Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso (Fragmento III)

Cuando el hombre entre en el destino eterno, adorará al Creador y, por haber ganado la salvación y entrado en la eternidad, no perseguirá objetivo alguno y, además, tampoco necesitará preocuparse por que Satanás lo asedie. Esta vez, el hombre conocerá su lugar y llevará a cabo su deber, e incluso aunque no sean castigados o juzgados, cada persona realizará su deber. Entonces, el hombre será una criatura tanto en identidad como en estatus. Ya no existirá la distinción de alto y bajo; cada persona llevará sencillamente a cabo una función diferente. Con todo, el hombre seguirá viviendo en un destino ordenado, adecuado para la humanidad, realizará su deber para la adoración del Creador, y una humanidad así será la humanidad de la eternidad. En ese tiempo, el hombre habrá ganado una vida iluminada por Dios, una vida bajo el cuidado y la protección de Dios, y una vida junto con Dios. La humanidad llevará una vida normal sobre la tierra, y toda ella entrará en la senda correcta. El plan de gestión de 6000 años habrá derrotado por completo a Satanás, lo que significa que Dios habrá recuperado la imagen original que el hombre tenía después de ser creado y, como tal, se habrá cumplido Su intención primera. Al principio, antes de que la humanidad fuera corrompida por Satanás, llevaba una vida normal en la tierra. Más adelante, cuando la corrupción ya se había producido, el hombre perdió esta vida normal y empezó la obra de la gestión de Dios, y la batalla con Satanás para recuperar dicha vida. Sólo cuando la obra de gestión de Dios, de 6000 años, llegue a su fin, la vida de toda la humanidad comienza oficialmente en la tierra; sólo entonces, el hombre tendrá una vida maravillosa y Dios recuperará el propósito de crear al hombre en el principio, así como la semejanza original de este. Así, una vez tiene la vida normal de la humanidad en la tierra, el hombre no buscará convertirse en un vencedor ni ser perfeccionado, porque será santo. La victoria y la perfección de las que habla el hombre son los objetivos que se le dan a este para que los persiga durante la batalla entre Dios y Satanás, y sólo existen porque el hombre ha sido corrompido. Dándote un objetivo y haciendo que lo persigas, Satanás será derrotado. Pedirte que seas un vencedor o que seas perfeccionado o usado equivale a dar testimonio con el fin de avergonzar a Satanás. Al final, el hombre llevará la vida de un hombre normal en la tierra, y será santo; cuando esto ocurra, ¿seguirá buscando convertirse en vencedor? ¿Acaso no son, todos ellos, criaturas? Ser un vencedor y ser alguien perfeccionado es algo que va dirigido a Satanás, y a la suciedad del hombre. ¿No es este “vencedor” una referencia a la victoria sobre Satanás y las fuerzas hostiles? Cuando dices que has sido hecho perfecto, ¿qué ha sido perfeccionado en ti? ¿Acaso no es que te has despojado del carácter satánico corrupto, para poder conseguir el amor supremo de Dios? Tales cosas se dicen en relación con las cosas sucias dentro del hombre, y en relación a Satanás; no se afirman respecto a Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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