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Dios no quiso dejarme caer en el inframundo

Cómo una comisaría local del Departamento de Seguridad Pública fue conquistada por las palabras de Dios

Zhang Jun, provincia de Sichuan

Dios Todopoderoso dice: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios. Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Después de leer este pasaje de las palabras de Dios, caí en un estado de profunda contemplación…

Mis padres son ambos cristianos y yo fui bautizado y hecho seguidor del Señor Jesús a una edad muy temprana. En ese momento, mi espíritu siempre se volvía hacia la alegría y la bondad. Cuando la Revolución Cultural golpeó a China, mi padre fue enviado a un lugar remoto en las montañas para “reformarse por medio del trabajo” y después de eso nunca más tuvimos noticias de él. Mi madre fue catalogada como uno de los “cuatro elementos malos” y, como también era cristiana, fue catalogada como “contrarrevolucionaria”. Yo tampoco pude escapar del daño causado a mi familia: cuando llegué a la edad escolar, no hubo ninguna escuela dispuesta a aceptar al hijo de una “contrarrevolucionaria” y, cuando tuve edad de trabajar, ninguna unidad de trabajo quería contratarme. No pude conseguir un trabajo hasta que tuve 20 años. Había sufrido opresión durante mucho tiempo y estaba harto del dolor y el sufrimiento, así que cuando empecé a trabajar, me decidí a hacerlo tan duro como pudiera y a confiar sólo en mí mismo. Hubo algunos momentos en los que tuve que esforzarme muchísimo, pero finalmente ascendí de oficial de policía común a jefe de la comisaría local del Departamento de Seguridad Pública (DSP).

En ese tiempo, me congratulaba en secreto de haber ascendido en el escalafón y nunca me imaginé, ni por un sólo momento, que detrás de esta buena fortuna, se escondía una terrible oscuridad que iba a engullirme. Era como si un par de manos oscuras y sin forma me arrastraran a las profundidades del pecado. Para ser honestos, poco después de convertirme en oficial de policía, comencé a sentir que los policías no éramos muy distintos de los bandidos o ladrones. Nuestro trabajo no era capturar criminales o mantener la ley y el orden: era ganar dinero bajo cuerda. Incluso ordenábamos a prostitutas que fueran y sedujeran a hombres, de forma que pudiéramos arrestarlos en el acto e imponerles una multa. Siempre que arrestábamos a alguien, intentábamos extorsionarlo a través de la mentira, las lisonjas o la estafa. Hay innumerables ejemplos de este tipo de conducta, una conducta extendida por todas las fuerzas policiales. Clubes nocturnos, salones de baile, etc., todos tenían que darnos discretamente algunos miles de yuanes o más cada mes en “honorarios por protección”, o de lo contrario les haríamos la vida difícil. Estábamos listos para tomar medidas severas contra ellos en cualquier momento. Las prostitutas que trabajaban en las casas de citas nos tenían mucho miedo y no sólo se lanzaban a nuestros brazos, sino que incluso nos daban dinero. Había un chico en nuestra comisaría que, con el pretexto de ser su novio, se las arregló para obtener fraudulentamente dinero y sexo de más de cien mujeres. Yo no conocía a un solo oficial de policía que no estuviera involucrado con prostitutas y yo también quedé tan profundamente atrapado en ese mundo que no podía liberarme, aunque quería hacerlo.

Como oficiales de policía, teníamos muchas oportunidades de ganar dinero y lo único que necesitábamos para conseguirlo era un poco de picardía. Por ejemplo, si una compañía o agencia de construcción quería construir algunas casas, dejábamos que los mafiosos locales pusieran barricadas junto a los lugares de construcción. Naturalmente, los constructores nos llamaban y nos presentábamos para resolver engañosamente el asunto echando a los “gamberros”. Las compañías o agencias de construcción —sin ser conscientes del engaño— estaban por supuesto muy agradecidas a nosotros y felizmente dispuestas a darnos algo de dinero cada mes. Pero este dinero era sólo una pequeña parte. Lo que queríamos conseguir realmente al causar problemas a los hombres de negocios era obtener lotes de participaciones gratuitas en sus compañías. Con este fin, llevábamos a cabo comprobaciones de los antecedentes del jefe de la compañía seleccionada y si él no satisfacía nuestras exigencias, hacíamos nuestro movimiento. En el caso de los jefes mujeriegos, enviábamos prostitutas para que los sedujeran. Después, los seguíamos hasta el motel o a donde fueran para sorprenderlos en el acto y coaccionarlos. En el caso de los jefes a quienes les gustaba el juego, hacíamos que pagaran grandes multas. Si alguno de ellos no cooperaba, enviábamos a los mafiosos para que los obligaran a dejar el negocio y marcharse de nuestro territorio. Los ciudadanos de a pie decían a menudo cosas como: “los policías y los ladrones son simplemente una gran familia” o “los policías y los mafiosos son tan íntimos como los peces y el agua”, y lo que dicen es cierto. Cuando empecé a hacer estos actos malvados, siempre me sentía incómodo con el pensamiento de estar ganando dinero sucio a través de medios injustos. Pero, cada vez que mis colegas me enganchaban en ello, me sentía incapaz de negarme, y después de algunos años ya no sentía el menor remordimiento. Estaba atascado en un agujero oscuro y no podía salir de él; pero no me importaba, mientras hubiera dinero por ganar. Me duele mucho recordar las veces en que eché por la fuerza de sus casas a ciudadanos de a pie para que las mismas pudieran ser derribadas en favor de proyectos de reurbanización. Eran situaciones llenas de corrupción, engaño, fraude y toda clase de malicia. Los oficiales del Departamento de Tierra y Recursos, y las unidades locales de demolición unían sus fuerzas para engañar y acosar a los residentes locales con el único fin de ganar dinero. Por ejemplo, los constructores contaban las casas que había en la zona que querían reurbanizar y le daban al gobierno local una estimación de la compensación que podían dar a los residentes por demoler sus casas y reubicarlos. Si la compensación era de un millón de yuanes por casa, los oficiales del gobierno local trabajaban con los del DSP para coaccionar a los residentes con el fin de que aceptaran una compensación menor y quedarse ellos con la diferencia. En general, el gobierno local quería proteger su imagen en tales casos, por lo que no trataba directamente con los residentes, sino que se lo encomendaba al DSP. En cuanto a esos residentes que se negaban a aceptar la compensación que se les ofrecía, la policía tenía numerosas formas diferentes de tratar con ellos: algunos eran detenidos por la fuerza; a otros se les notificaba simplemente que debían marcharse, se les demolía la casa y no recibían ninguna compensación; algunas casas se calificaban como construcciones ilegales no elegibles para la compensación; otras simplemente se demolían inmediatamente con retroexcavadoras; a algunos residentes se les daba un poco de dinero; a otros simplemente se les hacía una promesa de pago que nunca se cumplía. En resumen, usábamos cada sucia artimaña del repertorio para sacar dinero a las personas. Recuerdo una ocasión en la que estábamos bebiendo con un oficial del DSP de otro municipio. Él alardeaba de que una vez había demolido una casa de tres pisos, pero sólo había compensado al dueño por dos, aduciendo que el tercer piso era ilegal. El día de la demolición, el dueño se negó a salir y armó un gran escándalo, así que la policía llamó a sus amigos mafiosos, que —ante una multitud de personas— sacaron sus navajas y le cortaron los tendones de Aquiles. Fue algo terrible de ver y muchas personas de la multitud tomaron fotografías con sus teléfonos móviles, los cuales fueron inmediatamente confiscados por los oficiales de policía presentes. Alguien de la multitud también comenzó a gritar sobre la injusticia que se estaba cometiendo con el dueño de la casa. Lo invitaron amablemente a declarar en la comisaría. Una vez ahí, fue apresado. Incluso hubo un incidente en una zona rural cuando el dueño de una casa se negó a cooperar durante una demolición. El jefe de la compañía constructora consultó el asunto con la policía y después indicó al conductor de la excavadora que lo atropellara. Todos los demás granjeros se enfurecieron cuando vieron a uno de sus vecinos morir aplastado, agarraron al conductor de la excavadora y comenzaron a golpearlo. Entonces la policía rodeó a los 20 o 30 granjeros y se los llevó a la comisaría del DSP. Una vez allí, los golpearon y encerraron y, a los más reacios les inyectaron una droga que estimula el sistema nervioso central. Los que recibieron la droga manifestaron los mismos síntomas que alguien con una conmoción cerebral. Parecían aturdidos y aterrorizados, y no se atrevían a hablar. Ante fuerzas de seguridad como estas, las personas comunes no podían recurrir a la justicia independientemente de a quién apelasen. Para los ciudadanos que desgraciadamente tenían que enfrentarse al Gobierno o al DSP era como lanzar huevos contra una roca. De hecho, muchos de los formalismos usados en la expropiación de tierra y la demolición eran ilegales. Todos se apoyaban en una ocupación forzosa de la tierra, demoliciones y mudanzas forzosas, y en muchos lugares se usaban políticas obsoletas del gobierno como pretexto para engañar y confundir a los residentes locales con el fin de sacarles la mayor cantidad de dinero posible. Otro método era expropiar más tierra de la aprobada oficialmente. Por ejemplo, el nivel superior del Gobierno podía autorizar la expropiación de 8 hectáreas para la construcción de un puente y después el gobierno local usaría medios ilegales para apropiarse de otras 16. Las 16 hectáreas después se dividían entre los oficiales del gobierno local, oficiales de policía y mafiosos para venderlo a desarrolladores urbanos obteniendo inmensos beneficios. ¡Incluso escuché una vez que el jefe de una comisaría ganó más de 10 millones de yuanes al vender una parcela de tierra obtenida ilegalmente!

Al haber cometido estos actos malvados, totalmente desprovistos de humanidad (aunque en algunos de ellos no fui más que un participante pasivo), sentía que me había vuelto tóxico, cruel y despiadado. La oscuridad estaba extendiéndose por mi corazón y me estaba apartando de todo lo que era luminoso y bueno. Mi vida familiar iba de mal en peor: mi esposa pasaba sus días jugando al mahjong —ganaba o perdía miles de yuanes diariamente y llegaba tarde a casa—, nadie cuidaba de los niños y las tareas de la casa no se hacían. Mi casa era un caos y mi relación con mi mujer también. Empezamos a odiarnos el uno al otro, discutíamos airadamente con frecuencia y nos amenazamos con el divorcio en muchas ocasiones. Al final, simplemente dejamos que el otro tuviera lo que quería: mi mujer tenía su mahjong y yo mis devaneos amorosos con otras mujeres. Empecé a gastar dinero como si fuera agua, bebía y cantaba en los bares todas las noches, siempre acompañado por mujeres. Mi esposa se convirtió en una extraña para mí y nuestra familia era una sombra de lo que había sido. Fue ahí donde empecé a sentir que, aunque estaba ganando mucho dinero, mi vida era miserable. Yo era como un zombi, incapaz de tener un pensamiento racional y carecía de alma. Estaba permitiendo que Satanás corrompiera mi carne y viviendo una vida maldita.

Sin embargo, había una cosa que nunca olvidé: soy cristiano y no debo ofender a Dios. Hace unos diez años, el PCCh había emitido un importante edicto cuya principal declaración era que todos los creyentes en Dios debían ser arrestados y detenidos durante 15 días bajo la acusación de “alterar el orden público”. En realidad, la razón para arrestar a los creyentes era conseguir dinero multándolos y, por tanto, se nos ordenó arrestar únicamente a los que tuvieran dinero, porque nadie pagaría por la manutención de los creyentes pobres mientras estuvieran detenidos. No obstante, cada vez que un cristiano era detenido, yo me quedaba en un segundo plano porque sabía que eso era una ofensa a Dios y que cualquiera que ofendiera a Dios sufriría un castigo. Personalmente, vi a muchos de mis colegas que detuvieron y golpearon cruelmente a cristianos, llegar a sufrir el castigo de Dios. Algunos de ellos tuvieron una muerte dolorosa o trágica.

Sin embargo, frente a esas fuerzas oscuras, yo era incapaz de resistirme o de marcar alguna diferencia significativa como individuo. Lo único que podía hacer era seguir la corriente. Con el fin de aliviar un poco del sufrimiento de mi espíritu, empecé a asistir regularmente a la iglesia; pero descubrí que los pastores de mi iglesia ya no eran creyentes verdaderamente piadosos. En realidad, todos se habían convertido simplemente en oficiales más corruptos: el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías vendió todas las casas pertenecientes a la iglesia y se quedó con la mayor parte del dinero; el director de la Administración para Asuntos Religiosos, Li X, se confabuló con el presidente del Comité del Movimiento Patriótico de las Tres Autonomías (Wang XX) para usar los donativos de los creyentes como capital para su negocio de venta de automóviles y ambos fueron despedidos del oficio tras ser descubiertos; el siguiente presidente del mismo comité, Hao XX, malversó dinero de la iglesia que debía usarse para comprar muebles y también fue despedido. Después estaba el pastor Zhang, que usó una casa perteneciente a la iglesia como aval para pedir prestada una gran cantidad de dinero con la cual compró un automóvil para él y otro para el director de la Administración para Asuntos Religiosos. También mantenía relaciones sexuales con una monja y fue finalmente condenado a tres años de cárcel. No obstante, el director de la Administración para Asuntos Religiosos intentó exonerarlo de su responsabilidad diciendo a los feligreses: “El pastor Zhang se ha marchado a los Estados Unidos a estudiar durante tres años”. Yo veía que la comunidad religiosa estaba tan corrompida como mi mundo y supe que cada uno de esos falsos pastores fue finalmente castigado por Dios. Me ponía enfermo saber lo que estaba ocurriendo detrás de la oscura cortina en esos casos y me impactó descubrir que la corrupción y la oscuridad estaban desenfrenadas en todos los niveles de la sociedad de China. No podía encontrar ni un rayo de luz, por lo que perdí toda esperanza y me deprimí tanto que dejé la iglesia.

En 2001, unos amigos de mi ciudad natal me hablaron de la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días; pero en ese momento yo era extremadamente arrogante y no les mostré el respeto ni les presté la atención que merecían. Durante ese período me trasladaban a menudo a otros lugares como parte de mi trabajo, pero en cada lugar al que iba siempre había alguien preparado para compartir conmigo la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Sin embargo, siempre me negaba a profundizar en ello (ahora sé que todo eso formaba parte de los arreglos de Dios) porque simplemente no creía que Dios hubiera vuelto. No supe sino hasta 2005 que muchos de los amigos de la iglesia de mi madre habían aceptado la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Entonces empecé a tener mi primera percepción de la verdad cuando comencé a pensar: “¿Ha vuelto Dios realmente?”. No mucho después, mi esposa también aceptó la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y, cuando ella compartió el evangelio conmigo, decidí leer algunos de los libros de las palabras de Dios para tratar de comprender todo a fondo. Sin embargo, en las reuniones de los meses siguientes, mi corazón seguía estando lleno de dudas sobre Dios. También solía estar muy cansado al tener que trabajar horas extra, por lo que dormitaba a menudo durante las reuniones. Como consecuencia, incluso después de algunos meses de reuniones, seguía sin entender nada, por lo que decidí buscar una excusa para escaparme de la iglesia y seguir ganando dinero.

Yo estaba planeando aceptar un puesto en Chongqing y, al oírlo, uno de los hermanos me pidió: “Hagas lo que hagas, no dejes a Dios. ¡Y no andes persiguiendo riquezas ilícitas o de lo contrario, por muchas riquezas que consigas, a partir de ahora las perderás todas!”. No creí una sola palabra de lo que él dijo y a los pocos días de llegar a Chongqing ya había ganado 30.000 yuanes. Al mismo tiempo, un colega me habló sobre un coche robado que estaba a la venta por sólo 28.000 yuanes. Decidimos capturar al ladrón; pero, si el coche estaba en buenas condiciones, lo compraríamos y revenderíamos para ganar más dinero. El automóvil estaba casi nuevo y tenía un valor nominal de más de 300.000 yuanes, por lo que decidí comprarlo allí mismo. Transferí 28.000 yuanes a la cuenta bancaria que el ladrón de coches indicó; pero tan pronto como el dinero llegó a su cuenta negó que me lo había vendido. Me acusó de habérselo robado e incluso me denunció a la policía. Así que acabamos todos en la comisaría de policía, donde el ladrón de coches recibió una fuerte paliza. Sin embargo, seguía sin admitir su crimen y dijo que quería hablar primero con su jefe. Hizo una llamada y poco después ocho tipos fornidos y con la cabeza rapada llegaron a la comisaría con todos los documentos para demostrar que el coche era un taxi. No tuvimos otra opción que dejar ir al delincuente. Más adelante llegué a sentir que Dios me había quitado realmente mis ganancias ilícitas. Estaba un poco aturdido y pensé: “¡Este es realmente el Dios verdadero!”. Después de ese incidente, siempre que no estaba trabajando, iba a las reuniones de la iglesia. Sin embargo, no tenía realmente mucha entrada en la vida, ya que seguía prefiriendo mantenerme a la deriva en el mundo de la maldad. Aún no había lugar para Dios en mi corazón, pero afortunadamente Dios no había renunciado a mi salvación.

En otoño, un colega y yo teníamos que ir a otro lugar a localizar un dinero que era parte del caso en que estábamos trabajando. Aunque seguía sin haber empezado a buscar la verdad desde que creía en Dios Todopoderoso, me mantenía lejos de las tentaciones porque sabía que la promiscuidad era uno de los vicios que Dios más odiaba. No obstante, mi colega insistía en que fuéramos a que nos dieran un masaje y fui incapaz de resistir la tentación. Después de recibir nuestros masajes, aún eran sólo las 2:00 de la tarde y, por tanto, decidimos ir a un motel. Mi colega llamó a dos señoritas de compañía, estudiantes, para que se unieran a nosotros; pero antes de que empezáramos a hacer algo, sonó el teléfono. Era mi mujer: “Acaban de darte un masaje y ahora te vas a un motel. ¡Estás cometiendo un error y Dios va a castigarte!”. Yo estaba estupefacto, ¿cómo lo supo? Toda una serie de dudas y sospechas surgió en mi mente e hizo que me sintiera incómodo. Le dije a mi colega que yo creía en Dios y que Él podía verlo todo, por lo que no me atrevía a hacer nada con las chicas. Él no me creía y me quitó el teléfono móvil. Mi mujer habló con él y también lo reprendió con dureza. Entonces mi colega me dijo repetidamente: “Tu Dios debe de ser realmente Dios para ser tan asombroso. El equipo de seguimiento que nosotros los policías usamos, sólo funciona cuando hay un dispositivo de localización en la ropa del sospechoso; sin embargo, aquí estamos sentados desnudos en este motel. Por lo visto, la tecnología de vuestro Dios es mucho más avanzada que la nuestra”. Más tarde, cuando fui a hacer una llamada telefónica, descubrí que sin darme cuenta el teléfono le había marcado a mi mujer tres horas antes de que ella me llamara. En otras palabras, todo el tiempo que estuvimos en el salón de masaje y después en el motel, ella pudo escuchar nuestras conversaciones. Sin embargo, lo que me desconcertaba totalmente era que mi teléfono estaba configurado para bloquearse automáticamente cuando no lo estaba usando. ¿Pudo haber sido Dios el causante de que mi teléfono hiciera esa llamada? Empecé a sentirme muy incómodo y mi colega y yo decidimos despedir mejor a las dos señoritas de compañía. No obstante, las dos chicas se negaron a marcharse y no nos dejarían solos. De repente, el lado derecho del pecho empezó a dolerme y mi colega tuvo un dolor terrible en la parte superior de la frente. Ambos sentíamos que esto no era una buena señal, pero seguíamos siendo incapaces de resistirnos a la seducción de las dos chicas. Después de que se fueron, mi colega dijo: “Nos quedan algunos días más con el caso por aquí. ¿Por qué no buscamos un par de chicas para que nos acompañen? No creo que eso nos pueda hacer daño”. Yo tenía un lío en la cabeza, así que simplemente me fui con él y encontró rápidamente otras dos chicas. Alrededor de las 6:00 de la tarde, los cuatro íbamos en la carretera y, mientras mi colega conducía, me quedé dormido. Dos veces soñé que el coche se quedaba sin dirección y frenos. Como consecuencia, mi colega casi se había estrellado una vez empezado el viaje y después estuvimos a punto de caer por un barranco. Yo estaba muy nervioso, así que decidí ponerme al volante. Cuando estábamos atravesando una zona montañosa de Guizhou y llegamos a una curva cerrada (con un gran barranco por delante) sentí de repente que era justo como la escena de mi pesadilla y que el coche no tenía dirección ni frenos. De repente, un rayo de luz brilló sobre mí y vi que íbamos directos al barranco. Giré el volante bruscamente y chocamos contra una gran piedra. El impacto fue violento y quedé inconsciente. Cuando recuperé gradualmente la conciencia, vi que un policía de tráfico estaba cortando el volante, que me presionaba con fuerza el lado derecho del pecho y me tenía sujeto al asiento. Desperté totalmente y fui consciente del intenso dolor en el lado derecho de mi pecho, tan atroz que pensaba que me iba a morir cada vez que respiraba. Levanté la cabeza y vi que mi colega había salido despedido del coche y que yacía varios metros delante de mí, sobre una gran piedra. Estaba de cara a mí y pude ver una gran herida que se extendía por toda la parte superior de su frente y su rostro estaba cubierto de sangre. Pensé que estaba muerto y toda la escena hizo que me estremeciera. Entonces giré la cabeza y vi a las dos chicas bañadas en sangre en el asiento trasero. Tampoco se movían y el hecho de que el policía estuviera tratando de salvarme a mí, me hizo pensar que probablemente también estaban muertas. Cuando me levantaron sobre la camilla, caí nuevamente inconsciente y recuperé la conciencia a la hora del almuerzo del día siguiente. Mi esposa estaba sentada a mi lado y le pregunté inmediatamente por los otros tres. Me dijo que todos seguían vivos. Me emocioné mucho y empecé a llorar. Cuando lloraba, oré a Dios: “¡Oh, gracias, gracias Dios! ¡Tú me salvaste! ¡De no ser por ti habría muerto hace mucho tiempo! Esta es Tu forma de castigarme y también es Tu amor. A partir de ahora, no haré nunca más estas cosas malvadas. ¡Sé que me he equivocado!”. En una fecha posterior, leí estas palabras de Dios: “Como no sabéis cómo llevar una vida o cómo vivir, vivís en este lugar libertino y pecador, y sois diablos libertinos e inmundos, Él no soporta dejar que os volváis aún más depravados; tampoco soporta veros vivir en un lugar inmundo como este, pisoteados por Satanás a su antojo, o para dejaros caer en el Hades. Él sólo quiere ganar a este grupo de vosotros y salvaros totalmente. Este es el propósito principal de hacer la obra de conquista en vosotros, es sólo para salvación” (‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me ayudaron a entender Sus propósitos: aunque el accidente de tráfico pareció ser algo malo a simple vista, estaba claro que oculto en él se encontraba el esfuerzo de Dios por salvarme. Él había empleado un método muy poco habitual para salvarme del borde de la destrucción y apartarme del rastreo de Satanás, de forma que pudiera obtener Su cuidado y protección. Yo podía sentir realmente el amor de Dios y este fue el acontecimiento que me hizo estar seguro de Dios.

Conforme pasaba el tiempo, empecé a aprender más sobre el carácter justo de Dios. En el pasado gané mucho dinero de forma ilícita, lo cual me había proporcionado un estilo de vida lujoso y muchos placeres materiales. Sin embargo, yo había cometido tantísimos pecados y crímenes que estaba viviendo en un estado de ansiedad permanente y me encontraba con un infortunio tras otro, o problemas en el hogar o una variedad de accidentes y contratiempos. Vivía todos los días con un gran nerviosismo y sabía que la mayoría de mis colegas también sufrían con frecuencia diversos infortunios. En ese momento leí estas palabras de Dios: “Los malvados deben ser castigados” y ahí fue donde entendí que ningún hombre o mujer puede ofender el carácter de Dios. ¡Si hacemos algo malo, sufriremos retribución por ello! A partir de ahí, decidí que no haría nada que fuera en contra de mi conciencia y que sólo recibiría mi salario y me contentaría con él. Aunque mis ingresos decrecieron mucho, sentía mucha más paz y alivio. En ese momento, me preocupaba no ganar suficiente dinero y caer finalmente en la pobreza. Sin embargo, las experiencias me mostraban una y otra vez que Dios lo gobierna todo y que lo único que tenemos que hacer es someternos a Él de forma sincera y seremos bien recompensados con Sus bendiciones. Para ser honesto, cuando dejé de hacer cosas malas, la economía de la familia se vio gravemente afectada. En una ocasión, mis hijos necesitaban 12.000 yuanes para pagar las tasas escolares. Iba a intentar pedir prestado el dinero a alguien, pero simplemente no era capaz de preguntar, lo cual me dejó preocupado durante un tiempo. Quién hubiera pensado que, por la mañana temprano del día siguiente, una de mis vecinas llamaría a mi puerta para decirme que su marido me conocía y que ella tenía una casa que había estado tratando de vender sin éxito durante un tiempo. Resultó que la noche anterior ella había tenido un sueño y la persona que aparecía en el mismo le dijo que yo podía ayudarla a vender la casa y que yo era la única persona que podía hacerlo. En consecuencia, me dijo que tenía que ayudarla, ¡sí o sí! No podía negarme, así que salí de mi bloque de apartamentos, busqué a un agente inmobiliario cercano y le di todos los detalles necesarios. Por alguna extraña coincidencia, justo en ese momento había un comprador potencial en la oficina del agente y en dos días la casa estaba vendida. El agente me dio 10.000 yuanes de comisión y la vecina otros 2.000, lo cual solucionaba el problema de la matrícula de mis hijos. Al ayudarme a resolver este problema urgente, Dios me mostró cómo obra Él. En otra ocasión, otra persona me pidió ayuda para vender una casa y como la misma se vendió por un buen precio, pude ganar decenas de miles de yuanes en un mes o así. Después de experimentar hechos maravillosos de Dios, llegué a entender que mientras cumpliera las exigencias de Dios, Él siempre abriría un camino delante de mí. Saber que las manos de Dios lo arreglan todo me permitió dejar de buscar dinero turbio, el cual era fuente de una gran ansiedad para mí. También pude ver claramente todas las bendiciones que Dios había concedido a mi familia: después de creer en Dios, mi esposa pudo vencer su adicción de diez años de jugar al mahjong y su enfermedad estomacal, así como su reumatismo graves desaparecieron como por arte de magia, dejándola con un aspecto y sintiéndose muchos años más joven; y yo me sentía libre y con más energía después abandonar los actos malvados. Nuestra relación se volvió amable y armoniosa. Por primera vez, sentí verdadera alegría.

Después de experimentar el amor y la salvación de Dios, a la par que disfrutaba de una paz y un alivio espirituales recién encontrados, descubrí que cada vez más luz estaba llegando a los recovecos más profundos de mi corazón. Era como si hubiera redescubierto la fe y la confianza en Dios que había tenido de niño. Ya no estaba dispuesto a cometer ningún pecado y, por tanto, después de mucho pensarlo, decidí renunciar a mi trabajo y no volver nunca al trabajo policial. Sin embargo, tan pronto como me decidí a dejar atrás el pecado, Satanás empezó a ponerme a prueba de nuevo: mi jefe me dijo que quería ascenderme y no sólo me prometió un aumento de sueldo, sino que también me iba a asignar un Audi para mis desplazamientos. El pensamiento de conseguir esos beneficios me entusiasmó de nuevo y no dormí nada esa noche. Así que oré a Dios: “Oh Dios, realmente no sé si renunciar o no a este trabajo. Me encantan los Audis. He querido uno desde que era niño”. Justo cuando estaba vacilando así, recibí una llamada inesperada de mi mujer: “¿Cómo es que no estás aún en casa?”. Le dije la razón y ella contestó: “¿No quieres renunciar a ese trabajo? ¡Entonces morirás en un Audi!”. Ahí fue cuando me di cuenta de que la llamada repentina de mi mujer formaba parte de los arreglos de Dios y por tanto decidí en ese mismo momento dejar mi trabajo. Un mes después, el 12 de mayo de 2008, tuvo lugar el primer y devastador terremoto de Sichuan. El día después del temblor, recibí una llamada de la mujer de un antiguo subordinado: “Tienes que venir a Wenchuan tan pronto como puedas. ¡Mi marido ha muerto!” (él iba conduciendo por Wenchuan, el epicentro del seísmo, camino de una reunión). Cuando llegué, vi que el Audi en el que se encontraba mi antiguo colega había sido aplastado por una roca gigante y tanto él como los otros pasajeros habían muerto. Sólo su mujer había sobrevivido porque había salido anteriormente del coche para ir al baño. Cuando vi la forma tan horrible en que mi antiguo colega había muerto dentro de ese Audi, lloré intensamente; pero también hice una oración de agradecimiento a Dios: “Gracias, Dios. Gracias por salvarme de nuevo. ¡Yo debía ser uno de los que murieron en ese Audi!”. Más tarde, su esposa me preguntó: “¿Por qué renunciaste? Mi marido quiso tu trabajo durante mucho tiempo. Tú lo tratabas bien, ¡pero él sólo quería hacerte caer tan pronto como pudiera!”. Le dije: “Renuncié porque ahora creo en Dios Todopoderoso”. Y también le conté todas las cosas que habían ocurrido desde que empecé a creer en Dios. Y así, ella también llegó a aceptar a Dios Todopoderoso más adelante.

Las palabras de Dios dicen: “Echa un vistazo a la época del arca de Noé: la humanidad era profundamente corrupta, se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba más de ella, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Así pues, los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza, abandonados a sí mismos a una depravación horrible. Tales hombres ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Así pues, cada vez se acercaron más a la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios” (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me conmovieron mucho. Recordé que convertirme en oficial de la administración del PCCh fue como caer en un gran contenedor de pecado y hundirme cada vez a más profundidad con cada paso que daba. Recordé todas las trampas que utilizaba para ganar dinero, cómo usé mi posición para enriquecerme, la buena vida y las comidas exquisitas, así como cuán degradado y degenerado llegué a ser. Estaba viviendo una existencia infrahumana y todo eso sucedió porque me aparté de Dios y me relacioné con demonios malvados. Mi aprieto había sido totalmente una consecuencia de mi relación con Satanás y los demonios, y si Dios no me hubiera salvado, mi destino habría sido el mismo que el de esas personas que traicionaron a Dios en la época de Noé: ¡la ira y el castigo de Dios me habrían sobrevenido y yo habría muerto como mi colega! Hoy en día, Dios se ha encarnado en forma humana para expresar verdades con el fin de purificar y salvar a las personas. Ha venido para despertar nuestros corazones y espíritus, para ayudarnos a dejar atrás el pecado y obtener Su cuidado y protección. La obra de Dios es extremadamente práctica y Su amor extremadamente real. Cuando me volví a Dios y empecé a vivir mi vida conforme a Sus palabras, Él no sólo me salvó del pecado y me bendijo, ¡también me salvó la vida! Eso me hizo entender a qué se refería Dios cuando dijo: “Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz, y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal”. Dios nos está diciendo que Noé obtuvo las bendiciones de Dios y sobrevivió porque escuchó a Dios, lo hizo todo conforme a las palabras de Dios, adoró a Dios y se mantuvo apartado del pecado. En estos tiempos modernos, nosotros también debemos llevar nuestra vida conforme a las palabras de Dios. Por muy malos o corruptos que hayamos sido, mientras podamos aceptar verdades, arrepentirnos verdaderamente y poner en práctica las palabras de Dios, también obtendremos la salvación y la gracia de Dios. ¡Estoy seguro de que cualquiera que oiga cómo obró Dios en mí, podrá entender que Él emplea todos los medios cuando se trata de salvar a las personas y que no dejará que una sola alma inocente caiga en el inframundo!

A todos mis hermanos de armas en las fuerzas policiales del DSP que llegan a todos, les digo que todas las palabras anteriores proceden directamente de mi corazón. Sé que todos han tenido muchas experiencias amargas de las que les resulta difícil hablar y que deben hacer muchas cosas que no quieren hacer; pero hagan lo que hagan no se dejen engañar por el PCCh ni luchen más contra Dios Todopoderoso. Los invito a todos a que se concedan a sí mismos algún espacio para retroceder o de lo contrario se verán en el camino a la condenación. ¡Tan pronto como alguien hace algo que ofende a Dios, está fuera de la redención porque blasfemar o resistirse a Dios es un pecado que no puede perdonarse en esta vida ni en el más allá! Justo como Ren Changxia, una jefa de policía de la provincia de Henan que usó su posición para tomar medidas drásticas contra la Iglesia de Dios Todopoderoso y arrestar a sus miembros: sufrió una muerte terrible en un accidente de tráfico. Eso confirma completamente lo que Dios Todopoderoso ha dicho: “Los malvados deben ser castigados”. “Quien resiste la obra de Dios será enviado al infierno”. ¿Cómo pueden luchar contra Dios los mortales comunes? Asimismo, mi propia experiencia debe de ser suficiente para mostrales cómo Dios no lleva la cuenta de nuestras transgresiones, así que, mientras renuncien a sus caminos malvados y empiecen a hacer el bien, se arrepientan ante Dios y vuelvan a Él, ¡ustedes también podrán disfrutar de la paz y la felicidad!

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