3. Cómo se puede comer y beber de las palabras de Dios y meditarlas

Las palabras relevantes de Dios:

Esta es la Era del Reino. Si has entrado en esta nueva era depende de si has entrado en la realidad de las palabras de Dios y de si Sus palabras se han convertido la realidad-vida. Las palabras de Dios se dan a conocer a cada persona para que, al final, todos vivan en el mundo de las palabras de Dios, y Sus palabras esclarecerán e iluminarán a cada persona desde dentro. Si, durante este período, eres descuidado en la lectura de las palabras de Dios y no tienes interés en ellas, eso demuestra que tu condición es equivocada. Si eres incapaz de entrar en la Era de la Palabra, entonces el Espíritu Santo no obra en ti; si has entrado en esta era, Él llevará a cabo Su obra. ¿Qué puedes hacer al inicio de la Era de la Palabra para ganar la obra del Espíritu Santo? En esta era, y entre vosotros, Dios logrará lo siguiente: que cada persona vivirá las palabras de Dios, será capaz de poner en práctica la verdad y amará a Dios fervientemente; que todas las personas usarán las palabras de Dios como una base y como su realidad y tendrán un corazón que venere a Dios, y que, a través de la práctica de las palabras de Dios, el hombre ejercerá el poder monárquico junto con Dios. Esta es la obra que Dios ha de llevar a cabo. ¿Puedes continuar sin leer las palabras de Dios? Hoy, hay muchos que sienten que no pueden pasar ni un día o dos sin leer Sus palabras. Ellos deben leer Sus palabras todos los días, y, si el tiempo no se lo permite, les basta con escucharlas. Este es el sentimiento que el Espíritu Santo otorga a las personas y es la manera en la que Él comienza a moverlas. Es decir, Él gobierna al hombre a través de las palabras para que este pueda entrar en la realidad de las palabras de Dios. Si, después de tan solo un día de no comer y beber las palabras de Dios, sientes oscuridad y sed, y no puedes soportarlo, esto muestra que has sido movido por el Espíritu Santo y que Él no se ha apartado de ti. Entonces, eres alguien que está dentro de esta corriente. Sin embargo, si después de uno o dos días sin comer y beber las palabras de Dios no sientes nada; si no tienes sed y no te sientes movido en absoluto, esto es muestra de que el Espíritu Santo se ha alejado de ti. Entonces, esto significa que hay algo equivocado en tu estado interior; no has entrado en la Era de la Palabra y eres alguien que se ha quedado atrás. Dios usa las palabras para gobernar a las personas; te sientes bien si comes y bebes las palabras de Dios y, si no lo haces, no tienes una senda a seguir. Las palabras de Dios se convierten en el alimento de las personas y en la fuerza que las impulsa. La Biblia dice que “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Hoy, Dios completará esta obra y la cumplirá en vosotros. ¿Cómo es que, en el pasado, las personas podían estar muchos días sin leer las palabras de Dios y, sin embargo, podían seguir comiendo y trabajando como siempre, pero eso no ocurre en el presente? En esta era, Dios usa, primordialmente, las palabras para gobernar a todos. A través de las palabras de Dios, el hombre es juzgado y perfeccionado, y, luego, finalmente, es llevado al reino. Solo las palabras de Dios pueden proveer la vida del hombre, y solo las palabras de Dios pueden dar luz al hombre y una senda de práctica, especialmente en la Era del Reino. Siempre que no te apartes de la realidad de las palabras de Dios, y comas y bebas a diario Sus palabras, Dios podrá perfeccionarte.

No se puede apresurar la búsqueda de la vida; el crecimiento de la vida no ocurre solo en uno o dos días. La obra de Dios es normal y práctica, y necesariamente pasa por un proceso. Al Jesús encarnado le tomó treinta y tres años y medio completar Su obra de crucifixión; entonces, ¿qué hay de la purificación del hombre y de la transformación de su vida, una obra de la mayor dificultad? No es tarea fácil hacer a un hombre normal que manifieste a Dios. Esto es particularmente cierto para las personas que nacen en la nación del gran dragón rojo, que son de bajo calibre y necesitan un largo período con las palabras y la obra de Dios. Así pues, no os impacientéis por ver resultados. Debes ser proactivo al comer y beber las palabras de Dios e invertir mayor esfuerzo en ellas. Al terminar de leer Sus palabras, debes ser capaz de ponerlas en práctica real, creciendo en conocimiento, perspicacia, discernimiento y sabiduría en las palabras de Dios. Al hacerlo, cambiarás sin darte cuenta. Si eres capaz de tomar como tu principio el comer y beber las palabras de Dios, leerlas, llegar a conocerlas, experimentarlas y practicarlas, madurarás sin darte cuenta. Hay quienes dicen que no son capaces de poner en práctica las palabras de Dios, incluso después de leerlas. ¿Qué prisa tienes? Cuando alcances cierta estatura, serás capaz de poner en práctica Sus palabras. ¿Acaso un niño de cuatro o cinco años diría que no es capaz de apoyar u honrar a sus padres? Deberías saber qué tan grande es tu estatura actual. Pon en práctica lo que puedas poner en práctica, y evita ser alguien que interrumpe la gestión de Dios. Simplemente come y bebe las palabras de Dios, y, de ahora en adelante, asume esto como tu principio. No te preocupes, por ahora, acerca de si Dios puede hacerte completo. No profundices todavía en eso. Simplemente come y bebe las palabras de Dios a medida que vienen a ti, y, seguramente, Dios te hará completo. Sin embargo, hay un principio por el cual debes comer y beber Sus palabras. No lo hagáis a ciegas. Por un lado, al comer y beber las palabras de Dios, busca las palabras que debes llegar a conocer; es decir, aquellas relacionadas con las visiones. Por otro, busca aquello que debes poner en práctica real; es decir, aquello en lo que debes entrar. Un aspecto se refiere al conocimiento y el otro se refiere a la entrada. Una vez que hayas comprendido ambos —cuando hayas comprendido lo que debes conocer y lo que debes practicar— sabrás cómo comer y beber las palabras de Dios.

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

De los principios de comer y beber las palabras de Dios, uno se relaciona con el conocimiento y, el otro, con la entrada. ¿Qué palabras deberías llegar a conocer? Deberías llegar a conocer las palabras que se relacionan con las visiones (por ejemplo, las relacionadas con en qué era ha entrado ahora la obra de Dios, qué es lo que Dios desea lograr ahora, qué es la encarnación, etcétera; todas ellas están relacionadas con las visiones). ¿A qué se refiere senda en la que el hombre debe entrar? Se refiere a las palabras de Dios que el hombre debe practicar y en las cuales debe entrar. Esos son los dos aspectos relacionados con comer y beber las palabras de Dios. A partir de ahora, come y bebe las palabras de Dios de esta manera. Si tienes una comprensión clara de Sus palabras relacionadas con las visiones, entonces no hay necesidad de que sigas leyendo todo el tiempo. De importancia primordial es comer y beber más las palabras relacionadas con la entrada; por ejemplo, cómo volcar tu corazón a Dios, cómo aquietar tu corazón en presencia de Dios y cómo renunciar a la carne. Eso es lo que deberías poner en práctica. Sin saber cómo comer y beber las palabras de Dios la verdadera comunicación resulta imposible. Una vez que sabes cómo comer y beber Sus palabras, cuando has comprendido lo que es esencial, la comunicación será libre, y sea cual sea el asunto que surja, podrás comunicar y comprender la realidad. Si, cuando comunicas las palabras de Dios, no posees realidad, entonces no has comprendido lo que es esencial, lo cual muestra que no sabes cómo comer y beber Sus palabras. A algunas personas puede resultarles cansado leer las palabras de Dios, lo cual no es un estado normal. Lo que es normal es que nunca te canses de leer las palabras de Dios, que siempre tengas sed de ellas y siempre pienses que las palabras de Dios son buenas. Así es como alguien que en verdad ha entrado come y bebe las palabras de Dios. Cuando sientes que las palabras de Dios son extremadamente prácticas y que son justamente aquello en lo que el hombre debe entrar; cuando sientes que Sus palabras son enormemente útiles y beneficiosas para el hombre, y que son la provisión de la vida del hombre, es el Espíritu Santo el que te brinda este sentimiento y es el Espíritu Santo el que te mueve. Esto demuestra que el Espíritu Santo está obrando en ti y que Dios no se ha apartado de ti. Al ver que Dios siempre está hablando, algunas personas se cansan de Sus palabras y piensan que no tiene ninguna consecuencia leerlas o no. Ese no es un estado normal. No poseen un corazón sediento de entrar en la realidad y esas personas no tienen sed ni le dan importancia a ser perfeccionadas. Cada vez que te des cuenta de que no tienes sed de las palabras de Dios, eso muestra que no te encuentras en un estado normal. En el pasado, podía determinarse si Dios se había apartado de ti si sentías paz interior y experimentabas gozo. Ahora la clave es si tienes sed de las palabras de Dios, si Sus palabras son tu realidad, si eres fiel y si eres capaz de hacer todo lo que puedas por Dios. En otras palabras, el hombre es juzgado por la realidad de las palabras de Dios. Dios dirige Sus palabras a toda la humanidad. Si estás dispuesto a leerlas, Él te esclarecerá, pero si no es así, no lo hará. Dios esclarece a los que tienen hambre y sed de justicia, y a los que lo buscan. Algunos dicen que Dios no los esclareció incluso después de haber leído Sus palabras. Pero ¿cómo leíste estas palabras? Si lees Sus palabras como un hombre a caballo que mira las flores y no le da importancia a la realidad, ¿cómo podría Dios esclarecerte? ¿Cómo puede alguien que no atesora las palabras de Dios ser perfeccionado por Él? Si no atesoras las palabras de Dios, entonces no poseerás ni la verdad ni la realidad. Si atesoras Sus palabras, entonces serás capaz de practicar la verdad, y solo entonces poseerás la realidad. Por esta razón tienes que comer y beber las palabras de Dios en todo momento, ya sea que estés ocupado o no, ya sea que las circunstancias sean adversas o no, y ya sea que estés siendo probado o no. En resumidas cuentas, las palabras de Dios son el fundamento de la existencia del hombre. Nadie puede alejarse de Sus palabras, pero sí debe comer de Sus palabras como si fueran las tres comidas del día. ¿Podría ser tan fácil ser perfeccionado y ganado por Dios? Bien sea que comprendas o no en el presente y que tengas o no un entendimiento claro de la obra de Dios, debes comer y beber las palabras de Dios tanto como te sea posible. Esto es entrar de una manera proactiva. Después de leer las palabras de Dios, apresúrate a poner en práctica aquello en lo que puedes entrar, y haz a un lado momentáneamente aquello en lo que no. Tal vez no puedas entender muchas de las palabras de Dios al principio, pero después de dos o tres meses, e, incluso, quizá después de un año, lo harás. ¿Cómo puede ser esto? Se debe a que Dios no puede perfeccionar al hombre en un día o dos. La mayoría de las veces, cuando lees Sus palabras, puede que no las entiendas de inmediato. En ese momento, puede parecerte que no son más que un simple texto; debes experimentarlas por un tiempo antes de poder entenderlas. Como Dios ha hablado mucho, debes hacer tu máximo esfuerzo por comer y beber Sus palabras y, luego, sin que te des cuenta, llegarás a entender, y, sin que lo notes, el Espíritu Santo te esclarecerá. Cuando el Espíritu Santo esclarece al hombre, a menudo sucede sin que el hombre se dé cuenta de ello. Él te esclarece y te guía cuando tienes sed y buscas. El principio por el cual obra el Espíritu Santo se centra en las palabras de Dios que comes y bebes. Todos aquellos que no dan ninguna importancia a las palabras de Dios y siempre tienen una actitud diferente hacia ellas —pensando, en su aturdimiento, que es cuestión de indiferencia si leen o no Sus palabras— son los que no poseen la realidad. Ni la obra del Espíritu Santo ni Su esclarecimiento pueden ser percibidos en ellos. Tales personas simplemente van por la vida sin hacer esfuerzo, y son impostores sin verdaderas aptitudes, como el señor Nanguo, de la parábola[a].

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cada vez que comas y bebas un pasaje de la palabra de Dios, si eres capaz de comprender la obra que Él está llevando a cabo actualmente y puedes entender cómo orar, cómo cooperar y cómo lograr la entrada, solo entonces el que comas y bebas las palabras de Dios dará resultados. Cuando a través de las palabras de Dios puedas encontrar la senda de entrada y discernir la dinámica actual de la obra de Dios, así como la guía de la obra del Espíritu Santo, habrás entrado en el camino correcto. Si no has comprendido los puntos clave mientras comes y bebes las palabras de Dios, y si, posteriormente, sigues sin ser capaz de encontrar una senda en la cual practicar, esto mostrará que sigues sin saber cómo comer y beber apropiadamente Sus palabras y que no has descubierto el método o el principio para hacerlo.

Extracto de ‘Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe. ¿Por qué algunas personas, tras leer las palabras de Dios, no saben ponerlas en práctica? ¿No es porque no comprenden las cosas más cruciales? ¿No es porque no se toman la vida en serio? No comprenden las cosas cruciales ni tienen una senda de práctica porque, cuando leen las palabras de Dios, no saben relacionar su propio estado con ellas ni dominarlo. Algunos dicen: “Leo las palabras de Dios, relaciono mi estado con ellas y sé que soy corrupto y poco apto, pero soy incapaz de satisfacer la voluntad de Dios”. Tan solo has visto la superficie; hay muchas cosas reales que no conoces: cómo dejar de lado el goce carnal y la mojigatería, cómo cambiar, cómo entrar en estos asuntos, cómo mejorar tu aptitud y por qué aspecto comenzar. No entiendes más que algunas cosas superficiales y lo único que sabes es que sí eres muy corrupto. Cuando te reúnes con tus hermanos y hermanas, hablas de lo corrupto que eres y parece que te conoces y soportas una enorme carga en la vida. De hecho, tu carácter corrupto no se ha transformado, lo que demuestra que no has encontrado la senda de práctica.

Extracto de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuanto más consciente seas de la voluntad de Dios, mayor será la carga que lleves a cuestas, y cuanto mayor sea la carga que llevas a cuestas, más rica será tu experiencia. Cuando seas consciente de la voluntad de Dios, Él pondrá una carga sobre ti y luego te esclarecerá sobre las tareas que te ha confiado. Cuando Dios te dé esta carga, prestarás atención a todas las verdades relacionadas mientras comes y bebes de Sus palabras. Si tienes una carga relacionada con las condiciones de vida de tus hermanos y hermanas, entonces se trata de una carga que Dios te ha confiado y siempre llevarás esta carga contigo en tus oraciones diarias. Se te ha dado como carga lo que Dios hace, y estás dispuesto a llevar a cabo lo que Él quiere hacer; esto es lo que significa hacer tuya la carga de Dios. En este punto, cuando comas y bebas las palabras de Dios, te enfocarás en este tipo de asuntos y te preguntarás: ¿cómo voy a resolver estos problemas? ¿Cómo puedo facilitar que mis hermanos y hermanas alcancen la liberación y tengan gozo espiritual? También os enfocaréis en resolver estos problemas mientras impartís enseñanza, y cuando comáis y bebáis las palabras de Dios os enfocaréis en comer y beber las palabras que se relacionan con estos temas. También llevaréis una carga mientras coméis y bebéis Sus palabras. Una vez que hayas entendido las exigencias de Dios, tendrás una idea más clara de qué senda tomar. Este es el esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo que conlleva tu carga y también es la guía que te ha sido otorgada por Dios. ¿Por qué digo esto? Si no llevas a cuestas ninguna carga, no prestarás atención cuando comas y bebas las palabras de Dios; cuando comes y bebes las palabras de Dios mientras llevas a cuestas una carga, puedes comprender la esencia de dichas palabras, encontrar tu camino y ser consciente de la voluntad de Dios. Por tanto, deberías desear en tus oraciones que Dios ponga más cargas sobre ti y te confíe tareas mayores de modo que puedas tener delante de ti una mayor senda donde practicar, para que tenga un mayor efecto que comas y bebas las palabras de Dios, para que cada vez seas más capaz de captar la esencia de Sus palabras y de ser movido por el Espíritu Santo.

Extracto de ‘Sé consciente de la voluntad de Dios para alcanzar la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”

Comer y beber de las palabras de Dios puede facilitarte la comprensión de la verdad solo si lo haces de la manera correcta. Sin embargo, la mera comprensión de la verdad no implica que puedas entrar en la realidad-verdad. Algunos tienen aptitud, pero no aman la verdad; aunque entiendan algo de ella, no la practican. ¿Pueden entrar esas personas en la realidad-verdad? Entender la verdad no es tan sencillo como entender las doctrinas. Para entender la verdad hay que saber cómo comer y beber de las palabras de Dios. Veamos, por ejemplo, el comer y el beber de un pasaje relativo a la verdad del amor hacia Dios. La palabra de Dios dice: “Lo que se conoce como ‘amor’ se refiere a una emoción que es pura y sin mancha, en la que usas tu corazón para amar, sentir y ser considerado. En el amor no hay condiciones, no hay barreras ni distancia. En el amor no hay sospecha, engaño ni malicia. En el amor no hay trueque ni nada impuro”. Así es como define Dios el amor y esta es la verdad. ¿Pero a quién amarás? ¿Amarás a tu marido? ¿A tu esposa? ¿A tus hermanos y hermanas? No. Cuando Dios habla de amor, no se refiere al amor por tu congénere, sino al amor del hombre por Dios. Este amor es el amor verdadero. ¿Cómo debes comprender esta verdad? Esto quiere decir que Dios quiere que la gente no dude ni se distancie de Él, sino que sienta por Él un amor puro y sin mancha. “Sin mancha” significa no tener deseos absurdos, no exigirle a Dios cosas absurdas, no ponerle condiciones y no poner excusas. Significa que Él es lo primero en tu corazón, que solo Sus palabras ocupan tu corazón. Esta es una emoción pura y sin mancha. Esta emoción ocupa cierto lugar en tu corazón; siempre estás pensando en Él, echándolo de menos, y puedes recordarlo en todo momento. Amar significa amar con tu corazón. Amar con tu corazón consiste en ser considerado, preocuparte y tener anhelo. Para lograr amar de corazón, debes someterte a un proceso de comprensión. En el presente, aunque tengas poco conocimiento de Dios, deberías usar tu corazón para ansiarlo, anhelarlo, obedecerlo, ser considerado con Él, orar a Él y llorar por Él; deberías incluso ser capaz de participar en Sus pensamientos y Sus preocupaciones. Debes poner tu corazón en estas cosas. No hables simplemente de boca para afuera diciendo: “¡Querido Dios! ¡Estoy haciendo esto y aquello por Ti!”. Solo amar y satisfacer a Dios de corazón es real. Aunque no lo dices en voz alta, tienes a Dios en tu corazón, y en tu corazón estás pensando en Él. Puedes abandonar a tu marido, a tu esposa, a tus hijos, a tus padres; pero tu corazón no puede estar sin Dios. Sin Él, sencillamente no puedes vivir. No puedes dejarlo. Esto significa que tienes amor y tienes a Dios en tu corazón. “Usas tu corazón para amar, sentir y ser considerado”. Esto implica muchas cosas. Es el amor verdadero que Dios exige al hombre; en otras palabras, debes amarlo y preocuparte por Él con tu corazón, y mantenerlo siempre en tu mente. Esto no implica únicamente expresar las palabras ni cómo te expresas tú con tu compostura, sino, fundamentalmente, hacer las cosas de corazón y dejar que esta rija todos tus actos. Al hacer las cosas de este modo no hay ninguna motivación, impureza ni sospecha; un corazón así es mucho más puro. ¿Cómo se manifiestan las dudas en tu corazón? Se manifiestan cuando constantemente piensas: “¿Es correcto que Dios haga esto? ¿Por qué dice esto Dios? Si no hay una razón subyacente para que Dios diga esto, no lo obedeceré. Si Dios hace esto, pero es injusto, no obedeceré. Lo dejaré ahora mismo”. No albergar dudas significa reconocer que cualquier cosa que Dios diga y haga es correcta, y con Dios no existe lo correcto o lo incorrecto. El hombre debe obedecer a Dios, se considerado hacia Él, satisfacerlo, y participar en Sus pensamientos y preocupaciones. Al margen de que todo lo que Dios hace te parezca valioso o no, que se conforme a las nociones e imaginaciones del hombre, que tenga sentido para el hombre, puedes obedecer y tener un corazón reverente y sumiso hacia todas estas cosas. ¿No está en conformidad con la verdad una práctica semejante? ¿No es la manifestación y la práctica del amor? Por tanto, si a partir de las palabras de Dios no entiendes Su voluntad ni las intenciones tras sus declaraciones, si no entiendes los objetivos y resultados que Sus palabras pretenden conseguir, si no entiendes qué buscan lograr y perfeccionar en el hombre Sus palabras, si no entiendes estas cosas, eso demuestra que todavía no comprendes la verdad. ¿Por qué dice Dios lo que dice? ¿Por qué habla en ese tono? ¿Por qué es tan formal y sincero en cada palabra que pronuncia? ¿Por qué decide usar ciertas palabras? ¿Lo sabes? Si no lo puedes decir con certeza, es que no entiendes la voluntad de Dios ni Sus propósitos, no entiendes el contexto subyacente a Sus palabras. Si no comprendes esto, ¿cómo puedes obtener entonces la verdad? Obtener la verdad significa entender el significado de Dios a través de cada palabra que Él dice; significa que eres capaz de poner en práctica las palabras de Dios una vez las has entendido, que puedes vivirlas y que se conviertan en tu realidad. Sólo cuando tienes un entendimiento exhaustivo de la palabra de Dios puedes comprender realmente la verdad.

Extracto de ‘Solo aquellos con la realidad-verdad pueden liderar’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si quieres cumplir correctamente con el deber, antes debes comprender la verdad y esforzarte más por buscarla. Una parte crucial de la búsqueda de la verdad es aprender a meditar las palabras de Dios. El propósito de meditar las palabras de Dios es entender su verdadero significado: por medio de la búsqueda llegarás a conocer el significado de las declaraciones de Dios, de lo que exige y de cuál es Su voluntad en estas palabras; esto es lo que significa entender la realidad de la verdad. Una vez que entiendas la realidad de la verdad, podrás captar los principios de práctica y, del mismo modo, lograrás entrar en la realidad-verdad. Así, y sin darte cuenta, tendrás esclarecimiento en materias que antes no comprendías, recibirás nuevas revelaciones y estas, poco a poco, se volverán tu realidad.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si deseas buscar la verdad, si deseas entenderla y recibirla, debes aprender a sosegarte ante Dios y a meditar la verdad y las palabras de Dios. ¿Ha de seguirse algún formalismo para meditar la verdad? ¿Hay alguna norma? ¿Hay alguna limitación de tiempo? ¿Tienes que hacerlo en un lugar determinado? No, las palabras de Dios pueden meditarse en cualquier momento o lugar. Si pasarais menos tiempo en vuestros pensamientos y elucubraciones vacuos y lo emplearais en meditar la verdad, ¿cuánto tiempo dejaríais de perder a lo largo del día a consecuencia de ello? ¿Qué hace la gente cuando pierde el tiempo? Se pasa el día entero charlando y cotilleando, haciendo solamente lo que le interesa, dedicándose únicamente a frivolidades, pensando nada más que en las cosas inútiles del pasado e imaginando qué le deparará el futuro, dónde estará el reino futuro, dónde el infierno. ¿No son frivolidades estas cosas? Si dedicáis este tiempo a cosas positivas, si os sosegáis ante Dios, pasáis más tiempo meditando Sus palabras y hablando de la verdad, reflexionáis sobre cada uno de vuestros actos, se los presentáis a Dios para Su escrutinio y luego observáis si hay alguna cuestión importante que no habéis advertido ni identificado ―fijándoos, en concreto, en esos temas cruciales en los que más os rebeláis contra Dios y buscando Sus palabras correspondientes para resolverlos―, entonces poco a poco entraréis en la realidad-verdad.

¿Qué implica meditar las palabras de Dios? Implica sostener los supuestos términos y doctrinas espirituales que con tanta frecuencia proferís y los principios espirituales de práctica que soléis creer correctos, y orar leyendo: “Tengo clara la teoría de estas expresiones y esta terminología espirituales, comprendo adecuadamente su sentido literal, pero ¿y su realidad? ¿Cómo debo ponerlas en práctica?”. Así se meditan las palabras de Dios; empezad por este aspecto. Si, al creer en Dios, la gente no sabe meditar Sus palabras, le costará mucho entrar en la verdad y entenderla. Si la gente no entiende realmente la verdad, ¿puede entrar en la realidad-verdad? Si no puede entrar en la realidad-verdad, ¿puede recibir la verdad? Si la gente no puede recibir la verdad ni entrar en la realidad-verdad, ¿puede satisfacer la voluntad de Dios? Sería muy difícil. Piensa, por ejemplo, en las consabidas palabras “temer a Dios y evitar el mal”; debes meditarlas y decirte a ti mismo: “¿Qué es temer a Dios? Si digo algo equivocado, ¿eso es temer a Dios? Hablando así, ¿hago el mal o el bien? ¿Lo recuerda Dios? ¿Lo condena Dios? ¿Qué cosas son malvadas? ¿Se consideran malvadas mis ideas, motivaciones, reflexiones y opiniones, así como la inspiración y las causas de lo que digo y hago y las diversas actitudes que revelo? ¿Cuáles de ellas reciben la aprobación de Dios? ¿De cuáles abomina Dios? ¿Cuáles condena Dios? ¿En qué cuestiones tengo altas probabilidades de cometer un grave error?”. Todo esto es digno de consideración. ¿Soléis meditar la verdad? ¿Cuánto tiempo habéis perdido? ¿Sobre cuántas materias relativas a la verdad, a la fe en Dios, a la entrada en la vida, al temor de Dios y la evitación del mal habéis reflexionado? Cuando dé fruto vuestra meditación sobre las palabras de Dios o sobre materias relativas a la fe en Dios y la verdad, habréis alcanzado la entrada en la vida. Aún no sabéis meditar estas cosas hoy en día y no habéis alcanzado la entrada en la vida. Cuando alguien ha alcanzado la entrada en la vida y sabe meditar las palabras de Dios y los problemas, ha empezado a entrar en la realidad-verdad.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué es la palabra de Dios? Es la realidad de todas las cosas positivas; es la verdad, el camino y la vida que Dios otorga al hombre. Las palabras de Dios no son doctrinas, eslóganes o argumentos y tampoco son una especie de filosofía y conocimiento. Por el contrario, tienen que ver con la vida y la existencia del hombre, con su comportamiento y su carácter, con todo lo que el hombre revela y con las ideas y opiniones que se conciben en el corazón del hombre y existen en su mente. Si tu contemplación de las palabras de Dios está desvinculada de estas cosas y si tú estás desconectado de ellas mientras lees Sus palabras y escuchas los sermones y la enseñanza, entonces lo que podrás comprender será superficial y limitado. Debéis aprender a contemplar las palabras de Dios. Esto es crucial. Existen muchas formas de contemplar las palabras de Dios: puedes leerlas en silencio y orar en tu corazón, buscando esclarecimiento e iluminación por parte del Espíritu Santo; también puedes compartir y orar-leer en compañía de aquellos que buscan la verdad y, por supuesto, puedes integrar enseñanzas y sermones en tu contemplación para profundizar tu comprensión y apreciación de las palabras de Dios. Las formas son muchas y variadas. En resumen, si, al leer las palabras de Dios, una persona desea alcanzar un entendimiento de ellas y de la verdad, entonces es crucial que contemple y ore-lea las palabras de Dios. El propósito de orar-leer las palabras de Dios no es ser capaz de recitarlas y tampoco aprenderlas de memoria; más bien, consiste en obtener un entendimiento preciso de estas palabras después de haber orado-leído y de haberlas contemplado y conocer el significado de estas palabras pronunciadas por Dios, así como Su intención. Consiste en encontrar en ellas la senda en la cual una persona debe practicar y evitar recurrir al propio camino. Además, consiste en ser capaces de distinguir los distintos tipos de estados y personas que se revelan en las palabras de Dios, ser capaces de encontrar la senda precisa de práctica con la cual tratar a cada tipo de persona. Al mismo tiempo, consiste en evitar irse por el mal camino y poner un pie en la senda que Dios aborrece. Una vez que aprendes a orar-leer y a contemplar las palabras de Dios y una vez que lo haces con frecuencia, en ese momento las palabras de Dios pueden arraigarse en tu corazón y convertirse en tu vida.

Extracto de La comunión de Dios

Independientemente de qué aspecto de la realidad-verdad hayas oído, si te comparas con él, si implementas estas palabras a tu propia vida y las incorporas a tu propia práctica, entonces sin duda ganarás algo y estás destinado a cambiar. Si simplemente te tragas estas palabras y las memorizas en tu cerebro, no cambiarás nunca. Mientras escuchas los sermones, debes reflexionar así: “¿A qué tipo de estado se refieren estas palabras? ¿A qué aspectos de la esencia aluden? ¿En qué asuntos debería aplicar este aspecto de la verdad? Cuando hago algo relacionado con este aspecto de la verdad, ¿estoy practicando según esta? Y cuando la estoy poniendo en práctica ¿está mi estado al nivel de estas palabras? Si no, entonces ¿debo buscar, comunicar o esperar?”. ¿Practicáis de esta manera en vuestra vida? Si no lo hacéis, no tenéis a Dios ni la verdad en vuestra vida. Vivís según las letras y las doctrinas o según vuestros propios intereses, vuestra confianza y entusiasmo. Los que no poseen la verdad como realidad son aquellos que no tienen realidad, y las personas que no tienen las palabras de Dios como su realidad es que no han entrado en ellas.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si la gente no se esfuerza con la verdad, tarde o temprano caerá y luchará por mantenerse firme, ya que, cuando le sobrevengan pruebas, la solución no radicará en unas pocas letras y doctrinas. ¡Las letras y doctrinas no resuelven problemas reales! Es necesario que tengas clara cada verdad, que reflexiones habitualmente al respecto, para que la comprendas en tu interior y te la sepas de memoria; solo así sabrás qué hacer cuando te suceda algo. Ahora bien, ¿puedes aprender estas verdades si no reflexionas sobre ellas? Si no las meditas, por muchas que oigas o por más que sepas decir al respecto, nunca pasarás de su significado literal. Con frecuencia, estos significados literales te darán la falsa apariencia de que tu fe en Dios ya ha dado fruto y de que tu estatura es muy grande porque tienes pasión y energía; no obstante, en cuanto te suceda algo descubrirás que estos significados literales no garantizan que superes fácilmente cada prueba o evaluación. La gente suele estar confusa cuando le pasa algo, y piensa: “¿Qué hago ahora? Debo buscar rápidamente las palabras de Dios e identificar los diversos principios. ¿A qué aspecto de la verdad corresponde esto?”. En momentos así te darás cuenta de que te has dotado de muy pocas verdades, de que comprendes muy pocas realidades-verdad. A menudo la gente no descubre esto hasta que está en apuros. Cuando no lo está, siempre cree que ya se ha dotado de muchas verdades, que rebosa verdad. ¿De qué está rebosante? De letras y doctrinas, de superficialidades. Se equivoca al creer que rebosa verdad; cuando crees que rebosas verdad, estás en peligro. Sin embargo, cuando sientas que no eres nada, que hay mucho que no entiendes, podrás plantearte cómo entrar. Si siempre crees estar ya en posesión de la verdad, rebosante de ella, que tienes suficiente, que te conoces, amas a Dios y puedes hacerlo todo por Él, esta es una señal de peligro. Cuanto más lo crees, más se demuestra que no entiendes nada, que estás desprovisto de las realidades-verdad. Piénsalo detenidamente. Aprende a meditar la verdad; es una parte muy importante de la vida de quienes creen en Dios.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la frase “de la parábola”.

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