2. Cómo se alcanza el arrepentimiento sincero

Las palabras relevantes de Dios:

Hoy día, la mayoría de las personas tiene un entendimiento muy superficial de sí mismas. No han llegado a distinguir en absoluto las cosas que forman parte de su naturaleza. Sólo tienen conocimiento de algunos de sus estados corruptos, de las cosas que probablemente van a hacer o de unos de sus defectos, y eso les hace creer que se conocen a sí mismos. Si, además, viven rigiéndose por unas cuantas normas, si se aseguran de no cometer equivocaciones en ciertos ámbitos y se las apañan para evitar cometer ciertas transgresiones, entonces consideran que poseen realidad en su creencia en Dios y asumen que serán salvadas. Esto es una imaginación completamente humana. Si te atienes a estas cosas, ¿de verdad llegarás a ser capaz de evitar cometer transgresión alguna? ¿Habrás logrado un verdadero cambio de carácter? ¿Estarás viviendo realmente a semejanza de un ser humano? ¿Puedes satisfacer auténticamente a Dios? ¡Desde luego que no, eso está claro! La creencia en Dios sólo funciona cuando uno tiene altos estándares y ha alcanzado la verdad y alguna transformación en el carácter de vida. Si el conocimiento que las personas tienen de sí mismas es demasiado superficial, les resultará imposible resolver los problemas y su carácter de vida simplemente no cambiará. Es necesario que alguien se conozca en un nivel profundo, lo que significa conocer la propia naturaleza: qué elementos se incluyen en esa naturaleza, cómo se originaron estas cosas y de dónde provinieron. Además, ¿eres realmente capaz de odiar estas cosas? ¿Has visto tu propia alma fea y tu naturaleza malvada? Si eres realmente capaz de ver la verdad sobre ti mismo, entonces comenzarás a aborrecerte. Cuando te aborreces, y luego practicas la palabra de Dios, podrás abandonar la carne y tener la fuerza para cumplir con la verdad sin dificultad. ¿Por qué muchas personas siguen sus preferencias carnales? Porque se consideran bastante buenas, sienten que sus acciones son correctas y justificadas, que no tienen fallas e incluso que están completamente en lo correcto. Por lo tanto, son capaces de actuar con la suposición de que la justicia está de su lado. Cuando alguien reconoce cuál es su verdadera naturaleza, cuán fea, despreciable y detestable es, entonces no está demasiado orgulloso de sí mismo ni es tan salvajemente arrogante ni está tan complacido consigo mismo como antes. Tal persona siente: “Debo ser serio y centrado y practicar algunas de las palabras de Dios. Si no, entonces no estaré a la altura del estándar de ser humano, y me avergonzaré de vivir en la presencia de Dios”. Entonces alguien realmente se ve a sí mismo como miserable, como verdaderamente insignificante. En este momento, a alguien se le hará fácil cumplir con la verdad y parecerá ser un poco como debería ser un humano. Sólo cuando las personas realmente se aborrecen pueden abandonar la carne. Si no se desprecian a sí mismas, serán incapaces de abandonar la carne. Odiarse a uno mismo verdaderamente comprende algunas cosas: primero, conocer la propia naturaleza; y segundo, verse a uno mismo como una persona dependiente y mísera, verse extremadamente pequeño e insignificante y ver la propia alma deplorable y sucia. Cuando alguien ve completamente lo que realmente es, y se logra este resultado, entonces realmente adquiere conocimiento de sí mismo y se puede decir que se ha llegado a conocer completamente. Sólo entonces puede alguien mismo odiarse, hasta el punto de maldecirse y sentir verdaderamente que Satanás lo ha corrompido profundamente; tanto que ni siquiera se parece a un ser humano. Entonces un día, cuando aparezca la amenaza de la muerte, esa persona pensará: “Este es el justo castigo de Dios. Dios es, ciertamente, justo; ¡en verdad yo debería morir!”. En este punto, él no albergará quejas y, mucho menos, culpará a Dios, simplemente, sentirá que es tan dependiente y despreciable, tan inmundo y tan corrupto, que debería ser eliminado por Dios, y que un alma así no es apta para vivir en la tierra. En este punto, esta persona no se resistirá a Dios y, mucho menos, lo traicionará. Si alguien no se conoce, y todavía se considera bastante bueno, entonces cuando la muerte llame, esta persona pensará: “Lo he hecho muy bien en mi fe. ¡Qué duro he buscado! He dado tanto, he sufrido tanto, pero finalmente Dios ahora me está pidiendo que muera. No sé dónde está la justicia de Dios. ¿Por qué me está pidiendo que muera? Si hasta una persona como yo tiene que morir, entonces ¿quién se salvará? ¿No llegará a su fin la raza humana?”. En primer lugar, esta persona tiene nociones acerca de Dios. En segundo lugar, esta persona se queja y no muestra ninguna sumisión en absoluto. Esto es igual que Pablo: cuando estaba a punto de morir, no se conocía, y para cuando el castigo de Dios estaba cerca, era demasiado tarde para arrepentirse.

Extracto de ‘Conocerse a uno mismo es principalmente conocer

la naturaleza humana’ en “Registros de las pláticas

de Cristo de los últimos días”

Durante mucho tiempo, las personas que creen en Dios han estado esperando con sinceridad un destino hermoso, y todos los creyentes en Dios esperan que la buena fortuna les llegue de repente, que antes de que se den cuenta se encontrarán apaciblemente sentados en un lugar u otro del cielo. Pero Yo digo que esas personas, con sus agradables pensamientos, nunca han sabido si están cualificadas para recibir tan buena fortuna caída del cielo o siquiera para ocupar un asiento allí. En estos momentos tenéis un buen conocimiento de vosotros mismos, pero seguís esperando escapar de los desastres de los últimos días y de la mano del Todopoderoso cuando castiga a los malvados. Se diría que tener dulces sueños y querer las cosas a su antojo es un rasgo común a todas las personas corrompidas por Satanás, y no una genial ocurrencia de algún individuo solitario. Aun así, sigo deseando poner fin a estos deseos extravagantes vuestros, así como a vuestro afán por obtener bendiciones. Dado que vuestras transgresiones y las realidades de vuestra rebeldía son numerosas y cada vez mayores, ¿cómo pueden encajar estas cosas con vuestros agradables planes para el futuro? Si quieres seguir adelante según te plazca, siguiendo equivocado, sin nada que te refrene, pero a la vez sigues queriendo que tus sueños se hagan realidad, te insto a continuar en tu estupor y a no despertar jamás, porque el tuyo es un sueño vacío, y en la presencia del Dios justo, Él no hará una excepción por ti. Si quieres simplemente que tus sueños se hagan realidad, nunca sueñes, sino haz siempre frente a la verdad y a los hechos. Esta es la única forma en la que puedes salvarte. ¿Cuáles son, en términos concretos, los pasos de este método?

Primero, examina todas tus transgresiones y analiza cualquier conducta y pensamientos que tengas que no se conformen a la verdad.

Es una cosa que puedes llevar a cabo con facilidad, y creo que todas las personas inteligentes son capaces de hacerlo. Sin embargo, esas que no saben nunca qué se pretende decir por transgresión y verdad son la excepción, porque, en lo fundamental, no son personas inteligentes. Me estoy dirigiendo a personas que Dios ha aprobado, que son sinceras, que no han infringido gravemente los decretos administrativos, y que pueden discernir fácilmente sus propias transgresiones. Aunque es una cosa que os exijo, y que os resulta fácil cumplir, no es la única cosa que os exijo. Comoquiera que sea, espero que no os burléis en privado de esta exigencia y, sobre todo, que no lo contempléis con desdén ni lo toméis a la ligera. Debéis tratarlo con seriedad, y no hacer caso omiso.

Segundo, para cada una de tus transgresiones y desobediencias debes buscar una verdad correspondiente y usar entonces estas verdades para resolver estos asuntos. Después de esto, sustituye tus actos transgresores, tus pensamientos y tus actos desobedientes por la práctica de la verdad.

Tercero, debes ser una persona sincera en vez de alguien siempre y constantemente listo y astuto. (Aquí os pido de nuevo que seáis personas sinceras).

Si puedes lograr estas tres cosas, eres uno de los afortunados, eres una persona cuyos sueños se hacen realidad y que recibe buena fortuna. Quizás tratéis seriamente estas tres exigencias poco atrayentes, o tal vez las trataréis de un modo irresponsable. Comoquiera que sea, Mi propósito consiste en cumplir vuestros sueños y en poner en práctica vuestros ideales, y no en burlarme de vosotros ni poneros en evidencia.

Extracto de ‘Las transgresiones conducirán al hombre al infierno’

en “La Palabra manifestada en carne”

Toda persona, en mayor o menor medida, ha cometido transgresiones. Cuando no sabes que algo es una transgresión, lo consideras con cierta confusión en tu mente o, tal vez, continúas aferrándote a tus propias opiniones, prácticas y formas de comprensión, pero, un día, ya sea a través de hablar con tus hermanos y hermanas o por una revelación de Dios, te das cuenta de que es una transgresión, una ofensa contra Dios. ¿Qué actitud vas a tener, entonces? ¿Seguirás firme, razonando y discutiendo, aferrándote a tus propias ideas, creyendo que lo que estás haciendo es conforme a la verdad? Esto incluye tu actitud hacia Dios. ¿Qué actitud tuvo David con respecto a sus transgresiones? Remordimiento: ya no volvería a cometerlas. Entonces, ¿qué hizo? Oró pidiéndole a Dios que lo castigara: “¡Si vuelvo a cometer este error, que Dios me castigue y haga que me muera!”. Esa fue su decisión; era verdadero remordimiento. ¿Puede la gente común lograr esto? En el caso de las personas comunes, está bien si no tratan de discutir o admiten tácitamente su responsabilidad, pero, en su corazón, todavía piensan: “Espero que nadie vuelva a mencionar esto. Me sentiría humillado”. ¿Es esto verdadero remordimiento? Para arrepentirte de verdad, debes descartar el mal que hayas hecho en el pasado, dejarlo y no volver a hacerlo. Bueno, ¿qué se debe hacer entonces? ¿Servirá solo descartar el mal, no hacerlo y no pensar en ello? ¿Cuál es tu actitud hacia Dios? ¿Cómo tomarás el hecho de que Dios te exponga? (Aceptaremos el castigo de Dios). Aceptar el castigo de Dios, Su juicio y Su castigo, es una parte. La otra es aceptar el escrutinio de Dios mientras aceptas Su castigo. Cuando hayas aceptado ambas partes, ¿cuál será tu determinación? Cuando te encuentres con circunstancias y asuntos de ese tipo en el futuro, ¿qué harás? Sin verdadero remordimiento, uno no puede descartar un mal, y, en cualquier lugar, en cualquier momento, podría volver a lo mismo de siempre, a hacer el mismo mal, a cometer la misma transgresión y el mismo error una y otra vez. Esto revela la actitud del hombre hacia la verdad y hacia Dios. Entonces, ¿qué puede hacer alguien para desechar por completo una transgresión? ¿Practicar la verdad? Uno debe tener la actitud correcta hacia la verdad. ¿Y qué actitud debe tener alguien y cómo debe practicar para demostrar su actitud correcta hacia la verdad? ¿Qué harás si caes en la tentación cuando te encuentres con este problema nuevamente? Una palabra: “¡Alejarte!”. Al mismo tiempo, uno debe tomar la determinación de ser castigado por Dios si vuelve a cometer el mismo tipo de error. Hacerlo es odiar el problema desde el fondo del corazón, verlo como lo más abominable; como algo malo, algo que ofende a Dios, una mancha eterna. La Biblia dice: “El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados” (Proverbios 22:3). Eso no es simplicidad; es estupidez, lisa y llanamente. “Alejarte”: ¿cómo es como forma de práctica? (Es buena). Sin embargo, ¿acaso no hay ocasiones en las que uno no puede mantenerse alejado? ¿Qué vas a hacer, entonces? Debes orar a Dios con fervor en tu corazón y pedirle que disponga las cosas. Algunas pruebas también son tentaciones. ¿Por qué permite Dios que te sucedan tales cosas? No ocurren por casualidad; es Dios que te hace exigencias y te pone a prueba. Que le des la espalda a las circunstancias que Dios dispone para ti y a las pruebas que pone en tu camino, ¿no habla de la actitud del hombre hacia Dios, así como que tengas una actitud impertinente, y que no ores ni busques ni intentes encontrar en esas circunstancias y pruebas la senda de práctica? Hay quienes dicen: “No he tenido esos pensamientos y no tengo esa intención”. Si no tienes intención, ¿cuál es tu actitud hacia Dios? Algunas actitudes son deliberadas e intencionadas, mientras que otras, no. ¿Cuál es la tuya? ¿Alguien que es impertinente y no toma a Dios en serio es alguien que ama la verdad? Está establecido que quien trata a la verdad y a Dios como juegos de niños, como aire vacío, no es alguien que ama la verdad.

Extracto de La comunión de Dios

Algunos individuos actúan según su propia voluntad. Vulneran los principios y únicamente admiten que son arrogantes, que cometieron un error solo porque no tienen la verdad. Para sus adentros, incluso se quejan: “Nadie más que yo se juega el cuello y, al final, me dejan tirado con la responsabilidad. Soy tonto. La próxima vez no haré lo mismo, jugarme el cuello. ¡Al que se juega el cuello se lo cortan!”. ¿Qué te parece esta actitud? ¿Es una actitud de arrepentimiento? (No). ¿De qué actitud se trata? Debido al error que cometen, se vuelven escurridizos y mentirosos; por así decir, de los escarmentados nacen los avisados. “Tengo suerte de que eso no acarreara un desastre. Si provocara un desastre, iría al infierno y sería aniquilado. He de tener más cuidado a partir de ahora”. No buscan la verdad, y abordan y tratan la cuestión con mezquindad y maquinaciones astutas. ¿Pueden recibir la verdad de esta manera? No, pues no saben arrepentirse. Lo primero que hay que hacer al arrepentirse es saber qué has hecho y comprender en qué has errado, la esencia del problema y el carácter que has revelado; reflexionar sobre estas cosas, aceptarlas y luego practicar de acuerdo con la verdad. Esta es la actitud del arrepentimiento. Si, por el contrario, consideras el asunto de una forma más escurridiza que antes, tus técnicas son más ingeniosas y ocultas y tienes más métodos para abordarlo, el problema no se resume en que seas mentiroso. Estás empleando medios solapados, tienes secretos que no sacarás a la luz y lo que estás haciendo es malvado. Dios te considera excesivamente difícil y malvado, una persona que admite superficialmente que ha errado y acepta el trato y la poda, pero no tiene la más mínima actitud de arrepentimiento. Esto se debe a que, tras el suceso o mientras este tiene lugar, en absoluto practicas de acuerdo con la verdad ni la buscas. Tu actitud consiste en emplear métodos, técnicas y filosofías de Satanás para resolver o soslayar el problema, para ponerle un pulcro envoltorio con el fin de que los demás no vean ni rastro del problema ni las dobleces del envoltorio; te acabas creyendo muy listo. Dios ve estas cosas, y no que realmente hayas reflexionado, te hayas arrepentido y hayas confesado tu pecado a la luz de lo que te ha sucedido, ni que después hayas buscado la verdad y hayas practicado de acuerdo con ella. Tu actitud no es de búsqueda o práctica de la verdad ni de sometimiento a la soberanía y las disposiciones de Dios, sino una actitud que emplea técnicas y métodos de Satanás para resolver tu problema. Das una falsa impresión a los demás, te resistes a que Dios te delate y te muestras desafiante y defensivo con respecto a las circunstancias que Dios ha instrumentado para ti. Esto quiere decir que tienes el corazón más cerrado que antes. Si estás más cerrado a Dios, ¿puedes seguir viviendo en la luz, con paz y gozo? Ya no: has rechazado la verdad y a Dios. ¿Es frecuente ese estado en la gente? “Me han tratado esta vez. La próxima he de tener más cuidado y ser más listo. La vida se basa en ser listo, y los que no lo son, son tontos”. Si siempre te guías y estimulas así, ¿llegarás alguna vez a algún lado? ¿Podrás recibir la verdad? Si te ocurre un problema y eres capaz de buscar la verdad, podrás comprender y aprender un aspecto de ella. ¿Qué se consigue al comprender la verdad? Cuando comprendes un aspecto de la verdad, comprendes un aspecto de la voluntad de Dios y por qué Dios te envió esta circunstancia, por qué te exigió algo semejante, por qué instrumentó unas circunstancias que te castigaron y disciplinaron, por qué te disciplinó con este asunto y por qué has caído, fracasado y quedado en evidencia en esta cuestión. Si entiendes estas cosas, serás capaz de buscar la verdad y alcanzarás la entrada en la vida. Si no las entiendes ni aceptas estos hechos, sino que te empeñas en oponerte y resistirte, en emplear tus propias técnicas de autoencubrimiento, en presentarte ante los demás y ante Dios con una falsa apariencia, nunca podrás recibir la verdad.

Extracto de ‘Solo con la búsqueda de la verdad se pueden corregir

las nociones y los malentendidos propios acerca de Dios’

en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

El Espíritu Santo normalmente obra en aquellos que tienen un corazón honesto y obra cuando la gente se mete en problemas y busca la verdad. Dios no prestará atención a los que no tienen ni una pizca de razón humana o conciencia. Si alguien es muy honesto, pero por algún periodo de tiempo su corazón se aparta de Dios y no desea mejorar y cae en una condición negativa y no sale de ella, cuando no ora ni busca la verdad para resolver su estado y no coopera, entonces el Espíritu Santo no obra en él durante el oscurecimiento esporádico de su condición o su degeneración temporal; entonces, ¿cómo puede el Espíritu Santo obrar en alguien sin una consciencia de humanidad? Todavía es más imposible. ¿Y qué han de hacer esas personas? ¿Hay algún camino que puedan seguir? Deben arrepentirse sinceramente y ser honestas. ¿Cómo se puede ser honesto? Primero, tu corazón se debe abrir a Dios y debes buscar la verdad de Dios; después de entender la verdad, debes practicarla. Entonces debes someterte a los arreglos de Dios y permitirle que se haga cargo de ti. Solo de esta manera podrás recibir el elogio de Dios. Primero tienes que dejar a un lado tu propio prestigio y vanidad y tus propios intereses. Primero trata de dejar eso a un lado y después de que los hayas dejado a un lado, invierte todo tu cuerpo y alma en el desempeño de tu deber y en la obra de dar testimonio de Dios. Después, ve cómo Dios te guía, ve si hay paz dentro de ti, si hay gozo, si tienes esta confirmación. Primero te debes arrepentir genuinamente, te debes rendir, abrirle el corazón a Dios y dejar a un lado las cosas que atesoras. Si te sigues aferrando a ellas mientras haces peticiones a Dios, ¿podrás obtener la obra del Espíritu Santo? La obra del Espíritu Santo es condicional y Dios es un Dios que odia el mal y que es santo. Si las personas siempre se aferran a estas cosas y se cierran a Dios, rechazan Su obra y guía, entonces Dios dejará de obrar en ellas. Dios no está obligado a obrar dentro de cada persona y no te forzará a hacer esto o aquello. Él no te obliga. La obra de los espíritus malos es obligar al hombre a hacer esto y aquello, e incluso a poseer y controlar a la gente. El Espíritu Santo obra de una manera especialmente amable. Él te mueve y no lo sientes, sintiendo solo como si tú mismo inconscientemente hubieras llegado a entender o darte cuenta de algo. Así mueve el Espíritu Santo a las personas y, si se someten, se verán capaces de arrepentirse sinceramente.

Extracto de ‘Entrega tu verdadero corazón a Dios

y podrás obtener la verdad’ en “Registros de las pláticas

de Cristo de los últimos días”

Al seguir a Dios, por su necedad e ignorancia y por sus diversas actitudes corruptas, la gente a menudo se revela desobediente, y malinterpreta a Dios o incluso está resentida con Él. Se extravían, y algunos incluso se vuelven negativos y se aflojan en su obra, resentidos con Dios y perdiendo su fe. Los comportamientos desobedientes a menudo surgen en varias etapas de la vida de las personas. Tienen a Dios en su corazón y saben que Él está obrando, pero a veces no pueden entender ese hecho. Aunque son capaces de someterse de manera superficial, en el fondo simplemente no pueden aceptarlo. ¿Qué convierte en evidente que en el fondo no puedan aceptarlo? Una forma en que esto se manifiesta es que, a pesar de saberlo todo, simplemente son incapaces de dejar de lado lo que han hecho y presentarse ante Dios para admitir sus errores y decir: “Dios, me equivoqué. No actuaré más así. Buscaré Tu voluntad y haré lo que quieras que haga. No solía hacerte caso; era inmaduro, desobediente y necio. Ahora lo sé”. ¿Con qué actitud la gente admite sus errores? (Quieren dar un giro). Si la gente tiene conciencia y sentido, y anhela la verdad, pero nunca sabe dar un giro a sus errores, creyendo en cambio que el pasado es pasado y sintiendo la certeza de que nunca se equivocan, entonces ¿qué tipo de carácter muestra esto? ¿Qué clase de comportamiento? ¿Cuál es la esencia de tal comportamiento? Tales personas están curtidas y, pase lo que pase, ese es el camino que seguirán. A Dios no le gustan esas personas. ¿Qué dijo Jonás cuando expresó por primera vez las palabras de Dios a los ninivitas? (“Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada” (Jonás 3:4)). ¿Cómo reaccionaron los ninivitas a estas palabras? En cuanto vieron que Dios iba a destruirlos, vistieron de cilicio y cenizas y se apresuraron a confesarle sus pecados. Esto es lo que significa arrepentirse. Tal arrepentimiento le presenta al hombre una enorme oportunidad. ¿Qué oportunidad es esa? Es la oportunidad de seguir viviendo. Sin tal arrepentimiento, te sería difícil continuar adelante, ya sea en tu cumplimiento del deber o en tu búsqueda de la salvación. En cada etapa, ya sea cuando Dios te disciplina o te castiga, o cuando te recuerda y te exhorta, mientras haya un conflicto entre ti y Dios, tú sigues aferrado a tus propias ideas, puntos de vista y actitudes, entonces aunque tus pasos se encaminen hacia adelante, el conflicto entre ti y Dios, tus malentendidos y resentimiento hacia Él, y tu rebeldía no serán rectificados, y, si no das un giro, entonces Dios, por Su parte, te eliminará. Aunque no hayas abandonado el deber que te corresponde y puedas cumplirlo, y aunque hayas aceptado la comisión de Dios y le seas leal, siempre quedará en ti el nudo de la disputa que ha surgido entre ti y Dios. Si no lo desatas o lo dejas ir, y en su lugar continúas creyendo que Dios está equivocado y has sido perjudicado, entonces esto significa que no has dado un giro. ¿Por qué Dios le da tanta importancia a que la gente dé un giro? ¿Con qué actitud debería un ser creado considerar al Creador? Con la de reconocer que el Creador tiene razón, haga lo que haga. Si no reconoces esto —que el Creador es la verdad, el camino y la vida—, estas no serán más que palabras huecas para ti. Si no son más que palabras huecas para ti, ¿podrá Dios salvarte? No lo hará. No estarás cualificado; Dios no salva a gente como tú. Hay algunos que dicen: “Dios pide que las personas se arrepientan y sepan dar un giro. Bueno, en muchas cosas no he dado un giro. ¿Me queda aún tiempo para hacerlo?”. Sí, todavía hay tiempo. Además, algunos dicen: “¿En qué cosas tengo que dar un giro? Las cosas del pasado han pasado y se han olvidado”. Si tu carácter no cambia ni siquiera un solo día, y ni un solo día pasa sin que llegues a saber qué es lo que no concuerda con la verdad en tus acciones y qué es lo que no puede concordar con Dios, entonces ese nudo que existe entre ti y Dios todavía no se ha desatado; el asunto no se ha resuelto ni ha pasado. Este carácter está dentro de ti; esta idea, este punto de vista y esta actitud está dentro de ti. En cuanto las circunstancias correctas aparezcan, este punto de vista tuyo emergerá una vez más, y tu conflicto con Dios se recrudecerá. Por lo tanto, aunque no rectifiques el pasado, debes rectificar las cosas que sucederán en el futuro. ¿Cómo deben rectificarse? Dando un giro y dejando de lado tus ideas e intenciones; una vez tengas esta intención, la tuya será naturalmente también una actitud de sumisión. Sin embargo, para hablar con mayor precisión, esto se refiere en realidad a las personas que dan un giro en su actitud hacia Dios, el Creador; es un reconocimiento y afirmación del hecho de que el Creador es la verdad, el camino y la vida. Si puedes cambiar, esto demuestra que puedes dejar de lado aquellas cosas que crees que son correctas, o las que la humanidad, que es corrupta, piensa colectivamente que son correctas; y, en cambio, estás reconociendo que las palabras de Dios son la verdad y cosas positivas. Si puedes tener esta actitud, demuestras tu reconocimiento de la identidad del Creador y de Su esencia. Así es como Dios ve el asunto, y por lo tanto Él lo considera especialmente importante. […]

Aquellos asuntos en los que las personas no han permanecido en el lugar que les correspondía y en los que no han logrado lo que debían, es decir, cuando fracasan en el cumplimiento de su deber, se convierten en una preocupación constante para ellos. Se trata de un problema sumamente práctico que es necesario resolver. ¿Cómo se resuelve? ¿Qué tipo de actitud debe tener la gente? Antes que nada, deben estar dispuestos a reformarse. ¿Y cómo debe ponerse en práctica esta voluntad de reforma? Digamos que hay alguien que, habiendo sido líder durante veinte años, es reemplazado por ser de poco calibre, no ser apto para su puesto y ser incapaz de hacer un trabajo real. Tras ser sustituido, se vuelve extremadamente negativo. ¿En qué consiste esta negatividad? Si, tras su sustitución, siguen siendo capaces de realizar su trabajo de forma aceptable, son leales y obedientes, y están dispuestos a reformarse, ¿qué deben hacer? ¿Cómo deben comportarse? En primer lugar, deberían decir: “Dios tuvo razón al hacer lo que hizo. Soy de muy poco calibre, y todos estos años no he hecho ningún trabajo real, al contrario, solo he retrasado la obra de la casa de Dios y la entrada de los hermanos y hermanas en la vida. Tengo la suerte de que Dios no me haya expulsado de forma fulminante. En realidad, he sido bastante desvergonzado por aferrarme a mi posición todo este tiempo, incluso creyendo que había hecho un trabajo maravilloso”. La capacidad de sentir autodesprecio y remordimiento de conciencia: ¿es o no una expresión de la voluntad de reforma? En primer lugar, si son capaces de poner esto en práctica, significa que tienen esa voluntad. En segundo lugar, si dicen: “Soy de poco calibre y no he hecho un buen trabajo, entonces, ¿qué puedo hacer ahora? En la fe de uno, su deber no consiste solo en ser líder. Debería hacer todo lo que esté en su mano. Si puedo escribir artículos, debería escribirlos, y si puedo regar a los recién llegados, debería regarlos. Dios pide que la humanidad cumpla con su deber a un nivel aceptable, así que yo también debería aspirar a ello”, entonces esta es otra expresión de esa voluntad. Hay otra cosa que pueden decir: “En todos estos años que he sido líder siempre me he esforzado por las bendiciones del estatus, por predicar la doctrina y por equiparme con ella; no me esforcé por entrar en la vida ni entendí lo que es obedecer. Recién ahora que he sido reemplazado percibo lo inadecuado y deficiente que soy. Dios hizo lo correcto, y yo debo obedecer. Antes tenía un estatus y la gente me trataba bien; me rodeaban allá donde iba. Ahora nadie me tiene en cuenta y me odian, me aborrecen y he sido abandonado; eso es también lo que me corresponde, la retribución que merezco. Además, ¿cómo podría un ser creado tener algún estatus ante Dios? El estatus no es ni el fin ni el destino; lo que Dios me ha encargado es que cumpla con mi deber, y debo hacer lo que pueda. Por otra parte, debo tener una actitud de obediencia hacia los arreglos de Dios y de la obra de la casa de Dios. Aunque la obediencia resulte difícil, he de obedecer; Dios tiene razón al hacer lo que hace, y aunque tuviera miles de excusas, ya fueran decenas de miles, ninguna sería la verdad. ¡Lo mejor es que obedezca!”. Sin excepción, todas estas son expresiones de la voluntad de reforma. Y si alguien poseyera todo esto, ¿cómo valoraría Dios a esa persona? Dios diría que se trata de alguien con conciencia y razón. ¿Es esa una valoración alta? (Sí). No es demasiado alta; solo con tener conciencia y razón no se alcanza el estándar para ser hecho perfecto por Dios, pero en lo que respecta a este tipo de persona, no es un logro pequeño. Después de eso, la manera en la que continúes tu búsqueda y hagas que Dios cambie de opinión sobre ti dependerá de la senda que tomes.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones

es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (3)’

en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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