He encontrado la senda al reino de los cielos

10 Sep 2020

Por Mengai, Taiwán

Dios Todopoderoso dice: “Cuando Jesús vino al mundo del hombre, trajo la Era de la Gracia y terminó la de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, esta vez acabó la Era de la Gracia y trajo la del Reino. Todos aquellos que acepten la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y podrán aceptar personalmente la dirección de Dios. Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad, se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre, pero no lo libró de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió a Jesús cargar con los pecados del hombre como la ofrenda por el pecado, sino también que Dios realizara una obra mayor para librar completamente al hombre de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás. Y así, después de que los pecados del hombre fueron perdonados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio, que llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida” (“La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios son muy claras. El Señor Jesús realizó la obra de redención únicamente para perdonar los pecados a la humanidad. No nos libró de nuestra naturaleza pecaminosa. Todavía es preciso que regrese el Señor en los últimos días a realizar la obra de juicio y purificación, a otorgarnos más verdades y corregir nuestra naturaleza pecaminosa, para que podamos soltarnos totalmente de las ataduras del pecado. Entonces ya no pecaremos ni nos opondremos a Dios y nos haremos obedientes y temerosos de Él. Solo así seremos aptos para entrar en el reino de Dios. Antes no comprendía la obra de Dios. Creía que el Señor nos había perdonado los pecados, por lo que nos justificábamos por la fe y podíamos ir al cielo. Sin embargo, tras más de diez años de fe, seguía pecando constantemente y no sabía practicar las palabras del Señor. Dios es santo y ningún impío puede contemplarlo. Así pues, ¿era posible que una persona que viviera en pecado como yo fuera verdaderamente arrebatada al reino de Dios cuando viniera el Señor? Estaba desconcertada. No lo entendía. Fue al leer las palabras de Dios Todopoderoso cuando comprendí que me faltaba experimentar el paso más crucial de la obra de Dios: la obra del juicio en los últimos días, que comienza por Su casa. En nuestra fe hemos de someternos al juicio de Dios en los últimos días para que se pueda purificar nuestro carácter corrupto. Es la única manera de salvarnos y entrar en el reino. Me gustaría compartir mi experiencia al respecto.

De pequeña iba a la iglesia con mis padres. Me encantaba oír hablar a los hermanos y hermanas de las palabras del Señor. Una vez casada, mi esposo y yo seguimos priorizando el trabajo de la iglesia. Participábamos activamente en los pequeños y grandes servicios religiosos. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que los sermones del pastor eran muy insulsos, que solamente hablaba de tópicos y siempre nos animaba a hacer donativos. Le preocupaba mucho más la economía que nuestra vida. Los pastores y ancianos se disputaban el púlpito y sus puestos e intrigaban unos contra otros. Cada vez asistían menos hermanos y hermanas a los servicios y, cuando lo hacían, se ponían a charlar o a hablar de los placeres materiales y se dormían durante los sermones. Yo no percibía la guía del Señor y me resultaba muy cansino participar en los servicios religiosos. No sabía practicar las palabras del Señor y vivía en un estado de pecado y confesión posterior. Y cuando mi esposo llegaba a casa de trabajar y se enfrascaba en los videojuegos sin hacer otra cosa, no podía evitar regañarlo y reprenderlo y, con tono dominante, le mandaba hacer esto o aquello. No me hacía caso y me irritaba más aún. Incluso verlo hacer algo despacio me resultaba insoportable y lo criticaba por hacer las cosas de manera ineficiente. También él me criticaba siempre, diciendo: “No has cambiado nada en todos estos años como creyente”. Me sentía culpable y recordaba las palabras del Señor Jesús: “¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: ‘Déjame sacarte la mota del ojo’, cuando la viga está en tu ojo?” (Mateo 7:3-4). El Señor nos enseñó a no estar fijándonos siempre en los defectos ajenos y a analizar más los nuestros. Sin embargo, cuando mi esposo decía o hacía algo que no me gustaba, no era tolerante con él. Siempre perdía los estribos y peleábamos. Nuestra relación se estaba deteriorando y yo sufría mucho. Dijo Dios: “Sed santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44). Dios es santo y ningún impío puede contemplar al Señor, pero yo no era capaz de cumplir las enseñanzas del Señor ni de practicar Sus palabras. Incapaz de escapar de las ataduras del pecado, pecaba constantemente. ¿Cómo podría entrar en el reino de los cielos una persona como yo? Este pensamiento me inquietaba.

Una vez, después de un servicio, le pregunté al pastor por mi dilema. Me dijo: “Tranquila. Aunque pequemos a menudo, el Señor Jesús nos ha perdonado todos los pecados. Si continuamos orando y confesándonos ante el Señor, cuando venga nos elevará al reino de los cielos”. Sus palabras no resolvieron mi confusión. La Biblia dice: “Buscad la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26). Está claramente escrito: si no practicamos las palabras del Señor, si pecamos deliberadamente, ya no habrá más sacrificios por los pecados. Entonces, ¿era posible que aquellos que pecan constantemente fueran realmente arrebatados al cielo? No sabía cómo dejar de pecar, así que me esforzaba con la tolerancia y el perdón que enseñó el Señor, pero no sabía ponerlos en práctica. Sufriendo, volví a buscar al pastor. Sacudió la cabeza con impotencia, y dijo: “Tampoco tengo la solución al problema que supone pecar y luego confesar. Incluso Pablo dijo: ‘Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino que el mal que no quiero, eso practico’ (Romanos 7:18-19). Como es inevitable pecar, arrepiéntete y confiésate más ante el Señor, y también yo oraré más por ti”. Estas palabras del pastor fueron muy desalentadoras. Dolida, oré al Señor: “¡Oh, Señor! No quiero pecar, pero verdaderamente no me puedo controlar. Me resulta muy doloroso vivir en pecado, pero no sé cómo escapar de él. Temo que me abandones si sigo así. Señor, te ruego que me salves”.

Donde no llega el hombre, llega Dios. Un día de mayo de 2018, conocí por internet a la hermana Susan. Hablamos mucho de la Biblia. Tenía un conocimiento singular de la Biblia y lo que compartió fue muy esclarecedor, por lo que le conté las preocupaciones y el dilema que planteaba mi búsqueda. Le comenté: “Hace años que creo en el Señor, pero ni siquiera sé practicar el perdón y la tolerancia. Peco constantemente. Me preocupa no entrar en el reino de los cielos. Nuestro pastor afirma que el Señor Jesús nos ha perdonado todos los pecados y que si a menudo oramos y nos confesamos ante Él, nos llevará al cielo cuando venga. Pero yo, en el fondo, sigo confundida. ¿Tú qué opinas?”. La hermana Susan me dijo: “Es cierto que el Señor Jesús nos ha perdonado los pecados, lo que no implica que nos hayamos purificado ni que estemos libres de pecado. El Señor Jesús dijo: ‘Todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35). ‘No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos’ (Mateo 7:21). El Señor Jesús nunca dijo que iríamos al cielo solo porque nos perdonara los pecados y nos dejó muy claro que solo aquellos que hacen la voluntad del Padre podrán entrar en el reino de los cielos. Es evidente que la entrada en el reino de Dios a consecuencia del perdón de nuestros pecados forma parte de las nociones y fantasías humanas y no está fundamentada en las palabras de Dios. En nuestros años de fe hemos comprobado una cosa a ciencia cierta: cuando la gente recibe la fe y se le perdonan los pecados, sigue viviendo en un estado de pecado y confesión y viceversa. Esto demuestra que creer en el Señor y tener el perdón de los pecados no equivale a soltarse de las ataduras y restricciones del pecado y, desde luego, no quiere decir que nos hayamos purificado. Dios es santo. Nunca dejaría entrar en Su reino a alguien todavía capaz de pecar y oponerse a Él. Solo aquellos capaces de obedecer a Dios y hacer Su voluntad pueden entrar en el reino de los cielos”. Al oír lo que hablaba, pensé: “Eso es. Si Dios nos permitiera entrar en el reino de los cielos a nosotros, que siempre estamos pecando, ¿cómo podría manifestar Su santidad?”.

Continuó hablando. “Aunque oramos y nos confesamos ante el Señor y nos esforzamos por practicar Sus enseñanzas, por más que lo intentamos, aún nos limita el pecado. ¿Por qué realmente?”. Entonces leyó unos pasajes de las palabras de Dios. “Aunque Jesús hizo mucha obra entre los hombres, sólo completó la redención de toda la humanidad, se convirtió en la ofrenda por el pecado del hombre, pero no lo libró de su carácter corrupto. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió a Jesús cargar con los pecados del hombre como la ofrenda por el pecado, sino también que Dios realizara una obra mayor para librar completamente al hombre de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás. Y así, después de que los pecados del hombre fueron perdonados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio, que llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida”. “Aunque el hombre ha sido redimido y se le han perdonado sus pecados, sólo se considera que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre vive en la carne y no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando interminablemente el carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayoría de la humanidad peca durante el día y se confiesa por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para ellos, no podría salvarlos del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. […] No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; es incapaz de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Tales efectos sólo pueden conseguirse a través del juicio por la palabra. Sólo así puede el hombre ser cambiado gradualmente de ahí en adelante”. “Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser hecho puro. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación” (“La Palabra manifestada en carne”).

La hermana Susan siguió hablando después de leer esto. “Aunque hayamos recibido la redención del Señor Jesús y nos haya perdonado los pecados, no se ha corregido nuestra naturaleza satánica, que nos impulsa a pecar. Por eso no podemos evitar pecar y oponernos a Dios todo el tiempo ni sabemos practicar las palabras del Señor. En la Era de la Gracia, el Señor Jesús solamente realizó la obra de redención para redimirnos de nuestros pecados, de forma que pudiéramos escapar de la condena y las limitaciones de la ley, ser aptos para presentarnos ante Dios y disfrutar de la gracia y el gozo que nos otorga. Aunque el Señor Jesús nos perdonó los pecados, no corrigió nuestro carácter y nuestra naturaleza satánicos. Aún somos muy arrogantes, engreídos, tramposos, egoístas y despreciables. Nos sobrevaloramos, siempre queremos tener la última palabra y que los demás actúen como queramos. Cuando alguien hace algo que no nos gusta, lo regañamos y agobiamos. Además, mentimos y engañamos constantemente y nuestras oraciones a Dios son meras palabras y promesas vacías. Hablamos de obedecer y amar a Dios, pero en realidad todo lo hacemos en nuestro propio beneficio. Nos entregamos y sacrificamos por Dios nada más que para que nos bendiga y entremos en Su reino. Estamos contentos cuando recibimos la gracia del Señor, pero ante las dificultades o las pruebas, somos negativos y nos quejamos. Puede que hasta neguemos o traicionemos a Dios. Estas actitudes satánicas son incluso peores y están más arraigadas que el pecado. Si no se corrigen, probablemente haremos el mal y nos opondremos a Dios en cualquier momento. Aún somos de la calaña de Satanás. ¿Cómo vamos a ser dignos del reino de Dios? Por eso prometió el Señor Jesús que regresaría. Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días, es el regreso del Señor Jesús. Ha expresado todas las verdades que purifican y salvan plenamente a la humanidad. Realiza la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios. Con ella pretende, ante todo, corregir el carácter y naturaleza satánicos de la humanidad corrupta, erradicar el problema que tenemos al pecar y oponernos constantemente a Dios, purificarnos y salvarnos totalmente y llevarnos al reino de los cielos. La obra y las palabras de Dios Todopoderoso cumplen estas profecías del Señor Jesús: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:12-13). ‘No vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:47-48). Y 1 Pedro afirma: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17). Al aceptar el juicio de las palabras de Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días, podemos obtener la verdad. Nuestro carácter satánico puede purificarse y entonces podremos entrar en el reino de Dios”.

Comprobé que lo compartido por la hermana Susan estaba lleno de luz y plenamente de acuerdo con la Biblia. Me convencí totalmente. Comprendí que, en la Era de la Gracia, el Señor Jesús solamente realizó la obra de redención, pero esa no era la obra destinada a corregir la naturaleza pecaminosa de la humanidad. Nuestra fe en el Señor solo nos puede traer el perdón de nuestros pecados y hemos de someternos a la obra del juicio de Dios en los últimos días para corregir la causa de nuestra pecaminosidad, escapar del pecado y purificarnos. Abrí los ojos y vi que había una etapa de la obra de Dios que no había experimentado en mi fe. Había oído hablar a esta hermana de que el Señor Jesús ya había regresado y expresado muchas verdades para realizar la obra del juicio, que comienza por la casa de Dios, con el fin de purificar a la humanidad, salvarla y llevarnos finalmente al reino de Dios. Estaba tan emocionada que, en mi búsqueda, inmediatamente le pregunté a la hermana Susan: “¿Cómo realiza Dios Todopoderoso Su obra del juicio para purificarnos?”.

Me leyó un par de pasajes de las palabras de Dios Todopoderoso. “Cuando Dios se hace carne esta vez, Su obra es expresar Su carácter, principalmente por medio del castigo y el juicio. Usando esto como el fundamento, trae más verdad al hombre, muestra más formas de práctica, y por tanto logra Su objetivo de conquistar al hombre y salvarlo de su carácter corrupto. Esto es lo que hay detrás de la obra de Dios en la Era del Reino”. “En los últimos días Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la esencia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tal como: el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como también la sabiduría y el carácter de Dios, y así sucesivamente. Todas estas palabras son dirigidas a la esencia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra de juicio, Dios no deja simplemente en claro la naturaleza del hombre con sólo unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda, no pueden ser sustituidos con palabras ordinarias, sino con la verdad que el hombre no posee en absoluto. Sólo los métodos de este tipo se consideran juicio; sólo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios” (“La Palabra manifestada en carne”).

La hermana Susan siguió hablando después. “En los últimos días, Dios Todopoderoso expresa la verdad para realizar la obra del juicio. Ha expresado todas las verdades que purifican y salvan plenamente a la humanidad y ha desvelado los misterios de la obra de gestión de Dios. Ha revelado la esencia y verdad de la corrupción satánica de la humanidad, ha desenmascarado y analizado nuestra naturaleza satánica de oposición a Dios y nos ha contado qué actitudes y venenos satánicos hay en nuestra naturaleza, qué estados y razonamientos corruptos surgen de estos venenos satánicos y cómo resolver estas cosas. Las palabras de Dios también aclaran cada aspecto de la verdad; entre ellos, lo que es el sometimiento a Dios, lo que es el auténtico amor a Dios y cómo ser una persona honesta. Nos enseñan a despojarnos de nuestro carácter corrupto y a alcanzar la salvación plena. Asimismo, revelan a la humanidad el carácter santo, justo e imposible de ofender de Dios. Al experimentar el juicio y castigo de las palabras de Dios, poco a poco podemos entender la verdad y llegar a comprender la esencia y realidad de nuestra corrupción satánica. Entonces conseguimos detestar el alcance de nuestra corrupción a manos de Satanás, nos postramos ante Dios arrepentidos y nos centramos en practicar la verdad. Nuestro carácter corrupto puede purificarse y transformarse paulatinamente y podemos adquirir veneración y obediencia hacia Dios. Luego pecamos y nos oponemos a Dios cada vez menos”. La hermana Susan también compartió su experiencia personal conmigo. Me dijo que siempre se había creído más capacitada que otras personas, que era egocéntrica en todo y presionaba a la gente para que aceptara sus opiniones. Marginaba y reprendía a cualquiera que no estuviera de acuerdo con ella. A los demás les resultaba hiriente y agobiante. Con el juicio y las revelaciones de las palabras de Dios, comprendió que vivía según las leyes y la lógica satánicas de “no tengo rival” y “el mundo gira a mi alrededor”. Era sumamente arrogante y no se humillaba ante nadie, pues siempre quería que los demás acataran y obedecieran sus ideas como si fueran la verdad. No tenía veneración por Dios y era absolutamente irracional, lo que disgustaba a Dios y repelía a la gente. Siempre quería que le hicieran caso, una actitud satánica de libro. Satanás es arrogante y presuntuoso y siempre quiere estar en pie de igualdad con Dios. Desea controlar a la gente, que esta le haga caso y lo venere, por lo que Dios lo maldice. Ella sintió miedo al reparar en la naturaleza y las consecuencias del problema, y comenzó a detestarse y a centrarse en practicar la verdad. Se volvió más humilde en su trato con los demás. Ya no los menospreciaba ni cohibía como antes. Era capaz de aceptar más a menudo que otros tuvieran razón si sus ideas estaban de acuerdo con la verdad y se llevaba mucho mejor con la gente. Mi corazón se iluminó al oír cómo hablaba de las palabras de Dios Todopoderoso y su experiencia. Aprendí que Dios está declarando palabras con las que juzga y purifica nuestro carácter corrupto. ¡Qué práctica es esta obra de Dios para salvarnos! Llevaba años creyendo sin poder escapar de las ataduras del pecado. Había vivido con un terrible sufrimiento, ¡pero por fin había encontrado la senda!

Después comencé a leer las palabras de Dios Todopoderoso, a mirar películas evangélicas y oír himnos de la Iglesia de Dios Todopoderoso en una aplicación móvil todos los días. Además, me reunía con hermanos y hermanas para hablar de las palabras de Dios. Percibía de verdad la obra y guía del Espíritu Santo. Comprendí muchos misterios y verdades desconocidos para mí en mis años de fe. Lo disfrutaba enormemente. ¡Dentro de mí sabía que Dios Todopoderoso es el regreso del Señor Jesús!

Posteriormente leí más palabras de Dios Todopoderoso y logré entender un poco mi carácter arrogante. Comprobé que con frecuencia era condescendiente y regañaba a los demás, lo que revelaba mi carácter satánico, algo que Dios detesta. Arrepentida, oraba a Dios. Ya no quería actuar en función de mi carácter satánico ni fijarme siempre en los problemas de los demás. Eso es tremendamente irracional. Cuando mi esposo estaba jugando o haciendo otra cosa que no me gustara, oraba a Dios para sosegar mi corazón y poder hablar tranquilamente con él. Un día, mi marido me dijo inesperadamente: “¡Has cambiado! Eres otra desde que crees en Dios Todopoderoso. Ya no te enojas ni me riñes como antes y eres capaz de aclarar las cosas cuando sucede algo”. En mi interior le di gracias a Dios una y otra vez. Sabía que había logrado todo aquello por medio de las palabras de Dios. Mi mayor sorpresa fue que, en vista de mi transformación, mi esposo también comenzó a leer las palabras de Dios Todopoderoso y aceptó la obra de Dios de los últimos días. Más adelante, gracias a las palabras de Dios, mi marido comprendió que los videojuegos son un método con el que Satanás seduce, controla y corrompe a la gente. Empezó a entender la esencia y el peligro de los videojuegos y ya no lo fascinaban tanto. Ya no discutimos. Leemos juntos las palabras de Dios muy a menudo y hablamos. Ante una dificultad o un problema, buscamos la verdad en las palabras de Dios para hallar el modo de resolverlo. Realmente creo que la obra del juicio de Dios Todopoderoso es justo lo que necesito y crucial para nuestra purificación y salvación plena. Por fin he encontrado la senda de purificación y entrada al reino de los cielos. ¡Demos gracias a Dios Todopoderoso!

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