Cómo perseguir la verdad (9) Parte 5

Bondad

La siguiente manifestación es la bondad. Esta manifestación es un mérito de humanidad. Después de debatir tanto, al final hemos llegado a un mérito de humanidad; en realidad, no hay muchos. La bondad es un tipo de mérito de humanidad. Dado que es un mérito, debemos hablar en detalle sobre él porque la mayoría de la gente no posee las manifestaciones de los pocos méritos de humanidad que se pueden encontrar en las personas. Así pues, echemos un vistazo, ¿dónde radican los méritos de la bondad? (Bondad significa que una persona es relativamente auténtica. Cuando se ocupa de las cosas, los demás se sienten relativamente tranquilos. Asume una carga para encargarse bien de las tareas que se le han encomendado). (Las personas bondadosas tienen una conducta moral relativamente buena, muestran consideración con el resto y piensan en beneficio de los demás). Pensar en beneficio de los demás, ¡qué estilo tan noble! Tales personas son nobles, ¿pero es la bondad tan noble? (No). La bondad significa simplemente que los pensamientos de alguien no son tan complejos. Es una persona relativamente sencilla, no es traicionera; es generosa y no es dura con los demás ni calcula las ganancias ni las pérdidas personales a la hora de asociarse con otros. Cuando alguien la insulta, se siente molesta un tiempo, pero luego piensa: “Olvídalo”, y deja pasar la cuestión. Alguien le debe dinero desde hace mucho y no se lo devuelve, así que reflexiona: “Sería incómodo meterle prisa para que pague. Además, esa persona está en un momento complicado y a mí me iba mejor que a ella en ese momento. Se lo presté y es lo que hay. Lo consideraré caridad con los pobres y ya está”. Como ves, sus pensamientos son relativamente magnánimos y tolerantes. Por ejemplo, cuando otros la malinterpretan, no le importa y no se defiende. Cuando otros la juzgan y la llaman necia, no le importa. Cuando hace su deber, no le parece agotador y hace cosas a las que otros no están dispuestos. Alguien se mofa de ella, dice: “Todo el mundo está descansando, ¿qué haces todavía trabajando entonces?”, y ella responde: “¿Qué tiene de malo hacer un poco más? Yo no me canso tanto. ¿De verdad trabajar puede dejar exhausto a alguien? Si otros no lo hacen, pues déjalos. Ya que yo puedo, haré un poco más y ya está”. No arma alboroto por tales cuestiones y se pone en acción para llevar a cabo el trabajo. No le preocupan mucho las ganancias ni las pérdidas ni tampoco la imagen o el estatus. Incluso cuando es ella misma la que sufre pérdidas, no lo menciona. Cuando el resto se topa con dificultades, toma la iniciativa de ayudar. En su ayuda no hay una intención ni un propósito propios y, si los demás quieren devolverle el favor, piensa que ayudar un poco no es para tanto y que es algo que debería hacer. Aunque otros no aprecien su ayuda después de que se la haya prestado, eso no le preocupa. Cuando llega el momento de ayudar a los demás, lo sigue haciendo. ¿Hay muchas personas así? (No muchas). No hay tantas personas así. Aunque son bondadosas, ponen ciertos límites en cómo se comportan. Por ejemplo, hay quienes siempre quieren aprovecharse de alguien así, lo toman por tonto. Después de aprovecharse, dicen algunas palabras agradables para camelárselo y, pasado un tiempo, se vuelven a aprovechar de esa persona bondadosa. Cuando esta ve que eso no tiene fin, no se preocupa, no discute ni razona con esos individuos. Sabe en su corazón que no son buenos y que no es apropiado relacionarse con ellos, así que a partir de entonces los ignora. Sin embargo, no los juzga a sus espaldas. Como mucho, cuando se le pregunta por alguien de esta clase, dice: “A esa persona le gusta aprovechar las pequeñas ventajas, solo eso”. No exagera ni juzga a nadie con impetuosidad; se limita a hablar del asunto en cuestión. En realidad, la humanidad de las personas bondadosas es bastante buena. Su mérito es que no se preocupan demasiado por las cosas. Hagan lo que hagan, no se comportan movidas por la impetuosidad, las emociones o los sentimientos; solo hacen lo que deberían y cumplen con las responsabilidades que les corresponden a las personas. Dentro del ámbito de las relaciones interpersonales normales, hacen lo que les corresponde; hacen lo que pueden y lo hacen lo mejor posible, sea lo que sea; se esfuerzan por ayudar a los demás y lo hacen con sinceridad y honestidad. Algunas de ellas ni siquiera buscan una recompensa, piensan: “Solo estoy echando una mano. No hace falta que sientas que me debes mucho y que nunca me lo vas a poder retribuir solo porque me debes un poco, ni tampoco que siempre actúes de una manera servil y demasiado respetuosa delante de mí. Eso no es necesario”. Tales individuos tienen la mejor humanidad entre las personas. No son traicioneros ni duros con los demás. Son cariñosos y hay un lado amable en su humanidad. Hacen todo lo que está en su mano, no se preocupan mucho de las ganancias y las pérdidas personales y no les importan demasiado las recompensas. Esto es un mérito de humanidad. Mirad a vuestro alrededor y a ver quién posee tales méritos. Si una persona posee tal calidad humana, entonces se la puede considerar buena, alguien decente entre la especie humana corrupta. No arma alboroto por nada, no es traicionera, no es dura con los demás y ayuda a otros sin buscar beneficio. Es especialmente tolerante con los demás y muy magnánima en su conducta propia. ¿Qué significa ser muy magnánima? Significa no preocuparse infinitamente por las cuestiones triviales ni albergar resentimiento cuando otros se aprovechan de ella. A esto se le llama ser magnánimo y es un importante mérito de humanidad. La bondad también es un mérito, del mismo modo que lo es la magnanimidad. Es diferente a los que son mezquinos, propensos a la sospecha, sensibles y obstinados; esas personas no paran de armar alboroto por asuntos triviales, se enfadan por nada, rebosan de ira, su expresión es de una frialdad que asusta, ignoran a cualquiera que les hable y en lo único que piensan es en cómo vengarse de los demás. Ninguna de estas cosas debería ser propia de las personas normales. Las bondadosas no piensan en esas cosas complejas ni tienen pensamientos suspicaces de los demás. Todo lo que hay en su corazón es propio de las personas normales; es particularmente acorde a la conciencia y la razón de la humanidad, así como al estándar de un sentido de la rectitud y de la amabilidad en la humanidad. Cuando te asocias con ellas, te sientes muy relajado y te parece que las cosas son muy simples; no hay tantas cuestiones problemáticas y no te tienes que proteger de nada. No tienes que especular sobre sus pensamientos ni hacer suposiciones. Aunque les hagas daño de manera accidental, no tienes que preocuparte por ninguna consecuencia; por supuesto, tampoco necesitas cargar con ninguna. Es posible que cuando estés enfadado te vuelvas impetuoso y les grites unas cuantas palabras duras y, en ese momento, ellas también peleen y discutan contigo, pero después de la discusión no te guardan rencor ni intrigarán contra ti ni se vengarán. No te tienes que preocupar de que, si obtienen estatus, te vayan a complicar las cosas o sean quisquillosas contigo ni hace falta que te preocupes de que te ataquen sin motivo. No tienen nada de eso en su interior; son así de simples. En ningún caso tendrían nada en tu contra a partir de ese punto. Una vez que la cuestión ha terminado, es que ha terminado. Después de eso, cuando te hablan, te siguen tratando con normalidad. Aunque estuvieran enfadadas en ese momento y discutieran contigo, luego no te guardarán rencor. Saben que solo dijiste unas palabras desde el enfado y lo pueden entender: “¿Quién no dice algunas palabras duras cuando está enfadado? No fue intencionado. Además, todo el mundo tiene actitudes corruptas, todo el mundo tiene momentos de mal humor y de impetuosidad. Después de eso, mientras todo el mundo se calme, admita sus errores y reflexione sobre el hecho de que reveló actitudes corruptas y no logró actuar de acuerdo con los principios, eso está bien”. Te perdonarán, al contrario de las personas malvadas, que te cazan sin descanso y no pararán hasta acabar contigo. En general, las personas bondadosas no tienen un corazón vengativo. Si haces algo que las ofenda, puede que a veces te odien, pero de ninguna manera van a vulnerar la moralidad de la humanidad ni se servirán de medios despreciables para atormentarte. Aunque tengan actitudes corruptas y puedan decir o hacer algunas cosas basadas en sus actitudes corruptas —como mencionar errores que has cometido en el pasado o podarte—, no se inventarán cosas de la nada ni usarán el poder que ostentan para atacarte o vengarse de ti. Aunque quieran atacarte o vengarse de ti y tengan esta especie de carácter corrupto, dado que su humanidad posee el mérito de la bondad, cuando quieran vengarse, se contendrán y serán capaces de mantener las cosas controladas. Si un humano corrupto con poder puede aún alcanzar este nivel, ya es bastante elogiable. La mayoría de las personas, si no poseen este mérito, son incapaces de lograr siquiera este grado de contención y no pueden abstenerse de atacar y vengarse de los demás.

La manifestación o la revelación de bondad es un mérito de humanidad. En gran medida, este mérito de humanidad restringirá o advertirá a las personas, les permitirá obtener cierto grado de control y contención cuando se revele su carácter corrupto. Si tal persona bondadosa es alguien que tiene entendimiento espiritual, que puede comprender la verdad y aceptarla, entonces este mérito de su humanidad puede permitirle adherirse más estrictamente a los principios-verdad cuando contempla a las personas y las cosas, así como cuando se comporta y actúa, ¿no es así? (Sí). Una persona taimada, por otra parte, es mucho más astuta y es diferente a una bondadosa. Después de hacer algo malo, no solo no reflexiona sobre sí misma, sino que incluso intensifica su maldad y la lleva hasta el final. Esto la convierte en un diablo; es totalmente contraria a los principios con los que actúa una persona bondadosa. Por ejemplo, si alguien es bondadoso y posee este mérito de humanidad, cuando discute contigo, te hablará basándose en los hechos. No exagerará ni inventará algunas cosas negativas sobre ti de la nada ni te difamará e insultará tu integridad porque está enfadado contigo. No hará nada de eso en ningún caso. Cuando discuta contigo, puede que revele un carácter arrogante o cruel, pero las palabras que dice están absolutamente restringidas por su conciencia, su razón y su humanidad bondadosa. De esta manera, hasta cierto nivel, se reduce el grado de perjuicio que se te inflige. Las personas malvadas, sin embargo, carecen del aspecto bondadoso de la humanidad. ¿Cómo se pelean las personas malvadas? “¡Eres una fulana, una prostituta! ¡Insulto y maldigo a ocho generaciones de tus ancestros!”. Dirán toda clase de cosas duras y maliciosas. Así son las personas malvadas; su calidad humana es vil. Algunas de las que tienen una calidad humana vil no basan sus insultos en los hechos. ¿Por qué no lo hacen? Porque carecen de conciencia y no cumplen el estándar de esta. Cuando insultan a los demás, no las restringe su conciencia. Sueltan improperios de manera temeraria, dicen cualquier insulto que se les ocurra. Las palabras que digan serán para desahogar su odio, herir profundamente tu corazón y volverte loco de rabia. Sus insultos pueden llegar a matarte de pura rabia. Tales personas no tienen bondad en su corazón y están llenas de malicia. Lo que revelan las personas malvadas es principalmente arrogancia y crueldad, estos dos tipos de actitudes. En esencia, las palabras que profieren contienen maldiciones, están llenas de la malicia de Satanás y tienen suficiente poder destructivo; llegan a proferir las palabras más maliciosas en forma de insulto. Si tienes humanidad o si esta es bondadosa, entonces no puedes soltar tales insultos; asimismo, no puedes inventar cosas de la nada. Esto es porque tienes sentido de la conciencia y racionalidad y el aspecto de ser de buen corazón y bondadoso en el marco de tu conciencia te restringe y controla enormemente, lo que hace que te resulte imposible insultar de esa manera. Cuando alguien te insulta, te enfadas y quieres insultar a ocho generaciones de sus ancestros y maldecirlo, decirle que debería irse al infierno, pero reflexionas: “¿Qué me da derecho a maldecirlo? No soy Dios y no tengo la última palabra”. También quieres devolverle los insultos con palabras vulgares, pero lo meditas: “Si uso palabras vulgares, me sentiré asqueado hasta yo; ¿qué pensará la gente a mi alrededor? ¿Acaso no significará eso que no tengo integridad ni dignidad? ¿No estaré actuando como una arpía? No voy a ser esa clase de persona”. No te atreves a insultarlo. Así que, en gran medida, tu discurso está restringido y lo que te atreves a decir es muy limitado. Como mucho, podrías decir: “Eres Satanás, tu carácter corrupto es grave, no puedes lograr la salvación y no le gustas a Dios”. Como mucho podrías decir algunas cosas semejantes, pero luego lo meditas: “No es decisión mía si a Dios le gusta alguien o no”, así que careces de confianza al decir eso. Cuando alguien te insulta y te maldice y te dice que te vayas al nivel decimoctavo del infierno, meditas: “Maldecir a alguien, decirle que se vaya al nivel decimoctavo del infierno; ¡son palabras demasiado duras! Yo no podría decir algo así. ¡Debo ser más suave con mis palabras!”. ¿Por qué eres capaz de tener estos pensamientos? Porque lo que hay dentro de tu humanidad es diferente a lo que hay en la de las personas malvadas. Si eres bondadoso y de buen corazón y tienes conciencia y razón, las palabras que dices serán muy racionales. Dentro de los límites de tu conciencia, podrías decir algunas palabras de enfado o dejar escapar otras malsonantes, pero después de pronunciarlas, te sientes muy molesto y en realidad no le has hecho daño a la otra persona; tus palabras carecen de poder destructivo. Los malvados se sienten más encantados cuanto más insultan a los demás, mientras que tú te sientes más molesto mientras más insultas a los demás y piensas: “Ni hablar, ponerse al mismo nivel que una persona tan malvada y de una calidad humana tan despreciable es inútil y un sinsentido. No voy a pelear más con ella”. Discutir con una persona malvada es igual de ineficaz que intentar hablar sobre la verdad con Satanás. No hay necesidad de discutir ni de entrar en disputas con ella. Simplemente, mantente alejado de tales personas en el futuro. ¿Pensarías en perjudicarlas? ¿Pensarías en vengarte y en buscar la oportunidad de darles una lección? Tú no tienes esa clase de corazón cruel. No paras de decirte a ti mismo: “Ni hablar. No he perdido nada por los pocos insultos que me han proferido; no voy a armar alboroto respecto a esas personas”. Algunas incluso se consuelan diciendo: “En cualquier caso, Dios no me ha maldecido. Las maldiciones de esa gente no tienen ningún efecto”. De hecho, como tienes conciencia y razón y eres bondadoso y de buen corazón en tu humanidad, simplemente no puedes decir esos insultos. Te parecen sucios y degradantes. Si esas palabras salieran de tu boca, sentirías que van en contra de tu conciencia. En especial, cuando se trata de cuestiones inventadas o infundadas, más si cabe no puedes decirlas. Para ti, ser incapaz de decirlas es una protección. Sus palabras tienen un poder destructivo significativo y te han perjudicado; esta es su acción malvada. ¿Cómo surgió esta acción malvada? Es porque su humanidad contiene cualidades viles. Cuando tienen conflictos o disputas contigo, su carácter corrupto se infla sin límite y pueden maldecirte sin escrúpulos. Tienen este tipo de calidad humana vil, así que revelan de manera natural un carácter corrupto. Si, por otra parte, eres una persona bondadosa y de buen corazón con conciencia, razón y humanidad, en esta clase de situación no solo no desahogarías tu carácter corrupto, sino que tu humanidad, en gran medida, restringiría la revelación de tu carácter corrupto. Esto es extremadamente beneficioso para ti. En la superficie, parece que has sufrido una pérdida, estás en desventaja y no puedes ganarles en una pelea, con lo que te conviertes en el hazmerreír de los demás. De hecho, tu humanidad te ha protegido, te ha impedido cometer maldad, hacer cosas o decir palabras que a Dios no le resultan agradables. De esta manera, ¿acaso esto no te ha protegido en cierta medida? (Sí). En gran medida, este mérito de humanidad te ha protegido, te impide seguir haciendo cosas que a Dios no le resultan agradables o que aborrece, así como decir palabras que Dios detesta y condena cuando revelas un carácter corrupto. Aunque esto no cuenta como una buena obra, como poco, no has cometido maldad. No se condenará lo que hiciste en esta situación ni se te castigará por ello. A modo de contraste, las personas malvadas no solo serán condenadas, sino también castigadas por las cosas que hacen bajo el dominio de su calidad humana vil. Tendrán que cargar con las consecuencias y con la responsabilidad. Por tanto, puede parecer que las personas que poseen diversos méritos en su humanidad pierdan imagen, estatus y dignidad en algunos asuntos y, en especial, pierdan la oportunidad de tomar la iniciativa para exponer su razón, pero esto no es sufrir una pérdida. Algunas personas dicen: “Si no es sufrir una pérdida, ¿significa eso que es aprovecharse?”. No se puede medir en términos de sufrir pérdidas o aprovecharse. Por tanto, ¿cómo se debería medir? Se debería medir así: sufrir una pérdida en alguna situación no importa; la clave es que puedes obtener beneficio de ello. En esta situación, son los méritos de tu humanidad los que han salvaguardado tu comportamiento, lo que ha impedido que cometas maldad y ha garantizado que Dios no te condene. ¿Es que esto no es obtener beneficio? Ahora no es posible que se te castigue por cometer maldad. ¿No es eso algo bueno para ti? (Sí). Aunque no se trate de una buena obra que hayas desempeñado activamente ni de la acción de atenerte activamente a los principios-verdad, dentro del marco de tener méritos en tu humanidad, has hecho algo que no vulnera los principios-verdad. De esta manera, estás protegido. Aunque no se vaya a recordar, al menos no se condenará. Y no tienes que cargar con ninguna responsabilidad ni sufrir castigo. ¿Acaso esto no es bueno? (Sí). En el proceso de seguir a Dios, con independencia de que lo que hagas se conforme a la verdad y de cómo lo contemple Dios, como mínimo, tienes la conciencia tranquila. Aunque Dios no lo recuerde, al menos deberías evitar que Dios te condene o provocar que Él te odie. Este es el principio más básico que deberías seguir. ¿No son los méritos de humanidad muy importantes para las personas? (Sí). Así pues, no te sientas en todo momento poco dispuesto solo porque creas que tener algunos méritos de humanidad te convierte en alguien impopular entre la gente, te quedarás siempre sin aprovechar las ventajas ni obtener beneficios, y otros se las llevarán todas mientras que siempre serás tú el que sufra una pérdida. ¿Qué tiene de malo sufrir una pérdida? Como mínimo, lo que estás disfrutando es lo que Dios te dio originalmente y no has tomado lo que les pertenece a otros. No está bien que te aproveches; eso significa que has tomado la parte que correspondía a otros. Si tomas lo que no te pertenece, Dios te condenará. Las personas no deberían hacer cosas que Dios condena. Hay quien dice: “No sé qué clase de acciones debería hacer para que Dios las recuerde”. Pero ¿sabes qué acciones condena Dios? Si es así, entonces, como mínimo, deberías atenerte a esta limitación; no hagas las cosas que Dios condena. ¿Lo entiendes? (Sí). Ahora que hemos discutido más sobre estos asuntos, deberías entenderlo.

El mérito de la bondad en la humanidad no está presente en la mayoría de las personas. Sin embargo, si alguien de veras posee este mérito, es que realmente es una buena persona entre la especie humana corrupta; hay pocas personas así. Si de veras posees este mérito, Dios te bendecirá, Dios te mostrará gracia en todo momento. En términos humanos, significa que se ocupará de ti en cualquier ocasión. ¿Cómo se ocupa de ti? La preocupación de Dios por ti es que, aunque siempre piensas en los demás y renuncias a tus propios intereses y otros se aprovechan de ti, no pueden recibir las bendiciones de Dios. Solo pueden vivir a base de aprovecharse de los demás y tendrán que pagar esto en la próxima vida. Sin embargo, tú vives a base de las bendiciones de Dios. Aunque puede que otros se aprovechen de ti, en realidad, no pierdes nada. Decidme, ¿esto es bueno? (Sí). Como ves, de cara al exterior, las personas bondadosas parece que siempre sufren pérdidas. Las perciben como simples e ingenuas, así que cuando hablan y actúan, siempre se aprovechan de ellas, las tratan como tontas, las acosan, les sacan dinero y beneficios y les arrebatan muchas de sus posesiones. Pero ¿ves que a las personas bondadosas les falte algo? No les falta de nada. Tienen abundante provisión de todo. Cuando hacen cosas, tienen inteligencia y sabiduría, y no se preocupan. Sea cual sea el deber que la casa de Dios les asigne, no le dan importancia a las ganancias y las pérdidas ni luchan ni compiten. Simplemente, hacen cualquier cosa que se les pide. Sea cual sea la tarea, rara vez cometen errores. Aunque en ocasiones haya problemas menores o errores pequeños, no son intencionados. Dedican el corazón a lo que hacen, superan las bases mínimas exigidas en cuanto a conciencia y razón y pueden aceptar el escrutinio de Dios. Por tanto, tales personas pueden recibir las bendiciones de Dios. Dado que sabes que ser bondadoso es un mérito de humanidad, ¿deberías esforzarte por ello en tu conducta propia? (Sí). No te preocupes por cuestiones menores y no seas tan quisquilloso que nadie se atreva a abordarte o provocarte; no seas esa clase de persona. Si otros se aprovechan un poco de ti, que no te parezca siempre que te están acosando. ¿Qué tiene de malo ser un poco más simple e ingenuo? Algunas personas son demasiado astutas y siempre quieren probar que no son necias, dicen: “No me tomes por tonto. ¡Tengo cerebro! Percibo a quién no le gusto o quién me trata mal. Me doy cuenta de quién me menosprecia y si las palabras de alguien están llenas de sarcasmo o de golpes ocultos”. Ser capaz de ver y oír tales cosas es inútil. No se trata más que de ingenio y astucia mezquinos. El tener este poco de astucia no significa que tengas sabiduría ni que seas realmente inteligente. Por el contrario, las personas te menospreciarán porque incluso los animales poseen esta clase de astucia y estos pensamientos mezquinos. ¿Por qué digo esto? Lo saben todos aquellos que tienen un contacto cercano con los animales: incluso los pequeños te entienden cuando dices cosas agradables o desagradables sobre ellos. Por ejemplo, si un perro te oye decir palabras desagradables, se pone triste de inmediato; además, distingue si dices palabras obviamente agradables. Si las personas siempre usan para medirse a sí mismas cosas que poseen incluso los animales pequeños, ¿acaso eso no degrada su propio atributo como ser humano? Al bajar el estándar para medir a la especie humana creada, te estás devaluando a ti mismo. No digas siempre cosas como: “No pienses que soy estúpido y me trates como si tuviera tres años. Si me das pan de maíz, sin duda no me lo voy a comer; mejor dame bolas de masa hervida. ¿Quién no sabe que estas son deliciosas?”. No uses esas palabras necias para intentar demostrar que no eres un necio. Si de veras no eres un necio, esfuérzate entonces para cumplir los estándares de humanidad. Los aspectos sobre los que debes compartir y entender se refieren a lo que debería estar presente en la conciencia y razón de las personas, cuáles son las manifestaciones de los méritos de humanidad, cuáles son las manifestaciones de los defectos de humanidad y de la escasa calidad humana. Comparte un poco sobre lo que las personas deberían poseer en su humanidad y sobre lo que debería poseer la especie humana creada, luego esfuérzate por todo ello y trabaja con afán para poseer estas cosas. ¿Acaso esto no elevará tu valor personal? ¿Llegarás a alguna parte si siempre comparas tu inteligencia con la de alguien de tres años? ¿Puedes madurar alguna vez así? Un niño de tres años dice: “Puedo beber leche de un biberón de plástico”, y tú dices: “Yo puedo beber de una botella de cristal y no me da miedo quemarme las manos”. El niño de tres años dice: “Distingo la izquierda de la derecha cuando me pongo zapatos”, y tú dices: “Puedo distinguir la parte delantera de la trasera cuando me pongo un jersey. ¿Sabes tú hacer eso?”. ¿Es que acaso vas a llegar a ninguna parte así? Si tu inteligencia, tu calidad humana y las diversas capacidades que tu humanidad debería poseer se mantienen estancadas en la etapa de un niño de tres años o un menor, entonces te resultará difícil convertirte en una persona madura o que los demás te traten como a un adulto. ¿Cómo puedes hacer que los demás te traten como a un adulto? Tienes que hacer cosas propias de adultos y de humanos creados. Debes poseer la humanidad que les corresponde a los humanos creados. Como mínimo, ¿qué debería poseer esta humanidad? Conciencia, razón y varios aspectos de buena calidad humana. De esta manera, poco a poco mejorarás y harás progresos en lo que respecta a los defectos y los problemas de tu humanidad. Entonces, te resultará mucho más fácil entrar en la verdad y habrá menos obstáculos.

El mérito de la bondad en la humanidad es bastante poco frecuente y la mayoría de las personas no lo poseen. Por tanto, ¿cómo puede uno lograr este mérito? Cuando no entiendes ninguna verdad, es muy difícil poseer este mérito de humanidad y ser tal persona. Sin embargo, una vez que comprendas algunas verdades, tendrás una senda para convertirte en tal persona y tendrás esperanzas de lograr esto. En cuanto a si puedes lograrlo y al final obtienes resultados, depende de si puedes obtener la verdad y tener entrada en la vida. ¿Cómo debería uno practicar para lograr este mérito? Da igual lo que alguien te haga o te diga, no lo trates según la impetuosidad o las emociones. No analices cuáles son sus intenciones hacia ti, cuánto perjuicio te ha causado personalmente o cuánto daño ha causado a tu reputación. No trates ninguno de estos asuntos en función de tu mente, la voluntad humana o las filosofías para los asuntos mundanos. Así pues, ¿cómo deberías tratarlos? Trata todas las cosas en función de las palabras de Dios y de los principios-verdad. Esfuérzate para garantizar que en cada entorno y cuando te enfrentas a cada persona, ya hables o te asocies con cada una o te ocupes de un asunto específico, busques los principios-verdad y actúes de acuerdo con ellos. En gran medida, este enfoque tendrá un efecto optimizador en tu humanidad. Es decir, proveerá cierta medida de apoyo a la conciencia y la razón de tu humanidad, te ayudará a desarrollar un sentido de la rectitud, y te permitirá contemplar a las personas y las cosas desde la posición y la perspectiva correctas. Esto es lo que se llama optimización. La optimización es hacer buena una humanidad que en su origen era mala, la convierte en normal. Por tanto, ¿cómo surgió tu mala humanidad original? Resultó de la influencia y el dominio de las actitudes corruptas. Ahora, si te comportas y actúas en función de las palabras de Dios y los principios-verdad, entonces, en tus actos, tu humanidad se verá influenciada en gran medida por las palabras de Dios y la verdad. Esta influencia es lo que se llama optimización. Por supuesto, esta optimización no significa que tu humanidad vaya a cambiar ni que tu calidad humana vaya a volverse noble por medio de un único acontecimiento. En cambio, surge de practicar y experimentar el tomar las palabras de Dios y la verdad como tu criterio, estilo y dirección para actuar durante un periodo de tiempo prolongado, durante el cual entenderás cada vez más la verdad y lidiarás con los asuntos ateniéndote cada vez más a los principios. De esta manera, tu humanidad cambiará poco a poco y se desarrollará en una dirección positiva. Desarrollarás poco a poco un sentido de la conciencia, te volverás cada vez más amable y tu sentido de la rectitud será cada vez mayor. Tu razón será cada vez más normal y ya no actuarás según tu impetuosidad ni serás impulsivo. Así, en gran medida, la contención que tiene tu humanidad respecto a tu carácter corrupto se volverá cada vez más fuerte. Sobre la base de tal condición de humanidad, la contención sobre tus revelaciones de actitudes corruptas se volverá cada vez más fuerte y poderosa. Así, tus revelaciones de actitudes corruptas disminuirán cada vez más y su grado se volverá cada vez más superficial. Las acciones que tomes o los puntos de vista que reveles se conformarán cada vez más a las cosas positivas y a los principios-verdad. Esta clase de fenómeno, esta clase de revelación, indica que la vida de una persona está sufriendo una transformación. De manera específica, si contemplas a las personas y las cosas y te comportas y actúas de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio, entonces tu humanidad se volverá cada vez más normal y tus revelaciones de actitudes corruptas disminuirán poco a poco. De manera gradual, desecharás tu carácter corrupto. Este es un círculo virtuoso. Sin embargo, si contemplas a las personas y las cosas y te comportas y actúas de acuerdo con la lógica de Satanás, entonces, en gran medida, esto mancillará y corroerá tu humanidad. Tu carácter corrupto se inflará cada vez más y será cada vez más grave. Es un círculo vicioso. Contemplar a las personas y las cosas y comportarte y actuar de acuerdo con las palabras de Dios es un círculo virtuoso. Contemplar a las personas y las cosas y comportarte y actuar de acuerdo con la lógica de Satanás solo puede llevarte a dar vueltas sin fin dentro de la vida y el marco de un círculo vicioso, sin poder liberarte nunca. Si quieres entrar en un círculo virtuoso, el enfoque más simple y directo es empezar a reflexionar y entenderte a ti mismo a partir de los defectos de tu humanidad y de tus revelaciones de corrupción, resolver tus actitudes corruptas usando las palabras de Dios y los principios-verdad como base, con lo que se logra el resultado de ser capaz de practicar la verdad y someterse a Dios. De esta manera, tu vida se adentrará en un círculo virtuoso, tu humanidad se volverá cada vez más normal y poco a poco tus actitudes corruptas se transformarán y se desecharán. Este es el proceso de entrada en la vida y además es el proceso necesario para que las personas desechen sus actitudes corruptas y logren la salvación. Por supuesto, esta es también una senda de entrada. Hemos discutido los defectos y los fallos de la humanidad, además de los problemas de calidad humana vil y de carecer de integridad; si identificas estos problemas en ti mismo, deberías buscar la verdad para resolverlos. Entonces, reemplázalos mediante la práctica de las palabras de Dios y de la verdad. De esta manera, entrarás en un círculo virtuoso. Al final, lo que logras no es solo una transformación de la humanidad, sino también desechar tus actitudes corruptas. Se transformará la base de tus actitudes corruptas en la que confías para la supervivencia. Practicar de esta manera te da esperanzas de lograr la salvación. Sin embargo, si no buscas la verdad ni la practicas de esta manera y piensas en tu corazón: “Dices que soy mezquino, que tengo defectos y fallos en mi humanidad, como ser obstinado, descaradamente indiferente a las críticas y propenso a la sospecha. Bueno, así es como soy y así es como voy a vivir. No voy a cambiar. ¡Di lo que quieras! En cualquier caso, lo único que quiero es no sufrir pérdidas. ¡Mientras pueda aprovecharme, estoy bien!”, si estos son tus pensamientos y puntos de vista, entonces, por desgracia, caerás en la terrible espiral de un círculo vicioso, nunca serás capaz de salir. ¿Qué consecuencia se producirá al final? Será probablemente algo que no quieres ver: tus actitudes corruptas siempre serán tu vida. Te atarán con firmeza durante toda tu vida, se arraigarán profundamente en tus pensamientos y en el fondo de tu alma y será imposible para ti desecharlas. ¿Qué significa que sea imposible desecharlas? Significa que no tienes esperanzas de lograr la salvación y no formas parte alguna del destino que Dios ha preparado para la especie humana. Esta es la consecuencia. Si no quieres ver esta consecuencia, entonces empieza a entrar y a practicar a lo largo de la senda que he descrito y consigue un círculo virtuoso; y al final, no cabe duda de que vas a cosechar resultados. ¿Lo entiendes? (Sí).

Aunque no hemos tratado muchos temas diferentes en la enseñanza de hoy, hemos debatido sobre mucho contenido. Vamos a concluir aquí la enseñanza de hoy. Continuaremos compartiendo otros temas y contenidos más adelante. ¡Adiós!

2 de diciembre de 2023