Cómo perseguir la verdad (6) Parte 1

Los 11 estándares para evaluar el calibre de una persona

En la reunión anterior, compartimos un tema general relativo a la búsqueda de la verdad, “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”. En el marco de este tema fundamental, hablamos sobre desprenderse de las nociones y figuraciones humanas relativas a la obra de Dios, con relación a temas como las condiciones innatas, la humanidad y las actitudes corruptas de las personas y, dentro de esos temas, se mencionaron asuntos relacionados con el calibre. En la ocasión anterior, compartimos un poco sobre las cuestiones relativas al calibre, con lo que resolvimos parte de las nociones de las personas. Una vez oído esto, ¿tenéis una definición precisa de lo que es el calibre? ¿Qué es el calibre exactamente? ¿Cómo debería entenderse? ¿Cómo se puede juzgar si el calibre de una persona es bueno, promedio o escaso? ¿En función de qué aspectos se debería juzgar? ¿Habéis buscado y contemplado estas cuestiones? (Las he contemplado un poco. En la reunión anterior, Dios compartió que, para evaluar el calibre de una persona, hemos de fijarnos en su eficiencia y efectividad al hacer las cosas. Antes, no tenía mucho entendimiento a este respecto e incluso confundía los puntos fuertes con el calibre. Por ejemplo, cuando veía que alguien lograba unos resultados académicos especialmente buenos o que era competente en varios idiomas, pensaba que esto indicaba que tenía buen calibre. Solo al escuchar la enseñanza de Dios pude obtener un juicio claro sobre qué es un calibre realmente bueno y qué simplemente representa algunos puntos fuertes. Si de cara al exterior, una persona parece bastante astuta, pero su eficiencia es muy baja en el cumplimiento del deber y siempre es incapaz de comprender los principios-verdad, su calibre es relativamente escaso). Evaluar el calibre de una persona de acuerdo con su eficiencia y efectividad a la hora de hacer las cosas; esta es una manera general de expresarlo. Más allá de su eficiencia y efectividad al hacer las cosas, existen estándares específicos para evaluar el calibre de una persona. Primero, su capacidad de aprendizaje. Segundo, su capacidad para entender las cosas. Tercero, su capacidad de comprensión. Cuarto, su capacidad para aceptar las cosas. Quinto, su capacidad cognitiva. Sexto, su capacidad para emitir juicios. Séptimo, su capacidad para identificar las cosas. Octavo, su capacidad para responder a las cosas. Noveno, su capacidad para tomar decisiones, lo que también se puede definir como su capacidad para ejecutar. Décimo, su capacidad para evaluar y apreciar las cosas. Undécimo, su capacidad de innovación. ¿Los habéis tenido en mente? (Sí). ¿Cuántos hay en total? (Once). Leedlos en voz alta. (Uno, la capacidad de aprendizaje. Dos, la capacidad para entender las cosas. Tres, la capacidad de comprensión. Cuatro, la capacidad para aceptar las cosas. Cinco, la capacidad cognitiva. Seis, la capacidad para emitir juicios. Siete, la capacidad para identificar las cosas. Ocho, la capacidad para responder a las cosas. Nueve, la capacidad para tomar decisiones. Diez, la capacidad para evaluar y apreciar las cosas. Once, la capacidad de innovación). Para juzgar el calibre de una persona, en términos generales, tenéis que fijaros en estos dos aspectos: en su eficiencia y efectividad al hacer las cosas. En concreto, al evaluar su eficiencia y efectividad al hacer las cosas, debéis evaluarlas de manera exhaustiva a partir de estos once estándares. De esta manera, seréis capaces de juzgar con precisión cómo es realmente el calibre de una persona. Por supuesto, para evaluar el calibre de una persona, el primer paso es fijarse en sus capacidades generales en diversos aspectos y, luego, en su eficiencia y efectividad al hacer las cosas. Si posee calibre y capacidad en diversos aspectos, entonces seguro que hace las cosas de manera eficaz y efectiva. Si una persona hace las cosas con una eficiencia alta y su efectividad es buena, entonces, cuando evalúes sus capacidades en cada ámbito conforme a los once estándares, seguro que también son buenas. Cualquiera de estas once capacidades, tomadas de manera individual, no puede determinar por completo si el calibre de una persona es bueno o no; se debe juzgar exhaustivamente. Por supuesto, entre esas once capacidades, ¿cuáles son las más importantes? Las más importantes son la capacidad para emitir juicios, la capacidad para identificar las cosas, la capacidad para responder a las cosas y la capacidad para tomar decisiones; esto guarda relación con la capacidad para actuar de una persona después de entender cierta teoría. Las capacidades restantes corresponden a la comprensión y el aprendizaje, lo cual tiene que ver con la mente humana. A continuación, vamos a hablar una a una sobre estas once capacidades.

Número 1: La capacidad de aprendizaje

La primera es la capacidad de aprendizaje. La capacidad de aprendizaje no solo se refiere al aprendizaje en un campo de conocimiento, sino que también incluye aprender un idioma, una habilidad técnica específica, aprender y aceptar algo nuevo y demás; todo esto se encuadra en el ámbito de la capacidad de aprendizaje. Por ejemplo, cuando una persona aprende una habilidad técnica, en circunstancias normales, puede dominar lo básico de esta a los seis meses y luego aplicarla de manera independiente. Si puedes dominarla y aplicarla de manera independiente después de seis meses de aprendizaje, esto cuenta como tener capacidad de aprendizaje. Si necesitas el doble de tiempo que una persona promedio para aprenderla —si pasados seis meses todavía no la has dominado y te hacen falta otros seis para aprenderla—, esto indica un calibre escaso. Es decir, en cuanto a la capacidad de aprendizaje, si puedes dominar la habilidad o el conocimiento técnicos dentro del periodo normal, eso significa que tu calibre es promedio o está por encima de la media. Sin embargo, si excedes este periodo de tiempo y necesitas el doble o incluso el triple de tiempo que otros para aprender la habilidad o el conocimiento técnicos, entonces, tu calibre es escaso. Si dedicas dos o tres veces más tiempo que la persona promedio, sigues sin aprenderlos y careces de capacidad de aprendizaje, ¿qué dice esto respecto a tu calibre? Sin capacidad de aprendizaje, no cumples siquiera el estándar general para tener un calibre humano normal. Es peor que si tuvieras escaso calibre; no tienes calibre alguno. ¿En qué categoría recae no tener calibre? No tener calibre significa que uno se encuadra en la categoría de las personas que son mentalmente deficientes e idiotas, sin capacidad de aprendizaje de ningún tipo. Esto es lo que conlleva la capacidad de aprendizaje.

Número 2: La capacidad para entender las cosas

La segunda es la capacidad para entender las cosas. La capacidad para entender las cosas se refiere a la capacidad de una persona para comprender los principios y el truco que hay en algo que ve o se encuentra a menudo. Por ejemplo, cuando aprendes una habilidad profesional, si escuchas las instrucciones teóricas y observas las demostraciones prácticas y, dentro de un marco temporal normal, puedes dar con el truco y hacerte con los principios involucrados en esta habilidad, esto cuenta como tener buen calibre y cierta capacidad para entender las cosas. Si no puedes entenderla de inmediato y, aunque alguien vuelva a compartirla contigo, sigues sin comprenderla; si, aunque te den numerosas pistas, todavía no entiendes el truco para hacerla ni cuáles son los principios implicados, entonces, tu capacidad para entender las cosas es escasa. Tal vez, pasado algún tiempo, puedas aprender un poco tanteando lentamente por medio de la práctica real, pero se limita a eso. Si, con independencia de cuánto tiempo emplees, ya sean cuatro o cinco años, lo que puedes entender queda confinado a un ámbito limitado y, al hacer las cosas, solo te atienes a ciertos preceptos y reglas, sin ser capaz de entender los fundamentos implicados y aplicarlos a la práctica real, esto significa que tu capacidad para entender las cosas es escasa; la gente como esta tiene escaso calibre. Por ejemplo, algunas personas desempeñan trabajo de iglesia y, después de hablar con ellas sobre los principios-verdad, les parece que todo lo que has dicho es correcto y no dudan sobre lo que has compartido. Sin embargo, sencillamente no entienden por qué se deben hacer las cosas de esta forma y son incapaces de comprender los principios implicados. En especial, al afrontar diversos problemas o situaciones especiales en la vida real o mientras hacen su deber, no saben cómo aplicar principios, abordar los problemas a los que se enfrentan o lidiar con ellos conforme a los principios. Esto indica falta de capacidad para entender las cosas. Aquellos que carecen de capacidad para entender las cosas no entienden después de que alguien comparta la verdad, siempre hacen peticiones tales como: “¿Puedes poner otro ejemplo?” o “¿Lo puedes explicar en mayor detalle?”. Solo lo entienden un poco después de que les des un ejemplo y se lo expliques al detalle. Sin embargo, si compartes algo más profundo, de nuevo son incapaces de entenderlo y te pedirán otro ejemplo. ¿Por qué insisten tanto en pedir ejemplos? Para que les expliques situaciones similares en la vida real por medio de ejemplos, de modo que puedan limitarse a recordar cierto enfoque o precepto. ¿Por qué hacen esto? Porque su capacidad para entender las cosas es muy escasa. También se podría decir que no tienen capacidad para entender las cosas; no saben cómo aplicar principios en la vida real ni mientras hacen su deber. No importa cómo compartas con ellos, no importa cuántos ejemplos concretos les pongas ni cuántos principios les expliques con claridad, aunque expreses los principios para lidiar con las situaciones especiales, se pueden pasar el día escuchando y seguir sin entenderlo. Les parece que lo que dices es simple teoría y todavía no saben cómo ocuparse de los diversos problemas que afrontan en la vida real. Esto indica una falta de capacidad para entender las cosas. Da igual cómo se las expliquen los demás, aquellos que carecen de capacidad para entender las cosas no logran comprenderlo; eso es tener escaso calibre. ¿Tienen las personas de escaso calibre una eficiencia y efectividad igualmente escasas al hacer las cosas? (Sí). Si su capacidad para entender las cosas es escasa, entonces su eficiencia y efectividad al hacerlas ciertamente será escasa; no sabrán qué principios están involucrados cuando se enfrenten a algo ni sabrán cómo aplicar los principios en la vida real. Esto indica escaso calibre. Hay otro tipo de persona que se vuelve más atolondrada mientras más detallada y específica es la enseñanza de los demás y que es incapaz de entenderla. Por ejemplo, cuando la casa de Dios habla sobre discernir a los falsos líderes y anticristos, después de escucharlo, dicen: “¿Por qué no lo entiendo? Se han compartido los principios, se han dado ejemplos y se han enumerado situaciones especiales, pero todo me suena muy confuso. ¿Qué es lo que se ha dicho exactamente? ¿Con qué clase de personas se supone que vamos a lidiar? ¿Va a ser con los falsos líderes o los anticristos? ¿Es el líder de nuestra iglesia un anticristo? Esa persona parece un poco malvada, ¿sus manifestaciones se deben a un carácter corrupto o a una mala humanidad? ¿Qué es, pues, un falso líder o un anticristo? Sigo sin entenderlo”. Esta persona ni siquiera entiende cuáles son los principios-verdad sobre los que compartes; mientras más escucha, más atolondrada se vuelve. No solo no logra conectar estos principios-verdad con situaciones reales, sino que también se vuelve tan atolondrada que no sabe siquiera sobre qué tema trata lo que estás diciendo. ¿Acaso no muestra esto falta de capacidad para entender las cosas? (Sí). Por ejemplo, imagina una situación en la que todo el mundo se ha reunido para compartir un único tema, en la que cada persona contribuye con sus ideas. Tú compartes tu entendimiento, yo expreso lo que capto de él; una persona plantea una pregunta, otra una distinta; todo gira en torno a ese tema. Aquellos sin calibre escuchan esta clase de discusión y no logran entenderla. En su fuero interno, piensan: “¿De qué estáis hablando todos? ¿Por qué no logro entenderlo?”. Se vuelven atolondrados. No pueden discernir la lógica subyacente a las preguntas razonables que hacen otros ni por qué se plantean tales cuestiones. No alcanzan a descubrir las razones detrás de esto; son incluso peores que un espectador. Los que poseen calibre, aunque solo observen desde la barrera, saben distinguir quién tiene razón y quién se equivoca, el motivo por el que alguien hace cierta pregunta, si las preguntas son profundas o superficiales, cómo se están respondiendo… pero, aquellos sin calibre, no pueden entender nada de esto ni tampoco la lógica subyacente que hay detrás. Esto demuestra que no tienen capacidad para entender las cosas. Cuando otros comparten algo, no pueden discernir después de escucharlo. No saben si lo que se ha dicho es fiel a la verdad y objetivo ni pueden desentrañar el trasfondo y la esencia del asunto; están completamente perdidos. En cuanto a por qué se discute este tema, por qué los principios implicados en este se han de enfatizar repetidas veces, además de saber las preguntas de qué personas se corresponden con estos principios y cuáles no, no son capaces de entender ni de extraer ningún sentido de nada de ello. A medida que escuchan, les entra sueño; empiezan a considerarse a sí mismos meros espectadores en esta charla y se les nubla el corazón. En el caso de otras personas, mientras más principios-verdad se compartan, más clara y lúcida se vuelve su mente. En cuanto a aquellos sin calibre, mientras más escuchan, más atolondrados se vuelven y más se les nubla el pensamiento. Esto indica falta de capacidad para entender las cosas. ¿Acaso no indica un calibre sumamente escaso? De esas personas también se puede decir que no tienen calibre. ¿Qué clase de personas son aquellas sin calibre? (Los deficientes mentales). Los deficientes mentales, los idiotas, los tontos… esta es la categoría de personas con el calibre más escaso. Este es el segundo aspecto: la capacidad para entender las cosas.

Número 3: La capacidad de comprensión

El tercer aspecto es la capacidad de comprensión. La capacidad de comprensión es similar a la capacidad para entender las cosas, pero va un paso más allá. ¿Cuál es la diferencia entre ellas? La capacidad de comprensión se centra más en cómo hacer que los principios de la verdad y las sendas de práctica se conformen a los diversos asuntos en la vida real y luego ponerlos en marcha en el trabajo real, después de que uno haya entendido y dominado estos principios y sendas. Aquí es donde radica la distinción. La gente con capacidad de comprensión, después de entender los fundamentos y los principios de algo, tiene una senda de práctica en el corazón y un alcance preciso, una dirección y un objetivo. Saben cómo aplicar estos fundamentos y principios y además conocen los principios de práctica involucrados en ciertas situaciones especiales. Supongamos que, después de oír la enseñanza de algunos principios-verdad, una persona puede reconocer la esencia de algunos problemas y después usar la verdad para resolver algunos problemas reales en la vida real. Es decir, después de oír estos principios, entienden de inmediato cómo deberían haber practicado en respuesta a una situación anterior y, cuando vuelven a surgir las situaciones, saben también cómo aplicar los principios para abordarlas y tienen de inmediato una senda de práctica en el corazón. Su comprensión de los principios y fundamentos funciona como un faro, lo que les permite enseguida conocer cómo ocuparse de las diversas cuestiones en la vida o el trabajo y les permite tener senda, dirección y principios de práctica. En ese caso, tal persona tiene capacidad de comprensión, lo que, por supuesto, es una manifestación de buen calibre. Digamos que una persona, después de oír algo de enseñanza sobre los principios-verdad, sabe cómo debería practicar y lidiar con estas cosas de su vida real que son comunes y universales o que ha experimentado. Sin embargo, no sabe cómo aplicar estos principios-verdad a situaciones especiales, complejas o inesperadas ni a problemas y fenómenos poco comunes que no ha experimentado, por lo que aún necesita buscar y hacer indagaciones para obtener una respuesta precisa o un plan específico de práctica para saber cómo manejarlos y resolverlos. En caso contrario, incluso después de oír los principios-verdad, sigue sin saber cómo lidiar con tales asuntos o problemas. Esto indica que tiene una capacidad de comprensión promedio o, también, se puede decir que semejante persona es de calibre promedio. Algunas han trabajado durante diez o veinte años y, con algo de experiencia laboral combinada con una clara enseñanza de los principios-verdad de la casa de Dios, saben cómo lidiar con situaciones comunes y les han confirmado que es correcto lidiar con ellas de esta manera. Sin embargo, cuando se enfrentan a ciertos problemas complejos, especiales y nada comunes que nunca han experimentado en su trabajo, no saben cómo lidiar con ellos y les hace falta indagar para obtener una clara respuesta antes de poder empezar a lidiar con ellos. Si la situación cambia y se vuelve más compleja de lo que imaginaban o que las circunstancias que conocen, se confunden, no saben cómo deberían afrontarla y menos aún saben cómo deberían practicar o cómo lidiar con ella conforme a los principios. Cuando no saben cómo practicar, ya actúen a partir de sus figuraciones, sus propias ambiciones y deseos o, simplemente, la den de lado y la ignoren —actúen como actúen—, el hecho de que cuando se enfrenten a esa situación se confundan y no sepan cómo aplicar principios para lidiar con ella es una prueba de que su calibre es muy mediocre. Si uno puede lidiar con situaciones generales, pero no sabe cómo lidiar con situaciones especiales, esto indica un calibre promedio. Si encontrarse con algunas situaciones especiales provoca que se confundan tanto que ni siquiera puedan lidiar con los asuntos de los que normalmente pueden ocuparse, esto indica un calibre escaso. Una persona de calibre escaso tiene además escasa capacidad de comprensión. ¿Existe alguna distinción entre alguien de capacidad de comprensión escasa y alguien que tiene una capacidad de comprensión adecuada? (Sí).

Hay quienes, con independencia de cómo compartan los demás, no pueden captar los principios. Solo entienden doctrinas y preceptos y saben gritar unas cuantas consignas, pero no saben cómo hacer trabajo real ni resolver problemas. Ves que, después de escuchar la enseñanza, hablan con gran claridad y de manera estructurada, como si de veras comprendieran. Pero, en realidad, no han entendido nada de lo que se ha dicho. En lo que respecta a hacer trabajo concreto, se confunden, no saben por dónde empezar. Cuando se enfrentan a problemas, no saben cómo resolverlos. Siguen sin poder hacer trabajo concreto. Al tratar y lidiar con las diversas personas y asuntos, siguen careciendo de principios. En su corazón, piensan: “Entendí los principios-verdad al escuchar los sermones, ¿por qué no los puedo aplicar en entornos de la vida real? ¿Por qué no funciona lo que entiendo y aquello de lo que hablo a menudo?”. Vuelven a quedarse perplejos. La gente de escaso calibre solo sabe hablar de doctrinas y atenerse a los preceptos, pero al enfrentarse a las situaciones, no pueden verlas con claridad, las doctrinas de las que pueden hablar no sirven para nada, no pueden siquiera atenerse a los preceptos ni pueden resolver ningún problema. No saben cómo practicar cuando surgen dificultades. Por ejemplo, cuando alguien trastorna y perturba el trabajo de la iglesia diciendo cosas ridículas, no pueden discernir la naturaleza de este asunto. No saben qué cosas cuentan como trastornos y perturbaciones o cuál es su naturaleza; menos aún, entonces, saben cómo se debe resolver el problema. Alguien les pregunta: “¿No sabes discernir a las personas malvadas? ¿Por qué careces de principios en lo que respecta a lidiar con las personas malvadas?”. Responden: “Entiendo estas doctrinas, pero no sé qué problemas es adecuado resolver o en quién es apropiado aplicarlas”. Esto es indicativo de su falta de capacidad de comprensión, ¿no? (Sí). Como ves, después de oír los principios, fueron capaces de sintetizarlos muy bien punto por punto de acuerdo con su significado literal, los recordaron con bastante precisión e incluso los recitaron con fluidez, palabra por palabra. Por desgracia, sin embargo, en la vida real, en lo que respecta a contemplar a las personas y las cosas y a comportarse y actuar, no tienen senda de práctica de ningún tipo, solo saben gritar consignas, hablar sobre doctrina y atenerse a los preceptos. Ya sea en la vida real o al hacer su deber, sea lo que sea a lo que se enfrenten, no saben buscar la verdad ni practicar de acuerdo con los principios. Esto indica falta de capacidad de comprensión. Las personas que carecen de capacidad de comprensión puede que lean a menudo las palabras de Dios, pero no pueden entender qué es la verdad en las palabras de Dios ni cuáles son los principios. Por tanto, cuando sucede algo, no pueden encontrar las palabras relevantes de Dios para discernirlo y resolverlo y hacen que otros les busquen Sus palabras relevantes. ¿En qué se centran siempre que leen las palabras de Dios? Buscan si hay ejemplos específicos para explicar el asunto. Si no hay ejemplos, no pueden entender el significado de las palabras de Dios. Por ejemplo, en cuanto a las palabras de Dios que dejan en evidencia la esencia-naturaleza de las personas, si no se dan ejemplos, no son capaces de entenderlas. No pueden practicar el discernimiento al comparar sus propios estados con las palabras de Dios. Solo lo entienden si alguien comparte la verdad y los discierne y disecciona de acuerdo con sus estados reales. Sin esa enseñanza, no pueden entender las palabras de Dios. Tales personas siempre se quejan cuando leen las palabras de Dios, dicen: “¿Por qué no existen ejemplos específicos? ¿Cómo voy a relacionar esto conmigo mismo? Estas palabras son demasiado difíciles de entender; ¡da igual cómo las lea, no consigo compararlas conmigo mismo!”. Esto demuestra que no entienden las palabras de Dios y, menos aún son capaces de entender la verdad ni trasladan las palabras de Dios a la vida real. Meramente entienden doctrinas y preceptos simples, pero estos son inútiles en la vida real. Cuando suceden cosas, todavía no tienen senda de práctica. Esto indica que no tienen capacidad de comprensión. ¿Son las personas sin capacidad de comprensión de escaso calibre? (Sí). Las personas con el calibre más escaso son aquellas que no tienen ninguno. Estas no pueden extraerle un sentido a los diversos principios que oyen, no saben por qué se da tal o cual ejemplo, por qué se dicen ciertas cosas en concreto o por qué las personas tienen ciertas manifestaciones; no pueden entender tales cosas, les superan. Aunque les des unos cuantos ejemplos, les parece que solo les estás contando historias o chistes, como si fueran niños escuchando un cuento, les parece interesante y entretenido. Si alguien les pregunta si entienden lo que han oído, aseguran que lo han hecho e incluso pueden imitar el humor de las palabras de otros o imitar cómo reprendían a la gente. Si les preguntas: “¿Conoces los principios relevantes a los que deben atenerse las personas?”, responden: “¿Cómo? ¿Hay principios? De eso no me he enterado”. ¿Tienen capacidad de comprensión esas personas? (No). Carecen de capacidad de comprensión y no pueden entender las palabras de Dios. Las personas que carecen de capacidad de comprensión comen y beben unos cuantos pasajes o capítulos de las palabras de Dios todos los días, de manera rutinaria y según un horario, así como también aprenden himnos y asisten a reuniones a horas establecidas. Pero una vez que cierran los libros o apagan las grabaciones de los himnos, lo único que retienen de lo que han comido y bebido son unas cuantas frases espirituales y algunas palabras muertas, como esas que suele decir la gente: “Dios es soberano sobre todo” y “Sométete a Dios en todas las cosas”; o “Dios ordena el sino del hombre” y “Simplemente practica amar a Dios”. En situaciones reales de sufrimiento, solo pueden pronunciar frases pseudoespirituales como “Estoy sufriendo debido a los sentimientos” o “Sufro a causa de la carne”. En cuanto a cualquier principio relacionado con la conducta propia, la vida diaria, el trabajo y diversos otros principios de la verdad, no conocen ni entienden ninguno de ellos. Estas cosas no están presentes en su corazón y no tienen cabida en él. ¿Por qué no tienen cabida? Porque, en lo que respecta a su calibre, tales personas simplemente no pueden llegar a entender estos principios-verdad y estos están fuera de su alcance. Por tanto, estas cosas no pueden arraigarse en su corazón. Lo que posee una persona en su interior y lo que es capaz de aceptar atestigua lo que puede entender y lo que no está fuera de su alcance. Si una persona no posee calibre en absoluto, carece de capacidad de comprensión y no es capaz de entender el significado preciso de las palabras de Dios, aunque se la coloque en el cielo o en el tercer cielo, ¿podría entender las palabras de Dios? ¿Podría poner en práctica la verdad? ¿Podría someterse a Dios? (No). Seguiría siendo exactamente lo que es. Su calibre seguiría siendo el mismo de siempre. La gente de escaso calibre solo puede comprender un rango muy limitado de cosas. Aquellos de buen calibre pueden comprender más, con una mayor profundidad y a un nivel más alto. Los de calibre promedio comprenden bastante menos que aquellos de buen calibre; lo que pueden comprender está limitado a un ámbito promedio que no pueden superar porque su calibre los limita. Los peores son aquellos sin calibre en absoluto. Tales personas, solo en lo que respecta a su calibre, no tienen capacidad de comprensión de ninguna clase. Por tanto, en la vida real y al hacer su deber manifiestan no entender nada. Ya hayan creído en Dios durante diez o veinte años o incluso hasta la vejez, las doctrinas relativas a la fe en Dios y las frases espirituales de las que hablan siguen siendo las mismas ideas antiguas que entendían cuando empezaron a creer. Por muchos años que crean, no avanzan. ¿Por qué no? Porque no tienen capacidad de comprensión y, da igual cuántos años crean en Dios, lo único que pueden asimilar son esas palabras muertas. Incluso después de muchos años de creencia, su capacidad de aprendizaje, su capacidad para entender las cosas, su capacidad de comprensión y otras capacidades no mejoran. ¿Qué clase de personas son estas? Su calibre es sumamente escaso. Como su calibre es escaso y sus diversas capacidades no mejoran, aunque vivan hasta los cuarenta, cincuenta, sesenta o setenta años, su capacidad para cuidar de sí mismas seguirá siendo muy poca. Puedes saber cuál es el calibre de tales personas al observar su capacidad para la supervivencia y para cuidar de sí mismas. Las de esta clase son mentalmente deficientes, idiotas y necias, con una muy escasa capacidad para cuidar de sí mismas. ¿Por qué digo que su capacidad para cuidar de sí mismas es muy escasa? Dado que su capacidad de aprendizaje, su capacidad para entender las cosas y su capacidad de comprensión son todas escasas, la experiencia, el sentido común, los patrones y los trucos para hacer las cosas que adquieren en la vida son muy limitados. Incluso a los sesenta o setenta años, siguen igual. La gente de buen calibre, cuando supera la treintena, ya ha desarrollado algo de conocimiento de los diversos problemas a los que se enfrenta en la vida y a lo largo de su senda de vida, pues ha ganado algo de entendimiento, perspectiva y experiencia sobre estas cosas. Por medio de esta experiencia, sabe qué hacer cuando se encuentra con diversos problemas, de modo que puede vivir mejor y protegerse a sí misma con mayor efectividad. Sin embargo, en cuanto a las personas de calibre escaso, como sus capacidades en todos los aspectos son limitadas, por muchos años que cumplan, su capacidad de supervivencia sigue siendo muy escasa. ¿Cómo de escasa? Tanto que carecen de la capacidad para vivir con independencia. Hay quien podría decir: “Mira, comen bien, duermen a pierna suelta y gozan de buena salud física, ¿cómo puedes decir que carecen de la capacidad para vivir con independencia?”. La capacidad de supervivencia de la que hablamos no se refiere a si alguien puede comer o dormir. Si una persona no sabe siquiera comer cuando es hora de hacerlo, no se trata de una persona normal, sino de alguien mentalmente discapacitado; huelga decir que no hay necesidad de considerar el calibre de tales personas. El alcance de nuestra evaluación del calibre de las personas abarca principalmente a las que en apariencia se consideran normales. No incluye a las que tienen discapacidades físicas o mentales, a las enfermas mentales ni a aquellas que carecen de capacidad para cuidar de sí mismas. Vemos a menudo a algunas personas que no pueden siquiera encontrar ningún patrón, principio o truco para hacer las cosas relativas a gestionar la comida, la ropa, el alojamiento y el transporte. Por muy viejas que se hagan, no saben cómo lidiar con estos aspectos de la vida de una manera que se conforme a los principios y a la humanidad. Por ejemplo, no saben qué ropa es más adecuada para cada estación y simplemente siguen lo que otros hacen. Cuando hace frío fuera, se ponen ropa demasiado fina y se resfrían, pero no entienden el motivo. O caen enfermas por comer comida insalubre pero no saben la causa. No pueden sacar ninguna conclusión de estas experiencias. ¿Es que no son deficientes mentales? ¿Acaso no carecen de la capacidad para vivir de manera independiente? (Sí). Da igual lo viejas que sean, no saben vivir y solo salen del paso en la vida entre la confusión. Una persona normal, cuando tiene su primer hijo, puede que sea inexperta, pero para cuando tiene el segundo, ya habrá obtenido algo de experiencia en cómo se cuida y alimenta a un niño. Sin embargo, hay quienes, incluso después de haber tenido dos o tres hijos, siguen sin tener experiencia. Cuando se les pregunta cómo cuidan de sus hijos, dicen: “No lo sé. Solo salí del paso. De todas formas, cuando los niños tienen hambre, les doy de comer hasta que están llenos, sin más”. Cualquier niño que les colocaran en los brazos tendría suerte de sobrevivir. Con su nivel de capacidad de supervivencia, ni un solo niño sobreviviría bajo su cuidado. Algunas personas no entienden cómo lidiar con los diversos problemas que surgen en la vida o la supervivencia. Tales personas carecen de capacidad de supervivencia. Por ejemplo, cuando surgen dos asuntos al mismo tiempo, se sienten confusas y no saben qué hacer o de cuál ocuparse primero. Se ponen agitadas, nerviosas y temerosas, se quejan diciendo: “¿Por qué estos dos asuntos ocurren al mismo tiempo? ¿Qué debería hacer ahora?”. Se angustian tanto que no pueden comer ni dormir. Son así en la treintena e, incluso superados los sesenta; su estatura no varía. Cuando se presentan situaciones y no son capaces de encontrar una solución, empiezan a llorar. Los demás les dicen: “¿Por qué lloras? No es para tanto, se trata de cosas muy comunes. Solo debes darles prioridad y ocuparte de ellas en función de su importancia”. Si alguien no puede lidiar con estos asuntos y se salta las comidas, pierde horas de sueño o, incluso, se plantea acabar con su vida, ¿acaso no está siendo sumamente pusilánime? Incluso se queja: “¿Por qué no le ha sucedido esto a otro? ¿Por qué me ha pasado a mí?”. Te ha sucedido a ti, así que lidia con ello. Si no puedes, pregúntale a alguien de tu entorno que entienda. Una vez que hayas aclarado el asunto, ¿acaso no sabrás entonces cómo lidiar con él? Cuando no sucede nada, a tales personas se les da bastante bien hablar, presentan una serie tras otra de doctrinas. Pero cuando sucede algo, entran en pánico, se confunden, empiezan a gimotear, se les queda la mente en blanco y se les revuelven las ideas; no saben qué hacer. Si alguien es joven, no ha pasado por mucho en la vida y carece de experiencia, es normal que se ponga nervioso y se asuste cuando ocurre algo. Sin embargo, al llegar a los treinta o cuarenta años, después de haber experimentado muchas cosas en el mundo y obtenido experiencia, se vuelve relativamente maduro y curtido, lidia con los asuntos con mayor firmeza y confianza. Los jóvenes se impresionan al verlo y piensan que pueden confiar en las personas así. Si alguien carece de calibre y de capacidad de supervivencia, también carece de la capacidad para cuidar de sí mismo. Sin adultos o personas experimentadas cerca que lo ayuden y supervisen en todo, cualquier cosa de la que se encargue se vuelve un completo embrollo. Tales personas tienen un calibre sumamente escaso. ¿Cómo de escaso? Fijaos en algunas amas de casa, por ejemplo, que no saben cuánto arroz o cuántos platos se necesitan para que coma una familia de varios miembros. Algunas llevan cocinando veinte o treinta años y siguen sin saber cuánto preparar en cada comida o lo salado que debe estar un plato y, a veces, no saben siquiera captar si la comida se ha cocinado al punto adecuado. Su calibre es así de pobre. A esas personas no les funciona el cerebro, ¿verdad? ¡Tienen el cerebro de un cerdo! Carecen de la capacidad para vivir con independencia. No tienen senda para hacer nada y cometen errores con facilidad. Cuando ocurre algo, si no hay nadie que les supervise las cosas, todo lo que hacen se vuelve un completo caos, se convierte en un embrollo. Son idiotas y deficientes mentales. En cuanto a esta clase de persona, la que tiene la peor capacidad de comprensión, da igual cuánta enseñanza oiga sobre los principios-verdad, solo entiende doctrinas. En la vida real, sigue sin saber cómo aplicar estos principios. En otras palabras, las doctrinas que entiende no pueden aportarle ningún objetivo, dirección o senda en la vida real. Estas son las personas con la capacidad de comprensión más escasa. Así concluye nuestra charla sobre la capacidad de comprensión, la tercera capacidad.