten a Dios; incluso si estas personas sufren muchas dificultades, aun así, van a ser destruidas. Todos los que no están dispuestos a abandonar el mundo, que no pueden soportar separarse de sus padres y que no pueden soportar deshacerse de sus propios deleites de la carne, son desobedientes a Dios y todos van a ser objeto de la destrucción. Cualquiera que no crea en Dios encarnado es demoniaco y, es más, va a ser destruido. Los que tienen fe, pero no practican la verdad, los que no creen en el Dios encarnado y los que de ningún modo creen en la existencia de Dios, también van a ser objeto de la destrucción. A todos los que se les permitirá permanecer son personas que han pasado por el sufrimiento del refinamiento y han permanecido firmes; estas son personas que verdaderamente han padecido pruebas. Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, cualquiera que no reconoce a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, ¡es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios? ¿No son esos los que verbalmente afirman tener fe, pero carecen de la verdad? ¿No son esos los que solo buscan el obtener las bendiciones, mientras que no pueden dar testimonio de Dios? Todavía hoy te mezclas con esos demonios y tienes conciencia de ellos y los amas, pero, en este caso, ¿no estás teniendo buenas intenciones con Satanás? ¿No te estás asociando con los demonios? Si hoy en día las personas siguen sin ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, y continúan siendo ciegamente amorosas y misericordiosas sin ninguna intención de buscar la voluntad de Dios y siguen sin ser capaces de ninguna manera de albergar las intenciones de Dios como propias, entonces su final será mucho más desdichado. Cualquiera que no cree en el Dios en la carne es Su enemigo. Si puedes tener conciencia y amor hacia un enemigo, ¿no careces del sentido de justicia? Si eres compatible con los que Yo detesto y con los que estoy en desacuerdo, y aun así tienes amor o sentimientos personales hacia ellos, entonces ¿acaso no eres desobediente? ¿No estás resistiéndote a Dios de una manera intencionada? ¿Posee la verdad una persona así? Si las personas tienen conciencia hacia los enemigos, amor hacia los demonios y misericordia hacia Satanás, ¿no están perturbando de manera intencionada la obra de Dios? Esas personas que creen solo en Jesús y no creen en Dios encarnado durante los últimos días, y aquellas que verbalmente afirman creer en Dios encarnado, pero hacen el mal, todas son anticristos, sin mencionar a aquellas que ni siquiera creen en Dios. Todas estas personas serán objetos de la destrucción. El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuya conducta es buena es una persona justa y uno cuya conducta es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto.

Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

La mayoría de las personas han cometido trasgresiones. Por ejemplo, algunas se han opuesto a Dios, otras se han rebelado contra Él, otras se han quejado de Él y otras han hecho cosas perjudiciales contra la iglesia o que causaron daño a la casa de Dios. ¿Cómo deberían ser tratadas estas personas? Su final será determinado según su naturaleza y su conducta constante. Algunas personas son malvadas, algunas son necias, algunas son bobas y otras son bestias. Todos son distintos. Algunas personas malvadas están poseídas por espíritus malignos, mientras que otras son lacayas de Satanás, el diablo. Respecto a su naturaleza, algunas son particularmente siniestras, algunas son particularmente astutas, algunas son especialmente avariciosas con el dinero y que otras disfrutan siendo sexualmente promiscuas. La conducta difiere de una persona a otra, de modo que la gente debería considerarse de una forma exhaustiva según su naturaleza y su conducta individuales. Según los instintos de la carne mortal del hombre, quienquiera que sea una persona, su instinto consiste simplemente en tener libre albedrío, ser capaz de pensar en las cosas, pero no tiene la facultad de penetrar directamente en el mundo espiritual. Es como cuando crees en el Dios verdadero y te gustaría aceptar esta etapa de Su nueva obra, pero nadie ha venido a predicarte el evangelio; solo tienes la obra del Espíritu Santo para esclarecerte y guiarte a algún sitio. Por tanto, es imposible que sepas lo que Dios llevará a cabo en el futuro. Las personas no pueden comprender a Dios, no poseen esa facultad, ni tienen la capacidad de llegar a comprender directamente el mundo espiritual ni de entender completamente la obra de Dios, y menos aún servirle con el mayor afán, como un ángel. A menos que Dios los haya conquistado y reformado o los haya regado y les haya suministrado las verdades que expresa, ellas son incapaces de aceptar la nueva obra. Si Dios no lleva a cabo Su obra, las personas no tendrán estas cosas en su interior, y es algo que decide su instinto. Por tanto, cuando algunas personas se oponen o rebelan, se ganan la ira y el odio de Dios. Sin embargo, considerando su instinto, Dios trata cada caso de manera diferente y por separado. Por tanto, cualquier obra realizada por Dios está medida. Él sabe qué hacer y cómo llevarlo a cabo. Sin lugar a dudas Dios no les exige que hagan aquellas cosas que no pueden hacer por instinto. Él trata con cada persona según el ambiente y el contexto del momento, la situación real, las acciones de la persona y su comportamiento y sus expresiones. Dios no agraviará nunca a nadie. Esta es la justicia de Dios. Por ejemplo, Eva comió del árbol del conocimiento del bien y del mal cuando la serpiente le hizo comer, sin embargo, Jehová Dios no le regañó diciendo: “Te dije que no comieras; ¿entonces por qué lo haces? Deberías tener discernimiento y saber que la serpiente solo habló para seducirte”. Jehová Dios no dijo esto ni regañó a Eva. Como Él creó a los seres humanos, sabe cuáles son los instintos de éstas, de qué están hechos esos instintos, hasta qué punto pueden las personas controlarlos y lo que son capaces de hacer las personas. Cuando Dios se encarga de alguien, cuando adopta una actitud hacia alguien —ya sea aversión o repugnancia—, y cuando alguien dice ciertas cosas en determinadas situaciones, Dios entiende el estado de esa persona muy bien. Las personas siempre piensan que Dios solo tiene divinidad, que es justo y que no se le puede ofender. Asumen que no tiene humanidad alguna, que no considera las dificultades de las personas y que no se pone en el lugar de ellas; cree que Él castigará a las personas mientras no practiquen de acuerdo con la verdad y que se acordará si alguien se opone a Él, aunque solo sea un poco y castigará a esas personas después. En realidad, éste no es el caso. Si este es el tipo de idea que tienes sobre la justicia, la obra y la actitud de Dios hacia las personas, entonces estás gravemente equivocado. La base que Dios usa cuando maneja con a personas es inimaginable para el hombre. Dios es justo; Dios tiene Sus propios principios y hará que todos los humanos estén completamente convencidos tarde o temprano.

Extracto de ‘¿En qué se basa Dios para tratar a la gente?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Hay algunas personas cuya fe nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no las reconoce como seguidores suyos porque no elogia sus creencias. En el caso de estas personas, independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y puntos de vista nunca han cambiado. Son como los incrédulos, que se apegan a los principios, las maneras de hacer las cosas, las leyes de supervivencia y la fe de los incrédulos. Nunca han aceptado la palabra de Dios como su vida ni han creído que Su palabra sea la verdad ni han tenido la intención de aceptar Su salvación y nunca lo han reconocido como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado y tratan a Dios como un mero sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter o Su esencia. Se podría decir que nada de lo que corresponde al Dios verdadero tiene que ver con estas personas; no están interesadas ni se molestan en prestar atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les dice siempre: “Dios es invisible e intocable, y no existe”. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos, y que, si lo hacen, se engañarían a sí mismos. Creen que al reconocer a Dios solamente de palabra, sin adoptar ninguna postura real y sin emprender una acción real, están siendo muy listos. ¿Cómo ve Dios a estas personas? Las ve como incrédulas. Algunos preguntan: “¿Pueden leer los incrédulos la palabra de Dios? ¿Pueden cumplir con sus deberes? ¿Pueden pronunciar las palabras ‘Viviré para Dios’?”. Lo que los seres humanos ven con frecuencia son lo que demuestran las personas en un nivel superficial; no ven su esencia. Sin embargo, Dios no mira estas demostraciones superficiales; Él sólo ve su esencia interior. Así pues, esta es la clase de actitud y definición que Dios tiene hacia estas personas.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están dando rienda suelta a su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Tales personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos. Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo su carácter ha sido corrompido por Satanás, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás.

Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hay un tipo de personas capaces de tratar a cualquiera con amor, servicialidad y tolerancia, pero, exclusivamente con Dios, son irreconciliables y Su enemigo declarado. Cuando se encuentran con algo que afecta a la verdad, a lo que Dios dice y exige, no solo no pueden aceptarlo, generan dificultades, lo ponen en duda a cada paso y propagan nociones, sino que también hacen muchas cosas en detrimento del trabajo de la casa de Dios, de tal manera que, cuando algo afecta a sus intereses, son incluso capaces de sublevarse para protestar contra Dios. ¿Qué tipo de personas son estas? (Personas que odian a Dios). El odio a Dios es un aspecto de la naturaleza de todas las personas y todas ellas tienen esta esencia; sin embargo, en algunas no es tan grave. ¿Por qué, entonces, este tipo de personas odian tanto a Dios? Son enemigos de Dios, diablos; hablando claro, ¡son demonios vivientes! ¿Se encuentran esos demonios vivientes entre las personas que Dios salva? (No). Por tanto, si identificáis correctamente a algunas personas de la iglesia como demonios vivientes de este tipo, debéis purgarlas inmediatamente de allí. Si una persona se comporta bastante bien en general, pero tiene únicamente un lapso momentáneo en su estado, o si su estatura es demasiado pequeña para comprender la verdad y provoca una interrupción o perturbación leve, pero ni este comportamiento es constante ni esa persona es así por naturaleza, se la puede mantener. Hay quienes tienen puntos fuertes en un aspecto a pesar de su humanidad un tanto deficiente: Están dispuestos a prestar servicio y preparados para sufrir, y en circunstancias normales cumplen muy adecuadamente con el deber y son aplaudidos por todos; o si no lo son, al menos no se han beneficiado a costa de otro. También se puede mantener a estas personas y, aunque no se puede decir que se salvarán necesariamente, al menos pueden prestar servicio y de su búsqueda personal depende que puedan servir o no hasta el final. Sin embargo, si dicha persona es un demonio viviente y enemiga de Dios, jamás podrá salvarse. Esto es una certeza y hay que purgarla de la iglesia. A algunos se les purga para ofrecerles una oportunidad de arrepentirse, para darles una lección; a otros, porque se ha comprobado cómo es su naturaleza y no pueden salvarse. Cada persona es distinta. Algunos purgados, pese a su estado deprimido y nebuloso, no han abandonado el deber y siguen llevándolo a cabo; no se hallan en un estado de nulo cumplimiento del deber y las sendas que toman no son las mismas.

Extracto de ‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

En las iglesias hay quienes piensan que trabajar un poco o hacer algo arriesgado significa que han acumulado méritos y que sus actos los hacen ciertamente dignos de elogio. Sin embargo, su carácter y su actitud hacia la verdad son abominables; no aman la verdad, lo que por sí solo los hace aberrantes. Esas personas son despreciables. Cuando Dios ve que la gente tiene poca aptitud, ciertos defectos y un carácter corrupto o una esencia que se opone a Él, no siente rechazo ni la mantiene lejos de Él. Esa no es la voluntad de Dios ni Su actitud hacia el hombre. Dios no odia la poca aptitud de la gente, su necedad ni que tenga un carácter corrupto. Lo que realmente odia es que la gente deteste la verdad. Si detestas la verdad, solamente por eso, Dios nunca se deleitará en ti. Esto es inamovible. Si detestas la verdad, si no la amas, si eres indiferente, despectivo, orgulloso y hasta sientes repulsión, oposición y rechazo cuando Dios expresa la verdad, dichas manifestaciones harán que seas despreciado por Dios y no te salve. Si amas la verdad, aunque tu aptitud no sea mucha, no lleves mucho tiempo creyendo en Dios, suelas cometer errores y hagas tonterías; si te encanta que Dios hable de la verdad, si tu actitud hacia ella y hacia las palabras de Dios es honesta, sincera y entusiasta, si valoras y estimas la verdad, entonces Dios será misericordioso contigo. Dios no se inmuta por tu ignorancia y tu poca aptitud, pues tu actitud hacia la verdad es sincera y entusiasta y tu corazón es sincero; tu corazón y actitud son lo que Dios valora y siempre será misericordioso contigo, así que tienes esperanza de salvación. Por el contrario, si eres duro de corazón y autocomplaciente, si detestas la verdad y no amas todas las palabras de Dios ni lo que implica la verdad, nunca la tienes en cuenta y eres hostil y desdeñoso desde el fondo de tu corazón, ¿cuál es la actitud de Dios hacia ti? De asco, repugnancia y constante ira. ¿Qué dos características evidencia el carácter justo de Dios? Abundante misericordia y profunda ira. En “abundante misericordia”, “abundante” significa que la misericordia de Dios es tolerante, paciente, indulgente y el máximo amor, eso significa “abundante”. Como algunas personas son necias y de poca aptitud, Dios actúa de esta manera. Amas la verdad, pero eres necio y de poca aptitud, la actitud de Dios solo puede ser de abundante misericordia hacia ti. La misericordia incluye paciencia y tolerancia: Dios es tolerante y paciente hacia tu ignorancia, te concede fe y tolerancia suficientes para sustentarte, proveerte y ayudarte para que poco a poco entiendas la verdad y vayas madurando. ¿Sobre qué base se construye esto? Sobre la actitud de alguien que ama y anhela la verdad, que es sincero con Dios, hacia Sus palabras y hacia la verdad. Estas son las conductas fundamentales que debería manifestar la gente. Sin embargo, si alguien odia la verdad, si la detesta, la rechaza y es contrario a ella, si jamás la comparte con nadie y solamente habla de cuánto ha trabajado, de cuánta experiencia tiene, de todo aquello por lo que ha pasado, de cuánto lo estima Dios y de que le ha encomendado grandes tareas, si habla exclusivamente de ese caudal, de esos logros y de sus talentos, presume de todo ello y nunca habla de la verdad, no da testimonio de Dios ni comparte su entendimiento y sus experiencias sobre la verdad o sobre su conocimiento de Dios, ¿no es una persona contraria a la verdad? Esta es la manifestación de la falta de amor a la verdad. Algunos dicen: “¿Cómo puede escuchar sermones si no ama la verdad?”. ¿Ama la verdad todo el que escucha sermones? Algunas personas lo hacen por pura inercia, se ven forzadas a fingir delante de los demás porque temen que, si no participan en la vida de iglesia, la casa de Dios no reconozca su fe. ¿Cómo describe Dios esas actitudes hacia la verdad? Dios dice que no aman la verdad, que la detestan. Hay algo en su carácter que es decisivo para que vivan o mueran, más incluso que la arrogancia y el engaño: su odio a la verdad. Dios lo ve. Dado el carácter justo de Dios, ¿cómo trata a esas personas? Se muestra airado con quien interrumpe Su obra, se inmiscuye en ella y ofende Su carácter. Cuando Dios se muestra airado con alguien, lo reprende, o bien lo disciplina y castiga. Si no se opone deliberadamente a Dios, por el momento Dios será tolerante y observador y, debido a la situación u otras razones objetivas, utilizará a ese incrédulo para que le preste servicio. No obstante, en cuanto el entorno lo permita y el momento sea propicio, esta persona será erradicada de la casa de Dios, ya que ni siquiera es apta para prestarle servicio. Esa es la ira de Dios. ¿Por qué se muestra Dios tan sumamente airado? Porque ha definido el fin y la clasificación de las personas que detestan la verdad. Dios las clasifica en el bando de Satanás y, al mostrarse airado con ellas y detestarlas, les cierra la puerta, no les permite poner un pie en la casa de Dios y no les da la oportunidad de salvarse. Esta es una manifestación de la ira de Dios. Además, Dios las sitúa al nivel de Satanás, de los diablos inmundos, de los espíritus malignos y los incrédulos, y las descartará en el momento propicio. ¿No es esta una manera de ocuparse de ellas? Esa es la ira de Dios. ¿Y qué les aguarda una vez descartadas? Nunca más gozarán de la gracia, las bendiciones y la salvación de Dios.

En la Era de la Gracia se decía que Dios quería que toda persona se salvara y nadie sufriera la perdición. He aquí la actitud y el sentimiento de Dios respecto a la salvación de la humanidad, corrompida por Satanás. Es el deseo de Dios, pero en realidad muchos no aceptan Su salvación; son de Satanás y no se salvarán. Estas palabras muestran la actitud de Dios hacia toda la humanidad: Su amor no tiene límites, es incomparablemente inabarcable, poderoso. Sin embargo, a aquellos que detestan la verdad no está dispuesto a darles gratuitamente Su amor y salvación ni lo hará jamás. Esta es la actitud de Dios. ¿A qué equivale detestar la verdad? ¿A enfrentarse a Dios? ¿A serle abiertamente hostil? Equivale a decirle abiertamente: “No disfruto escuchando lo que dices. Si no me agrada, no es la verdad y no lo consideraré como tal. Solo será la verdad cuando lo admita y me agrade”. Con esa actitud hacia la verdad, ¿no eres abiertamente hostil a Dios? Si le eres abiertamente hostil, ¿te salvará? No. Este es el verdadero motivo de la ira de Dios. La esencia de la clase de personas que detestan la verdad es la hostilidad hacia Dios. Dios no trata como personas a quienes tienen esta esencia; los trata como enemigos, demonios, y jamás los salvará. Esta es la manifestación de la ira de Dios. […] Hay un motivo por el que Dios es tan sumamente airado hacia una persona o un tipo de persona. Este motivo no viene determinado por la predisposición de Dios, sino por la actitud de la persona hacia la verdad. Cuando alguien detesta la verdad, le es imposible alcanzar la salvación; no es un pecado que pueda perdonarse o no, no es una modalidad de conducta ni algo que se revele fugazmente en la persona; es su esencia-naturaleza y Dios detesta a esas personas por encima de todo. Si esto es lo que tú revelas ocasionalmente, reflexiona sobre si se debe a que no entiendes la verdad, has de buscar y necesitas el esclarecimiento y la ayuda de Dios, o si se debe a que eres contrario a la verdad desde lo más hondo de tu corazón. Si esa es tu esencia-naturaleza, si nunca has amado la verdad, si esta engendra aversión y asco en tu corazón y la desprecias, tienes un problema.

Extracto de ‘Comprender la verdad es crucial para cumplir adecuadamente el deber propio’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

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