Dios mismo, el único III (Fragmento IV)

Dejar a los padres y comenzar en serio a desempeñar el papel propio en el teatro de la vida

Cuando uno alcanza la madurez, puede dejar a sus padres y desenvolverse por sí mismo. Es en ese momento cuando uno comienza a desempeñar su propio papel, cuando la misión de uno en la vida deja de ser brumosa y se va volviendo cada vez más clara. Nominalmente uno sigue estrechamente vinculado a sus padres, pero como su misión y el papel que desempeña en la vida no tienen nada que ver con su padre y su madre, en realidad ese vínculo íntimo se rompe lentamente conforme la persona se va independizando gradualmente. Desde una perspectiva biológica, las personas siguen sin poder evitar depender de sus padres subconscientemente, pero hablando de forma objetiva, una vez que han crecido han separado totalmente su vida de sus padres, y llevarán a cabo los roles que asuman de forma independiente. Además del nacimiento y la crianza, la responsabilidad de los padres en la vida de un niño es simplemente proveerle un entorno formal para que crezca en él, porque nada excepto la predestinación del Creador tiene influencia sobre el destino de la persona. Nadie puede controlar qué clase de futuro tendrá una persona; se ha predeterminado con mucha antelación, y ni siquiera los padres de uno pueden cambiar su destino. En lo que respecta a este, todo el mundo es independiente, y tiene el suyo propio. Por tanto, los padres no pueden evitar el destino de uno ni ejercer la más mínima influencia sobre el papel que uno desempeña en la vida. Podría decirse que la familia en la que uno está destinado a nacer, y el entorno en el que crece, no son nada más que las condiciones previas para cumplir su misión en la vida. No determinan en modo alguno el destino de la persona en la vida ni la clase de destino en el que cumplirá su misión. Y, por tanto, los padres no pueden ayudarle en el cumplimiento de su misión ni tampoco puede ningún familiar ayudarle a asumir su papel en la vida. Cómo cumple uno su misión y en qué tipo de entorno desempeña su papel viene determinado por su destino de uno en la vida. En otras palabras, ninguna otra condición objetiva puede influenciar la misión de una persona, que es predestinada por el Creador. Todas las personas maduran en su entorno de crecimiento particular, y después poco a poco, paso a paso, emprenden sus propios caminos en la vida, cumplen los destinos planeados para ellas por el Creador, de manera natural; y entran involuntariamente en el inmenso mar de la humanidad y asumen sus propios puestos en la vida, donde comienzan a cumplir con sus responsabilidades como seres creados por causa de la predestinación y la soberanía del Creador.

Extracto de “Dios mismo, el único III”

Hace mucho tiempo que Dios determinó el destino del hombre

I

En relación al destino, todos son independientes, y tienen el suyo propio. Y ningún padre puede impedirlo en la vida ni ejercer la más mínima influencia sobre el rol que uno juega. Nada excepto lo predestinado por el Creador influye sobre el destino de alguien. Nadie puede controlar qué futuro tendrá; hace tiempo que fue decidido; ni los padres lo pueden cambiar.

II

La familia en la que uno nace es una condición previa para cumplir con su misión. El ambiente en el que uno crece también es una condición previa. Y de ninguna manera determinan el tipo de destino en el que se cumple su misión. Por eso los padres no pueden ayudar a nadie a cumplir con su misión. Ningún familiar puede ayudar a nadie a asumir su rol. El destino dicta cómo uno logra su misión y el ambiente de su rol; nadie lo puede controlar. Nada excepto lo predestinado por el Creador influye sobre el destino de alguien. Nadie puede controlar qué futuro tendrá; hace tiempo que fue decidido; ni los padres lo pueden cambiar.

III

No hay condición objetiva que pueda influenciar la misión que le predestinó a uno el Creador. Toda la gente madura en ambientes únicos, en sus propios caminos, todos por sí mismos. Nada excepto lo predestinado por el Creador influye sobre el destino de alguien. Nadie puede controlar qué futuro tendrá; hace tiempo que fue decidido; ni los padres lo pueden cambiar.

IV

Paso a paso, toman sus propios caminos. Paso a paso, cumplen sus destinos predestinados. Paso a paso, entran en el vasto mar de gente. Paso a paso, toman sus posiciones en la vida. Paso a paso, toman sus responsabilidades por el bien de lo que el Creador predestinó. Paso a paso, hacen todo involuntariamente por el bien de la soberanía del Creador. Dios hace tiempo que decidió el destino del hombre. Nada excepto lo predestinado por el Creador influye sobre el destino de alguien. Nadie puede controlar qué futuro tendrá; hace tiempo que fue decidido; ni los padres lo pueden cambiar.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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