Yo experimenté la salvación de Dios

20 Abr 2018

Por Cheng Hao, provincia de Hunan

El deber que mi esposa y yo cumplimos en la iglesia es el de predicar el evangelio. No hace mucho, ascendieron a mi esposa a directora del grupo evangélico, mientras que yo, como resultado de mi propia arrogancia y de mi mal comportamiento, perdí la obra del Espíritu Santo y fui enviado a casa para reflexionar sobre mis actos. Puesto que mi esposa y yo comenzamos a llevar a cabo al mismo tiempo nuestros deberes, me resultó difícil digerir el hecho de que ella fuera ascendida al tiempo que a mí me separaran de mis tareas. Se me llenaban los ojos de lágrimas al pensar: “Dios está ubicando a cada uno dentro de su especie y, puesto que he sido rechazado, esto, por cierto, significa que he sido relevado y eliminado. ¡Ah! ¿Quién hubiera pensado que luego de todos estos años, mi vida como creyente terminaría en este tremendo fracaso? Todo lo que puedo hacer es esperar mi castigo”. Luego me dirigí a casa con un peso en el corazón. A partir de ese momento me sentí hundido en la derrota, lleno de malentendidos y echándole la culpa a Dios. Estaba encerrado, con desasosiego en la oscuridad.

Un día, me topé por casualidad con los siguientes dos pasajes de la palabra de Dios: “Nunca dije que no tuvierais perspectivas futuras, mucho menos que tuvierais que ser destruidos o caer en la perdición. ¿Acaso he anunciado públicamente tales cosas? Tú dices que no tienes esperanza, pero ¿acaso no es esta una conclusión que has sacado tú mismo? ¿Acaso no es esto el efecto de tu propia mentalidad? ¿Cuentan tus propias conclusiones?” (‘Debes dejar de lado las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para traer la salvación al hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”). “No ves el carácter justo de Dios y siempre lo malinterpretas y distorsionas Sus intenciones, y esto provoca que siempre seas pesimista y pierdas la esperanza. ¿No es esto autoinfligido? […] No entiendes en absoluto Su obra ni Su voluntad; aún más, no entiendes el concienzudo esfuerzo que Dios ha puesto en Su obra de gestión de seis mil años” (‘La voluntad de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Al leer estos pasajes, me di cuenta de lo siguiente: ¿Acaso Dios no está hablando de mí? Tan pronto como me enteré que la iglesia me había alejado, supuse y llegué a la conclusión de que había sido revelado y eliminado y que había perdido la fe ante la búsqueda de la verdad. Que vivía en un estado continuo de negatividad y malos entendidos, totalmente resignado a mi propio fracaso. En ese instante, miré dentro de mi corazón, preguntándome: “¿Realmente comprendes por qué estás experimentando este infortunio? ¿De verdad comprendes la voluntad de Dios? ¡Por supuesto que no! ¡No la comprendo! ¿Entonces por qué hago conjeturas extrañas y tengo ideas sin fundamento? ¿No era esto demasiado arrogante, demasiado traicionero? ¿No me había relegado a este lugar de sufrimiento oscuro? ¡Cuán tonto, cuán absurdo había sido!”. Entonces, me acerqué a Dios en oración, pidiéndole que me esclareciera para poder entender Su voluntad en esta reciente revelación. Posteriormente, vi este pasaje de la palabra de Dios: “En todo lo que Él hace, Dios es realmente amoroso hacia vosotros. No tiene malas intenciones. Él os juzga por vuestros pecados, para que os examinéis y recibáis esta tremenda salvación. Todo esto se hace con el fin de que el hombre sea completo. De principio a fin, Dios, ha hecho todo lo posible para salvar al hombre y no alberga deseos de destruir completamente al hombre que creó con Sus propias manos. Hoy, Él ha venido entre vosotros para obrar; ¿no es esa salvación aún más grande? Si Él os odiara, ¿seguiría haciendo una obra de tal magnitud para guiaros personalmente? ¿Por qué iba a sufrir así? Dios no os odia ni tiene malas intenciones hacia vosotros. Deberíais saber que el amor de Dios es el más verdadero de todos. Él tiene que salvar a las personas por medio del juicio sólo porque estas son desobedientes; si no fuera por eso, salvarlas sería imposible. […] Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados, Él no puede soportar veros vivir en esta tierra inmunda como hacéis ahora, pisoteados por Satanás a su antojo, y no soporta dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de personas y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para la salvación” (‘La verdadera historia de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las sentidas palabras de Dios dieron calidez a mi corazón y me despertaron de mi adormecido desencanto. Resultó ser que, a pesar de que mi situación parecía ser sombría a primera vista, en realidad Dios me estaba otorgando Su amor, y me entregaba Su salvación. No era, como yo pensaba, que iba a ser eliminado. Yo había sido arrogante e intransigente, llevando a cabo mis deberes con un abandono imprudente y descuidado. Dios simplemente no podía soportar verme seguir estando pisoteado por Satanás. No podía tolerar ver cómo me hundía cada vez más y especialmente no podía soportar verme enfrentar el castigo por ofender el carácter de Dios por vía del mal comportamiento. Entonces, a través del juicio y del castigo, Él me trajo salvación, bendiciéndome con Su gracia salvadora y ayudándome a escapar de las garras de la corrupción de Satanás. En realidad, el hecho de que me alejaran de la iglesia fue la mayor salvación de Dios. Cuanto más arrogante me volvía, más creaba Dios entornos para enfrentar mis fracasos. Él permitió que mis deseos no se cumplieran para que mi corazón adormecido comenzara a sentir dolor. Actuó a través de este dolor para que reflexionara sobre mis actos, a fin de que comprendiera la esencia de mi naturaleza corrupta y que buscara la verdad para lograr un cambio en mi carácter. Esta es la verdadera obra de la salvación con la que Dios me invistió. Todo lo que Él hizo fue cuidarme y amarme. De lo contrario, seguiría viviendo en pecado sin saberlo, seguiría actuando con imprudencia, interrumpiendo e interfiriendo en la obra evangélica. Finalmente, mis actos hubieran ofendido el carácter de Dios y hubiera sido eliminado por Él. A estas alturas, llegué a ver que la salvación de Dios era muy real. No existe nada falso ni vacío respecto del amor de Dios: es verdadero y real. Sin embargo, yo no pude ver la obra de Dios y Su salvación. No logré ver la seria intención de la salvación de Dios, y en cambio me definí a mí mismo en cada momento mientras que mal entendía y criticaba a Dios y vivía en un abandono pesimista. ¡Cuán irracional fui! ¡No era digno de recibir el juicio y el castigo de Dios!

Querido Dios: ¡Gracias! Por medio de esta experiencia, me doy cuenta de que Tu salvación es verdadera y de que Tu juicio y Tu castigo están llenos de amor. Sin ellos, nunca me hubiera mirado de manera sincera. Hubiera continuado viviendo en corrupción, en una espiral descendente, pisoteado por Satanás y finalmente arrastrado por él. Por medio de esta experiencia, también me doy cuenta de que Tu esencia es el amor y que todos Tus actos apuntan a salvar a la humanidad. Dios, juro dedicarme por completo a buscar la verdad y a comenzar de nuevo. Independientemente de cuál sea el resultado, prometo llevar a la práctica mi deber como criatura para cumplir con Tu voluntad.

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