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Declaraciones de Cristo de los últimos días (Selecciones)

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Declaraciones de Cristo de los últimos días (Selecciones)

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La Palabra manifestada en carne (Continuación)
Las declaraciones más recientes de Dios Todopoderoso
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Palabras Clásicas de Dios (Pasajes)

34. Desde hace mucho tiempo, las tradiciones étnicas y las perspectivas mentales arraigadas han ensombrecido el espíritu puro e infantil del hombre, han atacado su alma sin la más mínima humanidad como si fuera imparcial e incorruptible. Los métodos de estos demonios son extremadamente crueles, y es como si la “educación” y la “crianza” se hubieran convertido en las técnicas tradicionales mediante las cuales el rey de los diablos mata al hombre. Hace uso de su “profunda enseñanza”, y cubre por completo su fea alma, se viste con piel de oveja para lograr la confianza del hombre y, después, aprovechar cuando este duerme para devorarlo por completo. Pobre humanidad, ¿cómo podría saber que la tierra sobre la que fue criada es la tierra del diablo, que aquel que los crio es, en realidad, un enemigo que los hiere? Con todo, el hombre no despierta en absoluto. Una vez saciada su hambre y su sed, se prepara para devolver la “amabilidad” de sus padres al criarlo. Así es el hombre. Hoy, todavía no sabe que el “rey” que lo crio es su enemigo. La tierra está plagada de los huesos de los muertos, el diablo se alegra exageradamente sin cesar, y sigue devorando la carne del hombre en el “inframundo”, comparte una tumba con esqueletos humanos, e intenta en vano consumir a los últimos remanentes del cuerpo destrozado del hombre. Pero este sigue siempre ignorante, y nunca ha tratado al diablo como su enemigo, sino que le sirve con todo su corazón. Una nación tan depravada es, simplemente, incapaz de conocer a Dios. ¿Le resulta fácil a Dios hacerse carne y venir en medio de ellos, y realizar toda Su obra de salvación? ¿Cómo podría el hombre, que ya se ha hundido en el Hades, ser capaz de satisfacer los requisitos de Dios?

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

35. Muchas son las noches insomnes que Dios ha soportado por el bien de la obra de la humanidad. Desde lo más alto hasta las más bajas profundidades, Él ha descendido al infierno viviente en el que el hombre mora para pasar Sus días con él, nunca se ha quejado de la mezquindad que hay entre los hombres, nunca le ha reprochado a este su desobediencia, sino que ha soportado la mayor humillación mientras lleva personalmente a cabo Su obra. ¿Cómo podría Dios pertenecer al infierno? ¿Cómo podría pasar Su vida allí? Sin embargo, por el bien de toda la humanidad, y para que toda ella pueda hallar descanso pronto, Él ha soportado la humillación, y sufrido la injusticia para venir a la tierra, y entró personalmente en el “infierno” y el “Hades”, en el foso del tigre, para salvar al hombre. ¿De qué forma está el hombre cualificado para oponerse a Dios? ¿Qué razón tiene para, una vez más, quejarse de Dios? ¿Cómo puede tener el descaro de volver a mirar a Dios? El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado del hombre, sino que acepta en silencio los estragos[1] y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios ha llevado a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarlo del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como el de una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? El apasionado corazón de Dios y Sus ardientes expectativas han recibido a cambio fríos corazones, miradas insensibles e indiferentes, con las reprimendas y los insultos repetidos del hombre, cortantes observaciones, sarcasmo y menosprecio; con el ridículo del hombre, con su pisoteo y su rechazo, con su malentendido, sus gemidos, su distanciamiento y su evitación; con nada más que engaños, ataques y amargura. Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto[2]. Cuántos soles y lunas, cuántas veces ha mirado a las estrellas, se ha marchado al alba, ha regresado al anochecer, dando vueltas en la cama, ha soportado agonía mil veces mayores que el dolor de Su partida del lado de Su Padre, sufrido los ataques, la ruptura, la trata y la poda del hombre. La humildad y el ocultamiento de Dios se han visto correspondidos por el prejuicio[3] del hombre, con los criterios y el trato injustos del hombre y Su anonimato, Su paciencia y Su tolerancia han recibido a cambio la avariciosa mirada del hombre; este intenta golpear a Dios hasta la muerte, sin remordimiento, y pisotearlo en el suelo. La actitud del hombre en su trato hacia Dios es de “rara inteligencia”, y Dios, a quien el hombre intimida y desdeña, está aplastado bajo los pies de decenas de millares de personas; mientras tanto, el hombre mismo se levanta hasta lo más alto, como si quisiera ser el rey del castillo, tomar el poder absoluto,[4] recibir audiencia detrás de una pantalla, para dejar a Dios como el aplicado y cumplidor director entre bastidores, al que no se le permite defenderse ni causar problema; Dios interpreta el papel del “Último Emperador”, tiene que ser una marioneta,[5] desprovisto de toda libertad. Los hechos del hombre son impensables, ¿cómo, pues, está cualificado para exigirle a Dios tales o cuales cosas? ¿De qué manera está cualificado para proponerle sugerencias a Dios? ¿Cómo está cualificado para exigir que Dios se compadezca de sus debilidades? ¿De qué forma es apto para recibir la misericordia de Dios, Su magnanimidad y Su perdón, una y otra vez? ¿Dónde está su conciencia? Hace mucho que le rompió el corazón a Dios, que se lo dejó hecho pedazos. Dios vino en medio del hombre, rebosante de alegría y entusiasmo, y esperaba que el hombre fuera caritativo con Él, aunque sólo fuera con un poco de calidez. A pesar de ello, el corazón de Dios tarda en ser consolado por el hombre; lo único que ha recibido son un bombardeo[6] de ataques y tormento; el corazón del hombre es demasiado codicioso, su deseo demasiado grande; nunca puede ser saciado, siempre es tramposo e imprudente; nunca le permite a Dios libertad alguna ni derecho a la palabra, ni le deja a Dios más opción que someterse a la humillación, y permitir que el hombre lo manipule como quiera.

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

36. Desde la creación hasta ahora, Dios ha soportado demasiado de mucho dolor, y sufrido demasiado de muchos ataques. Con todo, incluso hoy, el hombre sigue sin relajarle sus exigencias a Dios, sigue estudiándolo, sigue sin tener tolerancia hacia Él y no hace nada más que darle consejo, criticarlo y disciplinarlo, como si estuviera profundamente temeroso de que Dios tomara el camino equivocado, de que Dios en la tierra sea bruto y poco razonable, desenfrenado o que no sirva para nada. El hombre siempre tiene este tipo de actitud hacia Dios. ¿Cómo no iba a entristecerle? Al hacerse carne, Dios ha soportado un dolor y una humillación tremendos; ¿cuánto peor, pues, hacer que Él acepte las enseñanzas del hombre? Su llegada en medio del hombre lo ha despojado de toda libertad, como si estuviera encarcelado en el Hades, y ha aceptado la disección del hombre sin la más ligera resistencia. ¿No es esto vergonzoso? Al venir entre la familia de un hombre normal, Jesús ha sufrido la mayor injusticia. Más humillante aún es que se haya presentado en este polvoriento mundo, se haya humillado a sí mismo hasta las más bajas profundidades, y haya adoptado una carne de suprema cotidianeidad. Al convertirse en un insignificante ser humano, ¿no sufre el Dios Altísimo dificultades? ¿Y no es todo esto por la humanidad? ¿Ha habido veces en el que Él pensara en sí mismo? Después de ser rechazado y ejecutado por los judíos, ridiculizado y burlado por el pueblo, nunca se quejó a los cielos ni le protestó a la tierra. Hoy, esta tragedia de miles de años ha reaparecido entre estas personas que son como los judíos. ¿Acaso no cometen los mismos pecados? ¿Qué cualifica al hombre para recibir las promesas de Dios? ¿No se opone a Dios, y después acepta Sus bendiciones? ¿Por qué el hombre no se enfrenta nunca a la justicia ni busca la verdad? ¿Por qué no le interesa nunca lo que Dios hace? ¿Dónde está su justicia? ¿Dónde está su equidad? ¿Tiene las agallas de representar a Dios? ¿Dónde está su sentido de la justicia? ¿Cuánto de lo que el hombre ama también lo ama Dios? El hombre no puede distinguir la tiza del queso,[7] siempre confunde lo negro con lo blanco, suprime la justicia y la verdad, y mantiene en alto lo inequitativo y lo injusto. Aleja la luz y retoza en medio de la oscuridad. Los que buscan la verdad y la justicia, en cambio ahuyentan la luz, los que buscan a Dios lo pisotean bajo sus pies, y se elevan a sí mismos al cielo. El hombre no es distinto a un bandido.[8] ¿Dónde está su razón? ¿Quién puede distinguir lo correcto de lo incorrecto? ¿Quién puede defender la justicia? ¿Quién está dispuesto a sufrir por la verdad? ¡Las personas son crueles y diabólicas! Han clavado a Dios en la cruz, aplauden y vitorean; sus gritos salvajes no cesan. Son como pollos y perros, se confabulan y se hacen cómplices. Han establecido su propio reino; su intromisión no ha dejado lugar sin perturbar. Cierran los ojos y aúllan como locos, sin cesar, encerrados juntos. Una atmósfera apretada lo impregna todo; es bulliciosa y vivaz, y quienes se suman ciegamente a otros siguen emergiendo, sosteniendo todos ellos los “ilustres” nombres de sus antepasados. Hace mucho que estos perros y pollos relegaron a Dios al fondo de su mente, y nunca prestaron atención al estado del corazón de Dios. No es de sorprender que Dios diga que el hombre es como un perro o un pollo, un perro que ladra, y que hace que otro centenar de ellos aúllen. De esta forma, con mucho alboroto, ha traído la obra de Dios hasta el día de hoy, haciendo caso omiso a cómo sea la obra de Dios, si hay justicia, si Él tiene un lugar donde poner Su pie, de cómo es el mañana, de su propia soledad y de su propia inmundicia. El hombre no ha pensado nunca tanto en las cosas, no se ha preocupado jamás del mañana, y ha reunido todo lo que es beneficioso y precioso entre sus brazos, sin dejarle nada a Dios, excepto migajas y sobras.[9] ¡Qué cruel es la humanidad! No guarda ningún sentimiento para Dios, y después de devorar secretamente todo lo que es de Él, lo tira bien lejos detrás de sí, sin prestarle más atención a Su existencia. Disfruta de Dios, aunque se opone a Él, y lo pisotea bajo sus pies, aunque con la boca le da gracias y lo alaba. Ora a Dios y depende de Él, aunque también lo engaña. “Exalta” el nombre de Dios y mira Su rostro, aunque también se sienta en Su trono con descaro y desvergüenza, y juzga la “injusticia” de Dios. De su boca proceden las palabras de que está en deuda con Dios, y mira Sus palabras, aunque en su corazón le lanza improperios a Dios; es “tolerante” hacia Dios aunque lo oprime, y su boca dice que es por amor a Dios. En sus manos sostiene las cosas de Dios, y en su boca mastica la comida que Él le ha dado. Sin embargo, sus ojos fijan una mirada fría y sin emoción en Dios, como si deseara tragárselo por completo. Ve la verdad, pero insiste en decir que es el engaño de Satanás. Mira la justicia, pero la obliga a convertirse en autonegación; considera los hechos del hombre, pero insiste en que son lo que Dios es; contempla los dones naturales del hombre, pero insiste en que son la verdad; observa los hechos de Dios, pero insiste en que son arrogancia y presunción, bravatas y santurronería. Cuando el hombre observa a Dios, insiste en etiquetarlo de humano, e intenta a toda costa colocarlo en el asiento de un ser creado que está confabulado con Satanás. Sabe perfectamente que son declaraciones de Dios, pero dirá que no son más que los escritos de un hombre. Sabe muy bien que el Espíritu se hace realidad en la carne, que Dios se hace carne, pero él afirma que esa carne es descendiente[10] de Satanás. Sabe bien que Dios es humilde, y está escondido, pero él sólo declara que Satanás ha sido avergonzado, y Dios ha ganado. ¡Qué inútiles! ¡El hombre ni siquiera es digno de servir como perro guardián! No distingue entre lo negro y lo blanco, e incluso tergiversa deliberadamente lo negro, y lo hace blanco. ¿Pueden las fuerzas del hombre y sus asedios tolerar el día de la emancipación de Dios? Después de oponerse deliberadamente a Dios, al hombre no podría importarle menos, o incluso llega tan lejos como hasta entregarlo a la muerte, sin darle la más mínima oportunidad de mostrarse a sí mismo. ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el amor? Él se sienta junto a Dios, y lo obliga a ponerse de rodillas para pedir perdón, obedecer todas sus disposiciones, asentir a todas sus maniobras, y hace que Dios siga sus señales en todo lo que hace o si no se pone furioso[11] y monta en cólera. ¿Cómo no iba a sentirse Dios apesadumbrado bajo semejante influencia de oscuridad que tergiversa lo negro con blanco? ¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Por qué se dice que cuando Dios inició Su última obra fue como el amanecer de una nueva época? Los hechos del hombre son tan “ricos”, los “ríos de agua viva que fluyen eternamente” “reabastecen” sin cesar el campo del corazón humano, mientras que el “río de agua viva” del hombre compite contra Él sin escrúpulo.[12] Ambos son irreconciliables, y este provee a las personas en lugar de Dios, sin reserva alguna, mientras que el hombre colabora con ello sin consideración alguna de los peligros implicados. ¿Y con qué resultados? Con frialdad echa a Dios a un lado y lo coloca lejos, donde las personas no lo tengan en cuenta, profundamente temeroso de que pueda llamar su atención y con gran miedo a que el río de agua viva de Dios incite y gane al hombre. Así, tras experimentar muchos años de preocupaciones mundanas, se confabula e intriga en contra de Dios, y hasta lo convierte en el blanco de su reprobación. Es como si Dios se hubiera convertido en una viga en su ojo; está desesperado por agarrarlo, y colocarlo en el fuego para que sea refinado y purificado. Viendo la incomodidad de Dios, el hombre se golpea el pecho y se ríe, baila de gozo y dice que Él ha sido sumido también en el refinamiento, y que quemará las impurezas de Dios hasta limpiarle la suciedad, como si sólo esto fuera racional y sensato, como si sólo estos fueran los métodos justos y razonables del cielo. Esta violenta conducta del hombre parece deliberada e inconsciente a la vez. El hombre revela su fea cara y su odiosa e inmunda alma, así como la apariencia lastimosa de un mendigo. Después de desmandarse a lo largo y ancho, adopta un aspecto patético, y suplica el perdón del cielo como un perrito faldero sumamente lastimoso. El hombre siempre actúa de maneras inesperadas, siempre “cabalga sobre un tigre para asustar a los demás”,[a] se une a la diversión cada vez que puede, no tiene la menor consideración por el corazón de Dios ni establece comparación alguna con su propio estatus. Sencillamente se opone a Dios en silencio, como si Él lo hubiera ofendido, y no debiera tratarlo así; como si el cielo no tuviera ojos y le pusiera las cosas difíciles a propósito. Así, el hombre siempre lleva a cabo sus crueles complots en secreto, y no relaja en lo más mínimo sus exigencias a Dios, mirando con ojos depredadores, fijamente enfurecido por cada movimiento de Dios, sin nunca pensar que es Su enemigo, y en la espera de que llegue el día en que Dios disipe la niebla, aclare las cosas, lo salve de las “fauces del tigre” y se vengue en su nombre. Incluso hoy, las personas siguen sin pensar que están jugando el papel de oposición a Dios que tantos han venido interpretando a lo largo de los siglos. Cómo podían saber que, en todo lo que hacen, llevan mucho tiempo ya extraviados; que los mares se han tragado, hace mucho, todo lo que entendían.

¿Quién ha aceptado alguna vez la verdad? ¿Quién ha acogido a Dios con los brazos abiertos? ¿Quién ha deseado con alegría la aparición de Dios? La conducta del hombre ha decaído desde hace tiempo, y hace mucho que su contaminación ha dejado el templo de Dios irreconocible. Mientras tanto, el hombre sigue con su propia obra, siempre mirando a Dios con menosprecio. Es como si su oposición a Él fuera inamovible e inmutable. Como resultado, preferiría que lo maldijera antes que sufrir ningún “maltrato” de sus palabras y sus actos. ¿Cómo podría este tipo de persona conocer a Dios? ¿Cómo podría encontrar reposo con Él? ¿Y cómo podrían ser aptos de presentarse delante de Él?

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

37. He pasado muchos días y noches con el hombre, he residido en el mundo con él y nunca le he exigido nada más. Simplemente lo guío siempre hacia adelante; no hago más que guiarlo y, por el bien del destino de la humanidad, llevo a cabo incesantemente el trabajo de planificación. ¿Quién ha entendido alguna vez la voluntad del Padre celestial? ¿Quién ha viajado entre el cielo y la tierra? Ya no deseo pasar con el hombre su “vejez”, porque es demasiado anticuado; no entiende nada. Sólo sabe atiborrarse en el banquete que he dispuesto, manteniéndose al margen de todo lo demás, y sin pensar en ningún otro asunto. La humanidad es demasiado mezquina; el clamor, la desesperanza y el peligro entre los hombres son demasiado grandes y, por tanto, no deseo compartir los preciosos frutos del triunfo ganado durante los últimos días. Que el hombre disfrute de las ricas bendiciones que él mismo ha creado, porque no me da la bienvenida. ¿Por qué debería Yo obligarlo a fingir una sonrisa? Cada esquina del mundo está desprovista de calidez, no hay rastro de primavera en sus paisajes porque, como el animal que vive en el agua, el hombre no tiene el más ligero calor. Es como un cadáver, y hasta la sangre que corre por sus venas es como el hielo que congela el corazón. ¿Dónde está la calidez? El hombre clavó a Dios en la cruz sin razón y, después, no sintió los más mínimos reparos. Nadie ha sentido nunca pesar, y esos crueles tiranos siguen planeando una vez más “capturar vivo”[4] al Hijo del Hombre, y ponerlo ante un batallón de fusilamiento, para poner fin al odio que hay en sus corazones. ¿Qué beneficio existe en quedarme en esta tierra peligrosa? Si me quedo, lo único que le acarrearé al hombre es conflicto y violencia, y no el final del problema, porque nunca le he traído paz, sino guerra. Los últimos días de la humanidad deben estar llenos de guerra y el destino del hombre debe caer en medio de la violencia y del conflicto. No estoy dispuesto a “compartir” el “deleite” de la guerra; no acompañaré el derramamiento de sangre y el sacrificio del hombre, porque su rechazo me ha llevado al “abatimiento”, y no tengo corazón para contemplar las guerras del hombre. Que pelee para satisfacción de su corazón. Yo deseo descansar; quiero dormir. ¡Que los demonios sean los compañeros de la humanidad durante sus últimos días! ¿Quién conoce Mi voluntad? El hombre no me ha dado la bienvenida ni me ha esperado jamás; por ello, sólo puedo decirle adiós, otorgarle el destino de la humanidad, y dejarle al ser humano toda Mi riqueza, sembrar Mi vida entre los hombres, plantar la semilla de Mi vida en el campo de su corazón y dejarle recuerdos eternos. Sólo puedo dejarle todo Mi amor a la humanidad, concederle todo lo que el hombre valora en Mí como regalo de amor que anhelamos el uno para el otro. Querría que nos amáramos siempre, que nuestro ayer sea lo bueno que nos damos el uno al otro, porque ya le he otorgado Mi totalidad a la humanidad; ¿qué quejas podría tener el hombre? Ya le he dejado toda Mi vida, y sin una palabra he trabajado duro, y he arado la hermosa tierra del amor para la humanidad. Nunca le he puesto exigencias equitativas al hombre ni he hecho nada más que someterme a sus disposiciones y crear un mañana más hermoso para la humanidad.

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

38. La encarnación de Dios ha enviado ondas de choque por todas las denominaciones, ha “sumido en el caos” su orden original, y ha sacudido los corazones de todos los que anhelan la aparición de Dios. ¿Quién no está adorando? ¿Quién no ansía ver a Dios? Él ha estado personalmente en medio del hombre durante muchos años, aunque este nunca se haya dado cuenta de ello. Hoy, Dios mismo se ha aparecido y ha demostrado Su identidad a las masas. ¿Cómo podría tal cosa no traer deleite al corazón del hombre? Dios compartió una vez los gozos y las tristezas con el hombre, y hoy se ha reunido con la humanidad, compartiendo historias de los tiempos pasados con él. Después de que Él saliera de Judea, las personas no pudieron hallar rastro de Él. Anhelan, una vez más, encontrarse con Dios; poco saben que hoy ya lo han hecho, y que se han reunido con Él. ¿Cómo no agitaría esto los recuerdos del ayer? Hace dos mil años hoy, Simón Bar-Jonás, descendiente de los judíos, contempló a Jesús el Salvador, comió en la misma mesa que Él, y después de seguirlo durante muchos años, sintió profundo afecto hacia Él: lo amó desde el fondo de su corazón; amó al Señor Jesús profundamente. El pueblo de Judea no supo nada de cómo este bebé de cabello dorado, nacido en un frío pesebre, fue la primera imagen de la encarnación de Dios. Todos pensaron que era lo mismo que ellos; nadie pensó que fuera diferente; ¿cómo podían las personas reconocer a este Jesús normal y corriente? El pueblo de Judea pensaba en Él como un hijo judío de los tiempos. Nadie lo consideró como un Dios amoroso ni hicieron nada, sino exigirle ciegamente, pedirle que les concediera ricas y abundantes gracias, paz y gozo. Lo único que sabían era que, como un millonario, Él poseía todo lo que uno podía desear jamás. Con todo, las personas nunca lo trataron como alguien a quien amaran; las personas de aquel tiempo no lo amaron, sólo protestaban contra Él, y le hicieron exigencias irracionales. Nunca se resistió y dio, constantemente, gracias al hombre, aunque este no lo conociera. No hizo nada, sino darle al ser humano, en silencio, calidez, amor y misericordia, e incluso más, le dio un nuevo medio de práctica, y sacó al hombre de los lazos de la ley. El hombre no lo amaba; sólo lo envidiaba, y reconocía Sus talentos excepcionales. ¿Cómo podía la ciega humanidad saber lo grande que era la humillación sufrida por el amoroso Jesús, el Salvador, cuando vino en medio de la humanidad? Nadie consideró Su sufrimiento, nadie conoció Su amor por Dios Padre, y nadie pudo conocer Su soledad. Aunque María fue Su madre biológica, ¿cómo podía conocer los pensamientos del corazón del misericordioso Señor Jesús? ¿Quién supo del indecible sufrimiento que soportó el Hijo del Hombre? Tras hacerle peticiones, las personas de ese tiempo lo relegaron fríamente al fondo de su mente, y lo echaron fuera, a vagar por las calles, día tras día, año tras año, a la deriva durante muchos años hasta que cumplió treinta y tres años. Esos duros años habían sido largos y breves a la vez. Cuando las personas lo necesitaban, lo invitaban a sus casas con cara sonriente, e intentaban exigirle cosas. Después de que Él les hubiera hecho Su contribución, lo echaban fuera de inmediato. Las personas comían lo que Su boca proporcionaba, bebían Su sangre, disfrutaban de las gracias que Él les concedía; sin embargo, también se oponían a Él, porque nunca habían sabido quién les había dado la vida. En última instancia, lo clavaron en una cruz, y aun así Él no abrió Su boca. Incluso hoy, sigue en silencio. Las personas comen Su carne, comen la comida que Él hace para ellos, caminan por el camino que Él les ha abierto y beben Su sangre, aunque siguen pretendiendo rechazarlo. En realidad, tratan al Dios que les ha dado la vida como enemigo y, en su lugar, se comportan con quienes son esclavos como ellos como el Padre celestial. En esto, ¿no se oponen deliberadamente a Él? ¿Cómo llegó Jesús a morir en la cruz? ¿Lo sabéis? ¿No fue traicionado por Judas, quien estaba cerca de Él, lo había comido, bebido y había disfrutado de Él? ¿No lo traicionó Judas, porque Jesús no era más que un maestrillo normal? Si las personas hubieran visto realmente que Jesús era extraordinario, y Aquel que era del cielo, ¿cómo pudieron haberlo clavado vivo en la cruz durante veinticuatro horas, hasta que no le quedó aliento en Su cuerpo? ¿Quién puede conocer a Dios? Las personas no hacen nada, sino disfrutar de Dios con insaciable avaricia, pero nunca lo han conocido. Se les dio la mano, y se tomaron el brazo, e hicieron a Jesús totalmente obediente a sus mandatos, a sus órdenes. ¿Quién ha mostrado alguna vez misericordia hacia este Hijo del Hombre, que no tenía donde reposar Su cabeza? ¿Quién ha pensado jamás en unir fuerzas con Él para llevar a cabo la comisión de Dios Padre? ¿Quién ha guardado un pensamiento para Él? ¿Quién ha sido considerado con Sus dificultades? Sin el más mínimo amor, el hombre ha tirado de Él de un lado para otro; el hombre no sabe de dónde vino su luz y su vida, y no hace nada sino planear en secreto cómo crucificar, una vez más, al Jesús de hace dos mil años, quien ha experimentado el dolor en medio del hombre. ¿De verdad inspira Él tanto odio? ¿Se ha olvidado ya todo lo que Él hizo? El odio que se aglutinó durante miles de años acabará brotando. ¡Sois crías de judíos! ¿Cuándo ha sido Jesús hostil hacia vosotros, para que lo odiarais tanto? ¡Él ha hecho y hablado tanto! ¿No ha sido nada de esto para beneficio vuestro? Os ha dado Su vida sin pedir nada a cambio; os ha dado Su totalidad. ¿De verdad seguís queriendo coméroslo vivo? Se ha entregado por completo a vosotros sin retener nada, sin tan siquiera disfrutar de la gloria del mundo, de la calidez, el amor y todas las bendiciones en medio del hombre. ¡Las personas son tan malas con Él! Él no ha gozado de todas las riquezas sobre la tierra; dedica la totalidad de Su corazón sincero y apasionado al hombre; ha consagrado Su totalidad a la humanidad. ¿Y quién le ha dado alguna vez afecto? ¿Quién le ha dado consuelo? El hombre ha amontonado toda la presión sobre Él, le ha entregado todo el infortunio. Le ha impuesto las experiencias más desafortunadas entre los hombres; lo culpa por toda la injusticia y Él lo ha aceptado tácitamente. ¿Ha protestado alguna vez ante alguien? ¿Le ha pedido a alguien una pequeña recompensa? ¿Quién ha mostrado alguna compasión hacia Él? Como personas normales, ¿quién de vosotros no tuvo una infancia romántica? ¿Quién no tuvo una colorida juventud? ¿Quién de vosotros no ha tenido el calor de sus seres queridos? ¿Quién no tiene el amor de familiares y amigos? ¿Quién no tiene el respeto de los demás? ¿Quién carece de una cálida familia? ¿A quién le falta el consuelo de sus confidentes? ¿Ha disfrutado Él alguna vez de algo de esto? ¿Quién le ha proporcionado alguna vez un poco de afecto? ¿Una pizca de consuelo? ¿Quién le ha mostrado un poco de moralidad humana? ¿Quién ha sido tolerante con Él? ¿Quién lo ha acompañado durante los tiempos difíciles? ¿Quién ha pasado con Él la vida dura? El hombre no ha relajado nunca los requisitos que le hace; sencillamente, le exige sin ningún escrúpulo como si, habiendo venido al mundo del hombre, tuviera que ser su buey o su caballo, su prisionero, y tuviera que darle Su todo. De no ser así, el hombre no lo perdonará nunca, será siempre duro con Él, jamás lo llamará Dios ni lo tendrá en alta estima. El hombre es demasiado severo en su actitud hacia Dios, como si se propusiera atormentar a Dios hasta la muerte. Sólo después de esto aflojará sus requisitos a Dios. De no ser así, el hombre nunca bajará los estándares de sus exigencias a Dios. ¿Cómo podría Dios no despreciar a este tipo de hombre? ¿No es esta la tragedia de hoy? La conciencia del hombre no se ve por ninguna parte. Sigue diciendo que le devolverá a Dios Su amor, pero lo disecciona, y lo tortura hasta la muerte. ¿No es esta la “receta secreta” de su fe en Dios, transmitida por sus antepasados? No hay lugar donde no se encuentre a los “judíos”. Hoy siguen haciendo lo mismo, continúan oponiéndose a Dios, aunque creen que lo están exaltando. ¿Cómo los propios ojos del hombre podrían conocer a Dios? ¿Cómo podría el ser humano, que vive en la carne, tratar como Dios al Dios encarnado que ha venido del Espíritu? ¿Quién de entre los hombres podría conocerlo? ¿Dónde está la verdad en medio de los hombres? ¿Dónde está la verdadera justicia? ¿Quién es capaz de conocer el carácter de Dios? ¿Quién puede competir con el Dios de los cielos? No es de sorprender que, cuando ha venido entre los hombres, nadie lo ha conocido y ha sido rechazado. ¿Cómo puede el hombre tolerar la existencia de Dios? ¿Cómo puede permitir que la luz eche fuera las tinieblas del mundo? ¿No procede todo esto de la honorable devoción del hombre? ¿No es su virtuosa entrada? ¿Acaso la obra de Dios no está centrada en torno a la entrada del hombre? Me gustaría que combinarais la obra de Dios con la entrada del hombre, que asegurarais la buena relación entre el hombre y Dios, y que llevarais a cabo el deber que debería realizar el hombre, según la mejor de sus capacidades. ¡De esta forma, la obra de Dios llegará posteriormente a su fin, concluyendo con Su glorificación!

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Declaraciones de Cristo de los últimos días (Selecciones)

Sólo el que experimenta la obra de Dios verdaderamente cree en Dios Las declaraciones de Dios al universo entero: La cuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La quinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La sexta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La séptima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La octava declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La novena declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La décima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La undécima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La duodécima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimotercera declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimocuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoquinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimosexta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoséptima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoctava declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimonovena declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima primera declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima segunda declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima tercera declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima cuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima quinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima sexta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima séptima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima octava declaración La aparición de Dios ha traído una nueva época Dios preside el destino de toda la humanidad Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo Qué punto de vista deben tener los creyentes El hombre corrupto no es capaz de representar a Dios Las formas religiosas de servicio deben ser prohibidas Deberías obedecer a Dios al creer en Dios Promesas a aquellos que han sido perfeccionados Los malvados deben ser castigados Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios Cómo conocer la realidad El Reino Milenario ha llegado Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo Conocer la obra de Dios hoy ¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina? Ya que crees en Dios deberías vivir por la verdad El repique de los siete truenos: profetizando que el evangelio del reino se extenderá por todo el universo La diferencia esencial entre el Dios encarnado y la gente que Dios usa La creencia en Dios se debería enfocar en la realidad, no en los rituales religiosos Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios Los verdaderamente obedientes seguramente serán ganados por Dios La Era del Reino es la Era de la Palabra Todo se realiza por la palabra de Dios Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios Breve charla sobre “El Reino Milenario ha llegado” Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz ¿Has cobrado vida? Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 1 Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 2 Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 3 Selección de los tres pasajes de la palabra de Dios sobre “La visión de la obra de Dios” Parte 1 Selección de los tres pasajes de la palabra de Dios sobre “La visión de la obra de Dios” Parte 2 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “Relativo a la Biblia” Parte 1 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 1 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 2 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 3 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “La verdad interna de la obra de conquista” Parte 2 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “La verdad interna de la obra de conquista” Parte 1 Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación ¿Existe la Trinidad? Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio Parte 1 Cómo deberías ocuparte de tu misión futura Cuando se trata de Dios, ¿cuál es tu entendimiento? Qué significa ser un hombre de verdad ¿Qué sabes de la fe? Nadie que es de la carne puede escapar del día de la ira El salvador ya ha regresado en una “nube blanca” La obra de esparcir el evangelio también es la obra de salvar al hombre La obra en la Era de la Ley La verdad interna sobre la obra en la Era de la Redención Deberías saber cómo la humanidad completa ha evolucionado hasta el día de hoy (Parte 1) Deberías saber cómo la humanidad completa ha evolucionado hasta el día de hoy parte 2 Acerca de los apelativos y la identidad Parte 1 Acerca de los apelativos y la identidad (Parte 2) Sólo los perfeccionados pueden vivir una vida significativa ¿Cómo puede el hombre que ha definido a Dios en sus conceptos recibir Sus revelaciones? Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre Dios es el Señor de toda la creación El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine Parte 1 El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine Parte 2 La obra de Dios y la obra del hombre Parte 1 La obra de Dios y la obra del hombre Parte 2 Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios Parte 1 Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios Parte 2 La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne Parte 1 La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne Parte 2 La esencia de la carne habitada por Dios La obra de Dios y la práctica del hombre parte 1 La obra de Dios y la práctica del hombre parte 2 La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso Parte 1 Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo Parte 1 Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo Parte 2 Cuando veas el cuerpo espiritual de Jesús será cuando Dios haya hecho de nuevo el cielo y la tierra Aquellos incompatibles con Cristo son seguramente opositores de Dios Debes buscar el camino de la compatibilidad con Cristo ¿Eres un verdadero creyente de Dios? Cristo realiza la obra de juicio con la verdad ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres Sólo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna Deberías preparar suficientes buenas obras para tu destino ¿A quién eres leal? Tres advertencias Es muy importante entender el carácter de Dios Cómo conocer a Dios en la tierra Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino Deberíais considerar vuestros hechos Dios es la fuente de la vida del hombre El suspiro del Todopoderoso El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima novena declaración Los mandamientos de la nueva era Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 4 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “Relativo a la Biblia” Parte 2 Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio Parte 2 Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso Parte 2 Muchos son llamados, pocos escogidos

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