Dios preside el destino de toda la humanidad (Fragmento III)

Recuerda la escena bíblica en la que Dios forjó la destrucción sobre Sodoma, y piensa también cómo acabó siendo una estatua de sal la esposa de Lot. Piensa cómo se arrepintió de sus pecados el pueblo de Nínive en cilicio y cenizas, y recuerda lo que siguió después de que los judíos clavasen a Jesús en la cruz hace 2000 años. Los judíos fueron expulsados de Israel y huyeron a países alrededor del mundo. Muchos murieron asesinados, y toda la nación judía se vio sometida a una destrucción sin precedentes. Habían clavado a Dios en la cruz —cometieron un crimen atroz— y provocaron Su carácter. Se les hizo pagar por lo que hicieron, se les hizo cargar con las consecuencias de sus actos. Condenaron a Dios, lo rechazaron y, por tanto, sólo tenían un destino: ser castigados por Él. Esta es la amarga consecuencia y el desastre que sus gobernantes trajeron a su país y nación.

Hoy, Dios ha regresado al mundo para realizar Su obra. Su primera parada es la gran reunión de gobernantes dictatoriales: China, el acérrimo bastión del ateísmo. Dios ha ganado un grupo de personas con Su sabiduría y poder. Durante el período, es perseguido por todos los medios por el partido gobernante en China y sometido a un gran sufrimiento, sin un lugar donde poder recostar Su cabeza, sin un lugar de albergue. A pesar de esto, Dios aún continúa la obra que pretende hacer: publica Su voz y difunde el evangelio. Nadie puede explicar la omnipotencia de Dios. En China, un país que considera a Dios como enemigo, Él no ha cesado nunca Su obra, sino que más personas han aceptado Su obra y Su palabra, porque Dios hace todo lo que puede para salvar a todos y cada uno de los miembros de la humanidad. Confiamos en que ningún país o poder pueda interponerse en el camino de lo que Dios quiere lograr. Aquellos que obstruyen Su obra, se resisten a Su palabra, interrumpen y perjudican Su plan serán castigados por Él en última instancia. Quien resiste la obra de Dios será enviado al infierno; cualquier país que lo haga, será destruido; cualquier nación que se levante para oponerse a la obra de Dios será barrida de esta tierra, y dejará de existir. Insto a las personas de todas las naciones, países, e incluso industrias a escuchar la voz de Dios, contemplar Su obra, prestar atención al destino de la humanidad, haciendo así a Dios el más santo, el más honorable, el más alto y el único objeto de adoración entre la humanidad, y permitiendo así a toda la humanidad vivir bajo la bendición de Dios, así como los descendientes de Abraham vivieron bajo la promesa de Jehová, y como Adán y Eva, creados originalmente por Dios, vivieron en el jardín del Edén.

La obra de Dios es como las olas que crecen con fuerza. Nadie puede detenerlo, y nadie puede parar Sus pasos. Sólo aquellos que escuchan Sus palabras con atención, y que lo buscan y tienen sed de Él, pueden seguir Sus huellas y recibir Su promesa. Aquellos que no, sufrirán un desastre abrumador y un castigo merecido.

Extracto de “Dios preside el destino de toda la humanidad”

No hay poder que pueda impedir lo que Dios desea cumplir

I

Ahora Dios ha venido al mundo a hacer Su obra, y Su primera parada es la gran reunión de dictadores: China, la fortaleza, la fortaleza del ateísmo. Por Su sabiduría y Su poder, Dios ha ganado a un grupo de hombres. Durante este periodo, el partido gobernante de China lo persigue por todos los medios. Él soporta muchos sufrimientos, sin descanso ni refugio. Aun así, Él continúa haciendo Su obra: publica Su voz, difunde el evangelio. Lo que Dios desea conseguir ningún país, ningún poder lo puede impedir. Quienes obstruyen la obra de Dios y se resisten a Su palabra, o perjudican Sus planes, serán al final castigados por Él, castigados por Él.

II

Nadie puede entender la omnipotencia de Dios. En una nación como China, que ve a Dios como enemigo, Él jamás ha dejado de realizar Su obra. Al contrario, cada vez más gente acepta Su obra y Su palabra, ya que Dios lo hace todo para salvar a la humanidad, lo hace todo para salvar a cada hombre. Lo que Dios desea conseguir ningún país, ningún poder lo puede impedir. Quienes obstruyen la obra de Dios y se resisten a Su palabra, o perjudican Sus planes, serán al final castigados por Él.

III

Si alguien desafía la obra de Dios, Él arrojará a esa persona al infierno; si un país desafía la obra de Dios, Él llevará a ese país hacia la destrucción; si una nación se levanta para oponerse a la obra de Dios, desaparecerá de la tierra y dejará de existir. Lo que Dios desea conseguir ningún país, ningún poder lo puede impedir. Quienes obstruyen la obra de Dios y se resisten a Su palabra, o perjudican Sus planes, serán al final castigados por Él. Lo que Dios desea conseguir ningún país, ningún poder lo puede impedir. Quienes obstruyen la obra de Dios y se resisten a Su palabra, o perjudican Sus planes, serán al final castigados por Él, castigados por Él.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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