Palabras diarias de Dios | Fragmento 179 | "La obra de Dios y la obra del hombre"

El hombre alcanza con mucha facilidad la obra en la mente del hombre. Pastores y líderes en el mundo religioso, por ejemplo, confían en sus dones y posiciones para hacer su obra. Las personas que los siguen por un largo tiempo se van a infectar con sus dones y van a ser influidas por algo de lo que ellos son. Se enfocan en los dones, habilidades y conocimiento de las personas, y prestan atención a algunas cosas sobrenaturales y a muchas doctrinas profundas pero poco realistas (por supuesto, estas doctrinas profundas son inalcanzables). No se enfocan en los cambios en el carácter de las personas, sino que se enfocan en entrenar la predicación y las habilidades de obra de las personas, mejorando el conocimiento y las ricas doctrinas religiosas de las personas. No se fijan en cuánto cambia el carácter de las personas ni en cuánto entienden estas la verdad. No se interesan en la esencia de las personas, mucho menos tratan de conocer los estados normales y anormales de las personas. No contraatacan las nociones de las personas ni ponen de manifiesto sus nociones, mucho menos corrigen sus deficiencias o corrupciones. La mayoría de las personas que los siguen sirven con sus dones naturales, y lo que expresan es un conocimiento y una verdad religiosa vaga, que están fuera de contacto con la actualidad y son completamente incapaces de darles vida a las personas. De hecho, la esencia de su obra es alimentar el talento, alimentar a una persona sin nada en un talentoso graduado del seminario que después va a hacer la obra y liderar. Con seis mil años de la obra de Dios, ¿puedes descubrir las leyes de la misma? Hay muchas reglas y restricciones en la obra que el hombre hace, y el cerebro humano es muy dogmático. Así que lo que el hombre expresa es un conocimiento y una comprensión dentro de todas sus experiencias. El hombre no es capaz de expresar nada aparte de esto. Las experiencias o el conocimiento del hombre no surgen de sus dones innatos o de su instinto; surgen por la guía de Dios y por el pastoreo directo de Dios. El hombre sólo tiene el órgano para aceptar este pastoreo y no el órgano para expresar directamente lo que la divinidad es. El hombre no puede ser la fuente, sólo puede ser una vasija que acepta el agua de la fuente; este es el instinto humano, el órgano que el ser humano debe tener. Si una persona pierde el órgano para aceptar la palabra de Dios y pierde el instinto humano, esa persona también pierde lo que es más precioso y pierde el deber del hombre creado. Si una persona no tiene el conocimiento o la experiencia de la palabra de Dios o Su obra, esa persona pierde su deber, el deber con el que debe cumplir como un ser creado, y pierde la dignidad de un ser creado. Es el instinto de Dios expresar lo que la divinidad es, ya sea que se exprese en la carne o directamente por el Espíritu; este es el ministerio de Dios. El hombre expresa sus propias experiencias o conocimiento (es decir, expresa lo que es) durante la obra de Dios o después; este es el instinto del hombre y el deber del hombre; es lo que el hombre debe alcanzar. Aunque la expresión del hombre se queda muy por debajo de lo que Dios expresa, y hay un montón de reglas en lo que el hombre expresa, el hombre debe cumplir el deber que debe cumplir y hacer lo que debe hacer. El hombre debe hacer todo lo humanamente posible para cumplir su deber y no debe tener ni siquiera la menor reserva.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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