La esencia de la carne habitada por Dios (Fragmento II)

La vida que Jesús vivió en la tierra fue una vida normal de la carne. Él vivió en la humanidad normal de Su carne. Su autoridad —para llevar a cabo la obra de Dios y hablar Su palabra, o para sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios, para hacer tales cosas extraordinarias— no se manifestó, en mayor parte, hasta que Él comenzó Su ministerio. Su vida antes de los veintinueve años de edad, antes de llevar a cabo Su ministerio, fue prueba suficiente de que Él era sólo una carne normal. Por ello, y porque aún no había comenzado a realizar Su ministerio, las personas no vieron nada divino en Él, tan sólo veían a un ser humano normal, a un hombre ordinario, como cuando al principio algunos creyeron que Él era el hijo de José. Las personas creían que Él era el hijo de un hombre corriente, no tenían forma de decir que Él era la carne encarnada de Dios; incluso cuando, en el transcurso de la realización de Su ministerio Él obró muchos milagros, la mayoría de las personas seguía diciendo que Él era el hijo de José, porque Él era el Cristo con el caparazón corporal de una humanidad normal. Su humanidad normal y Su obra existieron con el fin de cumplir el significado de la primera encarnación, demostrando que Dios había venido enteramente en la carne, que se había hecho un hombre totalmente ordinario. Que tuviera una humanidad normal antes de empezar Su obra fue una prueba de que Él era una carne ordinaria; y que obrase después, también demostró que Él era una carne ordinaria, porque Él llevó a cabo señales y maravillas, sanó a los enfermos y echó fuera a los demonios estando en la carne con una humanidad normal. La razón por la que Él podía obrar milagros era porque Su carne tenía la autoridad de Dios, era la carne que revestía al Espíritu de Dios. Él poseía esta autoridad por el Espíritu de Dios, lo que no significaba que Él no fuese carne. Sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios era la obra que Él debía realizar en Su ministerio, una expresión de Su divinidad escondida dentro de Su humanidad, e independientemente de las señales que mostrara o de cómo demostrara Su autoridad, seguía viviendo en una humanidad normal y seguía siendo una carne normal. Hasta el momento en que resucitó después de morir en la cruz, Él habitó dentro de una carne normal. Conceder gracia, sanar a los enfermos y expulsar a los demonios era parte de Su ministerio, todo era parte de la obra que Él llevó a cabo en Su carne normal. Antes de ir a la cruz, Él nunca se separó de Su carne humana normal, independientemente de lo que estuviera haciendo. Él era Dios mismo llevando a cabo la obra propia de Dios, pero como Él era Su carne encarnada, comía alimentos y vestía ropa, tenía necesidades humanas normales, una razón y una mente humanas normales. Todo esto era prueba de que Él era un hombre normal, que a su vez demostraba que la carne encarnada de Dios era una carne con una humanidad normal y no sobrenatural. Su trabajo consistía en completar la obra de la primera encarnación de Dios y en cumplir con el ministerio de la misma. El significado de la encarnación es que un hombre ordinario y normal lleve a cabo la obra de Dios mismo; es decir, que Dios lleva a cabo Su obra divina en la humanidad y vence de este modo a Satanás. La encarnación significa que el Espíritu de Dios se hace carne, es decir, que Dios se hace carne; la obra que Él realiza en la carne es la obra del Espíritu, la cual se materializa en la carne y es expresada por la carne. Nadie, excepto la carne de Dios, puede cumplir con el ministerio del Dios encarnado; es decir, que sólo la carne encarnada de Dios, esta humanidad normal —y nadie más— puede expresar la obra divina. Si durante Su primera venida Dios no hubiera tenido una humanidad normal antes de los veintinueve años de edad, si al nacer Él hubiera podido obrar milagros, si nada más aprender a hablar Él hubiera podido hablar el lenguaje del cielo, si al momento en que puso Su pie sobre la tierra por primera vez Él hubiera podido comprender todos los asuntos mundanos, discernir todos los pensamientos y las intenciones de cada persona, entonces no se le habría podido haber llamado un hombre normal y Su carne no podría haberse llamado carne humana. Si este hubiera sido el caso con Cristo, entonces el sentido y la esencia de la encarnación de Dios se habrían perdido. Que poseyera una humanidad normal demuestra que Él era Dios encarnado en la carne; que pasase por un proceso de crecimiento humano normal demuestra aún más que Él era una carne normal y, además, Su obra es prueba suficiente de que Él era la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios hecho carne. Dios se hace carne por las necesidades de la obra; en otras palabras, esta etapa de la obra debe hacerse en la carne, en una humanidad normal. Este es el requisito previo para que “el Verbo se haga carne”, para que “la Palabra aparezca en la carne”, y es la verdadera historia detrás de las dos encarnaciones de Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

EL SIGNIFICADO DE LA ENCARNACIÓN

I

Encarnación es que el Espíritu de Dios se hace carne. Esto significa que Dios mismo se hace carne. Su obra en la carne es la obra del Espíritu que se realiza en la carne y se expresa por ella. Nadie, excepto la carne de Dios puede cumplir el ministerio del Dios encarnado. Sólo la carne encarnada de Dios, esta humanidad normal, puede expresar la obra divina. El significado de la encarnación de Dios es que un hombre común y normal hace la obra de Dios, que Dios hace Su obra divina en la humanidad y vence a Satanás.

II

Al venir a la carne para hacer obras, Él le muestra a Satanás que Dios es ahora carne. Dios es ahora una persona normal y común, pero Él puede reinar triunfante sobre el mundo. Él le muestra a Satanás que Dios es ahora carne, y sin embargo Él puede vencer a Satanás, Él es capaz de redimir a la humanidad, Él es capaz de conquistar a la humanidad. El significado de la encarnación de Dios es que un hombre común y normal hace la obra de Dios, que Dios hace Su obra divina en la humanidad y vence a Satanás.

III

La obra de Satanás busca corromper la humanidad, mientras que el objetivo de Dios es salvarla. Satanás atrapa al hombre en un abismo sin fondo, mientras que Dios lo rescata de este abismo. Satanás hace que todos los hombres lo adoren, mientras que Dios los somete a Su dominio. Porque Él es el Señor de toda la creación. Sí, Él es el Señor de toda la creación. El significado de la encarnación de Dios es que un hombre común y normal hace la obra de Dios, que Dios hace Su obra divina en la humanidad y vence a Satanás.

IV

Toda esta obra está hecha por las dos encarnaciones de Dios. Su carne es en esencia la unión de la humanidad y la divinidad, y posee humanidad normal. El significado de la encarnación de Dios es que un hombre común y normal hace la obra de Dios, que Dios hace Su obra divina en la humanidad y vence a Satanás.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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