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Declaraciones de Cristo de los Últimos Días (Selecciones) (RECITALES)

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Declaraciones de Cristo de los Últimos Días (Selecciones) (RECITALES)

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La Palabra Manifestada en Carne (Continuación) (RECITALES)
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Palabras clásicas de Dios (Pasajes)

1. En la Era de la Gracia, Juan allanó el camino para Jesús. No podía llevar a cabo la obra de Dios mismo y simplemente cumplió con la obligación del hombre. Aunque Juan fue el precursor del Señor, no podía representar a Dios; sólo era un hombre usado por el Espíritu Santo. Después del bautismo de Jesús, “descendió el Espíritu Santo sobre Él, como paloma”. Fue entonces cuando empezó Su obra, esto es, comenzó a desempeñar el ministerio de Cristo. Por esta razón asumió la identidad de Dios, porque vino de Él. No importa cómo fuera Su fe antes de esto —quizás fue débil en ocasiones, o fuerte en otras— todo fue Su vida humana normal antes de desarrollar Su ministerio. Después de ser bautizado (ungido), tuvo inmediatamente el poder y la gloria de Dios con Él, y por tanto comenzó a desempeñar Su ministerio. Podía obrar señales y maravillas, realizar milagros, tenía poder y autoridad, porque trabajaba directamente en el nombre de Dios mismo; hacía la obra del Espíritu en Su lugar y expresaba Su voz; así pues, Él era Dios mismo. Esto es indiscutible. El Espíritu Santo usó a Juan. Este no podía representar a Dios ni le era posible hacerlo. Si hubiera deseado hacerlo, el Espíritu Santo no lo habría permitido, porque no podía hacer la obra que Dios mismo pretendía realizar. Quizás había mucho en él de la voluntad del hombre o había algo desviado en él; bajo ninguna circunstancia podía representar directamente a Dios. Sus equivocaciones y errores lo representaban sólo a él, pero su obra era representativa del Espíritu Santo. Sin embargo, no se puede afirmar que su totalidad representara a Dios. ¿Podían su desviación y sus errores representar también a Dios? Equivocarse al representar al hombre es normal, pero si se desviaba en la representación de Dios, ¿no sería una deshonra para Él? ¿No sería una blasfemia contra el Espíritu Santo? Este no permite al hombre ocupar el lugar de Dios a voluntad, aunque otros le exalten. Si no es Dios, sería incapaz de mantenerse firme al final. ¡El Espíritu Santo no le permite al hombre representar a Dios como a él le plazca! Por ejemplo, el Espíritu Santo dio testimonio de Juan y también reveló que era quien allanaría el camino para Jesús, pero la obra realizada en él por el Espíritu Santo estaba bien medida. Todo lo que se le pidió a Juan fue que allanase el camino para Jesús, que lo preparara. Es decir, el Espíritu Santo sostuvo su obra de abrir el camino y sólo le permitió llevar a cabo dicha obra y ninguna otra. Juan representaba a Elías, el profeta que allanaba el camino. El Espíritu Santo lo sostuvo; mientras que su trabajo consistió en abrir camino, este lo sostuvo. Sin embargo, si hubiera reivindicado ser Dios mismo y venir a terminar la obra de redención, el Espíritu Santo lo habría disciplinado. Por muy grande que fuera la obra de Juan, y por mucho que el Espíritu Santo la sostuviera, esta permanecía dentro de sus límites. Es realmente cierto que el Espíritu Santo sostuvo su obra, pero el poder que se le dio en ese momento se limitó a la tarea de allanar el camino. No podía realizar otra obra en absoluto, porque sólo era Juan quien lo hacía, no Jesús. Por tanto, el testimonio del Espíritu Santo es fundamental, pero la obra que este le permite hacer al hombre es aún más crucial.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

2. Algunos están poseídos por espíritus malignos y claman persistentemente “¡Soy Dios!”. Pero al final, no pueden mantenerse firmes, porque actúan en nombre del ser incorrecto. Representan a Satanás y el Espíritu Santo no les presta atención. Por muy alto que te exaltes o por muy fuerte que clames, sigues siendo un ser creado, que pertenece a Satanás. Yo nunca clamo: “!Soy Dios, soy el amado Hijo de Dios!”. Pero la obra que hago es la de Dios. ¿Debo gritar? No hay necesidad de exaltación. Dios hace Su obra por sí mismo y no necesita que el hombre le conceda un estatus o un título honorífico, y Su obra es suficiente para representar Su identidad y estatus. Antes de Su bautismo, ¿no era Jesús Dios mismo? ¿No era la carne encarnada de Dios? ¿Es acaso cierto que pueda decirse que Él sólo se convirtió en el único Hijo de Dios después de que se dio testimonio de Él? ¿Acaso no había un hombre llamado Jesús mucho antes de que Él comenzase Su obra? No puedes traer nuevos caminos o representar al Espíritu. No puedes expresar la obra del Espíritu o las palabras que Él habla. No puedes realizar la obra de Dios mismo ni la del Espíritu. No puedes expresar la sabiduría, la maravilla y lo insondable de Dios ni todo el carácter por medio del cual Él castiga al hombre. Así pues, tus repetidas reivindicaciones de ser Dios no importan; sólo tienes el nombre y nada de la esencia. Dios mismo ha venido, pero nadie lo reconoce, y aun así Él sigue en Su obra y lo hace en representación del Espíritu. Independientemente de que lo llames hombre o Dios, Señor o Cristo, o hermana, todo está bien. Pero la obra que Él hace es la del Espíritu y representa la de Dios mismo. No le importa el nombre con el que el hombre lo denomine. ¿Puede ese nombre determinar Su obra? Independientemente de cómo lo llames, desde la perspectiva de Dios, Él es la forma encarnada del Espíritu de Dios; representa a este y este lo aprueba. No puedes dejar paso a una nueva era ni finalizar la antigua, ni iniciar la nueva, ni hacer una nueva obra. Por tanto, ¡no se te puede llamar Dios!

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

3. Ni siquiera un hombre usado por el Espíritu Santo puede representar a Dios mismo. Y no sólo no puede representar a Dios, sino que su obra no puede representarle directamente. Es decir, la experiencia del hombre no puede colocarse directamente dentro de la gestión de Dios ni puede representar Su gestión. Toda la obra que Dios mismo lleva a cabo es la que Él pretende hacer en Su propio plan de gestión y guarda relación con la gran gestión. La obra realizada por el hombre (el hombre usado por el Espíritu Santo) provee su experiencia personal. Este encuentra una nueva senda de experiencia a partir de la que caminaron los que fueron delante de él y guía a sus hermanos y hermanas bajo la dirección del Espíritu Santo. Lo que estos hombres proveen es su experiencia individual o los escritos espirituales de hombres espirituales. Aunque el Espíritu Santo los usa, la obra de estos no tiene relación con la gran obra de gestión en el plan de seis mil años. Simplemente, el Espíritu Santo los levanta en diferentes períodos para guiar a las personas en Su corriente hasta que hayan cumplido su función o su vida llegue a su fin. La obra que hacen es tan sólo preparar un camino apropiado para Dios mismo o continuar un elemento en la gestión de Dios mismo en la tierra. Esos hombres son incapaces de hacer la obra más grande en Su gestión, y no pueden abrir nuevas salidas, mucho menos concluir toda la obra de Dios desde la era anterior. Por tanto, la obra que realizan representa sólo a un ser creado que cumple su función y no puede representar a Dios mismo llevando a cabo Su ministerio. Esto se debe a que la obra que hacen es diferente a la realizada por Dios mismo. El hombre no puede realizar la obra de introducir una nueva era en lugar de Dios. Nadie aparte de Él mismo puede hacerlo. Toda la obra del hombre cumple su obligación como integrante de la creación, y se realiza cuando es movido o iluminado por el Espíritu Santo. La dirección que esos hombres proveen es cómo practicar en la vida diaria y cómo actuar en armonía con la voluntad de Dios. La obra del hombre no implica la gestión de Dios ni representa la obra del Espíritu. […] Así, como la obra de los hombres usados por el Espíritu Santo es diferente de la llevada a cabo por Dios mismo, sus identidades y en nombre de quien actúan son igualmente distintas. Esto se debe a que la obra que el Espíritu Santo pretende hacer es diferente, y confiere de este modo identidades y estatus diferentes a aquellos que obran. Los hombres usados por el Espíritu Santo también pueden hacer alguna obra nueva y eliminar alguna otra llevada a cabo en la era anterior, pero su obra no puede expresar el carácter y la voluntad de Dios en la nueva era. Trabajan sólo para quitar la obra de la era anterior, no para hacer la nueva y representar el carácter de Dios mismo. Así pues, independientemente de cuántas prácticas obsoletas abolan o cuántas nuevas introduzcan, siguen representando al hombre y a los seres creados. Sin embargo, cuando el propio Dios lleva a cabo la obra, no declara abiertamente la abolición de prácticas de la era antigua ni declara directamente el comienzo de una nueva. Él es directo y claro en Su obra. Es franco llevando a cabo la obra que pretende; esto es, expresa directamente la obra que ocasionó, la hace directamente como pretendió en un principio, expresando Su ser y Su carácter. Tal como el hombre lo ve, Su carácter, y por tanto también Su obra, son diferentes a los de eras pasadas. No obstante, desde la perspectiva de Dios mismo, esto es simplemente una continuación y un desarrollo adicional de Su obra. Cuando Dios mismo obra, expresa Su palabra y trae directamente la nueva obra. Por el contrario, cuando el hombre obra, lo hace por medio de la deliberación y el estudio, o es el desarrollo del conocimiento y la sistematización de la práctica que se edifican sobre el fundamento de la obra de otros. Es decir, la esencia de la obra hecha por el hombre es atenerse a las convenciones y “caminar por sendas antiguas con zapatos nuevos”. Esto significa que incluso la senda transitada por los hombres usados por el Espíritu Santo se edifica sobre la que Dios mismo abrió. Por tanto, el hombre es después de todo hombre, y Dios es Dios.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

4. Juan nació por la promesa, y un ángel le dio su nombre. En ese momento, algunos quisieron llamarlo como su padre, Zacarías, pero su madre habló, diciendo: “Este niño no puede llamarse así. Debe llamarse Juan”. El Espíritu Santo lo ordenó. Entonces, ¿por qué no se llamó Dios a Juan? Jesús también recibió Su nombre por la dirección del Espíritu Santo, y Él nació de este y de Su promesa. Jesús era Dios, Cristo, y el Hijo del Hombre. La obra de Juan también fue grande, ¿pero por qué no se le llamó Dios? ¿Cuál era exactamente la diferencia entre la obra realizada por Jesús y la de Juan? ¿Acaso la única razón fue que Juan venía a allanar el camino para Jesús? ¿O sería porque Dios lo había predestinado? Aunque Juan también anunció: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se acerca”, y predicó también el evangelio del reino de los cielos, su obra no fue profunda y constituía simplemente un comienzo. Por el contrario, Jesús dio entrada a una nueva era y finalizó una antigua, pero también cumplió la ley del Antiguo Testamento. La obra que hizo fue mayor que la de Juan: Él vino a redimir a toda la humanidad; Él realizó esta etapa de la obra. Juan simplemente preparó el camino. Aunque su obra fue grande, sus palabras muchas, y los discípulos que lo siguieron numerosos, aquella sólo trajo al hombre un nuevo comienzo. Este nunca recibió de él vida, el camino, o verdades más profundas ni tampoco obtuvieron un entendimiento de la voluntad de Dios a través de él. Juan fue un gran profeta (Elías) que exploró un nuevo territorio para la obra de Jesús y preparó a los escogidos; fue el precursor de la Era de la Gracia. Esos asuntos no pueden discernirse simplemente observando su apariencia humana normal. Juan también hizo, en especial, una obra bastante grande nació por la promesa del Espíritu Santo, y este sostuvo su obra. Por tanto, la distinción entre sus respectivas identidades sólo puede hacerse por medio de su obra, porque la apariencia externa de un hombre no habla de su esencia, y este es incapaz de determinar el verdadero testimonio del Espíritu Santo. La obra realizada por Juan y la llevada a cabo por Jesús no eran parecidas y su naturaleza era diferente. Esto es lo que debe determinar si él es o no Dios. La obra de Jesús debía comenzar, continuar, concluir, y cumplirse. Jesús llevó a cabo cada uno de estos pasos, mientras la obra de Juan no fue otra que la de un comienzo. Al principio, Jesús difundió el evangelio y predicó el camino del arrepentimiento, después prosiguió bautizando al hombre, curando enfermedades, y expulsando demonios. Al final, redimió a la humanidad del pecado y completó Su obra durante toda la era. Predicó a los hombres y difundió el evangelio del reino de los cielos en todas partes. Esto mismo ocurrió con Juan, con la diferencia de que Jesús dio entrada a una nueva era y trajo la Era de la Gracia al hombre. De Su boca salió la palabra sobre qué debería practicar el hombre y el camino en que este debería seguir en la Era de la Gracia y, al final, terminó la obra de la redención. Juan nunca podría haber realizado esa obra. Y así, Jesús fue quien hizo la obra de Dios mismo, Él es Dios mismo y lo representa directamente.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

5. Si no reconoces que la etapa de la obra actual es la de Dios mismo, es porque careces de visión. Aun así, no puedes negar la misma; tu incapacidad de reconocerla no demuestra que el Espíritu Santo no esté obrando o que Su obra sea errónea. Algunos incluso comparan la obra del presente con la de Jesús en la Biblia, y usan cualquier incoherencia para negar esta etapa de la misma. ¿No es este el acto de un ciego? Todo lo que se registra en la Biblia es limitado e incapaz de representar toda la obra de Dios. Los Cuatro Evangelios tienen en total menos de cien capítulos, con un número limitado de sucesos como la maldición que Jesús hizo de la higuera, las tres negaciones de Pedro respecto al Señor, la aparición de Jesús a los discípulos después de Su crucifixión y resurrección, enseñanza sobre el ayuno, la oración, el divorcio, el nacimiento y la genealogía de Jesús, la elección de los discípulos por Jesús, etc. Estos son sólo unos pocos escritos, pero el hombre los valora como tesoros, verificando incluso la obra actual frente a ellos. Creen incluso que Jesús sólo hizo eso en el tiempo posterior a Su nacimiento. Es como si creyeran que Dios sólo puede hacer eso, que no puede haber más obra adicional. ¿No es esto absurdo?

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

6. Las personas creen que el Dios que viene en la carne no vive en absoluto como lo hace el hombre; creen que está limpio sin tener que lavarse los dientes o la cara, porque es una persona santa. ¿No son puramente estas concepciones humanas? La Biblia no habla de la vida de Jesús como hombre, sólo de Su obra, pero esto no demuestra que Él no tuviese una humanidad normal o que no viviese una vida humana normal antes de los treinta años de edad. Oficialmente, Él comenzó Su obra a la edad de 29 años, pero no puedes negar toda Su vida como hombre anterior a la misma. La Biblia simplemente omitió esa etapa de sus registros; como era Su vida como un hombre ordinario y no la etapa de Su obra divina, no había necesidad de escribirla. Porque antes del bautismo de Jesús, el Espíritu Santo no hizo Su obra inmediatamente, sino que simplemente mantuvo Su vida como un hombre ordinario hasta el día en que debía llevar a cabo Su ministerio. Aunque Él era Dios encarnado, experimentó el proceso de madurar como lo hace un hombre corriente. La Biblia omitió este proceso, porque al no poder proporcionar gran ayuda para el crecimiento del hombre en la vida, lo suprimió. Antes de Su bautismo hubo una etapa en la que permaneció sin revelar ni obró señales y maravillas. Sólo después de Su bautismo comenzó Jesús toda la obra de redención de la humanidad, obra que fue ricamente abundante en gracia, verdad, amor y misericordia. El inicio de esta obra fue también el comienzo de la Era de la Gracia; por esta razón, se escribió y transmitió hasta el presente. […] Antes de que Jesús llevara a cabo Su ministerio, o como se dice en la Biblia, antes de que el Espíritu descendiese sobre Él, Jesús no era sino un hombre ordinario que no poseía nada sobrenatural. Tras el descenso del Espíritu Santo, esto es, cuando Jesús comenzó a desarrollar Su ministerio, quedó imbuido de lo sobrenatural. Así, el hombre mantiene la creencia equivocada de que la carne encarnada de Dios no era un hombre ordinario y que Dios encarnado no tenía humanidad. Sin duda, la obra y todo lo que el hombre ve de Dios sobre la tierra son sobrenaturales. Lo que observas con tus ojos y oyes con tus oídos es todo sobrenatural, porque Su obra y Sus palabras son incomprensibles e inalcanzables para el hombre. Si algo del cielo se trae a la tierra, ¿cómo puede ser cualquier cosa menos sobrenatural? Los misterios del reino de los cielos se trajeron a la tierra, misterios que eran incomprensibles e inimaginables para el hombre, demasiado asombrosos y sabios; ¿no eran todos sobrenaturales? Sin embargo, debes saber que por muy sobrenaturales que fueran, los llevó a cabo en Su humanidad normal. La carne encarnada de Dios tiene humanidad, de lo contrario no sería tal.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

7. La obra del Espíritu de Dios en la carne también tiene sus propios principios. Él sólo podía acometer la obra y el encargo del Padre sobre la base de que poseía una humanidad normal. Sólo entonces pudo comenzar Su obra. En Su niñez, Jesús no podía comprender en absoluto mucho de lo que había acontecido en la antigüedad, y sólo llegó a entender haciendo preguntas a los rabís. Si hubiera empezado Su obra justo después de haber aprendido a hablar, ¿cómo habría sido posible no cometer ningún error? ¿Cómo podría Dios dar un mal paso? Por tanto, no comenzó Su obra hasta que no fue capaz de ello; no realizó ninguna obra hasta que no fue totalmente capaz de acometerla. A la edad de 29 años, Jesús ya era bastante maduro y Su humanidad suficiente para emprender la obra que debía hacer. Sólo entonces, el Espíritu Santo, que había estado escondido durante treinta años, comenzó a revelarse, y el Espíritu de Dios empezó de manera oficial a obrar en Él. En ese momento, Juan se había preparado durante siete años y le abrió camino a Él, y tras concluir su obra, fue encarcelado. Toda la carga recayó entonces sobre Jesús. Si Él hubiera emprendido esta obra a la edad de 21 o 22 años, cuando tenía carencias en Su humanidad y acababa de entrar en la edad adulta, aún sin entendimiento en muchas cosas, habría sido incapaz de tomar el control. En ese momento, Juan ya había llevado a cabo su obra durante algún tiempo antes de que Jesús comenzase Su obra en Su madurez. A esa edad, Su humanidad normal era suficiente para acometer la obra que debía hacer.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

8. La obra de Dios, encarnado en la carne, tiene muchos principios. Hay mucho que el hombre simplemente no entiende, pero este usa constantemente sus propias concepciones para medirlo o ponerle excesivas exigencias. Incluso ahora hay muchos que no son conscientes en absoluto de que su conocimiento no contiene más que sus propias concepciones. Cualesquiera que sean la era o el lugar en los que Dios se encarne, los principios para Su obra en la carne siguen sin cambiar. Él no puede hacerse carne y sin embargo trascenderla para obrar; es más, no puede hacerse carne y sin embargo no obrar dentro de la humanidad normal de esta. De lo contrario, el sentido de la encarnación de Dios se reduciría a la nada, y la Palabra hecha carne no significaría absolutamente nada. Además, sólo el Padre en el cielo (el Espíritu) sabe de la encarnación de Dios; nadie más, ni siquiera la propia carne ni los mensajeros del cielo. Así, la obra de Dios en la carne es aún más normal y más capaz de demostrar que el Verbo se hace carne, la Palabra se hace carne en realidad; la carne supone un hombre normal y ordinario.

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

9. Algunos pueden preguntarse, ¿por qué debe dar entrada Dios mismo a la era? ¿No puede hacerlo un ser creado en Su lugar? Todos sabéis que Él se hace carne expresamente con el propósito de dar entrada a una nueva era; por supuesto, cuando hace esto último, ha concluido la era anterior al mismo tiempo. Dios es el principio y el fin; es Él mismo quien pone en marcha Su obra y, por tanto, debe ser Él mismo quien concluya la era anterior. Esa es la prueba de que derrota a Satanás y conquista el mundo. Cada vez que Él mismo obra entre los hombres, es el comienzo de una nueva batalla. Sin el comienzo de una nueva obra no habría naturalmente conclusión de la antigua, y el que no concluya la antigua es prueba de que la batalla contra Satanás aún no ha llegado a su final. Sólo si Dios mismo viene, y lleva a cabo la nueva obra entre los hombres, el hombre puede liberarse totalmente del dominio de Satanás y obtener una nueva vida y un nuevo comienzo. De otro modo, el ser humano vivirá para siempre en la era antigua y bajo la antigua influencia de Satanás. Con cada era dirigida por Dios se libera una parte del hombre, y así el hombre avanza junto a la obra de Dios hacia la nueva era. La victoria de Dios es una victoria para todos aquellos que le siguen. Si la humanidad de la creación estuviera encargada de concluir la era, desde el punto de vista del hombre o de Satanás, no sería más que un acto que se opone a Él o lo traiciona, y no de obediencia a Él, y la obra del hombre daría así el control a Satanás. Sólo si el hombre obedece y sigue a Dios en una era introducida por Él mismo, Satanás se convencería totalmente, porque esa es la obligación de un ser creado. Y por eso digo que sólo necesitáis seguir y obedecer, y no se os pide nada más. Eso es lo que se pretende con que cada uno cumpla con su obligación y desempeñe su función. Dios hace Su propia obra y no necesita que el hombre la haga en Su lugar, ni se involucra en la obra de los seres creados. El hombre cumple su propia obligación y no interfiere en la obra de Dios, y eso es verdadera obediencia y la prueba de la derrota de Satanás. Después de que Dios mismo haya dado entrada a la nueva era, Él ya no obra en medio del hombre. Sólo entonces entra este oficialmente en la nueva era para cumplir su obligación y llevar a cabo su misión como un ser creado. Estos son los principios de trabajo que nadie puede transgredir. Sólo trabajar de esta forma es sensato y razonable. Dios mismo hace Su obra. Él es quien la pone en movimiento, y también quien la concluye. Él es quien planea la obra, y también quien la gestiona, y aún más, Él es quien la hace llegar a buen término. Es como se declara en la Biblia: “Yo soy el principio y el fin; soy el Sembrador y el Segador”. Todo lo relacionado con la obra de Su gestión, lo hace Él mismo. Él es el Gobernador del plan de gestión de seis mil años; nadie puede hacer Su obra en Su lugar o dar por concluida Su obra, porque Él es quien lo controla todo. ¡Como Él creó el mundo, llevará a este a vivir en Su luz, y concluirá la era para que todo Su plan llegue a buen término!

de ‘El misterio de la encarnación (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Declaraciones de Cristo de los Últimos Días (Selecciones) (RECITALES)

Debes buscar el camino de la compatibilidad con Cristo ¿Eres un verdadero creyente de Dios? Es muy importante entender el carácter de Dios La aparición de Dios ha traído una nueva época Sólo el cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna Los verdaderamente obedientes seguramente serán ganados por Dios El repique de los siete truenos: profetizando que el evangelio del reino se extenderá por todo el universo La obra en la Era de la Ley El suspiro del Todopoderoso Dios es la fuente de la vida del hombre Sólo el que experimenta la obra de Dios verdaderamente cree en Dios Qué punto de vista deben tener los creyentes ¿Sabes? Dios ha hecho algo grande entre los hombres Dios preside el destino de toda la humanidad Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios Parte 1 Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios Parte 2 ¿Has cobrado vida? El salvador ya ha regresado en una “nube blanca” Conocer la obra de Dios hoy Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo ¿Existe la Trinidad? Cómo Pedro llegó a conocer a Jesús Acerca de los apelativos y la identidad Parte 1 Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él Cuando veas el cuerpo espiritual de Jesús será cuando Dios haya hecho de nuevo el cielo y la tierra Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo ¿Cómo puede el hombre que ha definido a Dios en sus conceptos recibir Sus revelaciones? Cómo deberías ocuparte de tu misión futura Deberías saber cómo la humanidad completa ha evolucionado hasta el día de hoy parte 1 La Era del Reino es la Era de la Palabra La esencia de la carne habitada por Dios La decimonovena declaración Cristo realiza la obra de juicio con la verdad Deberías saber cómo la humanidad completa ha evolucionado hasta el día de hoy parte 2 La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre Aquellos incompatibles con Cristo son seguramente opositores de Dios La obra de Dios y la práctica del hombre parte 1 La obra de Dios y la práctica del hombre parte 2 Nadie que es de la carne puede escapar del día de la ira Acerca de los apelativos y la identidad parte 2 La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne Parte 1 La obra de Dios y la obra del hombre Parte 1 La obra de Dios y la obra del hombre Parte 2 La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne Parte 2 ¿Qué sabes de la fe? La obra de esparcir el evangelio también es la obra de salvar al hombre Qué significa ser un hombre de verdad Promesas a aquellos que han sido perfeccionados ¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina? Breve charla sobre “El Reino Milenario ha llegado” Muchos son llamados, pocos escogidos Cómo conocer la realidad Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio Parte 1 El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine Parte 1 El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine Parte 2 Cómo conocer a Dios en la tierra Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios Cuando se trata de Dios, ¿cuál es tu entendimiento? Ya que crees en Dios deberías vivir por la verdad Los mandamientos de la nueva era Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio Parte 2 La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso Parte 1 Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso Parte 2 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “Relativo a la Biblia” Parte 1 La diferencia esencial entre el Dios encarnado y la gente que Dios usa Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él El Reino Milenario ha llegado Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “Relativo a la Biblia” Parte 2 Sólo los perfeccionados pueden vivir una vida significativa Dios es el Señor de toda la creación Selección de los tres pasajes de la palabra de Dios sobre “La visión de la obra de Dios” Parte 1 Selección de los tres pasajes de la palabra de Dios sobre “La visión de la obra de Dios” Parte 2 Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 1 Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 2 Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios Las formas religiosas de servicio deben ser prohibidas Tres advertencias Deberías preparar suficientes buenas obras para tu destino Todo se realiza por la palabra de Dios Deberíais considerar vuestros hechos Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 3 Los malvados deben ser castigados La verdad interna sobre la obra en la Era de la Redención Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima sexta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima quinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La séptima declaración Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada” Parte 4 Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimotercera declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimocuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimosexta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima segunda declaración El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino Las declaraciones de Dios al universo entero: La cuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoséptima declaración Deberías obedecer a Dios al creer en Dios Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “La verdad interna de la obra de conquista” Parte 2 El hombre corrupto no es capaz de representar a Dios Las declaraciones de Dios al universo entero: La octava declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La duodécima declaración ¿A quién eres leal? Las declaraciones de Dios al universo entero: La quinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La undécima declaración La creencia en Dios se debería enfocar en la realidad, no en los rituales religiosos Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 3 Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima séptima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima novena declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima tercera declaración Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 1 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios acerca de “La verdad interna de la obra de conquista” Parte 1 Las declaraciones de Dios al universo entero: La décima declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima cuarta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima octava declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima declaración Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo Parte 2 Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoctava declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La sexta declaración Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo Parte 1 Selección de los cuatro pasajes de la palabra de Dios sobre “El misterio de la encarnación” Parte 2 Las declaraciones de Dios al universo entero: La novena declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La decimoquinta declaración Las declaraciones de Dios al universo entero: La vigésima primera declaración

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