Palabras diarias de Dios | Fragmento 248 | "Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces, lamentarás todo el mal que has hecho"

Yo soy un fuego consumidor, y no tolero la ofensa. Porque los seres humanos fueron todos creados por Mí, tienen que obedecer lo que Yo digo y hago, y no pueden rebelarse. Las personas no tienen derecho de entrometerse en Mi obra y más aún, no están cualificadas para analizar lo que está bien o mal en Mi obra ni en Mis palabras. Yo soy el Señor de la creación, y los seres creados deberían lograr todo lo que Yo exijo, con un corazón de reverencia hacia Mí; no deberían intentar razonar conmigo y, en especial, no deberían resistirse. Con Mi autoridad gobierno a Mi pueblo, y todos los que forman parte de Mi creación deberían someterse a Mi autoridad. Aunque hoy seáis osados y presuntuosos ante Mí, aunque desobedezcáis las palabras con las que os enseño, y no tengáis ningún temor, Yo sólo respondo a vuestra rebeldía con tolerancia. No perderé los estribos ni impactaré a Mi obra porque diminutos gusanos hayan removido el montón de estiércol. Yo tolero la incesante existencia de todo lo que odio y todas las cosas que aborrezco en aras de la voluntad de Mi Padre, y lo haré hasta completar Mis declaraciones, hasta Mi mismísimo último momento. ¡No te preocupes! No puedo rebajarme al nivel de un gusano sin nombre ni compararé Mi nivel de habilidades contigo. Te odio, pero soy capaz de soportar. Me desobedeces, pero no puedes escapar al día en que te castigaré, momento que Mi Padre me prometió. ¿Puede un gusano creado compararse al Señor de la creación? En otoño, las hojas caídas regresan a sus raíces; tú regresarás al hogar de tu “padre”, y Yo volveré al lado de Mi Padre. Su tierno afecto me acompañará, y a ti te seguirá el pisoteo de tu padre. Yo tendré la gloria de Mi Padre, y tú tendrás la vergüenza del tuyo. Yo usaré el castigo que he retenido tanto tiempo para que te acompañe, y tú te encontrarás con Mi castigo con tu carne rancia que ha sido corrompida durante decenas de millares de años. Yo habré concluido Mi obra de palabras en ti, acompañada de tolerancia, y tú empezarás a cumplir la función de sufrir el desastre de Mis palabras. Me regocijaré grandemente y obraré en Israel; tú llorarás y crujirás los dientes, existirás y morirás en el barro. Yo recuperaré Mi forma original y no permaneceré más en la inmundicia contigo, mientras que tú recuperarás tu fealdad original y seguirás cavando en el montón de estiércol. Cuando acaben Mi obra y Mis palabras, será un día de gozo para Mí. Cuando acaben tu resistencia y tu rebeldía, será un día de llanto para ti. Yo me compadeceré de ti, y no me volverás a ver nunca. No dialogaré más contigo y tú no volverás a encontrarme jamás. Odiaré tu rebeldía y tú echarás de menos Mi encanto. Yo te golpearé, y tú me echarás de menos. Me apartaré de buena gana de ti, y serás consciente de tu deuda conmigo. Yo no volveré a verte, pero tú siempre me esperarás. Te odiaré, porque ahora te resistes a Mí, y tú me echarás de menos, porque Yo ahora te castigo. No estaré dispuesto a vivir junto a ti, pero tú lo anhelarás amargamente y llorarás hasta la eternidad, porque te pesará todo lo que me has hecho. Lamentarás tu rebeldía y tu resistencia, postrarás tu rostro en tierra con arrepentimiento, y caerás ante Mí y jurarás no volver a desobedecerme nunca. Sin embargo, en tu corazón solo me amarás, pero nunca serás capaz de escuchar Mi voz. Haré que te avergüences de ti mismo.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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