140. Principios del trato a los personajes religiosos

(1) Todas las estrellas y lumbreras del mundo religioso no elogiadas por Dios son charlatanes religiosos. Todas sus ideas y teorías confunden a la gente y se oponen a Dios.

(2) Por mucho que conozcan la Biblia, las estrellas y lumbreras del mundo religioso no conocen a Dios y se oponen a Él. Siguen la senda de los anticristos.

(3) Si los personajes religiosos son incapaces de buscar el camino verdadero o de aceptar la obra de Dios de los últimos días, son unos hipócritas de la misma calaña que los anticristos.

(4) Se debe recibir y tratar con amor a los personajes religiosos capaces de aceptar la verdad y de buscar el camino verdadero. Dios salva a la gente en la medida de lo posible.

Las palabras relevantes de Dios:

Mira a los líderes de cada denominación: son todos arrogantes y farisaicos y sus interpretaciones de la Biblia carecen de contexto y están guiadas por sus propias imaginaciones. Todos confían en los dones y la erudición para hacer su obra. Si fueran incapaces de predicar nada, ¿les seguirían las personas? Después de todo, poseen cierto conocimiento y pueden predicar sobre cierta doctrina o saben cómo convencer a los demás y cómo usar algunos artificios. Los usan para llevar a las personas ante ellos y engañarlas. Esas personas creen en Dios sólo de nombre, pero, en realidad, siguen a sus líderes. Cuando se encuentran con alguien que predica el camino verdadero, algunos de ellos dicen: “Tenemos que consultarle a nuestro líder respecto a nuestra creencia”. Un ser humano es el medio de su fe en Dios. ¿No es esto un problema? ¿En qué se han convertido, pues, esos líderes? ¿Acaso no se han vuelto fariseos, falsos pastores, anticristos y obstáculos para que las personas acepten el camino verdadero? Esas personas son de la misma clase que Pablo. ¿Por qué digo esto? Las epístolas paulinas tienen casi dos mil años de antigüedad e impregnaron toda la Era de la Gracia. Todas las personas leyeron estas palabras suyas y tomaron sus palabras como la norma; palabras sobre el sufrimiento, disciplina del propio cuerpo y recibir la corona final de justicia. Las personas creían en Dios según las palabras de Pablo y sus doctrinas. ¿No era esto una desviación? Durante la Era de la Gracia, ¿cuánto podían entender las personas de la voluntad de Dios? Después de todo, los que seguían a Jesús en aquel tiempo eran minoría, y los que lo conocían eran aún menos; ni siquiera Sus discípulos lo conocían realmente. Si alguien ve un poco de luz en la Biblia, no debe pensar que representa la voluntad de Dios, y aún menos se debe considerar un poco de esclarecimiento como conocimiento de Dios. Las personas son arrogantes y engreídas, y no tienen a Dios en sus corazones. Con un poco de entendimiento doctrinal se van por su cuenta, lo que lleva a la formación de muchas denominaciones.

Extracto de ‘Solo buscar la verdad es creer verdaderamente en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Por qué digo que los del mundo religioso no son creyentes en Dios y son hacedores de maldad, que son de la misma calaña que el diablo? Cuando digo que son hacedores de maldad, es porque no entienden la voluntad de Dios ni pueden ver Su sabiduría. Dios nunca les revela Su obra. Son ciegos, que no ven los hechos de Dios. Han sido abandonados por Él y carecen completamente de Su cuidado y Su protección, por no mencionar la obra del Espíritu Santo. Los que no tienen la obra de Dios son todos hacedores de maldad y enemigos de Dios. La oposición a Dios de la que hablo se refiere a los que no lo conocen, los que lo reconocen con los labios, pero no lo conocen, los que siguen a Dios, pero no le obedecen, y los que se deleitan en la gracia de Dios, pero no pueden ser testigos Suyos. Sin un entendimiento del propósito de la obra de Dios o de la obra que Dios hace en el hombre, este no puede ser conforme a la voluntad de Dios, y no puede ser testigo Suyo. La razón por la que el hombre se opone a Dios brota, por un lado, de su carácter corrupto, y por otro, de la ignorancia de Él y la falta de entendimiento de los principios por los que Dios obra y de Su voluntad para el hombre. Estos dos aspectos, considerados en conjunto, constituyen una historia de la resistencia del hombre a Dios. Los nuevos en la fe se oponen a Dios porque tal oposición reside en su naturaleza, mientras que la oposición contra Dios de aquellos con muchos años en la fe resulta de su ignorancia de Él, además de su carácter corrupto. En la época anterior a que Dios se hiciera carne, la medida de si un hombre se oponía a Dios se basaba en si guardaba los decretos establecidos por Dios en el cielo. Por ejemplo, en la Era de la Ley, cualquiera que no guardara las leyes de Jehová se consideraba alguien que se oponía a Él; cualquiera que robara las ofrendas a Jehová, o resistiera a los favorecidos por Jehová se consideraba alguien que se oponía a Dios, y sería apedreado hasta la muerte; cualquiera que no respetara a su padre y a su madre, y cualquiera que golpeara o maldijera a otro se consideraba alguien que no guardaba las leyes. Y todos los que no guardaran las leyes de Jehová eran considerados los que se levantaban contra Él. Esto ya no fue así en la Era de la Gracia, cuando cualquiera que se levantara contra Jesús se consideraba alguien que estaba contra Dios, y cualquiera que no obedeciera las palabras pronunciadas por Jesús era considerado como uno que estaba contra Dios. En este momento, la manera en la que se definía la oposición a Dios se hizo más precisa y práctica. En la época en la que Dios no se había hecho carne todavía, la medida de si un hombre se oponía a Él se basaba en si adoraba al Dios invisible en el cielo o no. La manera en que se definía la oposición a Dios en esa época no era tan práctica, porque el hombre no podía ver a Dios ni conocer cómo era Su imagen, ni saber cómo obraba y hablaba. El hombre no tenía nociones acerca de Dios en absoluto y creía en Él en la vaguedad, porque Él no se había aparecido al hombre todavía. Por tanto, independientemente de cómo creyese el hombre en Dios en su imaginación, Él no lo condenaba ni le exigía demasiado, porque el hombre era completamente incapaz de ver a Dios. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre los hombres, todos lo miran y oyen Sus palabras, y todos ven los hechos que Dios obra dentro de Su cuerpo de la carne. En ese momento, todas las nociones del hombre se convierten en espuma. Y aquellos que han visto a Dios aparecer en la carne, no serán condenados si están dispuestos a obedecerle, mientras que los que están contra Él intencionadamente se considerarán oponentes de Dios. Tales personas son anticristos y enemigos que están deliberadamente contra Él. Los que albergan nociones relativas a Dios, pero aun así están preparados y dispuestos a obedecerle, no serán condenados. Él condena al hombre sobre la base de sus propósitos y acciones, nunca por sus pensamientos e ideas. Si Dios fuera a condenar al hombre sobre la base de sus pensamientos e ideas nadie podría entonces escapar de las manos iracundas de Dios. Los que están voluntariamente contra el Dios encarnado serán castigados por su desobediencia. En cuanto a estas personas que se levantan contra Dios deliberadamente, su oposición brota del hecho de que albergan nociones sobre Dios, que las llevan a su vez a actuar de forma que interrumpen la obra de Dios. Estas personas resisten y destruyen la obra de Dios de manera intencionada. No solo tienen nociones sobre Él, sino que también se involucran en actividades que interrumpen Su obra y por esta razón este tipo de personas serán condenadas. Los que no interrumpen de manera voluntaria la obra de Dios no serán condenados como pecadores, porque son capaces de obedecer voluntariamente y no involucrarse en actividades que causen trastornos ni interrupciones. Tales personas no serán condenadas. […]

Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios es alguien que está contra Él, y alguien que ha llegado a entender el propósito de la misma, pero que todavía no busca satisfacer a Dios se considera aún más un oponente de Dios. Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y ninguno de ellos es mucho menos conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen voluntariamente a Él, aunque lleven Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonios que molestan deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en el camino correcto y piedras de tropiezo que obstruyen a los que buscan a Dios. Pueden parecer de “buena constitución”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas? Los que se tienen en alta estima a sí mismos en la presencia de Dios son los más bajos de los hombres, mientras que los que se humillan son los más honorables. Y aquellos que piensan que conocen la obra de Dios y son capaces de proclamarla a otros a bombo y platillo, incluso mientras lo miran directamente, son los hombres más ignorantes. Tales personas no tienen el testimonio de Dios, son arrogantes y llenos de soberbia. Los que creen que tienen un conocimiento muy pequeño de Dios a pesar de tener experiencia real y conocimiento práctico de Él, son los más amados por Él. Solo estas personas tienen un testimonio verdadero y son verdaderamente capaces de ser perfeccionadas por Dios.

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Por qué se ha dicho que la práctica de los que están en las iglesias religiosas está pasada de moda? Porque lo que ponen en práctica está separado de la obra de la actualidad. En la Era de la Gracia, lo que ponían en práctica estaba bien, pero a medida que la era ha pasado y la obra de Dios ha cambiado, su práctica poco a poco ha pasado de moda. La nueva obra y la nueva luz la han dejado atrás. Basada en su fundamento original, la obra del Espíritu Santo ha avanzado varios pasos más profundos. Pero esas personas todavía siguen atoradas en la etapa original de la obra de Dios y todavía se adhieren a las viejas prácticas y a la antigua luz. La obra de Dios puede cambiar grandemente en tres o cinco años, así que, ¿no ocurrirían mayores transformaciones en el curso de 2000 años? Si el hombre no tiene una nueva luz o práctica, quiere decir que no ha mantenido el paso con la obra del Espíritu Santo. Esta es la falla del hombre; la existencia de la nueva obra de Dios no se puede negar porque hoy, los que tenían anteriormente la obra del Espíritu Santo todavía acatan prácticas pasadas de moda. La obra del Espíritu Santo siempre se está moviendo hacia adelante y todos los que están en la corriente del Espíritu Santo también deberían estar avanzando más profundo y cambiando, paso a paso. No se deben detener en una sola etapa. Sólo los que no conocen la obra del Espíritu Santo permanecerían entre Su obra original y no aceptarían la nueva obra del Espíritu Santo. Sólo los que son desobedientes serían incapaces de obtener la obra del Espíritu Santo. Si la práctica del hombre no mantiene el paso con la nueva obra del Espíritu Santo, entonces la práctica del hombre con toda seguridad se ha separado de la obra de la actualidad y con toda seguridad es incompatible con la obra de la actualidad. Personas pasadas de moda como estas sencillamente no pueden alcanzar la voluntad de Dios, mucho menos podrían convertirse en personas que se mantendrán firmes en el testimonio de Dios al final. Toda la obra de gestión, además, no se podría concluir entre tal grupo de personas. Para los que una vez se aferraron a la ley de Jehová, y para los que una vez sufrieron por la cruz, si no pueden aceptar la etapa de la obra de los últimos días, entonces todo lo que hayan hecho habrá sido en vano e inútil. La expresión más clara de la obra del Espíritu Santo es abrazar el aquí y el ahora, no aferrarse al pasado. Los que no han mantenido el ritmo con la obra de la actualidad, y que se han separado de la práctica de la actualidad, son los que se oponen y no aceptan la obra del Espíritu Santo. Tales personas desafían la obra presente de Dios. Aunque se aferran a la luz del pasado, no se puede negar que no conocen la obra del Espíritu Santo. ¿Por qué ha habido toda esta plática sobre los cambios en la práctica del hombre, sobre las diferencias en la práctica entre el pasado y el presente, sobre cómo se llevaba a cabo la práctica durante la era anterior y sobre cómo se hace en la actualidad? Siempre se habla de estas divisiones en la práctica del hombre porque la obra del Espíritu Santo constantemente está avanzando y por eso a la práctica del hombre se le exige que constantemente cambie. Si el hombre se queda atorado en una etapa, entonces esto prueba que es incapaz de seguirle el paso a la nueva obra de Dios y a la nueva luz; no prueba que el plan de la gestión de Dios no haya cambiado. Los que están fuera de la corriente del Espíritu Santo siempre piensan que están bien pero, de hecho, la obra de Dios en ellos cesó hace mucho tiempo y la obra del Espíritu Santo está completamente ausente en ellos. La obra de Dios hace mucho que se transfirió a otro grupo de personas, un grupo en quien Él pretende completar Su nueva obra. Ya que los que están en la religión no pueden aceptar la nueva obra de Dios, y solo se aferran a la antigua obra del pasado, Dios ha abandonado a estas personas y hace Su nueva obra en las personas que aceptan esta nueva obra. Estas son personas que cooperan en Su nueva obra y solo de esta manera se puede lograr Su gestión.

Extracto de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que están en la corriente del Espíritu Santo son las que aceptan la nueva obra y, como han aceptado la nueva obra, deben cooperar de manera adecuada con Dios y no deben actuar como rebeldes que no llevan a cabo su deber. Esta es la única exigencia que Dios le hace al hombre. No así a las personas que no aceptan la nueva obra: ellas están fuera de la corriente del Espíritu Santo y la disciplina y la amonestación del Espíritu Santo no se aplican a ellas. Estas personas viven todo el día dentro de la carne, viven dentro de sus mentes y todo lo que hacen es de acuerdo a la doctrina que se produce por el análisis y la investigación de sus propios cerebros. Esto no es lo que requiere la nueva obra del Espíritu Santo, mucho menos es la cooperación con Dios. Los que no aceptan la nueva obra de Dios son despojados de la presencia de Dios y, además, son privados de las bendiciones y de la protección de Dios. La mayoría de sus palabras y acciones se aferran a las exigencias del pasado de la obra del Espíritu Santo; son doctrina, no la verdad. Tal doctrina y regla son suficientes para probar que la reunión de estas personas no es más que religión; no son los escogidos o los objetos de la obra de Dios. La asamblea de todos los que están entre ellos sólo se puede llamar un gran congreso de religión y no se puede llamar una iglesia. Este es un hecho inalterable. No tienen la nueva obra del Espíritu Santo; lo que hacen parece oler a religión, lo que viven parece estar repleto de religión; no poseen la presencia y la obra del Espíritu Santo, mucho menos son elegibles para recibir la disciplina o el esclarecimiento del Espíritu Santo. Todas estas personas son cadáveres inertes y gusanos que están desprovistos de espiritualidad. No tienen conocimiento de la rebelión y oposición del hombre, no tienen conocimiento de toda la maldad del hombre, mucho menos conocen toda la obra de Dios y la actual voluntad de Dios. ¡Todas son ignorantes, personas viles, son escoria, no aptas para ser llamadas creyentes! Nada de lo que hacen tiene relación con la gestión de Dios, mucho menos pueden perjudicar los planes de Dios. Sus palabras y acciones son demasiado repugnantes, demasiado patéticas y simplemente indignas de mención. Nada de lo que hagan los que no están dentro de la corriente del Espíritu Santo tiene algo que ver con la nueva obra del Espíritu Santo. Por esto, no importa qué hagan, no tienen la disciplina del Espíritu Santo y, además, no tienen el esclarecimiento del Espíritu Santo. Porque todas ellas son personas que no tienen amor por la verdad y el Espíritu Santo las ha rechazado y aborrecido. Se les llama hacedores de maldad porque caminan en la carne y hacen lo que les place bajo el anuncio de Dios. Mientras Dios obra, le son deliberadamente hostiles y corren en dirección opuesta a Él. El fracaso del hombre en cooperar con Dios es sumamente rebelde en sí mismo; entonces ¿acaso las personas que deliberadamente se oponen a Dios no reciben particularmente su justa retribución? Al mencionar la maldad de estas personas, algunas personas están ansiosas por maldecirlas mientras que Dios las ignora. Para el hombre, pareciera que sus acciones afectan el nombre de Dios pero, de hecho, para Dios no tienen relación con Su nombre o con el testimonio de Él. No importa qué hagan estas personas, no tienen relación con Dios: no tienen relación ni con Su nombre ni con Su obra actual. Estas personas se humillan a sí mismas y manifiestan a Satanás; son gente que acumula malas acciones para el día de la ira. En la actualidad, independientemente de sus acciones, y siempre y cuando no obstruyan la gestión de Dios y no tengan nada que ver con la nueva obra de Dios, tales personas no estarán sujetas a la retribución correspondiente, porque el día de la ira aún no ha llegado. Las personas creen que hay mucho con lo que Dios ya debería haber tratado y piensan que esos hacedores de maldad deben estar sujetos a la retribución tan pronto como sea posible. Pero debido a que la obra de la gestión de Dios todavía tiene que llegar a un fin, y el día de la ira aún no ha llegado, los injustos siguen llevando a cabo sus hechos injustos. Algunos dicen: “Los que están en la religión no tienen la presencia o la obra del Espíritu Santo y traen vergüenza al nombre de Dios; así que, ¿por qué Dios no los destruye en vez de seguir tolerando su comportamiento desenfrenado?”. Estas personas, que son la manifestación de Satanás y que expresan la carne, son personas ignorantes y viles, son personas absurdas. No contemplarán el advenimiento de la ira de Dios antes de que lleguen a entender cómo hace Dios Su obra entre los hombres, y una vez que hayan sido completamente conquistadas, todas esas hacedoras de maldad recibirán su retribución y ni una de ellas podrá escapar del día de la ira. Ahora no es el tiempo para el castigo del hombre sino el tiempo para llevar a cabo la obra de conquista, a menos que haya los que dañan la gestión de Dios, en cuyo caso estarán sujetos al castigo que se basa en la gravedad de sus acciones. Durante la gestión que Dios hace de la humanidad, todos los que estén dentro de la corriente del Espíritu Santo guardan relación con Dios. A los que el Espíritu Santo aborrece y rechaza viven bajo la influencia de Satanás y lo que ponen en práctica no tiene relación con Dios. Solo los que aceptan la nueva obra de Dios y cooperan con Dios, tienen relación con Dios porque la obra de Dios solo se dirige a los que la aceptan y no a todas las personas, independientemente de si la aceptan o no. La obra que Dios hace siempre tiene un objeto y no se hace por capricho. Los que se asocian con Satanás no son aptos para dar testimonio de Dios, mucho menos son aptos para cooperar con Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra en la mente del hombre es demasiado fácil de lograr para él. Los pastores y los líderes en el mundo religioso, por ejemplo, confían en sus dones y posiciones para hacer su obra. Las personas que los siguen mucho tiempo se van a infectar con sus dones y van a ser influidas por algo de su ser. Se enfocan en los dones, habilidades y conocimiento de las personas, y prestan atención a cosas sobrenaturales y a muchas doctrinas profundas pero poco realistas (por supuesto, estas doctrinas profundas son inalcanzables). No se enfocan en los cambios en el carácter de las personas, sino en entrenar a las personas para predicad y obrar, mejorar su conocimiento y sus abundantes doctrinas religiosas. No se enfocan en qué tanto cambia el carácter de las personas ni tampoco en qué tanto las personas entienden la verdad. No se interesan en la esencia de las personas, y mucho menos tratan de conocer sus estados normales y anormales. No contraatacan las nociones de las personas ni tampoco ponen de manifiesto sus nociones, y mucho menos podan sus deficiencias o corrupciones. La mayoría de los que los siguen sirven con sus dones, y lo único que publican son nociones religiosas y teorías teológicas que están alejadas de la realidad y son completamente inútiles para dar vida a las personas. De hecho, la esencia de su obra es alimentar el talento, alimentar a una persona sin nada para ser un talentoso graduado del seminario que después va a hacer la obra y liderar.

Extracto de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de este y, además, usan sus viejos argumentos triviales para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También hacen una escena, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de recorrer todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él, pequeñas personas ignorantes y mal informadas, que simplemente intentan demostrar lo brillantes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento. Tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6000 años de obra de Dios. ¡No tiene sentido mencionar a estas personas! De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, personas de gran arrogancia, inherentemente soberbias e ingobernables? Aunque venga un día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No sólo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Él, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más sean así las personas, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él que siempre es nuevo y nunca viejo?

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

“La blasfemia y la calumnia contra Dios es un pecado que no será perdonado en esta era ni en la venidera, y aquellos que cometen este pecado no se reencarnarán nunca”. Esto significa que el carácter de Dios no tolera que el hombre lo ofenda. Cuando en una situación no entienden, o cuando son engañadas, controladas o reprimidas por otros, algunas personas pueden decir palabras que son desagradables o feas. Sin embargo, más adelante, cuando han aceptado el camino verdadero, los invadirá el pesar. Entonces preparan bastantes buenas obras, obtienen conocimiento y experimentan transformación en este aspecto, y por eso Dios no se fija en ninguna de sus anteriores trasgresiones. Vosotros deberíais conocer a Dios plenamente, deberíais saber a quién van dirigidas estas palabras de Dios, así como cuál es su contexto, y no deberíais aplicarlas de forma aleatoria ni definirlas arbitrariamente. Las personas que no tienen experiencia alguna no están a la altura de las palabras de Dios en nada, mientras que las que tienen poca experiencia o alguna percepción tienden a ser hipersensibles. Cuando escuchan las declaraciones de Dios que maldicen o que odian o descartan a las personas, se lo toman como algo personal indiscriminadamente. Esto demuestra que no entienden las palabras de Dios y que siempre lo malinterpretan. Algunas personas juzgan a Dios antes de haber leído ninguna de Sus declaraciones nuevas, de hacer ninguna investigación, de oír ninguna enseñanza de las personas que entienden la nueva obra de Dios o, menos aún, de ganar algún esclarecimiento del Espíritu Santo. Después de esto, alguien les predica el evangelio y lo aceptan. Más tarde, se sienten apesadumbradas por haber juzgado a Dios y desean arrepentirse. Después, depende de cómo se comporten en el futuro. Si, después de haber tenido fe, su conducta es particularmente mala, se autoexcluyen diciendo: «Bueno, después de todo, he pronunciado palabras de blasfemia y desagradables antes, y Dios ha declarado que las personas como yo serán condenadas, así que mi vida ha acabado», tales personas están de verdad acabadas.

Extracto de ‘¿En qué se basa Dios para tratar a la gente?’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas las palabras de Dios y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Dios por muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente desafían a Dios y se le resisten. Ellos son los enemigos de Dios y los anticristos. Su actitud siempre es de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima disposición de someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ellos se exaltan a sí mismos ante los demás y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, consideran que son los mejores para predicar la palabra y los más hábiles para obrar en los demás. Nunca desechan los “tesoros” que poseen, sino que los tratan como herencias familiares para adorar, para predicar al respecto a los demás, y los usan para sermonear a los necios que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de esta clase en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, que, generación tras generación, residen temporalmente en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su deber “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y causan estragos mientras oprimen a los demás de una era a otra. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón! El hombre no obtiene fácilmente la obra de Dios. Aun si usaran toda su fuerza, las personas sólo podrán obtener una porción, lo que, al final, les permitirá ser perfeccionados. ¿Qué sucede, entonces, con los hijos del arcángel que buscan destruir la obra de Dios? ¿No tienen acaso menos esperanza de ser ganados por Dios? Mi propósito al llevar a cabo la obra de conquista no es exclusivamente conquistar por el simple hecho de conquistar, sino conquistar para revelar la justicia y la injusticia, para obtener pruebas para el castigo del hombre, para condenar al malvado y, más aún, conquistar para perfeccionar a aquellos que obedecen voluntariamente. Al final, todos serán separados según su clase, y aquellos que sean perfeccionados serán aquellos cuyos pensamientos e ideas estén llenos de obediencia. Esta es la obra que, al final, se llevará a cabo. Mientras tanto, aquellos cuyas acciones sean rebeldes serán castigados, enviados a arder en el fuego, y serán objeto de eterna maldición. Cuando llegue ese momento, esos “grandes héroes indómitos” de épocas pasadas se transformarán en los “cobardes débiles e impotentes” más ruines y rechazados. Sólo esto puede ilustrar cada aspecto de la justicia de Dios y Su carácter que el hombre no puede ofender y sólo esto puede aplacar el odio de Mi corazón. ¿Acaso no estáis de acuerdo con que esto es completamente razonable?

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

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