318 Nada de lo que la gente diga o haga escapa de la mirada de Dios

Tú dices que es muy hermosa tu fe,

quieres dedicar tu vida a la obra de Dios

y te encantaría hacer todo por ella.

Pero tu carácter casi no cambió.

Has hablado con arrogancia, pero lo que haces realmente es lamentable.

Tu lengua y labios están en el cielo,

pero tus piernas están lejos aquí en el suelo.

Tus palabras, actos y fama aún están en condiciones terribles.

¿Crees que puedes ganarte el derecho a entrar

en la tierra santa de la obra y las palabras de Dios

sin que Él ponga a prueba tus palabras y actos?

¿Acaso hay alguien capaz de engañar Su mirada?

¿Cómo tus míseros actos y palabras podrían engañarlo?

Por ahora tu reputación está destruida,

tu actuar es degradante; tus palabras, bajas;

tu vida es aberrante, tu humanidad es pobre.

Eres tan corto de miras con las personas,

discutes por cualquier pequeño detalle.

Te peleas por el estatus y la fama,

tanto que preferirías irte al infierno

y saltar directo en el lago de fuego.

Tus palabras y actos de hoy

le bastan a Dios para saber que pecas.

¿Crees que puedes ganarte el derecho a entrar

en la tierra santa de la obra y las palabras de Dios

sin que Él ponga a prueba tus palabras y actos?

¿Acaso hay alguien capaz de engañar Su mirada?

¿Cómo tus míseros actos y palabras podrían engañarlo?

Tu actitud hacia Su obra le basta a Dios para determinar que eres injusto.

Y todo tu carácter basta para decir que tu alma es sucia e inmoral.

Lo que haces y revelas significa que:

bebiste mucha sangre de espíritus impuros.

Cuando se menciona entrar al reino de los cielos,

tú intentas esconder tus sentimientos.

¿Es tu forma de ser la adecuada para entrar al reino de Dios?

¿Crees que puedes ganarte el derecho a entrar

en la tierra santa de la obra y las palabras de Dios

sin que Él ponga a prueba tus palabras y actos?

¿Acaso hay alguien capaz de engañar Su mirada?

¿Cómo tus míseros actos y palabras podrían engañarlo?

Adaptado de ‘¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!’ en “La Palabra manifestada en carne”

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52. ¡Adiós a los complacientes!

Los verdaderos practicantes de la verdad pueden practicar la verdad porque comprenden su propósito. Saben que practicar la verdad es lo que significa ser humanos, es una cualidad intrínseca a todo ser humano. Por tanto, no lo hacen para exhibirse; lo ven como un deber. Están dispuestos a atravesar penalidades y a pagar el precio; están desprovistos de intenciones y deseos personales.

54. Una batalla espiritual

“[…] algunas personas idolatran de manera particular a Pablo: les gusta pronunciar discursos y trabajar fuera. Les gusta reunirse y hablar; les gusta que las personas los escuchen, los adoren, los rodeen. Les gusta tener estatus en el corazón de los demás y aprecian que otros valoren su imagen”.

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