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218 Dios ha descendido entre un grupo de vencedores

I

Por miles de años, el hombre ha anhelado

ver la llegada del Salvador,

ver a Jesús descender en una nube blanca

entre quienes lo han anhelado y esperado.

El hombre anhela que el Salvador regrese

y vuelva a estar con la humanidad.

El hombre espera que Él vuelva a obrar Su redención

como hizo entre los judíos.

Él ya llegó, pero el hombre no lo conoce,

no sabe que Él está en la tierra.

El hombre espera sin darse cuenta

de que Él ya vino en una nube blanca.

La nube es Su Espíritu y Sus palabras,

todo Su carácter, lo que Él es.

Y Él ahora está entre los vencedores

que formará en los últimos días.

II

El hombre espera que Él aún sea piadoso

y que tenga cariño por el hombre,

que perdone y cargue con sus pecados y transgresiones,

y que los libre del pecado.

Jesús no siguió las ideas del hombre,

Él hizo exactamente lo opuesto.

Él no llegó entre quienes lo anhelaban

y no apareció en una nube blanca.

Él ya llegó, pero el hombre no lo conoce,

no sabe que Él está en la tierra.

El hombre espera sin darse cuenta

de que Él ya vino en una nube blanca.

La nube es Su Espíritu y Sus palabras,

todo Su carácter, lo que Él es.

Y Él ahora está entre los vencedores

que formará en los últimos días.

III

Aunque el santo Salvador ama al hombre,

él no sabe cómo el Salvador puede hacer

Su obra en templos llenos de inmundicia

donde vagan espíritus impuros.

Aunque el hombre siempre espera Su llegada,

Él no se aparecerá a los que beben sangre

y llevan los atavíos de los injustos

que creen sin conocerlo, que lo extorsionan.

Él ya llegó, pero el hombre no lo conoce,

no sabe que Él está en la tierra.

El hombre espera sin darse cuenta

de que Él ya vino en una nube blanca.

La nube es Su Espíritu y Sus palabras,

todo Su carácter, lo que Él es.

Y Él ahora está entre los vencedores

que formará en los últimos días.

IV

El hombre sabe que Jesús es amor, cariño, redención;

no sabe que Él es Dios mismo, justo,

majestuoso, iracundo y juicioso,

y que tiene autoridad y dignidad.

El hombre anhela que el Redentor regrese,

y sus plegarias conmueven el cielo.

Pero Jesús no se aparece a quienes

creen en Él pero no lo conocen.

Él ya llegó, pero el hombre no lo conoce,

no sabe que Él está en la tierra.

El hombre espera sin darse cuenta

de que Él ya vino en una nube blanca.

La nube es Su Espíritu y Sus palabras,

todo Su carácter, lo que Él es.

Y Él ahora está entre los vencedores

que formará en los últimos días.

Adaptado de ‘El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”

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