Ya no temo al poder

31 Ene 2022

Por Xiaohan, China

En febrero, la hermana Wang, líder de la iglesia, llevó a la hermana Song a la reunión de mi grupo y la presentó como una líder recién elegida de la iglesia que trabajaría con ella a partir de entonces. La hermana Song vino a vernos más veces después, pero siempre para dejar algo o notificarnos alguna cosa, nunca para unirse a una reunión a fin de entender mejor nuestra labor y nuestras dificultades de entrada en la vida. Suponía que, probablemente, estaba ocupadísima y sin tiempo para profundizar en nuestro trabajo, por lo que simplemente teníamos que dedicarnos más al deber.

A principios de marzo, un día, la hermana Song redactó un ensayo sobre sus experiencias y me pidió sugerencias para mejorarlo. Tenía algo más de mil palabras y parecía un tanto impreciso, carente de detalles. Cuando se lo señalé, me dijo que era creyente desde 2008 y que siempre había ejercido de líder hasta que enfermó hace unos años. Sentía que le habían agotado todos esos años sin parar en el deber, por lo que decidió conseguir empleo. Estuvo tres años sin reunirse y sin leer las palabras de Dios. Asombrada, le pregunté si le había costado pasarse todos esos años sin vida de iglesia, sin reuniones y sin leer las palabras de Dios. Me respondió: “Realmente no siento nada”. Prosiguió diciéndome que, tres meses antes, en el supermercado donde trabajaba, se había encontrado a unos miembros de la iglesia que le pidieron volver. Yo estaba confundida y con el corazón algo agitado. Pensaba: “Después de tres años fuera de la iglesia, ¿podría ocuparse de un puesto de liderazgo en ella a los tres meses de haber vuelto?”. Recordé unas palabras de Dios: “Los líderes y los obreros deben ser capaces de comunicar las palabras de Dios, deben ser capaces de hallar una senda para la práctica a partir de las palabras de Dios, y deben guiar a la gente en la comprensión de las palabras de Dios y en la experiencia y la entrada de las palabras de Dios en su vida diaria. Deben ser capaces de incorporar las palabras de Dios en su vida diaria, y cuando se topen con un problema, deben ser capaces de resolverlo utilizando las palabras de Dios. Además, deben ser capaces de utilizar las palabras de Dios para hacer frente a las diversas dificultades con las que se topan mientras cumplen con su deber” (‘Cómo identificar a los falsos líderes (1)’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Se había pasado años fuera de la iglesia y estaba espiritualmente dormida, sin experiencia práctica. ¿Cómo iba a enseñar la verdad para ayudar a los hermanos y hermanas? Su elección como líder fue contraria a los principios. En aquel momento pensé que tal vez la hubieran elegido por tener aptitud y comprender enseguida la verdad. No di mi opinión.

Días más tarde, reunida con las hermanas Zhang y Zhou, de nuestro grupo, comentaron que, a su parecer, la hermana Song no debía ser líder y que lo había puesto en duda más gente, que se preguntaba por qué principio habían promovido a la hermana Song. La hermana Song no tenía una comprensión real de las palabras de Dios para enseñar en las reuniones y a veces, tras leer un pasaje, simplemente resumía lo que decía. Cuando los hermanos y hermanas le iban con sus problemas, no sabía qué contestar. Las hermanas Zhang y Zhou se lo comentaron a nuestra líder, la hermana Wang, pero esta se limitó a alegar que, previamente, la hermana Song siempre lo había hecho muy bien como líder y que incluso la habían promovido para trabajar en otras regiones. En esta ocasión, había dejado el trabajo para asumir el deber, y todo esto indicaba que era una persona adecuada, por lo que fue promovida por una líder superior. En mi opinión, también se equivocaba la hermana Wang. Las dos hermanas y yo buscamos la verdad al respecto y encontramos este pasaje de las palabras de Dios. “Los que pueden liderar las iglesias, proveer de vida a las personas, y ser apóstoles para ellas, deben tener experiencias reales, deben tener un entendimiento correcto de las cosas espirituales, una apreciación correcta y experiencia de la verdad. Solo esas personas son aptas para ser obreros o apóstoles que lideran las iglesias. De otro modo, solo podrán seguir como inferiores, y no podrán liderar ni mucho menos ser apóstoles capaces de proveer de vida a las personas. Esto es así porque la función de los apóstoles no es ir de un lado para otro o pelear; es hacer la obra de ministrar la vida y liderar a otros para que transformen sus actitudes. A aquellos que desempeñan esta función se les encomienda cargar con una gran responsabilidad, una de la que no puede encargarse cualquiera. Esta clase de obra solo la pueden emprender los que tienen un ser vital; es decir, los que tienen experiencia de la verdad. No la puede emprender cualquiera que pueda abandonar, que pueda ir de un lado a otro o que esté dispuesto a esforzarse; las personas que no tienen experiencia de la verdad, que no han sido podadas o juzgadas, no son capaces de hacer este tipo de obra. Las personas sin experiencia, que no tienen realidad, no son capaces de ver la realidad con claridad porque ellas mismas carecen de esa clase de ser. Así, no solo es que este tipo de persona no sea capaz de llevar a cabo la obra de liderazgo, sino que, si siguen careciendo de verdad durante un largo periodo, se convertirán en objeto de eliminación” (‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto nos muestra que los líderes deben saber guiar al pueblo escogido de Dios para que comprenda la verdad, entrar en las palabras de Dios, enseñar la verdad para resolver los problemas reales de la gente y ministrar la vida de otros. El liderazgo no consiste solamente en tener algo de entusiasmo y sacrificarse un poco. Los principios de elección de líderes para la casa de Dios también señalan que eso han de hacerlo los hermanos y hermanas mediante elecciones y que solo aquellos que buscan la verdad pueden guiar a los demás para que lean las palabras de Dios y comprendan correctamente la verdad. Naturalmente, es posible promover directamente a los líderes en circunstancias especiales, pero, de todos modos, tienen que cumplir los criterios básicos y recibir el visto bueno de la mayoría de los implicados. La hermana Song había estado fuera tres años, sin participar en la vida de iglesia, y no tenía una comprensión real de las palabras de Dios para enseñar. No sabía buscar la verdad para ayudar a otros con sus problemas de entrada en la vida, por lo que la líder que la promovió infringió de manera evidente los principios.

Encontramos otro pasaje más de las palabras de Dios. “¿Por qué y cómo surgen las categorías de líderes y obreros? A una escala mayor, son necesarias para la obra de Dios; a una escala menor, se requieren para la obra de la iglesia, son necesarias para los escogidos de Dios. […] La diferencia entre su deber y el de otras personas tiene que ver con una característica especial que poseen. ¿Qué característica especial es esa? El aspecto más destacado es la función de liderazgo. Por ejemplo, cuando hay un grupo de personas con una que las lidera, si a esta persona se le denomina ‘líder’ u ‘obrero’, ¿cuál sería su función dentro del grupo? (La función de liderazgo). ¿Qué efecto tiene el liderazgo de esa persona en aquellas a las que lidera y en el grupo en su conjunto? Afecta a la dirección del grupo y su senda. Esto quiere decir que, si esa persona que ocupa una posición de liderazgo toma una senda equivocada, entonces, como mínimo, provocará que aquellos a su cargo y todo el equipo se desvíen de la senda correcta y, además, eso podría interrumpir o destruir la dirección de todo el equipo a medida que avanza, así como su velocidad y su ritmo. Así pues, en el caso de este grupo de personas, la senda que siguen y la dirección de la senda que eligen, la medida en la que entienden la verdad, así como su fe en Dios, no solo les afectan a ellas mismas, sino a todos los hermanos y hermanas bajo su liderazgo. Si un líder es correcto, si camina por la senda correcta y busca y practica la verdad, entonces las personas a las que guía comerán y beberán adecuadamente y buscarán apropiadamente y, al mismo tiempo, el progreso personal del líder será continuamente visible a los demás. Entonces, ¿cuál es la senda correcta por la que un líder debería caminar? Es ser capaz de llevar a otros a comprender la verdad y entrar en ella, es llevar a otros ante Dios. ¿Qué es una senda incorrecta? A menudo, es ensalzarse y dar testimonio de uno mismo, buscar el estatus, la fama y el beneficio propio, y nunca dar testimonio de Dios. ¿Qué efecto tiene esto en quienes están a su cargo? (Esas personas acuden a ellos). Esas personas se alejarán de Dios y quedarán bajo el control de ese líder. Si guías a la gente para que acuda a ti, entonces la estás guiando para que acuda a la humanidad corrupta y la estás guiando para que acuda a Satanás, no a Dios. Solo cuando guías a las personas hacia la verdad las estás guiando para que se acerquen a Dios. Los líderes y obreros, ya caminen por la senda correcta o por la equivocada, tienen una influencia directa sobre el pueblo escogido de Dios. Cuando todavía no entienden la verdad, muchos de los escogidos de Dios siguen a ciegas. Puede que el líder sea alguien bueno, y ellos lo siguen; puede que el líder sea malo, y también lo van a seguir, no saben diferenciar. La senda por la que caminan los fieles, está directamente relacionada con la senda que recorren los líderes y obreros, y puede ser influenciada a diversos niveles por esos líderes y obreros” (‘Tratan de ganarse a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Descubrí que el hecho de que un líder busque o no la verdad y en qué senda está no solo repercute en él, sino también en la entrada en la vida de los hermanos y hermanas y en el trabajo de la iglesia. Si el pueblo escogido de Dios tiene un buen líder que lo riegue y sustente, es más fácil que permanezca en la senda de búsqueda de la verdad y la salvación. Sin embargo, con un mal líder que no tenga un entendimiento puro de las palabras de Dios o no practique la verdad, que no conozca por experiencia las palabras de Dios, que solo tenga cierta inteligencia, algunos dones y únicamente sepa hablar de doctrinas, el pueblo escogido de Dios no recibirá sustento y terminará hundido. Que aquella líder promoviera a la hermana Song contra los principios era un problema que podía repercutir en la salvación de los hermanos y hermanas. Supe que tenía que proteger la labor de la iglesia, atender a la voluntad de Dios y denunciarlo a un líder superior. La hermana Song no era apta para ejercer de líder; debía estar en un puesto adecuado. Sería mejor para ella, para el trabajo de la iglesia y para la entrada en la vida de todos.

A la mañana siguiente escribí a la líder, la hermana Wang, para pedirle una reunión. Le dije que la hermana Song era creyente desde hacía casi 10 años, por lo que sí entendía algunos aspectos de la verdad y parecía decidida en esta senda, y que dejar de lado a Dios para volver al mundo durante tres años sin mediar palabra no fue una debilidad temporal, sino una traición a Dios y una grave ofensa contra Él. Dios tiene dignidad y Su amor y misericordia por los seres humanos tienen unos principios. Si la hermana Song no se arrepentía sinceramente, le costaría recibir la obra del Espíritu Santo. No leyó las palabras de Dios durante años y no sabe resolver las dificultades de los hermanos y hermanas en el deber o en su entrada en la vida. Le dije que su promoción a aquel puesto fue contraria a los principios. Contestó que no conocía los antecedentes de la hermana Song, así que los estudiaría. Unos diez días después, la hermana Wang vino a decirme que la hermana Song era entusiasta en el deber, por lo que era adecuada y podía asumirlo. Según ella, debíamos tratarla justamente. Yo respondí que no era que no pudiéramos tratarla justamente, sino que, de acuerdo con los principios, no debía ser líder y que fue un error promoverla así. También intervino la hermana que tenía por compañera para alegar que la hermana Song no había leído las palabras de Dios durante años y no sabía resolver los problemas reales de los demás. Si nos empeñábamos en mantenerla en ese puesto, sería un perjuicio para otras personas. Pero la hermana Wang no dejaba de insistir en que era la persona adecuada y la líder superior tenía autoridad para promoverla. Luego me preguntó si quería hablar de alguna cosa más. Para mí, sus palabras no se ajustaban a los principios de la verdad, pero dudé al ver su inflexibilidad. Pensaba que si la líder superior quería a la hermana Song en ese deber y yo no dejaba de manifestar objeciones, la hermana Wang podría creer que estaba siendo arrogante, excediéndome, negándome a respaldarlas en su labor y siendo injusta. Podría dificultarme las cosas, destituirme del deber o incluso mandarme de vuelta a casa. Huyendo del Partido Comunista por cause de mi fe, ¿dónde iría si me decían que me marchara? Supuse que iba a cometer un error si hablaba de más, que podría dar mi opinión si protestaba otro más adelante. Así pues, le dije a la hermana Wang que lo admitiría y continuaría recapacitando acerca de lo que no entendiera. Los siguientes días, me sentía sumamente culpable al pensar en lo falsa que había sido por protegerme a mí misma. Oraba y oraba.

Buscando, descubrí este pasaje de las palabras de Dios: “La mayoría de las personas desean buscar y practicar la verdad, pero gran parte del tiempo simplemente tienen la determinación y el deseo de hacerlo; la verdad no se ha convertido en su vida. Como resultado, cuando se topan con las fuerzas del mal o se encuentran con personas malvadas y malas que cometen actos malvados o con falsos líderes y anticristos que hacen las cosas de una forma que viola los principios —y provocando que la obra de la casa de Dios sufra pérdidas y dañando a los escogidos de Dios— las personas pierden el coraje de plantarse y decir lo que piensan. ¿Qué significa cuando no tienes coraje? ¿Significa que sois tímidos o poco elocuentes? ¿O que no tenéis un entendimiento profundo y, por tanto, no tenéis la confianza necesaria para decir lo que pensáis? Nada de esto; lo que pasa es que estás siendo controlado por diversos tipos de actitudes corruptas. Una de estas actitudes es la astucia. Piensas primero en ti mismo y piensas: ‘Si digo lo que pienso, ¿cómo va a beneficiarme? Si digo lo que pienso y provoco que alguien se disguste, ¿cómo nos llevaremos bien en el futuro?’. Esta es una mentalidad astuta, ¿cierto? ¿No es esto resultado de un carácter astuto? Otra es una actitud egoísta y mezquina. Piensas: ‘¿Qué tiene que ver conmigo una pérdida para los intereses de la casa de Dios? ¿Por qué debería importarme? No tiene nada que ver conmigo. Aunque lo vea y oiga, no tengo que hacer nada. No es mi responsabilidad, no soy líder’. En tu interior se encuentran esas cosas, como si hubieran surgido de tu mente inconsciente y ocuparan posiciones permanentes en tu corazón; son las corruptas actitudes satánicas del hombre. Estas actitudes corruptas controlan tus pensamientos, te atan de pies y manos y controlan tu boca. Cuando quieres decir algo de corazón, las palabras llegan a tus labios, pero no las dices o, si hablas, lo haces con rodeos, con un margen de maniobra: no hablas claro en absoluto. Los demás no sienten nada cuando te oyen y lo que has dicho no ha resuelto el problema. Piensas para tus adentros: ‘Bueno, he hablado. Tengo la conciencia tranquila. He cumplido con mi responsabilidad’. En realidad, dentro de ti sabes que no has dicho todo lo que debías, que lo que has dicho no ha hecho efecto y que se mantiene el perjuicio a la obra de la casa de Dios. No has cumplido con tu responsabilidad, pero dices abiertamente que has cumplido con ella o que no tenías claro lo que estaba sucediendo. ¿Es eso cierto? ¿Y de verdad es lo que piensas? ¿No estás entonces completamente bajo el control de tus actitudes satánicas?” (‘Solo quienes practican la verdad temen a Dios’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Con lo revelado por Dios, comprendí que no practicar la verdad o no proteger los intereses de la iglesia proviene exclusivamente de una naturaleza astuta, egoísta y vil. “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “quien mucho habla mucho yerra”, “cuantos menos problemas, mejor”, y “un funcionario provincial no puede mandar a los que están a su alrededor como puede hacerlo uno local”, “Todas las miradas van al más notable”, eran filosofías satánicas que se habían convertido en mis lemas. Solo pensaba en mis propios intereses en todo. No me cabía la menor duda de que la hermana Wang se equivocaba respecto a la promoción de la hermana Song, que eso sí infringió los principios, pero temía la represión si insistía en mis opiniones, no tener escapatoria. Por eso transigí y contradije a mi corazón al afirmar que lo admitiría y trabajaría para entenderlo mejor. Parecía cumplir obedientemente con el deber y estar practicando la verdad, pero cuando tuve que defender la casa de Dios miré hacia otro lado como una cobarde, una astuta y una egoísta. Si Dios es santo y justo, ¿cómo iba a salvar a alguien como yo, con un malvado carácter satánico? Leí otro pasaje: “¿Cuál es el estándar a través del cual las acciones de una persona son juzgadas como buenas o malvadas? Depende de si en tus pensamientos, expresiones y acciones posees o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad de la verdad. Si no tienes esta realidad o no vives esto, entonces, sin duda, eres un hacedor de maldad. ¿Cómo considera Dios a los hacedores de maldad? Tus pensamientos y tus acciones externas no testimonian para Dios, no ponen a Satanás no ponen a Satanás en vergüenza ni lo derrotan; en cambio, ellos hacen que Dios se avergüence, en todo son la señal de provocar que Dios se avergüence. No estás testificando para Dios, no te estás entregando a Dios y no estás cumpliendo tu responsabilidad y obligaciones hacia Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Cuál es la implicación de ‘para ti mismo’? Para Satanás. Así que, al final Dios dirá: ‘Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’. A los ojos de Dios tus acciones no han sido buenas, sino que tu comportamiento se ha vuelto malvado. En lugar de obtener la aprobación de Dios, serás condenado. ¿Qué busca obtener alguien con una fe así en Dios? ¿Acaso no se quedaría esta fe en nada al final?” (‘Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). Las palabras de Dios me enseñaron que Él no solo mira nuestros sacrificios y esfuerzos superficiales, sino si tratamos de satisfacerlo en el deber, si tenemos testimonio de práctica de la verdad. Si yo solo aparentaba sacrificarme mucho, pero mis motivaciones y objetivos eran para mi propio beneficio y seguía viviendo en función de mi carácter corrupto y de las reglas satánicas de supervivencia, no daría testimonio de Dios en el deber, sino que, en realidad, le daría a Satanás la ocasión de humillar a Dios. A ojos de Dios, eso es hacer el mal, lo que le repugna. A Dios no le importa la buena conducta superficial del hombre. La clave es practicar la verdad, defender los principios, estar de parte de Dios y proteger los intereses de Su casa.

Luego leí otro pasaje de las palabras de Dios que me aportó una senda de práctica. “Deberías saber si existe fe y lealtad verdaderas dentro de ti, si tienes un registro de sufrimiento por Dios, y si te has sometido enteramente a Él. Si careces de estas cosas, entonces dentro de ti sigue existiendo desobediencia, engaño, codicia y descontento. Debido a que tu corazón dista mucho de ser honesto, nunca has recibido el reconocimiento favorable de Dios y nunca has vivido en la luz. Cómo resulte el destino de uno al final depende de si tiene un corazón honesto y rojo como la sangre, y de si tiene un alma pura. Si eres alguien muy deshonesto, alguien con un corazón malicioso alguien con un alma sucia, entonces seguramente terminarás en el lugar donde el hombre es castigado, como está escrito en el registro de tu destino. Si afirmas que eres muy honesto y, no obstante, nunca consigues actuar de acuerdo con la verdad o pronunciar una palabra de verdad, entonces, ¿sigues esperando que Dios te recompense? ¿Todavía esperas que Dios te considere como la niña de Sus ojos? ¿Acaso no es absurdo este pensamiento? Engañas a Dios en todas las cosas, así que, ¿cómo podría la casa de Dios dar cabida a alguien como tú, cuyas manos no están limpias?” (‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto me ayudó a entender que tener o no tener un buen destino y resultado depende de mi actitud hacia la verdad, de si entrego o no mi corazón sincero a Dios, de si soy una persona honesta que habla y actúa honestamente. Dios es fiel y espera que lo tratemos con honestidad, atendiendo a Su voluntad, sin pensar en lo que ganamos y perdemos en las cosas. Descubrí que Dios me había guiado para que viera que la promoción de la hermana Song fue contraria a los principios, pero, tras hablar un par de veces con la hermana Wang, comprobé lo mucho que insistía en que era acorde a los principios y en que hasta la líder superior había dado el visto bueno, así que analicé el panorama. Pensé: “‘Un funcionario provincial no puede mandar a los que están a su alrededor como puede hacerlo uno local’, ‘En la fuerza está la razón’. Si sigo insistiendo en mi opinión de las cosas, a lo mejor la hermana Wang me excluye y pierdo mi deber”. Solamente pensaba en mi futuro. Por eso, cuando la hermana Wang terminó de hablar y me preguntó si tenía algo más que decir, cambié inmediatamente de idea y estuve de acuerdo, y no por buenas razones, al afirmar que lo admitiría y trabajaría poco a poco para entenderlo. Pero era una fachada totalmente falsa para intentar engañar y, con ello, poder protegerme. Fue algo muy astuto y falaz. La elección adecuada de líderes repercute directamente en la salvación de los hermanos y hermanas y en el correcto avance del trabajo de la iglesia. A Dios le repugnaba que protegiera mis intereses a costa de Su casa. Sabía que Él me castigaría si no me arrepentía. Ante las consecuencias de no practicar la verdad, abandoné las ideas de mi propio resultado y decidí hablar de ello con los líderes superiores. Supuse que, aunque me destituyeran, sería algo permitido por Dios. Habría una lección para mí y sería una prueba de Dios para comprobar si iba a proteger mis intereses o los de Su casa. Recordé lo señalado en comunión: la comprensión de la verdad es limitada en toda persona, e incluso al comprender un poco debemos confirmarlo igualmente con otras personas que comprendan la verdad y minimizar errores.

Así, hablé más sobre esto con unas hermanas con quienes trabajaba, lo que me ayudó a entender que, si un líder hace algo que infrinja los principios, sea cual sea su categoría, los escogidos de Dios pueden plantearle objeciones y enseñarle la verdad. Si continúa sin resolverse, pueden hablar con un líder superior y denunciarlo. Esa es la voluntad de Dios. No obstante, yo no entendía la justicia de Dios ni sabía que Dios lo ve y lo gobierna todo. Para mí, la casa de Dios era como el mundo exterior, y creía que tenía que fingir que mis superiores tenían razón, que me excluirían y considerarían una enemiga si no les seguía el juego, que me atacarían o echarían y me complicarían las cosas. Por eso no me atreví a insistir en mi argumento, por miedo a excederme y verme oprimida por la líder. Me faltaba fe en que la verdad y la justicia gobiernan en la casa de Dios. Me faltaba auténtica fe en Dios. Que sepa cumplir o no con un deber, así como mi resultado y mi destino, están en las manos de Dios, no en las de ningún líder. Por muy arriba que esté, a un líder que infrinja los principios, que interrumpa el trabajo de la casa de Dios, lo puede delatar y parar Su pueblo escogido. Esto es defender el trabajo de la iglesia y atender a la voluntad de Dios, no extralimitarse. Si nos enfrentábamos a la opresión por delatar y denunciar a una líder, Dios lo estaría permitiendo. Eso mostraría el verdadero rostro de las líderes y nos aportaría un mejor discernimiento. Lo que hablamos me resultó esclarecedor y ya no estaba asustada. Acordamos que había que denunciar ante los líderes superiores los problemas de la hermana Song. Por ello, lo redactamos todo tal como lo entendíamos, prestamos juramento, lo firmamos y lo enviamos.

Sentí una gran calma cuando la denuncia ya estaba en camino. Sin embargo, una semana después, no había venido nadie a investigar el asunto. Empecé a sentirme inquieta. ¿Había retenido algún líder nuestra carta? ¿De verdad iba a perder mi deber? Oré inmediatamente para pedirle a Dios que no me frenaran los pensamientos sobre mi futuro. Días más tarde, la hermana encargada de nuestra carta de denuncia vino a contarnos que había preguntado por ahí y nuestra denuncia era exacta en su totalidad. La hermana Song no tenía una comprensión real de las palabras de Dios para enseñarlas y no sabía resolver problemas. No era apta para ser líder y la iban a destituir. La líder que la había promovido reconoció posteriormente que eso fue contrario a los principios y quería que la supervisáramos, hacer introspección y arrepentirse ante Dios.

Al cabo de unos días, la hermana Wang vino a reunirse con nosotros y admitió que había sido arrogante y terca en el asunto de la hermana Song, y contraria a los principios. Quería arrepentirse. Dado que salieron así las cosas, di sentidas gracias y alabanzas a Dios. Comprobé que en la casa de Dios imperan la verdad y la justicia. Y que absolutamente todos los líderes han de seguir los principios de la verdad y no pueden contradecirlos. Esto me aportó cierta comprensión real del carácter justo de Dios. También descubrí que solo si somos honestos, cumplimos las palabras de Dios y obedecemos los principios de la verdad seguimos el corazón de Dios. Agradezco a Dios que dispusiera esta experiencia inestimable para mí.

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