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La obra de Dios Todopoderoso ha hecho que caminemos por la misma senda como marido y mujer

Liu Xue, provincia de Henán

En 1991, dado que estábamos soportando las dificultades del conflicto familiar, mi marido y yo creímos juntos en el Señor Jesús. A partir de ahí, ya no discutimos más. Leíamos la Biblia y asistíamos juntos a las reuniones con mucho celo. No mucho después, mi marido dejó la Iglesia de las Tres Autonomías y se pasó a la Corriente de la Recuperación. Con respecto al asunto de que mi marido cambiara de denominación, no me importó. Yo creía que mientras creyéramos en un único Dios, no importaba a qué denominación perteneciéramos.

En 1995, mi marido empezó a persuadirme por todos los medios posibles para que yo entrara en la Corriente de la Recuperación. Si yo no iba, él no estaría feliz. Después, permitió una vez más que los líderes y los colaboradores vinieran y me persuadieran. Sin embargo, yo era incapaz de aceptar las doctrinas que ellos estaban enseñando y permanecí como miembro de la Iglesia de las Tres Autonomías. Como nuestras doctrinas de fe no eran las mismas, mi marido y yo ya no hablábamos el mismo lenguaje y empezamos a distanciarnos. Cuando mi marido traía arriba a colaboradores de la Corriente de la Recuperación para celebrar reuniones, yo no participaba. Cuando mis hermanos y hermanas de la Iglesia de las Tres Autonomías venían a nuestra casa para asistir a reuniones, mi marido tampoco participaba. En nuestra vida cotidiana, yo vendía marcos de cristal y mi marido producía diseños de arte. Trabajábamos en nuestros propios negocios, teníamos nuestras propias cuentas y ganábamos nuestro propio dinero. Yo me cocinaba mi propia comida y me la comía sola, y mi marido hacía lo mismo. Era como si hubiera dos familias independientes en nuestra casa. En la primavera de 1997, yo me mudé a otra parte y dije a mi hijo de 11 años de edad: “A partir de ahora, tu padre no tiene permitido entrar en la casa. Si alguien te pregunta sobre tu padre, ¡debes decirle que está muerto!”. Yo sufrí mucho a causa del hecho de que las iglesias a las que mi marido y yo asistíamos eran incompatibles. En este tiempo, descubrí que los ancianos y líderes de la Iglesia de las Tres Autonomías que habían creído durante décadas eran en realidad iguales que las personas comunes. En público, se burlaban y ridiculizaban unos a otros, formaban bandas y fomentaban la disputa y la envidia. A la luz de esta situación, lo único que podía hacer era venir ante el Señor con lágrimas en los ojos y orar: “¡Señor! ¿Por qué deben separarse en tantas denominaciones diferentes los que creen en ti? Además, ni siquiera los que están en la misma denominación pueden convivir juntos. ¿Por qué pasa esto? ¡Señor! ¿Cuándo se unirán todas estas denominaciones? ¿Cuándo nos reconciliaremos mi marido y yo y te serviremos con un sólo corazón?…”. Después, con el fin de buscar el camino de la unificación, yo visité otras denominaciones como la Iglesia de la Justificación por la Fe, la Iglesia Nacida de Nuevo, la Iglesia de la Salvación Eterna y la Iglesia de la Alabanza. El resultado fue que yo vi que, al mismo tiempo que cada denominación se jactaba de ser la que estaba más en sintonía con los propósitos de Dios, sus propios miembros estaban claramente luchando, compitiendo y excluyéndose entre sí. Después de visitar estas denominaciones, no sólo fui incapaz de encontrar el camino de la unificación, todo lo contrario, perdí la fe que yo tenía originalmente. En plena noche, cuando reflexionaba sobre los pocos años en que había creído en Dios y en esta situación, derramaba lágrimas silenciosas y mi corazón sentía una intensa desesperación y dolor. Yo no sabía adónde me estaba llevando mi senda.

Estoy agradecida de que Dios se diera cuenta de cuán dolorosa estaba siendo mi lucha en la oscuridad. Una noche, mi marido vino de repente a buscarme. Él incluso estaba sonriéndome mientras me hablaba. Sin embargo, mi enojo con él no disminuyó en absoluto. Yo le dije persistentemente que se marchara. Cuando él vio que yo me estaba enfadando, dejó de hablarme. La noche siguiente, él me dijo con calma: “Aunque ambos nos hayamos vuelto hacia el Señor, todos estos años, todo el tiempo, hemos cumplido con nuestras propias doctrinas independientes y hemos sido incapaces de unirnos. La situación ha estado en esta especie de punto muerto todo el tiempo y hemos pasado nuestros días luchando en esta guerra fría. Todo esto es porque no entendemos los propósitos de Dios. Cuando Jesús vino a llevar a cabo Su obra redentora en la tierra, sólo había una denominación. ¿Por qué, dos mil años después, hay tantas denominaciones diferentes? Además, cada denominación asegura que sus creencias son las más correctas y las que más están en sintonía con los propósitos del Señor. Todas creen que cuando el Señor regrese, Él descenderá primero sobre su propia denominación. Si realmente ocurriera esto según las imaginaciones de las personas: cuando el Señor regresara, Él descendería primero sobre una determinada denominación, ¿no es esto injusto hacia otras personas?”. Lo que mi marido estaba diciendo estaba completamente fuera de lo que yo hubiera esperado. Yo nunca pensé que mi marido pudiera hablar de forma tan objetiva sobre un problema tan realista y agudo. ¿No era este exactamente el misterio con el que yo había estado luchando durante tantos años? Lo que él tenía que decir me cautivó. Él siguió explayándose: “Realmente, todos los que están bajo el nombre del Señor Jesús, independientemente de la denominación de la que sean, contemplan la salvación de la cruz de Jesús. Todos ellos ponen en práctica el bautismo, el partimiento del pan, la humildad, la paciencia, la tolerancia, el amor… Todas las sendas por las que caminan las abrió Jesús. Todo esto es cierto. Sin embargo, como los fundadores de cada denominación veían la Biblia de forma diferente y su entendimiento y aceptación era diferente, las doctrinas que redactaron sólo difieren en puntos menores. Algunos hacen hincapié en la verdad de la justificación sólo por la fe, mientras otros acentúan la enseñanza de ‘una vez salvo siempre salvo’. Algunos abogan por alabar a Dios por medio del tambor y la danza mientras otros se centran en el nuevo nacimiento, la confesión y el arrepentimiento. Además, otros hablan de someterse a la autoridad y otros se centran en cumplir las leyes y los decretos… Hay toda clase de doctrinas. Realmente, muchas de las enseñanzas de cada denominación se originan en las imaginaciones y nociones del hombre. Sus enseñanzas interpretan la Biblia fuera de contexto y sólo funcionan dentro de esa denominación. Son básicamente incapaces de convencer a los hermanos y hermanas de otras denominaciones. Por eso los miembros de todas y cada una de las denominaciones dicen que lo que ellos cumplen es la verdad, pero son incapaces de hacer la obra de unificación. Esto se debe a que los fundadores y líderes de cada denominación son hombres y no Dios. Sólo Dios mismo puede hacer la obra de unificación”. Lo que mi marido dijo me convenció. Esta era la verdad pura y sin adulterar. Yo no pude evitar preguntarle: “¿Cómo hará Dios la obra de unificación?”. Mi marido respondió alegremente: “Ahora mismo, ya son los últimos días. Dios ya ha regresado en la carne y ha hablado. Él ha expresado claramente Sus propósitos a la humanidad. Además, Él ha desvelado el misterio de Su plan de gestión de 6000 años para la humanidad. Él quiere traer ante Sí a todos los hermanos y hermanas de todas y cada una de las denominaciones que creen genuinamente en Él y tienen sed de la verdad. Todos los hermanos y hermanas que hayan oído hablar a Dios de los últimos días dejarán sus diferentes denominaciones y se unirán con Dios. Esta es la obra de unificación de Dios de los últimos días, y cumple las siguientes palabras de la Biblia: ‘con miras a una buena administración en el cumplimiento de los tiempos, es decir, de reunir todas las cosas en Cristo, tanto las que están en los cielos, como las que están en la tierra.’ (Efesios 1:10). ‘Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor’ (Juan 10:16). La obra de unificación de Dios de los últimos días también cumple el profeta del profeta del libro de Isaías: ‘Y acontecerá en los postreros días, que el monte de la casa del Señor será establecido como cabeza de los montes; se alzará sobre los collados, y confluirán a él todas las naciones. […] Juzgará entre las naciones, y hará decisiones por muchos pueblos. Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra’ (Isaías 2:2, 4). Actualmente, la obra de Dios de los últimos días ya ha hecho que muchos hermanos y hermanas de diferentes denominaciones se hayan unido. Yo también he empezado a seguir la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. He vuelto esta vez específicamente para contarte estas buenas noticias”.

Cuando continuamos hablando, mi marido sacó un libro y dijo: “Estas son las palabras que salieron de la boca de Dios Todopoderoso, ¡leámoslas juntos!”. Así pues, empezamos a leer juntos las palabras de Dios: “Independientemente de la religión a la que pertenezcas, en última instancia te someterás al dominio de Dios. Sólo Él mismo puede llevar a cabo esta obra; ningún líder religioso puede hacerlo. Existen varias religiones importantes en el mundo, y cada una de ellas tiene su cabeza, o líder, y los seguidores están esparcidos por diferentes países y regiones de todo el mundo; cada país, grande o pequeño, contiene diferentes religiones. Sin embargo, independientemente de las religiones que existan alrededor del mundo, todas las personas del universo existen en definitiva bajo la dirección de un Dios, y no son cabezas o líderes religiosos quienes guían su existencia. Es decir, ningún cabeza o líder religioso en particular guía a la humanidad, sino que la dirige el Creador, que creó los cielos y la tierra, y todas las cosas, y también a aquella; esto es una realidad. Aunque el mundo tiene varias religiones principales, por muy relevantes que sean, todas existen bajo el dominio del Creador y ninguna de ellas puede sobrepasar el ámbito de ese dominio. El desarrollo de la humanidad, el progreso social, el desarrollo de las ciencias naturales, cada uno de estos aspectos es inseparable de las disposiciones del Creador, y esta obra no es algo que un líder religioso particular pueda hacer. Los líderes religiosos son simplemente la cabeza de una religión particular, y no pueden representar a Dios, o a aquel que creó los cielos, la tierra y todas las cosas. Los líderes religiosos pueden guiar a quienes están dentro de toda la religión, pero no pueden dominar a todas las criaturas bajo el cielo; este es un hecho universalmente reconocido. Los líderes religiosos son simplemente eso, y no pueden equipararse a Dios (el Creador). Todas las cosas están en manos del Creador, y al final volverán a ellas. La humanidad fue creada originalmente por Dios, e independientemente de la religión, todas las personas volverán bajo Su dominio; es inevitable” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ in “La Palabra manifestada en carne”). Yo escuché en silencio las palabras de Dios. Una cálida sensación se apoderó de mi corazón. Esta era realmente la voz de Dios. Jesús había regresado realmente. Yo oré en silencio: “Dios Todopoderoso, Tú sabes realmente lo que el hombre necesita. Yo deseo unidad. Verdaderamente, mi marido y yo no hemos sido capaces de unirnos, no digamos ya todas las diferentes denominaciones. Sólo Tú puedes realizar la obra de unificación. Nadie puede sustituirte. ¡Dios! ¡Tú eres verdaderamente adorable! A partir de ahora, todos los hermanos y hermanas de todas y cada una de las denominaciones se someterán bajo Tu dominio y vivirán en armonía. Ya no habrá ningún distanciamiento ni disputas… He esperado tanto tiempo este día”. Al ver cuán feliz estaba mi marido en ese momento, mi montón de quejas se esfumó como humo en el aire. Cuando pensé en la actitud con la que lo había tratado, empecé a sentirme muy arrepentida. Todos estos años, él había sufrido, pero no discutió conmigo. Él aún me contó las buenas nuevas de la obra de Dios de los últimos días. Yo dije a mi hijo con emoción: “A partir de ahora, no culpes más a tu padre. Yo también debo aceptar la nueva obra de Dios”. Al oírme decir esto, mi hijo sonrió, y mi marido y yo nos sonreímos mutuamente con complicidad.

A partir de ahí, era como si mi marido fuera una persona diferente. Él estaba feliz a lo largo de todo el día. Cada vez que los hermanos y hermanas venían a nuestra casa, él tomaba la iniciativa de ir a comprar comida y cocinar. Frecuentemente orábamos juntos, leíamos las palabras de Dios juntos y nos comunicábamos el uno al otro nuestro entendimiento de las palabras de Dios. Él me enseñó incluso a cantar algunas canciones nuevas. A través de la lectura de las palabras de Dios, yo entendí algunas verdades y que el propósito de Dios es salvar a las personas en la mayor medida posible. Como consecuencia, mi marido y yo nos sumamos a las filas de los que difunden y dan testimonio de las buenas nuevas de Dios de los últimos días. Hubo una vez en la que mi marido iba en bicicleta y me llevaba a difundir el evangelio a uno de los ancianos de la Iglesia de las Tres Autonomías. Este anciano dijo en un tono de mucha sorpresa: “Parece que esta es realmente la obra de unificación de Dios, de lo contrario tú no estarías sentada en su bicicleta”. Al final, ese anciano también aceptó la obra de Dios de los últimos días. Hoy en día, en esta familia de la Iglesia de Dios Todopoderoso, hay hermanos y hermanas de toda clase de denominaciones como la Corriente de la Recuperación, la Iglesia de la Justificación por la Fe, la Iglesia de la Alabanza, la Iglesia del Camino de la Vida, la Iglesia de la Salvación Eterna, la Iglesia Adventista del Séptimo Día y la Iglesia de los Tres Grados de Siervos. Ellos han abandonado sus conceptos y prejuicios pasados y comen, beben y disfrutan juntos las palabras de Dios. Todos usan los puntos fuertes de los demás para compensar sus propias debilidades y conviven en armonía. Todos cumplen los deberes en cooperación y hay ambiciones y metas compartidas. Todos ellos trabajan duro en la búsqueda de la verdad y de un entendimiento de Dios para poder convertirse en personas que obedezcan y adoren a Dios. Cuando yo veo a mis hermanos y hermanas experimentar juntos la obra de Dios, mi corazón está indescriptiblemente feliz. La obra de unificación de Dios es la que ha hecho que mi marido y yo nos reconciliemos y nos unamos de nuevo, y ha permitido a los hermanos y hermanas de toda clase de denominaciones que anteriormente tenían opiniones diferentes y no tenían contacto entre sí reunirse juntos en un mismo lugar. ¡Gracias a Dios Todopoderoso! ¡Deseo que todo el honor vuelva a Dios Todopoderoso!

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