135. Principios del trato a las personas con diversas actitudes arrogantes

(1) Siempre y cuando crean sinceramente en Dios, hay que ayudar con amor a aquellas personas arrogantes que no sean malvadas pese a su carácter arrogante. Hay que encaminarlas hacia la fe en Dios.

(2) Se debe ascender y promover a las personas de carácter arrogante pero capaces de aceptar la verdad y que, además, tengan buena aptitud y talento. De ninguna manera hay que marginarlas.

(3) Se debe expulsar a los energúmenos que se encuentran entre los anticristos, extremadamente arrogantes, sin el menor sentido, agresivamente ambiciosos y que hacen el mal de múltiples formas.

(4) Se debe purgar o expulsar a las personas erradas en la arrogancia, absurdas en grado sumo y que insisten inflexiblemente en falacias, se oponen a la verdad y no se someten a nadie.

Las palabras relevantes de Dios:

La arrogancia es la raíz del carácter corrupto del hombre. Cuanto más arrogante es la gente, más propensa es a oponerse a Dios. ¿Hasta dónde llega la gravedad de este problema? Las personas de carácter arrogante no solo consideran a todas las demás inferiores a ellas, sino que lo peor es que incluso son condescendientes con Dios. Aunque algunas personas, por fuera, parezcan creer en Dios y seguirlo, no lo tratan en modo alguno como a Dios. Siempre creen poseer la verdad y tienen buen concepto de sí mismas. Esta es la esencia y la raíz del carácter arrogante, y proviene de Satanás. Por consiguiente, hay que resolver el problema de la arrogancia. Creerse mejor que los demás es un asunto trivial. La cuestión fundamental es que el propio carácter arrogante impide someterse a Dios, a Su gobierno y Sus disposiciones; alguien así siempre se siente inclinado a competir con Dios por el poder sobre los demás. Esta clase de persona no venera a Dios lo más mínimo, por no hablar de que ni lo ama ni se somete a Él. Las personas que son arrogantes y engreídas, especialmente las que son tan arrogantes que han perdido la razón, no pueden someterse a Dios al creer en Él e, incluso, se exaltan y dan testimonio de sí mismas. Estas personas son las que más se resisten a Dios. Si las personas desean llegar al punto en que veneren a Dios, primero deben resolver su carácter arrogante. Cuanto más minuciosamente resuelvas tu carácter arrogante, más veneración tendrás por Dios, y solo entonces podrás someterte a Él y serás capaz de obtener la verdad y conocerle.

Extracto de La comunión de Dios

Después de que Satanás corrompió a los seres humanos, su naturaleza se volvió satánica. Las personas ya no actúan como seres humanos, como personas, sino que han sobrepasado el estatus de humanidad. No desean ser seres humanos; anhelan algo más elevado. ¿Y qué es ese algo más elevado? Desean sobrepasar a Dios, a los cielos y a todo lo demás. ¿A qué se debe que sea así la gente? Después de todo, la naturaleza del hombre es demasiado arrogante. […] Una vez que la naturaleza y la esencia de las personas se vuelven arrogantes, estas son capaces de hacer cosas que desobedecen a Dios y se oponen a Él, cosas que no prestan atención a Sus palabras, cosas que generan nociones acerca de Él, cosas que se rebelan contra Él y cosas que enaltecen a estas personas y dan testimonio de sí mismas. Dices que no eres arrogante, pero supongamos que te entregaran unas cuantas iglesias y te dejaran dirigirlas; supongamos que Yo no te tratara ni nadie de la familia de Dios te podara: tras dirigirlos durante un tiempo, los pondrías a tus pies y harías que te obedecieran. ¿Y por qué habrías de hacer eso? Esto viene determinado por tu naturaleza; no es sino una revelación natural. No necesitas esforzarte mucho para aprender esto ni tienes que lograr expresamente que los demás te enseñen. No es preciso que hagas todo esto a propósito. Este tipo de situación te ocurre de manera natural: haces que la gente se someta a ti, te idolatre, te enaltezca, dé testimonio de ti y te haga caso en todo y no le permites hacer nada que no esté aprobado por ti. Bajo tu liderazgo, dichas circunstancias suceden de forma natural. Y ¿cómo surgen estas circunstancias? Están determinadas por la naturaleza arrogante del hombre. La manifestación de la arrogancia consiste en rebelarse contra Dios y oponerse a Él. Cuando las personas son arrogantes, engreídas y santurronas tienden a establecer sus propios reinos independientes y a hacer las cosas como les place. También arrastran a otras personas a sus manos y a sus brazos. Cuando las personas son capaces de hacer este tipo de cosas, la esencia de su arrogancia es la del arcángel. Cuando su arrogancia y su engreimiento alcanzan un cierto nivel, eso determina que son el arcángel y que harán a un lado a Dios. Si tienes este tipo de carácter arrogante, Dios no tendrá un lugar en tu corazón.

Extracto de ‘La naturaleza arrogante del hombre es la raíz de su oposición a Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Vuestra naturaleza altiva y arrogante os impulsa a traicionar vuestra propia conciencia, a rebelaros contra Cristo y a resistiros a Él, y a revelar vuestra fealdad, exponiendo a la luz vuestras intenciones, nociones, deseos excesivos y ojos llenos de codicia. Y aun así continuáis profesando que vuestra vida está dedicada con pasión a la obra de Cristo y repetís una y otra vez las verdades dichas por Cristo hace mucho tiempo. Esta es vuestra “fe”. Esta es vuestra “fe sin impurezas”. He impuesto al hombre un estándar muy estricto todo este tiempo. Si tu lealtad viene acompañada de intenciones y condiciones, entonces preferiría no tener tu supuesta lealtad, porque Yo aborrezco a los que me engañan por medio de sus intenciones y me chantajean con condiciones. Sólo deseo que el hombre me sea absolutamente leal, y que haga todas las cosas únicamente por la fe y para demostrar la fe. Desprecio vuestro uso de palabras endulzadas para alegrarme, porque Yo siempre os he tratado con sinceridad, por lo que deseo que vosotros también actuéis con una fe verdadera en Mí. Cuando se trata de la fe, muchos quizá piensen que siguen a Dios porque tienen fe y de no ser así, no soportarían tal sufrimiento. Entonces te pregunto esto: Si crees en la existencia de Dios, ¿por qué no lo veneras? Si crees en la existencia de Dios, ¿por qué, entonces, no sientes ningún temor de Dios en tu corazón? Tú aceptas que Cristo es la encarnación de Dios, ¿entonces por qué mantienes tal desprecio hacia Él? ¿Por qué actúas de manera tan irreverente hacia Él? ¿Por qué lo juzgas abiertamente? ¿Por qué siempre espías Sus movimientos? ¿Por qué no te sometes a Sus disposiciones? ¿Por qué no actúas de acuerdo con Su palabra? ¿Por qué intentas extorsionarlo y robarle Sus ofrendas? ¿Por qué hablas en lugar de Cristo? ¿Por qué juzgas si Su obra y Su palabra son correctas o no? ¿Por qué te atreves a blasfemarlo a Sus espaldas? ¿Son estas y otras cosas las que constituyen vuestra fe?

Extracto de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas las palabras de Dios y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Dios por muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente desafían a Dios y se le resisten. Ellos son los enemigos de Dios y los anticristos. Su actitud siempre es de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima disposición de someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ellos se exaltan a sí mismos ante los demás y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, consideran que son los mejores para predicar la palabra y los más hábiles para obrar en los demás. Nunca desechan los “tesoros” que poseen, sino que los tratan como herencias familiares para adorar, para predicar al respecto a los demás, y los usan para sermonear a los necios que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de esta clase en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, que, generación tras generación, residen temporalmente en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su deber “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y causan estragos mientras oprimen a los demás de una era a otra. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón! El hombre no obtiene fácilmente la obra de Dios. Aun si usaran toda su fuerza, las personas sólo podrán obtener una porción, lo que, al final, les permitirá ser perfeccionados. ¿Qué sucede, entonces, con los hijos del arcángel que buscan destruir la obra de Dios? ¿No tienen acaso menos esperanza de ser ganados por Dios?

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de este y, además, usan sus viejos argumentos triviales para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También hacen una escena, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de recorrer todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él, pequeñas personas ignorantes y mal informadas, que simplemente intentan demostrar lo brillantes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento. Tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6000 años de obra de Dios. ¡No tiene sentido mencionar a estas personas! De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, personas de gran arrogancia, inherentemente soberbias e ingobernables? Aunque venga un día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No sólo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Él, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más sean así las personas, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él que siempre es nuevo y nunca viejo?

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Sabed que os oponéis a la obra de Dios, o usáis vuestras propias nociones para medir la obra de hoy, porque no conocéis los principios de Su obra, y porque no os tomáis lo bastante en serio la obra del Espíritu Santo. Vuestra oposición a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo están causadas por vuestras nociones y vuestra arrogancia inherente. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado desobedientes por naturaleza. Después de encontrar su creencia en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos evaluando lo bueno y lo malo de la obra del Espíritu Santo. E incluso reprenden a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo, haciendo comentarios y hablando con insolencia; su humanidad es demasiado baja, y no hay la más mínima razón en ellos; ¿no llegará el día en que tales personas sean rechazadas por la obra del Espíritu Santo, y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, pero la critican, y también intentan ordenarle cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios personas tan irrazonables? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscarlo y experimentarlo; criticándolo a su antojo no llegará a conocerlo a través del esclarecimiento del Espíritu Santo. Cuanto más preciso es el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se oponen a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se opongan a Él. Tus nociones, vieja naturaleza y humanidad, tu personalidad y perspectiva moral son el “capital” con el que resistes a Dios, y cuanto más corrupto, degradado y bajo eres, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones firmes y tienen un carácter santurrón son aún más enemigos del Dios encarnado; estas personas son los anticristos.

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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