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El suspiro del Todopoderoso(Selección)

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El suspiro del Todopoderoso(Selección)

La humanidad que abandonó el suministro de vida del Todopoderoso, no sabe por qué existe, y sin embargo teme a la muerte. Sin apoyo ni ayuda, pero la humanidad continúa siendo renuente a cerrar sus ojos, desafiando todo, arrastrando una existencia innoble en este mundo, en cuerpos que no tienen conciencia de las almas. Tú vives así, sin esperanza; él existe de esta manera, sin ningún objetivo. Sólo existe el Santo de la leyenda que vendrá a salvar a los que gimen en el sufrimiento y que anhelan desesperadamente Su llegada. Esta creencia no puede ser concientizada hasta ahora en la gente que permanece inconsciente. Sin embargo, la gente todavía anhela que así sea. El Todopoderoso tiene piedad de esta gente que sufre profundamente. Al mismo tiempo, Él está harto de esa gente que no tiene conciencia, porque Él tiene que esperar demasiado tiempo la respuesta de los humanos. Él desea buscar, encontrar tu corazón y tu espíritu. Él quiere darte alimento y agua y despertarte, para que ya no tengas sed, ya no tengas hambre. Cuando estés cansado y comiences a sentir la desolación de este mundo, no te sientas perplejo, no llores. Dios Todopoderoso, el Velador, acogerá tu llegada en cualquier momento. Él está velando a tu lado, esperando a que regreses, Él está esperando ese día cuando recobres tu memoria de repente, que te hagas consciente del hecho de que tu procedes de Dios, y que de alguna manera y en algún lugar, una vez te habías perdido, cayendo inconsciente al borde del camino y luego sin saberlo, haber tenido un padre. Luego tomas conciencia de que el Todopoderoso ha estado allí vigilando, esperando todo el tiempo tu regreso. Él anhela amargamente, esperando una respuesta que nunca llega. Su vigilancia no tiene precio y es por el corazón y el espíritu de los seres humanos. Tal vez esta vigilancia sea indefinida, y quizá esta vigilancia ya esté llegando a su fin. Pero tú debes saber exactamente dónde están tu corazón y tu espíritu en este instante.

28 de mayo de 2003

De “La Palabra manifestada en carne”

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