4. ¿Cómo se puede comer y beber de las palabras de Dios y meditarlas?

Las palabras relevantes de Dios:

De los principios de comer y beber las palabras de Dios, uno se relaciona con el conocimiento y, el otro, con la entrada. ¿Qué palabras deberías llegar a conocer? Deberías llegar a conocer las palabras que se relacionan con las visiones (por ejemplo, las relacionadas con en qué era ha entrado ahora la obra de Dios, qué es lo que Dios desea lograr ahora, qué es la encarnación, etcétera; todas ellas están relacionadas con las visiones). ¿A qué se refiere senda en la que el hombre debe entrar? Se refiere a las palabras de Dios que el hombre debe practicar y en las cuales debe entrar. Esos son los dos aspectos relacionados con comer y beber las palabras de Dios. A partir de ahora, come y bebe las palabras de Dios de esta manera. Si tienes una comprensión clara de Sus palabras relacionadas con las visiones, entonces no hay necesidad de que sigas leyendo todo el tiempo. De importancia primordial es comer y beber más las palabras relacionadas con la entrada; por ejemplo, cómo volcar tu corazón a Dios, cómo aquietar tu corazón en presencia de Dios y cómo renunciar a la carne. Eso es lo que deberías poner en práctica. Sin saber cómo comer y beber las palabras de Dios la verdadera comunicación resulta imposible. Una vez que sabes cómo comer y beber Sus palabras, cuando has comprendido lo que es esencial, la comunicación será libre, y sea cual sea el asunto que surja, podrás comunicar y comprender la realidad. Si, cuando comunicas las palabras de Dios, no posees realidad, entonces no has comprendido lo que es esencial, lo cual muestra que no sabes cómo comer y beber Sus palabras. A algunas personas puede resultarles cansado leer las palabras de Dios, lo cual no es un estado normal. Lo que es normal es que nunca te canses de leer las palabras de Dios, que siempre tengas sed de ellas y siempre pienses que las palabras de Dios son buenas. Así es como alguien que en verdad ha entrado come y bebe las palabras de Dios. Cuando sientes que las palabras de Dios son extremadamente prácticas y que son justamente aquello en lo que el hombre debe entrar; cuando sientes que Sus palabras son enormemente útiles y beneficiosas para el hombre, y que son la provisión de la vida del hombre, es el Espíritu Santo el que te brinda este sentimiento y es el Espíritu Santo el que te mueve. Esto demuestra que el Espíritu Santo está obrando en ti y que Dios no se ha apartado de ti. Al ver que Dios siempre está hablando, algunas personas se cansan de Sus palabras y piensan que no tiene ninguna consecuencia leerlas o no. Ese no es un estado normal. No poseen un corazón sediento de entrar en la realidad y esas personas no tienen sed ni le dan importancia a ser perfeccionadas. Cada vez que te des cuenta de que no tienes sed de las palabras de Dios, eso muestra que no te encuentras en un estado normal. En el pasado, podía determinarse si Dios se había apartado de ti si sentías paz interior y experimentabas gozo. Ahora la clave es si tienes sed de las palabras de Dios, si Sus palabras son tu realidad, si eres fiel y si eres capaz de hacer todo lo que puedas por Dios. En otras palabras, el hombre es juzgado por la realidad de las palabras de Dios. Dios dirige Sus palabras a toda la humanidad. Si estás dispuesto a leerlas, Él te esclarecerá, pero si no es así, no lo hará. Dios esclarece a los que tienen hambre y sed de justicia, y a los que lo buscan. Algunos dicen que Dios no los esclareció incluso después de haber leído Sus palabras. Pero ¿cómo leíste estas palabras? Si lees Sus palabras como un hombre a caballo que mira las flores y no le da importancia a la realidad, ¿cómo podría Dios esclarecerte? ¿Cómo puede alguien que no atesora las palabras de Dios ser perfeccionado por Él? Si no atesoras las palabras de Dios, entonces no poseerás ni la verdad ni la realidad. Si atesoras Sus palabras, entonces serás capaz de practicar la verdad, y solo entonces poseerás la realidad. Por esta razón tienes que comer y beber las palabras de Dios en todo momento, ya sea que estés ocupado o no, ya sea que las circunstancias sean adversas o no, y ya sea que estés siendo probado o no. En resumidas cuentas, las palabras de Dios son el fundamento de la existencia del hombre. Nadie puede alejarse de Sus palabras, pero sí debe comer de Sus palabras como si fueran las tres comidas del día. ¿Podría ser tan fácil ser perfeccionado y ganado por Dios? Bien sea que comprendas o no en el presente y que tengas o no un entendimiento claro de la obra de Dios, debes comer y beber las palabras de Dios tanto como te sea posible. Esto es entrar de una manera proactiva. Después de leer las palabras de Dios, apresúrate a poner en práctica aquello en lo que puedes entrar, y haz a un lado momentáneamente aquello en lo que no. Tal vez no puedas entender muchas de las palabras de Dios al principio, pero después de dos o tres meses, e, incluso, quizá después de un año, lo harás. ¿Cómo puede ser esto? Se debe a que Dios no puede perfeccionar al hombre en un día o dos. La mayoría de las veces, cuando lees Sus palabras, puede que no las entiendas de inmediato. En ese momento, puede parecerte que no son más que un simple texto; debes experimentarlas por un tiempo antes de poder entenderlas. Como Dios ha hablado mucho, debes hacer tu máximo esfuerzo por comer y beber Sus palabras y, luego, sin que te des cuenta, llegarás a entender, y, sin que lo notes, el Espíritu Santo te esclarecerá. Cuando el Espíritu Santo esclarece al hombre, a menudo sucede sin que el hombre se dé cuenta de ello. Él te esclarece y te guía cuando tienes sed y buscas. El principio por el cual obra el Espíritu Santo se centra en las palabras de Dios que comes y bebes. Todos aquellos que no dan ninguna importancia a las palabras de Dios y siempre tienen una actitud diferente hacia ellas —pensando, en su aturdimiento, que es cuestión de indiferencia si leen o no Sus palabras— son los que no poseen la realidad. Ni la obra del Espíritu Santo ni Su esclarecimiento pueden ser percibidos en ellos. Tales personas simplemente van por la vida sin hacer esfuerzo, y son impostores sin verdaderas aptitudes, como el señor Nanguo, de la parábola[a].

Extracto de ‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe. ¿Por qué algunas personas, tras leer las palabras de Dios, no saben ponerlas en práctica? ¿No es porque no comprenden las cosas más cruciales? ¿No es porque no se toman la vida en serio? No comprenden las cosas cruciales ni tienen una senda de práctica porque, cuando leen las palabras de Dios, no saben relacionar su propio estado con ellas ni dominarlo. Algunos dicen: “Leo las palabras de Dios, relaciono mi estado con ellas y sé que soy corrupto y poco apto, pero soy incapaz de satisfacer la voluntad de Dios”. Tan solo has visto la superficie; hay muchas cosas reales que no conoces: cómo dejar de lado el goce carnal y la mojigatería, cómo cambiar, cómo entrar en estos asuntos, cómo mejorar tu aptitud y por qué aspecto comenzar. No entiendes más que algunas cosas superficiales y lo único que sabes es que sí eres muy corrupto. Cuando te reúnes con tus hermanos y hermanas, hablas de lo corrupto que eres y parece que te conoces y soportas una enorme carga en la vida. De hecho, tu carácter corrupto no se ha transformado, lo que demuestra que no has encontrado la senda de práctica.

Extracto de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Si deseas buscar la verdad, si deseas entenderla y recibirla, debes aprender a sosegarte ante Dios y a meditar la verdad y las palabras de Dios. ¿Ha de seguirse algún formalismo para meditar la verdad? ¿Hay alguna norma? ¿Hay alguna limitación de tiempo? ¿Tienes que hacerlo en un lugar determinado? No, las palabras de Dios pueden meditarse en cualquier momento o lugar. Si pasarais menos tiempo en vuestros pensamientos y elucubraciones vacuos y lo emplearais en meditar la verdad, ¿cuánto tiempo dejaríais de perder a lo largo del día a consecuencia de ello? ¿Qué hace la gente cuando pierde el tiempo? Se pasa el día entero charlando y cotilleando, haciendo solamente lo que le interesa, dedicándose únicamente a frivolidades, pensando nada más que en las cosas inútiles del pasado e imaginando qué le deparará el futuro, dónde estará el reino futuro, dónde el infierno. ¿No son frivolidades estas cosas? Si dedicáis este tiempo a cosas positivas, si os sosegáis ante Dios, pasáis más tiempo meditando Sus palabras y hablando de la verdad, reflexionáis sobre cada uno de vuestros actos, se los presentáis a Dios para Su escrutinio y luego observáis si hay alguna cuestión importante que no habéis advertido ni identificado ―fijándoos, en concreto, en esos temas cruciales en los que más os rebeláis contra Dios y buscando Sus palabras correspondientes para resolverlos―, entonces poco a poco entraréis en la realidad-verdad.

¿Qué implica meditar las palabras de Dios? Implica sostener los supuestos términos y doctrinas espirituales que con tanta frecuencia proferís y los principios espirituales de práctica que soléis creer correctos, y orar leyendo: “Tengo clara la teoría de estas expresiones y esta terminología espirituales, comprendo adecuadamente su sentido literal, pero ¿y su realidad? ¿Cómo debo ponerlas en práctica?”. Así se meditan las palabras de Dios; empezad por este aspecto. Si, al creer en Dios, la gente no sabe meditar Sus palabras, le costará mucho entrar en la verdad y entenderla. Si la gente no entiende realmente la verdad, ¿puede entrar en la realidad-verdad? Si no puede entrar en la realidad-verdad, ¿puede recibir la verdad? Si la gente no puede recibir la verdad ni entrar en la realidad-verdad, ¿puede satisfacer la voluntad de Dios? Sería muy difícil. Piensa, por ejemplo, en las consabidas palabras “temer a Dios y evitar el mal”; debes meditarlas y decirte a ti mismo: “¿Qué es temer a Dios? Si digo algo equivocado, ¿eso es temer a Dios? Hablando así, ¿hago el mal o el bien? ¿Lo recuerda Dios? ¿Lo condena Dios? ¿Qué cosas son malvadas? ¿Se consideran malvadas mis ideas, motivaciones, reflexiones y opiniones, así como la inspiración y las causas de lo que digo y hago y las diversas actitudes que revelo? ¿Cuáles de ellas reciben la aprobación de Dios? ¿De cuáles abomina Dios? ¿Cuáles condena Dios? ¿En qué cuestiones tengo altas probabilidades de cometer un grave error?”. Todo esto es digno de consideración. ¿Soléis meditar la verdad? ¿Cuánto tiempo habéis perdido? ¿Sobre cuántas materias relativas a la verdad, a la fe en Dios, a la entrada en la vida, al temor de Dios y la evitación del mal habéis reflexionado? Cuando dé fruto vuestra meditación sobre las palabras de Dios o sobre materias relativas a la fe en Dios y la verdad, habréis alcanzado la entrada en la vida. Aún no sabéis meditar estas cosas hoy en día y no habéis alcanzado la entrada en la vida. Cuando alguien ha alcanzado la entrada en la vida y sabe meditar las palabras de Dios y los problemas, ha empezado a entrar en la realidad-verdad.

Extracto de ‘La senda surge al meditar la verdad con frecuencia’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Cuando oís la palabra de Dios, ¿os la aplicáis a vosotros mismos o solo escucháis doctrina mientras las palabras os entran por un oído y os salen por el otro? ¿Qué clase de actitudes y motivaciones albergáis? Realmente no sabéis comer y beber de la palabra de Dios. Tras leer el pasaje de las palabras de Dios titulado “Una advertencia a los que no practican la verdad”, por ejemplo, lo único que entendéis es que Dios dice que eliminará a aquellos que no practiquen la verdad, que Dios no se deleita en quienes no practican la verdad y que, a Sus ojos, no son buenos, sino malvados. Sin embargo, ¿habéis pensado alguna vez en qué conductas de la gente no suponen una práctica de la verdad, en cuáles de sus acciones, actitudes y sendas que siguen son consideradas por Dios manifestaciones de que no practican la verdad? ¿Sabéis cómo meditarlo? Debéis hacerlo con regularidad y no esperar a reuniros para pensar en ello; debéis aprender a meditar con frecuencia las palabras de Dios. ¿Qué es la palabra de Dios? Es la realidad de todas las cosas positivas; es la verdad, el camino y la vida que Dios otorga al hombre. Las palabras de Dios no son doctrinas, eslóganes o argumentos y tampoco son una especie de filosofía y conocimiento. Por el contrario, tienen que ver con la vida y la existencia del hombre, con su comportamiento y su carácter, con todo lo que el hombre revela y con las ideas y opiniones que se conciben en el corazón del hombre y existen en su mente. Si tu contemplación de las palabras de Dios está desvinculada de estas cosas y si tú estás desconectado de ellas mientras lees Sus palabras y escuchas los sermones y la enseñanza, entonces lo que podrás comprender será superficial y limitado. Debéis aprender a contemplar las palabras de Dios. Esto es crucial. Existen muchas formas de contemplar las palabras de Dios: puedes leerlas en silencio y orar en tu corazón, buscando esclarecimiento e iluminación por parte del Espíritu Santo; también puedes compartir y orar-leer en compañía de aquellos que buscan la verdad y, por supuesto, puedes integrar enseñanzas y sermones en tu contemplación para profundizar tu comprensión y apreciación de las palabras de Dios. Las formas son muchas y variadas. En resumen, si, al leer las palabras de Dios, una persona desea alcanzar un entendimiento de ellas y de la verdad, entonces es crucial que contemple y ore-lea las palabras de Dios. El propósito de orar-leer las palabras de Dios no es ser capaz de recitarlas y tampoco aprenderlas de memoria; más bien, consiste en obtener un entendimiento preciso de estas palabras después de haber orado-leído y de haberlas contemplado y conocer el significado de estas palabras pronunciadas por Dios, así como Su intención. Consiste en encontrar en ellas la senda en la cual una persona debe practicar y evitar recurrir al propio camino. Además, consiste en ser capaces de distinguir los distintos tipos de estados y personas que se revelan en las palabras de Dios, ser capaces de encontrar la senda precisa de práctica con la cual tratar a cada tipo de persona. Al mismo tiempo, consiste en evitar irse por el mal camino y poner un pie en la senda que Dios aborrece. Una vez que aprendes a orar-leer y a contemplar las palabras de Dios y una vez que lo haces con frecuencia, en ese momento las palabras de Dios pueden arraigarse en tu corazón y convertirse en tu vida.

Extracto de ‘Para los líderes y obreros, escoger una senda es de la mayor importancia (11)’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Independientemente de qué aspecto de la realidad-verdad hayas oído, si te comparas con él, si implementas estas palabras a tu propia vida y las incorporas a tu propia práctica, entonces sin duda ganarás algo y estás destinado a cambiar. Si simplemente te tragas estas palabras y las memorizas en tu cerebro, no cambiarás nunca. Mientras escuchas los sermones, debes reflexionar así: “¿A qué tipo de estado se refieren estas palabras? ¿A qué aspectos de la esencia aluden? ¿En qué asuntos debería aplicar este aspecto de la verdad? Cuando hago algo relacionado con este aspecto de la verdad, ¿estoy practicando según esta? Y cuando la estoy poniendo en práctica ¿está mi estado al nivel de estas palabras? Si no, entonces ¿debo buscar, comunicar o esperar?” ¿Practicáis de esta manera en vuestra vida? Si no lo hacéis, no tenéis a Dios ni la verdad en vuestra vida. Vivís según las letras y las doctrinas o según vuestros propios intereses, vuestra confianza y entusiasmo. Los que no poseen la verdad como realidad son aquellos que no tienen realidad, y las personas que no tienen las palabras de Dios como su realidad es que no han entrado en ellas.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Llegar a un verdadero entendimiento del significado real de las palabras de Dios no es tarea fácil. No pienses de esta manera: “yo puedo interpretar el significado literal de las palabras de Dios y todos dicen que mi interpretación es buena y me dan el visto bueno, así que implica que entiendo las palabras de Dios”. Eso no es lo mismo que entender las palabras de Dios. Si has obtenido algo de luz a partir de las declaraciones de Dios y has obtenido una cierta percepción del verdadero significado de Sus palabras, y si puedes decir la intención tras ellas y qué efecto lograrán finalmente, entonces, una vez tengas un claro entendimiento de todas estas cosas, se puede considerar que tienes un cierto nivel de entendimiento de las palabras de Dios. Así pues, entender las palabras de Dios no es tan sencillo. Sólo porque puedas dar una bella explicación de su significado literal no significa que las entiendas. Independientemente de qué tanto puedas explicar su significado literal, tu explicación se sigue basando en la imaginación y la forma de pensar humana: ¡es inútil! ¿Cómo puedes entender las palabras de Dios? La clave es buscar la verdad en ellas; sólo de esa manera puedes entender de verdad lo que Él dice. Cuando Dios habla, es indudable que nunca lo hace con meras generalidades. Cada frase que declara contiene detalles que con seguridad se revelarán posteriormente en las palabras de Dios, y que pueden expresarse de una forma diferente. El hombre no puede comprender las formas en que Dios expresa la verdad. Las declaraciones de Dios son muy profundas y no se pueden comprender con la forma de pensar del hombre. Las personas pueden descubrir el significado completo de cada aspecto de la verdad siempre que hagan el esfuerzo; si haces esto, entonces, a medida que las experimentes, los detalles que permanezcan se rellenarán por completo cuando el Espíritu Santo te esclarezca, dándote así un entendimiento respecto a estas condiciones concretas.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Comer y beber de las palabras de Dios puede facilitarte la comprensión de la verdad solo si lo haces de la manera correcta. Sin embargo, la mera comprensión de la verdad no implica que puedas entrar en la realidad-verdad. Algunos tienen aptitud, pero no aman la verdad; aunque entiendan algo de ella, no la practican. ¿Pueden entrar esas personas en la realidad-verdad? Entender la verdad no es tan sencillo como entender las doctrinas. Para entender la verdad hay que saber cómo comer y beber de las palabras de Dios. Veamos, por ejemplo, el comer y el beber de un pasaje relativo a la verdad del amor hacia Dios. La palabra de Dios dice: “Lo que se conoce como ‘amor’ se refiere a una emoción que es pura y sin mancha, en la que usas tu corazón para amar, sentir y ser considerado. En el amor no hay condiciones, no hay barreras ni distancia. En el amor no hay sospecha, engaño ni malicia. En el amor no hay trueque ni nada impuro”. Así es como define Dios el amor y esta es la verdad. ¿Pero a quién amarás? ¿Amarás a tu marido? ¿A tu esposa? ¿A tus hermanos y hermanas? No. Cuando Dios habla de amor, no se refiere al amor por tu congénere, sino al amor del hombre por Dios. Este amor es el amor verdadero. ¿Cómo debes comprender esta verdad? Esto quiere decir que Dios quiere que la gente no dude ni se distancie de Él, sino que sienta por Él un amor puro y sin mancha. “Sin mancha” significa no tener deseos absurdos, no exigirle a Dios cosas absurdas, no ponerle condiciones y no poner excusas. Significa que Él es lo primero en tu corazón, que solo Sus palabras ocupan tu corazón. Esta es una emoción pura y sin mancha. Esta emoción ocupa cierto lugar en tu corazón; siempre estás pensando en Él, echándolo de menos, y puedes recordarlo en todo momento. Amar significa amar con tu corazón. Amar con tu corazón consiste en ser considerado, preocuparte y tener anhelo. Para lograr amar de corazón, debes someterte a un proceso de comprensión. En el presente, aunque tengas poco conocimiento de Dios, deberías usar tu corazón para ansiarlo, anhelarlo, obedecerlo, ser considerado con Él, orar a Él y llorar por Él; deberías incluso ser capaz de participar en Sus pensamientos y Sus preocupaciones. Debes poner tu corazón en estas cosas. No hables simplemente de boca para afuera diciendo: “¡Querido Dios! ¡Estoy haciendo esto y aquello por Ti!”. Solo amar y satisfacer a Dios de corazón es real. Aunque no lo dices en voz alta, tienes a Dios en tu corazón, y en tu corazón estás pensando en Él. Puedes abandonar a tu marido, a tu esposa, a tus hijos, a tus padres; pero tu corazón no puede estar sin Dios. Sin Él, sencillamente no puedes vivir. No puedes dejarlo. Esto significa que tienes amor y tienes a Dios en tu corazón. “Usas tu corazón para amar, sentir y ser considerado”. Esto implica muchas cosas. Es el amor verdadero que Dios exige al hombre; en otras palabras, debes amarlo y preocuparte por Él con tu corazón, y mantenerlo siempre en tu mente. Esto no implica únicamente expresar las palabras ni cómo te expresas tú con tu compostura, sino, fundamentalmente, hacer las cosas de corazón y dejar que esta rija todos tus actos. Al hacer las cosas de este modo no hay ninguna motivación, impureza ni sospecha; un corazón así es mucho más puro. ¿Cómo se manifiestan las dudas en tu corazón? Se manifiestan cuando constantemente piensas: “¿Es correcto que Dios haga esto? ¿Por qué dice esto Dios? Si no hay una razón subyacente para que Dios diga esto, no lo obedeceré. Si Dios hace esto, pero es injusto, no obedeceré. Lo dejaré ahora mismo”. No albergar dudas significa reconocer que cualquier cosa que Dios diga y haga es correcta, y con Dios no existe lo correcto o lo incorrecto. El hombre debe obedecer a Dios, se considerado hacia Él, satisfacerlo, y participar en Sus pensamientos y preocupaciones. Al margen de que todo lo que Dios hace te parezca valioso o no, que se conforme a las nociones e imaginaciones del hombre, que tenga sentido para el hombre, puedes obedecer y tener un corazón reverente y sumiso hacia todas estas cosas. ¿No está en conformidad con la verdad una práctica semejante? ¿No es la manifestación y la práctica del amor? Por tanto, si a partir de las palabras de Dios no entiendes Su voluntad ni las intenciones tras sus declaraciones, si no entiendes los objetivos y resultados que Sus palabras pretenden conseguir, si no entiendes qué buscan lograr y perfeccionar en el hombre Sus palabras, si no entiendes estas cosas, eso demuestra que todavía no comprendes la verdad. ¿Por qué dice Dios lo que dice? ¿Por qué habla en ese tono? ¿Por qué es tan formal y sincero en cada palabra que pronuncia? ¿Por qué decide usar ciertas palabras? ¿Lo sabes? Si no lo puedes decir con certeza, es que no entiendes la voluntad de Dios ni Sus propósitos, no entiendes el contexto subyacente a Sus palabras. Si no comprendes esto, ¿cómo puedes obtener entonces la verdad? Obtener la verdad significa entender el significado de Dios a través de cada palabra que Él dice; significa que eres capaz de poner en práctica las palabras de Dios una vez las has entendido, que puedes vivirlas y que se conviertan en tu realidad. Sólo cuando tienes un entendimiento exhaustivo de la palabra de Dios puedes comprender realmente la verdad.

Extracto de ‘Solo aquellos con la realidad-verdad pueden liderar’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

En resumen, tomar la senda de Pedro en la propia fe significa recorrer el sendero de la búsqueda de la verdad, que es también el de conocerse verdaderamente a uno mismo y cambiar el carácter propio. Sólo al transitar por el camino de Pedro una persona estará en la senda de ser perfeccionada por Dios. Debe tener claro exactamente cómo caminar por la senda de Pedro y cómo ponerla en práctica. En primer lugar, uno debe poner a un lado sus propias intenciones, sus búsquedas inadecuadas y hasta su familia y todas las cosas de su propia carne. Tiene que dedicarse de todo corazón, es decir, entregarse por completo a la palabra de Dios, centrarse en comer y beber las palabras de Dios, concentrarse en la búsqueda de la verdad, en la búsqueda de la intención de Dios en Sus palabras e intentar comprender la voluntad de Dios en todo. Este es el método de práctica más fundamental y vital. Es lo que Pedro hizo después de ver a Jesús y sólo practicando de esta manera se logran los mejores resultados. La devoción sincera a las palabras de Dios implica, principalmente, buscar la verdad, buscar las intenciones de Dios en Sus palabras, centrarse en comprender la voluntad de Dios y entender y obtener más verdad a partir de Sus palabras. Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios. Cuando experimentó los centenares de pruebas provenientes de Dios, Pedro se autoexaminó de un modo estricto contra cada palabra del juicio de Dios hacia el hombre, cada palabra de la revelación de Dios al hombre y cada palabra de Sus exigencias al hombre e intentó desentrañar el significado de esas palabras. Intentó reflexionar sinceramente en cada palabra que Jesús le dijo y memorizarla y tuvo muy buenos resultados. Mediante esta forma de práctica fue capaz de alcanzar un entendimiento de sí mismo a partir de las palabras de Dios, y no sólo llegó a entender los diversos estados corruptos del hombre, sino que también comprendió la esencia, la naturaleza y los diversos tipos de defectos del hombre. Esto es lo que significa verdaderamente entenderse a uno mismo. A partir de las palabras de Dios, Pedro no sólo consiguió comprenderse verdaderamente a sí mismo, sino que, a partir de las cosas expresadas en la palabra de Dios —Su carácter justo, lo que Él tiene y es, Su voluntad para Su obra, Sus exigencias hacia la humanidad—, a partir de ellas llegó a conocer a Dios completamente. Llegó a conocer Su carácter y Su esencia; llegó a conocer y entender lo que Dios tiene y es, así como Su encanto y Sus exigencias para el hombre. Aunque en ese tiempo Dios no habló tanto como lo hace hoy, en Pedro se produjeron resultados en estos aspectos. Fue algo raro y precioso. Pedro experimentó centenares de pruebas, pero no sufrió en vano. No solo llegó a entenderse a sí mismo a partir de las palabras y la obra de Dios, sino que también llegó a conocerlo. Además, se enfocó particularmente en los requisitos de Dios para la humanidad contenidos en Sus palabras. En los aspectos en los que el hombre debe satisfacer a Dios para alinearse con Su voluntad, en esos aspectos Pedro hizo un gran esfuerzo y alcanzó la claridad completa; esto fue extremadamente beneficioso en relación con su propia entrada. Independientemente de aquello de lo que Dios habló, siempre que esas palabras pudieron convertirse en su vida y pertenecieron a la verdad, Pedro fue capaz de grabarlas en su corazón para meditar en ellas con frecuencia y apreciarlas. Después de escuchar las palabras de Jesús, fue capaz de tomárselas en serio, y esto demuestra que estaba especialmente centrado en las palabras de Dios y, al final, alcanzó verdaderamente resultados. Es decir, que fue capaz de poner libremente las palabras de Dios en práctica, de practicar la verdad con fidelidad y de estar en sintonía con la voluntad de Dios, de actuar por completo conforme a la intención de Dios y de renunciar a sus propias opiniones e imaginaciones personales. De esta forma Pedro entró en la realidad de las palabras de Dios.

Extracto de ‘Cómo caminar por la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Nota al pie:

a. El texto original no contiene la frase “de la parábola”.

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