Palabras diarias de Dios | Fragmento 499 | "Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz"

Palabras diarias de Dios | Fragmento 499 | "Quienes aman a Dios vivirán por siempre en Su luz"

227 |24 Sep 2020

La esencia de la creencia en Dios de la mayoría de las personas es la convicción religiosa: son incapaces de amarle, y sólo pueden seguirle como un robot, incapaces de anhelarle sinceramente y adorarle. Simplemente lo siguen en silencio. Muchas personas creen en Dios, pero muy pocas lo aman; sólo lo veneran, porque tienen miedo de la catástrofe, o lo admiran porque es alto y poderoso, pero en su reverencia y su admiración no hay amor ni anhelo sincero. En sus experiencias buscan las pequeñeces de la verdad o algunos misterios insignificantes. La mayor parte de las personas simplemente siguen, pescan en aguas turbias sólo para recibir bendiciones; no buscan la verdad ni obedecen sinceramente a Dios con el fin de recibir Sus bendiciones. La vida de la creencia de todas las personas en Él no tiene sentido, no tiene valor, y en ella se encuentran sus consideraciones y búsquedas personales; no creen en Dios con el fin de amarlo, sino para ser bendecidos. Muchas personas actúan como les place, hacen lo que quieren y nunca consideran los intereses de Dios o si lo que hacen es acorde con Su voluntad. Tales personas ni siquiera pueden lograr la creencia verdadera, y mucho menos el amor de Dios. El hombre no sólo tiene que creer en la esencia de Dios; además, debe amarla. Pero muchos de los que creen en Dios son incapaces de descubrir este “secreto”. Las personas no se atreven a amarlo ni tratan de hacerlo. Ellas nunca han descubierto que, en Dios, hay mucho para amar, que Él es el Dios que ama al hombre, el Dios que está ahí para que este lo ame. La hermosura de Dios se expresa en Su obra: sólo cuando experimentan Su obra pueden las personas descubrir Su hermosura; sólo en sus experiencias prácticas pueden apreciarla y, sin observarla en la vida práctica, nadie puede descubrirla. Hay mucho que amar en Dios, pero sin ponerse en contacto con Él realmente, las personas son incapaces de descubrirlo. Es decir, si Dios no se hubiera hecho carne, las personas serían incapaces de ponerse en contacto con Él verdaderamente, y al ser incapaces de contactarlo de verdad, tampoco podrían experimentar Su obra; por tanto, su amor a Dios estaría manchado de mucha falsedad e imaginación. El amor de Dios en el cielo no es tan real como en la tierra, porque las personas construyen su conocimiento de Dios en el cielo sobre sus imaginaciones, y no sobre lo que han visto con sus propios ojos y lo que han experimentado. Cuando Dios viene a la tierra, las personas pueden ver Sus hechos reales, Su hermosura y todo Su carácter práctico y normal, y esto es miles de veces más real que el conocimiento del Dios del cielo. Independientemente de cuánto amen las personas al Dios del cielo, no hay nada real en este amor, y está lleno de ideas humanas. Por muy pequeño que sea su amor por el Dios de la tierra, sí es real; aun siendo poco, sigue siendo real. Dios hace que las personas lo conozcan a través de una obra real y obtiene su amor por medio de este conocimiento. Es como Pedro: si no hubiera vivido con Jesús, le habría resultado imposible adorarlo. Por tanto, su lealtad hacia Jesús también se edifica sobre su compromiso con Él. Para hacer que el hombre lo ame, Dios ha venido en medio del hombre y vive junto a él, y todo lo que Él hace que el hombre vea y experimente es la realidad de Dios.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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