Palabras diarias de Dios | Fragmento 331 | "Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?"

Hace mucho tiempo que habéis desechado Mis reiteradas enseñanzas al subconsciente. Incluso las consideráis un juego relajante para el tiempo libre, y siempre vuestro “amuleto de la guarda”. Cuando os acusa Satanás, oráis; cuando estáis negativos, os aletargáis; cuando estáis contentos, corréis de aquí para allá; cuando os reprendo, asentís con la cabeza y hacéis una reverencia, y cuando me abandonáis, os reís como locos. Entre la multitud no hay nadie superior a ti, pero nunca te consideras el más arrogante de todos. No hay palabras para describir lo altivo, autocomplaciente y embustero que eres siempre. ¿Cómo van a tratar Mis palabras como un preciado tesoro estos “señoritos y doncellas”, “señores y señoras” que no saben nada y nunca aprenden? Ahora te seguiré interrogando: ¿qué has aprendido exactamente de Mis palabras y Mi obra en todo este tiempo? ¿No te has vuelto más ingenioso para engañar? ¿Más sofisticado en cuanto a la carne? ¿Más despreocupado en tu actitud hacia Mí? Te lo digo directamente: he hecho mucha obra, sin embargo ha aumentado tu valentía, una valentía que antes era como la de un ratón. Tu temor hacia Mí disminuye a cada día que pasa porque soy demasiado bondadoso y nunca he penalizado tu carne con violencia; tal vez pienses que solamente hago comentarios insultantes, pero con más frecuencia te sonrío y casi nunca te censuro a la cara. Además, siempre perdono tu debilidad, y solo por eso Me tratas como la serpiente al buen agricultor. ¡Cuánto admiro la destreza, el éxito, de la capacidad de observación del hombre! A decir verdad, hoy no importa si el tuyo es o no un corazón irreverente. No estoy angustiado ni preocupado. No obstante, también debo decirte esto: tú, “persona con talento”, ignorante y sin disposición a aprender, serás finalmente derribado por tu autocomplaciente y mezquina astucia, serás el que sufra y sea castigado. Yo no sería tan estúpido como para acompañarte mientras continúas sufriendo en el infierno, pues no soy del mismo tipo que tú. No olvides que eres un ser creado maldecido por Mí y, con todo, enseñado y salvado por Mí. No tienes nada de lo que no esté dispuesto a desprenderme. Cuando obro no hay persona, suceso ni cosa que me limite. Mis actitudes y opiniones respecto a la humanidad han sido siempre las mismas: no te aprecio mucho porque eres un apéndice de Mi gestión y no tienes nada más especial que las demás cosas. Esto es lo que te aconsejo: en todo momento, ¡recuerda que no eres más que una criatura de Dios! Puedes vivir conmigo, pero debes conocer tu identidad; no te creas el ombligo del mundo. Aunque no te reprenda ni trate y te muestre una sonrisa, eso no acredita que seas del mismo tipo que Yo; debes saber que eres de los que buscan la verdad, ¡no la verdad en sí misma! Nunca debes dejar de cambiar con Mis palabras. No puedes escapar a esto. Te aconsejo que trates de aprender algo en esta gran época, en esta oportunidad excepcional. No me tomes el pelo; no me hace falta que intentes engañarme con halagos. Cuando me buscas, no lo haces todo por Mi bien, ¡sino por el tuyo!

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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