El misterio de la encarnación (4) (Fragmento V)

La salvación del hombre por parte de Dios no tiene lugar directamente a través de los medios del Espíritu o como el Espíritu, porque el hombre no puede tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente en la manera del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Y de no ser porque Dios asumió la forma exterior de un hombre creado, sería incapaz de recibir esta salvación. Porque el hombre no puede acercarse a Él en absoluto, como nadie podría ir cerca de la nube de Jehová. Sólo volviéndose un hombre de la creación, esto es, poniendo Su verbo en la carne en la que se haría, puede obrar personalmente el verbo en todos los que le siguen. Sólo entonces puede el hombre oír por sí mismo Su verbo, verlo, recibirlo, y sólo a través de esto ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, ningún hombre de carne recibiría una salvación tan grande ni se salvaría un solo hombre. Si el Espíritu de Dios obrara directamente entre el hombre, sería herido de muerte o Satanás lo llevaría cautivo, porque el hombre es incapaz de relacionarse con Dios. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado por medio de la carne de Jesús, esto es, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto permaneció en el ser humano. La segunda encarnación ya no es para que sirva de ofrenda por el pecado, sino para salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que los perdonados puedan ser librados de sus pecados, ser purificados completamente, y alcanzar un cambio de carácter, liberándose así de la influencia de las tinieblas de Satanás y regresando delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado. Dios comenzó la obra de salvación en la Era de la Gracia, después de que la Era de la Ley llegara a su fin. No es sino hasta los últimos días, cuando Dios haya purificado totalmente a la humanidad, mediante la obra de juicio y castigo del hombre por la rebeldía, que Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios sólo se hizo carne dos veces para llevar a cabo Su obra por sí mismo entre los hombres. Esto se debe a que sólo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar al hombre en su vida, mientras las otras dos son la obra de salvación. Sólo si Dios se hace carne puede vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en una carne ordinaria. Sólo de esta forma puede proveer al hombre de Su creación con el verbo práctico que necesita. El hombre recibe la salvación total de Dios gracias al Dios encarnado, no directamente de sus oraciones al cielo. Y es que el hombre es de carne; el hombre es incapaz de ver al Espíritu de Dios y mucho menos de acercarse a Él. Todo aquello con lo que el hombre puede relacionarse es la carne encarnada de Dios; sólo a través de Él puede el hombre entender todo el verbo y todas las verdades, y recibir la salvación plena. La segunda encarnación es suficiente para eliminar los pecados del hombre y purificarlo plenamente. Así pues, la segunda encarnación pondrá fin a toda la obra de Dios en la carne y completará el sentido de la encarnación de Dios. A partir de ahí, la obra de Dios en la carne habrá llegado totalmente a su fin. Después de la segunda encarnación, no se hará carne de nuevo por Su obra. Porque toda Su gestión habrá llegado a su fin. En los últimos días, Su encarnación habrá ganado totalmente a Su pueblo escogido, y todos los hombres en los últimos días habrán sido catalogados según su tipo. Él ya no hará más la obra de salvación ni regresará a la carne para llevar a cabo obra alguna.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Sólo Dios encarnado puede salvar completamente al hombre

I

Dios no viene a salvar al hombre a través del Espíritu ni como Espíritu, al que nadie puede ver ni acercarse o tocar. Si Dios salvara a la humanidad como Espíritu y no como hombre, nadie obtendría la salvación, nadie podría ser salvado. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado.

II

Si Dios no se encarnase, no podría salvarse nadie, y nadie podría recibir la gran salvación de Dios. Si Su Espíritu obrase entre los hombres, estarían afligidos, cautivos serían de Satanás, ya que no pueden tocar Su Espíritu. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado.

III

El hombre no se salva con plegarias hacia el cielo, sino con la encarnación de Dios, ya que todos son de carne. No pueden ver o acercarse al Espíritu de Dios. Sólo Dios encarnado es el Único con quien se pueden relacionar. Por Él, entienden la verdad y reciben salvación plena. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado, puede salvarse del pecado.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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