241 Ofrece tu lealtad en la casa de Dios

I

En la tierra, toda clase de espíritus malvados

están constantemente al acecho.

Buscan un lugar para descansar, a humanos que devorar.

Bajo ninguna circunstancia debéis

comportaros como en el pasado,

haciendo una cosa delante de Dios y otra a Sus espaldas.

A estas alturas ya no tenéis posibilidad de redención.

Si os comportáis de este modo,

¿acaso no os ha dicho Dios más que

suficientes palabras como estas?

¡Pueblo de Dios!

Debéis permanecer bajo Su cuidado y protección,

¡no os comportéis de manera disoluta o imprudente!

¡Pueblo de Dios!

Ofreced vuestra lealtad en Su casa,

y sólo con ella podréis repeler el ingenio del diablo.

II

Ya que la misma naturaleza del hombre es incorregible,

Dios os lo ha recordado repetidas veces, por vuestro bien.

¡Todo lo que dice es para garantizar vuestro destino!

Lo que Satanás necesita es un lugar sucio e inmundo;

cuanto más abatidos e irremediables,

y más degenerados seáis,

negándoos a someteros a la contención,

más aprovecharán los espíritus inmundos para infiltrarse.

Una vez hayáis llegado a este paso,

vuestra lealtad no será sino un parloteo ocioso,

los demonios se comerán vuestra resolución

para convertirla en desobediencia y ardides de Satanás.

Interrumpiréis la obra de Dios,

así que Él podrá castigaros con la muerte.

Sin embargo, a nadie le importa realmente,

por muy grave que sea la situación.

¡Pueblo de Dios!

Debéis permanecer bajo Su cuidado y protección,

¡no os comportéis de manera disoluta o imprudente!

¡Pueblo de Dios!

Ofreced vuestra lealtad en Su casa,

y sólo con ella podréis repeler el ingenio del diablo.

III

Dios no recordará lo que hicisteis,

pero ¿vais a esperar Su indulgencia con vosotros

y que la próxima vez vuelva a perdonaros?

Aunque se ha opuesto tanto a Dios,

Él no va a usar esto contra el hombre,

porque la estatura de este es demasiado baja y,

por tanto, Dios no le impone grandes exigencias.

Lo único que pide es que no sea disoluto,

y que se someta a la contención.

¿Escapa a vuestra capacidad cumplir esta estipulación?

¡Pueblo de Dios!

Debéis permanecer bajo Su cuidado y protección,

¡no os comportéis de manera disoluta o imprudente!

¡Pueblo de Dios!

Ofreced vuestra lealtad en Su casa,

y sólo con ella podréis repeler el ingenio del diablo.


Adaptado de ‘Capítulo 10’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

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