10. La agonía de ser adicto a los juegos online

Por Gao Qiang, China

Cuando empecé la universidad, noté que los otros estudiantes estaban prendidos a su teléfono, absolutamente en todas partes: el salón de clases, las residencias, la cafetería, la biblioteca y la cancha de básquet. Hablaban todo el tiempo sobre los juegos, de manera indecente y violenta, diciendo cuánto les divertía jugarlos. Como creyente, sentía que los jueguitos no eran algo positivo, así que no me acoplé. En ese entonces me reunía con mis hermanos y hermanas a leer la palabra de Dios y estaba muy contento.

Pero luego, descubrí que muchos otros estudiantes estaban jugando unos juegos llamados MOBA y me los mostraron. Comencé a jugar solo un poco, fuera de la hora de clase, pero poco a poco me sentí atrapado por la emoción de las peleas. No solo buscaba lo electrizante de golpear y matar otros jugadores, sino que ansiaba de veras subir de nivel. Cada vez que tenía un momento libre, el recuerdo de todos esos personajes y esas luchas me inundaban la mente. Llegué a un punto en que, durante las comidas, mis compañeros y yo nos compenetrábamos tanto hablando de los jueguitos que llegué a perder el interés en comer. De regreso a la residencia, pensaba la estrategia para mi siguiente pelea y, por la noche, nos reuníamos y jugábamos sin parar hasta el amanecer. Comencé a quedarme dormido seguido y llegar tarde y cabecear durante las clases ya era habitual. Pronto, mis calificaciones estaban en caída libre. El tiempo pasó y pasé a vivir enteramente en ese mundo imaginario, no quería hacer otra cosa que jugar. Antes de esto, en mi tiempo libre, solía salir y participar de actividades o iba a leer a la biblioteca, pero luego de engancharme con los jueguitos, me quedaba encerrado en la residencia jugando, sin interés en nada más. El juego que estaba jugando requería compras online así que me gastaba toda mi asignación en construir nuevos personajes. Sin dinero para comer, pedía prestado a mis compañeros. Lo que es peor, mi manera de ver las cosas había cambiado. Yo era de la idea que en la universidad se aprendían cosas útiles y que uno lograba una cierta educación, pero después de perderme en los juegos online, sentía que la única razón de ir a la universidad era jugar. Mis padres no estaban allí para controlarme y me seguían enviando dinero. Las necesidades básicas no me importaban, solo me importaba jugar, y me di cuenta de que la universidad era mi única posibilidad de hacerlo tanto.

No solo eso, sino que me fui alejando cada vez más de Dios. Cuando leía Su palabra, no podía aquietar el corazón y mis oraciones se fueron apagando. En los encuentros no estaba de veras allí y a veces ni iba. Hubo una vez que quise usar mi tiempo libre para leer la palabra de Dios, pero apenas pasada media hora, tomé el teléfono y lo miré, sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, y me sentí inundado por los personajes y las peleas del jueguito. Era como una droga que se había adueñado de mí. No pude contenerme y pensé: “Jugaré solo un poco. No necesito leer la palabra de Dios ahora mismo. Lo mismo, la leeré en el próximo encuentro. Además ya leí un poco y jugar es distinto. Si no completo pasos, no obtengo recompensas”. Así, hice a un lado la palabra de Dios y comencé a jugar. Otra vez, luego de jugar toda la noche, me salteé el encuentro de la mañana siguiente. Cuando mis hermanos y hermanas me preguntaron, les mentí y dije que había habido un evento en la escuela al que había tenido que ir, y así logré evadirme.

A veces, cuando jugaba hasta el punto de estar agotado, pensaba en que estaba descuidando mis estudios y desperdiciando todo el dinero que mis padres habían ganado con sangre, sudor y lágrimas. Sentí que estaba siendo injusto con ellos. También pensé en mi llegada a la casa de Dios para disfrutar de Su amor y en que ya no iba a los encuentros ni las lecturas de Su palabra, porque estaba obsesionado con los jueguitos. Incluso les mentía a mis hermanos y hermanas. Me sentía muy culpable por todo y muy en deuda con Dios. Quería leer Su palabra, pero apenas me enteraba de que iba a haber un juego nuevo, no podía evitar unirme.

Un día pensé que los juegos online habían influido mucho en mis estudios y en la vida de iglesia. Era muy joven, ¿no sería un enorme desperdicio si seguía jugando así? Sabía que tenía que dejar de jugar, que no podía seguir así. Pero cuando estaba a punto de desinstalar el juego mi mano se detuvo. Pensé en todo el dinero que había gastado, por no mencionar el tiempo y la energía. No podía dejarlo tan fácilmente y además podría dejarlo de a poco. Estaba lidiando con una batalla interna y al final no lo desinstalé. No sé cuántas veces le dije a Dios que lo eliminaría, cuántas veces estuve decidido a desinstalarlo, pero al final no lo lograba. Era como si hubiera estado viviendo siglos en la oscuridad y, cada vez que quería ir hacia la luz, descubría que estaba atrapado sin poder moverme. Estaba sufriendo un tormento y no sabía qué hacer. En ese entonces, le oraba mucho a Dios, pidiéndole que me ayudara y me guiara.

Había un video de una lectura de la palabra de Dios que vi en un encuentro. “Aunque muchos jóvenes creen en Dios no pueden librarse de los malos hábitos de jugar juegos de computadora y asistir a los cafés internet. ¿En qué tipo de cosas consisten generalmente los juegos de computadora? Contienen mucha violencia. Los videojuegos pertenecen al reino del diablo. La mayoría, después de jugar a estos juegos durante mucho tiempo, ya no puede hacer ningún trabajo real: ya no quiere ir a la escuela, trabajar o pensar en su futuro; menos aún, pensar en su vida. ¿Qué cosas ocupan ahora los pensamientos y las almas de la mayoría de los jóvenes en el mundo? Comer, beber y jugar videojuegos. Todo lo que dicen y piensan es inhumano. Ya no se pueden usar las palabras ‘sucio’ ni ‘malo’ para describir las cosas en las que piensan; muchas de ellas no son cosas humanas. Si hablas con ellos acerca de los asuntos de la humanidad normal o de un tema relacionado con ella, no pueden soportar oír hablar de eso, no están interesados, no están dispuestos a escucharlo y tan pronto como lo oyen ponen los ojos en blanco y lo toman con desagrado. No comparten un lenguaje común ni temas comunes con la humanidad normal, pero cuando están con otras personas que son como ellos encuentran cosas de las que hablar. La mayoría de los temas acerca de los cuales hablan giran en torno a juegos, comer, beber y divertirse. Aquellos que siempre discuten estos temas tienen el corazón lleno de estas cosas. ¿Qué perspectivas futuras tienen? ¿Tienen alguna perspectiva futura? […] Cuando alguien siempre está jugando a videojuegos y perdiendo el tiempo en la computadora, su voluntad desaparece y se vuelve decadente; no tiene humanidad normal. Se llena con la violencia y la matanza de estos juegos y con las cosas del mundo virtual. Las cosas de la humanidad normal han sido eliminadas de ellas por estos juegos, y han sido llenadas y ocupadas por dichos juegos, y sus pensamientos han sido ocupados por ellos; estas personas se han vuelto decadentes. A los incrédulos tampoco les gustan estas personas, pero en el mundo actual de los incrédulos, estos jóvenes no tienen adónde ir; sus padres son incapaces de manejarlos, sus maestros no pueden hacer nada con ellos; no hay nada que el sistema educativo de ningún país pueda hacer acerca de esta tendencia excepto sucumbir a ella. El diablo Satanás hace estas cosas con el fin de tentar a las personas y llevarlas a la depravación. Aquellos que viven en el mundo virtual, no tienen ningún interés en nada que tenga que ver con la vida de la humanidad normal; no están de humor para trabajar ni estudiar. Solo están preocupadas por ir al mundo virtual como si estuvieran siendo seducidas por algo. En cuanto se aburren o están haciendo algún trabajo adecuado, quieren más bien jugar a videojuegos y jugar a videojuegos gradualmente se convierte en su vida entera. Jugar videojuegos es como tomar un tipo de droga. Una vez que alguien comienza a ser adicto a jugar juegos, se vuelve difícil alejarse de ello y es muy difícil dejarlo. Así pues, independientemente de si son personas jóvenes o mayores, una vez que adquieren este mal hábito, se vuelve difícil dejarlo. […] Si los videojuegos fueran necesarios para la humanidad normal, si fueran la senda correcta, entonces, ¿por qué las personas no los pueden dejar? ¿Cómo pueden las personas ser cautivadas por ellos hasta tal grado? Esto prueba una cosa: que no es una buena senda. Navegar en línea por esto o por aquello, ver algunas cosas que no son saludables y jugar a videojuegos, nada de esto es una buena senda. No es la senda correcta” (‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”).

La palabra de Dios reveló exactamente mi estado. Perdido en los juegos online, me había convertido en alguien desviado y vicioso. Y tenía la cabeza llena de peleas y muerte. Sentía que nada se le podía comparar al jueguito. Esa electricidad momentánea me dejaba vacío y con sed de jugar más. Jugar una y otra vez se había convertido en un círculo vicioso. Satanás estaba usando la violencia y el mal de los juegos para atraparme. Satanás saciaba mi deseo y controlaba mis pensamientos, me hizo un adicto sin escapatoria. Por el juego, abandoné los estudios y perdí todo tipo de apariencia humana normal. No quería ir a ningún encuentro ni leer la palabra de Dios e incluso engañaba a mis hermanos y hermanas. También me aparté más y más de Dios. Solo al leer Su palabra pude ver que los juegos son una de las tácticas de Satanás para perjudicar y consumir a las personas. Satanás quería que perdiera la razón y mi humanidad normal, que me apartara y traicionara a Dios y perdiera Su salvación. Para que él pudiera devorarme después. Pensé en tantos jóvenes como yo, perjudicados por los juegos online. Jóvenes que pasan de ser abiertos y estar llenos de vida a ser antisociales y distantes, de ser educados a autocomplacientes y obstinados. Jóvenes que solían interactuar normalmente con sus padres y los demás, pero luego, por los juegos, comienzan a faltar a clase, abandonan su casa y dejan los estudios. Para comprar máquinas, algunos incluso aprenden a engañar y a matar y se inician en el crimen. Todo esto demuestra que Satanás usa los juegos online para perjudicar y devorar infinidad de jóvenes. ¡Es tan siniestro y malvado! Al pensar en esto, vi lo aterrador que pueden ser los jueguitos. Es una senda malvada que conduce a la inconsciencia. Cuando me di cuenta, decidí que sin duda debía librarme de las ataduras de los jueguitos.

Si bien quería escapar, aún no tenía una práctica específica para aplicar a la vida real. Entonces, una mañana leí algo en mis devocionales “Algunas veces, esperar en Dios no significa pedirle que haga algo utilizando palabras específicas o solicitarle una guía o protección específica. Más bien, es cuando las personas se encuentran con algún problema que pueden clamar a Él de una manera sincera. Así pues, ¿qué hace Dios cuando las personas claman a Él? Cuando el corazón de alguien se conmueve y esa persona piensa ‘Oh, Dios. Yo no puedo hacer esto por mí mismo; no sé cómo hacerlo y me siento débil y negativo’, cuando surgen estos pensamientos en ella ¿acaso Dios no lo sabe? Cuando claman a Dios de esta manera, con sinceridad, ¿Dios accede a ayudarles? A pesar del hecho de que tal vez no hayan pronunciado una sola palabra, muestran sinceridad y, así, Dios accede a ayudarles. Cuando alguien se encuentra con una dificultad especialmente espinosa, cuando no tiene a nadie a quien acudir y cuando se siente particularmente indefenso, pone toda su esperanza en Dios. ¿Cómo son sus oraciones? ¿Cuál es su estado mental? ¿Es esa persona sincera? ¿Existe alguna adulteración en ese momento? Es sólo cuando confías en Dios como si Él fuera lo último a lo que puedes aferrarte para salvar tu vida, esperando que Él te ayude, que tu corazón es sincero. Aunque tal vez no hayas dicho mucho, tu corazón ya se ha conmovido. Esto es, que le das tu corazón sincero a Dios y Dios escucha. Cuando Dios escucha, ve tus dificultades, y te esclarecerá, te guiará y te ayudará” (‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). La palabra de Dios me mostró la senda de manera clara, esta consistía en orar genuinamente a Dios por mis dificultades. Él me escucharía, me esclarecería y me ayudaría. Le oré mucho a Dios, pidiéndole que me guiara para librarme de los jueguitos. Recordé Su enseñanza, que dice que los jóvenes deben ser muy disciplinados en la vida, que deben hacer las cosas de acuerdo a un plan, en tiempo y forma. Que deben ser organizados y tener una rutina, ser menos libres de espíritu y consentidos. Los que son tan libres, los que hacen lo que quieren sin reglas ni restricciones no llegan a ninguna parte. Entonces, como dice la palabra de Dios, me armé un plan diario para limitar el tiempo de juego. Luego de seguir este plan unos días, mi vida se reordenó y a diario me sentí realizado. Pero mi deseo de jugar era muy intenso, así que pronto sentí que ya no podía contener las ganas. Tuve miedo de volver a caer y hundirme en la depravación. Me puse de prisa ante Dios y elevé esta oración: “Oh, Dios, sé la esencia y los peligros de los jueguitos y tuve una muestra del sufrimiento que causan. Ya no quiero seguir tendencias malvadas y satánicas. Quiero dejarlas por completo, pero mi estatura es muy pequeña. No puedo resistirme a las tentaciones de Satanás, no puedo dejar los juegos online. ¡Oh, Dios! Guíame, por favor”.

Después de eso, leí este pasaje de la palabra de Dios: “Debes sufrir adversidades por la verdad, debes entregarte a la verdad, debes soportar humillación por la verdad y, para obtener más de la verdad, debes padecer más sufrimiento. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de una vida familiar pacífica y no debes perder la dignidad e integridad de tu vida por el bien de un disfrute momentáneo. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado. Si llevas una vida tan vulgar y no buscas ningún objetivo, ¿no estás malgastando tu vida? ¿Qué puedes obtener de una vida así? Debes abandonar todos los placeres de la carne en aras de una verdad y no debes desechar todas las verdades en aras de un pequeño placer. Personas como estas no tienen integridad ni dignidad; ¡su existencia no tiene sentido!” (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Leer esto me ayudó para entender que practicar la verdad requiere abandonar la carne y estar dispuesto a sufrir y a pagar por ello. No podía perder la oportunidad de perseguir la verdad por mi adicción o por mis fugaces placeres carnales. Los jueguitos no me daban vida, solo me debilitaban el espíritu de a poco, hasta dejarme privado de una humanidad normal. Solo me traían vacío y dolor y me hacían desperdiciar la vida. No quería seguir viviendo así. Como ser creado, mi responsabilidad y misión son perseguir la verdad y cumplir bien con mi deber, para dar testimonio de Dios. Solo es significativo. Entender la voluntad de Dios renovó mi deseo de practicar la verdad. Decidí firmemente dejar los juegos online.

Después de decidirme, cada vez que quise jugar, me puse de prisa ante Dios en mis oraciones, pidiéndole que cuidara mi corazón para que siguiera a Su lado. También leí Su palabra, canté himnos y me reuní y compartí con mis hermanos y hermanas. Poco a poco dejé de jugar online. También me di cuenta de que todo eso eran puras luchas y muerte sinsentido, y que era muy aburrido, así que genuinamente perdí todo deseo de jugar. Mi vida se reordenó y mis calificaciones mejoraron mucho. Volví a participar como debía de encuentros y lecturas de la palabra de Dios e incluso cumplía tareas en la iglesia.

Algunos de mis compañeros me dijeron luego: “Oye, amigo, hace mucho que no juegas. ¿Hacemos una partida?”. Escuchar esto me tentó un poco y pensé: “Hace mucho que no juego. ¿Y si solo juego una vez más?” Pero recordé la palabra de Dios: “Debéis estar despiertos y esperando en todo momento, y debéis orar más delante de Mí. Debéis reconocer las diversas tramas y argucias engañosas de Satanás, reconocer los espíritus, conocer a la gente y ser capaces de discernir todo tipo de personas, sucesos y cosas” (‘Capítulo 17’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”). Gracias a Su esclarecimiento, me di cuenta de que detrás de la invitación de mis compañeros estaban las astutas argucias de Satanás. Satanás quería que me volviera a hacer adicto a los jueguitos, para que me apartara de Dios y lo traicionara, y para que volviera al campamento de Satanás y él me pudiera hacer daño. No podía volver a caer en eso. Oré a Dios en mi corazón: “Dios, ya no quiero seguir las tendencias malvadas de Satanás. Quiero practicar la verdad y abandonar la carne”. Entonces les dije a mis amigos, firme: “No, gracias, ya jugué suficiente”. Decir eso me llenó de una sensación de libertad. Estar libre hoy de los juegos online se debe exclusivamente a la guía de la palabra de Dios. Estoy profundamente agradecido a Él por salvarme.

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