Cómo perseguir la verdad (20) Parte 3
Algunas personas, cuando se trata de sentimientos o de lidiar con las cosas, no saben qué es correcto y qué es incorrecto. De igual modo, tampoco saben qué es correcto y qué es incorrecto en lo que respecta a la conducta entre los hombres y las mujeres. Por ejemplo, qué distancia mantener a la hora de interactuar y relacionarse con el sexo opuesto, qué temas, comentarios y maneras de actuar han de evitar y a qué detalles prestar atención en su discurso y conducta diarios: todas estas son cosas que desconocen. Esto es difícil de entender; ¿acaso no saben todas las personas normales que deben existir límites al relacionarse con el sexo opuesto? (Sí). ¿Es esto algo que sea necesario enseñar? Cuando eres un niño, puede que tus padres tengan que enseñarte esto, pero a medida que te haces mayor y ganas en sensatez, vas conociendo de manera natural estas cosas sin necesidad de que te lo enseñe tu familia o la sociedad. Es algo innato, ¿verdad? Saber que hay límites entre los hombres y las mujeres es un rasgo de humanidad. Entre los rasgos de humanidad se incluyen la conciencia y la razón, así que no hay duda de que las personas saben qué es tener sentido de la vergüenza. Si tienes sentido de la vergüenza, entonces sabes cómo tratar al sexo opuesto. Si no lo sabes y te comportas sin sentido de la vergüenza —sin saber qué manera de actuar es correcta y cuál incorrecta, qué manera es apropiada y racional y cuál es excesiva y se pasa de la raya—, entonces existe un problema en tu humanidad, porque esto es lo mínimo exigible que una persona normal debería conocer. Si sabes estas cosas y puedes atenerte a ellas, entonces posees la conciencia y razón de la humanidad; si no sabes nada de esto e incluso hace falta que otros te lo recuerden y te restrinjan, esta clase de persona tiene un gran problema. Hay un tipo de persona en particular que no se sienta junto a miembros del mismo sexo cuando está con otras personas, sino que se sienta específicamente con las del sexo opuesto y se acerca mucho a ellas; no trata de evitarlo. Cuando otros se lo indican, hasta le parece extraño, dice: “¿Qué tiene de malo sentarse cerca unos de otros? ¿Acaso podríamos hacer algo en público? Soy un adulto, ¿necesito que me vigiles? ¿Por qué siempre me estás señalando a mí?”. Hasta se atreve a decir: “¿Acaso podríamos hacer algo en público?”; ¿tiene el menor sentido de la vergüenza? (No). ¿Realmente el problema es que tenga que hacer algo? ¿O acaso es que, mientras no haga nada, no tiene que observar los límites entre hombres y mujeres? ¿Es que no hay una distinción entre hombres y mujeres? (Sí). Siendo así, deberían existir límites entre ellos y el mantenimiento de estos límites viene motivado por el sentido de la vergüenza dentro de la humanidad. Si tienes sentido de la vergüenza, mantendrás de manera muy natural los límites cuando interactúes con el sexo opuesto; no hará falta que otros te supervisen ni que el entorno te restrinja; tú mismo puedes hacerlo. Si careces siquiera de este poco de sentido de la vergüenza y necesitas que otros te vigilen y te insten a ello, entonces alguien como tú se encuentra en gran peligro. Algunas personas son especialmente informales en lo que respecta a los asuntos entre hombres y mujeres. Es frecuente que les guiñen el ojo o les lancen miraditas a otras del sexo opuesto, e incluso llegan a manosearlas. En particular, a algunas personas les gusta en especial presumir delante del sexo opuesto. Mientras más miembros del sexo opuesto haya presentes, más salvajes se vuelven y más entusiasmados se ponen y con más vigor presumen. Esto les parece inapropiado e indigno a los demás, pero estas personas no creen que suponga un problema ni sienten el reproche de su conciencia. En su lugar, piensan: “Esto es muy normal. ¿No debería ser así entre el hombre y la mujer? ¿Acaso no vienen las mujeres a este mundo para los hombres? ¿Y los hombres para las mujeres? ¿Qué tiene de malo divertirse un poco juntos? ¿No es algo feliz? ¡Resulta agotador vivir con la seriedad que vivís vosotros! ¿Es que no habéis oído eso que dicen: ‘Cuando hombres y mujeres trabajan juntos, la carga es más ligera’?”. Como ves, cualquier pensamiento o punto de vista les parece aceptable. En particular, aceptan por completo estos pensamientos y puntos de vista falaces, sin embargo, no aceptan en absoluto las afirmaciones positivas; incluso tratan de refutarlas, sienten resistencia hacia ellas y las rechazan. Si intentas recordárselo, sienten rechazo y te odian de corazón y se muestran hostiles contigo. No aceptan el consejo de nadie e insisten en actuar de esta manera. Algunas personas puede que pierdan el control o sucumban al descuido un momento y que actúen en ocasiones de manera algo disoluta. Sin que sea necesario que nadie se lo recuerde, se sienten intranquilas por dentro y les parece que deben tener cuidado en el futuro. Esta es la manifestación que debería tener una persona con conciencia y razón. Pero este otro tipo de personas ya ha ido demasiado lejos y se ha pasado de la raya de manera grave; ya están disfrutando de la lujuria carnal. Hay mucha gente que no puede soportar ver esto. Si siguen así, atraerán el peligro hacia ellas mismas y serán desdeñadas y descartadas por Dios. Sin embargo, no les importa y dicen: “¿Qué peligro puede haber en disfrutar de la lujuria?”. En realidad, carecen totalmente de conciencia. Algunas mujeres en la veintena se asocian con el sexo opuesto a la ligera, pasando la noche en casas de hombres. Si esto llegara a saberse, arruinaría su reputación, pero no les importa en realidad. ¿Tiene sentido de la vergüenza alguien así? (No). No tiene sentido de la vergüenza en absoluto. Ya sea hombre o mujer, si uno no tiene el menor límite en su corazón en lo relativo a los asuntos entre hombres y mujeres ni conoce el significado de la palabra “vergüenza”, entonces esto ratifica por completo que no posee los rasgos de humanidad. Si una persona sí posee los rasgos de humanidad y comete ocasionalmente un error relacionado con el sexo opuesto o hace algo que va demasiado lejos, lo lamentará toda la vida. Cada vez que lo piense, se ruborizará y sentirá una ligera punzada en el corazón; se sentirá incómoda y a disgusto, no querrá volver a sacar el tema y tendrá la esperanza de que tal cosa no vuelva a ocurrir en el futuro. Lo que hizo es una mancha permanente para ella. Las personas normales tienen sentido de la vergüenza y un límite de lo más bajo respecto a los asuntos entre hombres y mujeres; se controlarán y se refrenarán, no harán cosas semejantes. Aunque pierdan el control durante un momento y cometan un error con el sexo opuesto, sentirán remordimientos. No empeorarán su error, no se dejarán llevar ni caerán en la degeneración cuando el entorno lo permita; al contrario, se refrenarán. ¿Cómo se logra esto? Es el buen resultado que obtienes al estar restringido por tu conciencia y tu razón. Tu conciencia y tu razón te frenarán, te regularán y además te marcarán un límite más bajo, que es también tu estándar mínimo para tratar tales asuntos. Es decir, te ayudarán a evitar sobrepasar ese límite mínimo y a abstenerte de hacer tales cosas. Una vez que la debilidad o alguna razón especial cause que seas incapaz temporalmente de vencer tus impulsos y por tanto cometas un error con el sexo opuesto, sentirás asco y repugnancia en el fondo de tu corazón e incluso remordimientos para toda la vida; no te pasará una segunda vez en esta vida. Sin embargo, a las personas sin humanidad no les importa hacer tales cosas. Hasta lo difunden por todas partes y se comparan con las demás, pensando que eso es una habilidad, que a eso se le llama tener encanto y obtener una ventaja, que sería un desperdicio no hacerlo. Si a tales personas se les presenta la oportunidad, ¿volverán a hacer tales cosas? Desde luego, la respuesta es sí: no cabe duda de que lo harán. Nunca les apena haber hecho tales cosas, sino que, por el contrario, fanfarronean sobre ellas. ¿No es repugnante? (Sí). Ya es bastante decepcionante que no se sientan apenadas, pero incluso fanfarronean, lo cual es aún más repugnante. Lo que hacen provoca el desprecio de los demás, pero ellas mismas no sienten vergüenza alguna; la gente así no es digna de ser llamada humana. A menudo hacen cosas así de vergonzosas y, sin embargo, no sienten vergüenza, remordimiento ni se apenan. Y si en el futuro se presenta la oportunidad o las condiciones son propicias, lo volverán a hacer: esta es una manifestación de que no tienen sentido de la vergüenza. Entonces, dime: si una persona así no practica la verdad, ¿se sentirá apenada o reprochada en su interior? (No). Exacto, tampoco se sentirá molesta ni reprochada en su interior. ¿Por qué es así? (Porque no tiene conciencia ni razón). Cuando se trata de hacer cosas vergonzosas, una persona sin conciencia ni razón no se avergüenza de hacer algo que incluso los no creyentes encontrarían vergonzoso ni se siente arrepentida ni apenada al hacerlo. Entonces, es todavía menos probable que se sienta apenada cuando hace cosas que van en contra de la verdad, ¿no es así? (Sí). A ojos de los no creyentes, no practicar la verdad y no perseguirla es muy normal; no se considera vergonzoso ni que vaya en contra de la moral humana, porque así es la mayoría de la gente. Por tanto, no hace sentir nada a ese tipo de persona. Si se poda a una persona normal porque no practica la verdad y va en contra de los principios, dado que tiene conciencia y razón, se sentirá reprochada en su corazón y su conciencia estará inquieta. Pero cuando una persona sin conciencia ni razón hace cosas desvergonzadas o que provocan desprecio y repugnancia en los demás, no se siente incómoda ni inquieta. Desde su punto de vista, ¿acaso no es perfectamente normal para ella no practicar la verdad? Estas personas no tienen consciencia alguna, de modo que no hay ninguna esperanza para ellas.
Decidme, ¿son muy numerosos aquellos que pueden desentrañar lo que es bueno y malo, lo correcto y lo incorrecto? Fijaos en las personas a vuestro alrededor, incluyendo a vuestra familia, amigos y colegas; luego fijaos en los hermanos y hermanas. Entre estas personas, ¿son muchas o pocas aquellas que pueden discernir y desentrañar lo que es bueno y malo, lo que es correcto e incorrecto? (Muy pocas). No hay muchas que puedan saber qué es correcto y qué es incorrecto. Es decir, en este mundo no hay muchas personas con una humanidad honrada y amable; no hay muchas que sean ecuánimes y objetivas en sus acciones y su discurso y que no se descontrolen haciendo cosas malas; así como tampoco muchas que hablen de manera razonable y no empleen un razonamiento retorcido. Especialmente entre los no creyentes, tales personas son demasiado pocas. Cuando te pones en contacto con cualquier no creyente, solo te hace falta oírlo hablar para saber qué clase de persona es. En las palabras de los no creyentes hay demasiada imprecisión y adulteración. La mayoría de ellos no hablan con ecuanimidad ni objetividad, sino basándose en sus sentimientos y para proteger sus propios intereses. Da igual qué palabras equivocadas digan o qué cosas malas hagan, en el fondo de su corazón no tienen conciencia de ello. Como creyente en Dios, si en su discurso y acciones uno es como un no creyente en su desconocimiento de lo que es correcto e incorrecto y, aunque las palabras que dice y los puntos de vista a los que se aferra sean malos, sigue insistiendo ciegamente en ellos, considera los puntos de vista malos como cosas positivas y la verdad e incluso usa tales puntos de vista para sustituir la verdad y las palabras de Dios; ¿hay alguna esperanza de que se salve tal persona? (No). Algunas personas llevan veinte o treinta años creyendo en Dios o incluso lo han hecho toda la vida, pero nunca saben qué son las cosas positivas y qué son las cosas negativas ni tienen nunca claro qué es correcto y qué incorrecto. Mientras algo sea beneficioso para ellas, les gusta y lo defienden; si no es beneficioso para ellas, dicen que es equivocado y malo y lo rechazan. Han vivido hasta ahora con esa filosofía y actitud para los asuntos mundanos, sin embargo, siguen afirmando que creen en Dios y quieren salvarse, ¿no es una broma? (Sí). También afirman que son seguidores de Dios y testigos para Dios. ¿Qué podrían usar para dar testimonio de Dios? No saben siquiera qué es correcto y qué es incorrecto, sin embargo, aseguran que quieren dar testimonio de Dios; ¿no es eso una completa tontería? ¿Usaría Dios a tales personas atolondradas para dar testimonio de Él? (No). Sería una deshonra para Dios que tales personas dieran testimonio de Él. Nunca les parece que nada de lo que haga Dios sea correcto. Al evaluarlas según sus pensamientos y puntos de vista, muchas cosas que hace Dios no se ajustan a estos ni se conforman a sus nociones y, por supuesto, tampoco se ajustan a sus intereses carnales. A menudo, las palabras de Dios o Su obra contradicen sus anhelos, sus deseos y ambiciones personales, así como sus intereses personales de toda clase. Por tanto, para algunas personas que llevan diez o veinte años creyendo en Dios, si quieres que digan desde el corazón que “todo lo que hace Dios es acertado y está exento de errores”, eso será muy difícil. Se puede decir que hay algo oculto en su corazón. Al haber creído en Dios todos estos años, poseen experiencia de primera mano: sienten que sus deseos no se han satisfecho; querían tener un alto cargo, pero no llegaron a tenerlo, así como también querían obtener bendiciones, pero no fue así. Parece que la casa de Dios no es ecuánime con ellas. Se sienten agraviadas y tienen un sentimiento de injusticia en su corazón que quieren expresar, pero no pueden; temen que si hablan ofenderán a Dios, les darán a otros bazas que usar en su contra o no lograrán mantener su buena imagen en el corazón de la gente. Así pues, conservan muchas cosas guardadas dentro. Solo porque no lo digan en voz alta no significa que no tengan pensamientos o ciertas cosas en su corazón. ¿Y qué son estas supuestas “cosas”? No son la comprensión positiva ni el conocimiento de Dios ni Su obra, sino más bien su incomprensión, rebeldía y resentimiento hacia Dios, así como los agravios que creen haber sufrido, acumulados durante muchos años de creer en Dios. Pero como es en Dios en quien creen, no pueden decirlo. ¿Por qué hay tanto en su corazón a lo que no pueden darle voz? También hay una razón detrás de ello. Solo este punto es suficiente para mostrar que no han entendido realmente la verdad a pesar de creer en Dios desde hace muchos años. No se toman en serio perseguir la verdad en su fe en Dios. Con independencia de lo que les suceda, no contemplan las cosas de acuerdo con las palabras de Dios ni buscan la verdad para encontrar una senda de práctica. Nunca han aceptado las palabras de Dios como la verdad y la vida. No atesoran ni le dan valor a la verdad ni son rigurosos respecto a cómo practicarla. Durante sus muchos años de creer en Dios, siempre han mostrado oposición a Él, han escrutado, indagado y cuestionado las palabras de Dios hasta el punto de resistirse a ellas o de evaluar y juzgar Sus palabras y Su obra con sus supuestos puntos de vista correctos. Por tanto, después de creer en Dios durante muchos años, dicen finalmente algo desde el corazón: “¿Qué he obtenido al creer en Dios?”. La implicación es que no han obtenido nada de creer en Él. En su corazón, creen que han sufrido mucho y pagado un gran precio al hacer su deber en la casa de Dios a lo largo de los años, pero su anhelo de obtener bendiciones y su deseo de buscar fama y provecho no se han satisfecho. Algunos incluso creen que Dios no ha reparado los agravios que han sufrido, de modo que se vuelven desafiantes, resentidos y llenos de agravios en su interior. En aras de obtener bendiciones y de su destino, no tienen otra salida que realizar su deber y trabajar un poco en la casa de Dios sintiéndose agraviados; pero al final, sus esperanzas quedan en nada y no obtienen nada. ¿Existen personas como estas? Al menos hay una parte de las personas que son así. La causa de que no hayan obtenido nada después de creer en Dios durante muchos años son sus propios problemas. No cuentan con la capacidad para comprender o entender la verdad y siguen a Dios y hacen su deber con la intención de obtener bendiciones. Aunque se han entregado un poco con sinceridad y han pagado un gran precio y sufrido mucho, nunca se han interesado por las palabras que dice Dios ni por las verdades que expresa. Nunca las han aceptado en su corazón ni se han tomado en serio practicar la verdad. Por tanto, nunca saben si poseen la realidad-verdad o no. Piensan: “Podemos compartir la verdad y entendemos algunas verdades, ¿cómo se puede decir entonces que no poseemos la realidad-verdad?”. Pero no pueden escribir ni un único artículo de testimonio vivencial auténtico, entonces, ¿dónde se halla esta realidad-verdad suya? Sus acciones y actos siguen siendo los mismos que los de los no creyentes; es solo que su comportamiento ha cambiado un poco en comparación con el de los no creyentes. Con sus maneras y métodos de comportarse y sus pensamientos y puntos de vista en todos los acontecimientos y cosas —especialmente en lo relativo a las cosas positivas y negativas, así como a lo que es correcto e incorrecto—, nunca han contemplado las cosas con base en las palabras de Dios o en la verdad. En su lugar, lo contemplan todo de acuerdo con sus propios pensamientos y puntos de vista. Creen que cualquier cosa que les guste es positiva y cualquier cosa que odien es negativa. Nunca contemplan a las personas y las cosas usando las palabras de Dios como base y nunca buscan la verdad ni la aceptan en las personas, acontecimientos y cosas que se encuentran; solo siguen sus propios pensamientos ilusorios para actuar, vivir y hacer su deber de acuerdo con sus propios deseos, intenciones y preferencias. Creen que su capacidad para renunciar a las cosas, esforzarse, sufrir y pagar un precio significa que ya han hecho una gran contribución a Dios; piensan que esto es lo que significa creer en Dios y que esto es perseguir la verdad. Creen a su manera en el dios que imaginan en su corazón y persiguen la verdad a su manera. Cuando se les poda por actuar siempre arbitrariamente y con imprudencia de acuerdo con su propia voluntad al hacer su deber o cuando no se les usa para tareas importantes en la casa de Dios, se sienten desanimados y decepcionados. Al final, lo resumen todo en una única declaración: “¿Qué he obtenido después de creer en Dios durante tantos años?”. Nada en realidad. La razón por la que no han obtenido la verdad es que no la persiguen; Dios no tiene la culpa de eso. Esto es así porque ni Dios ni la verdad muestran parcialidad hacia las personas. El motivo de que no hayas logrado obtener la verdad no es que Dios no te haya dado la oportunidad o que no te haya permitido oír Sus palabras, sino que has oído las palabras de Dios, pero no las sopesas, no piensas en ellas ni las practicas ni experimentas. No aceptas la verdad porque no la amas. Dios no ha sellado tus ojos ni tu corazón; más bien, son tus preferencias y tu absurdez las que han bloqueado tu corazón de modo que no puedes aceptar la verdad. No has logrado obtener la verdad y no ha sido porque Dios no te la haya proporcionado, sino porque nunca te ha gustado leer las palabras de Dios y no aceptas Sus palabras ni la verdad en tu corazón. Tratas tus propias creencias y puntos de vista como si fueran la verdad que debes perseguir y a la que debes someterte; ¿acaso quieres que la gente te adore como a Dios? Para ti las palabras de Dios y Su obra son solo una formalidad, una fórmula; no has perseguido en absoluto la verdad y vida. Por tanto, el único fin posible para tu fe en Dios era que realmente no obtuvieras nada. ¿Por qué no has obtenido la verdad? No es porque Dios no te haya concedido Su gracia, sino por la senda que tú personalmente recorres. Dios te ha dado muchas oportunidades y te exhorta y te ayuda con sinceridad y paciencia, pero no le prestas atención. Tampoco aceptas que se te pode. Siempre buscas obtener bendiciones o buscas reputación y estatus, nunca te rindes. La causa definitiva de tu fracaso a la hora de obtener la verdad se debe por entero a la senda que tú personalmente has recorrido. No has emprendido la senda de perseguir la verdad. Esto no tiene nada que ver con Dios. Él no muestra parcialidad hacia las personas y la verdad tampoco. Con independencia de cuáles sean tus atributos, mientras seas un ser humano, incluso suponiendo que tu capacidad para comprender la verdad sea un poco peor que la de una persona normal, si no obstante puedes escuchar las palabras de Dios con el corazón, así como aceptarlas y practicarlas —a pesar del hecho de que puede que solo entiendas algunas doctrinas y te atengas a algunos preceptos—, todavía puedes obtener algo. La mayoría de la gente puede hacer esto, así que ¿por qué tú no? Otros escuchan sermones y hacen su deber de igual manera, entonces, ¿por qué ellos pueden obtener la verdad, hacer su deber acorde al estándar, desechar sus actitudes corruptas y someterse a Dios y tú no puedes? Dios ha dispuesto el entorno para que hagas tu deber con la esperanza de que entiendas la verdad y seas capaz de ponerla en práctica. Dios no te ha puesto obstáculos, sino que eres tú mismo el que siempre codicia las cosas mundanas y los placeres carnales, no comes ni bebes las palabras de Dios y sientes aversión por la verdad y la rechazas en tu corazón. Defiendes las filosofías de Satanás y la educación y el conocimiento como cosas positivas, como la verdad, al tiempo que ignoras las palabras de Dios y la verdad y las consideras tus enemigas, algo que se opone a ti. Dado que no amas la verdad en tu corazón, ¿por qué crees en Dios? Crees en Dios, pero no escuchas Sus palabras ni las aceptas; ¿acaso podrías esperar la salvación? No aceptas la verdad ni desechas tus actitudes corruptas, ¿cómo vas a salvarte entonces? No aceptas las palabras de Dios ni persigues la verdad, pero aun así quieres que Él te acepte y te reconozca. Esto es un sueño imposible; no va a funcionar. No aceptas las palabras de Dios ni la verdad, por lo que no hay lugar para Dios en tu corazón. Solo te alejarás cada vez más de Él. Serás igual que un no creyente: resultará imposible que alcances la salvación.