El suspiro del Todopoderoso (Fragmento I)

Hay un enorme secreto en tu corazón. Nunca has sabido que está allí, porque has estado viviendo en un mundo sin una luz que ilumine la estancia. Tu corazón y tu espíritu han sido robados por el maligno. Tus ojos están cubiertos por la oscuridad; no puedes ver el sol en el cielo, ni las estrellas titilando en la noche. Tus oídos están obstruidos por palabras engañosas y eres sordo a la voz estruendosa de Jehová, y al sonido de las aguas que fluyen desde el trono. Has perdido todo lo que te pertenecía y todo lo que el Todopoderoso te había concedido. Has entrado en un mar infinito de amargura, sin tener fuerzas para ser rescatado, sin esperanzas de supervivencia, abandonado únicamente para luchar y para estar en ajetreos de aquí para allá… A partir de ese momento, estás condenado a verte aquejado por el maligno, mantenido alejado de las bendiciones del Todopoderoso, fuera del alcance de las provisiones del Todopoderoso, y te has embarcado en un camino sin retorno. Un millón de llamadas difícilmente pueden despertar tu corazón y tu espíritu. Duermes profundamente en las manos del maligno, quien te ha atraído engañosamente a un reino ilimitado, sin dirección, sin señales en la vía. De allí en adelante, has perdido tu pureza original, tu inocencia, y comenzaste a esconderte del cuidado del Todopoderoso. El maligno maneja tu corazón en todos tus asuntos y se convierte en tu vida. Ya no le temes, ya no le evitas, ya no dudas de él. En vez de eso, le tratas como al Dios en tu corazón. Comienzas a consagrarlo, a adorarlo, a ser inseparable como su sombra, y os comprometéis mutuamente el uno con el otro en la vida y en la muerte. No tienes idea alguna de cuál es tu origen, por qué existes, o por qué mueres. Ves al Todopoderoso como un extraño; no conoces Su origen, mucho menos sabes todo lo que Él ha hecho por ti. Todo lo que proviene de Él se te hace odioso. No lo aprecias ni le das valor. Caminas con el maligno, desde el mismo día que comenzaste a recibir las provisiones del Todopoderoso. Tú y el maligno habéis caminado a través de miles de años de tempestad y tormenta. Junto con él, te opones a Dios, que era la fuente de tu vida. No te arrepientes, y mucho menos sabes que has llegado hasta las puertas de la muerte. Te has olvidado que el maligno te ha tentado, te ha afligido; has olvidado tu origen. Así como así, el maligno te ha estado echando a perder paso a paso, hasta el presente. Tu corazón y tu espíritu se han insensibilizado y corrompido. Ya no te quejas de las angustias del mundo, ya no crees que el mundo sea injusto. Ni siquiera te importa la existencia del Todopoderoso. Esto se debe a que has asumido al maligno como tu verdadero padre, y ya no te puedes apartar de él. Este es el secreto dentro de tu corazón.

Con la llegada del amanecer, una estrella de la mañana surge desde el este. Es una estrella que nunca antes había existido. Ella ilumina los cielos aún estrellados y enciende la luz apagada en los corazones de la gente. Las personas ya no están solas a causa de esta luz, la luz que brilla sobre ti y sobre los demás. Pero sólo tú permaneces profundamente dormido en la noche oscura. No puedes oír el sonido, ni ver la luz, incapaz de darte cuenta de la llegada de un nuevo cielo y de una tierra nueva, una nueva era. Debido a que tu padre te dice: “Hijo mío, no te levantes, todavía es muy temprano. Hace frío afuera, permanece en el interior, para que la espada y la lanza no perforen tus ojos”. Sólo crees en la exhortación de tu padre, porque crees que el padre está en lo correcto, porque el padre es mayor que tú, y que el padre en verdad te ama. Tal exhortación y tal amor causan que ya no creas en la leyenda de que existe luz en el mundo, y ya no te importa si el mundo posee la verdad. Ya no te atreves a tener esperanza en ser rescatado por el Todopoderoso. Estás conforme con el estado actual, ya no tienes esperanza en la llegada de la luz, y ya no estás pendiente de la llegada del legendario Todopoderoso. En tus ojos, todo lo que es bello ya no puede ser resucitado, ni seguir existiendo. En tus ojos, el mañana y el futuro de la humanidad desaparecen y se destruyen. Te aferras firmemente a las enaguas de tu padre, dispuesto a sufrir juntos, en temor de perder a tu compañero de viaje y la dirección de tu largo viaje. El mundo vasto y brumoso ha hecho que muchos de vosotros seáis inquebrantables y valientes en el cumplimiento de los diferentes roles en este mundo. Ha forjado muchos “guerreros” que no temen a la muerte en absoluto. Aún más, ha creado lotes de seres humanos insensibilizados y paralizados que no comprenden el propósito de su creación. Los ojos del Todopoderoso miran a toda la humanidad gravemente afectada, oyendo el lamento de los que sufren, viendo la poca vergüenza de los afligidos, y sintiendo la impotencia y el temor de la humanidad que ha perdido la salvación. La humanidad rechaza Su cuidado, recorre su propio camino, y evita el examen de Sus ojos. Ellos prefieren degustar toda la amargura del mar profundo, junto con el enemigo. El suspiro del Todopoderoso ya no se escucha. Las manos del Todopoderoso ya no están dispuestas a tocar a la trágica humanidad. Él repite Su obra, recuperando y perdiendo, una y otra vez. A partir de ese momento, se siente cansado, se siente agotado, así que Él detiene el trabajo que viene realizando, y ya no se pasea entre la gente… La gente ya no está en absoluto consciente de estos cambios, ni se da cuenta de las idas y venidas, la tristeza y la desilusión del Todopoderoso.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

¿Has oído suspirar al Todopoderoso?

I

Una estrella surge en el este e ilumina el cielo estrellado, alumbra el corazón de la gente, que ya no está sola en la oscuridad. Pero sólo tú duermes en la oscura noche, incapaz de oír el sonido o de ver la luz, sin ver el comienzo de una nueva era, la llegada del cielo y la tierra. Tu ""padre"" dice que es temprano y hace frío, si sales afuera, la espada puede cegarte. Sólo crees lo que tu padre te dice, ya que es mayor y te ama realmente. Ese amor y consejo te hacen negar la luz. No te importa si hay verdad en el mundo. No esperas la salvación del Todopoderoso ni ver la luz, te basta con lo que tienes. En tus ojos, lo hermoso no revive ni existe. El mañana está condenado a desaparecer. Te aferras a tu padre, feliz de sufrir con él, temes perder a tu compañero y guía. Este mundo ha hecho a muchos como tú, impávidos, intrépidos en sus roles distintos. Formó a muchos ""guerreros"" que no temen morir, muchos que no saben por qué fueron creados.

II

Dios mira a Su afligida humanidad, oye los lamentos del que sufre, ve su descaro, siente su impotencia, su terror al haber perdido la salvación. El hombre rechaza Su cariño y protección, y se va. Prefiere beber del amargo mar con el enemigo. No se oye a Dios suspirar, Sus manos no tocarán al hombre. Él recupera y pierde una y otra vez. Agotado, se cansa y detiene Su obra. Ya no deambula entre la gente que no ve estos cambios, Sus idas y venidas, o Su tristeza y desilusión; el suspiro de Dios.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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