Práctica (7) (Parte 2)

Las personas no consiguen madurar en la vida en cuestión de días. Aunque coman y beban a diario de las palabras de Dios, no es suficiente. Deben experimentar un período de madurez en la vida. Es un proceso necesario. Dada la aptitud actual de la gente, ¿qué puede lograr? Dios obra según las necesidades de la gente, haciendo exigencias adecuadas a su aptitud inherente. Supongamos que llevara a cabo esta obra en un grupo de personas de gran aptitud: Sus palabras serían más elevadas que las dirigidas a vosotros, las visiones también lo serían y las verdades, mucho más. Algunas palabras tendrían que ser más severas, más capaces de proveer la vida de los hombres, más capaces de revelar misterios. Al hablar en medio de esas personas, Dios las proveería en función de sus necesidades. Las exigencias que se os hacen hoy pueden considerarse las más exigentes; si esta obra se llevara a cabo en personas de mayor aptitud, las exigencias serían aún más grandes. Toda la obra de Dios se lleva a cabo en función de la aptitud inherente a la gente. Las personas han sido transformadas y conquistadas hoy en la medida de lo posible; no uséis vuestras nociones para medir la eficacia de esta etapa de la obra. Deberíais tener claro lo que poseéis intrínsecamente y no creeros el ombligo del mundo. Al principio, ninguno buscaba la vida, sino que erais mendigos vagando por las calles. ¡Sería imposible que Dios obrara en vosotros en la medida que tú te imaginas, haciendo que os postrarais sobre el suelo absolutamente convencidos, como si hubierais contemplado una gran visión! Es imposible porque quien no haya contemplado los milagros de Dios no puede creer plenamente todo lo que digo. Aunque escrutarais Mis palabras, continuaríais sin creerlas del todo; así es la naturaleza del hombre. Los que busquen la verdad experimentarán algunos cambios, mientras que la fe que alguna vez tuvieron aquellos que no buscan la verdad disminuirá y hasta podría desaparecer. La mayor dificultad que presentáis es que no sois capaces de creer completamente sin haber visto cumplidas las palabras de Dios y que no estáis conformes sin haber contemplado Sus milagros. Sin haber visto esas cosas, ¿quién podría ser absolutamente leal a Dios? Por eso digo que no creéis en Dios, sino en los milagros. Ya he hablado claro de varios aspectos de la verdad; cada uno de ellos está completo y hay una relación estrecha entre todos ellos. Los has visto y ahora debes ponerlos en práctica. Hoy te muestro la senda y, en lo sucesivo, tú deberás ponerla en práctica. Las palabras que pronuncio ahora exigen a las personas en función de sus circunstancias reales y Yo obro según sus necesidades y lo que llevan dentro. El Dios práctico ha venido a la tierra a realizar la obra práctica, a obrar según las circunstancias y necesidades reales de la gente. No es irracional. Cuando Dios actúa, no coacciona a la gente. Que te cases o no, por ejemplo, debe basarse en la realidad de tus circunstancias; te he dejado clara la verdad y no te reprimo. Las familias de algunas personas las oprimen de tal modo que no pueden creer en Dios a no ser que se casen. De esta manera, paradójicamente, el matrimonio les resulta de ayuda. A otras personas el matrimonio no les reporta beneficios, sino que les cuesta lo que alguna vez tuvieron. Tus circunstancias reales y tu propia decisión deben determinar tu caso particular. No estoy aquí para inventar reglas y reglamentos con los que haceros exigencias. Muchos claman constantemente: “Dios es práctico; Su obra se basa en la realidad y en la realidad de nuestras circunstancias”, pero ¿sabes lo que la convierte, de hecho, en realidad? ¡Me cansan tus palabras vacías! La obra de Dios es real y se basa en la realidad; no tiene doctrina, sino que es totalmente libre, abierta y evidente. ¿Cuáles son los pormenores concretos de estos pocos principios? ¿Sabes qué partes de la obra de Dios son así? Debes hablar detalladamente, tener varios tipos de testimonios empíricos y ver muy claro este aspecto de la obra de Dios —conocerlo— para ser apto para pronunciar estas palabras. ¿Sabrías contestar las siguientes preguntas?: “¿Qué obra ha realizado Dios encarnado en la tierra durante los últimos días? ¿Por qué lo llamáis Dios práctico? ¿Qué significa ‘práctico’ aquí? ¿Puedes hablar de Su obra práctica, de lo que abarca en concreto? Jesús es Dios hecho carne y el Dios actual es también Dios hecho carne, así que ¿en qué se diferencian? ¿En qué se parecen? ¿Qué obra ha realizado cada uno de ellos?”. ¡Todo esto tiene que ver con dar testimonio! No te confundas con estas cosas. Otros dicen: “La obra actual de Dios es real. Nunca es una exhibición de milagros y maravillas”. ¿Realmente no obra milagros y maravillas? ¿Seguro? ¿Sabes cuál es verdaderamente Mi obra? Pueden decir que no obra milagros y maravillas, pero ¿acaso no son milagros la obra que realiza y las palabras que pronuncia? Pueden decir que no obra milagros y maravillas, pero depende de cómo se explique y a quiénes. Sin ir a la iglesia, Él ha puesto al descubierto los estados de la gente, y sin llevar a cabo ninguna obra aparte de Sus palabras, ha alentado a la gente; ¿esos no son milagros? Solo con palabras ha conquistado a la gente y esta lo sigue de buena gana, sin expectativas ni esperanzas; ¿tampoco esto es un milagro? Cuando habla, Sus palabras inducen un cierto estado de ánimo en las personas. Si no están alegres, están melancólicas; si no se someten a la refinación, se someten al castigo. Con unas pocas palabras tajantes castiga a la gente; ¿no es esto sobrenatural? ¿Podrían hacer algo así los seres humanos? Llevas leyendo la Biblia todos estos años, pero no has entendido nada, no has aprendido nada; no has sabido distanciarte de esas formas anticuadas y tradicionales de fe. No hay modo de que saques nada en limpio de la Biblia. Sin embargo, Él comprende la Biblia totalmente; ¿no es algo sobrenatural? Si no había nada sobrenatural en Dios cuando vino a la tierra, ¿podría conquistaros? Sin Su obra extraordinaria y divina, ¿quiénes de vosotros se convencerían? Bajo tu punto de vista, es como si una persona normal estuviera trabajando y viviendo con vosotros: a primera vista parece una persona normal y corriente; lo que ves es una fachada de humanidad normal, pero en realidad es la divinidad, que está obrando. No es una humanidad normal, sino divinidad; es el propio Dios, que está obrando, una obra que lleva a cabo utilizando una humanidad normal. Por lo tanto, Su obra es tan normal como sobrenatural. El hombre no puede realizar la obra que Él lleva a cabo, y como la gente normal no la puede realizar, la hace un ser extraordinario. No obstante, es la divinidad la que es extraordinaria, no la humanidad; la divinidad es distinta de la humanidad. Una persona utilizada por el Espíritu Santo también tiene una humanidad normal y corriente, pero no puede llevar a cabo esta obra. Esa es la diferencia. Tal vez digas: “Dios no es un Dios sobrenatural; no hace nada sobrenatural. Nuestro Dios pronuncia palabras prácticas y reales. Viene a la iglesia a realizar una obra real y práctica. Cada día nos habla cara a cara y, cara a cara, nos señala nuestros estados. ¡Nuestro Dios es real! Vive con nosotros y todo en Él es completamente normal. Nada de Su aspecto lo distingue como Dios. Incluso hay momentos en que se enfurece y contemplamos la majestad de Su ira, y a veces sonríe y observamos Su actitud sonriente. Formalmente es el propio Dios de carne y hueso, real y material”. Cuando das este testimonio, está incompleto. ¿De qué les servirá a los demás? ¡Si no sabes dar testimonio de la verdadera historia y esencia de la obra del propio Dios, tu “testimonio” no merece ese nombre!

Dar testimonio de Dios es cuestión, principalmente, de hablar de tu conocimiento de la obra de Dios, de cómo Dios conquista a la gente, de cómo la salva, de cómo la transforma; es cuestión de hablar de cómo guía a la gente para que entre en la realidad de la verdad al permitirle ser conquistada, perfeccionada y salvada por Él. Dar testimonio implica hablar de Su obra y de todo lo que has experimentado. Únicamente Su obra puede representarlo y revelarlo públicamente en Su totalidad; Su obra da testimonio de Él. Su obra y declaraciones, representan directamente al Espíritu. La obra que realiza es llevada a cabo por el Espíritu y Sus palabras son pronunciadas por el Espíritu. Estas cosas se expresan exclusivamente por medio de la encarnación de Dios, pero en realidad son expresión del Espíritu. Toda la obra que lleva a cabo y todas las palabras que expresa representan Su esencia. Si, tras revestirse de carne y venir entre los hombres, Dios no hablara ni obrara y os pidiese que conocieseis Su autenticidad, normalidad y omnipotencia, ¿tú las conocerías? ¿Sabrías cuál es la esencia del Espíritu? ¿Sabrías cuáles son los atributos de Su carne? Dado que solo habéis experimentado todos los pasos de Su obra, os pide que deis testimonio de Él. Si no tuvierais dicha experiencia, no insistiría en que dierais testimonio. Por lo tanto, cuando das testimonio de Dios, no solo lo das de Su exterior, con una humanidad normal, sino también de la obra que Él realiza y de la senda que lidera; debes dar testimonio de cómo te ha conquistado y de los aspectos en que te ha perfeccionado. Este es el tipo de testimonio que has de dar. Si allá donde vas gritas “¡Nuestro Dios ha venido a obrar y Su obra es verdaderamente práctica! ¡Nos ha conquistado sin actos sobrenaturales, sin ningún milagro ni maravillas!”, te preguntarán: “¿Qué quieres decir con que no obra milagros y maravillas? ¿Cómo puede haberte conquistado sin obrar milagros y maravillas?”. Y dirás: “Él habla y, sin demostraciones de maravillas ni de milagros, nos ha conquistado. Su obra nos ha conquistado”. En última instancia, si no sabes decir nada sustancial, si no sabes hablar de aspectos específicos, ¿es ese un verdadero testimonio? Cuando Dios encarnado conquista a la gente, son Sus divinas palabras las que lo hacen. La condición humana no puede lograrlo; no es algo que un mortal pueda conseguir, y ni siquiera las personas normales más aptas pueden hacerlo, pues Su divinidad es superior a cualquier ser creado. Esto es extraordinario para la gente; el Creador, después de todo, es superior a cualquier ser creado. Los seres creados no pueden ser superiores al Creador; si fueras superior a Él, no podría conquistarte, y puede conquistarte solo porque es superior a ti. El que puede conquistar a toda la humanidad es el Creador, y nadie más que Él puede llevar a cabo esta obra. Estas palabras son “testimonio”, la clase de testimonio que debes dar. Paso a paso has experimentado el castigo, el juicio, la refinación, las pruebas, los contratiempos y las tribulaciones y has sido conquistado; has dejado de lado las expectativas carnales, tus motivaciones personales y los intereses íntimos de la carne. Es decir, las palabras de Dios han conquistado tu corazón por completo. Aunque no hayas madurado en la vida tanto como Él exige, sabes todas estas cosas y lo que Él hace te convence del todo. Por lo tanto, esto puede denominarse testimonio, testimonio real y verdadero. La obra que Dios ha venido a realizar, la obra de juicio y castigo, está destinada a conquistar al hombre, pero Él también va a concluir Su obra, va a poner fin a la era y a llevar a cabo la labor de conclusión. Va a poner fin a la era entera salvando a toda la humanidad, liberándola del pecado de una vez por todas; va a conquistar íntegramente a la humanidad que creó. Tú debes dar testimonio de todo esto. Has experimentado en gran medida la obra de Dios, la has visto con tus propios ojos y la has experimentado personalmente; cuando hayas llegado al final, no debes ser incapaz de desempeñar la función que te corresponde. ¡Sería una lástima! En el futuro, cuando se propague el evangelio, deberías poder hablar de tu conocimiento, dar testimonio de todo lo que tu corazón ha aprendido y no escatimar esfuerzos. Esto es lo que debería lograr un ser creado. ¿Cuál es la verdadera relevancia de esta etapa de la obra de Dios? ¿Qué efecto produce? ¿Y cuánto de esto se lleva a cabo en el hombre? ¿Qué debe hacer la gente? Cuando sepáis hablar con claridad de toda la obra que Dios encarnado ha realizado desde que vino a la tierra, vuestro testimonio estará completo. Demostrarás tu capacidad de dar testimonio de Dios, que tienes auténtico conocimiento, cuando sepas hablar con claridad de estas cinco cosas: la relevancia de Su obra, su contenido, su esencia, el carácter que representa y sus principios. Mis exigencias para con vosotros no son excesivas y están al alcance de todos aquellos que buscan de verdad. Si estás decidido a ser testigo de Dios, debes entender lo que Dios detesta y lo que ama. Has experimentado gran parte de Su obra, por medio de la cual debes llegar a conocer Su carácter, comprender Su voluntad y Sus exigencias a la humanidad y, con estos conocimientos, dar testimonio de Él y cumplir con tu deber. Puede que simplemente digas: “Conocemos a Dios. Su juicio y castigo son muy severos. Sus palabras son muy serias; son justas y majestuosas y ningún hombre las puede ofender”; sin embargo, al final, ¿proveen estas palabras al hombre? ¿Cuál es su efecto sobre la gente? ¿Sabes realmente que esta obra de juicio y castigo es de lo más beneficiosa para ti? El juicio y el castigo de Dios están revelando tu rebeldía y corrupción, ¿no es así? Pueden limpiar y expulsar esas cosas sucias y corruptas que hay dentro de ti, ¿no pueden hacerlo? Si no hubiese juicio ni castigo, ¿qué sería de ti? ¿De veras reconoces el hecho de que Satanás te ha corrompido de la manera más profunda? Hoy tenéis que equiparos con estas cosas y conocerlas bien.

La fe actual en Dios no es la fe que podríais imaginar: que basta con leer las palabras de Dios, orar, cantar, bailar, cumplir con el deber y llevar una vida con una humanidad normal. ¿Podría ser así de simple la fe? Los resultados son cruciales. No se trata de cuántas maneras tengas de hacer las cosas, sino de cómo puedes exactamente conseguir el mejor resultado. Tal vez seas capaz de sostener las palabras de Dios y explicar algo de lo que sabes, pero cuando las dejas, no tienes nada que decir. Esto demuestra que solamente sabes expresar las letras y doctrinas, pero te falta el conocimiento de la experiencia. Hoy no servirá de nada si no comprendes lo crucial; ¡es de vital importancia para entrar en la realidad! Empieza a formarte así: primero, lee las palabras de Dios, aprende bien sus términos espirituales, busca las visiones clave que contienen, identifica los fragmentos correspondientes a la práctica, junta todos estos elementos uno por uno e introdúcelos en tu experiencia. Estas son las cosas cruciales que debes comprender. La práctica más crucial al comer y beber de las palabras de Dios es esta: tras leer un capítulo de las palabras de Dios, debes saber localizar los fragmentos clave sobre las visiones y la práctica, basarte en las visiones y utilizar la práctica como guía de vida. Esta es vuestra mayor carencia y dificultad; rara vez prestáis atención a estas cosas en vuestro interior. En general, todos vivís en un estado de pereza, desmotivados sin querer hacer ningún sacrificio personal, o esperáis pasivamente y algunos hasta se quejan; no entienden los objetivos y la relevancia de la obra de Dios y les resulta difícil buscar la verdad. Esas personas detestan la verdad y acabarán descartadas. Ninguna de ellas puede perfeccionarse ni sobrevivir. Si la gente no tiene un poco de determinación para oponerse a las fuerzas de Satanás, ¡no hay esperanza para ellas!

En este momento, la eficacia de vuestra búsqueda se mide por lo que poseéis actualmente. Esto es lo que determina vuestro resultado; es decir, vuestro resultado se revela por los sacrificios y cosas que hayáis hecho. Vuestra búsqueda, vuestra fe y vuestros actos indicarán vuestro resultado. Muchos ya sois imposibles de salvar, pues hoy es el día en que se revelan los resultados de las personas y no me despistaré en Mi obra; no llevaré a la próxima era a aquellos totalmente imposibles de salvar. Llegará un momento en que Mi obra esté terminada. No obraré en esos cadáveres malolientes y exánimes que no se pueden salvar en absoluto; estos son los últimos días de la salvación del hombre y no obraré en balde. No claméis contra el cielo y la tierra: está llegando el fin del mundo. Es inevitable. Las cosas han llegado hasta este punto y no hay nada que tú, como ser humano, puedas hacer para detenerlas; no puedes cambiar las cosas como desees. Ayer no pagaste la consecuencia de buscar la verdad y no fuiste leal. Hoy ha llegado la hora, no te puedes salvar, y mañana serás descartado y no habrá margen para que te salves. Aunque Mi corazón es manso y hago todo lo posible por salvarte, si no te esfuerzas por tu parte ni piensas por ti mismo, ¿qué tengo que ver Yo en esto? Aquellos que solo piensan en la carne y disfrutan de la comodidad; aquellos que parecen creer, pero realmente no creen; aquellos que se dedican a la medicina maligna y la brujería; los promiscuos y harapientos; aquellos que roban sacrificios y posesiones a Jehová; los amantes de los sobornos; aquellos que sueñan ociosamente con ascender al cielo; los arrogantes y vanidosos, que únicamente persiguen su fama y fortuna; aquellos que difunden impertinencias; aquellos que blasfeman contra el propio Dios; aquellos que no hacen sino juzgarlo y difamarlo; aquellos que forman corrillos y buscan la independencia; aquellos que se enaltecen por encima de Dios; los hombres y mujeres frívolos jóvenes, de mediana edad y ancianos atrapados en el libertinaje; los hombres y mujeres que disfrutan de su fama y fortuna y persiguen su estatus personal en medio de los demás; los impenitentes atrapados en el pecado… ¿No son todos ellos imposibles de salvar? El libertinaje, la pecaminosidad, la medicina maligna, la brujería, la blasfemia y las impertinencias se desbocan entre vosotros, entre quienes quedan pisoteadas la verdad y las palabras de vida y adulterado el lenguaje sacro. ¡Vosotros, gentiles, repletos de inmundicia y desobediencia! ¿Cuál será vuestro resultado final? ¡Cómo pueden tener la osadía de seguir viviendo aquellos que aman la carne, los hechizados por ella y los que están atrapados en pecados libertinos! ¿No sabes que las personas como tú son unos gusanos imposibles de salvar? ¿Qué te da derecho a exigir esto y aquello? Hasta la fecha no se ha producido la menor transformación en aquellos que no aman la verdad y solo aman la carne; ¿cómo van a poder salvarse esas personas? Aquellos que no aman el camino de la vida, que no enaltecen a Dios ni dan testimonio de Él, que maquinan por su estatus, que se ensalzan, ¿no siguen siendo los mismos, incluso hoy en día? ¿Qué valor tiene salvarlos? Que puedas salvarte no depende de tu antigüedad ni de cuántos años lleves trabajando, y ni mucho menos de cuántas referencias hayas acumulado. Más bien depende de si tu búsqueda ha dado fruto. Debes saber que quienes se salvan son los “árboles” que dan fruto, no los árboles con follaje exuberante y abundantes flores que aún no dan fruto. Aunque hayas pasado muchos años vagando por las calles, ¿qué importa eso? ¿Dónde está tu testimonio? Tu veneración por Dios es mucho menor que tu amor propio y tus deseos lujuriosos; ¿esto no es ser una persona degenerada? ¿Cómo va a ser ejemplo y modelo de salvación? Tu naturaleza es incorregible, eres demasiado rebelde, ¡imposible de salvar! ¿No serán esas personas las descartadas? ¿Acaso cuando termine Mi obra no será el momento en que llegará tu último día? He llevado a cabo una gran obra y pronunciado muchísimas palabras entre ustedes; ¿cuánto de esto os ha entrado de veras en los oídos? ¿Cuánto habéis obedecido? Cuando termine Mi obra será el momento en que dejaréis de oponeros a Mí, de estar en contra de Mí. A medida que obro, actuáis constantemente contra Mí; jamás acatáis Mis palabras. Yo llevo a cabo Mi obra y tú realizas tu propia “obra” de crear tu pequeño reino. ¡No sois más que una manada de zorros y perros que todo lo hacen para oponerse a Mí! Siempre procuráis atraer a aquellos que os ofrecen su amor sin reservas; ¿dónde está vuestra veneración? ¡Todo lo que hacéis es engañoso! ¡No tenéis obediencia ni veneración y todo lo que hacéis es engañoso y blasfemo! ¿Se pueden salvar unas personas así? Los hombres sexualmente inmorales y lascivos siempre quieren atraer a rameras coquetas para su disfrute. De ningún modo salvaré a esos demonios sexualmente inmorales. Os odio, inmundos demonios, y vuestra lascivia y coquetería os sumirán en el infierno. ¿Qué tenéis que decir? ¡Vosotros, inmundos demonios y malos espíritus, sois repulsivos! ¡Sois repugnantes! ¿Cómo podría salvarse semejante basura? ¿Todavía pueden salvarse aquellos que están atrapados en el pecado? Hoy en día, esta verdad, este camino y esta vida no os atraen; por el contrario, os atraen la pecaminosidad, el dinero, la posición, la fama, la ganancia, el disfrute de la carne, el atractivo de los hombres y los encantos de las mujeres. ¿Qué os hace aptos para entrar en Mi reino? Vuestra imagen es aún más grande que la de Dios y vuestro estatus es incluso superior al suyo, por no hablar de vuestro prestigio entre los hombres: os habéis convertido en ídolos de la gente. ¿Tú no te has convertido en arcángel? Cuando revele los resultados de las personas, que también será cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de vosotros seréis cadáveres imposibles de salvar y deberéis ser descartados. Durante la obra de salvación soy amable y bueno con todas las personas. Cuando la obra concluya, revelaré los resultados de los distintos tipos de personas y en ese momento ya no seré amable y bueno, pues habré revelado los resultados de las personas, habré clasificado a cada una según su tipo y no servirá de nada que continúe Mi obra de salvación, ya que se habrá pasado la época de la salvación y, siendo esto así, no volverá.

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