El juicio de Dios, ¿pretende purificar y salvar, o condenar y aniquilar?

5 Dic 2021

Conforme se extienden los desastres por todo el planeta, los creyentes en el Señor esperan, conteniendo el aliento, que el Señor Jesús venga en una nube y los ascienda al cielo para encontrarse con Él y escapar a los desastres. Sin embargo, aún no han visto el descenso del Señor Jesús en una nube y, en cambio, el Relámpago Oriental da constante testimonio de Su regreso como Dios Todopoderoso encarnado, que expresa verdades para realizar la obra del juicio de los últimos días y, así, purificar y salvar plenamente al hombre. A muchos les resulta asombroso. Piensan: “Supuestamente, el Señor primero arrebata a los creyentes al cielo. Es importante que nos salvemos antes de los desastres. ¿Por qué habría de expresar Dios verdades para realizar la obra del juicio en los últimos días? Si Dios nos ha perdonado los pecados y nos considera justos, ¿qué necesidad hay de un juicio de Dios?”. La mayoría cree que, en los últimos días, el juicio de Dios se dirigirá a los incrédulos, que el juicio es condena y destrucción y que no hará falta juzgar a aquellos a quienes se nos perdonen los pecados. Entonces, ¿el juicio de Dios a la humanidad pretende su purificación y salvación, o su condena y aniquilación? Charlemos hoy de eso.

No obstante, antes de profundizar en ello, hablemos de si el juicio de Dios en los últimos días tiene fundamento bíblico. En realidad, se cita en muchas profecías de la Biblia y, sobre todo, en profecías de boca del propio Señor: “El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:48). “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo, […] y le dio autoridad para ejecutar juicio, porque es el Hijo del Hombre” (Juan 5:22, 27). “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad” (Juan 16:12-13). “Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). También dice el Apocalipsis: “Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Apocalipsis 14:6-7). Son muy claras, ¿no? El Señor vuelve en la carne como el Hijo del hombre, que expresa verdades para realizar la obra del juicio en los últimos días. No cabe duda de esto. Estas profecías citan “la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” y “Él […] os guiará a toda la verdad” para que la gente tenga claro que Dios usa la verdad para juzgar y purificar al hombre en los últimos días y guiarnos a todas las verdades, de modo que la humanidad se libre de pecado y Dios la salve plenamente. Afirma 1 Pedro 4:17: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios”. Esto significa que, en los últimos días, Dios realiza Su obra del juicio comenzando por Su casa, por todos aquellos que hayan aceptado el juicio de Dios de los últimos días. Esto es lo que significa que el juicio comienza por la casa de Dios. Todos aquellos que acepten a Dios Todopoderoso deben aceptar el juicio de las palabras de Dios y no podrán entrar en Su reino hasta que no se hayan purificado. Quienes afirmen aceptar a Dios Todopoderoso, pero no se purifiquen con el juicio, terminarán eliminados y destruidos en los desastres. A los incrédulos se les tratará durante los desastres, pues aquellos que rechacen el juicio de Dios nunca podrán purificarse ni alcanzar la salvación. Se condenarán y serán destruidos. Con esto comprobamos que la obra del juicio de Dios en los últimos días pretende salvar al hombre en la medida de lo posible. Sea o no creyente en el Señor, si acepta el juicio de Dios Todopoderoso y se purifica, estará entre aquellos a quienes Dios salvará plenamente. Todos aquellos que rechacen la obra del juicio de Dios Todopoderoso se condenarán, serán eliminados y solo podrán caer en los desastres. Si nos fijamos en el resultado de la obra del juicio de Dios, ¿es correcto equipararla a la condena y la aniquilación? Gran error. Dios realiza Su obra para arrebatar a los creyentes al reino por medio de la plena salvación a través del juicio y la purificación. ¿No es sumamente trascendente eso? ¿Y por qué hay tantos que no lo ven? Si el juicio de Dios pretendiera condenar y castigar a la gente, ¿qué trascendencia tendría esa obra? Dios podría precipitar directamente los desastres y exterminar a la gente. ¿Para qué tomarse más molestias? Muchos oyen hablar de la obra del juicio de Dios Todopoderoso y ni siquiera la estudian, sino que la juzgan y condenan directamente. ¿Eso no es arrogancia? Todos los creyentes en el Señor idolatran la Biblia y lo basan todo en ella. ¿Por qué no ven que la obra del juicio de Dios de los últimos días coincide totalmente con eso? Hay muchísimas profecías bíblicas de que Dios realizará la obra del juicio en los últimos días. ¿Por qué no reparan en esas profecías? A todas luces, quien no reconozca la obra de Dios de los últimos días está ciego, es un necio y no entiende la Biblia. Todos ellos son arrogantes e irracionales. No han aceptado la obra de Dios de los últimos días y ya han perdido la ocasión de ser arrebatados antes de los desastres. Esto cumple la profecía del Señor Jesús: “Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, echadlo en las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mateo 25:29-30).

¿Por qué habría de ser preciso que los creyentes experimentaran el juicio y castigo de Dios? Ese es otro misterio que la mayoría no comprende, así que vamos a ver qué dice Dios Todopoderoso al respecto. Dios Todopoderoso dice: “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad y se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre; no lo libró de la totalidad de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para librar completamente al hombre de su carácter satánicamente corrompido. Y, así, ahora que el hombre ha sido perdonado de sus pecados, Dios ha vuelto a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza establecida que se resiste a Dios. Por tanto, cuando el hombre ha sido redimido, no se trata más que de un caso de redención en el que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa que existe en su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan contaminado debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser purificado. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es la de la conquista, así como la segunda etapa en la obra de la salvación. El hombre llega a ser ganado por Dios por medio del juicio y el castigo por la palabra, y es por medio del uso de la palabra para refinar, juzgar y revelar que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las aspiraciones individuales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Por todo lo que el hombre pueda haber sido redimido y perdonado de sus pecados, sólo puede considerarse que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre, que vive en un cuerpo de carne, no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando, interminablemente, su carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayor parte de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para el hombre, no podrá salvarlo del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] es más profunda que el pecado; es algo plantado por Satanás y profundamente arraigado dentro del hombre. No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada, y debe depender del juicio por la palabra para lograr este resultado. Sólo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento” (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso son claras. En la Era de la Gracia, el Señor Jesús realizó la obra de redención, con la que concluyó solamente la primera mitad de Su obra salvadora. La fe en el Señor implica que se le han perdonado los pecados a la gente, esta no será condenada por la ley y puede presentarse ante el Señor a orar en comunión con Él para gozar de Su gracia y Sus bendiciones. Esto es lo que logró la obra de redención. Sin embargo, aunque se le hayan perdonado los pecados, la gente no puede dejar de mentir y pecar, con peleas por el beneficio personal, celos y luchas internas, críticas y odio. La gente quiere practicar las palabras del Señor, pero no puede. Vive en un círculo vicioso de pecado, confesión y otra vez pecado, completamente incapaz de escapar. Esto demuestra que, pese a que el Señor perdonó los pecados del hombre, nuestra naturaleza pecaminosa sigue en nosotros. Nuestra naturaleza y nuestro carácter satánicos nos impulsan a pecar. Si no se corrige la raíz del pecado, por más veces que se le perdonen los pecados a alguien, jamás se librará de pecado ni se santificará. No puede evitar pecar y oponerse a Dios. Acuérdate de los fariseos. Adoraban a Dios en el templo y siempre ofrendaban sacrificios, pero no aceptaron al Señor Jesús cuando apareció y obró. Se opusieron a Él y lo condenaron frenéticamente, y hasta hicieron que lo crucificaran, con lo que cometieron un pecado atroz. ¿Qué nos enseña esto? Que, con una naturaleza satánica, por más ofrendas por el pecado que haga alguien para pedir perdón, sigue cometiendo el mal. Dios Todopoderoso ha aparecido y expresado millones de palabras de verdad mientras realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres, lo que exhibe por completo la autoridad y el poder de Dios y ha sacudido el mundo entero. Muchísimas personas religiosas no buscan ni estudian en absoluto, sino que, aferradas a sus nociones, hacen todo lo posible por condenar, oponerse y blasfemar contra la nueva obra de Dios y se mueren por volver a crucificar a Cristo, que expresa la verdad. Esto demuestra que, aunque se le perdonen los pecados al hombre, debido a su naturaleza satánica, continúa oponiéndose frenéticamente a Dios y lo considera un enemigo, incompatible. Si el carácter justo y santo de Dios no tolera ofensa, ¿llevaría Él a Su reino a alguien a quien haya absuelto, pero que siga pecando y oponiéndose a Él? Por supuesto que no. Como declaró el Señor Jesús: “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35). “Seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Y la Biblia, además, dice: “Sin santidad, ningún hombre contemplará al Señor” (Hebreos 12:14). “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). El carácter santo y justo de Dios es inviolable. Quienes se opongan a Dios serán castigados y destruidos y nunca podrán entrar en Su reino. Por eso, cuando el Señor Jesús prometió que volvería en los últimos días, no iba a hacerlo para llevarnos al cielo ni para condenar y destruir directamente a los creyentes con los desastres. Iba a hacerlo para expresar la verdad y realizar la obra del juicio a la naturaleza y el carácter satánicos del hombre, para primero salvar a la humanidad del mal y de las fuerzas de Satanás de modo que nos volvamos totalmente hacia Dios, Él nos conquiste y nos lleve a Su reino. Entonces concluirá la obra de salvación de Dios. Si el juicio de Dios únicamente pretendiera condenar y destruir a la humanidad como imagina la gente, ¿quiénes quedarían de la humanidad corrupta? ¿No acabaría todo el mundo exterminado por Dios por pecar y oponerse a Él? En tal caso, ¿no quedaría en nada el plan de Dios para la salvación del hombre? Por eso se ha encarnado Dios de nuevo en los últimos días de acuerdo con Su plan para salvar a la humanidad. Dios Todopoderoso se ha ocultado humildemente entre los hombres y expresado muchísimas verdades mientras realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, para purificar y salvar a todos aquellos que acepten la obra del juicio de Dios de los últimos días. Lo hace para que podamos librarnos del mal y purificarnos, de forma que seamos dignos que ser llevados al reino de Dios. La obra del juicio de Dios de los últimos días no se trata de condenar ni destruir a la gente en absoluto, sino exclusivamente de su purificación y salvación. Es importante entender la voluntad de Dios. La obra del juicio de Dios de los últimos días para la salvación del hombre es Su paso más importante y aceptar el juicio de Dios Todopoderoso es la única vía para librarnos de la corrupción, purificarnos y salvarnos de los desastres.

Tal vez alguien plantee una pregunta: ¿Cómo purifica y salva Dios Todopoderoso a la humanidad con Su obra del juicio? Podemos hallar las respuestas en las palabras de Dios Todopoderoso. Dios Todopoderoso dice: “Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al realizar Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido por Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios” (‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿A través de qué método se logra el perfeccionamiento del hombre por parte de Dios? Se logra por medio de Su carácter justo. El carácter de Dios se compone, principalmente, de la justicia, la ira, la majestad, el juicio y la maldición, y Él perfecciona al hombre, principalmente, por medio de Su juicio. Algunas personas no entienden y preguntan por qué Dios sólo puede perfeccionar al hombre por medio del juicio y la maldición. Dicen: ‘Si Dios maldijera al hombre, ¿acaso no moriría el hombre? Si Dios juzgara al hombre, ¿acaso el hombre no sería condenado? Entonces, ¿cómo puede todavía ser perfeccionado?’. Esas son las palabras de la gente que no conoce la obra de Dios. Lo que Dios maldice es la desobediencia del hombre y lo que Él juzga son sus pecados. Aunque Él habla con severidad y de manera implacable, revela todo lo que hay dentro del hombre y a través de estas palabras severas revela lo que es sustancial dentro del hombre pero a través de ese juicio le da al hombre un conocimiento profundo de la sustancia de la carne y, así, el hombre se somete delante de Dios” (‘Solo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer la hermosura de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios ha venido para obrar en la tierra con el fin de salvar a la humanidad corrupta, no hay falsedad en esto. Si la hubiera, Él ciertamente no habría venido a cumplir con Su obra en persona. En el pasado, Su medio de salvación implicaba mostrar el máximo amor y compasión, tanto que le dio Su todo a Satanás a cambio de toda la humanidad. El presente no tiene nada que ver con el pasado: La salvación que hoy se os otorga ocurre en la época de los últimos días, durante la clasificación de cada uno de acuerdo a su especie; el medio de vuestra salvación no es el amor ni la compasión, sino el castigo y el juicio para que el hombre pueda ser salvado más plenamente. Así, todo lo que recibís es castigo, juicio y golpes despiadados, pero sabed que en esta golpiza cruel no hay el más mínimo castigo. Independientemente de lo severas que puedan ser Mis palabras, lo que cae sobre vosotros son solo unas cuantas palabras que podrían pareceros totalmente crueles y, sin importar cuán enfadado pueda Yo estar, lo que viene sobre vosotros siguen siendo palabras de enseñanza y no tengo la intención de lastimaros o haceros morir. ¿No es todo esto un hecho? Sabed esto hoy, ya sea un juicio justo o un refinamiento y castigo crueles, todo es en aras de la salvación. Independientemente de si hoy cada uno es clasificado de acuerdo con su especie, o de que las categorías del hombre se dejen al descubierto, el propósito de todas las palabras y la obra de Dios es salvar a aquellos que verdaderamente aman a Dios. El juicio justo se realiza con el fin de purificar al hombre, y el refinamiento cruel con el de limpiarlo; las palabras severas o el castigo se hacen ambos para purificar y son en aras de la salvación” (‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras leer las palabras de Dios, ¿no tenemos más claro cómo lleva a cabo Su obra del juicio? Muchos no entienden la obra de Dios, por lo que, al ver los términos “juicio” y “castigo”, piensan en la condena y el castigo de Dios. No podrían estar más equivocados. Según la ley, el juicio solo suponía cohibir conductas por medio del castigo, pero no abordar la naturaleza pecaminosa de la gente. Sin embargo, el juicio de Dios trata, principalmente, de expresar la verdad para juzgar y revelar nuestra naturaleza interna y nuestro carácter satánicos, y delatarnos por todos los medios, como el trato, la disciplina y las pruebas. Es así para que verdaderamente veamos nuestra esencia corrupta, la realidad de nuestra corrupción, nos detestemos, demos la espalda a la carne, practiquemos la verdad y nos arrepintamos realmente. Las palabras de Dios Todopoderoso revelan, incisivas, las manifestaciones del carácter satánico del hombre, nuestras viles motivaciones, nuestras impurezas corruptas y nuestros ridículos puntos de vista. Ante las palabras de juicio de Dios, descubrimos que ansiamos las bendiciones en nuestra fe, sin nada de sinceridad hacia Dios. Nos sacrificamos un poquito, pagamos un pequeño precio y nos creemos con derecho a la gracia de Dios y a la entrada en el reino. Sin embargo, al afrontar las pruebas culpamos a Dios, razonamos con Él y ni siquiera queremos seguir trabajando para Él. No le tenemos obediencia alguna. Es evidente que carecemos de la realidad de la verdad, pero hablamos de doctrinas para presumir y recibir admiración. Siempre protegemos nuestra reputación y nuestro estatus y discrepamos de los demás aunque sepamos que sus opiniones son conformes a la verdad. Somos arrogantes, obstinados y carentes de toda humanidad y razón. Con el juicio de las palabras de Dios descubrimos cuán a fondo nos ha corrompido Satanás, que somos arrogantes, astutos, malvados y manifestaciones vivas del diablo. No tenemos dónde escondernos y nos avergonzamos. Llenos de pesar, oramos, nos maldecimos y queremos dejar de vivir inmersos en nuestra corrupción satánica. Además, experimentamos la justicia y santidad de Dios, que Él examinará y delatará cualquier corrupción que tengamos, que Su carácter es inviolable y que seguro que nos castigará si no nos arrepentimos y cambiamos. Luego cultivamos la veneración por Dios. Después de muchas veces juzgados, castigados, podados, tratados, probados y refinados, nuestro carácter corrupto se purifica y transforma gradualmente. Nos volvemos mucho más humildes, más razonables de palabra y obra. Aceptamos y nos sometemos a todo lo que concuerde con la verdad, venga de quien venga, y tenemos muchas menos impurezas en el deber. Con o sin bendiciones de Dios, y sin importar nuestro resultado y destino final, nos alegra someternos a Dios y cumplir con el deber de un ser creado. Con el juicio de Dios Todopoderoso podemos, por fin, librarnos de pecado, vivir con auténtica semejanza humana y alcanzar la verdadera libertad. ¡El juicio y el castigo de Dios son, realmente, Su amor y salvación más grandes para la humanidad! Sin ellos nunca nos conoceríamos ni podríamos ver la verdad de nuestra corrupción. Seguiríamos viviendo en sueños, creyéndonos con derecho al reino porque se nos perdonaron los pecados y esperando a que el Señor nos arrebate para gozar de Sus bendiciones. Eso es verdadera ignorancia y desvergüenza. Hemos experimentado realmente que el juicio y castigo de Dios Todopoderoso son el único modo de dehacernos de la corrupción, purificarnos y entrar al reino. Podría afirmarse que el juicio de Dios Todopoderoso es la única senda que tenemos para librarnos de pecado, ser plenamente salvados por Dios y entrar al reino. Como dicen las palabras de Dios Todopoderoso: “En su vida, si el hombre quiere ser limpiado y lograr cambios en su carácter, si quiere vivir una vida que tenga sentido y cumplir su deber como criatura, entonces debe aceptar el castigo y el juicio de Dios, y no debe dejar que se aparten de él la disciplina de Dios ni Sus azotes, para que se pueda liberar de la manipulación y la influencia de Satanás y pueda vivir en la luz de Dios. Sabe que el castigo y el juicio de Dios son la luz, y la luz de la salvación del hombre, y que no hay mejor bendición, gracia o protección para el hombre” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Han pasado tres décadas desde que Dios Todopoderoso comenzara la obra del juicio en los últimos días. Muchos de los escogidos de Dios la están viviendo, libres de corrupción y purificados poco a poco, y se ha formado un grupo de vencedores antes de los desastres. Tienen un hermoso testimonio de haberse librado de pecado, de haberse salvado, de haber derrotado a Satanás en la persecución y la dificultad, de sincero arrepentimiento durante el juicio y castigo de las palabras de Dios, de páctica de la verdad, de honestidad, de sometimiento a Dios durante las pruebas y refinaciones, etc. Estos testimonios se han convertido en vídeos, disponibles en internet, que dan testimonio al mundo de la obra de Dios de los últimos días para que toda persona abra los ojos y se convenza plenamente. Cada vez más gente, de todo país y denominación, que ama la verdad reconoce la voz de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso y se presenta ante el trono de Dios. El evangelio del reino ha dado la vuelta al mundo y está a punto de cumplirse de forma espectacular. Es obvio que se está cumpliendo el juicio de Dios de los últimos días, que comienza por Su casa. Ya se están precipitando los desastres y cualquiera que abra los ojos ve que han empezado los grandes desastres. Quienes acepten el juicio de Dios Todopoderoso y purifiquen su corrupción serán protegidos en los desastres y entrarán al reino de Dios. Quienes no piensan más que en bendiciones y en entrar al reino sin aceptar la verdad, el juicio y la purificación de Dios son la cizaña, los incrédulos delatados por la obra de Dios de los últimos días. Dios ya los ha condenado, descenderán al infierno y serán castigados cuando lleguen los desastres. Esto cumple las palabras de Dios Todopoderoso. “Cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, esta será la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti, pero deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno a ser castigado. Ese será el momento del final del plan de gestión de Dios, y será cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malos. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando sólo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán regresado ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Sólo aquellos que persisten en la creencia de que ‘El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso Cristo’ se verán sometidos al castigo eterno, porque sólo creen en el Jesús que exhibe señales, pero no reconocen al Jesús que proclama un juicio severo y manifiesta el camino verdadero y la vida. Y por tanto, sólo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo puede recompensar Jesús a semejantes degenerados?” (‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios durante los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, los que entran en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá adquirido después de que hayan pasado Su obra final de purificación. Estos humanos a los que Dios finalmente haya adquirido entrarán en el reposo final. El objetivo esencial de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y prepararla para el día del reposo final. Sin esta purificación, nadie de la humanidad podrá ser clasificado en diferentes categorías según su especie ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Solo la obra de purificación de Dios purificará a los humanos de su injusticia y solo Su obra de castigo y juicio traerá a la luz aquellos elementos rebeldes entre la humanidad, separando de ese modo a los que pueden ser salvados de los que no, y aquellos que permanecerán de los que no. Cuando esta obra termine, todas aquellas personas a las que se les permita permanecer serán purificadas y entrarán en un estado superior de humanidad en el que disfrutarán de una segunda vida humana más maravillosa sobre la tierra; en otras palabras, comenzarán su día del reposo humano y convivirán con Dios. Después de que aquellos a los que no se les permite permanecer hayan sido castigados y juzgados, su verdadera forma de ser se revelará por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no incluirá ya a nadie de ese tipo de personas; tales personas no son aptas para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco para participar en el día del reposo que Dios y la humanidad compartirán, porque son blanco del castigo, son malvadas y no son justas. […] Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien es para purificar por completo a todos los humanos para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santa al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es la más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión” (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

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