Un dibujante ve la luz

10 Sep 2020

Por Shen’ai, Taiwán

Dios Todopoderoso dice: “Uno agota toda una vida de energía luchando contra el destino, gasta todo su tiempo ajetreado intentando alimentar a su familia y yendo y viniendo entre la riqueza y el estatus. Las cosas que las personas valoran son la familia, el dinero y la fama, y consideran que son las cosas más valiosas en la vida. Todas las personas se quejan de sus destinos, pero relegan en sus mentes las cuestiones que son más imperativas de examinar y entender: por qué está vivo el hombre, cómo debería vivir, cuál es el valor y el sentido de la vida. Pasan todas sus vidas, por mucho que duren, corriendo de acá para allá buscando fama y fortuna simplemente, hasta que se les esfuma su juventud y se llenan de canas y arrugas. Viven de esta manera hasta que ven que la fama y la fortuna no pueden detener su avance hacia la senilidad, que el dinero no puede llenar el vacío del corazón; que nadie está exento de las leyes del nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte, que nadie puede escapar de lo que el destino le tiene guardado. Solo cuando se ven obligados a hacer frente a la coyuntura final de la vida comprenden verdaderamente que, aunque uno tenga una fortuna inmensa y muchos bienes, aunque uno sea un privilegiado y de alto rango, nadie puede escapar de la muerte y debe volver a su posición original: un alma solitaria, con nada a su nombre” (“La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios es una buena representación de mi propia vida. Yo solía valorar mucho el dinero y el prestigio. Cuando descubrí que tenía talento para dibujar cómics, esperaba poder usarlo como trampolín para cambiar mi vida, para conseguir dinero y prestigio y para que los demás me considerasen un triunfador. Pero cada vez que enviaba un cómic, lo rechazaban. Dediqué más de treinta años de tiempo y esfuerzos a ese objetivo y lo único que conseguí fue agotar la mente y el cuerpo. Solo mediante la salvación de Dios en los últimos días y con la lectura de la palabra de Dios Todopoderoso empecé a pensar en cómo se debe vivir y en el valor de la vida en sí.

Cuando estaba en el instituto, me gustaba dibujar cómics. Dedicaba mucho tiempo a estudiar y a practicar mi afición. A los veinticinco años conocí a un dibujante de cómic. Los aficionados lo rodeaban, lo adoraban, y a mí me dio envidia. Esperaba llegar a ser como él y recibir el respeto de todos. Sabía que me faltaba mucho para ser tan bueno como él. Pero también creía que algún día, si me esforzaba lo suficiente, yo también lograría hacerme un nombre. Estaba tan convencido que dediqué más de diez años a dibujar cómics. Durante aquel tiempo, para perfeccionar mi técnica, no me importaba gastar el salario de varios meses en recursos y materiales para cómics muy caros. Dibujaba todos los días para perfeccionar la técnica. Le dediqué tanto tiempo que acabé con los dedos deformados y empecé a tener problemas en la vista, pero apreté los dientes y seguí adelante soñando con el éxito. Me ponía muy contento cada vez que alguien me felicitaba por mis dibujos. Incluso fantaseaba con que ya era un dibujante famoso, que tenía un buen coche y una buena casa. Pero en realidad era solo un empleado más de una empresa cualquiera. No tenía ninguna posibilidad de hacerme famoso. Por muy buenos que fuesen mis dibujos, ganaba muy poco dinero con ellos. No era el tipo de vida que deseaba.

Hice un gran esfuerzo y superé una prueba para entrar en la mayor editorial de cómics de Asia. Sabía que muchos artistas famosos habían salido de ahí y pensaba que si trabajaba ahí y tenía un poco de suerte, encontraría la fama a la vuelta de la esquina. Una vez, el director de una editorial estaba buscando a un dibujante de la zona para hacer una revista y vino a buscar posibles talentos en nuestra empresa. Cuando me enteré me emocioné muchísimo. Creía que esta era una oportunidad de oro. Por fin iba a poder demostrar mi talento y hacerme un nombre. Pasé mucho tiempo pensando en el proyecto, en el concepto, el material, el guion y el color del cómic. Me impliqué mucho y consulté mucho material de referencia. Unos días después, mi cómic estaba listo. Lleno de esperanza, fui a enseñárselo a mi jefe. Pero, ¿sabéis qué? Mis ideas no le gustaban. Discutimos y acabé por faltarle al respeto. Al final, el jefe eligió el cómic de uno de mis compañeros. Y así, en un momento, se esfumaron mis esperanzas de hacerme un nombre como dibujante.

Después de todo eso, estaba destrozado. Pero no me rendí y envié otro cómic a una editorial. Al editor le encantó y me contrataron como dibujante en esa editorial. Poco tiempo después, nos encargaron a mí y a un editor terminar un cómic. Estaba ansioso por dar lo mejor de mí. Más tarde descubrí que el éxito de nuestro proyecto dependía de aquel jefe al que había ofendido tiempo atrás. En ese momento tuve muchos sentimientos encontrados. Sabía que, por muy bueno que fuese el resultado, el jefe nunca le daría su aprobación. No me quedaba otra alternativa más que rendirme. Tantos años esforzándome tanto para hacer realidad mis sueños para encontrarme con fracasos una y otra vez. Estaba desesperado, no hay palabras para describir el dolor que sentía en mi interior. Creía que el futuro iba a ser todavía más incierto.

Después de eso, durante mucho tiempo, dibujar cómics era la cosa más dolorosa para mí, hasta el punto de que no quería ni agarrar el lápiz. Pero me negaba a renunciar a mi sueño de ser autor de cómics. Después de todo, llevaba muchos años dedicando tiempo y dinero y sacrificando mi salud. ¿Cómo iba a dejarlo sin más? Así que seguí dibujando... Pasaron muchos años y envié muchísimos cómics a editoriales, pero al final todos los proyectos quedaban en nada. Cada fracaso me hacía sentir un gran dolor. Cuando veía las estanterías de las librerías llenas de cómics dibujados por mis antiguos compañeros, mi corazón se llenaba de envidia. Había dedicado más de treinta años a los cómics y no había conseguido nada. No entendía por qué otros hacían realidad sus ambiciones mientras yo no tenía la oportunidad de poner en práctica mi propio talento. ¿Por qué la única cosa por la que me esforzaba, lo que tanto deseaba, nunca se iba a hacer realidad? ¿Era mi destino? ¿Estaba predestinado a no llegar a ser rico y famoso? ¿Por qué la vida era tan dura?

Aunque nunca iba a lograr lo que deseaba, mi corazón estaba ansioso de éxito. Si vislumbraba tan solo un breve destello de esperanza, estaba dispuesto a dar todo lo que tenía. Más tarde descubrí que el mercado del cómic en Europa y Estados Unidos era muy grande, así que decidí orientarme en esa dirección. A lo mejor todavía podía llegar a ser rico y famoso. Entonces me puse en marcha y empecé a aprender estilos de cómic occidentales. Después de algún tiempo, mi primer cómic estaba listo. Estaba entusiasmado. Iba a enviar mi trabajo a una editorial extranjera. Fue entonces cuando vino a mí la salvación de Dios en los últimos días. Aunque sabía que Dios estaba expresando la verdad y haciendo la obra del juicio para limpiar y salvar a la humanidad, yo estaba todo el día con mis cómics y no conseguía tener el corazón en calma. ¡Mucho menos leer la palabra de Dios como se debe! Cuando ya estaba satisfecho y me disponía a enviar mi cómic al extranjero, me di cuenta de que tenía que traducirlo al inglés, lo que me iba a costar mucho dinero. Pero llevaba años gastando todo mi sueldo para dibujar cómics. No tenía dinero para pagar la traducción. Ya solo me quedaba renunciar al sueño de enviar mi cómic al extranjero.

Entonces, un día leí las palabras de Dios Todopoderoso: “La suerte del hombre está controlada por las manos de Dios. Tú eres incapaz de controlarte a ti mismo: a pesar de que el hombre siempre anda con prisas y ocupándose para sí mismo, permanece incapaz de controlarse. Si pudieras conocer tu propia perspectiva, si pudieras controlar tu propio sino, ¿seguirías siendo un ser creado?”. “Como las personas no reconocen las orquestaciones y la soberanía de Dios, siempre afrontan el destino desafiantemente, con una actitud rebelde, y siempre quieren desechar la autoridad y la soberanía de Dios y las cosas que el destino les tiene guardadas, esperando en vano cambiar sus circunstancias actuales y alterar su destino. Pero nunca pueden tener éxito y se ven frustrados a cada paso. Esta lucha, que tiene lugar en lo profundo del alma de uno, causa un dolor profundo, el tipo de dolor que se mete en los huesos, mientras uno está desperdiciando su vida todo ese tiempo. ¿Cuál es la causa de este dolor? ¿Es debido a la soberanía de Dios, o porque una persona nació sin suerte? Obviamente ninguna de las dos es cierta. En última instancia, es debido a las sendas que las personas toman, los caminos que eligen para vivir sus vidas” (“La Palabra manifestada en carne”). Después de pensar en la palabra de Dios, de repente vi la luz. El destino de las personas está en las manos de Dios. No es algo que podamos cambiar por nuestra cuenta. Somos tan solo seres creados, no tenemos forma de saber lo que sucederá mañana. ¿Cómo podríamos tener el control sobre nuestro propio destino? En realidad, el trabajo que hago, mis logros, si podré o no ganarme la vida con eso... Dios ya lo ha decidido hace mucho tiempo. Pero yo no reconocía la soberanía de Dios. Estaba siempre luchando contra mi destino con mi mente y mi talento. Me resistía al dominio de Dios y esperaba en vano alterar mi propio destino. Por eso sufría tanto dolor. Llevaba más de treinta años luchando sin descanso para ser un autor de cómic famoso. Fracasé una y otra vez sin rendirme. Una y otra vez entregaba el fruto de mis esfuerzos, una y otra vez fracasaba. Eso llenaba mi espíritu de un gran dolor. Y todo ese sufrimiento era por elegir un estilo de vida equivocado. La causa de mi dolor era que estaba luchando contra mi destino usando algo que se me daba bien para intentar triunfar.

Entonces seguí leyendo la palabra de Dios Todopoderoso: “En realidad, independientemente de lo nobles que sean los ideales del hombre, de lo realistas que sean sus deseos o de lo adecuados que puedan ser, todo lo que el hombre quiere lograr, todo lo que busca está inextricablemente vinculado a dos palabras. Ambas son de vital importancia para la vida de cada persona y son cosas que Satanás pretende infundir en el hombre. ¿Qué dos palabras son? Son ‘fama’ y ‘ganancia’. Satanás usa un tipo de método muy sutil, un método muy de acuerdo con las nociones de las personas, que no radical en absoluto, a través del cual hace que las personas acepten sin querer su forma de vivir, sus normas de vida, y para establecer metas y una dirección en la vida, y al actuar así, también llegan sin saberlo a tener ambiciones en la vida. Independientemente de lo grandes que estas ambiciones parezcan, están inextricablemente vinculado a la ‘fama’ y la ‘ganancia’. Todo lo que cualquier persona importante o famosa y, en realidad, todas las personas, siguen en la vida sólo se relaciona con estas dos palabras: ‘fama’ y ‘ganancia’. Las personas piensan que una vez que han obtenido la fama y la ganancia, pueden sacar provecho de ellas para disfrutar de un alto estatus y de una gran riqueza, y disfrutar de la vida. Piensan que la fama y ganancia son un tipo de capital que pueden usar para obtener una vida en búsqueda del placer y disfrute excesivo de la carne. En nombre de esta fama y ganancia que la humanidad codicia, de buena gana, aunque sin saberlo, las personas entregan sus cuerpos, sus mentes, todo lo que tienen, sus futuros y sus destinos a Satanás. Lo hacen sin un momento siquiera de vacilación, ignorando siempre la necesidad de recuperar todo lo que han entregado. ¿Pueden las personas conservar algún control sobre sí mismas una vez que se han refugiado en Satanás de esta manera y se vuelven leales a él? Desde luego que no. Están total y completamente controlados por Satanás. Se han hundido de un modo completo y total en un cenagal y son incapaces de liberarse a sí mismos” (“La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios removieron mi corazón. A partir de la revelación de la palabra de Dios, entendí que el motivo de mi deseo de ser un autor de cómic famoso, por lo que tanto había luchado, era que Satanás me había engañado y corrompido, y yo me había dejado arrastrar por la idea de la fama y la fortuna. Satanás nos llena la mente de ideas erróneas como: hay que esforzarse por ser mejores que los demás, hay que destacar por encima del resto, las personas luchan por ascender igual que el agua baja, quien algo quiere algo le cuesta. Para lograrlo aprovecha la escuela y la influencia de los grandes y famosos. Satanás hace que tengamos objetivos erróneos, que luchemos por superar a los demás. Por su culpa creemos que nuestra vida solo tiene valor y significado si tenemos fama y prestigio, si somos diferentes a los demás, si destacamos y si la gente nos admira. Hice todo lo que pude para ser un autor de cómic famoso, dediqué más de treinta años de tiempo y energía, gasté todos mis ahorros y casi destruí mi salud. Aunque cada vez que entregaba un cómic y fracasaba sufría un gran golpe, lo pasaba mal, me sentía perdido e impotente y pensaba en rendirme, mi ambición se encendía de nuevo cuando imaginaba cómo sería ser famoso y volvía a luchar por dibujar cómics. Así, cuando llegó la salvación de Dios, yo no tenía tiempo ni energía para leer Su palabra. Seguía totalmente obsesionado con trabajar duro para ganar fama y fortuna y solo paré cuando choqué con otro muro. Entonces me di cuenta de que llevaba mucho tiempo dejándome manipular por ideas de fama y fortuna. Esas ideas me controlaban como los hilos de una marioneta. En mi búsqueda de fama y fortuna, me obsesionaba por los beneficios y las pérdidas, vivía envuelto en envidia y dolor, protestaba por lo injusto que era el destino. Era tan solo un juguete en manos de Satanás. Entonces pensé en las personas famosas. A pesar de su buena reputación y de su gran prestigio, aunque la gente los admiraba y los idolatraba, no se sentían cómodos ni satisfechos espiritualmente. Al contrario, se sentían más vacíos. Algunos estaban tan desesperados que ponían fin a su propia vida. Muchos otros son capaces de llevar vidas honestas antes de alcanzar la fama, pero, después de triunfar, sucumben a la decadencia, la degeneración y la indulgencia en el deseo carnal. Otros buscan nuevas experiencias en las drogas y acaban destruyendo su vida. Algunos compiten con los demás por la fama y la fortuna. Se engañan, se atacan, se matan los unos a los otros. Incluso llegan a vender su cuerpo por la fama y la fortuna a costa de su propia dignidad. Esto me dejó aun más claro que buscar la fama y el prestigio para que los demás nos valoren no es la forma correcta de vivir. No puede darnos la felicidad, solo nos hace ser más malos y corruptos. La fama, la fortuna y el prestigio son un camino maligno que Satanás usa para dañarnos. Cuando comprendí esto, lo vi todo más claro. Ya no iba a seguir ansiando la fama y la fortuna. De no ser por la revelación de la palabra de Dios, nunca habría visto el dolor y el sufrimiento que mis esfuerzos me habían causado. Satanás habría seguido engañándome e hiriéndome. Decidí trazar un nuevo plan de vida. Renuncié a mi sueño de ser autor de cómic y dejé de enviar mi trabajo a las editoriales.

Cuando iba a renunciar definitivamente, me di cuenta de que no lo tenía tan claro. Después de todo, estaba echando por la borda a más de 30 años de trabajo duro para labrarme una carrera como dibujante. ¿Iba a dejarlo sin más? Un día vi en las noticias que un famoso dibujante de cómic de Taiwán había muerto de repente. Tenía cincuenta y un años. Eso me dejó con muchos sentimientos encontrados. Era una persona muy respetada en el sector. Su excelente trabajo le había hecho ganar admiración y respeto. Tenía fama y fortuna. ¿Quién iba a pensar que moriría tan pronto? Dejé escapar un suspiro de tristeza. ¿De qué sirve la fama, el dinero y el prestigio después de perder la vida? Al pensar en el dolor que había sufrido tras tantos años buscando fama y fortuna, decidí que no quería seguir así. Entonces oré ante Dios y le pedí que me guiase en mi camino para liberarme de las cadenas de la fama y la fortuna.

Más tarde, leí la palabra de Dios en “Dios mismo, el único III”: “Cuando investigas repetidamente y analizas cuidadosamente los diversos objetivos que las personas persiguen en la vida y sus miles de formas diferentes de vivir, verás que ninguno de ellos encaja con el propósito original del Creador con la que creó a la humanidad. Todos ellos apartan a las personas de Su soberanía y Su cuidado; todos son trampas que provocan que las personas se vuelvan depravadas y que las llevan al infierno. Después de que reconozcas esto, tu tarea es dejar de lado tu antigua visión de la vida, mantenerte alejado de diversas trampas, dejar a Dios que se haga cargo de tu vida y haga arreglos para ti, es intentar someterte solamente a las orquestaciones y la dirección de Dios, vivir sin tener elección personal y convertirte en una persona que lo adora a Él”. “Si uno ve la vida como una oportunidad para experimentar la soberanía del Creador y llegar a conocer Su autoridad, si uno ve su vida como una oportunidad excepcional para llevar a cabo sus obligaciones como ser humano creado y completar su misión, entonces tendrá sin duda la perspectiva correcta de la vida, tendrá una vida bendita y guiada por el Creador sin duda, andará en la luz del Creador sin duda, conocerá Su soberanía sin duda, vendrá bajo Su dominio sin duda, se volverá un testigo de Sus obras milagrosas y Su autoridad sin duda” (“La Palabra manifestada en carne”). La palabra de Dios me mostró el camino y vi en qué dirección debía buscar. Para librarme del dolor de perseguir la fama y la fortuna, tenía que abandonar esas metas erróneas, esa forma de ver la vida. Ya no quería seguir buscando la fama para ganarme la adoración y la estima de los demás. Me decidí a entregar mi vida a Dios, a someterme a Sus designios, a ser una persona humilde y a cumplir mi deber como ser creado. Ese es el único valor de la vida. En el pasado no entendía la voluntad de Dios ni conocía Su soberanía. Siempre tenía muchos deseos y planes hasta el punto de dedicar más de tres décadas a perseguir la fama y la fortuna y perder el rumbo en la vida. Satanás me había engañado y me había hecho mucho daño. Ahora que la palabra de Dios me había mostrado el camino de la práctica, ya no podía seguir viviendo según las falacias de Satanás. Dios creó todas las cosas para la humanidad. Nos dio el aliento de vida. Dios se hizo carne una vez más en los últimos días para salvar a la humanidad. Yo soy un ser creado y disfruto de todo lo que Dios me ha dado. Debería tener conciencia y razón. Debo usar mi don y mi talento para cumplir con mi deber y dar testimonio para el Creador. Cuando lo comprendí, mi mente quedó despejada. Ya sabía qué camino debía seguir.

Doy gracias a Dios por elegirme y por llevarme a la tierra pura de la casa de Dios. Sus palabras me nutrían, me sostenían, me guiaban para entender que la fama y la fortuna son cadenas que Satanás usa para atarnos y que no debía atarme a mí mismo buscando la fama y la fortuna. Vi a muchos hermanos y hermanas de la iglesia que buscaban la verdad, que cumplían su deber como seres creados y que entendían cada vez más la verdad. Me daban envidia. Antes vivía solo para la fama y la fortuna. Eso me hacía sufrir mucho, y deseaba poder cumplir mi deber. Hoy, al cumplir mi deber de proclamar el evangelio en la iglesia, mi mente está tranquila y relajada, y siento una libertad que nunca había sentido. Esta sensación de paz y felicidad en mi espíritu es algo que no puede sustituir el placer material, ni la fama, ni la fortuna. Doy gracias a Dios Todopoderoso por salvarme.

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