Práctica (7) (Parte 1)

Vuestra humanidad es demasiado deficiente, vuestro modo de vida es demasiado rastrero y envilecido, no tenéis humanidad y os falta introspección. Por eso necesitáis dotaros de lo que constituye una humanidad normal. Tener conciencia, razonamiento e introspección; saber hablar y ver las cosas; cuidar la limpieza y actuar como un ser humano normal… Todas estas son características del conocimiento de la humanidad normal. Cuando os comportáis adecuadamente en estos asuntos, se considera que tenéis un nivel aceptable de humanidad. También debéis prepararos para la vida espiritual. Debéis conocer la totalidad de la obra de Dios en la tierra y tener experiencia en Sus palabras. Debéis saber cómo obedecer Sus disposiciones y cumplir con el deber de un ser creado. Estos son los dos aspectos en que debéis entrar hoy: prepararos para una vida con calidad humana y practicar para llevar una vida de espiritualidad. Ambos son indispensables.

Algunas personas son absurdas: solamente saben dotarse de los aspectos de la calidad humana. No presentan defectos en su apariencia; las cosas que dicen y su manera de hablar son apropiadas y su vestimenta es muy decorosa y adecuada. No obstante, están vacías por dentro; tan solo parecen tener una humanidad normal a primera vista. Algunas se centran únicamente en lo que hay que comer, vestir y decir. Incluso hay quienes se centran exclusivamente en cosas como barrer el piso, hacer la cama y la limpieza general. Puede que tengan práctica en todo esto, pero si les pidieses que hablaran de su conocimiento de la obra de Dios de los últimos días, o sobre el castigo y el juicio o de las pruebas y la refinación, probablemente no demostrarían tener ni la más mínima experiencia. Puedes preguntarles: “¿Comprendes la principal obra de Dios en la tierra? ¿En qué se diferencia la obra actual de Dios encarnado de la obra de Jesús? ¿Y de la obra de Jehová? ¿Son un solo Dios? ¿Ha venido a poner fin a esta era o a salvar a la humanidad?”. Sin embargo, esas personas no saben qué decir sobre estas cuestiones. Algunas se acicalan de forma vistosa pero superficial: las hermanas se adornan como bellas flores y los hermanos se visten como príncipes o jóvenes señoritos ricos. Solo se preocupan por las cosas externas, como las que comen y visten; por dentro están en la indigencia y no tienen el menor conocimiento de Dios. ¿Qué puede significar esto? Luego hay quienes se visten como pobres mendigos; ¡realmente parecen esclavos asiáticos! ¿De verdad no entendéis lo que os pido? Conversad entre vosotros: ¿Qué habéis ganado en realidad? Lleváis creyendo en Dios todos estos años y, sin embargo, esto es todo lo que habéis cosechado; ¿no os da vergüenza? ¿No estáis abochornados? Habéis buscado por el camino verdadero todos estos años, ¡pero vuestra estatura actual es incluso más pequeña que la de un gorrión! Las jóvenes, tan bonitas con vuestra ropa y vuestro maquillaje, comparándoos entre vosotras, ¿qué comparáis? ¿Vuestro placer? ¿Vuestras exigencias? ¿Pensáis que he venido a contratar a modelos? ¡No tenéis vergüenza! ¿Dónde está vuestra vida? Lo que buscáis, ¿no es simplemente vuestro extravagante deseo? Te crees muy hermosa, pero aunque te vistas con todo tipo de galas, ¿no eres, de hecho, un retorcido gusano nacido en un montón de estiércol? Actualmente tienes la suerte de disfrutar de estas bendiciones celestiales, no por tu cara bonita, sino porque Dios está haciendo una excepción al encumbrarte. ¿Todavía no tienes claro de dónde vienes? Cuando te mencionan la vida, callas y no dices nada, muda como una estatua, ¡pese a lo cual tienes el descaro de engalanarte! ¡Todavía tiendes a ponerte colorete y maquillaje en la cara! Y vosotros, señoritos, hombres incorregibles que os pasáis el día por ahí, díscolos y con gesto despreocupado. ¿Así debe comportarse una persona? ¿A qué dedica su atención todo el día cada uno de vosotros, sea hombre o mujer? ¿Sabéis de quién dependéis para alimentaros? Mira tu ropa, mira lo que has cosechado en tus manos, frótate el vientre; ¿qué provecho has sacado del precio que has pagado en sangre y sudor en todos estos años de fe? Todavía piensas en hacer turismo, en embellecer tu carne apestosa, ¡en ocupaciones inútiles! Te pido que seas una persona normal, pero ahora no eres simplemente anormal: eres aberrante. ¿Cómo puede tener una persona así la osadía de presentarse ante Mí? Con esta calidad humana, alardeando de tus encantos y de tu carne, siempre inmerso en los deseos carnales, ¿no eres descendiente de demonios inmundos y malos espíritus? ¡No permitiré que siga existiendo un demonio tan inmundo durante mucho tiempo! Y no creas que no sé lo que piensas dentro de tu corazón. Podrías mantener tu lujuria y tu carne bajo un férreo control, pero ¿cómo no habría de conocer Yo los pensamientos que alberga tu corazón? ¿Cómo no habría de saber qué desean tus ojos? Las jóvenes, ¿no os ponéis tan bonitas para alardear de vuestra carne? ¿En qué os benefician los hombres? ¿Realmente pueden salvaros del océano de aflicción? Y vosotros, señoritos, os vestís para parecer caballerosos y distinguidos, pero ¿no es esta una artimaña ideada para llamar la atención hacia vuestro elegante estilo? ¿Para quiénes lo hacéis? ¿En qué os benefician las mujeres? ¿No son el origen de vuestro pecado? Hombres y mujeres, os he dicho muchas palabras, pero solamente habéis acatado algunas. Sois duros de oído, se os han empañado los ojos y tenéis un corazón tan duro que no hay más que lujuria en vuestro cuerpo, de manera que estáis atrapados en él sin escapatoria. ¿Quién quiere acercarse a vosotros, gusanos que os retorcéis en la inmundicia y la mugre? No olvidéis que no sois sino aquellos a quienes he levantado del montón de estiércol y que al principio no poseíais una humanidad normal. Lo que os pido es la humanidad normal que no poseíais al principio, no que alardeéis de lujuria ni que deis rienda suelta a vuestra carne rancia, adiestrada por el diablo durante tantos años. Al vestiros así, ¿no teméis quedaros atrapados más a fondo? ¿No sabéis que al principio erais del pecado? ¿No sabéis que vuestro cuerpo rebosa tanta lujuria que incluso traspasa vuestra ropa para revelar vuestro estado de demonios insoportablemente feos e inmundos? ¿Acaso no lo tenéis más claro que nadie? Vuestro corazón, vuestros ojos, vuestros labios, ¿no han sido profanados por demonios inmundos? ¿No son inmundas estas partes vuestras? ¿Crees que, mientras no actúes, tú eres el más santo? ¿Crees que ataviarse con ropa bonita puede ocultar vuestras almas sórdidas? ¡Eso no funciona! Os aconsejo más realismo: no seáis engañosos y falsos ni alardeéis de vosotros mismos. Hacéis alarde de vuestra lujuria entre vosotros, pero lo único que recibiréis a cambio será el sufrimiento eterno ¡y un castigo despiadado! ¿Qué necesidad tenéis de poneros ojitos y andaros con amoríos? ¿Es esta la medida de vuestra integridad, la dimensión de vuestra rectitud? Odio a los que os interesáis por la medicina maligna y la brujería; odio a los jóvenes que amáis vuestra propia carne. Más os vale que os contengáis, pues ahora os exijo una humanidad normal, y no se os permite que alardeéis de lujuria en toda ocasión, aunque aprovecháis cualquier oportunidad, ya que ¡vuestra carne es demasiado desbordante y vuestra lujuria, demasiado grande!

A primera vista, tu vida con calidad humana está muy bien organizada, pero no sabes qué decir cuando te preguntan por tu conocimiento de la vida; en esto eres pobre. ¡Debes dotarte de la verdad! Tu vida con calidad humana ha cambiado para mejor y así debe cambiar tu vida interior también: cambiar de pensamientos, transformar tus puntos de vista sobre la fe en Dios, cambiar tus conocimientos y esquemas internos y cambiar el conocimiento de Dios que abarcan tus nociones. Mediante el trato, las revelaciones y el sustento, cambia poco a poco tu conocimiento de ti mismo, de la vida humana y de la fe en Dios; da a tu entendimiento la capacidad de ser puro. De esta manera cambian los pensamientos internos del hombre, su forma de ver las cosas y su actitud mental. Esto es lo único que puede denominarse una transformación del carácter vital. No te pido que te pases todo el día leyendo las palabras de Dios, lavando la ropa o limpiando. Una vida con una humanidad normal debe ser, como mínimo, soportable por naturaleza. Además, cuando te encargues de los asuntos externos, aún deberás aplicar algo de introspección y razonamiento; no obstante, lo más importante es que te dotes de la verdad de la vida. Al equiparte para la vida, debes centrarte en comer y beber de las palabras de Dios y saber hablar del conocimiento de Dios, de tus puntos de vista sobre la vida humana y, en especial, de tu conocimiento de la obra realizada por Dios en los últimos días. Puesto que buscas la vida, debes dotarte de estas cosas. Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe. ¿Por qué algunas personas, tras leer las palabras de Dios, no saben ponerlas en práctica? ¿No es porque no comprenden las cosas más cruciales? ¿No es porque no se toman la vida en serio? No comprenden las cosas cruciales ni tienen una senda de práctica porque, cuando leen las palabras de Dios, no saben relacionar su propio estado con ellas ni dominarlo. Algunos dicen: “Leo las palabras de Dios, relaciono mi estado con ellas y sé que soy corrupto y poco apto, pero soy incapaz de satisfacer la voluntad de Dios”. Tan solo has visto la superficie; hay muchas cosas reales que no conoces: cómo dejar de lado el goce carnal y la mojigatería, cómo cambiar, cómo entrar en estos asuntos, cómo mejorar tu aptitud y por qué aspecto comenzar. No entiendes más que algunas cosas superficiales y lo único que sabes es que sí eres muy corrupto. Cuando te reúnes con tus hermanos y hermanas, hablas de lo corrupto que eres y parece que te conoces y soportas una enorme carga en la vida. De hecho, tu carácter corrupto no se ha transformado, lo que demuestra que no has encontrado la senda de práctica. Si diriges una iglesia, debes comprender los estados de los hermanos y hermanas y señalárselos. ¿Valdrá con decir simplemente “¡Sois desobedientes y retrógrados!”? No, debes hablar, en concreto, de cómo manifiestan su condición de desobedientes y retrógrados. Debes hablar de sus estados de desobediencia, de sus conductas desobedientes y de sus actitudes satánicas, y hacerlo de tal manera que se convenzan por completo de la verdad de tus palabras. Usa hechos y ejemplos para dejar las cosas claras, diles exactamente cómo pueden liberarse de su conducta rebelde y señálales la senda de práctica; así se convence a la gente. Solo los que hacen esto pueden guiar a otros; ellos son los únicos poseedores de la realidad de la verdad.

Ya os he provisto de muchas verdades a través de enseñanzas y debes hacer balance de ellas. Deberías ser capaz de constatar cuántas verdades hay en total. Una vez que lo sepas y distingas los diversos aspectos de la humanidad normal que hay que poseer, los principales aspectos de la transformación del carácter vital, la profundización de las visiones y los medios equivocados que gente de todas las épocas ha empleado para conocer y experimentar, entonces irás por buen camino. En el ámbito religioso idolatran la Biblia como si fuera Dios; en concreto, consideran los cuatro evangelios del Nuevo Testamento como cuatro imágenes diferentes de Jesús y hablan de la Trinidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Todo esto es muy ridículo y tenéis que entenderlo; aparte, debéis conocer la esencia de Dios hecho carne y la obra de los últimos días. También están esos viejos métodos de práctica, esas falacias y digresiones relacionadas con ella —vivir en el espíritu, estar lleno del Espíritu Santo, resignarse a lo que venga, someterse a la autoridad—, que debéis conocer; deberíais saber cómo practicaba antes la gente y cómo debe practicar hoy. En cuanto a cómo deben cooperar los líderes y colaboradores en las iglesias, a cómo dejar de lado la mojigatería y la condescendencia, a cómo deben convivir los hermanos y hermanas, a cómo establecer relaciones normales con otras personas y con Dios, a cómo lograr la normalidad en la vida humana, a lo que deberían poseer las personas en su vida espiritual, a cómo deben comer y beber de las palabras de Dios, a cuáles de Sus palabras guardan relación con el conocimiento, cuáles con las visiones y cuáles con la senda de práctica,… ¿no he hablado Yo de todo esto? Estas palabras están abiertas a aquellos que buscan la verdad y nadie recibe un trato preferencial. Hoy en día deberíais cultivar la capacidad de vivir de forma independiente, sin una mentalidad de dependencia. El día de mañana, cuando no haya nadie que os guíe, te acordarás de estas palabras Mías. En tiempos de tribulación, cuando no es posible llevar una vida de iglesia, cuando los hermanos y hermanas no pueden reunirse y la mayoría viven solos —a lo sumo, solo pueden conversar con gente de su zona—, es en estos momentos en los que, dada vuestra estatura actual, simplemente no podéis manteneros firmes. En medio de las tribulaciones, a muchos les cuesta mantenerse firmes. Aquellos que conocen el camino de la vida y están dotados de suficiente verdad son los únicos capaces de seguir progresando y de alcanzar poco a poco la purificación y la transformación. Someterse a tribulaciones no es fácil; si piensas que habrás salido de ellas en cuestión de días, ¡esto demuestra la simpleza de tu pensamiento! Crees que, por conocer mucha doctrina, sabrás mantenerte firme, ¡pero no es así! Si no reconoces lo sustancial de las palabras de Dios, no puedes comprender los aspectos clave de la verdad ni tienes una senda de práctica, por lo que, en cuanto te suceda algo, te sumirás en la confusión. No resistirás la tentación de Satanás ni la embestida de la refinación. Si no hay verdad en ti y careces de visiones, en su momento no podrás evitar derrumbarte. Perderás toda esperanza y dirás: “Bueno, si voy a morir de todos modos, ¡que me castiguen hasta el final! Tanto si soy castigado como si soy arrojado al lago de fuego, así sea; ¡me tomaré las cosas como vengan!”. Así fue en la época de los hacedores de servicio: algunas personas se creían hacedoras de servicio en cualquier circunstancia, por lo que ya no buscaban la vida. Fumaban y bebían, sucumbían a la carne y hacían lo que les apetecía. Algunas, sencillamente, volvieron al mundo para trabajar. Un ambiente inhóspito también es así; si no lo puedes vencer, cuando te dejes ir lo más mínimo, abandonarás toda esperanza. Si no puedes vencer la influencia de Satanás, para cuando quieras darte cuenta, te hará prisionero y estarás de nuevo destinado a la destrucción. Así pues, hoy debes equiparte con la verdad, debes ser capaz de vivir de forma independiente y, cuando leas las palabras de Dios, debes saber buscar una senda de práctica. Si no hubiera líderes ni colaboradores que te regaran y pastorearan, pese a ello tendrías que ser capaz de hallar una senda que seguir, descubrir tus propios defectos, descubrir las verdades de las que deberías dotarte y practicar. ¿Podría Dios acompañar constantemente al hombre tras venir a la tierra? Inmersas en sus nociones, algunas personas creen: “Dios, si no obras en nosotros hasta cierto punto, Tu obra no puede considerarse finalizada, pues Satanás te está acusando”. Yo te digo que, una vez que haya terminado de pronunciar Mis palabras, habré concluido Mi obra con éxito. Cuando no tenga nada más que decir, Mi obra estará completa. El fin de Mi obra será demostración de la derrota de Satanás y, como tal, se puede decir que lo he logrado con éxito, sin ninguna acusación de Satanás. Sin embargo, si todavía no se ha producido ninguna transformación en vosotros cuando Mi obra haya terminado, la gente como vosotros será imposible de salvar y descartada. No haré más obra de la necesaria. No continuaré Mi obra en la tierra hasta que te haya conquistado en cierta medida, todos conozcáis claramente cada aspecto de la verdad, tengáis una mejor aptitud y deis testimonio dentro y fuera. ¡Sería imposible! Hoy en día, la obra que llevo a cabo en vosotros pretende introduciros en una vida con una humanidad normal; es la obra de inicio de una nueva era y de llevar a la humanidad a la vida de la nueva era. Paso a paso, llevo a cabo y desarrollo esta obra directamente entre vosotros: os enseño cara a cara, os tomo de la mano, os cuento lo que no entendéis, os otorgo cuanto os falta. Puede decirse que toda esta obra es vuestra provisión de vida, la cual, además, os guía hacia una vida con una humanidad normal; está destinada ex profeso a proveer sustento de vida a este grupo de personas en los últimos días. Para Mí, toda esta obra está destinada a concluir la antigua era y marcar el comienzo de una nueva; en cuanto a Satanás, me hice carne precisamente para derrotarlo. La obra que ahora realizo entre vosotros es vuestro sustento de hoy y vuestra salvación a tiempo, pero en los próximos años os contaré todas las verdades, todo el camino de la vida, e incluso la obra del futuro; con esto os bastará para que experimentéis las cosas normalmente el día de mañana. Todas Mis palabras son cuanto os he confiado. No hago ninguna otra exhortación; hoy, todas las palabras que os dirijo son Mi exhortación a vosotros, pues hoy no tenéis experiencia en muchas de las palabras que digo ni entendéis su significado interior. Algún día vuestras experiencias se materializarán como he dicho hoy. Estas palabras son vuestras visiones de hoy y aquello de lo que dependeréis en el futuro; son sustento de vida hoy y una exhortación para el futuro, y no podría haberla mejor. Esto es así porque el tiempo que tengo para obrar en la tierra no es tanto como el que tenéis vosotros para experimentar Mis palabras; Yo simplemente estoy terminando Mi obra, mientras que vosotros estáis buscando la vida, un proceso que implica un largo recorrido vital. Solo después de experimentar muchas cosas podréis recibir plenamente el camino de la vida; solo entonces entenderéis el significado interno de Mis palabras de hoy. Cuando tengáis Mis palabras en vuestras manos, cuando cada uno haya recibido todas Mis comisiones, una vez que os haya encomendado todo lo que debo y cuando la obra de las palabras haya llegado a su fin, con independencia de cuánto efecto haya tenido, también se habrá implantado la voluntad de Dios. A diferencia de lo que imaginas, no te tienes que transformar hasta cierto punto; Dios no obra de acuerdo con tus nociones.

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