52. Principios de tratarse adecuadamente a uno mismo

(1) Es necesario someterse a frecuente introspección y conocerse a uno mismo a la luz de las palabras de Dios, y ver a través de la verdad de la propia corrupción y de las propias deficiencias. Solo así puede uno alcanzar el autoconocimiento.

(2) Solo comprendiendo la verdad puede uno ver con claridad y saber que no posee nada en absoluto y no es más que un alma pobre, y solo así puede uno librarse de la arrogancia y la santurronería.

(3) Ante los reveses y fracasos, no hay que abandonarse a la desesperación. Solo llegando a conocerse a uno mismo mediante la introspección y buscando comprender la verdad puede uno tratarse a sí mismo de manera adecuada.

(4) Solo al ser juzgado, castigado, podado y tratado con las palabras de Dios, causando que el carácter corrupto de uno se purifique, puede uno practicar la verdad y vivir una semejanza humana.

Las palabras relevantes de Dios:

Cuando las personas son incapaces de considerar correctamente sus problemas prácticos, esto también afecta su conocimiento de Dios. Algunas, al percatarse de que son de poco calibre o de que han cometido transgresiones graves, se sumen en la desesperación y pierden la confianza. Ya no están dispuestas a sufrir dificultades para poner en práctica la verdad ni buscan transformar su carácter; creen que nunca han cambiado. En realidad, sí que han tenido lugar cambios en estas personas, pero ellas mismas no son capaces de darse cuenta. En vez de ello solo se centran en sus defectos y ya no están dispuestas a colaborar con Dios. Esto no solo retrasa su entrada normal, sino que también aumenta sus malentendidos sobre Dios. Aún más, influye en su destino. Por tanto, es una cuestión que debéis considerar con mucho cuidado para lograr una entrada más profunda y alcanzar los efectos de la transformación que deberíais obtener.

Algunas personas, a pesar de estar en medio de la negatividad, todavía pueden mantener una actitud de “ser fieles hasta el final, independientemente del resultado” cuando cumplen con su deber. Digo que esto es cambio, aunque vosotros mismos no seáis capaces de reconocerlo. En realidad, si te examinas cuidadosamente, verás que una parte de tu carácter corrupto ya ha cambiado; sin embargo, cuando te evalúas constantemente con las medidas más altas, no solo no serás capaz de satisfacerlas, sino que incluso negarás cualquier cambio que ya haya tenido lugar dentro de ti. Así es como te extravías. Si de verdad eres alguien que puede distinguir lo correcto de lo erróneo, entonces no hay perjuicio en hacer que seas consciente de los cambios que han ocurrido en tu interior; no solo puedes verlos, sino que además puedes encontrar una senda de práctica por delante. Cuando esto ocurra, verás que, siempre y cuando te esfuerces mucho, sigues teniendo esperanza, que no eres irredimible. Ahora mismo te digo: quienes pueden ver sus problemas de la forma correcta tienen esperanza; pueden salir de la negatividad.

Renuncias a la verdad porque crees que has traspasado el límite de poder ser salvo, así que acabas renunciando incluso a las verdades más fundamentales. Tal vez no se trate de que no puedas poner la verdad en práctica, sino más bien de que hayas descartado las oportunidades de hacerlo. Si desistes de la verdad, ¿puedes cambiar aún? Si desistes de la verdad, ¿dónde está el significado de tu creencia en Dios? Como se ha dicho ya: “Independientemente de cuándo se busque el cambio en el carácter nunca es incorrecto”. ¿Has olvidado estas palabras? Sin embargo, sentís que no tenéis esperanza. Si has perdido tu búsqueda positiva, ¿no aparecerán las cosas negativas? ¿Cómo podrás abstenerte de ser negativo entonces? Por ello, sigo diciéndote que tienes que verte correctamente y no renunciar a la verdad.

de ‘Tienes que verte correctamente y no renunciar a la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Las personas revelan un carácter corrupto. Esto es un hecho. Nadie puede evitarlo o escapar de él; deben afrontarlo. ¿Por qué es así? Algunos dicen: “Siempre revelo mi carácter corrupto. Nunca puedo cambiarlo. ¿Qué he de hacer? ¿Es así como soy? ¿Le desagrado a Dios? ¿Acaso me odia?”. ¿Es esa una actitud correcta? ¿Es correcto ese pensamiento? Que las personas tengan un carácter corrupto y lo revelen a menudo no significa que estén acabadas, que sea incurable. Que revelen con frecuencia un carácter corrupto prueba que su vida está controlada por el carácter corrupto de Satanás, que su esencia es la de Satanás. Deberían reconocer y aceptar este hecho. Existe una diferencia entre la esencia-naturaleza del hombre y la esencia de Dios. ¿Qué deben hacer después de reconocer este hecho? Cuando las personas delatan un carácter corrupto; cuando se entregan a los placeres de la carne y se alejan de Dios; o cuando Dios obra de una manera que está en desacuerdo con sus propias ideas y en su interior surgen quejas, deben ser conscientes de inmediato de que esto es un problema y un carácter corrupto. Se trata de una rebelión contra Dios, de una oposición a Él; no está de acuerdo con la verdad y es un anatema para Dios. Cuando las personas se den cuenta de estas cosas, no deben quejarse ni volverse negativas y ociosas, y menos aún molestarse. En cambio, han de ser capaces de una autorreflexión y un autoconocimiento más profundos. Además, deben poder presentarse ante Dios de forma proactiva y no ser pasivos. Deben asumir la responsabilidad de presentarse ante Dios para buscar y aceptar el reproche y la disciplina de Dios, y deben cambiar inmediatamente su estado, de manera que sean capaces de practicar de acuerdo con la verdad y las palabras de Dios, así como actuar de acuerdo con los principios. De esta manera, tu relación con Dios y tu estado interior se volverán cada vez más normales. Podrás identificar con mayor claridad el carácter corrupto, la esencia de la corrupción y los diversos feos estados de Satanás. Ya no pronunciarás palabras tan tontas e infantiles como “fue Satanás quien interfirió en mí” o “fue una idea que me dio Satanás”. En su lugar, tendrás un conocimiento exacto del carácter corrupto, de la esencia de la oposición de las personas a Dios y de la esencia de Satanás. Tendrás una forma más precisa de tratar estas cosas, y por tanto no te limitarán. Cuando hayas revelado un poco de carácter corrupto, transgredido o desempeñado tu deber de manera superficial, o cuando te encuentres a menudo en un estado pasivo y negativo, no te volverás débil ni perderás la fe en Dios y en Su salvación. No vivirás en medio de tales circunstancias, sino que te enfrentarás correctamente a tu propio carácter corrupto, y serás capaz de una vida espiritual normal y, cuando tu carácter corrupto se revele, podrás inmediatamente invertir su curso, vivir de una vez ante Dios y buscar Su disciplina y Su reproche. Tu carácter corrupto, la esencia de Satanás y tus diversos estados negativos y pasivos no te controlarán, sino que tendrás una fe creciente en la búsqueda de la verdad, en la salvación y en la aceptación del juicio, el castigo, la disciplina y el reproche de Dios. De esta manera, ¿acaso no vivirán las personas con libertad? Este es el camino para practicar y ganar la verdad, y también es el camino de la salvación. El carácter corrupto se ha arraigado profundamente en la gente; la esencia y la naturaleza de Satanás controlan sus pensamientos, comportamiento y mentalidad; sin embargo, en presencia de la verdad, la obra de Dios y Su salvación, nada de esto es preocupante y no presenta dificultades. Independientemente del carácter corrupto de las personas, de los problemas que tengan o sus limitaciones, hay un camino que pueden tomar. Existe una manera de resolver estas cosas, y existen verdades adecuadas con las que resolverlas. ¿Acaso no queda entonces esperanza para su salvación?

Extracto de La comunión de Dios

¿Es bueno o malo que la gente descubra la gravedad de sus problemas? Es bueno. Cuanto mayor capacidad tengas de descubrir tu propia corrupción, cuanto más exacto sea este descubrimiento y más puedas conocer tu propia esencia, entonces es más probable que te salves y te acerques a la salvación; cuanta menos capacidad tengas para descubrir tus problemas, cuanto más creas que eres una buena persona, una gran persona, entonces más lejos estarás del camino de la salvación y seguirás en gran peligro. Cualquiera que se pase todo el día de aquí para allá, haciendo alarde de sus logros, diciendo que tiene un pico de oro, que es razonable, que entiende la verdad, que sabe practicar la verdad y es capaz de hacer sacrificios, entonces es de una estatura especialmente baja. ¿Qué clase de persona tiene mayor esperanza de salvarse y es capaz de caminar por la senda de salvación? Aquellos que conocen verdaderamente su carácter corrupto. Cuanto más profundo sea su conocimiento, más cerca estarán de la salvación. Conocer tu carácter corrupto, saber que no eres nada, que eres inservible, un Satanás viviente; cuando de verdad conoces tu esencia, esto no es un problema grave. Se trata de algo bueno, no es malo. ¿Hay alguien que se vuelva más negativo cuanto más se conoce a sí mismo, y piense: “Todo ha terminado, me ha sobrevenido el juicio y castigo de Dios, es una sanción y una retribución, Dios no me quiere y no tengo esperanza de salvación”? ¿Tendrán estas personas tales ilusiones? De hecho, cuanta más gente reconozca lo desesperada que está, más esperanzas tendrán; no deben ser negativos y no deben darse por vencidos. Conocerse a uno mismo es algo bueno, es el camino que ha de tomarse para la salvación. Si eres completamente insensible a tu propio carácter corrupto y a tu esencia, en sus múltiples oposiciones a Dios, y si todavía no tienes ningún plan para cambiar, entonces estás en problemas; tales personas ya están entumecidas, están muertas. ¿Pueden volver los muertos a la vida? Ya están muertos, no pueden.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

El modo en que Dios trata a las personas no depende de su edad, del tipo de ambiente en el que nacieron o de lo talentosos que sean. Más bien, trata a las personas según su actitud hacia la verdad, que está relacionada con su carácter. Si tienes una actitud correcta hacia la verdad, una actitud de aceptación y humildad, entonces, aunque tengas un calibre bajo, Dios de todos modos te esclarecerá y te permitirá obtener algo. Si tienes buen calibre, pero siempre eres arrogante, y piensas constantemente que estás en lo correcto y no estás dispuesto a aceptar nada de lo que los demás dicen y siempre te estás resistiendo, entonces Dios no obrará en ti. Dirá que esta persona tiene un mal carácter y que no merece recibir nada e, incluso, te quitará lo que alguna vez tuviste. A esto se le conoce como ser expuesto. Está claro que no eres nada, que eres un inepto en todo, pero aun así piensas que eres bastante bueno, puedes lograr cualquier cosa, y eres mejor que todos los demás en todos los aspectos. Nunca discutes tus defectos o deficiencias delante de los demás, ni les dejas ver tus debilidades y tu negatividad. Siempre estás fingiendo competencia y dando a los demás una falsa impresión, haciéndoles creer que eres hábil en todo, que no tienes debilidades, que no necesitas ayuda, que no tienes necesidad de escuchar las opiniones de otros y que no necesitas aprender de las fortalezas de los demás para compensar tus propios defectos, mientras tratas de hacerles creer que siempre serás mejor que los demás. ¿Qué clase de carácter es este? (Arrogancia). Una persona así vive una vida patética. ¿Es realmente rico? No es rico; no aprende ni acepta cosas nuevas. Por dentro, está muy marchito, limitado y empobrecido. Tal persona no entiende los principios detrás de nada, no puede comprenderlos, no tiene entendimiento de la voluntad de Dios y solo sabe apegarse a las reglas y dedicar mucho esfuerzo al significado literal de Sus palabras. En consecuencia, logra resultados limitados. Este tipo de persona tiene un mal carácter.

Cuando os estáis coordinando con otros para cumplir con vuestros deberes, ¿podéis abriros a opiniones diferentes? ¿Podéis aceptar lo que dicen los demás? (Siempre solía aferrarme a mis propias ideas, pero tras ser expuesto en situaciones arregladas por Dios, noté que, cuando todos nos reuníamos y discutíamos las cosas, normalmente dábamos en el clavo, y muchas veces era mi propia perspectiva personal la que estaba equivocada o era corta de miras. Llegué a apreciar lo importante que es trabajar en armonía con los demás). ¿Y qué habéis aprendido de esto? ¿Creéis que hay alguien perfecto? Por muy fuerte, capaz e ingeniosa que sea la gente, no es perfecta. La gente debe reconocerlo, es así. Esta es también la actitud más acertada para cualquiera que contemple de forma correcta sus puntos fuertes y méritos o sus defectos; esta es la racionalidad que debe tener la gente. Con esa racionalidad podrás abordar adecuadamente tus puntos fuertes y débiles, así como los de los demás, lo que te permitirá trabajar armónicamente con ellos. Si te provees de este aspecto de la verdad y eres capaz de entrar en este aspecto de la realidad-verdad, podrás llevarte armónicamente con tus hermanos y hermanas, al utilizar los respectivos puntos fuertes para compensar cualquier debilidad que tengas. Así, independientemente de cuál sea tu deber o actividad, siempre mejorarás en ello y tendrás la bendición de Dios. Si siempre crees que eres muy bueno y los demás son peores comparados contigo, si siempre quieres tener la última palabra, entonces esto va a ser problemático. Alguien puede decir algo correcto, pero piensas: “Aunque lo que ha dicho es correcto, si estoy de acuerdo con él, ¿qué pensarán los demás de mí? ¿No significará eso que no soy tan bueno como él? No puedo estar de acuerdo con él. Tendré que encontrar la manera de evitar que los demás sepan que sigo su consejo, y hacerles creer que lo hago a mi manera; entonces tendrán una elevada opinión de mí”. Si así es como tratas siempre a los demás, ¿llamarías a eso una cooperación armoniosa? ¿Cuáles serán los efectos secundarios? Con el paso del tiempo, todos te tendrán calado. Dirán que eres demasiado astuto, que no actúas de acuerdo con la verdad y eres deshonesto. Todo el mundo te detestará, y será muy posible que te abandonen. ¿Cómo considera Dios a alguien al que todos abandonan? Dios también lo detesta. ¿Por qué detesta a este tipo de persona? Los esfuerzos de tal persona para cumplir con su deber pueden ser honestos, pero ¿qué clase de enfoque es este? Dios lo detesta. El carácter que esa persona ha revelado ante Dios, todo lo que hay en su corazón y en su mente, y todas sus intenciones son repugnantes para Dios; Él las encuentra repugnantes y malvadas. Usar métodos y trucos extremadamente indeseables para lograr sus propios objetivos y ganar la admiración de los demás es el tipo de comportamiento que Dios detesta.

Extracto de ‘Solo al practicar la verdad se puede poseer una humanidad normal’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

No permitáis que nadie se crea perfecto, distinguido, noble o diferente a los demás; todo eso está generado por el carácter arrogante del hombre y su ignorancia. Pensar siempre que uno es diferente es tener un carácter arrogante; no ser nunca capaz de aceptar defectos propios ni enfrentar los errores y fallas propios es a causa del carácter arrogante; no permitir nunca que otros sean más altos o que sean mejores que uno, eso lo causa el carácter arrogante; no permitir nunca que otros sean superiores o más fuertes que uno mismo está causado por un carácter arrogante; no permitir nunca que, sobre un tema, otros tengan mejores ideas, sugerencias y puntos de vista y, cuando las tienen, volverse negativos, no querer hablar, sentirse afligidos, desalentados y enfadados, todo eso lo causa el carácter arrogante. El carácter arrogante puede poneros a la defensiva en lo tocante a vuestra reputación, incapaces de aceptar la guía de los demás, incapaces de confrontar vuestros propios defectos e incapaces de aceptar vuestras propias fallas y errores. Es más, cuando alguien es mejor que vosotros, esto puede provocar que surja odio y celos en vuestro corazón y os podéis sentir oprimidos, tanto, que ni siquiera sentís ganas de cumplir con vuestro deber y os volvéis descuidados al hacerlo. El carácter arrogante puede hacer que estas conductas y prácticas surjan en vosotros. Si sois capaces de tener poco a poco avances en todos estos detalles y comprenderlos y explorarlos más en profundidad y si sois gradualmente capaces de abandonar esos pensamientos, esas interpretaciones e incluso esas conductas y no estáis restringidos por ellos, y si, al cumplir vuestro deber, sois capaces de encontrar el puesto indicado para vosotros y actuar según principios y cumplir con el deber que podéis y debéis cumplir; entonces, con el tiempo, seréis capaces de llevar a cabo mejor vuestro deber. Esto es la entrada en la realidad-verdad. Si podéis entrar en la realidad-verdad, los demás percibirán que tenéis semejanza humana y la gente dirá: “Esta persona se comporta según su puesto y cumple con su deber de forma sensata. No se basa en la naturalidad, en la impulsividad o en su carácter corrupto satánico para llevar a cabo su deber. Actúa con control, tiene un corazón que venera a Dios, ama la verdad y su conducta y expresiones revelan que ha abandonado su propia carne y preferencias”. ¡Qué maravilloso comportarse de esa manera! En aquellas ocasiones en las que las personas traen a colación tus defectos, no solo eres capaz de aceptarlos, sino que eres optimista, y enfrentas tus defectos y fallas con aplomo. Vuestro estado de ánimo es bastante normal, libre de extremos, libre de impulsividad. ¿Acaso no es esto tener semejanza humana? Solo ese tipo de personas tienen buen criterio.

Extracto de ‘Los principios que deben guiar el comportamiento de una persona’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hay quienes dicen: “Soy bastante buena persona; no he hecho nada opuesto a Dios y he sufrido mucho por Él. ¿Por qué, no obstante, me poda y trata así? ¿Por qué nunca me reconoce ni eleva?”. Otros dicen: “Soy sincero; creo en Dios desde que estaba en el vientre de mi madre y ahora continúo creyendo en Él. ¡Qué puro soy! Dejé familia y trabajo para esforzarme por Dios y sigo recordando cuánto me ama. En la actualidad, Dios parece no amar tanto a la gente y me siento desamparado, decepcionado y consternado con Él”. ¿Qué hacen mal estas personas? No han permanecido en el lugar que les corresponde; no saben quiénes son y siempre se creen unas figuras estimables que Dios debería respetar y elevar o valorar y querer. Si la gente siempre tiene esos conceptos erróneos, esas exigencias absurdas e irracionales, esto le dará problemas. Entonces, ¿qué debe hacer la gente y cómo debe conocerse y tratarse a sí misma para amoldarse a la manera en que Dios trata al hombre, a fin de resolver estas dificultades y renunciar a estas exigencias que le hace a Dios? Algunas personas son nombradas líderes por la casa de Dios y llevan a cabo su trabajo bastante bien, sin hacer nada perjudicial ni problemático; después, cuando Dios las pone en una situación determinada para desenmascararlas y las despoja de su cargo de líder, se ponen a intentar razonar: “A los falsos líderes y obreros, y a quienes tratan de interrumpir y perturbar, es a los que habría que relevar; ¿por qué hay que relevarme a mí, cuando no he sido perjudicial ni problemático?”. Se sienten engañadas. ¿Por qué? Creen que este puesto les corresponde, que no las deberían haber relevado; están capacitadas para él merced a estas cosas que se muestran en ellas. Así, opinan que Dios las ha despojado de este puesto pese a estar capacitadas para él, por lo que no aceptan esto y, por consiguiente, surgen en ellas nociones respecto a los actos de Dios. En la génesis de estas nociones, se sienten agraviadas y empiezan a quejarse: “¿No se dijo que hay unos principios de elección y eliminación de líderes? Me parece que no hay ningún principio en lo que ha sucedido, ¡Dios se ha equivocado!”. En resumen, en cuanto Dios hace algo que perjudica sus intereses y hiere sus sentimientos, se ponen a buscar culpables. ¿Es esto un problema? ¿Cómo se puede resolver? Debes saber quién eres. Sean cuales sean tus dones o puntos fuertes, tu destreza o tu habilidad, incluso los méritos que hayas hecho en la casa de Dios, cuánto te hayas apresurado o las cosas de utilidad que hayas acumulado, estas cosas no son nada para Dios, y si te parecen importantes, ¿no han vuelto a surgir malentendidos y contradicciones entre tú y Dios? ¿Cómo habría que resolver este problema? Debes reducir la distancia entre tú y Dios, resolver estas contradicciones y renegar de aquellas cosas que crees correctas a las que te aferras. Así ya no habrá distancia entre tú y Dios, te mantendrás en tu lugar como es debido y podrás someterte, reconocer que todo lo que hace Dios está bien, negarte y renunciar a ti mismo. Ya no considerarás el mérito adquirido como algo de utilidad ni volverás a tratar de ponerle condiciones a Dios, ni le exigirás nada ni le pedirás recompensa. En ese momento no tendrás más dificultades. ¿Por qué surgen todos los conceptos erróneos del hombre sobre Dios? Porque las personas no se conocen a sí mismas lo más mínimo; para ser exactos, no saben qué clase de cosas son a los ojos de Dios. Se valoran demasiado, tienen en muy alta estima su posición a los ojos de Dios y, para ellas, lo que consideran el valor y la utilidad de una persona son los criterios por los que Dios evalúa si aquella se salvará. Esto es un error. Has de conocer qué lugar ocupas en el corazón de Dios y la manera apropiada de que Él te trate. Conocer esto es amoldarse a la verdad y a los criterios de Dios. Cuando tu práctica y tu trato a ti mismo vayan en consonancia con este conocimiento, ya no habrá contradicción entre tú y Dios. Y cuando Dios vuelva a tratarte a Su manera, ¿no serás capaz de someterte? Puede que te sientas algo incómodo por dentro o no entiendas estas cosas y te parezca que no son como deseas; sin embargo, como estarás equipado con estas verdades, las comprenderás y sabrás mantenerte firme en tu posición, no lucharás más contra Dios, lo que significa que cesarán aquellas conductas y prácticas tuyas que te hacían perecer. ¿No estarás entonces a salvo? Una vez a salvo, te sentirás arraigado, y eso es lo que significa seguir la senda de Pedro.

Extracto de ‘La actitud que ha de tener el hombre hacia Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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