Cómo perseguir la verdad (24) Parte 2

El tema principal que compartiremos es el de los principios de conducta propia de Dios encarnado y Sus maneras de hacer las cosas en Su vida y Su existencia. Por medio de Mi enseñanza sobre estos dos aspectos, llegaréis a entender mejor la normalidad y practicidad de Dios encarnado y a entender más a Dios encarnado. Por un lado, al vivir entre la especie humana, Dios encarnado tiene un principio para cómo se comporta y además tiene un principio para cómo hace las cosas. Estos principios son muy simples. Mi principio para Mi conducta propia es comportarme de una manera que se atenga a las reglas y Mi principio para hacer las cosas es hacerlas con sentido del deber. Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; estos son Mis principios y credos relativos a cómo me comporto y cómo hago las cosas. ¿Cuántas palabras son esas en total? (Dieciocho palabras). Estas dieciocho palabras son muy simples y su significado literal es bastante fácil de entender. No son en absoluto abstractas ni huecas, no son para nada profundas y no son para nada elevadas ni grandes. Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; estos son Mis principios y credos para cómo me comporto y cómo hago las cosas. Me atengo a estos principios cuando me comporto y hago las cosas; así es exactamente como lo hago. ¿Sois capaces de ver que esto es un hecho? ¿Podéis cotejar esto con los hechos? Por un lado, cuando predico y comparto, cuando entro en contacto e interactúo con las personas y cuando charlo con la gente, siempre les digo que se comporten de esta manera. Por otro lado, Yo mismo también me comporto de esta manera; no grito consignas. Entonces, ¿por qué les cuento a las personas sobre estos principios? Porque Yo mismo hago cosas y me comporto de esta manera; no sucede nada más que sea profundo. Hay quien dice: “Estos credos Tuyos para comportarte son bastante llanos; no son refinados en absoluto. ¡No pueden representar la identidad del Dios encarnado!”. ¿Es esto correcto? (No). Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; estos son principios y credos. Los practico en Mi vida diaria y además los practico cuando realizo Mi ministerio; es decir, al hacer obra. Así es como me comporto y así es como hago las cosas. Hablemos simplemente sobre estas cosas como si estuviéramos charlando y hablando de cosas triviales, de modo que podáis relajaros un poco y conocer un poco más sobre Mi vida a través de Mí. ¿Está bien eso? (Sí). Si en algún momento de nuestra charla alguno de vosotros dice: “¡Me opongo! Lo que dices no concuerda con Tus manifestaciones”, entonces, intentaré volver a decirlo y lo corregiré o rectificaré en el futuro. Si alguno de vosotros alza la mano y dice: “¡Estoy de acuerdo! Lo que dices cumple perfectamente con lo que hemos visto y hemos oído que revelas en Tu vida; lo que dices es un hecho”, entonces lo seguiré haciendo. ¿Está bien eso? (Sí).

Comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; ya sea en la vida o en la obra, me aferro a estos credos. Es probable que hayáis podido apreciarlos bastante en la obra que hago, así que hablemos primero sobre cómo se aplican a Mi vida. Dios encarnado es una persona que posee una identidad especial entre la especie humana, pero no actúa para nada como si fuera especial a la hora de hacer las cosas. Él nunca se trata a Él mismo como una figura especial; solo es una persona corriente. Sea cual sea el país en el que esté, Él se atiene a las leyes y regulaciones de ese país. Si necesita hacer algo, pero no lo entiende, Él lo consulta rápidamente y averigua lo que estipulan las leyes y políticas locales, qué es ilegal hacer y qué no; lo hace de la manera que sea apropiada, sin atribuirse un trato privilegiado. ¿Hacer las cosas de esta manera es atenerse a las reglas y tener sentido del deber? (Sí). Esto es comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. En un país libre y democrático, si Él necesita entender las leyes relevantes para que se hagan las cosas, consulta a un abogado o mira las leyes y regulaciones. No hace cosas ilegales ni explota las lagunas legales; se atiene estrictamente a las leyes y regulaciones, porque las leyes y regulaciones de la mayoría de los países protegen los derechos e intereses legítimos de los individuos y son a las que la gente debería atenerse. Por ejemplo, si estamos construyendo algo en el patio y necesitamos colocar algo allí, primero debemos averiguar cuáles son las regulaciones del gobierno al respecto, si esta cosa se puede colocar en el patio y, si es así, dónde es apropiado hacerlo. Después de tener claros los detalles, hacemos las cosas de acuerdo con las regulaciones del gobierno. Si el gobierno no lo permite, entonces no lo haremos. No vamos a crear problemas de manera irracional y de ninguna manera vamos a vulnerar la ley a sabiendas para hacerlo. Por ejemplo, si queremos construir alguna clase de estructura, necesitamos pedir la aprobación del gobierno. Una vez que el gobierno lo apruebe, la construcción puede empezar. Cuando se complete el proyecto, tiene que pasar aún una inspección del gobierno. Si pasa la inspección, lo podemos usar con tranquilidad. Este es el procedimiento para la construcción. Algunas personas podrían decir: “Para este tipo de proyecto pequeño, ¿estipula el gobierno que tenemos que obtener aprobación? Si es opcional, no hay necesidad de obtenerla. Nos podemos ahorrar la molestia”. Yo digo: “Tenemos que averiguarlo con certeza. Y si requiere aprobación del gobierno y no la obtenemos, ¿no sería eso vulnerar las regulaciones? No debemos vulnerarlas. Ya que vamos a construir esta estructura, deberíamos intentar obtener la aprobación. Si el gobierno dice que no hay necesidad de obtenerla, nos quedaremos tranquilos al no pedirla. Si el gobierno dice que se debe aprobar, entonces nuestra petición de aprobación será razonable y se atendrá a la ley”. Para cualquier cosa que involucre la ley o las regulaciones del gobierno, debemos consultarlo y averiguarlo con seguridad. De lo contrario, será muy problemático si algo va mal. Una regla básica de vivir en el extranjero es no hacer nada ilegal ni que vulnere las regulaciones del gobierno. Por ejemplo, si estamos viviendo en el campo y queremos criar pollos u ovejas, tenemos que obtener la aprobación del gobierno. El gobierno tiene regulaciones detalladas al respecto y no debemos en absoluto vulnerarlas ni intentar obtener privilegios especiales. Si vulneramos las regulaciones del gobierno y nos pillan, será muy problemático. Por tanto, esto requiere que nos atengamos a la ley y también involucra los principios de cómo nos comportamos y cómo vivimos. Da igual dónde vivamos, deberíamos comportarnos de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber. En Mi vida diaria, Yo también interactúo con Mis vecinos de una manera que se atiene a las reglas. No hago ruido ni molesto a los demás. Da igual lo que estipule el gobierno, debemos atenernos a ello. Incluso si tienes un perro, tienes que ocuparte bien de él para que no ladre constantemente ni perturbe el descanso de los vecinos. En especial los fines de semana, cuando todos tus vecinos están en casa, tienes que tener incluso más cuidado de no molestarlos. Cuando nieva en invierno, tienes que esperar hasta después de las ocho de la mañana para empezar a retirar la nieve. Retirar la nieve demasiado temprano genera ruido que perturba el descanso de los vecinos y les molesta. Si el gobierno tiene regulaciones explícitas, tienes que atenerte a ellas. No vulneres intencionadamente las regulaciones del gobierno; no te pongas en contra del gobierno. A esto se le llama comportarse de una manera que se atiene a las reglas. Da igual dónde me hospede, básicamente no hago ruido. Nunca pongo música en el exterior y no armo jaleo ni hablo alto. Cuando paseo al perro, no dejo que ladre constantemente. Me esfuerzo al máximo para no molestar a Mis vecinos, para no interferir en su vida ni molestarlos. ¿Acaso no es esto comportarse de una manera que se atiene a las reglas? (Sí). Por eso me llevo bien con Mis vecinos desde hace ya muchos años. Convivimos en paz, nos saludamos al vernos y coexistimos de manera amistosa y amigable. Con independencia de dónde vivamos, debemos atenernos a las reglas al interactuar con nuestros vecinos. No debemos causarles problemas ni tampoco mostrarnos serviles; deberíamos tratar a los demás correctamente y hacer las cosas de manera justa y ecuánime. Si hacemos esto, no habrá conflictos con el paso del tiempo.

En cuanto a la cuestión de que Dios encarnado se comporte de una manera que se atenga a las reglas, hay quien dice: “¿No es eso algo muy normal?”, a lo que Yo respondo: “Tienes toda la razón; es de lo más normal”. ¿De dónde proviene esta normalidad? Proviene de la conciencia y razón de la humanidad. Precisamente porque Dios encarnado posee la conciencia y razón optimizadas de la humanidad normal, en lo que se refiere a la conducta propia —algo que la gente considera una cuestión muy poco destacable—, el principio al que Él se atiene es también muy poco destacable: ser alguien que se atiene a las reglas. Después de oír esto, hay quienes podrían decir: “¿Qué es tan importante respecto a esto? ¿Merece siquiera la pena sacarlo a relucir? ¿Es esto ser normal y práctico? Estos son asuntos triviales”. Aunque sean asuntos triviales, que el Dios encarnado se comporte de una manera que se atenga a las reglas es una manifestación de Su normalidad y practicidad, así que merece la pena hablar de ello y merece la pena que la gente tenga conocimiento de ello. Las personas piensan que no es destacable que me comporte de una manera que se atenga a las reglas. Hay que preguntarse qué pasaría si me diera un trato privilegiado en todos los ámbitos de Mi vida y me vanagloriara a cada oportunidad diciendo: “Soy Cristo. Vengo del cielo. No me parezco a nadie. Entre la especie humana, Yo soy un ser aparte. Toda la especie humana, todos los seres vivos y todas las criaturas deben ser pisoteados bajo Mis pies. Todas las cosas son el estrado de Mis pies. Sean creyentes en Dios o sean no creyentes, todos deben inclinarse y adorarme. Cuando se presenten ante Mí, todos deben ser deferentes y respetuosos”. ¿Sería esto normal? (No). Eso sería anormal. ¿Te das cuenta de que actúo de esa manera? (No). No actúo así. Mantengo una relación amigable con todos aquellos con quienes puedo entrar en contacto, especialmente con los no creyentes. Los trato e interactúo con ellos de acuerdo con las reglas y la etiqueta. Cuando debato o consulto sobre algo con las personas, soy particularmente respetuoso con ellas. Cuando hay algo que no entiendo, pregunto e indago más y algunas personas son muy pacientes al ayudarme a responder Mis preguntas. Por supuesto, no es que solo me comporte de una manera que se atenga a las reglas para retribuirles su trato; más bien es porque, al vivir en este entorno real, por naturaleza, Dios encarnado se atiene a tal principio cuando interactúa con las personas y hace las cosas. Por ejemplo, una biblioteca es un lugar para leer y estudiar. Cuando vas allí, deberías atenerte a sus reglas. No puedes ser ruidoso y, en la mayor medida posible, deberías intentar no hablar. Si quieres hablar, deberías bajar la voz o salir fuera y, sobre todo si te suena el teléfono, deberías salir rápido para contestar, todo ello para no perturbar ni afectar la lectura de los demás. A esto se le llama atenerse a las reglas. En esta clase de entorno, si recibo una llamada, salgo a responderla. Hay quien dice: “¿Quién no sabe algo así?”. Realmente hay personas que no lo saben. En algunos restaurantes, supermercados y lugares donde las personas van a hacer trámites en Occidente, puedes oír a menudo a algunas personas hablando muy alto; los camareros y los empleados presentes sienten una especial repulsión. Algunos asiáticos en particular no entienden las reglas en absoluto y parecen de una clase extremadamente baja. En algunos lugares hay reglas claramente escritas, pero se comportan como si no las vieran para nada. Aunque vean las reglas escritas en su lengua materna, no las cumplen e incluso las vulneran. Cuando los empleados les recuerdan las reglas, hasta se ponen a discutir con ellos. ¿Acaso no es eso hacer el ridículo? Algunas personas están habituadas a mangonear en su país de origen. Cuando vienen a Occidente, siguen pensando que es su terreno, se comportan con agresividad y se pavonean como gorilas, sin cumplir las reglas en absoluto. Como resultado de esto, hacen que la gente las aborrezca y sienta repulsión por ellas allá donde van. Algunas incluso causan problemas cuando hacen el examen de conducción. Después, cuando ven a sus paisanos llegan incluso a proclamar: “Nosotros los chinos somos libres allá donde vamos. Nunca somos propensos a cumplir las reglas. Mientras más despreocupados podamos estar, mejor. Si alguien intenta disciplinarme, ¡montaré un gran escándalo!”. ¿Acaso alguien así no es un diablo viviente? ¿Te crees que estás en tu país natal, donde puedes mangonear si tienes poder e influencia? Estás en el extranjero, en un país que se rige por el derecho. Si vulneras las leyes y regulaciones, tienes que asumir responsabilidad legal. Atenerse a las leyes y las regulaciones es lo mínimo que debería hacer una persona. Si alguien no entiende siquiera estas reglas básicas, carece por completo de semejanza humana.

En general soy muy cauto en lugares públicos. En especial, cuando voy a agencias del gobierno para ocuparme de asuntos, actúo con cautela y evito vulnerar sus reglas. Sea cual sea el formulario que rellene o sean cuales sean las preguntas que responda, siempre me comporto según las reglas. Después de haberme ocupado de los asuntos unas cuantas veces, he adquirido experiencia. Atenerse a las reglas es fácil; lo preocupante es no entenderlas. Ya no digamos hacer el ridículo; ¿podría eso afectar a que se hagan las cosas? Podría, así que uno debe comportarse de una manera que se atenga a las reglas. Los occidentales son básicamente capaces de lograr estas cosas. El Dios encarnado tiene racionalidad y conciencia normales, así que por supuesto que Él puede lograrlas también y lo hace proactivamente. No se cataloga a Sí mismo como un caso aparte entre la especie humana creada ni jamás se salta las leyes y regulaciones para atribuirse privilegios. Sea cual sea el asunto del que me ocupe en una agencia gubernamental, siempre sigo el procedimiento. Nunca hago exigencias, diciendo: “Tengo un estatus especial y una identidad especial. ¿Podéis darme un trato especial?”. Por un lado, no consulto a nadie para buscar esta clase de vías. Por otro, nunca oro al Dios en el cielo, diciendo: “Dios, ¿puedes realizar señales y prodigios para Mí, de forma que este asunto se cumpla al instante, para no tener que seguir estos procedimientos como hacen los humanos?”. Nunca oro así; en cambio, me ocupo de los asuntos según el procedimiento, de una manera que se atenga a las reglas. Por supuesto, cuando me ocupe de estos asuntos, también me encontraré con algunas circunstancias especiales. Las circunstancias especiales requieren ocuparse de ellas de manera especial. Si hay que pagar una tasa, la pago. Si tengo que esperar, espero. Si hace falta que solicite algo o vuelva a obtener confirmación del gobierno, entonces lo solicito y vuelvo a obtener confirmación. Sin duda, seguiré los procedimientos de manera estricta, de acuerdo con las leyes y regulaciones, sin pasar por encima de nadie. Ya esté de compras en un supermercado o encargándome de asuntos en una agencia del gobierno, si la gente hace cola, Yo hago cola también. Cuando es Mi turno, doy un paso al frente enseguida. Sea lo que sea lo que me pidan que haga, lo hago de una manera que se atenga a las reglas de acuerdo con sus requisitos. Así es como me comporto. Cuando me encuentro con cosas en la vida, así es como actúo y las experimento. Aunque haya algunos momentos especiales en los que sufra algunos agravios, nunca afecta a Mi credo de “comportarme de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber”. Sigo haciendo lo que debería. Yo, en particular, parezco asiático, soy de complexión pequeña y de apariencia promedio, no hablo alto y parezco corriente y promedio para las personas, no destaco entre la multitud y no llamo la atención en absoluto. Por tanto, cuando me encargo de los asuntos en algunos entornos especiales, afronto diversos grados de discriminación o recibo diversos grados de “tratamiento especial”. Si os encontrarais con estas cosas, ¿qué haríais? ¿Discutiríais con esas personas, presentaríais una denuncia contra ellas u oraríais a Dios para que las maldiga? ¿Qué método adoptaríais? (Si las circunstancias son correctas, podría discutir con ellas). ¿Y oraríais en vuestro corazón para maldecirlas? (No iría tan lejos, pero estaría bastante enfadado en mi interior). Cuando os tratan de manera diferente u os discriminan, deberíais dejar que las cosas se enfríen. En cuanto a Mí, no oro para maldecirlas ni discuto o disputo las cosas con ellas. En su lugar, dejo que las cosas se enfríen y las abordo correctamente. Me sentiré un poco incómodo en Mi corazón, pero pasados unos pocos días estaré bien; se me habrá pasado. Aunque sufras un insulto a tu dignidad e integridad, no puedes exhibir impetuosidad; no puedes manejar las cosas de manera impetuosa. Entonces, ¿cómo deberías manejarlo? Si alguien te discrimina o te insulta, deberías ser paciente con él, mantenerte alejado de él y no exhibir impetuosidad; entonces no puede hacerte nada. Simplemente, considera esta pequeña pérdida como una lección. Si me encuentro con este tipo de cosa, debido a la racionalidad y la conciencia de Mi humanidad normal, me sentiré herido y también sentiré que Mi integridad y dignidad han sufrido un golpe. En Mi interior, me sentiré incómodo y dolorido. Pero de ninguna manera me sentiré agraviado porque tenga una identidad especial y un estatus especial, mucho menos odiaré o maldeciré a aquellos que me discriminen. A medida que me hago mayor, más me parece que estas cosas son perfectamente normales. Al vivir en este mundo humano, entre tal especie humana corrupta, estas cosas son perfectamente normales. No me siento de esta manera porque esté habituado a tales cosas y me haya vuelto insensible a ellas, sino porque todas las personas son seres humanos corruptos. Su discriminación no va dirigida a ti personalmente; más bien, toda la raza humana es así. Fíjate, en los Estados Unidos, un país multirracial de inmigrantes, la gente de todas las razas dice que ha sido discriminada; incluso los blancos afirman haberla sufrido. La gente se enfrenta a la discriminación en diferentes ocasiones, en diferentes entornos y entre diferentes grupos de personas. A veces se trata de discriminación por parte de otras razas y otras veces también afrontas alguna discriminación o un trato injusto por parte de tu propia raza. Lo que tú consideras discriminación podría ser la manera más común de ocuparse de las cosas en lo que respecta a cómo los humanos corruptos se tratan mutuamente. Esta especie humana es exactamente así, por tanto, no te tomes tales cosas demasiado en serio. Es normal enfadarse, pero deberías desentrañar rápidamente estos asuntos y luego dejarlos ir. No los abordes de manera impetuosa. No pienses en vengarte de nadie ni ores para maldecir a nadie. No sientas que no eres promedio. Eres una persona promedio y así es como te tratan los demás. Si ven que eres un blanco fácil, te acosarán. ¿Acaso no es esto perfectamente normal? No te bases en nociones e imaginaciones para pensar: “No soy una persona promedio. Tengo un alto valor y un estatus elevado. Oraré para maldecir a quienquiera que me acose. Si te dijera quién me está respaldando, te morirías de miedo. Cuando tenga el poder en el futuro, haré que te arrodilles y supliques misericordia y te obligaré a hacer reverencias hasta el suelo como un pollo picoteando arroz”. Nunca he tenido tales pensamientos. Hay discriminación en todas partes del mundo. La discriminación de la gente no va dirigida solo a ti. Este mundo mismo está lleno de injusticia, discriminación, toda clase de perversidades y toda clase de maldades. Cuando me encuentro con tales cosas, como no me trato a Mí mismo como una figura especial de ningún tipo, me resulta muy fácil dejar pasar estas cuestiones. ¿No es esto también cumplir los credos de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber? (Sí).