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Matrimonio cristiano | Salió del aturdimiento de la traición de su marido gracias a la salvación de Dios

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Por Ouyang Mo, Provincia Hubei

El tiempo realmente vuela. Hong’er pasó de ser una niña ingenua a una joven agraciada y su incipiente interés en el amor se despertó. No estaba interesada en la riqueza ni el estatus sino que sólo quería una relación en la que, sin importar qué tormentas ellos capearan, existiera intimidad y amor, se ayudaran mutuamente en momentos de necesidad y envejecieran juntos. Estaba esperando tranquilamente la llegada de un momento en particular. (…)

Él irrumpió en su mundo haciendo que su corazón palpitara con su bien parecido rostro y sus ojos cristalinos y él realmente también tenía sentimientos por ella. A partir de entonces sus días tranquilos y aburridos estaban llenos de sol. Con el tiempo se unieron y la ternura de él y su consideración inspiraron el amor en Hong’er aún más que su buena apariencia. Ella sabía que él era a quien quería encomendar su vida y con quien quería envejecer. Él también prometió darle felicidad para toda la vida. Sin embargo, sus padres se quejaron de que él provenía de una familia pobre y querían que ella lo dejara. A Hong’er no le importaba eso en absoluto, sólo que realmente se amaran el uno al otro y pudieran decididamente permanecer juntos de por vida. A pesar de las objeciones de sus padres, se mudó lejos con él.

Pronto tuvieron un adorable y regordete hijito y trabajaron incansablemente para proporcionarle una vida cómoda. A pesar de que era difícil y agotador para Hong’er, trabajar duro junto a su amor cuidando su hogar juntos era una alegría muy dulce para ella. Específicamente en su cumpleaños, él gastó su salario de medio mes para conseguir que una canción de amor, Llueva o Truene, se tocara en el radio para ella. Tan pronto como comenzó, fue tan conmovida que lloró; en esa canción ella oyó las voces de sus corazones unidos. ¿Qué podría ser más precioso que dos personas enamoradas que están unidas para siempre, comprometidas entre sí? Ella no estaba buscando una gran riqueza, sólo este tipo de armonía y amor conyugal. Un hogar tan armonioso era suficiente para ella.

Los años pasaron como días y en un abrir y cerrar de ojos ya habían pasado 20 años. Su hijo había crecido y estaban trabajando duro hombro a hombro para establecer un negocio familiar de tamaño considerable. Pero en algún momento ella se dio cuenta de que él cada vez venía menos a casa y que cada vez daba más excusas de que tenía que entretener a otros. Lo que una vez había sido un hogar cálido y feliz cada vez se sentía más frío. Hong’er estaba preocupada: justo cuando se estaban preparando para la construcción de la compañía, había muchas cosas que él tenía que manejar por sí mismo y, aunque realmente estaba ocupado durante ese tiempo, siempre regresaría a casa tan pronto como pudiera. Ahora todos los aspectos de la operación de la compañía iban por buen camino y él no estaba tan ocupado como antes, así que ¿por qué estaría volviendo menos a casa? Se sentía incómoda. Tenía un entendimiento natural del estilo de sus clientes: el servicio integrado de todo tipo de entretenimiento como masajes de pies, saunas, karaoke y clubes nocturnos se había convertido en las reglas tácitas de la industria y se había convertido en una tendencia para muchos hombres ir a todo tipo de lugares de entretenimiento para tener sexo ocasional o aventuras. Con su marido entreteniendo a los huéspedes día tras día, entrando y saliendo de ese tipo de lugares de entretenimiento que estaban llenos de tentaciones, ¿podría ser que…? ¡No, no había manera! Ella y su marido habían caminado de la mano a través de todas las tormentas en las últimas dos décadas y cada cosita durante ese tiempo había sido un testimonio de su amor. ¿Cómo podía un cimiento tan fuerte de amor derrumbarse ante una pequeña tentación? Ella se sentía segura de que su amor podía soportar cualquier prueba. Hong’er usó eso para consolarse, pero enfrentada con la realidad de eso, todavía no estaba completamente tranquila.

Pero la realidad no se inclinaba hacia el autososegamiento de Hong’er como ella hubiera deseado. Su marido tenía un gasto grande e inexplicable tras otro, no lograba llegar a casa cada vez con más frecuencia y estaba muy escurridizo en sus excusas. Todas estas cosas fueron golpes para ella; las preocupaciones en su corazón pesaban sobre ella cada vez más. Aunque sentía, con base en el comportamiento inusual de su marido, que él probablemente le había sido infiel, no estaba dispuesta a aceptar o a reconocer esa realidad. No se atrevía a creer que el hombre que había jurado darle una vida de felicidad y que había aguantado dos décadas de tormentas a su lado de repente pudiera traicionarla. ¿Podría el voto de “hasta que la muerte nos separe” no haber sido nada sino una mentira fácil?

La realidad ya no permitía que Hong’er se siguiera engañando; comenzó a seguirlo. Un día lo siguió a una comunidad muy rica y descubrió que había una casa que él había construido con otra mujer. En el momento en que vio a esa mujer meciendo a un niño pequeño en sus brazos fue una conmoción absoluta. Ella no se atrevía a creerle a sus propios ojos. Se le había ocurrido muchas veces que su marido podía estar dentro y fuera de los hoteles con otras mujeres, que no era nada más que tener intimidad con ellas, pero nunca podría haber imaginado que él establecería otra familia y tendría un hijo con otra mujer. En ese momento la última pizca de consuelo que tenía para sí misma se hizo añicos, se derrumbó ante la dura verdad. En un instante sus votos y cada parte de sus más de dos décadas de apoyo mutuo se vinieron abajo, por el suelo. ¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Podía realmente haber olvidado su promesa de darle una vida de felicidad? ¿Se había olvidado de los sentimientos que expresó a través de la canción “Llueva o Truene”? ¿Había olvidado que había renunciado a todo por él y todo lo que habían pasado juntos? ¿Cómo podía olvidar? ¿Por qué le haría eso a ella? ¿Cómo podían veinte años de amor no poder resistir la tentación de una extraña? En ese momento la ira y el dolor se agitaron en Hong’er; su corazón se estremecía y las lágrimas involuntariamente se derramaban a raudales por su rostro. Le gritó con voz ronca: “¿Estás seguro de que quieres hacernos a un lado a mí y a tu hijo y escoger a esta mujer?”. Esperaba ver una mirada de culpa en el rostro de su marido, que le dijera que se había equivocado, decir que él todavía tenía a su familia en su corazón, pero su marido completamente guardaba silencio ante sus lágrimas y su cuestionamiento. Al ver su actitud, Hong’er se derrumbó por completo. Para nada tenía idea de porqué la traicionaría tan cruelmente. Lo abofeteó con fuerza, incapaz de contener el resentimiento en su corazón.

Después de la traición de su marido Dios la salvó del aturdimiento del dolor

Hong’er no tenía memoria de irse de ese lugar, se sentía como si todo hubiera sido succionado de ella. Se quedó de pie en la playa mientras el ocaso se intensificaba, sin compañía excepto la luz que se debilitaba y el último vestigio de la puesta del sol. Ola tras ola de dolor brotaron en su corazón. Escena tras escena de sus décadas juntos aparecieron ante sus ojos, una tras otra. Había ignorado las objeciones de su familia hacia él y se había mudado resueltamente lejos de casa con él. Había puesto el corazón en trabajar junto a él y ninguna de sus limitaciones financieras había apagado sus sentimientos un poco. Habían llegado hasta aquí de la mano a través de todo lo amargo y lo dulce, el viento y la lluvia. Se habían vuelto ricos y su hijo había crecido pero en realidad él era capaz de desechar a una familia feliz para construir un nido con otra mujer. Odiaba la inconstancia de él y odiaba su crueldad. Pero tan pronto como pensó en esta familia feliz en la que había trabajado tan duro para sólo desaparecer, sintió que no podía soportar separarse de ella y quería hacer todo lo posible para recuperarla. Siempre y cuando él regresara, ella podría perdonar sus transgresiones pasadas porque había apostado toda su felicidad con él.

Después de regresar a casa, Hong’er comenzó a hacer planes para salvar su matrimonio. Una amiga le dijo: “Cuando un hombre sale y trabaja para ganarse la vida, consigue más que suficientes expresiones frías ahí fuera. Cuando llega a casa necesita sentir el calor del hogar; de esa manera se sentirá feliz. Justo como dicen: ‘El camino hacia el corazón de un hombre es a través de su estómago.’”. Hong’er sabía que a su marido le gustaban las bolas de masa hervida, así que todos los días hacía cuidadosamente a mano diferentes tipos de bolas de masa hervida y pensaba en cualquier otro medio para discretamente indagar sobre él. Usó a su hijo para inventarle todo tipo de razones para que viniera a casa, pero no importaba cómo lo halagara, él siempre estaba tibio. Hong’er pensó que tal vez no estaba interesado porque ella estaba envejeciendo y perdiendo su apariencia, así que comenzó a poner mucha energía en maquillarse y parecer más joven. Pensó en muchas maneras de recuperar el corazón de su marido pero todo fue en vano. Ese periodo de tiempo fue realmente difícil y agotador para ella y se sintió realmente desamparada. Todos los días se lavaba la cara con lágrimas y no podía dormir bien por la noche. No sabía cuántas cosas había intentado para reparar su hogar roto. Sin tener otra opción sólo podía esperar en su dolor, esperar a que su marido volviera.

Hong’er esperó de esa manera durante tres años y durante esos largos días se preguntó más de una vez: “¿Cómo podían los sentimientos de más de veinte años desaparecer sólo así? ¿Por qué no podía recuperar a una familia feliz y completa de todo lo que aporté?”. Preguntó una y otra vez pero nadie le pudo dar una respuesta. Esperó día tras día pero nunca llegó nada. Fue sin duda una “sentencia de muerte” para ella y el matrimonio de su marido. Con el corazón roto, Hong’er ya no tenía la fuerza para soportar ese tipo de golpe. Había tenido suficiente y ya no tenía el valor ni la energía para seguir adelante. Se tragó cuarenta diazepams de un trago. […]

Se despertó al día siguiente para encontrarse en el hospital y vio que su hijo y su marido estaban allí. Lágrimas ofendidas inundaron sin parar su rostro; lloró hasta marearse, con el corazón destrozado. La familia reuniéndose en estas circunstancias era tan irónico, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Miró hacia el cielo y suspiró: “¿Quién me puede decir porqué un marido y una esposa pueden superar la adversidad juntos pero no pueden superar la riqueza? ¿Cómo podía ser tan frágil un amor de más de dos décadas?”.

Poco tiempo después de eso la suegra de su hijo compartió el evangelio de Dios de los últimos días con Hong’er y le dijo que sólo Dios podía salvarla y tener cuidado de todo su sufrimiento. Esto se debe a que el hombre fue creado por Dios; en el principio la humanidad vivió bajo el cuidado y la protección de Dios y vivió muy felizmente, pero se distanció de Dios porque fue corrompida por Satanás. Comenzó a negar la existencia de Dios y a vivir dentro del mal de Satanás; su frustración y dolor crecieron cada vez más. Dios mismo se hizo carne para expresar la verdad y salvar a la humanidad con el fin de arrebatarla de las garras de Satanás. Si alguien se presenta ante Dios, lee Sus palabras y entiende la verdad a través de ellas, sólo entonces puede percatarse de la raíz del mal en la sociedad, mantenerse lejos del mal de Satanás y vivir bajo el cuidado y la protección de Dios. La suegra de su hijo leyó un pasaje de las palabras de Dios: “El Todopoderoso tiene piedad de esta gente que sufre profundamente. Al mismo tiempo, Él está harto de esa gente que no tiene conciencia, porque Él tiene que esperar demasiado tiempo la respuesta de los humanos. Él desea buscar, encontrar tu corazón y tu espíritu. Él quiere darte alimento y agua y despertarte, para que ya no tengas sed, ya no tengas hambre. Cuando estés cansado y comiences a sentir la desolación de este mundo, no te sientas perplejo, no llores. Dios Todopoderoso, el Velador, acogerá tu llegada en cualquier momento. Él está velando a tu lado, esperando a que regreses, Él está esperando ese día cuando recobres tu memoria de repente, que te hagas consciente del hecho de que tú procedes de Dios, y que de alguna manera y en algún lugar, una vez te habías perdido, cayendo inconsciente al borde del camino y luego sin saberlo, haber tenido un padre. Luego tomas conciencia de que el Todopoderoso ha estado allí vigilando, esperando todo el tiempo tu regreso” (‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después de la traición de su marido Dios la salvó del aturdimiento del dolor

Después de escuchar estas palabras que ella nunca antes había escuchado algo así, Hong’er estaba sumamente conmovida, igual que una corriente cálida que estaba brotando de su corazón y estaba calentando su cuerpo y corazón. Durante esos últimos años nadie había entendido la profunda tristeza en su corazón y nadie podía compartir la carga de su dolor. En particular, nadie había sido capaz de entenderla ni de consolarla. Había pasado innumerables noches solitarias y sin poder dormir, llorando sola en silencio hasta el amanecer. La herida la seguía como una sombra que nunca podía realmente olvidar o quitarse de encima. Pensó que no tenía opción sino seguir así, sola y con dolor por el resto de sus años. Pero ese día ese pasaje llamó a la puerta de su corazón. Se dio cuenta de que cuando estaba dolorida, soportando el sufrimiento y llorando, Dios sabía y Él siempre estaba a su lado esperando a que se diera la vuelta. Al escuchar las palabras cariñosas de Dios, Hong’er no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas; sentía que Dios estaba con ella y que realmente no estaba sola. A pesar de que no había oído acerca de Dios antes y no sabía nada de Él, Él siempre había estado observando a su lado. Él no sólo la salvó a tiempo y preservó su vida cuando ella decidió morir, sino que cuando había perdido por completo la esperanza en la vida, Él le permitió oír Su voz a través de la suegra de su hijo. Él usó Sus palabras para conmover y darle calor a su corazón, trayendo esperanza y un giro favorable a su vida de desesperación y dolor. En ese momento, Hong’er sintió el amor y la salvación de Dios y su corazón herido fue consolado. Tenía algo en qué apoyarse.

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