La tranquilidad de mantenerte en tu deber

5 Jun 2022

Por Jiang Ling, España

Conforme se difunde el evangelio del reino, cada vez más gente estudia y acepta la obra de Dios de los últimos días, y los hermanos y hermanas están ocupados difundiendo el evangelio y regando a nuevos fieles. Cuando trasladaban a hermanos y hermanas de mi entorno a predicar el evangelio, me emocionaba mucho. Dios ha aparecido y obrado en la carne 30 años. Su obra se acerca a su fin, el gran desastre ha comenzado y este es el momento crucial para difundir el evangelio del reino. Difundir el evangelio es la mayor buena acción que hay, por lo que, si yo también pudiera predicarlo y llevar a más gente ante Dios, sería perfecto. Seguro que Dios lo recordaría y bendeciría. Esperaba con ansia el día en que este pudiera ser mi deber. Aunque sabía que llevaba más que nadie en el equipo y era su líder, con lo que el traslado no era probable, sin embargo esperaba con ansia el día en que pudiera predicar el evangelio.

En una reunión oí hablar a unos hermanos y hermanas que lo predicaban de cómo se amparaban en Dios para llevar paso a paso ante Él a objetivos de evangelización y de cómo, al hacerlo, contemplaban la guía de Dios y adquirían más confianza en Él. Sentí mucha envidia al oírlo. Predicaban el evangelio para ganarse a la gente y favorecían el trabajo de la iglesia, ¿pero yo? Me pasaba el día creando imágenes y no sabía cuánto influía eso en la difusión del evangelio. No podía evitar preocuparme por no contribuir mucho a la casa de Dios. De continuar así, cuando concluyera la obra de Dios, a saber si yo sobreviviría. No obstante, siempre ocupada creando imágenes, no tenía tiempo de predicarlo. Pensé: “Ya que no puedo predicar el evangelio, puedo crear más imágenes para que las usen mis hermanos y hermanas cuando prediquen. De ese modo también participaré de los resultados de la labor evangelizadora”. En realidad, algunas imágenes solo requerían una versión para lograr el efecto deseado, pero yo siempre quería crear una versión más, por lo que siempre tardaba más en acabar, lo que demoraba el progreso del trabajo. Y en esa época no me interesaba mucho hacer que el equipo estudiara competencias profesionales. Entendía vagamente que esto era impropio y me sentía algo culpable, pero no hacía introspección. Me tomó totalmente por sorpresa que se borraran y perdieran sin querer muchas imágenes que había creado para predicar. Por entonces estaba muy enojada. Fue en ese momento cuando comprendí que mi estado no era bueno, así que oré a Dios para buscar: “Dios mío, no sé por qué pasó esto. ¿Hice algo en contra de Tu voluntad? Por favor, guíame para hacer introspección y conocerme”.

En una reunión leí este pasaje de la palabra de Dios: “A medida que Mi día se acerca, su deseo se hace cada vez más fuerte. Y entre mayor es el desastre, más los hace impotentes, sin saber por dónde comenzar para hacer que me regocije y evitar perder las bendiciones que por mucho tiempo han anhelado. Una vez que Mi mano comienza su obra, estas personas están ansiosas de actuar para servir como vanguardia. Solo piensan en colocarse en la primera fila de las tropas, profundamente temerosos de que Yo no los vea. Hacen y dicen lo que piensan que es correcto sin nunca saber que sus hechos y acciones nunca han estado relacionados con la verdad y sus acciones solamente perturban Mi plan e interfieren con él. Aunque hayan hecho un gran esfuerzo y puedan ser sinceros en su voluntad e intención de soportar dificultades, nada de lo que hacen tiene que ver conmigo, y como he visto nunca que sus hechos provengan de buenas intenciones, mucho menos los he visto colocar nada sobre Mi altar. Tales han sido sus hechos delante de Mí a lo largo de estos muchos años” (‘Deberíais considerar vuestros hechos’ en “La Palabra manifestada en carne”). Medité las palabras de Dios y reflexioné sobre mi estado reciente. Vi que, cuando los hermanos y hermanas de mi entorno iban a predicar el evangelio, empezaba a emocionarme porque creía que lo que más valora Dios es predicar y llevar a gente ante Él y que este es el deber más valioso. Sin embargo, actualmente me limitaba a crear imágenes en el anonimato, y a saber lo útiles que eran exactamente estas imágenes al predicar, así que me preocupaba no obtener mucho reconocimiento ni un buen destino si continuaba en este deber. Le daba un valor a cada deber creyendo que evangelizar valía más y brindaba una mejor oportunidad de ser bendecida, mientras que mi deber actual no valía nada y ofrecía poca esperanza de recibir bendiciones. Ante el entusiasmo de todos al difundir el evangelio y regar a nuevos fieles, sentía envidia y ansiedad. Quería introducirme en el equipo evangelizador, meterme en primera línea y aportar mucho, pues creía que, de ese modo, seguro que Dios me bendecía. Al comprobar que tenía poca esperanza de evangelizar, quise crear más imágenes para los hermanos y hermanas evangelizadores, a fin de aumentar el valor de mi deber y sin pensar si eso demoraba el progeso del trabajo. Fue entonces cuando descubrí que mi deseo de bendiciones impulsaba todo lo que hacía. No lo hacía en consideración a la voluntad de Dios ni para esforzarme por Él. También me di cuenta de que las imágenes se borraron porque, con ese entorno, Dios me advertía que reflexionara y me arrepintiera mientras pudiera. Cuando me percaté, mi corazón se sintió iluminado, por lo que oré a Dios para decirle que quería obedecer y cumplir contenta con el deber.

Poco después fueron a predicar el evangelio más hermanos y hermanas de nuestro equipo y solo quedamos unos pocos. Me desanimé al instante. Empecé a considerar mi deber totalmente irrelevante e inútil. Pensé: “¿De qué sirve dedicar tanto tiempo y esfuerzo a crear imágenes y estudiar estas competencias? Puede que un día ni siquiera las necesite más. Otros logran predicar el evangelio, dar testimonio de la obra de Dios y llevar a gente ante Él. Ese trabajo tiene sentido. ¿Cuándo lograré por fin dejar de crear imágenes?”. Luego me vine abajo y me sentía oprimida. Era lenta en mi deber diario y no me interesaba nada. Cuando instaba al equipo a aprender competencias, lo hacía mecánicamente. Cuando sonaba la alarma por la mañana, tenía pereza y no quería levantarme. A esas alturas, me di cuenta de que mi estado era incorrecto y me pregunté: “Si siempre he disfrutado este deber, ¿por qué ya estoy tan harta? ¿Por qué siempre quiero predicar el evangelio?”. Me presenté ante Dios a hacer introspección.

Un día leí este pasaje de la palabra de Dios: “El propósito de creer en Dios es recibir bendiciones. ¿Esto no se encuentra en el corazón de todo el mundo? Es un hecho que sí. Aunque la gente no suele hablar de ello e incluso encubre su motivación y su deseo de recibir bendiciones, este deseo y esta motivación que hay en el fondo del corazón de la gente han sido siempre inquebrantables. Sin importar cuántas teorías espirituales comprenda la gente, qué experiencia o conocimiento tenga, qué deber pueda cumplir, cuánto sufrimiento soporte ni cuánto precio pague, nunca renuncia a la motivación por las bendiciones que oculta en el fondo del corazón, y siempre trabaja silenciosamente a su servicio. ¿No es esto lo que hay enterrado en lo más profundo de la gente? Sin esta motivación por recibir bendiciones, ¿cómo os sentiríais? ¿Con qué actitud cumpliríais con el deber? ¿Qué pasaría si se eliminara esta motivación por recibir bendiciones que se oculta en el corazón de la gente? Quizá muchos se volverían negativos, mientras que algunos podrían desmotivarse en el deber. Perderían el interés por su fe en Dios, como si su alma se hubiera desvanecido. Parecería que les hubieran robado el alma. Por eso digo que la motivación por las bendiciones es lo más profundo que hay en las personas. Al cumplir con el deber o vivir la vida de iglesia, tal vez se sentirían capaces de abandonar a su familia y de esforzarse gustosamente por Dios, y creerían conocer ahora su motivación por recibir bendiciones, haber dejado de lado esta motivación y no estar ya gobernadas ni limitadas por ella. Pensarían entonces que ya no tendrían la motivación de ser bendecidas, pero Dios creería lo contrario. La gente solo considera las cosas superficialmente. Sin pruebas, se siente bien consigo misma. Mientras no abandone la iglesia ni reniegue del nombre de Dios y persevere en esforzarse por Él, cree haberse transformado. Cree que ya no se deja llevar por el entusiasmo personal ni por los impulsos momentáneos en el cumplimiento del deber. En cambio, se cree capaz de ir en pos de la verdad, de buscarla y practicarla continuamente mientras cumple con él, de modo que sus actitudes corruptas pueden purificarse y la persona puede alcanzar una transformación verdadera. Sin embargo, cuando suceden cosas directamente relacionadas con el destino y final de alguien, su conducta revela completamente su verdad en su totalidad” (‘Seis indicadores de crecimiento vital’ en “Discursos de Cristo de los últimos días”). La palabra de Dios revelaba mi auténtico estado. Recordé que, cuando comencé a crear imágenes y aprendí la importancia del trabajo profesional, me centré en estudiarlo, deseosa de cumplir bien con el deber. Luego me convertí en líder del equipo. Aunque sabía que tendría que esforzarme y sufrir más, jamás lo rehuí. Creía que Dios bendecía la aportación a deberes importantes y que, cuanto más precio pagara yo, más recibiría. Como cada vez había menos gente en nuestro equipo, imaginé que debía de carecer de importancia este tipo de deber profesional y que yo no progresaría en un futuro creando imágenes, así que, honestamente, ya no quería más ese deber. Aunque en él pudiera dar rienda suelta a mis puntos fuertes, no lo quería. Me interesaba mucho más predicar el evangelio. En esa época casi no pensaba en mis tareas, con lo que era mucho menos eficaz en el trabajo. Fue entonces cuando me di cuenta de que, en mi fe en Dios, nunca había cambiado mi deseo de bendiciones. Quería aprovechar el deber y contribuir a cambio de un hermoso destino. En mi fe en Dios, había conocido muchos entornos en los últimos años y pensaba que había cambiado mi búsqueda. Creía que realmente ya había empezado a esforzarme por Dios, pero la realidad revelaba la impureza de mi fe en Él y mi estatura real. Como mi deber no satisfacía mi deseo de bendiciones, me revolví contra él, me resistí y me desvinculé de él. ¿Cómo podía afirmar que tenía conciencia o humanidad? Al reflexionarlo, me sentí muy arrepentida y culpable. Con lágrimas en los ojos, oré a Dios: “¡Dios mío, qué rebelde soy! Gracias por revelarme en este entorno y hacerme ver mi búsqueda equivocada en mi fe en Ti. Ya no deseo aspirar a las bendiciones en mi fe. Sea cual sea mi deber, solo quiero someterme a Tus instrumentaciones y disposiciones, así que, por favor, guíame para conocerme mejor a mí misma”.

Al día siguiente, durante mis devociones, leí un pasaje de la palabra de Dios. Dios dice: “En los últimos días, Dios viene encarnado a obrar y expresa muchas verdades, revela a la humanidad todos los misterios de Su plan de gestión y provee todas las verdades que la gente debe comprender y en las que debe entrar a fin de ser salvada. Estas verdades y estas palabras de Dios son tesoros para todos los que aman las cosas positivas. La humanidad corrupta necesita las verdades, que también son tesoros invaluables para ella. Cada parte de la palabra de Dios, Sus requisitos y Su voluntad son cosas que la gente debe comprender y captar, cosas que deben respetar para alcanzar la salvación, y son verdades que los seres humanos deben obtener. Sin embargo, los anticristos consideran tales palabras como teorías y consignas, hacen oídos sordos a ellas e incluso llegan a despreciarlas y negarlas. Los anticristos ven las cosas más valiosas de la humanidad como mentiras de charlatanes. Creen que no existe ningún Salvador ni mucho menos la verdad o las cosas positivas en el mundo. Creen que todo lo hermoso o beneficioso debe ser logrado a través de la mano humana y debe obtenerse a partir del esfuerzo humano. Los anticristos piensan que la gente sin ambiciones y sueños jamás tendrán éxito, pero su corazón rebosa de hartazgo y odio por la verdad expresada por Dios. Consideran que las verdades que Él expresa son teorías y consignas, pero creen que el poder, los intereses, la ambición y el deseo son cosas justas en las que hay que centrarse y que deben buscarse. También utilizan el servicio que realizan con sus dones como un medio para negociar con Dios con el objetivo de entrar al reino de los cielos, obtener coronas y gozar de mayores bendiciones. ¿No es eso malvado? ¿Cómo interpretan la voluntad de Dios? Dicen: ‘Dios determina quién manda mirando quién se esfuerza y sufre más por Él y quién paga el precio más alto. Él determina quién puede entrar al reino y quién recibe coronas mirando quién es capaz de ir de aquí para allá, de hablar con elocuencia, y quién tiene el espíritu de un bandido y puede tomar cosas por la fuerza. Como dijo Pablo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia” (2 Timoteo 4:7-8)’. Siguen las palabras de Pablo y creen que estas son ciertas, pero ignoran los requisitos y las declaraciones de Dios para la humanidad, pues piensan: ‘Esas cosas no son importantes. Lo único que importa es que, una vez que haya peleado la batalla y haya terminado la carrera, hay una corona esperándome al final. Es verdad. ¿No es eso lo que quiere decir Dios? Dios ha pronunciado miles y miles de palabras y ha impartido incontables sermones. Lo que Él le quiere decir a la gente es que, si quieres coronas y recompensas, de ti depende pelear, esforzarte, arrebatarlas y tomarlas’. ¿Acaso no es esa la lógica de los anticristos? En el fondo de su corazón, así es como los anticristos ven la obra de Dios, y así es como interpretan Su palabra y Su plan de gestión. Tienen un carácter malvado, ¿verdad? Tergiversan la voluntad de Dios, la verdad y todas las cosas positivas. Consideran el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad como una clara transacción, y consideran el deber que el Creador requiere que la humanidad cumpla como una clara expropiación, agresión, impostura y transacción. ¿No es así el carácter malvado de los anticristos? Ellos creen que para obtener bendiciones y entrar en el reino de los cielos deben realizar una transacción, y que eso es justo, razonable y sumamente legítimo. ¿No es esa la lógica del mal? ¿No es una lógica satánica? Los anticristos siempre tienen esos puntos de vista y esas actitudes en el corazón, lo que demuestra que su carácter es malvado” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). La revelación de la palabra de Dios me agitó el corazón. Dios expresa la verdad para proveer y salvar a la gente. Esta es la gran salvación que otorga Dios a la humanidad y la gente debe amar y obedecer las palabras de Dios. Sin embargo, los anticristos tienen un carácter malvado y nunca toman en serio la verdad expresada por Dios. Por el contrario, priorizan sus intereses por encima de todo. Toman cosas positivas, como el que Dios exprese la verdad para salvar a la gente, y las tergiversan para convertirlas en transacciones entre la gente y Dios, pensando que quien trabaje y sufra más recibe de Él mayores bendiciones. Se sacrifican y esfuerzan por Dios a fin de pedirle una compensación, de lograr su meta de recibir bendiciones. Al cumplir así con el deber, engañan y utilizan a Dios, juegan con la verdad y Dios los desprecia y condena. Comprendí que mis motivaciones y perspectivas de la búsqueda en mi fe en Dios y mi deber eran las de los anticristos. Consideraba una transacción la obra de Dios de salvar a la gente y creía que mi fe en Dios y mi deber debían compensarse como los salarios, como si aquel que trabajara y contribuyera más mereciera las mayores coronas y bendiciones, y el que trabajara y contribuyera menos tuviera poca esperanza de salvarse. Por tanto, quería predicar el evangelio aunque fuera agotador o difícil, y como no se satisfacían mis deseos, holgazaneé. ¿En qué se diferenciaban mis metas, ideas y opiniones de las de los anticristos e incrédulos? Creía en Dios, pero practicaba lo de “cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “no muevas un dedo sin recompensa” y filosofías satánicas similares. En todo, evaluaba mi deber y mi actitud hacia él a través de mis intereses. Siempre quería deberes más importantes para poder presumir más y para que, con ello, todos vieran mis esfuerzos, pues creía que, de ese modo, podría ganarme un buen destino en mi fe. ¡Qué vergonzosas y malvadas mis perspectivas de búsqueda y todas mis acciones! ¿Acaso era eso practicar la verdad y cumplir con el deber? Lo único que hacía era negar la verdad y resistirme a Dios. Me acordé de Pablo, que quería una corona a cambio de su esfuerzo. Aunque predicó el evangelio por toda Europa, sufrió mucho y pagó un alto precio, no se esforzaba sinceramente por Dios y quería premios y entrar en Su reino, razón por la que dijo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia” (2 Timoteo 4:7-8). Las palabras de Pablo tenían amenazas y exigencias a Dios. Lo que implicaban era que, si Dios no lo coronaba y premiaba, Dios no era justo. Pablo creyó muchos años en Dios y, aunque viajó lejos y padeció mucho, sus obras y actos se oponían a Dios, por lo que Él lo condenó y maldijo. Me percaté entonces de que aspirar a las bendiciones en mi fe es un callejón sin salida. Semejante afán es hostil a Dios y acabará recibiendo Su castigo. También di gracias a Dios por ese entorno, que me daba la oportunidad de hacer introspección. Si no, jamás me habría dado cuenta de que mi fe en Dios era impura ni de lo malvados que eran mis objetivos y hasta qué punto detesta eso Dios y le parece repugnante.

Después leí dos pasajes de la palabra de Dios: “Como ser creado, cuando te presentas ante el Creador, debes cumplir con tu deber. Eso es lo correcto y es la responsabilidad que tienes sobre tus hombros. Basado en que los seres creados cumplen con su deber, el Creador ha realizado una mayor obra entre la humanidad. Ha cumplido una etapa más de obra en la humanidad. ¿Y qué obra es esa? Proporciona la verdad a la humanidad, permitiéndole recibirla de Él mientras cumple con su deber, para así deshacerse de su carácter corrupto y ser purificada. Así, satisface la voluntad de Dios y se embarca en la senda correcta de la vida, y al final, es capaz de temer a Dios y evitar el mal, conseguir la salvación completa y dejar de someterse a las aflicciones de Satanás. Este es el objetivo que Dios desearía que la humanidad consiguiera al final al cumplir su deber. Por tanto, el proceso de llevar a cabo tu deber no es solo para que veas claramente alguna cosa y comprendas un poco de la verdad, ni es solo para permitirte disfrutar de la gracia y las bendiciones que recibes al cumplir con tu deber como ser creado. En cambio, es para permitirte ser purificado y salvado y, en última instancia, que llegues a vivir en la luz del rostro del Creador” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). “Los seres creados deben cumplir con su deber para recibir la aprobación del Creador. Los seres creados deben vivir bajo el dominio del Creador. Deben aceptar todo lo que Dios provee, todo lo que viene de Él, y deben cumplir con sus responsabilidades y obligaciones. Esto es ordenado por el Cielo y reconocido en la tierra; es el decreto de Dios. Esto evidencia que, para la gente, cumplir con el deber de un ser creado es más justo, hermoso y noble que ninguna otra cosa que se haga mientras se viva en el mundo del hombre; no hay nada en la humanidad más importante ni digno y nada aporta mayor sentido y valor a la vida de un ser creado que cumplir con el deber de un ser creado. ¿No es así? Para un ser creado, poder cumplir con su deber como tal, poder satisfacer al Creador, es lo más maravilloso que hay entre los hombres y algo que estos deben alabar. Cualquier cosa encomendada por el Creador a los seres creados debe ser aceptada incondicionalmente por ellos; para la humanidad es algo bendecido y glorioso y, para todo ser humano que cumpla con el deber de un ser creado, nada es más maravilloso ni digno de conmemoración; es algo positivo. En cuanto a cómo trata el Creador a aquellos que cumplen con el deber de un ser creado y lo que les promete, esto es asunto del Creador, no de la humanidad creada. Dicho sencillamente y sin rodeos, es cosa de Dios y el hombre no tiene derecho a interferir. Tú recibirás lo que Dios te dé y, si no te da nada, no tienes por qué protestar. Cuando un ser creado acepta la comisión de Dios y coopera con el Creador para cumplir con el deber y hacer lo que puede, esto no es una transacción ni un trueque; las personas no deben tratar de utilizar ninguna actitud ni nada a cambio de bendiciones o promesas de Dios” (‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”). Con la palabra de Dios sentí culpa y remordimiento. En el ancho mar de personas, Dios me había elegido y otorgado la verdad a mí y me enseñaba a vivir con sentido, a comportarme y la senda de vida que debía elegir. Como ser creado, había gozado del riego y la provisión de gran parte de la palabra de Dios, por lo que debía estar agradecida y entregar todo mi corazón a Dios, cumplir incondicionalmente con mi deber de esforzarme por Él, y aspirar a transformar mi carácter vital en el deber y a ser alguien que tema y obedezca sinceramente a Dios. Estas son la conciencia y razón que hay que tener y la senda de vida que hay que tomar. Posteriormente, poco a poco me calmé y dejé de pensar constantemente en la labor evangelizadora. Era capaz de centrame en mi deber del presente y de buscar la verdad en lo que me venía cada día. Al practicar de esta manera, me sentía mucho más tranquila y segura.

En una reunión hablé de mi estado y entendimiento recientes, y una hermana me mandó un pasaje de las palabras de Dios. “En última instancia, que las personas puedan alcanzar la salvación no depende del deber que cumplan, sino de si pueden comprender y obtener la verdad y de si son capaces de finalmente someterse a Dios por completo, de ponerse a merced de lo que Él disponga y convertirse en seres creados aptos. Dios es justo y santo y este es el estándar que usa para medir a toda la humanidad. Recuerda: este estándar es inmutable. Fíjalo en tu mente y no pienses en buscar otra senda para perseguir algo que no es real. Los requisitos y las pautas que Dios tiene para todos los que desean alcanzar la salvación son inalterables para siempre. Son los mismos seas quien seas. Puedes alcanzar la salvación solo si crees en Dios según Sus requisitos y pautas. Si buscas otra senda para perseguir cosas que son vagas e imaginas que tendrás éxito por casualidad, eres alguien que se resiste a Dios y lo traiciona, y sin duda Él te maldecirá y te castigará” (“Discursos de Cristo de los últimos días”). Conforme meditaba las palabras de Dios, mi corazón se iluminaba aún más. Dios no decide el final de una persona en función del deber que cumpla, de cuánto trabaje mi de cuánto contribuya. Más bien depende que la senda que tome en el deber, de si busca y comprende la verdad, y de si es capaz de obedecer a Dios y de transformar su carácter vital, o no. Dios trata a todos de forma justa. Sea cual sea tu deber, has de centrarte en buscar la verdad. Si no, por muy importante que sea tu deber, será en vano.

Luego leí otros dos pasajes de las palabras de Dios y mi corazón se iluminó todavía más. Dios dice: “La labor de difusión del evangelio es un tipo de trabajo específico y complicado que abarca muchas tareas distintas. Cada tarea hay que hacerla bien y con rapidez, y esta es la comisión de Dios. Hay que hacerla bien y debe ser cada vez más eficaz para que sea conforme a la voluntad de Dios. Los demás trabajos profesionales, como el cine, los textos, la música, el arte y la traducción, están presentes para apoyar y apuntalar la labor evangelizadora. Esta es la primera línea de todo el trabajo. Por tanto, los que cumplen con los diversos deberes deben hacer bien su trabajo y lograr los resultados exigidos por Dios. Así participarán de la labor de difusión del evangelio, pues todas estas tareas se encuentran al servicio de su difusión. Todo trabajo debe centrarse en la labor de difusión del evangelio y aportar a esta una provisión inagotable. Actualmente, todos los materiales, obras, películas y videos necesarios para la difusión del evangelio se crean gracias al esfuerzo entre bastidores de muchos del pueblo escogido de Dios. Todo lo que hacen estas personas entre bastidores presta un valioso respaldo a la labor de difusión del evangelio” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). “En la labor de difusión del evangelio del reino, todo el trabajo de la casa de Dios se rige por reglas bien definidas y se hace de manera ordenada. La labor de difusión del evangelio es una tarea crucial, a largo plazo y ardua. Por tanto, los que la asuman, sean supervisores o gente normal que difunde el evangelio, deben comprender de corazón la importancia de este trabajo. Aunque vosotros trabajéis en primera línea del evangelio y cumpláis con el deber, por detrás, es decir, entre bastidores, hay muchos hermanos y hermanas que hacen diversos tipos de trabajos para apuntalar el vuestro y ellos son la fuerza que sostiene la labor de difusión del evangelio. ¿Qué quiero decir con esto? Todo el trabajo de la casa de Dios se centra en la difusión del evangelio y los deberes con los que cumple todo el pueblo escogido de Dios contribuyen al objetivo de difundir el evangelio. Sea cual es el deber con el que cumpla cada uno de los escogidos de Dios, todos están relacionados con la difusión del evangelio. Todo hermano y hermana que cumple con un deber participa de la labor evangelizadora y cada tipo de trabajo está estrecha e íntimamente relacionado con ella. En resumen, todo tipo de trabajo, incluida la propia labor evangelizadora, se lleva a cabo para dar testimonio de la obra de Dios. No hay ningún trabajo no relacionado con el testimonio de la obra de Dios y todo trabajo está estrechamente relacionado con el más importante, que es dar testimonio de Dios. Esta es la verdad” (“Cómo identificar a los falsos líderes”). Con la palabra de Dios entendí que el deber con el que cumpla la gente, en qué momento y en qué sentido, está todo orquestado y dispuesto por Dios. Nuestro deber es la comisión de Dios para nosotros y la misión que Él nos concede. Todo deber, en todos los sentidos, es necesario para difundir el evangelio del reino de Dios y está muy relacionado con la labor evangelizadora. A ojos de Dios, no hay distinción entre deberes nobles y humildes. Como el trabajo tiene distintas necesidades, y la gente, distintos puntos fuertes, a cada cual se le ordena un deber distinto para que todos tengan una función. Debo cumplir bien con el deber, de manera realista, y poner mi granito de arena para difundir el evangelio del reino. Luego me dediqué a aprender competencias profesionales, compartía lo aprendido con mis hermanos y hermanas e instaba a todos a estudiar juntos. Con el tiempo noté que había progresado, ¡y estaba muy agradecida a Dios!

Con esta experiencia aprendí algo de mi motivación por recibir bendiciones en mi fe. Ahora comprendo que, en la fe en Dios, lo principal es buscar la verdad y que he de mantenerme en el lugar de un ser creado, cumplir bien con el deber y no hacer las cosas a cambio de bendiciones. Solo deseo obedecer las instrumentaciones y disposiciones de Dios, cumplir bien con el deber y retribuirle a Dios su amor con un corazón honesto.

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