131. Principios del trato justo al prójimo

(1) Es preciso tratar a toda persona, circunstancia y cosa de acuerdo con la verdad-palabra de Dios. El único trato al prójimo acorde con la voluntad de Dios es aquel conforme a el principio-verdad.

(2) Da un trato adecuado a los puntos fuertes y débiles del prójimo. No le pidas demasiado a la gente, no le exijas que haga más de lo que pueda, no la sobrevalores ni subestimes.

(3) Sé afectuoso con los elegidos de Dios. No te guíes por la emoción ni albergues prejuicios en el trato al prójimo, y no lo delimites arbitrariamente. Considéralo desde un punto de vista evolutivo.

(4) No envidies la virtud y el talento ni margines o reprimas a quienes tengan opiniones discrepantes. Cuando descubras a personas de buena aptitud que aman la verdad, recomiéndalas y promuévelas.

(5) Es preciso tratar al prójimo en función de su esencia. A una buena persona que haya cometido una transgresión hay que ayudarla y apoyarla hablándole con cariño de la verdad, mientras que se debe aborrecer y rechazar a las personas malvadas.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cómo pide Dios que la gente trate a los demás? (De manera justa). ¿Qué significa “de manera justa”? No se debe tratar a los demás según su apariencia, estatus, antecedentes familiares, riqueza, nivel de aprendizaje o su posición dentro de la iglesia. Entonces, ¿conforme a qué debe hacerse? Según el principio-verdad. El deber que se les asigna debe basarse en el que son capaces de realizar; y si son incapaces de realizar un deber, e incluso llegan a interferir, entonces, si merecen ser purgados, han de ser purgados, incluso si tienen una buena relación contigo. Esto es ser justo, esto es lo que se incluye en los principios de justicia, y va relacionado con los principios de conducta.

Extracto de ‘Solo aquellos que comprenden la verdad entienden los asuntos espirituales’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En concreto, ¿qué implica actuar de acuerdo con los principios? Por ejemplo, respecto al trato hacia los demás, ¿cuáles son los principios que subyacen a tu forma de tratar a quienes tienen y no tienen estatus, así como a los hermanos y hermanas normales y a las diversas categorías de líderes y obreros? No puedes tratar a tus hermanos y hermanas igual que los incrédulos tratan a la gente; debes ser justo y razonable. No puedes ser íntimo de este y no de aquel; tampoco debes formar camarillas ni confabularos. No puedes acosar a la gente porque te desagrade ni adular a quienes sean extraordinarios. Esto es lo que se entiende por principios. Debes tener principios en el trato con los demás; has de tratar a todos de manera justa. Si atraes hacia tu persona a quienes crees que son bastante buenos mientras excluyes a aquellos a los que te cuesta acercarte, ¿no te faltan principios? Esta es la filosofía de los incrédulos para vivir en el mundo y el principio subyacente a su modo de tratar a otras personas. Se trata de un carácter y una lógica satánicas. ¿De acuerdo con qué principio debes tratar a los miembros de la familia de Dios? (Tratar con justicia a cada hermano y hermana.) ¿Cómo los tratas con justicia? Todos tienen pequeñas fallas y defectos, al igual que ciertas idiosincrasias, y todos tienen arrogancia, debilidad y áreas en las que son deficientes. Debes ayudarlos con un corazón amoroso, ser tolerante y paciente y no ser demasiado duro ni armar un escándalo por cada pequeño detalle. Con la gente que es joven o que no ha creído mucho tiempo en Dios o solo ha comenzado a cumplir con su deber recientemente, esas personas que tienen algunos requisitos especiales, si todo lo que haces es aferrarte a estas cosas y las usas contra ellos, entonces estás siendo duro. Ignoras el mal que esos falsos líderes y anticristos han hecho y, sin embargo, cuando ves los pequeños defectos y fallas de tus hermanos y hermanas, te niegas a ayudarlos y, en cambio, eliges armar un escándalo por esas cosas y juzgarlos a sus espaldas, lo que hace que más personas se opongan a ellos, los excluyan y los releguen. ¿Qué clase de conducta es esta? Esto es hacer las cosas basándote meramente en tus preferencias personales y no ser capaz de tratar a la gente con justicia. ¡Esto muestra un carácter satánico corrupto y es una transgresión! Cuando las personas hacen cosas, Dios está observando; independientemente de lo que hagas y pienses, ¡Dios te ve! Si quieres comprender los principios, primero debes entender la verdad. Una vez que entiendes la verdad, puedes comprender la voluntad de Dios; si no entiendes la verdad, ciertamente no entenderás la voluntad de Dios. La verdad te dice cómo tratar a las personas y, una vez que has entendido esto, sabrás cómo tratar a las personas según la voluntad de Dios. Las palabras de Dios te muestran y señalan claramente cómo debes tratar a los demás; la actitud con la que Dios trata al hombre es la actitud que las personas deben adoptar en su trato de unos hacia otros. ¿Cómo trata Dios a todas y cada una de las personas? Algunas personas son de estatura inmadura o son jóvenes o han creído en Dios por poco tiempo. Dios puede verlas no como malvadas o maliciosas por la esencia-naturaleza; simplemente, son algo ignorantes o carecen de calibre o la sociedad las ha contaminado demasiado. No han entrado en la realidad-verdad, así que les resulta difícil abstenerse de hacer algunas cosas estúpidas o cometer algunos actos ignorantes. Sin embargo, desde la perspectiva de Dios, esos asuntos no son importantes: Él solo mira el corazón de estas personas. Si están decididas a entrar en la realidad-verdad, si se dirigen en la dirección correcta y tienen este objetivo, entonces Dios las observa, las espera y les da el tiempo y las oportunidades que les permitan entrar. No es que Dios las derribe de un solo golpe o que se aferre a una transgresión que han cometido y se niegue a soltarla; Dios nunca ha tratado a las personas así. Dicho esto, si las personas se tratan de esa forma entre sí, ¿no es su carácter corrupto? Su carácter, precisamente, es corrupto. Debes ver cómo trata Dios a las personas ignorantes y estúpidas, cómo trata a los de estatura inmadura, cómo trata las manifestaciones normales del carácter corrupto del hombre y cómo trata a los que son maliciosos. Dios trata a distintas personas de diferentes maneras y también tiene varias maneras de gestionar las innumerables condiciones de las diferentes personas. Debes entender estas verdades. Una vez que has entendido estas verdades, entonces sabrás cómo experimentarlas.

Extracto de ‘Para ganar la verdad, debes aprender de las personas, los asuntos y las cosas que te rodean’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En la vida diaria, ¿en qué situaciones, y en cuántas de ellas, teméis a Dios, y en qué cosas no lo teméis? ¿Sois capaces de odiar a la gente? Cuando odiáis a alguien, ¿sois capaces de acabar con esa persona o de vengaros de ella? (Sí). ¡Pues dais bastante miedo! No teméis a Dios. ¡Que seáis capaces de hacer esas cosas significa que tenéis un carácter realmente vil de suma gravedad! El amor y el odio son cosas que la humanidad normal debe poseer, pero has de distinguir claramente entre lo que amas y lo que odias. En tu corazón debes amar a Dios, amar la verdad, amar las cosas positivas y amar a tus hermanos y hermanas, mientras que debes odiar al diablo, Satanás, odiar las cosas negativas, odiar a los anticristos y odiar a los malvados. Si albergas odio hacia tus hermanos y hermanas, te inclinarás a dominarlos y vengarte de ellos, lo que sería muy sobrecogedor. Algunas personas solo tienen pensamientos de odio e ideas malvadas. Transcurrido un tiempo, si esas personas no son capaces de llevarse bien con la persona que odian, comenzarán a distanciarse de ella; sin embargo, no dejan que esto repercuta en su deber ni influya en sus relaciones interpersonales normales, ya que llevan a Dios en el corazón y lo veneran. No quieren ofender a Dios y tienen miedo de hacerlo. Aunque estas personas puedan albergar determinadas opiniones sobre alguien, nunca ponen en práctica esos pensamientos ni llegan a pronunciar una sola palabra fuera de lugar, ya que no están dispuestas a ofender a Dios. ¿Qué clase de conducta es esta? Es un ejemplo de conducta y afrontamiento de las cosas con principios e imparcialidad. Podrías ser incompatible con la personalidad de alguien y podría no gustarte esa persona, pero cuando trabajas al lado de ella, permaneces imparcial y no expresas tus frustraciones al llevar a cabo tu deber ni sacrificas tu deber ni sacas tus frustraciones y las lanzas sobre los intereses de la familia de Dios. Podéis hacer cosas de acuerdo con los principios; de ese modo, tenéis una reverencia básica hacia Dios. Si tienes un poco más que eso, entonces, cuando ves que alguien tiene alguna falta o debilidad —aun si te ha ofendido o ha dañado tus propios intereses— tienes el deseo de ayudarlo. Hacerlo sería todavía mejor; significaría que eres una persona que posee humanidad, realidad-verdad y reverencia hacia Dios. Si no puedes lograr esto con tu estatura actual, pero eres capaz de hacer cosas, comportarte y tratar con principios a la gente, también esto se considera temor de Dios y es lo más importante. Si ni siquiera puedes lograr esto ni contenerte, corres un gran peligro y eres bastante aterrador. Si te dieran un puesto, podrías castigar a la gente y hacérselo pasar mal, con lo que podrías convertirte en un anticristo en cualquier momento. ¿Qué clase de persona se convierte en un anticristo? ¿No es acaso una persona que será erradicada? En cuanto a si alguien es bueno o malo y cómo debería ser tratado, las personas deben tener sus propios principios de comportamiento; no obstante, en lo que se refiere a qué suerte correrá esa persona —si terminará siendo castigada por Dios o si terminará siendo juzgada y castigada— ese es asunto de Dios. Las personas no deben interferir; Dios no te permitiría tomar la iniciativa en Su nombre. Cómo tratar a esa persona es asunto de Dios. Siempre que Dios no haya decidido cuál será la suerte de esa persona, que no la haya expulsado y no la haya castigado y esté siendo salva, tú debes ayudarla con paciencia y por amor; no debes esperar decidir el destino de tal persona y tampoco debes utilizar medios humanos para aplicarle mano dura o castigarla. Puedes tratar y podar a ese tipo de persona o puedes abrir tu corazón y participar en una comunicación sincera para ayudarla. Sin embargo, si contemplas castigar, excluir e incriminar a estas personas, estarás en problemas. ¿Estaría eso en consonancia con la verdad? Tener esos pensamientos sería el resultado de tener la sangre caliente; esos pensamientos vienen de Satanás y se originan en el resentimiento humano, así como en los celos humanos y la aversión. Semejante conducta no se ajusta a la verdad. Esto es algo que traería retribución sobre vosotros y no se ajusta a la voluntad de Dios. ¿Sois capaces de idear diversas maneras de castigar a las personas porque no son de vuestro agrado o no se llevan bien con vosotros? ¿Habéis hecho alguna vez algo así? ¿En qué medida? ¿No habéis despreciado siempre a la gente de forma indirecta con exabruptos y muestras de sarcasmo? (Sí). ¿En qué estados os hallabais al hacer esas cosas? En ese momento os estabais desahogando y os sentíais felices; habíais ganado la partida. Sin embargo, luego pensasteis para vuestros adentros: “Qué ruindad he cometido. No temo a Dios y he tratado muy injustamente a esa persona”. En el fondo, ¿os sentíais culpables? (Sí). Aunque no temáis a Dios, al menos tenéis cierta conciencia. Por lo tanto, ¿continuáis siendo capaces de repetir este tipo de cosas en lo sucesivo? ¿Eres capaz de barajar la posibilidad de atacar a las personas y vengarte de ellas, hacérselo pasar mal y enseñarles quién manda cada vez que las desprecias y no te llevas bien con ellas, o cada vez que no te obedecen o no te escuchan? ¿Les dirás “Si no haces lo que quiero, buscaré la ocasión de castigarte sin que se sepa. No se enterará nadie, pero haré que te sometas a mí; te demostraré mi poder. ¡Nadie se atreverá a meterse conmigo después!”? Cuéntame una cosa: ¿Qué clase de humanidad tiene una persona que hace algo así? En materia de humanidad, es malévola. A decir verdad, no venera a Dios. Al hablar y actuar no tiene principios; actúa maliciosamente y hace lo que le da la gana. En cuanto al temor de Dios, ¿ha alcanzado esta clase de persona la entrada en la vida? Por supuesto que no; la respuesta es 100 % “no”. Si alguien no ha logrado entrar en absoluto en la veneración a Dios, ¿se puede decir que no lo venera ni un ápice del corazón de esta persona?

Extracto de ‘Los cinco estados necesarios para ir por el camino correcto en la fe propia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si sabes que la forma en que tratas a los demás es injusta, ¿cómo es que sigues haciéndolo? ¿Qué te hace actuar de esa manera? ¿En qué piensas? ¿Por qué eres injusto con ellos? ¿Hay algo más detrás de esto? Dices: “Los desprecio. Soy mejor que ellos. No quiero tratarlos justamente. Quiero pisotearlos”. ¿Qué está pasando aquí? Se trata de un carácter arrogante. Un carácter arrogante da lugar a estos estados dentro de ti. No quieres tratar a esa persona de manera justa ni evaluarla imparcialmente, mucho menos hablar de sus puntos buenos. Cuando hay un trabajo que hacer, no quieres elegirlos a ellos para hacerlo, ya que los miras con desprecio en tu corazón. Cuando has captado estos estados, ¿acaso te resulta fácil rectificar tu opinión de esa persona? No. Por tanto, un carácter da lugar a muchos estados, y estos estados están en tu interior, controlándote a ti, a tus acciones, tu discurso, tus puntos de vista, y cómo tratas a la gente; controlan todo tu ser. ¿Cómo surgen estos estados? Surgen de tu carácter. De hecho, es tu carácter lo que te controla a ti, no tu estado. Semejante carácter te pone en contra de la verdad. Por lo tanto, si no usas la verdad para resolver este carácter y revertir el curso de tu estado, nunca te liberarás de tu carácter satánico. ¿Cómo puedes entonces revertir el curso de tales estados? Debes estar abierto a Dios, acudir a Él para orar, entender completamente la esencia del problema y pedirle a Dios que te discipline y te trate, que te otorgue la confirmación y te haga entender. Debes entonces tener el deseo de cooperar y renunciar a ti mismo. Di: “No volveré a actuar así. El calibre de esta persona puede ser un poco bajo, pero la trataré como es debido. Si son aptos para cumplir con un cierto deber, haré que lo hagan. Si tengo una buena relación con otra persona que no es adecuada para ese deber, no se lo asignaré. Se lo encargaré a los aptos”. ¿Acaso no ha cambiado la trayectoria de tu estado? Es decir, al haberte apartado de tu anterior manera de comportarte, has modificado las posibles consecuencias de tu estado. ¿No es este un aspecto de la práctica? Entonces, ¿cómo puedes emprender este tipo de práctica? ¿Puedes lograr este resultado si no cooperas y no abandonas tu propia voluntad subjetiva? No, en absoluto. Por lo tanto, la cooperación es clave. Debes cooperar y ser capaz de obedecer la verdad completamente, y tener una actitud de obediencia a la verdad y estar decidido a obedecerla; solo entonces serás capaz de abandonar tu voluntad individual subjetiva y tus estados personales, y por tanto cambiará poco a poco tu rumbo. Puedes despreciar a alguien, y ese es tu estado. Sin embargo, si no vives según ese estado, sino que dispones que esa persona haga cosas que puede hacer y la tratas justamente, entonces, siempre que se mencione a esa persona, tu conciencia estará tranquila y sentirás que no has hecho nada malo ante Dios. Estás practicando la verdad y, después de un tiempo, tu opinión sobre esa persona cambiará. ¿Cómo sucede eso? Es obra de Dios. Poco a poco, la verdad comienza a surtir efecto dentro de ti, cambiando tu estado e invirtiendo su rumbo. Al principio, es difícil para ti; después de que hayas usado a esa persona, tu corazón se tambalea cada vez que la ves, y sientes que has perdido tu integridad. A pesar de haberla usado, no quieres hablar mucho con ella y, en tu corazón, sigues mirándola con desprecio. Tu estado aún no ha cambiado completamente, lo que significa que la raíz de tu carácter corrupto sigue ahí. ¿Acaso no es un problema de carácter que un estado tan pequeño pueda causarte tanto dolor? Es un problema en la esencia-naturaleza del hombre. A medida que cambias poco a poco de rumbo, hablas más con esa persona, compartes más con ella y la comprendes más; ves sus puntos fuertes y descubres que, en efecto, es apta para ciertos deberes. Entonces, llegarás poco a poco a reconocer tu mezquindad y vergüenza, y que tus acciones actuales y la forma en que tratas ahora a esa persona son imparciales y conformes a la verdad, y tu corazón se quedará entonces tranquilo. Sin embargo, esto es solo el comienzo. Cuando vuelvas a encontrarte con el mismo problema, no podrás necesariamente utilizar los mismos métodos que utilizaste con la persona anterior para encargarte de ello. Puede haber otros estados diferentes en juego o el ambiente puede ser distinto, como pueden serlo las personas, los asuntos o las cosas, poniendo a prueba cuánto amas la verdad y tu determinación de abandonar tu propio carácter corrupto y tu voluntad. Estas son las pruebas de Dios. En todos tus tratos con los demás, en cualquier momento y sean quienes sean, y sin importar si tu relación es buena o mala, si están cerca de ti o no, si te adulan o no, sin importar su calibre; cuando seas capaz de tratarlos de forma justa y adecuada, tu estado habrá cambiado completamente. Cuando la forma en que tratas a los demás no se base en tus fantasías, tus emociones o tu sangre caliente, habrás ganado este aspecto de la verdad.

Extracto de ‘La senda para corregir el carácter corrupto’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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