Cómo perseguir la verdad (24) Parte 1
La vez anterior hablamos sobre el contenido de desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él, lo cual se encuadra en el tema más amplio de “desprenderse” en “Cómo perseguir la verdad”. Este contenido implica nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado. ¿Cuáles fueron los aspectos que compartimos? (La vez anterior, Dios principalmente compartió y dejó en evidencia algunas de nuestras nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado y también nos compartió dos principios de práctica. Uno era no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo y el otro era no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Para resolver nociones e imaginaciones sobre el Dios encarnado, estos dos principios mencionados en la última enseñanza son los que deben practicar las personas. ¿Cuál fue el primero? (No comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo). ¿Y cuál fue el segundo? (No equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta). Fueron primordialmente estos dos. La vez anterior, compartí el primer principio —no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo— y presenté brevemente temas relativos a la vida de Dios encarnado que las personas pueden ver y que aún no entienden. Hoy continuaré compartiendo el tema relativo al Dios encarnado. Mientras más lo comparta, más lo entenderán las personas y más profundo será su entendimiento. Mientras más comparta la importancia de la humanidad normal o de la humildad y la ocultación de Dios encarnado, más entenderán las personas a Dios encarnado y más práctico será su entendimiento de Él. Serán capaces de entender más sobre el lado práctico de Dios encarnado o sobre los aspectos de Él que las personas pueden ver y con los que pueden entrar en contacto; su conocimiento será más preciso y práctico. De esta manera, las personas se desprenderán de algunas de sus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo que no concuerdan con la realidad. Mientras más las personas se desprendan de sus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo y más conozcan y entiendan la practicidad y la normalidad del Dios encarnado, más normal se volverá la relación entre ellas y Dios. Un punto respecto a no comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo es que debes tener un entendimiento de la practicidad y la normalidad del Dios encarnado. Cuanto más entiendas la practicidad y la normalidad de Dios encarnado, más entenderás al Dios en el cielo y no medirás al Dios en el cielo a partir de tus nociones e imaginaciones. Por supuesto, desde una perspectiva objetiva, también pasará algo más: tendrás la actitud correcta hacia Dios, tendrás un punto de vista objetivo de las diversas manifestaciones reveladas por el Dios encarnado en Su humanidad y también conocerás al Dios en el cielo de manera más precisa y práctica. Esto te impide tener siempre nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado que no se ajustan a la realidad y también te impide siempre comparar al Dios encarnado con el Dios en el cielo. Al discutir la encarnación de Dios —es decir, a Cristo—, hay cierto tema que surge a menudo: la normalidad y la practicidad, así como la humildad y la ocultación, de Dios encarnado. Las personas hablan a menudo de Su normalidad y practicidad y también de Su humildad y ocultación; sin embargo, en lo que respecta a las cuestiones prácticas implicadas aquí, puede decirse que a todas las personas les falta claridad. ¿Qué es exactamente la normalidad y la practicidad de Dios? ¿Qué es Su humildad y ocultación? Es decir, en cuanto a qué es exactamente la normalidad, la practicidad, la humildad y la ocultación del Dios encarnado en el corazón de las personas, además de cómo entender y conocer estas cosas, las personas no tienen claras la verdad ni la esencia a este respecto y meramente predican sobre ellas como si se tratara de una especie de teoría o terminología espiritual. Por tanto, es muy necesario que compartamos este tema de la normalidad y practicidad de Dios encarnado, así como Su humildad y ocultación, de una manera detallada y sistemática. Por medio de tal enseñanza, las personas tendrán claro en qué consiste el vivir de la normalidad y practicidad del Dios encarnado, este Hijo del hombre que posee una identidad especial.
¿Qué podéis comprender de la normalidad y la practicidad del Dios encarnado con respecto a vuestra comprensión literal o en cuanto a vuestras nociones e imaginaciones? A lo largo de estos años de entrar en contacto, interactuar o hablar con el Dios encarnado, ¿exactamente qué habéis sentido y qué habéis llegado a conocer respecto a Su normalidad y Su practicidad? La mayoría de los temas sobre los que hemos compartido anteriormente trataban de los problemas de la especie humana corrupta. Es decir, compartimos los diversos problemas que tenéis, los cuales implican actitudes corruptas, servir a Dios y realizar los deberes, así como la humanidad, el calibre, las nociones e imaginaciones de la gente y las actitudes y puntos de vista hacia Dios; hemos hablado de todo esto. He predicado la verdad y he dado sermones durante muchos años y todo ello se ha referido a vuestros problemas. En esta ocasión, al fin no estamos hablando de vuestros problemas, sino de algunas cosas que implican al Dios encarnado, lo que nos permite observar las cosas desde un ángulo diferente. ¿No os parece este tema bastante relajado, libre de toda carga y no tan incómodo? (Sí). Entonces, ¿qué podéis ver, apreciar o comprender en lo que respecta a la normalidad y la practicidad o a la humildad y la ocultación del Dios encarnado? Podéis hablar sobre teorías o hechos; cualquier cosa está bien. No sois capaces de aportar una respuesta; en tal caso, ¿acaso no tenéis bajo circunstancias normales pensamientos en vuestra mente sobre la encarnación de Dios? ¿Ningún conocimiento en absoluto? ¿Y ningún sentimiento en absoluto? Debéis de tener algunos, ¿verdad? A veces podría tratarse de un pensamiento pasajero, a veces algo en lo que pensáis un poco y a veces podrían ser algunas impresiones profundas que tenéis en vuestro corazón. Si es un pensamiento pasajero, puede que no lo recuerdes; o a veces surge en tu subconsciente cierto pensamiento o punto de vista y puede que tampoco lo recuerdes necesariamente. Sin embargo, a veces tienes cierta impresión del Dios encarnado y esta impresión hace que a su vez desarrolles un punto de vista. Esta impresión perdurará mucho tiempo en tu mente. No hay duda de que serás capaz de recordarla. Tu mente no debería estar en blanco, ¿no? Por tanto, hablad de vuestro entendimiento de la normalidad y la practicidad, o de la humildad y la ocultación, del Dios encarnado. (Dios, mi entendimiento de la normalidad y la practicidad de Dios encarnado es que Él también tiene las necesidades normales de la carne. Por ejemplo, cuando Cristo habla durante mucho tiempo, le entra sed y necesita beber agua. Cuando habla con nosotros en las reuniones durante tres o cuatro horas, también se fatiga y necesita descansar. Cuando camina un rato largo, también necesita hacer paradas. Es decir, por fuera, Cristo es igual que una persona normal y tiene también todo el rango de emociones de la humanidad normal: se siente feliz al oír cosas alegres y se siente triste cuando oye cosas dolorosas. Estas también son manifestaciones de la normalidad y la practicidad de Dios encarnado). Habéis expuesto algunos hechos. Estas son cosas que habéis visto y con las que también podéis entrar en contacto y que podéis sentir. ¿Algo más? (Dios, voy a añadir un punto: antes he oído que, cuando vas a dirigir algún trabajo profesional, también tienes que aprender y entender algunos conocimientos especializados). ¿Es esto algo que habéis oído todos? ¿Que cuando dirijo algún trabajo profesional, también tengo que ponerme a aprender al respecto de manera práctica, entender y dominar algunos conocimientos profesionales relevantes? ¿Es esta la información que ha recibido la mayoría de la gente? ¿Pensáis todos lo mismo? (No. Por ejemplo, cuando diriges el trabajo del equipo de producción de películas, simplemente ves algunas películas y programas de televisión de vez en cuando para ponerte al día; no reservas un tiempo concreto para aprender al respecto ni para investigarlo). Esto es necesario aclararlo. En realidad, no dispongo de la energía para buscar recursos ni aprender ningún tipo de conocimiento profesional. Simplemente he visto algunas películas, así que tengo una pequeña impresión general de cómo deberían ser; además, en función de algunos conocimientos profesionales relevantes que proporcionan los hermanos y hermanas, deduzco y extraigo los principios relevantes y proporciono cierta dirección para el trabajo profesional. El punto esencial aquí es captar los principios y dirigirlos en función de ellos. Las dificultades de quienes realizan el trabajo son, por un lado, que sus conocimientos profesionales no son completos y, por otro lado, que no captan los principios-verdad, sumado a su escaso calibre. Por tanto, al darles Yo cierta medida de guía sobre la base de entender los principios, los resultados son mejores que si lo hicieran ellos mismos. Hago esto basándome en el principio de propagar las palabras de Dios, dar testimonio de Dios, no deshonrar a Dios y permitir que la gente aprenda más sobre Su obra y entienda más de la verdad; esto ha dado ciertos resultados. En cuanto a habilidades profesionales reales, prácticamente no tengo ninguna. Para empezar, no cuento con esos conocimientos especializados ni he intentado jamás aprender al respecto de manera específica, como habéis dicho. Con independencia de qué tipo de trabajo profesional guíe, nunca he intentado aprender sobre ello ni he buscado materiales educativos, recursos o conocimientos profesionales relevantes. Como mucho, los hermanos y hermanas encuentran algunos materiales educativos o muestras relevantes y me los pasan para que Yo los mire; de ellos extraigo algunos principios relevantes y algunas formas de trabajar para esa profesión y me baso en ellos para dirigir el trabajo.
En cuanto a este aspecto, la normalidad y practicidad de Dios encarnado, las personas han visto algo de la normalidad y practicidad exhibida por los instintos de Su carne. Esto incluye los instintos humanos, así como algunas revelaciones y limitaciones de las diversas condiciones innatas de la carne; esto es normalidad y practicidad en el sentido verdadero de estos términos. Ya sea lo que Él revela de cara al exterior o bien sean Sus pensamientos y puntos de vista internos o los principios internos de conducta propia de Su humanidad; en resumen, el entendimiento más simple y básico de la normalidad y practicidad de Dios encarnado es que Él no es extraordinario, trascendente ni poco convencional. Es decir, a partir de la apariencia externa de Dios encarnado, no puedes ver ninguna manifestación especial que difiera de las de las personas corrientes. Si Él no habla ni hace nada, solo observando Sus rasgos faciales, Su forma física y Su persona al completo, no puedes ver nada inusual. Él no es extraordinario ni trascendente ni poco convencional; solo es una persona corriente. Dicho con precisión u objetividad, si esta persona está entre una multitud y no habla ni obra ni expresa la verdad, no puedes distinguir en qué es diferente de los demás. Por ejemplo, si Yo estoy sentado entre vosotros y entra un extraño, este vería que Mi apariencia es igual a la vuestra. No me siento en una silla de honor ni destaco. Tengo una apariencia corriente; no soy extraordinario, no soy imponente ni parezco una especie de gran figura; solo soy una persona corriente. Por tanto, no podría distinguir quién es el Dios encarnado. Si vivo junto a un grupo de personas, tampoco serías capaz de ver nada de diferente en Mí. Solo sabes que este Dios encarnado es femenino, pero simplemente no serías capaz de distinguir a simple vista quién es Dios encarnado, a menos que escucharas mucho Mis sermones, en cuyo caso podrías reconocerlo por Mi voz. Si la voz de alguien es similar a la Mía, algunas personas podrían incluso equivocarse y suponer que ella es el Dios encarnado. ¿Suceden tales cosas? Ha llegado a ocurrir, desde luego. Algunos individuos parecen trascendentes y destacables, poseen un aura y un estilo especialmente distinguidos, así como una apariencia particularmente noble, la de alguien con estatus y cierta posición. Algunos hermanos y hermanas necios o personas que especialmente quieren ver al Dios encarnado pensarán erróneamente que tal persona es el Dios encarnado e incluso le harán reverencias y se arrodillarán ante ella. Aquella a la que le hacen reverencias siente un gran deleite en su interior e incluso lo acepta tácitamente. Cuando está a punto de irse, esas personas necias que le hicieron reverencias y se arrodillaron llegan incluso a derramar lágrimas y son reacias a separarse de ella; le tiran de la ropa y no dejan que se vaya, dicen: “¿Cuándo vendrás otra vez? ¡Te vamos a echar de menos!”. Con particular emoción, incluso dicen: “Al fin he conocido al Dios encarnado. Ya no me queda nada que lamentar en esta vida. Aunque muera, ¡mi vida habrá merecido la pena!”. La persona a la que le han hecho la reverencia no aclara la situación en absoluto. ¿Habéis oído cosas así? (Sí). Una cosa así no podría pasar de ninguna manera en el extranjero. ¿Por qué sucedió en China continental? Porque Dios encarnado apareció y obró en China, Él tiene sin duda la imagen de una persona china, así que una cosa como esta ocurrió en China continental. No vamos a entrar en si las dos partes implicadas en este asunto tienen razón o no. En cuanto a este asunto en sí mismo, con independencia de cómo entiendan las personas la normalidad y practicidad de Dios encarnado, rigiéndose por sus nociones, estas creen que Dios encarnado debería tener una imagen imponente, una apariencia noble y, más si cabe, una identidad noble. Debería tener también una apariencia y una manera de hablar únicas que hicieran que todo el mundo que lo mire sienta que Él es como Dios, que Él es Dios, sin la menor duda. Si no tiene un aspecto destacable para las personas y no pueden ver el aura ni la imagen de Dios en Él, entonces es imposible que sea Dios. Las personas creen que Dios encarnado es, sin duda, particularmente imponente y noble, posee un aura y se parece en especial a alguien con una identidad regia; debería andar erguido, tener ojos brillantes y penetrantes y Su mirada debería ser particularmente afilada; debería ser capaz de saber al instante lo que cualquiera está pensando con solo mirarlo y debería ser capaz de distinguir de un vistazo quién alberga hostilidad o malos pensamientos. Estos pensamientos que tienen las personas reflejan cierto fenómeno: la gente tiene tal multitud de imaginaciones sobre el Dios encarnado. Pero, de hecho, el Dios encarnado no es el mismo que el Dios de las nociones e imaginaciones de las personas; hay una diferencia. La apariencia externa del Dios encarnado es particularmente corriente. No es para nada imponente, no es para nada trascendente y no es para nada sobrenatural; puede incluso decirse que no hay nada especial respecto a Él. Desde fuera, no difiere casi en nada de todos los humanos creados. Es decir, Él es casi exactamente igual que los humanos creados por Dios en cuanto a las diversas funciones que estos poseen, así como a los instintos, el pensamiento normal y las diversas habilidades de los humanos. Estas son las cosas externas que las personas pueden ver directamente a simple vista y con las que pueden entrar en contacto, así como las que pueden comprender y entender. Estas cosas externas son fáciles de ver y entender para la gente, así que no serán el foco de nuestra enseñanza. El foco de nuestra enseñanza está en la normalidad y practicidad de Dios encarnado, así como en Su humildad y ocultación.
En cuanto a lo que las personas deberían entender sobre Dios encarnado, ya sea Su normalidad y practicidad o Su humildad y ocultación, consiste en pensamientos o maneras de conocer que estas simplemente no tienen en su corazón; estos pensamientos no existen siquiera en sus nociones e imaginaciones. Esto atañe a cómo Dios encarnado vive entre las personas, cómo vive en el entorno de la vida real de la especie humana, cómo lleva Su vida y cómo habla y obra entre la gente. Esto atañe a los asuntos relativos a la esencia de Dios encarnado y merece la pena compartir estas cuestiones. Estos aspectos son además cosas que las personas no pueden ver o que les resulta muy difícil entender y, por supuesto, además son cosas que no existen dentro del conocimiento de la gente o en sus nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado. Es decir, el conocimiento, el entendimiento y las imaginaciones de las personas respecto a Dios encarnado están básicamente desconectados de la realidad de Su vida y Su existencia. Como resultado, mucho del conocimiento de la gente relativo a la esencia de Dios encarnado no es práctico ni objetivo e incluso consta de algunas nociones e imaginaciones que no concuerdan con la realidad. El Dios encarnado vive entre las personas y en este mundo material; Su normalidad y practicidad se reflejan en Su vida, así como en el proceso de Su existencia. En Su vida y en el proceso de Su existencia, por un lado, lo que está implicado es la vida de esta carne y, por otro, lo que está implicado es el ministerio que realiza Dios encarnado. A partir de estos dos aspectos, observemos cómo la normalidad y practicidad que vive y posee Dios encarnado difieren de las nociones e imaginaciones de las personas; qué partes de esta normalidad y practicidad las personas no pueden entender o las desestiman después de verlas, sino que son realmente manifestaciones de la normalidad y practicidad que posee la encarnación de Dios. Dado que esto atañe a la vida y la existencia de Dios encarnado, conlleva muchos problemas reales, además de muchos pensamientos y puntos de vista relativos a estos problemas reales. Estos pensamientos y puntos de vista, de hecho, se revelan y viven de manera práctica y objetiva en la vida de Dios encarnado y el ministerio que Él realiza. Sin embargo, como las personas albergan demasiadas nociones e imaginaciones —ya sea sobre el Dios en el cielo o sobre el Dios en la tierra— y como estas son todas huecas y no se ajustan a la realidad, la mayoría de ellas desestiman la normalidad y practicidad, así como la humildad y ocultación que pueden ver que manifiesta Dios encarnado, esta identidad especial de Dios. En lo que se centran la mayoría de las personas es en las señales y prodigios, en los misterios, en las habilidades sobrenaturales y en las cosas que son profundas, grandes o relativamente trascendentes y extrañas, entre otras cosas. Sin embargo, las personas desestiman las cosas verdaderamente objetivas, prácticas y reales que vive y revela Dios mismo. Por muchos años que viva entre la especie humana la encarnación de Dios, dado que las personas desestiman estas cosas, su conocimiento de Dios siempre se mantiene estancado en sus imaginaciones huecas y difusas. Por consiguiente, el conocimiento que tienen de Dios siempre es muy poco objetivo y práctico. Hoy, por medio de compartir este tema, conozcamos la normalidad y practicidad reflejadas en la vida de Dios encarnado y el ministerio que Él realiza. Ya sea la vida de Dios encarnado o el ministerio que Él realiza, ambos aspectos implican el vivir Su normalidad y practicidad. Esto atañe a los puntos de vista de Dios encarnado —este Hijo del hombre que posee una identidad especial— hacia todos los tipos de personas, acontecimientos y cosas, así como Sus principios y métodos para manejar toda clase de asuntos. En las enseñanzas a lo largo de los años habéis oído sobre los principios y métodos según los que el Dios encarnado trata y maneja toda clase de asuntos y ahora sabéis sobre estas cosas. Todas estas cosas, que en vuestra mente parecen bastante elevadas y grandes, implican la verdad. Por un lado, representan las intenciones del Dios en el cielo; representan lo que requiere de las personas el Dios que posee la identidad y esencia de Dios y lo que Él les enseña a estas. Por otro lado, es innegable que además representan los principios, los métodos y los pensamientos y puntos de vista de Dios encarnado, este Hijo del hombre, en cómo Él contempla o maneja toda clase de asuntos. Ya he compartido con vosotros durante mucho tiempo esta cantidad enorme de contenido relativo a los principios-verdad; hay muchos temas y son bastante extensos. Este contenido es suficiente para representar los pensamientos y puntos de vista, las actitudes, así como los principios para manejar las cosas en todo tipo de asuntos del Dios encarnado, el Hijo del hombre. Hoy no hablaremos de este aspecto.