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Lo que gané al experimentar personalmente las tentaciones de Satanás

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Por Xinzhi, Australia

Cuando regresé a Sudáfrica para tratar algunos asuntos en diciembre de 2017, me encontré con una hermana en el Señor que me dijo que el Señor Jesús había regresado como el Dios Todopoderoso encarnado. También me habló en detalle de verdades y misterios tales como el plan de gestión de seis mil años de Dios, el propósito de las tres etapas de la obra de Dios y del significado del nombre de Dios. Tras escuchar su comunicación, me sentí asombrada y emocionada. No había escuchado nunca antes estas verdades, pero sabía que solo Dios mismo podía revelar los misterios de Su obra. Por lo tanto, en lo más profundo de mi corazón tuve la certeza de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado, y acepté con gusto la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Todos los días, gozaba del riego y del sustento de las palabras de Dios y me sentía increíblemente tranquila y respaldada. Sin embargo, poco sabía yo de que las tentaciones de Satanás se ocultaban a la vuelta de la esquina…

Tras aceptar la obra de Dios de los últimos días, asistía activamente a las reuniones de la iglesia; sin embargo, por razones que desconocía, siempre que mis hermanos y hermanas empezaban a leer las palabras de Dios, me entraba sueño. Esto solía pasarme incluso cuando dormía bien antes de la reunión. Mis hermanos y hermanas tenían que despertarme varias veces, pero, en cuanto me despertaban, yo volvía a quedarme dormida. Así, me pasaba casi toda la reunión dormida; siempre tenía la mente confusa, no interiorizaba nada, y eso me entristecía enormemente. Estaba profundamente confundida: no solía tener sueño cuando hacía otras cosas; entonces, ¿por qué me entraba tanto sueño en cuanto iba a una reunión de la iglesia? Acabé deseando que las reuniones terminaran lo antes posible y, con el tiempo, llegó hasta el punto de que ya ni siquiera quería asistir a ellas. Una hermana vio que siempre me dormía en las reuniones y habló conmigo y me dijo que esta era una batalla espiritual. Luego me leyó un pasaje de las palabras de Dios: “Dios obra, se preocupa por la persona, la escudriña y Satanás sigue de cerca cada uno de Sus pasos. A cualquiera que Dios favorece, Satanás también le observa y va a la zaga. Si Dios quiere a esa persona, Satanás hará todo lo que pueda para estorbarle usando diversas formas malvadas para tentarle, acosarle, y estropear el trabajo que Dios hace, con tal de lograr su objetivo oculto. ¿Cuál es su objetivo? No quiere que Dios tenga a nadie; él quiere a todos a los que Dios quiere, para ocuparlos, controlarlos, hacerse cargo de ellos para que le adoren a él, […]” (‘Dios mismo, el único IV’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Esta hermana habló conmigo y me dijo: “En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa las palabras y lleva a cabo la obra del juicio con el fin de transformar y purificar nuestro carácter satánico, para permitir que nos liberemos totalmente de las cadenas del pecado y seamos purificados y salvados por Dios. Sin embargo, Satanás no desea que Dios nos salve y, por lo tanto, intenta perturbarnos de todas las maneras posibles. Por ejemplo, cuando nos entra sueño en cuanto empezamos a leer las palabras de Dios, pero tenemos muchísima energía cuando hacemos cualquier otra cosa, eso es obviamente Satanás intentando perturbarnos. Satanás nos perturba tanto que somos incapaces de callarnos delante de Dios para oír y contemplar Sus palabras. Así, nunca seremos capaces de entender la verdad o entender la voluntad de Dios independientemente de cuánto tiempo asistamos a las reuniones. Al contrario, debido al sufrimiento de nuestra carne, cada vez nos hartamos más de asistir a las reuniones, e incluso puede llegar a un nivel tan peligroso que deseamos traicionar y dejar a Dios y volver bajo el dominio de Satanás. Esta es la astuta maquinación y la malvada intención de Satanás. ¡Hermana, debemos ver las intenciones de las maquinaciones astutas de Satanás, orar más y confiar más en Dios, así como tener la determinación de abandonar a Satanás, ya que solo así podremos superar sus perturbaciones y ataques!”.

Tras escuchar la enseñanza de la hermana, todo se volvió más claro de repente y tuve un poco de miedo y me sentí algo enojada, y pensé: “¡Satanás es verdaderamente terrible! No me sorprende que me entre sueño en cuanto voy a una reunión; resulta que esto es Satanás que está intentando perturbarme”. Pensé en cómo me había estado quedando dormida en cuanto iba a las reuniones, en lo enfangada que sentía la mente incluso después de que me despertaran los hermanos y las hermanas, y en que incluso había contemplado la idea de no asistir más a las reuniones; al final, resultó que había sido presa de la astuta maquinación de Satanás. “No”, pensé yo. “¡La próxima vez que vaya a una reunión, abandonaré mi carne y batallaré contra Satanás, y me mantendré firme en mi testimonio de esta batalla espiritual!” Luego oré a Dios con la hermana, y le anuncié a Satanás que, independientemente de cómo intentara perturbarme, yo siempre persistiría en asistir a las reuniones y en adorar a Dios, y que no volvería a dejarme engañar por él. Así, cuando volvía me entrarme sueño en una reunión, declaraba mi determinación a Satanás sin parar. Al mismo tiempo, seguía orando a Dios pidiéndole que protegiera mi corazón, y me esforzaba a conciencia para apaciguar mi corazón delante de Dios y contemplar Sus palabras. Una semana más tarde, ya no me entraba sueño y podía asistir adecuadamente a las reuniones con los hermanos y las hermanas y comunicar las palabras de Dios.

Esta experiencia me permitió ver que Satanás estaba usando este método desdeñable para perturbarme con el fin de hacerme abandonar el camino verdadero; ¡Satanás es muy malvado y despreciable! También llegué a comprender que, si no nos presentamos delante de Dios y aceptamos Su salvación, solo podremos vivir bajo el campo de acción de Satanás, quien nos dañará y controlará. Al pensar en esto, tomé una decisión ante Dios: independientemente de cómo pudiera intentar perturbarme Satanás, yo no me rendiría. Creería en Dios y lo seguiría plenamente, y difundiría el evangelio del reino de Dios incluso a más personas que viven bajo el campo de acción de Satanás para que también puedan obtener la salvación de Dios de los últimos días y librarse del daño de Satanás.

Un día, di testimonio a una amiga de la obra de Dios de los últimos días. Ella quería examinarla en más detalle, así que planeé volver a hablar de ello con ella un par de días más tarde. Sin embargo, inesperadamente, dos días más tarde empecé a sentirme muy somnolienta de repente y la oreja derecha se me hinchó por dentro y por fuera. Me dolía tanto que ni siquiera podía tocármela. Pensé que podía ser un síntoma de la gripe, así que no pensé mucho en ello.

Una semana más tarde por la mañana, cuando me estaba lavando la cara, descubrí que se me había adormecido el lado derecho de la cara: no podía cerrar el ojo derecho completamente, no podía mover la ceja y tenía la boca ladeada. Cuando me miré al espejo, vi que parecía una persona mayor con alzhéimer; entré en pánico y pensé: “Todavía no he recuperado la audición y ahora tengo toda la cara ladeada. Nunca he padecido esta afección antes. ¿Cómo pudo haber pasado esto?”. Tenía mucho miedo, así que fui de prisa al hospital. El médico dijo que tenía parálisis facial y que mi dolencia era muy grave, y que no había certeza de si se podía curar o no. Justo entonces, me sentí completamente envuelta por el miedo, y pensé: “¿Cómo he podido contraer una enfermedad tan grave? ¿Qué voy a hacer si no tiene cura?”. Estaba aterrorizada y oraba constantemente a Dios: “¡Oh, Dios, qué asustada estoy! Oh, Dios, por favor, ayúdame, por favor, no me dejes…”. Tras orar, se me vinieron a la mente las palabras de Dios: “Dios Todopoderoso, la Cabeza de todas las cosas, ejerce Su poder real desde Su trono. Él gobierna sobre el universo y sobre todas las cosas y nos está guiando en toda la tierra. Con frecuencia estaremos cerca de Él, y vendremos delante de Él en quietud; nunca debemos perder un solo momento, y hay cosas que aprender en todo momento. El ambiente que nos rodea, así como las personas, asuntos y objetos, todo está permitido por Su trono. No tengas un corazón quejumbroso, o Dios no concederá Su gracia sobre ti. Cuando la enfermedad llega, es debido al amor de Dios, y ciertamente Sus buenas intenciones en esa situación. Incluso cuando tu cuerpo pasa por el sufrimiento, no tomes ideas de Satanás. Alaba a Dios en medio de la enfermedad y disfruta a Dios en medio de tu alabanza. No pierdas la esperanza ante la enfermedad, sigue buscando y nunca te rindas, y Dios hará brillar Su luz sobre ti. ¿Cuánta fe tenía Job? ¡Dios Todopoderoso es un médico lleno de poder! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero habitar en el espíritu es estar bien. Si aún tienes aunque sea un aliento de vida, Dios no te dejará morir” (‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de autoridad de Dios me dieron fe y fuerza. “Sí”, pensé. “Dios es todopoderoso, y todas las cosas están en Sus manos. Él también tiene mi vida y mi muerte en Sus manos, y de Dios depende que mi cara mejore o no. Aunque no entiendo cómo pudo abatirme tan de repente esta enfermedad, creo que la voluntad de Dios está detrás de ella. No debo malinterpretar a Dios, sino tener fe en Él. Cuando Job lo perdió todo y todo el cuerpo se le llenó de llagas dolorosas, él siguió manteniendo su fe en Dios y, al final, se mantuvo firme en su testimonio a Dios. ¡Debo ser como Job!”. Tras pensar esto, mi ansioso corazón se tranquilizó.

Más tarde, vi las siguientes palabras de Dios: “Los que verdaderamente siguen a Dios pueden resistir la evaluación de su obra, mientras que los que no siguen a Dios realmente no pueden resistir ninguna de las pruebas de Dios. Tarde o temprano serán expulsados, mientras que los victoriosos permanecerán en el reino. Que el hombre verdaderamente busque a Dios o no lo determina la evaluación de su obra, es decir, las pruebas de Dios, y no tiene nada que ver con la decisión del hombre mismo. Dios no rechaza a ninguna persona a capricho; todo lo que Él hace es para que el hombre pueda ser completamente convencido. No hace nada que sea invisible para el hombre o ninguna obra que no pueda convencer al hombre. Sea la creencia del hombre verdadera o no, los hechos lo prueban y no lo puede decidir el hombre. Sin duda, ‘el trigo no se puede hacer cizaña y la cizaña no se puede hacer trigo’. Todos los que verdaderamente aman a Dios al final permanecerán en el reino y Dios no maltratará a ninguno que verdaderamente lo ame” (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). ¡Gracias a Dios! Leyendo las palabras de Dios, entendí que Dios no elogia a todas y cada una de las personas que creen en Él. Aquellos a los que Dios salvará son quienes lo siguen sinceramente, quienes no lo dejan, independientemente del dolor o de las tribulaciones que encuentren, y quienes pueden ser testimonio de Él durante las pruebas. En cambio, aquellos falsos creyentes que solamente creen en Dios con la intención de obtener Sus bendiciones serán expuestos y eliminados como la mala hierba durante las pruebas. Al contemplar las palabras de Dios, volví a pensar en Job, quien durante sus pruebas perdió su propiedad y sus hijos y todo el cuerpo se le llenó de dolorosas llagas; sin embargo, no perdió su fe en Dios, sino que mantuvo un corazón temeroso de Dios y obediente a Dios, exaltando el santo nombre de Jehová Dios y dijo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* “¿Recibiremos de la mano de Dios todas las cosas buenas y no recibiremos la maldad?” (Job 2:10).* Al decir estas palabras, Job dio un rotundo y hermoso testimonio a Dios e hizo que Satanás fuera avergonzado. Luego estaba Abraham. Cuando Dios le pidió que ofreciera a su único hijo Isaac en holocausto a Dios, aunque tenía el corazón roto de dolor, no se quejó ni se resistió, ni tampoco peleó con Dios. En vez de eso, obedeció a Dios incondicionalmente, dio un testimonio fiel y obtuvo la bendición y la promesa de Dios. Entonces, entendí que esta enfermedad que me había entrado era otra batalla espiritual detrás de la cual Satanás intentaba tentarme. También Dios me estaba tentando para ver si yo tenía o no verdadera fe en Dios o si era o no una verdadera creyente en Él. Al pensar en el momento en el que empecé a seguir a Dios, me di cuenta de que Satanás siempre había intentado perturbarme: desde que me entrara sueño en las reuniones de la iglesia hasta hacer que me sintiera somnolienta y que se me hinchara el oído y luego que sufriera una parálisis facial; cada perturbación de Satanás era más grave que la anterior. Satanás no estaba conforme con dejar que aceptara la salvación de Dios, sino que quería tenerme bajo su control y en sus garras, para corromperme y divertirse conmigo como quisiera. A través de la guía de las palabras de Dios, llegué a tener algún discernimiento de las motivaciones despreciables de Satanás, y supe que no debía volver a ser presa de sus astutas maquinaciones, sino que debía dar a Dios mi corazón verdadero y someterme a Sus orquestaciones y a Sus arreglos. Al pensar en esto, dejé de sentirme limitada por mi enfermedad, y sentí una maravillosa sensación de tranquilidad y desahogo. Luego confié mi enfermedad a Dios y tomé esta decisión: ¡mejorara o no, no culparía ni negaría a Dios, sino que lo seguiría hasta el final!

Lo que gané al experimentar personalmente las tentaciones de Satanás-1

Cuando estuve dispuesta a dar testimonio para Dios, fui testigo de Sus maravillosos actos. Una semana más tarde, una médica amiga mía se enteró de mi situación y me sugirió que fuera a verla para una sesión de acupuntura. Pensé que la sugerencia de mi amiga podría venir de Dios, así que acepté probarlo. Para mi sorpresa, tras solo unas tres semanas de tratamiento con acupuntura, mi cara empezó a recuperarse poco a poco. Entonces dejé de ir a acupuntura y solo oraba a Dios sin parar, y ponía mi enfermedad en Sus manos, y confiaba en que Él tuviera la última palabra sobre cuándo me iba a recuperar. ¡Gracias a Dios! Antes de que hubiera pasado un mes, mi parálisis facial se curó por completo. Mi amiga incluso se sorprendió y me dijo que era imposible que me hubiera recuperado tan rápidamente de mi afección. Yo sabía que Dios me había abierto una salida y creció mi fe en Él.

Pasado un tiempo, me mudé a Australia después de que me trasladaran a un nuevo trabajo. Tras contactar con los hermanos y las hermanas en la iglesia, vinieron a mi casa para ayudarme a descargar las palabras de Dios Todopoderoso y el software necesario para asistir a las reuniones en línea. Para mi sorpresa, en ese momento, como de la nada, empecé a sentir dolor de cabeza y me empezó a sudar todo el cuerpo. Me tumbé rápidamente en el sofá; había perdido completamente toda la energía y sentía exactamente como si me estuviera haciendo añicos. Sentía como si algo me estuviera creciendo en la cabeza, y me la agarré con las dos manos llena de dolor. Uno de los hermanos de la iglesia vio el estado en el que me encontraba y se apresuró a hablar conmigo y decirme que esto era Satanás que estaba intentando perturbarme. Me dijo que orara más a Dios, que mantuviera mi fe y que me mantuviera firme en el testimonio para Dios, así como que no fuera presa de las astutas maquinaciones de Satanás. El recordatorio del hermano hizo que me percatara de que sobre mí pesaba de nuevo una batalla espiritual, así que me acerqué rápidamente a Dios en mi corazón y le pedí al hermano que reprodujera un recitado de las palabras de Dios para poder escucharlo. Al orar y escuchar las palabras de Dios sin parar, el dolor empezó a calmarse un poco. Sin embargo, esa noche empeoró mi dolor de cabeza. Sentía como si la cabeza se me fuera a abrir en dos, y el dolor estaba acompañado de una sensación de vértigo que me mareó tanto que vomité. Sentía un gran dolor y un gran sufrimiento, y no pude evitar llorar y pensar: “Me siento tan mareada. ¿Podré pasar la noche?”. Cuanto más pensaba en ello, más miedo me entraba, y me preocupaba realmente desmayarme de repente y morir. Pero sabía que esos pensamientos eran Satanás que estaba intentando perturbarme, y sabía que no debía culpar otra vez a Dios como había hecho antes. Por lo tanto, hice una oración a Dios: “Oh, Dios, ahora mismo estoy sufriendo muchísimo. No sé por qué Satanás no me suelta, ni tampoco cuánto tiempo durará esta enfermedad. ¡Pero no me arrepiento de creer en Ti en esta vida y, por mucho que sufra, nunca te culparé, pues estoy segura de que Tú eres el único Dios verdadero, y creeré en Ti y te adoraré!”. En mi corazón, oraba a Dios sin parar de esta forma. Justo en ese momento, se me vino a la mente de repente una línea de las palabras de Dios: “La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar sin preocupación” (‘Capítulo 6’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios calmaron mis nervios y también mi dolorido e inquieto corazón. También me mostraron la senda de la práctica: solo podía avergonzar a Satanás y hacer que admitiera la derrota estando dispuesta a dar mi vida. Pensé en lo muchísimo que había atesorado siempre mi carne y en que siempre había considerado mi vida más importante que cualquier otra cosa. Satanás conocía mis debilidades y, por lo tanto, usó la enfermedad de mi carne para perturbarme y atacarme en un intento por hacer que yo culpara y traicionara a Dios. Pero, tras experimentar las tentaciones y las perturbaciones de Satanás una y otra vez, entendí que estas eran todas maquinaciones astutas que Satanás empleaba para intentar hacer que yo dejara de presentarme delante de Dios, y que también eran la forma en la que Dios me ponía a prueba. Por lo tanto, tomé una decisión ante Dios: “¡Independientemente de cómo intente Satanás perturbarme o cómo pueda sufrir mi carne, mantendré mi fe y te seguiré hasta el final!” Gracias a Dios, porque cuando estuve dispuesta a dar testimonio para Dios incluso a costa de mi propia vida, el dolor de mi cabeza fue desapareciendo poco a poco y mi salud ha sido siempre estupenda desde entonces.

En los repetidos intentos de Satanás para perturbarme y tentarme, mi carne sufrió sin duda hasta cierto punto, pero siento que todo fue valioso y significativo. Al experimentar las tentaciones de Satanás, vi claramente el despreciable, malvado y feo rostro de Satanás, así como la verdad de cómo daña e hiere a las personas. Vi que Satanás usa todo tipo de medios turbios, incluso aprovechar nuestro talón de Aquiles, con el fin de atacarnos y tentarnos en el vano intento de hacer que malinterpretemos y culpemos a Dios e incluso que lo traicionemos y perdamos la salvación de Dios de los últimos días. ¡Satanás es muy malvado y despreciable! ¡Durante mis experiencias, siempre sentí que Dios estaba a mi lado usando Sus palabras para esclarecerme y guiarme, permitiéndome entender Su voluntad, ver las astutas maquinaciones de Satanás y tener fe para dar testimonio para Dios! Realmente fui testigo del hecho de que la sabiduría de Dios se ejerce eternamente en función de las astutas maquinaciones de Satanás, y de que Dios usa las tentaciones y las maquinaciones astutas de Satanás para tentarnos, para perfeccionar nuestra fe en Él y nuestro amor a Él; ¡he llegado a apreciar verdaderamente el amor que Dios me tiene y doy gracias y alabo a Dios!

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