1. ¿Qué es el arrepentimiento sincero? ¿Únicamente orar a Dios y admitir los propios pecados?

Las palabras relevantes de Dios:

Toda persona, en mayor o menor medida, ha cometido transgresiones. Cuando no sabes que algo es una transgresión, lo consideras con cierta confusión en tu mente o, tal vez, continúas aferrándote a tus propias opiniones, prácticas y formas de comprensión, pero, un día, ya sea a través de hablar con tus hermanos y hermanas o por una revelación de Dios, te das cuenta de que es una transgresión, una ofensa contra Dios. ¿Qué actitud vas a tener, entonces? ¿Seguirás firme, razonando y discutiendo, aferrándote a tus propias ideas, creyendo que lo que estás haciendo es conforme a la verdad? Esto incluye tu actitud hacia Dios. ¿Qué actitud tuvo David con respecto a sus transgresiones? (Remordimiento). Remordimiento: ya no volvería a cometerlas. Entonces, ¿qué hizo? Oró pidiéndole a Dios que lo castigara: “¡Si vuelvo a cometer este error, que Dios me castigue y haga que me muera!”. Esa fue su decisión; era verdadero remordimiento. ¿Puede la gente común lograr esto? En el caso de las personas comunes, está bien si no tratan de discutir o admiten tácitamente su responsabilidad, pero, en su corazón, todavía piensan: “Espero que nadie vuelva a mencionar esto. Me sentiría humillado”. ¿Es esto verdadero remordimiento? Para arrepentirte de verdad, debes descartar el mal que hayas hecho en el pasado, dejarlo y no volver a hacerlo. Bueno, ¿qué se debe hacer entonces? ¿Servirá solo descartar el mal, no hacerlo y no pensar en ello? ¿Cuál es tu actitud hacia Dios? ¿Cómo tomarás el hecho de que Dios te exponga? (Aceptaremos el castigo de Dios). Aceptar el castigo de Dios, Su juicio y Su castigo, es una parte. La otra es aceptar el escrutinio de Dios mientras aceptas Su castigo. Cuando hayas aceptado ambas partes, ¿cuál será tu determinación? Cuando te encuentres con circunstancias y asuntos de ese tipo en el futuro, ¿qué harás? Sin verdadero remordimiento, uno no puede descartar un mal, y, en cualquier lugar, en cualquier momento, podría volver a lo mismo de siempre, a hacer el mismo mal, a cometer la misma transgresión y el mismo error una y otra vez. ¿No es esta la actitud que uno tiene hacia la verdad? Esto revela la actitud del hombre hacia la verdad y hacia Dios. Entonces, ¿qué puede hacer alguien para desechar por completo una transgresión? ¿Practicar la verdad? Uno debe tener la actitud correcta hacia la verdad. ¿Y qué actitud debe tener alguien y cómo debe practicar para demostrar su actitud correcta hacia la verdad? ¿Qué harás si caes en la tentación cuando te encuentres con este problema nuevamente? Una palabra: “¡Alejarte!”. Al mismo tiempo, uno debe tomar la determinación de ser castigado por Dios si vuelve a cometer el mismo tipo de error. Hacerlo es odiar el problema desde el fondo del corazón, verlo como lo más abominable; como algo malo, algo que ofende a Dios, una mancha eterna. La Biblia dice: “El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados” (Proverbios 22:3). Eso no es simplicidad; es estupidez, lisa y llanamente. “Alejarte”: ¿cómo es como forma de práctica? (Es buena). Sin embargo, ¿acaso no hay ocasiones en las que uno no puede mantenerse alejado? ¿Qué vas a hacer, entonces? Debes orar a Dios con fervor en tu corazón y pedirle que disponga las cosas. Algunas pruebas también son tentaciones. ¿Por qué permite Dios que te sucedan tales cosas? No ocurren por casualidad; es Dios que te hace exigencias y te pone a prueba. Si no aceptas la prueba de Dios y tratas de ignorarla, ¿no revela esto tu actitud hacia Él? Que le des la espalda a las circunstancias que Dios dispone para ti y a las pruebas que pone en tu camino, ¿no habla de la actitud del hombre hacia Dios, así como que tengas una actitud impertinente, y que no ores ni busques ni intentes encontrar en esas circunstancias y pruebas la senda de práctica? Hay quienes dicen: “No he tenido esos pensamientos y no tengo esa intención”. Si no tienes intención, ¿cuál es tu actitud hacia Dios? Algunas actitudes son deliberadas e intencionadas, mientras que otras, no. ¿Cuál es la tuya? ¿Alguien que es impertinente y no toma a Dios en serio es alguien que ama la verdad? Está establecido que quien trata a la verdad y a Dios como juegos de niños, como aire vacío, no es alguien que ama la verdad.

Extracto de La comunión de Dios

¿Cómo se puede medir si alguien ama la verdad o no? Fíjate en lo que viven normalmente, si hacen lo que dicen, si sus palabras coinciden con sus acciones. Si no es así, si lo que dicen suena bien y hablan muy claramente, pero son incapaces de reconocer que revelan algún carácter corrupto cuando más adelante les sucede algo, entonces son personas que no aman la verdad. Puede que sean conscientes, por ejemplo, de que son astutos y calculadores, y puede que sean capaces de notar cuando otros están siendo astutos. Pero cuando, después de decir que son astutos, se encuentran de nuevo con el mismo problema, obsérvalos y fíjate en si son capaces de abandonar tal comportamiento, si se arrepienten, si tienen un sentimiento reprobatorio en sus corazones después de lo que hicieron, y si tienen un sentimiento de vergüenza. Si no sienten vergüenza, entonces el reconocimiento de su propio engaño es despreocupado y superficial, no es genuino. Por el contrario, creen que no son los más astutos, que todos los demás lo son más que ellos, así que no importa si dicen que son astutos. Eso es lo que piensan en su interior. Entonces, ¿cómo se puede discernir si alguien ama la verdad, si busca realmente la verdad? Observa si hay algún cambio en ellos. Si después de revelar y reconocer su propia astucia, continúan como siempre; si solo hacen referencia de pasada a su propia astucia, como si estuvieran contando un chiste o simplemente soltando algunas frases tipo; si no revelan su astucia con una actitud de repugnancia y odio, o con una actitud de arrepentimiento y reconocimiento que proviene de lo más profundo de su corazón, sino que solo se abren superficialmente, entonces no son alguien que busque auténticamente la verdad. Algunas personas solo van en piloto automático en su autoconocimiento: “Todo el mundo dice que son astutas, así que yo también lo diré; será incómodo si no lo hago”. Lo dicen alegremente, como si estuvieran apuntándose un tanto a su favor. Eso es actuar con el piloto automático. Entonces, ¿existe alguna deuda en este conocimiento que proviene de actuar en piloto automático? No la hay. No importa cómo reconozcan su propio engaño y su carácter corrupto, no es un reconocimiento verdadero. ¿Y por qué digo que no es un reconocimiento verdadero? La suya no es una verdadera revelación y un desprecio hacia sí mismos que provenga de lo más profundo de su corazón. No sienten odio, no se sienten en deuda cuando hacen algo malo; no se sienten en deuda cuando tratan de engañar a Dios o blasfeman o se rebelan contra Él, ni tampoco cuando engañan a otras personas. Si no se sienten en deuda, ¿son capaces de arrepentirse? ¿Y puede la gente sin remordimientos arrepentirse? ¿Pueden revertirse las personas que no se arrepienten y rechazar los intereses de la carne para practicar la verdad? No pueden… esto es un asunto del corazón. En su interior, algunas personas se conocen de verdad y se arrepienten. Aunque no lo digan en alto, se avergüenzan, sienten que han mentido y no se atreven a decírselo a los demás; en sus corazones, saben que son astutos y malvados, que no son personas íntegras, que son completamente falsos y astutos, que están engañando a los hermanos y hermanas y a Dios. En sus corazones se odian a sí mismos, y luego se arrepienten. Aunque todos tienen la misma esencia-naturaleza, una vez descubren su propia ignominia se sienten deshonrados, reconocen que todo lo que Dios revela es correcto, y comienzan a aceptar el juicio y el castigo. Sienten un verdadero remordimiento en lo más profundo de sus corazones. Esta es la verdadera percepción y conocimiento. Aquellos que carecen de verdadera percepción, mientras tanto, también son capaces de repetir ciertas formalidades, como si estuvieran contando un chiste o cantando una canción infantil; son solo muletillas. Sus engaños traen lágrimas a los ojos de la gente, pero no significan nada para ellos. ¿Hay mucha gente así? (Sí). La gente como esta es la más engañosa de todas.

Extracto de ‘Sólo cuando te conoces a ti mismo puedes buscar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

El arrepentimiento del rey de Nínive se gana el elogio de Jehová Dios

Cuando el rey de Nínive oyó estas noticias, se levantó de su trono, se quitó su túnica, se vistió de cilicio y se sentó sobre cenizas. Después proclamó que no se permitiría comer nada a nadie en la ciudad, y que ni a los corderos, los bueyes o cualquier otra cabeza de ganado se le permitiría pastar o beber agua. Los hombres y el ganado por igual debían vestir de cilicio, y las personas harían fervientes ruegos a Dios. El rey también proclamó que cada uno de ellos se volviese de sus caminos malvados y abandonase la violencia en sus manos. A juzgar por esta serie de acciones, el rey de Nínive albergaba un arrepentimiento sincero en su corazón. Esta serie de acciones que llevó a cabo —levantarse de su trono, quitarse su túnica de rey, vestir de cilicio y sentarse sobre cenizas— le revelan a la gente que el rey de Nínive estaba dejando de lado su estatus real y vestía de cilicio junto al pueblo llano. Es decir, el rey de Nínive no ocupaba su puesto real para continuar con su camino malvado o la violencia en sus manos después de oír el anuncio de Jehová Dios; en su lugar, dejó de lado la autoridad que ostentaba y se arrepintió delante de Jehová Dios. En este momento, el rey de Nínive no se estaba arrepintiendo como un rey; había venido delante de Dios para arrepentirse y confesar sus pecados como un súbdito ordinario de Dios. Además, también dijo a toda la ciudad que se arrepintiese y confesase sus pecados delante de Dios de la misma forma que había hecho él; adicionalmente, tenía un plan específico en cuanto a cómo hacerlo, como se ve en las Escrituras: “Que ningún hombre ni bestia, manada o bandada, coman nada, ni siquiera que beban agua. […] y que clamen con todas sus fuerzas a Dios; que todos se arrepientan de sus caminos de maldad y se despojen de toda la violencia de sus manos”.* Como gobernador de la ciudad, el rey de Nínive poseía un estatus y un poder supremo y podía hacer cualquier cosa que desease. Cuando se enfrentó al anuncio de Jehová Dios, podía haber ignorado el asunto o simplemente haberse arrepentido y confesado sus pecados él solo; en cuanto a si el pueblo de la ciudad decidía o no arrepentirse, podía haber ignorado por completo el asunto. Sin embargo, el rey de Nínive no hizo esto en absoluto. No solo se levantó de su trono, se vistió de cilicio y cenizas, se arrepintió y confesó sus pecados delante de Jehová Dios, sino que también ordenó que todas las personas y el ganado de la ciudad hiciesen lo mismo. Incluso ordenó a las personas “clamar con todas sus fuerzas a Dios”. A través de esta serie de acciones, el rey de Nínive cumplió verdaderamente con su deber. Su serie de actos resulta difícil de realizar para cualquier rey en la historia humana y, de hecho, ningún otro rey logró tales cosas. Estas acciones pueden definirse como sin precedentes en la historia humana y son dignas de ser tanto conmemoradas como imitadas por la humanidad. Desde los albores del hombre, cada rey había llevado a sus súbditos a resistirse y oponerse a Dios. Nadie había guiado nunca a sus súbditos a rogar a Dios en busca de redención por su maldad, a recibir el perdón de Jehová Dios y evitar el castigo inminente. Sin embargo, el rey de Nínive fue capaz de llevar a sus súbditos a volverse a Dios, dejar atrás sus respectivos caminos malvados y abandonar la violencia en sus manos. Además, también fue capaz de dejar de lado su trono y, en respuesta, Jehová Dios cambió de idea, sintió arrepentimiento, se retractó de Su ira, permitiendo que las personas de la ciudad sobreviviesen, guardándolas de la destrucción. Las acciones del rey sólo pueden calificarse como un milagro raro en la historia humana e incluso como un ejemplo modélico de humanidad corrupta, al arrepentirse y confesar sus pecados delante de Dios.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

El arrepentimiento verdadero en los corazones de los ninivitas obtiene para ellos la misericordia de Dios y cambia su propio fin

¿Había alguna contradicción entre el cambio de opinión de Dios y Su ira? ¡Por supuesto que no! Esto es porque la tolerancia de Dios en ese momento en particular tenía su razón. ¿Qué razón podía ser? Es la que se da en la Biblia: “todos se arrepintieron de su propio camino de maldad” y “se despojaron de toda la violencia de sus manos”.

Este “camino de maldad” no se refiere a un puñado de actos malvados, sino a la fuente de mal de la que emana el comportamiento de las personas. “Arrepentirse de su propio camino de maldad” significa que aquellos en cuestión nunca cometerán estos actos de nuevo. En otras palabras, nunca se comportarán de esa forma malvada de nuevo; el método, la fuente, el propósito, la intención y el principio de sus acciones han cambiado todos; nunca más usarán esos métodos y principios para traer disfrute y felicidad a sus corazones. El “despojarse” en “despojarse de toda la violencia de sus propios manos” significa deponer o desechar, romper totalmente con el pasado y nunca volver atrás. Cuando el pueblo de Nínive abandonó la violencia que había en sus manos, esto demostraba y representaba su arrepentimiento verdadero. Dios observa la apariencia exterior de las personas, así como sus corazones. Cuando Dios observó el arrepentimiento verdadero en los corazones de los ninivitas sin dudarlo y también observó que habían dejado sus caminos malvados y abandonado la violencia que había en sus manos, cambió de opinión. Es decir, la conducta y el comportamiento de estas personas, sus diversas formas de hacer las cosas, así como su verdadera confesión y arrepentimiento de los pecados en su corazón provocaron que Dios cambiase Su opinión, Sus intenciones, se retractase de Su decisión y no los castigase ni destruyese. Así pues, las personas de Nínive consiguieron un fin diferente para ellas. Redimieron sus propias vidas y al mismo tiempo obtuvieron la misericordia y tolerancia de Dios, punto en el cual Dios también replegó Su ira.

Extracto de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Cuando las personas admiten sus errores y confiesan sus pecados, ¿es eso igual que conocerse a sí mismos? ¿Puede conllevar semejante admisión y confesión un verdadero arrepentimiento? Para las personas que solo admiten el hecho de su pecado pero no conocen sus raíces ni su esencia, a pesar de admitir tal pecado, y por buena que sea su actitud, son incapaces de un verdadero arrepentimiento. Los hechos del mundo religioso lo demuestran: la gente del mundo religioso confiesa con frecuencia sus pecados ante Dios, pero luego vuelven a pecar a menudo, no logran librarse del pecado hasta el momento de la muerte. ¿Por qué razón sucede esto? Se debe a que carecen de un verdadero conocimiento de sí mismos. Han confesado sus pecados, pero no se han arrepentido ni cambiado. Si realmente hubiera existido arrepentimiento y cambio, sus pecados deberían haber sido cada vez menos frecuentes y, en última instancia, no deberían pecar más en su fe en el Señor. Entonces, ¿por qué persisten en el pecado y sus vidas nunca escapan del círculo vicioso de pecar y confesar, confesar y pecar? Esto demuestra que no se han arrepentido verdaderamente. No han cambiado. Así, cuando las personas solo admiten superficialmente sus pecados pero no conocen la esencia de estos, el verdadero arrepentimiento es imposible y no puede producirse un verdadero cambio.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

¿Por qué conocerse a sí mismo es una verdadera experiencia de vida? Porque cuanto más se conoce uno a sí mismo, más capaz es de un verdadero arrepentimiento y un cambio real, y solo la experiencia de ser capaz de lograr un verdadero arrepentimiento y conseguir cambios en el carácter vital de uno es la verdadera experiencia de vida. Y así, solo conocerse a sí mismo es la verdadera experiencia de vida. Aquellos creyentes religiosos en el Señor —esa gente que pasa toda su vida esforzándose por el Señor, difundiendo el evangelio y dando testimonio del Señor, pero que aun no conocen su propia esencia corrupta, y simplemente oran al Señor cada día, confesando sus pecados y pidiendo Su perdón—, al final, ¿se arrepentirán de verdad? No. Puede que gran parte de su comportamiento sea bueno, pero aun así a menudo mienten y pecan, lo que demuestra que en realidad no se han arrepentido en absoluto. La profunda corrupción de la humanidad se manifiesta principalmente en sus mentiras, sus intentos de engañar a Dios y su oposición a Él. El verdadero arrepentimiento solo se logra cuando se ha convertido realmente en un niño, cuando no miente ni intenta engañar a Dios, y su corazón es honesto. Entonces, ¿por qué la gente no se arrepiente de verdad ni cambia por mucho que se arrepienta y confiese sus pecados al Señor? Después de experimentar el juicio y castigo de Dios, está claro para nosotros que esto se debe a que la gente carece de conocimiento sobre su esencia-naturaleza; esa es la raíz del problema. Cuando, visto que mienten, se rebelan contra Dios y no practican la verdad, la gente insiste en confesarse a Dios, esto no cuenta como conocerse a sí mismos. Esto no es más que contemplar el hecho de su pecado y admitir que son pecadores; mientras tanto, la esencia y la raíz de su capacidad para cometer estos pecados, las cuestiones esenciales de por qué la gente miente y trata de engañar a Dios, permanecen invisibles para ellos, lo que les impide alcanzar el verdadero conocimiento de sí mismos y el verdadero arrepentimiento. Y así, independientemente de cómo las personas religiosas oren al Señor y confiesen sus pecados, nunca se conocen verdaderamente a sí mismas. El verdadero conocimiento de uno mismo no consiste solo en identificar los pecados que has cometido; lo más importante es tener clara la raíz y la esencia de tus pecados, de dónde proceden estas actitudes corruptas del hombre y cómo deben abordarse para ser purificado. Si la gente no tiene claras tales cuestiones y se limitan a admitir que han pecado, entonces nada puede resolverse.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida”

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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