Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso (Fragmento VII)

Dios ha venido a la tierra para llevar a cabo Su obra en medio del hombre, aparecerse de forma personal a este y permitir que le contemple; ¿es este un asunto menor? ¡Es realmente importante! Dios no ha venido, como el hombre imagina, para que los seres humanos puedan mirarle, entender que Dios es real y no algo impreciso o vano, y que Dios es noble, pero también humilde. ¿Podría ser tan sencillo? Precisamente porque Satanás ha corrompido la carne del hombre y al ser este a quien Dios pretende salvar, Él tiene que adoptar forma de carne para librar batalla contra Satanás y pastorear personalmente al ser humano. Sólo esto es beneficioso para Su obra. Las dos formas encarnadas de Dios han existido con el fin de derrotar a Satanás, y también para salvar mejor al hombre. Esto se debe a que quien le libra batalla a Satanás sólo puede ser Dios, ya sea Su Espíritu o la carne de Dios encarnado. En resumen, los ángeles no pueden ser quienes luchen contra Satanás y mucho menos el hombre, que ha sido corrompido por Satanás. Los ángeles son impotentes para hacerlo y el ser humano lo es aún más. Por ello, si Dios desea producir la vida del hombre, si quiere venir personalmente a la tierra para obrar en el hombre, también debe venir Él mismo en carne, es decir, debe revestirse de carne y, con Su identidad inherente y la obra que debe hacer, venir en medio del hombre y salvarlo de forma personal. De no ser así, si fuera el Espíritu de Dios o el hombre quienes llevaran a cabo esta obra, la batalla no lograría nunca su efecto ni acabaría jamás. Sólo cuando Dios se hace carne y va Él mismo a librar batalla contra Satanás, en medio de los hombres, el ser humano tiene una posibilidad de salvación. Además, sólo entonces se avergüenza Satanás y queda sin oportunidades que explotar o planes que ejecutar. La obra realizada por el Dios encarnado es inalcanzable para el Espíritu de Dios, y ningún hombre carnal puede llevarla a cabo en Su nombre, porque la obra que Él hace es en beneficio de la vida del hombre y para cambiar el carácter corrupto del hombre. Si este tuviera que participar en esta batalla, sólo huiría en desbandada y sería sencillamente incapaz de cambiar su carácter corrupto. No tendría capacidad de salvar al hombre de la cruz ni de conquistar a toda la humanidad rebelde; sólo podría realizar un poco de la vieja obra según el principio u otra obra no relacionada con la derrota de Satanás. ¿Para qué molestarse, pues? ¿Cuál es la relevancia de una obra que no puede ganar a la humanidad, y mucho menos derrotar a Satanás? Y así, la batalla contra este sólo puede ser llevada a cabo por Dios mismo, y es sencillamente imposible que el hombre la haga. El deber del hombre consiste en obedecer y seguir, porque no es capaz de realizar la obra de apertura de una nueva época y, además, tampoco puede hacer la obra de pelear contra Satanás. El hombre sólo puede satisfacer al Creador bajo el liderazgo de Dios mismo, por medio del cual es derrotado Satanás; esto es lo único que el hombre puede hacer. Por eso, cada vez que empieza una nueva batalla, es decir, cada vez que empieza la obra de la nueva era, es Dios mismo quien la realiza personalmente; a través de ella, dirige toda la era y abre un nuevo camino para toda la humanidad. El alba de cada nueva era es un nuevo inicio en la batalla con Satanás, por medio de la cual el hombre entra a una esfera más nueva y más hermosa y en una nueva era que Dios dirige personalmente.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Las dos encarnaciones de Dios son para salvar al hombre

I

Hoy es el día, ¿lo puedes ver? Qué grande que Dios venga entre los hombres. Los viene a salvar, a vencer a Satán; es la razón de Su encarnación. Si no fuera así, no lo haría Él mismo. Se ha encarnado Dios para vencer a Satán y al hombre guiar, cuya carne es corrupta y a quien Dios quiere salvar. Dos veces se encarna Dios para a Satán vencer y al hombre salvar. En Espíritu o en carne, sólo Dios puede vencer a Satán.

II

Los ángeles no luchan, no tienen poder. Y el hombre corrupto no lo puede hacer. Dios se encarna para ser la vida del hombre, obrar en él y salvarlo, con Su inherente identidad y la obra necesaria. Se ha encarnado Dios para vencer a Satán y al hombre guiar, cuya carne es corrupta y a quien Dios quiere salvar. Dos veces se encarna Dios para a Satán vencer y al hombre salvar. En Espíritu o en carne, sólo Dios puede vencer a Satán.

III

Por siempre seguiría la lucha si no se encarnara Dios. Porque con el Espíritu o los hombres solos no podría ser. Se encarna Dios para luchar contra Satán, sólo así el hombre se puede salvar. Sólo así será Satán derrotado; sólo así, sus planes destrozados. Si el hombre luchara solo en la batalla huiría con temor. El carácter corrupto del hombre no podría cambiar. El hombre no puede salvar al hombre de la cruz ni conquistar la rebelde humanidad. Sólo puede hacer alguna antigua labor sin relación con vencer a Satán.

IV

El hombre ha de obedecer y seguir. No puede traer una nueva era ni puede luchar contra Satán. Satán se vence cuando el hombre agrada a Dios. Por cada nueva batalla, en cada nueva era, Dios mismo hace la obra de abrir un camino y guiar una era, lleva al hombre a un reino mejor. Se ha encarnado Dios para vencer a Satán y al hombre guiar, cuya carne es corrupta y a quien Dios quiere salvar. Dos veces se encarna Dios para a Satán vencer y al hombre salvar. En Espíritu o en carne, sólo Dios puede vencer a Satán. En Espíritu o en carne, sólo Dios puede vencer a Satán.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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